Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

9 ene 2017

Muere el pensador Zygmunt Bauman, ‘padre’ de la “modernidad líquida”

El filósofo tenía 91 años y estaba considerado uno de los intelectuales clave del siglo XX.

Zygmunt Bauman, en Burgos. En la entrevista habla del impacto de las redes sociales VÍDEO Y FOTOS: SAMUEL SÁNCHE

El sociólogo y filósofo polaco Zygmunt Bauman ha fallecido hoy, lunes, a los 91 años en la ciudad inglesa de Leeds, donde residía desde hacía años, ha adelantado el periódico de su país Gazeta Wyborzca.
 Era el creador del concepto de la "modernidad líquida" y fue uno de los intelectuales clave del siglo XX. Se mantuvo activo y trabajando hasta sus últimos momentos de vida.

Bauman nació en Poznan (Polonia) en 1925 y era un niño cuando su familia, judía, huyó del país y del nazismo a la URSS al comienzo de la II Guerra Mundial. 
Tras el conflicto volvió a su país, que nuevamente abandonó en 1968, desposeído de su puesto de profesor y expulsado del Partido Comunista en una purga marcada por el antisemitismo tras la guerra árabe-israelí. Bauman renunció a su nacionalidad, emigró a Tel Aviv y vivió en Israel hasta 1970.
Ha impartido clases en universidades de Estados Unidos, Australia y Canadá y es profesor emérito de Sociología de la Universidad de Leeds, que ha acogido la mayor parte de su carrera.
 Su obra, que arranca en los años cincuenta del pasado siglo, ha sido reconocida con premios como el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades de 2010, que obtuvo junto a su colega Alain Touraine.

Las teorías de Bauman han ejercido gran influencia en los movimientos antiglobalización.
 Su obra ensayística alcanzó fama internacional en los 80 con títulos como Modernidad y holocausto (1989), donde define el exterminio de judíos por los nazis como un fenómeno relacionado con el desarrollo de la modernidad.
Entre sus obras más significativas destacan La modernidad líquida (2000), considerada su obra cumbre, en la que señalaba que el capitalismo globalizado estaba acabando con la solidez de la sociedad industrial; Amor líquido (2005) y Vida líquida (2006). Además es autor de títulos como La cultura como praxis (1973), La posmodernidad y sus descontentos (1997), La globalización: consecuencias humanas (1998), En búsqueda de la política (1999), La sociedad individualizada (2001) y Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias (2005).
Entre sus trabajos publicados en español se encuentran Miedo líquido. La sociedad contemporánea y sus temores (2007), Vida de consumo (2007), Archipiélago de excepciones (2008), Múltiples culturas, una sola humanidad (2008), El arte de la vida (2009) y Mundo consumo (2010).

 

Meryl Streep conmueve en los Globos de Oro y ataca a Donald Trump

 

La actriz reivindica la diversidad en Hollywood y critica al presidente electo sin mencionarle.

Meryl Streep durante su discurso. Reuters - Quality
Subió con lágrimas, la voz entrecortada. 
El Globo de Oro honorífico que recogía Meryl Streep con 67 años era el noveno de una carrera que, resumida en un vídeo, fragmento a fragmento, intimida y maravilla. 
Pidió perdón por dudar, desenvolvió un papel y, cuando se arrancó, se olvidó de él y pronunció el discurso más profundo de la noche: Hollywood se hizo con extranjeros. 
Sin mencionarlo, aludió a Trump y recordó ese instante en que quien ocupará el despacho Oval se burló de un periodista discapacitado: si es el poder quien abusa de los débiles todos los demás lo imitarán.
 “La falta de respeto incita a más faltas de respeto. La violencia, a más violencia”.
 El presidente electo, en una breve entrevista telefónica citada por el diario New York Times, aseguró que no había visto la intervención de Streep, a pesar de ello, atribuyó las críticas de la actriz a que es una seguidora de Clinton. 
 Más tarde ha enviado varios mensajes de Twitter diciendo que Streep es "una de las actrices más exageradas de Hollywood" y que le atacó en los Globos de Oro sin conocerle.
 "Por centésima vez, nunca "me burlé" de un reportero discapacitado (nunca haría eso)", ha dicho.
 "Cambió la historia de 16 años para hacerme quedar mal", ha dicho.
“¿Qué es Hollywood, salvo un grupo de gente de todas partes?”. Ruth Negga, protagonista de Loving, es de origen irlandés y etíope. Natalie Portman, de Jerusalén. Dev Patel es británico, criado en Londres, hijo de inmigrantes indios y nacido en Kenia. Ryan Gosling, estrella de la triunfadora de la noche, La La Land, es canadiense.
 Streep los mencionó a todos, foráneos y universales, para testimoniar que si esas personas que cumplen con la responsabilidad de emocionar dando luz a historias ajenas, a vidas diferentes de la propia, fueran expulsadas, solo veríamos fútbol.
 “O artes marciales mixtas, que desde luego no son arte”.
Streep demostró haber hecho consigna propia el consejo que le dio la recientemente fallecida Carrie Fisher, amiga, a la que se refirió simplemente como Leia, tal como pasará a la memoria colectiva. “Coge tu corazón roto y tórnalo arte”. 
Streep defendió la necesidad de que toda la profesión, de que los actores —unos privilegiados, como recuerda que le dijo Tommy Lee Jones—, apoyen en tiempos venideros a la prensa en su labor de salvaguardar la verdad. 
“Necesitamos que hagan que los poderosos respondan de sus actos, vamos a necesitar a nuestros periodistas”.

Hugh Laurie, que saltó antes al escenario para recoger su Globo de Oro como mejor actor secundario de series de televisión por El infiltrado, había esgrimido, con ironía, el mismo argumento: Hollywood estará en el foco y será vilipendiado si se impone el tono del presidente electo. 
 Streep fue sin embargo la que conmovió al auditorio, la que con su voz comprometida inspiró una ovación honesta.
Nombres como Robert De Niro, Barbara Streisand, Sophia Loren, Clint Eastwood o Audrey Hepburn precedieron a Meryl Streep en este galardón Cecil B. de Mille honorífico en reconocimiento a una carrera, entregado por la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood (HFPA).
 Desde 1952, solo 14 mujeres lo han recibido.

 

 

El maestro que todos tuvimos...................... Juan Cruz

Se acabó la Navidad y es el momento del maestro.

Se acabó la Navidad, que incluye los Reyes; la sustancia, desmentida por el extremo uso del comercio, es el afecto; la gente se regala para regalarse a la vez. 
Y todo es caro, menos lo que queda de la mirada de los niños.
 Ellos no conocen aún las estadísticas ni los precios de la felicidad impostada que se exhibe en los escaparates y que luego forma parte de sus cuartos.
 Después vendrán otras ambiciones, la edad adulta, las distintas versiones brumosas de la ruina. 
Dice el poeta canario José Luis Pernas que hay que buscarse una esperanza para seguir viviendo.
 Y eso es la vida, la búsqueda de una esperanza para seguir viviendo.

Pero hay una imagen, escolar y adulta, que no nos deja nunca, que es una fortuna y a la vez una ilusión retrospectiva que marca y ejecuta la escultura de niebla que es el futuro.
 La imagen del maestro, ese hombre que levanta las persianas de la escuela y que luego maneja, con el saber de enseñar, con el saber de aprender él a la vez que enseña, el momento más importante de todos: cuando la vida se sitúa en el exacto momento en que todo puede ser posible o todo se puede ir al garete.
Ese es el momento del maestro; los padres se fueron a trabajar, se despidieron de ellos mismos, y tú ya eres pupitre y encerado, y un hombre o una mujer hablando desde un altillo, junto a un mapa, al lado de un tintero viejo, junto a un encerado; o bien todo es nuevo y el maestro lleva un iPad, un móvil, un power point, esas cosas, y tú tomas notas en cada uno de los soportes que han ido variando con el tiempo.
Instrumentos aparte, la imagen es la misma: esa persona, hombre o mujer, que abre el aula, da al botón de la luz, se dispone a decirnos lo que sabe, calma la algarabía con historias que tú no conocías. 
Es el momento en que aún no miramos con cinismo lo que pasa o lo que nos dicen. 
Somos alumnos, el maestro o la maestra nos están diciendo por dónde se va a los ríos, a los libros, es el mayor de los afectos: enseñar.
Y después viene la gratitud, nunca el olvido.
 Desde hace unos días circula por la Red una de las imágenes más emocionantes de esta historia.
 Circula por ahí esa imagen, pero circula también por nuestras venas. Un maestro francés, el señor Donnat, deja el aula, pasea cabizbajo por el sendero que han abierto centenares de muchachos que son o fueron sus alumnos; 
lleva en la mano una bolsa de papeles, regalos seguramente, los aplausos lo acompañan hasta que el sendero se acaba y para él se abre el futuro, que ya tiene tanto pasado; detrás se queda un futuro perfecto, que él ha ayudado a cimentar.
Es inevitable que ese nombre propio, el de un francés cualquiera que además es maestro, se confunda con el nombre que está en nuestra memoria de los maestros, don Emilio, don Domingo, don Luis, la señorita Meca… Quién no tiene ese nombre que ahora aplaudimos, haciéndole pasillos, desde la memoria, a quien nos enseñó a deletrear la palabra aprender.
Son muchos a los que estaré agradecida por abrirme el conocimiento de la Vida. D.Emilio, mi querido profesor. D Manuel Cardenal, Y aunque sea por toda la lata que le dimos a D. Gregorio Salvador Caja, que el nos respondia desde su lejania afectiva. D. Benito. D. Jesus , y bueno muchos más que nos enseñaron que aprender era crecer en la vida.

 

El fantasma de Aznar............................... Rubén Amón

El año 2017 empieza con una reaparición extemporánea que aspira a convertirse en alternativa a Rajoy, y que produce más ternura que miedo.

El expresidente del Gobierno, José María Aznar, en una imagen de archivo.

Dan ganas de comprar el periódico no en euros, sino en pesetas.
 Se refiere uno a la extemporánea reaparición de José María Aznar, cuya renuncia al papel de reina madre en el PP no hacía sino predisponer el estrambote de un partido embrionario.
Embrionario quiere decir que el expresidente de Gobierno empieza a interiorizar sus facultades de guardián de la ortodoxia conservadora. 
No en la teoría, sino en la práctica. 
Este lunes se reúne con los empresarios valencianos para exponerles su ideario.
 Y para encontrar estímulos que justifiquen una alternativa política a la derecha de la derecha, más allá del triunfalismo expresado por sus leales cortesanos.
Aznar corre el peligro de haber perdido el contacto con la realidad. Y de creerse el papel mesiánico que le atribuyen los alicaídos antagonistas de Mariano Rajoy. 
 Los hay en la prensa, en los ámbitos marginales del PP, incluso entre los votantes que añoran un líder patriótico, "lepenista", desacomplejado en cuestiones de moral y de religión. Rajoy les resulta blando a los aznaristas.
 Le reprochan la indolencia en la crisis catalana.
 Y les parece inverosímil que su política contemplativa haya sido tan eficaz, más todavía cuando los rivales, del PSOE a Podemos, se le descomponen por autodestrucción.
Aznar cree que hay sitio para volver, o se lo han hecho creer sus corifeos, incitándolo a probarse como variante genuina y vigoréxica al amaneramiento de Mariano Rajoy.
 Y produce estupor la iniciativa, no ya porque cuesta trabajo asimilar que Aznar, embalsamado en pastillas de naftalina, sea la portada de algunos diarios en la inauguración de 2017, sino porque el patrón de las FAES sobrevalora su reputación contemporánea tanto como subestima sus responsabilidades.
Unas conciernen a la sombra espesa de la corrupción, empezando porque el juicio de la trama Gürtel retrata la resaca de una cultura del pelotazo, de la comisión y de la financiación ilegal que encontró acomodo entre los reclinatorios de la basílica de El Escorial, allí donde Aznar casó a su hija con delirios de emperador.
Quería pasar a la historia el presidente, pero la concepción generosa de su propio legado no puede desvincularse de su negligencia en la gestión del independentismo.
 Aznar critica en 2017 la pasividad de Rajoy. 
Y olvida que el monstruo soberanista adquirió un aspecto formidable gracias a las concesiones que él mismo hizo a Pujol y a las presiones que luego ejerció para malograr la solución del Estatut.
Aznar es el fantasma de Canterville.
 Quiere reaparecer, asustar, zarandear sus cadenas.
 Y ha logrado que su bigote parezca real aunque se lo haya rasurado, pero su regreso artificial proporciona más ternura que miedo. 
Y no le preocupa a Rajoy.
 Le desconcierta como una psicofonía o como una voz de ultratumba.