Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

2 ene 2017

No hay cadáver pero sí libro........................... Jorge A. Rodríguez

Fàtima Llambrich desmenuza un doble crimen por el que cumple condena Ramón Laso.

 

Ramón Laso y Fátima Llambrich, en uno de sus encuentros en prisión.
Ramón Laso no es inocente, aunque nada demuestre lo contrario. Está en la cárcel por matar a dos personas, su esposa y su cuñado, de quienes se tiene la certeza de que no están vivos, aunque no haya pruebas directas de que estén muertos.
 Los cuerpos nunca se han encontrado, Laso jamás confesó, no hay arma del crimen, ni rastros biológicos ni testigos. 
Nada. La periodista Fàtima Llambrich ha construido sobre este caso –histórico en España aunque pasó casi inadvertido- la obra Sin cadáver (Now Books, 2016), con los cimientos de la investigación de los Mossos d’Esquadra, las 50 entrevistas que tuvo con su protagonista en presidio, un cuaderno azul en letra apretada que el condenado escribió solo para ella y una profunda búsqueda en su pasado.
 Y en sus secretos.


El libro de hechos reales novelados de Fàtima Llambrich (L’Ametlla de Mar, Tarragona, 1980) desconcierta.
 No toma partido. Deja abierta al lector la decisión de si Ramón Laso (Quesada, Jaén, 1955) es un asesino psicópata, un lobo con piel de cordero, o una víctima de una investigación prejuiciosa. “Claro que yo tengo una opinión sobre él, pero no quiero decirlo para no contaminar al lector, para que no juzgue a Ramón solo por etiquetas sino como si lo hubiera conocido”, explica.
 Como ese detenido de quien sus vecinos dicen que siempre saludaba
Llambrich desmenuza la investigación que la Unidad Central de Personas Desaparecidas de los Mossos llevó a cabo hasta convencerse (y convencer al jurado) de que Ramón Laso, sepulturero y conductor de ambulancias, había matado en 2009 a su segunda esposa, Julia Lamas, y a Maurici Font, su cuñado, que habían desaparecido de Els Pallaresos (Tarragona).
 Los investigadores llegaron a la conclusión de que los eliminó porque le estorbaban, ya que Laso mantenía una relación sentimental con Mercedes Lamas, hermana de Julia y esposa de Maurici.
Llambrich, periodista de TV-3, trufa la investigación con sus anotaciones de las entrevistas con Ramón Laso en la cárcel (50 encuentros desde 2012, con mampara de por medio), una inmersión en el pasado del criminal y un cuaderno azul que el condenado escribió tras su encarcelamiento.
 “Él lo redactó para mí porque sabía que estaba escribiendo el libro”, admite. 
Laso no hace ni una confesión: lo niega todo y parece más molesto por el hecho de que no le hayan probado de forma directa sus crímenes que por que realmente le acusen de ellos.
La autora mezcla periodismo e investigación criminalística (es licenciada en Criminología) para presentar un caso que hizo historia en España, montado por cadenas de indicios, analogías y antecedentes, pero sin pruebas directas: ni una, de hecho. 
Algo inédito aquí pero relativamente habitual en Estados Unidos.
En sus 357 páginas va presentando a un Laso amable con sus conocidos, colaborador con los investigadores, trabajador, concienzudo y minucioso.
 Un hombre que tiene su celda de la cárcel de Barcelona en la que pena 30 años (la sentencia confirmatoria del Tribunal Supremo es de julio pasado) impoluta, ordenada de forma tan obsesiva que tapa con plásticos los mandos a distancia de sus aparatos electrónicos. Pero un ser despiadado a ojos de los investigadores. 
Quien no conozca la historia de Laso tiene que transitar la mitad del libro para llegar al secreto que guardó durante años, del que sus dos víctimas (sin cadáver) ni su entorno en Tarragona tenían ni idea: en 1993 fue condenado por matar a su primera esposa, Lolita Camacho, simulando un suicidio, y a su hijo Daniel, de 6, en un aparente accidente de tráfico
. Entonces también tenía una amante. 
Tampoco confesó, ni hubo testigos, ni prueba directa. 
Fue condenado a 56 años, pero a los ocho quedó libre. De ello quizás aprendió que en un crimen no hay que dejar cadáver. Porque, como sostiene el forense José Antonio García-Andrade, “los muertos cuentan muchas cosas”.


Rebajas: dónde comprar tus Reyes con descuento

Un enero más, las rebajas ya están aquí. Elaboramos la lista de todas las firmas que ya tienen saldos en sus tiendas físicas y online.

Rebajas: dónde comprar tus Reyes con descuento
Mango es una de las firmas que tiene descuentos desde el 2 de enero.
Foto: Cortesía de Mango

Lo que hace unos años era una sorpresa, ya se ha convertido en tradición: decenas de marcas adelantan sus descuentos de enero permitiendo a sus clientes hacerse con regalos de última hora a precios reducidos.

 A la espera de que comience el periodo de rebajas el gigante Inditex (Zara, Uterqüe, Oysho y compañía siguen aguantando hasta el mítico día siete), elaboramos la lista de las firmas en las que ya es posible comprar ahorrando: 

Mango: rebajas hasta el 50% a partir del 2 de enero tanto en tiendas físicas (excepto País Vasco) como online. Terminan el 28 de febrero.
Bimba y Lola: desde el 1 de enero descuentos de hasta 50% en textil y zapatos. Además, las colecciones de bolsos, marroquinería y bisutería cuentan con rebajas del 20 y 30%.
H&M: hasta el 50% de descuento desde el 2 de enero al 30 de enero en tiendas físicas y online
Durante el día 2 de enero se aplicará un 10% extra de descuento si enseñas en tienda la foto facilitada por H&M en su Facebook.
Women’ Secret: ahorra hasta el 70% desde el 1 de enero al 28 de febrero tanto en tiendas físicas (en Aragón empezarán el día 3) como online.
Springfield: rebajas hasta el 50% de descuento online y en tiendas físicas.
Purificación García: descuentos especiales de Reyes en tiendas físicas y online.
& Other Stories: descuentos de hasta el 50% a partir del 26 de diciembre en tiendas físicas y online.
Être Cecile: 25% menos en una selección de camisetas y sudaderas.
Cortefiel: descuentos de hasta el 50% en tiendas físicas y online desde el 25 de diciembre hasta el 28 de febrero.
Cos: productos seleccionados con un descuento del 30 y del 50% en tiendas físicas y online.
Farfetch: compra los regalos más lujosos de la red con una rebaja de hasta el 60% menos.
Sandro: rebajas de hasta el 50% en su tienda online y tiendas físicas.
Intropia: descuentos de hasta el 50% en tiendas físicas y online.
Kling: distintos descuentos en prendas seleccionadas en tu tienda online.
Gioseppo: rebajas de hasta el 50% en una selección de calzado.
Ecoalf: promoción especial de 30% menos en prendas seleccionadas del 26 de diciembre al 6 de enero.
Camper: hasta un 40% menos en una selección de productos en tiendas físicas y online.
Las Rozas Village y La Roca Village: compra tus regalos con descuentos de hasta el 80% sobre el precio original.
Maje: Ventas VIP, hasta el 50% de descuento en prendas seleccionadas en su tienda online.
Amichi: hasta 50% de descuento en la colección de invierno.
Pepe Jeans: rebajas de hasta el 50% en productos seleccionados.
Krack: la cadena de zapaterías ya tiene una selección de calzado con descuentos de hasta el 50% en tiendas físicas y online.

Mentira de la fiebre............................... Juan Cruz

José Ángel Sánchez Asiaín: la buena sombra de la vida de un banquero.

José Ángel Sánchez Asiáin, en una entrevista en 1987.

En el capítulo Mentira de la fiebre, de la impresionante novela de Fernando Aramburu Patria (Editorial Tusquets), se produce un diálogo que causa ese escalofrío retrospectivo que ocurre sobre algo que ya pasó (y de alguna manera sigue pasando) pero que acude de pronto a la memoria del presente.
 Como si fuera la pesada carga de la vida, siempre recordando las amenazas sufridas.
La hermana de un asesino de ETA, central en la novela, se niega a glorificar a un terrorista y simula que tiene fiebre.
 Frente a la algarabía de los que sí van a la plaza del pueblo a celebrar (a celebrar) el funeral, ella se queda en casa con "la mentira de la fiebre", porque no se quiere solidarizar con aquel "caudillo de verdugos". 
Ese "caudillo de verdugos" era Txomin Iturbe.
La chica se quedaba en cama, con "la mentira de la fiebre". "Y con la espalda recostada contra la almohada" imita las órdenes del verdugo que pasaba a lo gloria: "Matad a fulano, matad a mengano".
Menganos y fulanos hubo cerca de mil, todos muertos; en la orla que les pusieron encima los etarras no eran imprescindibles muchas razones; y a veces era mejor que no hubiera razones.
 Un apellido que no sonara a euskera, un trabajo en Rentería, un tipo que oliera a franquista, que no fuera "de los nuestros". 
Y, finalmente, el asesinato y, casi siempre, el silencio.
 De eso va la novela, también, del silencio. 
Y produce tanto escalofrío como la pesadilla mientras ésta duró.
 Se acabó la violencia, pero no se ha acabado la sintaxis de la violencia. 
Si lloras por ese, se lee en Patria, me voy a dormir al otro cuarto. Los buenos, los malos. 
Los nuestros, los enemigos.
 Esa era la sintaxis; esa sintaxis no ha muerto.
 Y los que la mantienen viva saben qué daño hacen las palabras. Son señales; antes servían de diana, ahora marcan como una diana. Cuidado, donde hay una definición aviesa se marca una amenaza. Un insulto retrospectivo.
 Ahora que ha muerto un buen hombre, un hombre excelente, José Ángel Sánchez Asiaín, del que ha escrito tan excelente perfil Miguel Ángel Noceda en este periódico, vi en la red de redes, Twitter, algunas alusiones aviesas a este buen bilbaíno, apasionado de las artes y de la vida, al que una de esas tachaduras que abundan en tal red denominaba "banquero franquista". 
Vaya por Dios. Pío Baroja, Di Stefano, Ernest Hemingway, Unamuno Lola Flores, Recalde, Aranguren, Ridruejo, tantos vascos, y tantos catalanes, y andaluces, y canarios, y madrileños del Madrid heroico, que vivieron y trabajaron bajo Franco y en aquel ambiente sociológico y político asfixiante y envolvente, que se ramificó hasta el tuétano en sociedades donde ahora parece que ese tiempo sucedió como un polvo de estrellas..., toda esa época condenada al mismo basurero de la historia. Incluido, claro, el noble banquero que nos dejó ahora.
 Todos franquistas; total, como no hay memoria mejor meter en la desmemoria a todo dios.
 Da igual, ese es el nivel que iguala el lenguaje de la red.
A la Transición se la quisieron cargar los franquistas y estos antifranquistas del insulto retrospectivo.
 Por franquista. El franquismo como orla que permitía, en los años de plomo, que un verdugo oculto en su capucha dijera la frase que imitaba Arantxa, el personaje de Patria: "Matad a fulano, matad a mengano".
 Para que aprenda, para que aprendan otros.
Ese terror pasó a la historia, pero no abandona la mente de la historia.
 Y si no se recuerda que lo que escribe Aramburu tiene más actualidad que pasado estaremos condenados a que nos señalen con el dedo por leer a Pío Baroja, por ejemplo, aquel renegado.
Como si la Patria en la que viven fuera la patria de ellos, mientras que la otra patria es el infierno donde habitaron Franco y otros ángeles malos a los que ese dictador dominó con su látigo hasta convertirlos en perversos lacayos.
 Si Franco los oye les hace un monumento.


 

Carrie & Debbie.................................... Ana García-Siñeriz

 
Debbie Reynolds, con su hija Carrie Fisher, en una imagen de los años cincuenta. Getty Images
 
Querida Carrie, te has ido demasiado pronto, en serio
. No solo porque 60 años no sea edad.
 Que le pregunten a los que pasan de los 100; nunca es buen momento cuando se trata de irse al otro barrio.
 Te has ido antes de tiempo porque en el juego de Hollywood no hay como tener la última frase.
 Y tú, la princesa Leia malgré tout, la lista de la familia, la niña de la realeza de Hollywood, merecías la parte del león. 
Pero nadie contó con Debbie.
 Ella era una estrella de las de antes, de las de verdad. Y ha hecho su salida como tal. 
Las relaciones madre-hija suelen dar para mucho, y la vuestra lo dio: varios libros, un monólogo y una película. Como pusiste en la boca de Shirley MacLaine, tu madre en la ficción de Postales desde el filo, ser hija de Joan Crawford o de Lana Turner hubiera sido mucho peor. 



Pero tú te despertabas en casa con mamá y al rato se convertía en Debbie Reynolds, solo con atravesar un inmenso vestidor atestado de vestidos de fiesta y estolas de piel.
 “Su armario era como un túnel de lavado para celebrities”. Así —siempre genial— lo clavaste en una entrevista en un programa de televisión.
Pero tú también fuiste una estrella.
 Y si te hiciste un hueco fue gracias a tu ingenio, por eso es una lástima que no hayas podido ver la despedida de mamá.
 Qué final para una guionista: muere mientras prepara el funeral de su hija.
 Hubiera sido un cierre para Postales (II) espectacular.
Ojalá hayáis podido comentarlo en el cielo de las estrellas, donde estéis, juntas por fin, las dos.