Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

25 dic 2016

Demasiado de todo............................Rosa Montero........

Me encanta regalar, pero el consumo es sin duda la gran droga contemporánea. Y esta sociedad del desperdicio se dedica a agravar nuestra patología.

COLUMNISTAS-REDONDOS_ROSAMONTERO
LA RED, ya se sabe, es una confusa Máquina del Tiempo que nos trae todo el rato hechos antiguos que son acogidos como si fueran nuevos y que se convierten en noticias virales de última hora.
 Pues bien, el oleaje de Internet acaba de depositar una de estas viejas novedades en la playa de mi ordenador. 
Se trata de un discurso que dio en 2012 José Mujica, por entonces presidente de Uruguay, en la Cumbre de las Naciones Unidas por el Desarrollo celebrada en Río de Janeiro.
Mujica es un personaje singular; octogenario, simpático, humilde. Es cierto que fundó a los tupamaros, una organización terrorista y asesina semejante a ETA. 
Pagó con la cárcel y es probable que hoy ya no tenga nada que ver con el hombre que fue, pero no se ha arrepentido públicamente. Además ha sido amigo del chavismo, no ha abogado por los presos políticos venezolanos ni cubanos y ahora, tras la muerte de Fidel, ha escrito al dictador una carta abierta laudatoria bastante vergonzosa.
 Nadie es perfecto, y desde luego él tampoco.
 Pero el breve discurso de Río es de una veracidad y de una sabiduría estremecedoras.
 Con la misma sencillez con la que hablaría a un niño, Mujica nos enfrenta con la contradicción insalvable de nuestro sistema; con ese mercado que sólo se sostiene en la multiplicación constante de un consumo enloquecido, depredador del planeta y causante de la infelicidad humana (si googleas “discurso de Pepe Mujica en Río+20”, podrás ver el vídeo).
 
Escucho sus palabras ahora, cuatro años después, rodeada de una marea de paquetes y paquetitos: son los regalos que tengo que hacer estas Navidades, un montonazo de objetos, porque, como a veces no me siento del todo segura del presente escogido, puedo comprar alguna cosa más para reforzarlo. 
Vamos a ver, me encanta hacer regalos a los seres queridos, pero ¿de verdad me he tenido que comprar medio Madrid para ello? Hay presentes, probablemente los mejores, que no se compran, sino que se fabrican, se inventan.
 Quizá no tengamos tiempo para regalar así: sin duda es más difícil. O quizá nos arrastre la compulsión consumista.
El ser humano es drogadicto por naturaleza. 
Lo leí hace años en un ensayo brillantísimo, Escrito con drogas, de Sadie Plant (Destino, 2003). 
Y por cierto que no somos el único animal que se coloca; si no recuerdo mal, Plant hablaba de conejos que comían hierbas alucinógenas, de ciervos y otros bichos.
 Hay algo en la vida misma que parece predisponernos a la adicción, y el consumo es sin duda la gran droga contemporánea.
 Y así estamos todos ahora, con el mono, mirando hipnotizados las vertiginosas lucecitas de Navidad.
Este demencial afán de acaparar quizá provenga de nuestros orígenes; somos criaturas oportunistas que, hace miles de años, tuvimos que sobrevivir sin casi nada en entornos muy duros.
 Es de suponer que un troglodita en mitad de una glaciación no desperdiciaba nada que encontrase: ni una rama rota para hacer fuego, ni una piedra de dimensiones apropiadas para servir de herramienta.
 Tal vez nos siga quedando ese mismo gen recolector en algún rincón de nuestro cerebro, pero la urgencia acaparadora que algún día nos salvó la vida hoy nos enferma gravemente.
 No me extraña que cada día sea más común el síndrome de Diógenes, esa patología que consiste en acumular tantos objetos que llegas a vivir enterrado en basura. 

Escucho hoy a Mujica con melancólico pesimismo y pienso que todos o casi todos los humanos somos proyectos de Diógenes. 
Y que esta sociedad del desperdicio en la que vivimos se dedica a agravar nuestra patología con la obsolescencia programada, con campañas publicitarias enloquecedoras, con una inculta cultura de lo efímero.
 Y todo ello para el enriquecimiento de una élite, desde luego; pero esa élite tampoco es ajena a la compulsión y está inmersa en verdaderas orgías de consumismo.
 Qué mundo tan enfermo: ¿cómo podemos salir de esta trampa? Miro a mi alrededor y tengo demasiados libros, demasiados aparatos electrónicos, demasiados objetos decorativos, demasiada ropa, demasiado de todo.
 Ahora mismo la barbaridad de cosas que poseo, de muchas de las cuales ni me acuerdo, me angustia y me repugna. 
Pero no pasarán muchos días sin que compre algo.

Se supone que estudió......................................Javier Marías

¿Cómo puede un Ministro de Justicia sostener que las elecciones sustituyen a los tribunales? 

COLUMNISTAREDONDA_JAVIERMARIAS
DESDICHADOS LOS tiempos en los que frases aberrantes no se tienen por tales y caen en la indiferencia porque ya forman parte de la anómala “normalidad”. 
Trump dijo que, si uno es una celebridad, puede hacer lo que quiera con las mujeres –lo que quiera– y “agarrarlas por el coño” (eso es lo que significa “pussy”, o a lo sumo “conejo”, y no los eufemismos absurdos de los que se ha valido la prensa española, faltando así a la verdad).
 Y eso no lo descalificó para ocupar el más alto puesto de su país. Aseguró que los mexicanos, sin distinción, eran criminales y violadores, lo cual no impidió que al poco lo recibiera y le estrechara la mano el Presidente Peña Nieto, que no se vio obligado a dimitir al instante por ello. 
Los ejemplos abundan en todas partes, por lo que quizá no es extraño que las declaraciones de nuestro Ministro de Justicia a EL PAÍS, Rafael Catalá, el 28 de noviembre, no hayan causado estupefacción a casi nadie y que nadie –que yo sepa– haya pedido su destitución.

No leo toda la prensa ni veo ni oigo las infinitas tertulias (eso sería un castigo excesivo hasta para el mayor asesino), pero leo y veo y oigo bastante, y, aparte de una impecable columna de Julio Llamazares en este diario, no he detectado la menor reacción.
Una cosa es que lo que declaró Catalá lo digan (como han hecho) tertulianos o periodistas al servicio del PP; incluso que lo digan otros miembros del Gobierno (como también han hecho).
 Es algo que en realidad venimos soportando desde hace años.
 Pero lo que es imposible es que sea el Ministro de Justicia –él no es cualquier miembro del Gobierno, no lo puede ser– y que eso no acarree consecuencias; que permanezca en su cargo como si nada; que los jueces y magistrados no se hayan negado a seguir bajo su autoridad; que a casi ningún articulista ni editorialista le haya parecido mal.
 Veamos. 
A la pregunta “La responsabilidad política por la corrupción, ¿está saldada?”, el Ministro contestó:
 “En nuestro sistema se salda con las elecciones.
 Cuando vamos a votar hacemos balance y valoramos qué nos parece la gestión de un Gobierno o las propuestas de la oposición, y en los últimos dos años y medio ha habido todo tipo de elecciones y ha habido ocasión para que los ciudadanos hayan emitido su veredicto”. 
Se entiende que ese veredicto ha sido, según él, de absolución del PP, o ni siquiera: los ciudadanos no han considerado, siempre según él, que al PP debiera juzgárselo por corrupción.
 Esto, soltado por un Ministro de Justicia –de Justicia–, es una aberración. 
Para él, de repente, las leyes no cuentan, no existen.
 Por encima de ellas está lo que podríamos llamar el “afecto popular”, que exime de responsabilidad.
 Siguiendo el razonamiento hasta la exageración, a los jerarcas nazis no debería ni habérseles iniciado proceso porque es innegable que contaron, durante sus años de poder, con el beneplácito y el entusiasmo de los alemanes; porque estuvieron arropados y legitimados por ese “afecto popular”.
 Otro tanto habría que decir de Milosevic, Karadzic y Mladic, principales carniceros de la Guerra de los Balcanes.
 ¿Por qué se los juzgó o juzga en La Haya, si cuando cometieron sus crímenes eran jaleados por su pueblo, y el primero ganaba elecciones sin discusión? 

¿Por qué se debería haber juzgado a Franco o a Hugo Chávez, de haber sido posible, cuando las masas de sus respectivos países los adoraban, y el segundo fue votado hasta la saciedad? 
¿Cómo puede un Ministro de Justicia sostener que las elecciones sustituyen a los tribunales y están por encima de la ley?
 ¿Para qué diablos tenemos leyes, entonces, si los políticos no están sometidos a ellas y ventilan sus delitos fuera de los juzgados, las investigaciones, los procesos y los sumarios? 
No es que estén aforados, que además lo están (en España hay 280.000 individuos aforados, reconoce Catalá; léanlo de nuevo: 280.000); es que, en tanto que partido, no están sujetos a la ley, sino al capricho o a la adhesión de sus votantes.
 Son éstos quienes los condenan o exoneran, según el Ministro.
 Lo más alucinante, con todo, es que éste no tiene empacho en contradecirse de manera flagrante, en la misma entrevista. Hablando ya no del PP al que sirve, sino del “problema de Cataluña”, afirma: “En un Estado de derecho quien incumple la ley debe tener la respuesta de la Justicia … 
Si un Presidente de la Generalitat, un consejero o una Presidenta del Parlament han incumplido una ley, deben responder ante los tribunales”.
 Me parece bien, pero ¿no habíamos quedado en que quien es elegido o reelegido salda su responsabilidad política? Se supone que el señor Catalá estudió Derecho para llegar a su importantísimo cargo.
 Uno no tiene más remedio que preguntarse cómo logró aprobar las asignaturas.

Es Navidad, ¿qué se hace hoy?............. Juan Tallón

Susan Sontag (1933-2004).
El 25 de diciembre es uno de esos días especiales en los que la gente hace lo de siempre. 
En su diario de 1964, Josep Pla anotaba en la entrada correspondiente a esa fecha que él optó por no levantarse. 
Y no arrepintió. «Como en la cama. Canelones».
 Después se pasó la tarde durmiendo.
 A las siete y media se despertó y trabajó un rato, pero no mucho, sin salir de la cama.
 Por la noche, cenó también en la cama, pollo asado frío, riquísimo.
 «He pasado muy buen día», resumió. 
En la Navidad de 1890, su colega Leon Tolstoi se mostró más activo, al menos en términos físicos.
 Para empezar, se levantó temprano. «Son las ocho de la mañana. Acabo de poner el árbol de Navidad»
 , escribió reconociendo que había dejado las tradiciones para el último momento.
Sylvia Plath recoge en sus diarios que el día de Navidad de 1958 «jugué, hice bromas, di la bienvenida a mamá.
 Tal vez la odie, pero hay más cosas. También la compadezco y la quiero.
 A fin de cuentas, como suele decirse, “es mi madre”».
 Fuera de eso, se peleó con su marido, el también poeta Ted Hughes.
 Ninguno de los dos sabe qué profesión ejercer, ni qué esperar de lo que escriben. «La poesía no es lucrativa».

William Faulkner, en la Navidad de 1932, también tenía la cabeza en su literatura.
 En carta al editor Bennett Cerf fechada el 25 de diciembre le confiesa que «estaría orgulloso de que publicaras El ruido y la furia, y confío en que algún día nos pongamos de acuerdo». En Oxford (Misisipí) hace un tiempo pésimo, «sin embargo, tengo un barrilito de moonshine [licor destilado ilegalmente] y cuatro libras de tabaco inglés, por lo tanto qué me importa, como dice el poeta»
La bebida proporciona compañía a muchos autores por esas fechas. En el segundo tomo de Los diarios de Emilio Renzi, Ricardo Piglia destaca en la entrada del 25 de diciembre de 1969 que se siente desvalido.
 Y confiesa: «Fiesta anoche, mucho alcohol, en una quinta en las afueras, permanecimos ahí nadando en la pileta hasta el amanecer».
Las celebraciones dependen del ánimo de cada momento.
 Susan Sontag pasó la Navidad de 1948 «completamente absorta» escuchando el concierto para piano forte en Si menor de Vivaldi, según sus Diarios tempranos.
 Ese mismo día también admitía estar «casi al borde de la locura.
 A veces hay momentos fugaces que sé con la certeza de que hoy es Navidad que estoy tambaleante al borde de un precipicio sin fondo».

 La debilidad parecía también dominar a Franz Kafka el 25 de diciembre de 1911.
 En la última de las notas de ese día escribe: «Correr hacia la ventana y a través de las maderas y cristales rotos, debilitado por haber empleado todas las fuerzas, saltar sobre el alféizar»
Max Aub acostumbraba a obviar las navidades en sus diarios.
 En una de las contadas veces que dejó anotaciones, el 25 de diciembre de 1951, escribió que «hay muertos que se quedan y otros que se van.
 Unos flotan, otros se hunden».
 Y cita a su amigo Xavier Villaurrutia, del que se conmemora el primer aniversario de su fallecimiento. No es posible saber si lo pasó bien o mal, o ambas cosas.
 Como divertida cabe calificar la Navidad de Julio Ramón Ribeyro en 1955. 
La pasó en Munich, entre champán y martini. 
A las tres de la madrugada acompañó a una mujer en taxi hasta su casa.
 «Ella utilizaba el latín y yo la entendía. Escena que me hace recordar al Félix Krull de Thomas Mann que al hacer el amor hablaba en alejandrinos».
 El 25 de diciembre de 2000, Mario Levrero ni siquiera salió de casa. 
Se había mudado a vivir al mundo de su computadora, en la que jugaba y resolvía solitarios compulsivamente, de día, de tarde, de madrugada, con tal de no escribir el libro al que se había comprometido.
 Admite que esa jornada estuvo un rato sentado, en silencio, sin hacerle caso al ordenador, y no se sintió mal. 
No le llegó la angustia. «Después de un rato lo que me llegó fue la compulsión de volver a la máquina», evoca en La novela luminosa.

En un mundo sin máquinas, pero mucho más asfixiante, vivía Alejandra Pizarnik
En la Navidad de 1959 durmió nueve horas.
 Caminó durante toda la mañana, y a su regreso se encerró en la habitación, llena de «hojas sueltas con poesías escritas que esperaban para que las corrigiera».
 Pero prefirió leer durante varias horas a Artaud. «Finalmente arrojé el libro, que me quemaba, hice un poema lleno de alaridos y me fui a la cocina a hundirme en revistas idiotas de cine y folletines y comencé a comer sin hambre». Pizarnik hablaba a gritos con su diario, como Cesare Pavese, que en la entrada del 25 de diciembre de 1937 de El oficio de vivir, destaca: 
 «O con amor o con odio, pero siempre con violencia».
 A continuación, después de saber que la mujer de la que está enamorado se ha ido con otro, señala que «querría más bien morir yo que recibir esta noticia de ella»


Los consumidores comienzan a pisar el freno....... Thiago Ferrer Morini Twitter María Fernández

Los analistas apuntan a que en 2017 se ralentizará la tasa de crecimiento del gasto.

Por mucho que los siglos y las tecnologías la hayan complicado, el punto inicial de toda economía siempre ha sido cuando alguien saca la cartera para llevarse un producto a casa.
 Los 27.140 euros que, de media, se gastó cada hogar español en 2015 impulsaron la recuperación de la economía; fue el primer incremento del consumo familiar en términos reales en siete años. Los analistas esperan que 2016 sea igualmente positivo; según la consultora Deloitte, las ventas minoristas en estas fechas navideñas crecerán un 4% con respecto al año pasado.
 Pero el mercado ya da señales de que esta alegría consumista viene impulsada por una serie de circunstancias extraordinarias; algunas de ellas, como un petróleo a precios bajos o los incentivos fiscales en el IRPF, están a punto de terminar.
Con dos palabras: crecimiento descendente —un aparente contrasentido—, la totalidad de los grandes servicios de estudios del país, desde el Banco de España a Funcas, AFI, BBVA o Caixabank resumen lo que va a pasar: se empieza a terminar el efecto rebote de la economía.
 Daniel Fuentes, economista sénior de Analistas Financieros Internacionales (AFI), traslada que la mitad del crecimiento actual del PIB se explica por el tirón del consumo privado.
 “El año que viene todos los analistas vemos una desaceleración, aunque todavía crecerá un 2,5%”, cree. 

“En 2017 el crecimiento promedio anual del consumo privado se ralentizará hasta el 2,3% [este año crecerá un 3%] debido a la menor contribución de la renta y la riqueza inmobiliaria y la desaparición de algunos factores transitorios”, abunda el último análisis de BBVA.
 El servicio de estudios del Banco de España pronostica un avance del 2% y la Fundación de Cajas de Ahorro (Funcas) del 1,9%.
El índice de confianza del consumidor se mantiene a niveles muy altos y no anticipa el principio del fin de un ciclo.
 “Hasta el tercer trimestre de 2016 el consumo ha ligado tres años de crecimiento, progresando un 8,5% desde sus mínimos de 2013”, analiza Miguel Cardoso, del servicio de Estudios del BBVA. 
El aterrizaje, que se da por seguro, será suave y empezará debido al alza de precios inducida por el incremento del petróleo.
 “Venimos de años con un IPC negativo, y el que viene pronosticamos una inflación de un 1,4% o un 1,5%, y los hogares lo van a acusar”, considera Fuentes.
La política fiscal, además, ha cambiado de signo.
 La última subida selectiva de impuestos y el fin de las rebajas en el IRPF van a restar dinero del bolsillo de los españoles, y eso se trasladará a la calle
. Es, como resume Cardoso, algo que tarde o temprano tenía que ocurrir.
 “Es importante transmitir que las tasas de crecimiento son, en cierta medida, insostenibles, temporales. Se deben al ciclo de la economía”.
María Jesús Fernández, economista sénior de Funcas, añade que ya no hay tanto colchón del que tirar, “la tasa de ahorro está baja en términos históricos. 
En 2015, en porcentaje de renta disponible bruta fue del 8,2% y este año acabará cerca, en el 8,1% y en el 7,9% en 2017. Sólo en 2007 fue tan baja”.
Los sindicatos van más allá y leen en los datos nuevas tensiones. Carlos Martín, responsable del Gabinete Económico de CC OO, lo enfoca en que el crecimiento, el fruto de la recuperación, se va filtrando menos a las familias por obra de la devaluación salarial y por el deterioro de las condiciones de trabajo.
 “Y esto último se ha utilizado para amortizar los platos rotos de la crisis, ya no solo desde el punto de vista de la demanda, sino también financiero.
 La reforma laboral ha servido para que las familias cumplan, de forma tremendamente disfuncional, como bancos de las empresas en situación de crisis”. 

Los empresarios están sorprendidos y lo reconocen.

 Elisa Pereira, responsable del Servicio de Estudios de la patronal CEOE, recuerda que el primer factor de la expansión del gasto está en el empleo, y la correlación suele ser a la par. 
“El empleo ha crecido, sí, pero que el consumo vaya a acabar el año creciendo un 3% más o menos… ha sido una sorpresa, dada la moderación salarial. 
Las familias con hipoteca han visto cómo sus cuotas han bajado junto con los tipos.
 Eso da un margen para consumir.
 Por otro lado, las familias han hecho un esfuerzo de desendeudamiento muy importante”, añade. Sin embargo, aunque los tipos van a seguir bajos, “el margen de maniobra es muy pequeño”, porque han llegado al suelo.
Y todavía no, pero a más largo plazo también finalizará ese “regalo”, del que los españoles han disfrutado en estos últimos años.
 “Dentro de poco vamos a ver cómo ese estímulo [traducido en el euríbor para los hogares] va a desaparecer.
 No sucederá el año que viene ni el siguiente, pero, a la larga, la financiación empezará a encarecerse”, avanza María Jesús Fernández.
El túnel en el que entró la economía en 2008 hizo que los ciudadanos, incluso los que mantuvieron sus puestos de trabajo, dejasen de plantearse comprar un nuevo coche, viajar a ese destino lejano o embarcarse en una hipoteca.
 Esas decisiones quedaron “embalsadas”, como les gusta decir a los economistas, pero no indefinidamente. 
Porque al final, los bienes tienen una vida que se agota, lo que forzó que en 2013 comenzase a girar de nuevo la rueda del gasto. Esa curva ascendente, sin embargo, no distribuyó bonanza a todo el mundo por igual: España es uno de los países miembro de la OCDE con mayor desigualdad salarial, según un reciente estudio de la organización.
Los economistas dicen que un muerto es un drama y un millón, una estadística. 
El análisis que hace desde UGT Gema Ramón, responsable confederal de servicios sociales, desgrana lo que los datos no cuentan. 
 “No podemos decir que haya un crecimiento real del consumo. 
La reactivación va directamente ligada a la creación de puestos de trabajo, y con las condiciones de altísima temporalidad, las bajas tasas de cobertura, la falta de rentas mínimas de inserción, el hecho de que el 18% de los ocupados esté en riesgo de pobreza…, todo esto, evidentemente, hace que no podamos ver una reactivación”. Porque a la pobreza de los parados se ha sumado en los últimos años otra clase de miseria: la de los trabajadores con nómina.
 Más de seis millones de personas cobran menos del salario mínimo interprofesional.
 Y elevarlo un 8% (hasta los 707 euros), como acaba de acordar el Parlamento, no tendrá apenas efecto en la economía, según la decena de analistas consultados. 

Más coches

Por sectores, hay claros ganadores y perdedores.
 Aun sin el plan PIVE, las ventas de coches crecen a dos dígitos y la patronal Anfac no disimula su optimismo: el año próximo las fábricas españolas producirán tres millones y se matricularán 1,4 millones entre turismos y comerciales. 
“Unas cifras que nos toca mantener e incluso mejorar, pero sin olvidar los nubarrones que se ven en el camino”, matiza Mario Armero, su vicepresidente.
Desde la patronal aseguradora Unespa, por el contrario, recuerdan que “en 1999, los hogares españoles dedicaron cinco de cada cien euros de su renta disponible a adquirir protecciones de seguro y fondos de pensiones.
 Pero al aumentar las rentas, esta mejora no fue utilizada para mantener un ritmo relativo de adquisición de seguros.
 El dinero de más que pasaron a ingresar los hogares fue para otras cosas, por así decirlo.
 La crisis no fue sino la continuidad de esta evolución hasta 2011, cuando la ratio fue hasta levemente negativa.
 El sector se recuperó hasta 2014, pero el año pasado fue negativo”.
Tomás Pascual, presidente de una de las mayores empresas de alimentación del país, Calidad Pascual, reconoce por su parte que en su negocio se prevé “cierta desaceleración del gran consumo que, pese a todo, crecerá en torno al 2,2%.
 Hay una amenaza latente de reducción del consumo doméstico ya apuntada por el Banco de España, pero probablemente va a atenuarse mucho en la práctica”. 
Él es optimista, confía en que su empresa va a vender más.
 En el sector de salud, que se proyecta como uno de los de mayor crecimiento por el envejecimiento de la población, el vaso se ve medio vacío: uno de cada cinco españoles (10,5 millones) tiene seguro privado, un leve ascenso con respecto a 2014.
 “Un 84% de la población considera que es el Estado el que debe hacerse cargo de los gastos derivados de la asistencia sanitaria”, afirman desde la Alianza por la Sanidad Privada Española.
 “Sin embargo, un 34% piensa que no hay que limitar el gasto cuando se trata de pagar por la salud”.