Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

22 oct 2016

Bob Dylan es “descortés y arrogante”, según un miembro de la Academia de los Nobel

El escritor Per Wästberg reprocha al cantautor no responder a las llamadas de la institución sueca ni darse por aludido por el premio.

Bob Dylan, en un concierto en Los Ángeles en 2012. AP

El escritor sueco Per Wästberg, miembro de la Academia sueca, ha calificado de "descortés" y "arrogante" a Bob Dylan por no reconocer públicamente el Premio Nobel de Literatura con el que ha sido distinguido este año en una entrevista en la televisión pública sueca SVT, ni responder a las llamadas de la institución. "Creo que es justo decir que su reacción hasta el momento ha sido descortés y arrogante", dijo Wätsberg en una entrevista en el programa cultural Kulturnyheterna, además de considerar de mal gusto la actitud del cantante.
Asimismo dijo no haberse sorprendido de que Dylan retirara a las pocas horas de su página en Internet la frase "ganador del Premio Nobel de Literatura" que había incluido en una reseña publicada este miércoles para promocionar el libro The Lyrics: 1961-2012, sobre las letras de sus canciones. 
"Fue poco sorprendente. Parece ser un hombre muy gruñón y reacio y no me pareció para nada sorprendente", afirmó
. La Academia sueca continuará manteniendo un perfil bajo, aseguró Wästberg, quien agregó que la pelota ahora está en el lado de Dylan.
 "Nos relajaremos y esperaremos. O bien aparecerá, en cuyo caso será bienvenido, o bien no aparecerá, y en ese caso organizaremos cualquier otra cosa para el banquete.
 En cualquier caso, sigue siendo uno de los premiados", zanjó.
Desde que la Academia sueca anunciara el pasado día 13 que Dylan, de 75 años, era el ganador del Premio Nobel de Literatura de este año, ha habido numerosos intentos de contactar con el cantante para comunicarle formalmente la distinción.
 No obstante, Dylan no ha hecho ningún comentario al respecto a pesar de haber ofrecido un concierto ante miles de seguidores en Las Vegas el mismo día del anuncio. 
 La Academia sueca comunicó el martes que no dedicará más tiempo ni esfuerzos en dar con el notoriamente esquivo cantante, aunque también dijo que espera que Dylan acuda a la ceremonia de entrega de los premios en Estocolmo, a pesar de no haber respondido a sus llamadas de teléfono.

 

Carolina Herrera, 35 años de aristocrática belleza............................................... Mateo Sancho Cardiel

Viste a famosas pero su secreto está en seducir a fortunas anónimas.

Carolina Herrera saluda tras un desfile en Nueva York. REUTERS QUALITY / getty image
 
 

Contaba el cronista y escritor de moda Michael Gross tras pasar la Nochevieja de 1986 en casa de Carolina y Reinaldo Herrera que la deliciosa anfitriona les había sorprendido con un detalle de lo más chic: les había hecho comer 12 uvas justo antes de la medianoche. 
 Esta anécdota resume cómo la diseñadora venezolana, cuya firma cumple 35 años, es capaz de vestir de sofisticación incluso a las 12 campanadas españolas y convertirlas en el plan más cotizado de Nueva York.
Carolina Herrera celebra sus siete lustros en la moda.
 Sin embargo, parece que han sido más, porque es pilar fundacional de la industria tal y como la entendemos
 Que, como muchas otras divas, se quita años en un gesto coqueto.
 Pero no: se equiparó rápido como guardiana de las esencias de la aristocracia (un concepto que en Nueva York solo podía ser de importación) a un Valentino y a un Óscar de la Renta que tenían casi 10 años más y habían empezado más de dos décadas antes.
Carolina Herrera, en Nueva York 1987. GETTY IMAGES
Había sido retratada por Andy Warhol en los setenta, era habitual en el Studio 54, trabajaba para Emilio Pucci, pero no como diseñadora sino como relaciones públicas, y era una habitual de las listas de mejor vestidas.
 Como escribió una vez André Leon Talley, cuando aparecía era como si las aguas del mar Rojo se abrieran. Era icono de la moda sin enfundarse un dedal.
 Dado que nació entre algodones en Caracas como María Carolina Josefina Pacanins y Niño y vistió con 15 años su primer Lanvin, resumió una vez: “Mi ojo está acostumbrado a ver cosas bonitas”. 
Llegado el momento, se dio cuenta de que si tenía que encargarse de hacerlas ella misma, así sería. 
Fue la icónica editora de Vogue Diana Vreeland, la misma que puso a posar con elefantes a Dovima para Richard Avedon, quien le sugirió en 1981 que hiciera su propia colección. 
Y así, a los 42 años, con cierto síndrome del aburrimiento adinerado, debutó con aires de vaca sagrada con un desfile en el Metropolitan Club.
 “Tuvimos música en directo interpretada por Cole Porter y todo Nueva York estaba allí (…) Bianca Jagger y Steve Rubell estaban.
 A él no le dejaron entrar por no llevar corbata, así que fue a Bergdorf Goodman, se compró una y volvió”, recordaba en las páginas del New York Times.
Fue fundamental el impulso que le dio el vestido que hizo para Caroline Kennedy en 1986, pero puede decirse que, casi desde el principio, todo el mundo asumió que Carolina Herrera jugaba en la liga de los grandes.
 Y no hace falta decir que, pese a que su nacimiento como diseñadora compartió comadrona con el cardado y la hombrera, desde el principio se instaló en lo atemporal.
Si algo demuestran los actos de festejo de este aniversario —desde la edición de un lujoso libro editado por Rizzoli que llegará a España próximamente y presentado ya ante la crème de la crème en Nueva York, a la exposición que cierra este fin de semana en Savannah, Georgia— es que las épocas se difuminan en la evolución de la diseñado-ra. “La moda no dura.
 Lo que no cambia y lo que siempre voy buscando es la belleza”, es el mantra de CH.
Penélope Cruz, en la entrega de los Premios Goya 2007. Gtres online
A esa búsqueda de lo bello suma un afilado olfato comercial. Tiene claro que, pese al espaldarazo que Jackie Onassis, Michelle Obama, Sarah Jessica Parker o Penélope Cruz hayan dado a sus diseños, la sostenibilidad está en seducir a las fortunas anónimas.
 O más aún: en aquellas mujeres que solo se atreven una vez en la vida a gastarse una cantidad inusitada en un vestido de gala y saben que la opción infalible lleva el nombre de Carolina Herrera. 
Luego llegaron los perfumes y su apertura al mercado masculino.
 Y así, en 2000 abrió su propia tienda en la calle 75 con Madison.
 Y es que tras la muerte de Óscar de la Renta, las retiradas de Valentino o Ralph Lauren y las salidas de las más jóvenes Diane von Fürstenberg y Donna Karan ya solo queda ella al pie del cañón. Alguien que, a pesar de representar la élite, siguió desfilando en las carpas del Lincoln Center en la Semana de la Moda de Nueva York hasta que las desmantelaron, sin querer seguir a los demás popes que preferían encontrar sus propios espacios. 
A sus 77 años sabe que no quiere enrocarse en su microcosmos sino estar ojo avizor a lo que sucede en el mundo, pues otro de sus mandamientos es: “Mantén siempre los ojos bien abiertos.
 Es la manera de que la belleza te encuentre”.

 

¿Cómo llevarlas? Las 'bombers' que amarás esta temporada















por Iratxe Plaza /


por Iratxe Plaza /

El negocio de la fama y el ‘photocall’........................................................... Mábel Galaz

Isabel Preysler, Elsa Pataky, Paula Echevarría, los hermanos Rivera Ordóñez y Miguel Ángel Silvestre son los más cotizados en un mercado que mueve miles de euros.

Isabel Preysler, el pasado martes. WireImage

 Tras meses dando la vuelta a medio mundo, Isabel Preysler se presentó ante los medios de comunicación el pasado martes en Madrid. 

 Lo hizo vestida de blanco y llena de brillantes. 

Nada era casual. El color irremediablemente hizo pensar en sus planes de boda con Mario Vargas Llosa y las joyas eran el motivo de su comparecencia: un acto promocional de la joyería Rabat.

 A sus 65 años, Preysler sigue siendo la reina de la prensa del corazón y de los photocalls. 

El anuncio de su presencia mueve a los medios, las firmas lo saben y por eso la buscan. 

Es una famosa a la vieja usanza. No tiene representante, ella misma negocia las condiciones de sus contratos y trabaja siempre con firmas con las que la une una relación que los interesados califican de “familiar”.

 Ahora sus parientes son la familia Colonques dueños de Porcelanosa y los joyeros Rabat. 

Pocos saben lo que cobra pero en el sector de las agencias de imagen se sabe que es de las más caras.

 Qué se cobra por un photocall o por una campaña conocida como 360º —que incluye, además, anuncios, comparecencias de prensa y mensajes en las redes sociales— parece ser un secreto de Estado. Todas las agencias consultadas dan información a cuenta gotas. El top lo tienen las estrellas de Hollywood que si son llamadas desde España pueden ganar hasta 1,5 millones de euros por trabajo. Las cifras más bajas en este negocio son para los famosillos de segunda fila que acuden solo a ponerse delante de un cartel publicitario y a responder a alguna pregunta a cambio de unos 2.000 euros. La combinación de fama y publicidad mueve miles de euros y también de alguna manera establece qué personajes están de moda o no.


Paula Echevarría es la preferida de muchas firmas. 
En ella ven a una mujer joven, trabajadora y natural que, además, está casada con un cantante famoso, David Bustamante.
 La actriz lleva ocho años ininterrumpidamente en la pantalla. Ahora con el regreso de Velvet su presencia en los medios ha aumentado pero ella es de las pocas que no necesita novedades profesionales para estar solicitada. 
Trabaja con varias marcas desde hace tiempo y se ha convertido en un referente para muchas mujeres. 
Se trata de una de las profesionales que firma contratos 360º y una de las mejor pagadas. 
Sus contratos tienen seis cifras porque, entre otras cosas, su influencia llega donde no llegan otras como Isabel Preysler.
 La intérprete se ha convertido en toda una potencia en las redes sociales. 
Además de tener un blog, posee una cuenta de Instagram con 1,4 millones de seguidores.

“Paula firma contratos en los que se compromete a hacer un anuncio, los carteles, a comparecer ante la prensa, a hacer entrevistas personales y, además, a difundir los productos que anuncia a través de sus redes sociales”.
 Lo cuenta el propietario de una agencia de comunicación e imagen que suele contratarla, pero que prefiere mantenerse en el anonimato. 
Y es que en este mundo de fama y dinero la discreción es fundamental, dicen los interesados.
El actor Miguel Ángel SilvestreUn personaje resulta atractivo para las firmas si tiene además una noticia que contar, advierten los especialistas consultados. 
Si se está embarazada hay más posibilidades de que te llamen.
 Un ejemplo, la modelo Helen Lindes que será madre en solo dos meses. Si te casas y te divorcias rápido, aún más.
 Otro ejemplo, Alba Carrillo. Y si aparte de ser famosa tienes un marido que es estrella de Hollywood, todavía más.
 Es lo que le sucede a Elsa Pataky, que a pesar de haber disminuido sus trabajos en la gran pantalla sigue siendo otra de las reinas de la publicidad. 
De vez en cuando deja a sus niños en Australia con su marido Chris Hemsworth y llega a España para hacer una campaña. Su caché es de los más elevados, solo comparable con el de Isabel Preysler. 

La actriz Blanca Suárez y la periodista Sara Carbonero también actúan como referentes en este sector
. Gustan a las más jóvenes que ven en ellas una fuente de inspiración.
 Carbonero desde que está en Oporto ha descendido algo en las cuotas de interés pero Suárez aguanta. 
 En solo unos días volverá a ser imagen de una firma de productos de peluquería.

Paula Echevarría en un acto de promoción. GTRES
 Los hombres también participan de este mercado.
 Al frente de él está el actor Miguel Ángel Silvestre que ha subido en interés y caché desde que se marchó a trabajar a EE UU. Los hermanos Rivera Ordóñez, Francisco y Cayetano, son otros referentes.
 Pero nada como el hijo mayor de los Beckham. Brooklyn se ha convertido ya en otra estrella de esa popular familia.
 Inditex, que hace poca publicidad de este tipo, le contrató hace 15 días para que protagonizara la campaña de Pull&Bear e hiciera acto de presencia en una fiesta en Narón (Galicia).
 Su contrato fue un éxito que le costó a Amancio Ortega una cifra de más de seis dígitos.