Las
alhajas no podrán ser encontradas, puesto que el oro fue moldeado y las
piedras preciosas retalladas, según la confesión de algunos detenidos.
Kim Kardashian, en Nueva York. Raymond HallGC Images
Las joyas robadas a Kim Kardashian
en París en octubre pasado no podrán ser encontradas, puesto que el oro
fue fundido y las piedras preciosas retalladas, según la confesión de
algunos de los detenidos por el atraco.
Fuentes
próximas a la investigación citadas por la cadena de televisión BFMTV
concluyeron que el botín, valorado en 9 millones de euros -incluía el
anillo de compromiso de Kardashian, de 3,5 millones- fue vendido en el
mercado de joyas de Amberes. En total, 17 personas han sido detenidas por este suceso, de los que 10 fueron imputados y nueve permanecen en detención preventiva. Entre ellos están cinco a los que los investigadores consideran los autores materiales del atraco que se produjo el pasado 3 de octubre en un apartamento de lujo del centro de París. En los registros llevados a cabo en los domicilios de los
sospechosos, los agentes no han encontrado rastro de las joyas pero sí
250.000 euros en metálico, según las fuentes de BFMTV. Además, el
seguimiento de algunos de ellos ha permitido determinar que viajaron de
forma frecuente a Amberes, conocido mercado de joyas y piedras
preciosas, en los días posteriores al asalto con robo. Jean-Yves Lienard, el abogado de Aomar A., de 60 años,
considerado por los investigadores como el coordinador del golpe, reveló
a la televisión que su cliente reconoció los hechos y que las joyas fueron fundidas, retalladas y vendidas, pero que no tuvieron tiempo de repartirse el botín.
Arresto en París de uno de los acusados de haber robado a Kardashian. Marc PiaseckiGetty Images
El letrado de otro de los imputados, François D., de 54 años, Manuel Abitbol, aseguró a la revista L'Obs
que su cliente se encontraba a 150 kilómetros de París en el momento de
los hechos presenciando un partido de fútbol en la tele junto a otras
personas que pueden corroborar su coartada. Los elementos de la investigación revelados por medios
franceses ponen de manifiesto que el atraco fue cometido por un grupo de
personas de edad, bautizado como el "clan de los veteranos", fichados
por la policía y, en muchos casos, en búsqueda y captura. No se trata de
ladrones muy profesionales, como ponen de manifiesto los numerosos
errores cometidos. Según el diario Libération, todos ellos se mostraron a cara
descubierta en los alrededores del apartamento de lujo que ocupaba
Kardashian poco antes del golpe, lo que ha permitido su identificación
gracias a las cámaras de vigilancia. Además, se han encontrado restos de ADN de los cinco
en la escena del delito, tanto en la cinta adhesiva y las bridas
utilizadas para maniatar a la estrella y al portero del edificio, como
en unas esposas. Uno de ellos, Yunice A., de 64 años, tropezó en el momento
de la huida y no fue esperado por el resto, que escaparon en coche, por
lo que tuvo que hacerlo en bicicleta. En su precipitada huida, perdieron un pendiente de los sustraídos a Kardashian,
una cruz labrada con cinco diamantes, que al día siguiente fue
entregado a los investigadores por una vecina que lo encontró por el
suelo. Kim Kardashian con el anillo de compromiso. Lionel CironneauAP
Tampoco tuvieron problemas los investigadores para hacer un
seguimiento de las llamadas de teléfono de los sospechosos cerca del
lugar de los hechos, lo que les permitió completar el puzzle. Además de Aomar A., François D. y Yunice A., determinaron
que en lugar de los hechos también estaban Pierre B., de 72 años y
Didier D, de 61, y que entre los cómplices destaca Marceau B., conocida
figura de la mafia gitana, detenido en un campamento gitano y es
sospechoso de vender la mercancía en Amberes.
Se supone
que deben inspirar ternura pero algunas lo que producen es repelús.
Nuestro cerebro no termina de procesar su apariencia.
Quizá lo haya sentido mirando un escaparate, o cuando su hijo abrió
alguno de sus regalos esta Navidad: el mal rollo que producen ciertas
muñecas. Una sensación curiosa, ya que un objeto inanimado de esas
características no contiene nada que objetivamente resulte intimidatorio
(se supone que debe inspirar todo lo contrario). Para algunos ese
rechazo es, de hecho, insoportable: padecen lo que desde la psicología
se conoce como pediofobia, que no es otra cosa que miedo a los muñecos y
que ha sido estudiado por la ciencia. Sin llegar a esos extremos, mucho más extendida está lo que Héctor Galván, director del Instituto Madrid de Psicología,
psicólogo clínico y sexólogo, describe como “una sensación incómoda y
de inquietud” ante algunas de estas recreaciones humanas. Las muñecas que dan miedo tienen en común una apariencia humana muy
realista. Y por eso provocan cierta "incertidumbre intelectual respecto
al carácter animado o inanimado de algo", como ya describió Freud en su
libro Lo siniestro. Nuestro cerebro está diseñado para leer
rostros y percibir en ellos emociones. Como explicó el psicólogo Frank
McAndrew, del Knox College de Illinois (EE UU) en una entrevista en la
revista Smithsonian,
“no deberíamos tener miedo de un trozo de plástico, pero nos está
enviando señales sociales”, por ejemplo, pidiendo protección. “Parecen
personas pero no lo son, y no sabemos cómo responder a ello, igual que
no sabemos cómo reaccionar cuando no sabemos si estamos en peligro o no. Hemos evolucionado para saber procesar información, y las muñecas se
nos escapan”. En el primer puesto del ranking de muñecas
tenebrosas están, por supuesto, las de porcelana. Reúnen, precisamente,
rasgos muy similares a los humanos. De un tiempo a esta parte se han
puesto de moda las muñecas reborn, bebés hiperrealistas que enternecen a unos pero que otros no pueden soportar mirar mucho tiempo.
Hiperrealismo desconcertante
Idéntico efecto tienen esculturas humanas hiperrealistas como las de Ron Mueck, cuya obra se expuso el pasado verano en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Un bebé enorme, otro recién nacido aún con el cordón umbilical
recostado sobre su madre, una mujer embarazada, parejas recostadas,
ancianos encorvados o simplemente una cabeza masculina son algunas de
las representaciones de este artista australiano cuyo objetivo, según
reconoció en una entrevista a la revista Sculpture,
es descolocar al espectador. “Por un lado intento crear una presencia
creíble, pero por otro [las esculturas] tienen que funcionar como
objetos. No son personas, aunque me gusta que la gente las mire y dude
de si lo son o no”. Este hiperrealismo llega a extremos con los humanoides. El
experto japonés en robótica Masahiro Mori ha estudiado el efecto de los
robots excesivamente humanizados, que en un primer momento nos resultan familiares pero que después no reconocemos y denomina su impacto turbador como valle inquietante Lo compara con la sensación de estrechar una mano que sea en realidad
una prótesis muy realista: “Nos sorprende la carencia de suavidad y su
frialdad. Ya no nos resulta familiar, sino inquietante”.
Quizá lo haya sentido mirando un escaparate, o cuando su
hijo abrió alguno de sus regalos esta Navidad: el mal rollo que producen
ciertas muñecas. Una sensación curiosa, ya que un objeto inanimado de
esas características no contiene nada que objetivamente resulte
intimidatorio (se supone que debe inspirar todo lo contrario). Para
algunos ese rechazo es, de hecho, insoportable: padecen lo que desde la
psicología se conoce como pediofobia, que no es otra cosa que miedo a
los muñecos y que ha sido estudiado por la ciencia. Sin llegar a esos extremos, mucho más extendida está lo que Héctor Galván, director del Instituto Madrid de Psicología,
psicólogo clínico y sexólogo, describe como “una sensación incómoda y
de inquietud” ante algunas de estas recreaciones humanas.
Las
muñecas que dan miedo tienen en común una apariencia humana muy
realista. Y por eso provocan cierta "incertidumbre intelectual respecto
al carácter animado o inanimado de algo", como ya describió Freud en su
libro Lo siniestro. Nuestro cerebro está diseñado para leer
rostros y percibir en ellos emociones. Como explicó el psicólogo Frank
McAndrew, del Knox College de Illinois (EE UU) en una entrevista en la
revista Smithsonian,
“no deberíamos tener miedo de un trozo de plástico, pero nos está
enviando señales sociales”, por ejemplo, pidiendo protección. “Parecen
personas pero no lo son, y no sabemos cómo responder a ello, igual que
no sabemos cómo reaccionar cuando no sabemos si estamos en peligro o no.
Hemos evolucionado para saber procesar información, y las muñecas se
nos escapan”.
En el primer puesto del ranking de muñecas
tenebrosas están, por supuesto, las de porcelana. Reúnen, precisamente,
rasgos muy similares a los humanos. De un tiempo a esta parte se han
puesto de moda las muñecas reborn, bebés hiperrealistas que enternecen a unos pero que otros no pueden soportar mirar mucho tiempo.
Hiperrealismo desconcertante
Idéntico efecto tienen esculturas humanas hiperrealistas como las de Ron Mueck, cuya obra se expuso el pasado verano en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.
Un bebé enorme, otro recién nacido aún con el cordón umbilical
recostado sobre su madre, una mujer embarazada, parejas recostadas,
ancianos encorvados o simplemente una cabeza masculina son algunas de
las representaciones de este artista australiano cuyo objetivo, según
reconoció en una entrevista a la revista Sculpture,
es descolocar al espectador. “Por un lado intento crear una presencia
creíble, pero por otro [las esculturas] tienen que funcionar como
objetos. No son personas, aunque me gusta que la gente las mire y dude
de si lo son o no”.
Este hiperrealismo llega a extremos con los humanoides. El
experto japonés en robótica Masahiro Mori ha estudiado el efecto de los
robots excesivamente humanizados, que en un primer momento nos resultan familiares pero que después no reconocemos y denomina su impacto turbador como valle inquietante
Lo compara con la sensación de estrechar una mano que sea en realidad
una prótesis muy realista: “Nos sorprende la carencia de suavidad y su
frialdad. Ya no nos resulta familiar, sino inquietante”.
‘Big baby’ (1996), de Ron Mueck.
Ese rechazo que provoca la presencia humana
desprovista de vida está también detrás de una corriente que defiende
que los robots deberían parecer eso, robots, y no personas. Los
investigadores de la Universidad de Trento (Italia) Francesco Ferrari y
Maria Paola Paladino, junto a Jolanda Jetten, de la Universidad de
Queensland (EE UU), afirman en un artículo publicado en la Revista Internacional de Robótica Social
que demasiada similitud entre los robots y los humanos inquieta porque
se desdibujan las fronteras entre humanos y máquinas y eso acaba
alterando la identidad humana. Quizá los humanos queramos seguir siendo
únicos.
Falta hasta ese
dato clave para averiguar si fue asesinado -por haber presentado una
denuncia contra la expresidenta Cristina Kirchner por encubrimiento en el caso AMIA, el mayor atentado del país- o se suicidó.
"No estamos seguros de la hora. Todo es muy inédito en este caso, la
investigación se llevó muy mal. Y creo que fue intencionado, por eso
denuncié a la fiscal Fein [la primera que llevó el caso] y al
exsecretario de seguridad Berni [que fue de los primeros en llegar a
casa de Nisman esa noche del 18 de febrero de 2015]. Espero que sirvan
algunas pruebas", explica a EL PAÍS.
El
giro a la investigación desde que la tomó Taiano y el juez federal
Julián Ercolini ha sido completo.
Ahora todos los trabajos apuntan hacia
la teoría del asesinato. Antes siempre se giró sobre la hipótesis del
suicidio porque no aparecía ningún elemento que hiciera pensar en la
presencia de una tercera persona en ese apartamento en el que apareció
el cadáver de Nisman con un tiro en la cabeza.
"Recién ahora se
descontaminó el caso y se cambió el juez", explica Patricia Bullrich,
hoy ministra de Seguridad y entonces una diputada de la oposición que
fue una de las últimas personas en hablar con Nisman.
Estaban preparando
una comparecencia en el Congreso para explicar la denuncia contra la
expresidenta a la que el fiscal nunca llegó.
Otro de los múltiples misterios de este caso es que esas
llamadas de Bullrich y otras muchas fueron borradas del teléfono de
Nisman. ¿Quién lo hizo? "El objetivo era tapar todo porque Nisman quería
demostrar las relaciones carnales del kirchnerismo con Irán. Lo
quisieron sacar del medio", dice la ministra, que parece tener claro que
no fue un suicidio. "Desaparecieron llamadas y registros de la
computadora de Nisman. Es evidente que su muerte está relacionada con
las investigaciones que estaba realizando", explica el fiscal Taiano,
que no se decanta aún por el homicidio. Pocas cosas mueven más pasiones en Argentina que los
servicios secretos. Y casi todo en este caso gira en torno a ellos. No
es la primera vez. La muerte del hijo de Carlos Menem también se les
atribuyó. Y precisamente Nisman investigaba la participación de la parte
más oscura del Estado en el ocultamiento del peor atentado de la
historia de Argentina, el caso AMIA, con 84 muertos en 1994. Como el propio caso Nisman, quedó sin resolver. "Hubo 60 personas en ese departamento. No tenía sentido. Se
tenía que haber vallado el lugar. Fue una negligencia tremenda. Se hizo
todo mal y ahora tengo que trabajar con eso. La imagen que deja la
justicia argentina con este caso es espantosa, estamos intentado
resolverlo", se queja el fiscal Taiano, que ha pedido a un nuevo grupo
de expertos un informe concluyente para saber si fue asesinato o
suicidio. Lo que más va a costar será el cruce de las 56.000 llamadas
que ha pedido analizar a la policía. Él mismo admite que todo va a
tardar mucho tiempo, en el que las teorías conspirativas seguirán
creciendo. Por si fueran pocos los componentes de la trama, el propio
fiscal ha recibido amenazas a su familia. Su hijo ahora va con escolta.
Él ve a los servicios secretos detrás. "Las amenazas llegaron cuando se
publicó que yo estaba haciendo el entrecruzamiento de llamadas. Tenemos
custodia, sí, pero en Argentina todo es relativo, sobre todo si están
detrás los servicios de inteligencia", ironiza. Todo es posible
alrededor del caso Nisman, el último de los grandes misterios
argentinos, una de las especialidades patrias.
Pero el misterio, en el país austral, se suele mezclar con
unos toques de tragicomedia muy característicos. En otros países los
espías se ocultan. En Argentina Antonio Stiuso, el más conocido de
ellos, al que Nisman intentó llamar varias veces antes de morir, ha
llegado a llamar en directo a una televisión para amenazar al fiscal
Luis Moreno Ocampo, que en ese momento le estaba criticando. Los
argentinos también han podido ver en televisión cómo los investigadores
del caso Nisman, en los primeros minutos, los más importantes para
recoger las pruebas, pisaban el baño del fiscal, manchaban todo de
sangre con sus huellas, o limpiaban la pistola con papel higiénico. Todo
quedó grabado para escarnio de la policía. "Hubo 60 personas en ese departamento. No tenía sentido. Se
tenía que haber vallado el lugar. Fue una negligencia tremenda. Se hizo
todo mal y ahora tengo que trabajar con eso. La imagen que deja la
justicia argentina con este caso es espantosa, estamos intentado
resolverlo", se queja el fiscal Taiano, que ha pedido a un nuevo grupo
de expertos un informe concluyente para saber si fue asesinato o
suicidio. Lo que más va a costar será el cruce de las 56.000 llamadas
que ha pedido analizar a la policía. Él mismo admite que todo va a
tardar mucho tiempo, en el que las teorías conspirativas seguirán
creciendo. Por si fueran pocos los componentes de la trama, el propio
fiscal ha recibido amenazas a su familia. Su hijo ahora va con escolta.
Él ve a los servicios secretos detrás. "Las amenazas llegaron cuando se
publicó que yo estaba haciendo el entrecruzamiento de llamadas. Tenemos
custodia, sí, pero en Argentina todo es relativo, sobre todo si están
detrás los servicios de inteligencia", ironiza. Todo es posible
alrededor del caso Nisman, el último de los grandes misterios
argentinos, una de las especialidades patrias.
Luis Bárcenas declara por tercer día consecutivo por el juicio de trama Gürtel. Jaime VillanuevaLuis Bárcenas continúa este miércoles su declaración, por tercer día, en el macrojuicio de la trama de corrupción Gürtel. El extesorero del PP ha explicado ante la Audiencia Nacional, aunque sin documentos que lo acrediten, algunos de los ingresos en sus cuentas en Suiza. Su fortuna en ese país llegó a alcanzar los 48,2 millones de euros en 2007 . En su primera comparecencia, en cambio, certificó la existencia de una caja b en el PP
—"una contabilidad no oficial, extracontable"— y aseguró que fue
Mariano Rajoy quien rompió las relaciones del partido con Francisco
Correa, cerebro de la trama.
Bárcenas insiste en que no tenía "capacidad de disposición" de las
cuentas del PP. "Nunca, de la cuenta oficial la disposición era del
tesorero [Lapuerta] y la extraoficial también.
Él era la persona que decidía sobre el dinero oficial así que del extraoficial, con más motivo", sostiene.
Bárcenas afirma que su puesto de gerente del PP no le daba "ninguna
relación de jerarquía con personas que pueden adjudicar contratos
público".
El abogado le recuerda que Hacienda sostiene que las cantidades que
supuestamente entregó Correa se ingresaron en cuentas en Suiza.
Bárcenas
replica que "hay un informe de la UDEF (Policía) que determina con toda
claridad que no es posible acreditar eso, pero la fiscalía y el
instructor le dicen a Hacienda que lo consideren asi. Le marcan el camino a la agencia tributaria", asegura