La Sala confirma los 22 y 20 años a las que fueron condenadas Montserrat González y su hija Tatiana Martínez.
El Tribunal Supremo durante la vista pública de los recursos contra las condenas por el asesinato de Isabel Carrasco. Chema MoyaEFE
La Sala de lo Penal del Tribunal Supremo ha estimado este
jueves la petición del fiscal y ha incrementado en dos años —hasta los
14 en total—, la pena impuesta a la policía municipal de León, Raquel Gago, por complicidad y tenencia ilícita de armas en el asesinato en mayo de 2014 de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco. Por otra parte, la Sala confirma las condenas a 22 y 20 años de cárcel
impuestas a Montserrat Ascensión González y a su hija Montserrat Triana
Martínez por el crimen..
El Supremo celebró este miércoles la vista pública de los recursos
contra la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León
(TSJCL) que condenó a González y Martínez.
Respecto a Raque Gago, ha
aceptado el recurso del fiscal que pedía añadir a sus 12 años de condena
por complicidad en el crimen, otros dos años de prisión por la de
tenencia ilícita de armas.
Por contra, el alto tribunal ha rechazado los
recursos de las defensas de las tres inculpadas en el asesinato.
De este modo, no ha contemplado la posible eximente parcial
de trastorno paranoide para Montserrat González y ha establecido que el
relato de los hechos probados, que apunta a la plena participación de
Triana Martínez en el crimen, está bien fundamentado. El fallo ha sido hecho público este jueves y, aunque
la sentencia todavía no ha sido redactada, ha sido comunicado a la
Sección Tercera de la Audiencia Provincial de León a los efectos
oportunos.
Internet ha caído rendido a su caluroso abrazo. Dónde comprar y cómo
hacer estas piezas que se van a convertir en tu próximo regalo de
Navidad.
Foto: Instagram Ohhio/justynaniko
Parece que los tiempos de la temida batamanta
llegaron a su fin. Según Pinterest, lo de cobijarse al calor un fin de
semana enchufado a Netflix ya no está reñido con el bonitismo. La red
social, junto a Instagram, ha caído rendida desde hace unos meses ante
el esponjoso abrazo de dos mantas virales que hacen las delicias de Internet y de todo aquel que tenga en mente ya su lista de regalos de Navidad. Una de ellas es más fácil de encontrar con su nombre inglés, “chunky blanket”. Una expresión que alude a su robustez precisamente por la cualidad que
la diferencia: su punto. Frente a otras piezas similares, esta manta
luce uno enorme trenzado con bastante holgura. En su mayoría, están
hechas con lana merina, una de las mejores desde hace siglos por su gran calidad y otras propiedades
como su textura sedosa, su calidez y su suavidad en contacto con la
piel. Esto, aunado a lo laborioso de su proceso, justificaría los altos
precios que pueden llegar a alcanzar. ¿Dónde la compro? Ese Olimpo de las manualidades llamado Etsy
es el lugar por antonomasia donde pueden encontrarse. Concretamente,
hay una tienda de la web que está ganando especial atención con las
suyas. Se llama Ohhio, y vende mantas hechas a mano que oscilan entre los 285 y los 674 euros. Su responsable, Anna Marinenko,
es una ucraniana de 27 años que comenzó a tejer hace un año: “Un día vi
un material inusual que despertó mi imaginación”, confesó a Business Insider. “No tenía agujas, por lo que empecé a tejer con mis manos”. A Marinenko
le gustó tanto la estética de esta manta que decidió adquirir más
ovillo. Su popularidad ha crecido de tal manera que ya tiene su propia
página web, donde también las vende.
Las mantas virales que vas a querer pedirle a Papá Noel
Internet ha caído rendido a su caluroso abrazo. Dónde comprar y
cómo hacer estas piezas que se van a convertir en tu próximo regalo de
Navidad
¿Dónde la compro? Ese Olimpo de las manualidades llamado Etsy
es el lugar por antonomasia donde pueden encontrarse. Concretamente,
hay una tienda de la web que está ganando especial atención con las
suyas. Se llama Ohhio, y vende mantas hechas a mano que oscilan entre los 285 y los 674 euros. Su responsable, Anna Marinenko,
es una ucraniana de 27 años que comenzó a tejer hace un año: “Un día vi
un material inusual que despertó mi imaginación”, confesó a Business Insider.
“No tenía agujas, por lo que empecé a tejer con mis manos”. A Marinenko
le gustó tanto la estética de esta manta que decidió adquirir más
ovillo. Su popularidad ha crecido de tal manera que ya tiene su propia
página web, donde también las vende.
Para el sofá, a los pies de la cama… Sus posibilidades son
infinitas. En nuestro país, hay otra firma especializada en tejer que
también las comercializa totalmente “made in Spain”. Con sede en Madrid,
Knitting Noodles vende desde su página web cojines, alfombras y hasta cestos con este punto grueso. Sus mantas, que tienen un precio de 256 euros, pueden personalizarse eligiendo el tipo de patrón que más te guste y que va del clásico (el que más se ha visto en Instagram bajo el hashtag #extremeknitting) a las rayas, cuadrados o incluso nubes. Una vez elegido el tamaño y el acabado, la puedes recibir en casa. Sus creadoras son Mar y Cristina González, dos hermanas que
buscaron un proyecto que les permitiese conciliar la vida familiar con
la laboral a la vez que daban “rienda suelta a su creatividad”. Lanzaron
la web hace tres años y presumen de que la materia prima que usan es “española” y cada uno de sus productos está “elaborado a mano” . Ellas son las que nos desvelan el secreto de esta lana XL: “No es la
típica que conocemos de siempre, que ya está hilada. En este caso la lana está sólo lavada y peinada, por eso tiene ese grosor tan brutal. Está directamente trabajada en la mecha”.
Una mujer pasa por delante de una pared con varios relojes.
Tetra Images/Getty Images
La ministra Fátima Báñez ha propuesto liderar un pacto de Estado para que la jornada laboral acabe a las seis de la tarde.
Tengo una fantasía recurrente. No es sexual, picarones, pero casi.
Un
placer tan intenso como salir del curro con el sol fuera y tener tiempo
para, no sé, meterme en un cine, echarme un siestorro, ir a recoger a
las crías al cole, cuando iban al cole.
Nunca hubo caso, hasta el punto
de que un día me vino la pequeña llorando porque los niños de su clase,
angelicos, creían que su mamá estaba muerta.
Llevo toda la vida
trabajando —o haciendo que trabajo, vale— todo el santísimo día.
Entiéndaseme: ni me quejo, ni voy de mártir, ni voy a contar aquí mi
problemática.
Al revés, soy una bendita con la suerte de currar en lo
suyo y de llevar 30 años vendiendo su moto y de que se la sigan
comprando a un precio razonable.
A cambio, me he perdido algunas cosas.
La infancia de mis hijas, la vejez de mis padres, todas las santísimas
tardes laborables con sus gozos y sus sombras.
Que sí, que vale, que ni
soy la primera ni la última. Que el trabajo es sagrado, un sacerdocio,
un privilegio. Pero también os digo que, en estos lustros, he perdido y
visto perder tiempo a espuertas desde al primer jefe hasta al último
indio para no ser el primero en plegar y marcharse a vivir la vida por
miedo a ser señalado, o a la vida propiamente dicha.
La ministra Fátima Báñez ha propuesto liderar un pacto de Estado para
que la jornada laboral acabe a las seis de la tarde.
Le han llovido
flores y cactus.
Yo le mando fuerza. Cierto que las inercias no cambian
por decreto. Pero también que los jóvenes curran el doble por la mitad
y, cuando acaban, se van sin cargo ninguno cada uno a lo suyo.
A
conciliar con la familia, los amigos, el perrito que les ladre o con
ellos mismos.
Y aún hay quien se sorprende de que, cada vez que el
algoritmo de Facebook lo rescata, el reportaje La felicidad de trabajar de8 a 3,
de mi colega Pablo León, se coloque como la noticia más vista.
No habla
de sexo, de acuerdo. Pero sí de nuestros sueños más húmedos.
Médicos
Sin Fronteras simula un ataque en Madrid para denunciar la situación que
sufren los centros sanitarios en zonas en conflicto.
Simulación de un ataque al hospital La Paz de Madrid.MÉDICOS SIN FRONTERAS
Balas y bombas contra los hospitales. Es lo que este martes sufrió La
Paz, uno de los mayores centros hospitalarios de Madrid, de manera
simbólica. Un simulacro realizado por Médicos Sin Fronteras
(MSF) para denunciar una realidad: al menos 50 centros sanitarios
relacionados con esta organización han sufrido ataques en lo que va de
año. Y en 2015 la cosa fue peor: 106 ataques en 75 hospitales. Se trata,
dice la ONG, de una situación casi cotidiana en zonas en conflicto como
Siria o Yemen. “En los últimos meses, Alepo
[una localidad del centro de Siria] se ha convertido en el ejemplo
aterrador de esa brutal tendencia”, alerta Joan Tubau, director general
de MSF. Las cifras de la Organización Mundial de la Salud también le dan
la razón. El organismo de Naciones Unidas lleva contabilizados 113
ataques contra la misión médica en 2016, algo que vulnera las
Convenciones de Ginebra para la protección de civiles en conflictos
armados. Un horror, en suma, que durante unos minutos vivió el hospital
madrileño con una espectacular proyección de vídeo en una de sus
fachadas, que acabó figuradamente en ruinas.