Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

19 oct 2016

La historia negra de la delincuencia española............................................................. Sergio C. Fanjul

El libro 'Fuera de la ley' retrata a los protagonista de la crónica policial de principios del siglo XX en España.

 Un ecosistema en el que anarquistas, ladrones de guante blanco, bandoleros y navajeros campaban a sus anchas.

Una timba de cartas retratada en una de las imágenes del libro.
Era una España de amenazantes callejuelas, oscuras y sucias, con personas durmiendo por las esquinas, a la salida de los más terribles tugurios y cabarets. 
Por el Barrio Chino de Barcelona o en los barrios bajos de Madrid pululaban los golfos y los golfillos, los apaches, atracadores, ladrones y timadores de baja estofa, gente de navaja fácil, un mundo del hampa de gorra y chaleco que no tiene nada que envidiar a la crónica negra que ha difundido el cine estadounidense.
El libro Fuera de la ley. Hampa, anarquistas, bandoleros y apaches (La Felguera Editores) trata de recrear a través de un collage de hemeroteca y con un espíritu casi enciclopédico lo que fueron los bajos fondos en este país entre 1900 y 1923
Una etapa violenta y sórdida que recuerda en ciertos momentos al ambiente de la serie Peaky blinders, de la BBC, sobre los gánsteres de Birmingham durante la Primera Guerra Mundial.
Era época de desorientación y de gran desigualdad, tras la pérdida de las últimas colonias españolas en 1898 y el regreso de los soldados de Cuba y Filipinas (muchos de los cuales, sin futuro, pasaron a engrosar las filas de la delincuencia), que regresaron a un continente azotado por los continuos atentados anarquistas y una profunda conflictividad social (y hasta una Guerra Mundial, la primera). 
 Proliferaron entonces los estudios sociológicos dedicados a comprender los bajos fondos (de las ciudades y de las almas) y la crónica negra.
 De fragmentos de estas obras (o de libros de Pío Baroja, entre otros) se vale este volumen para dar cuenta de las diferentes tribus que transitaban los subterráneos de la sociedad.

Ficha policial de un delincuente de la época.
Los golfos y los golfillos, expulsados de cualquier clase social y obligados a vivir en la cuerda floja.
 Los trogloditas que vivían en cuevas en los alrededores de la ciudad de Madrid.
 Las ratas de hotel que robaban en las habitaciones de los mismos. Los enterradores que timaban a través de un supuesto tesoro enterrado.
 Los espadistas, capaces de violar cualquier cerradura para hacerse con lo ajeno.
 O los apaches, pandillas de gentes de mal vivir, inspiradas en la vida parisina, que tenían el cuerpo cubierto de tatuajes, muchas veces pornográficos.

Una timba de cartas retratada en una de las imágenes del libro.

Ficha policial de un delincuente de la época.

El Sherlock Holmes español
Les perseguían policías, a veces eficaces como Ramón Fernández-Luna, apodado “el Sherlock Holmes español”, que logró atrapar a Eduardo Arcos Puch, el ladrón que sirvió de inspiración para el archivillano, ladrón y sádico sociópata, de las novelas francesas Fantômas. Arcos Puch, nacido en Nueva York en 1883 de padres mallorquines, era un todo un gentleman criminal: elegante, guapo y bien educado, sabía varios idiomas e interpretaba varios papeles para cometer sus fechorías. 
Para sus robos se embutía en una malla de seda negra y se cubría el rostro con una capucha, con el fin de camuflarse y también aterrorizar a la víctima.
“Es un retrato de una época de España que hoy contemplamos con perplejidad y confusión. Lo que presenciamos, todo eso que seguramente sentirá el lector al leer las noticias, artículos, proclamas, ensayos y ver las fotografías glaciares de las fichas policiales y las historias que aquí se recogen será perplejidad. 
Sin embargo… sucedió aquí”, escriben los editores en el prólogo. El libro incluye una amplia selección de las mencionadas fichas policiales, donde los maleantes aparecen de frente y de perfil, y son clarificados en estos términos: “carterista”, “asesino”, “agresivo”, “de mucho cuidado”, “declarado en rebeldía”.
Un bandolero capturado.
Por ejemplo en el caso de Ceferino Ferrer, El marinero, nacido en 1819 en Madrid: “Ladrón muy afamado. 
Es de mucho cuidado. Calumniador, díscolo y matón. Datos diversos
“Tiene por costumbre hacer denuncias falsas contra la policía y funcionarios de prisiones para hacerse el valiente, y en el momento que se le castiga dice que se vengan por haberles denunciado. 
Es una muletilla que usa siempre”.
También incluyen las fichas diferentes datos antropométricos, pues era el tiempo de auge de las teorías del criminólogo italiano César Lombroso, que relacionaba la delincuencia con la fisionomía, la forma y el tamaño del cráneo, las cejas o las orejas. Por decirlo vulgarmente: que aquel que tenía cara de malo (según los cánones de Lombroso), era malo, ideas peligrosas que ya han sido sobradamente refutadas por la ciencia.
Capítulo aparte merecen los anarquistas, que si bien también fueron partidarios de la violencia, sus motivos no eran el lucro o la supervivencia sino la consecución de la Revolución Social.
 En aquella etapa histórica murieron asesinados por anarquistas diferentes presidentes como Antonio Cánovas del Castillo (asesinado por el italiano Angiolillo en un balneario de San Sebastián, en 1897) o José Canalejas (tiroteado por la espalda cuando miraba el escaparate de un librería en la Puerta del Sol, en 1912, su asesino fue Manuel Pardiñas).
 Mateo Morral atentó contra Alfonso XIII tirando un ramo de flores con una bomba desde un piso de la calle Mayor, el día de su boda, en 1906.
 
Un local nocturno de la época.
Además, transcurrió entonces la fundación de la CNT, la heroica huelga de La Canadiense o la guerra en las calles de Barcelona entre anarcosindicalistas (con sus pistolas Star y sus bombas Orsini) y los pistoleros de la patronal.
 Guerra que, por cierto, también recogen otros libros recientes como la novela Apóstoles y asesinos (Galaxia Gutemberg) de Antonio Soler, que ficciona la vida del líder anarquista Salvador Seguí, el Noi del Sucre, o Que sean fuego las estrellas (Crítica), de Paco Ignacio Taibo II, una crónica de aquella sucesión de episodios de violencia callejera.
Como colofón, el volumen incluye un breve diccionario del lenguaje de la delincuencia de la época (que se solapa con el caló gitano con frecuencia) y del que todavía usamos bastantes palabras: afanar, birlar, chinorri, chorizo, descuidero, jamba, mangar, nasti o parné.


 


 

Isabel Preysler: “Mario me pidió este verano que me casara con él”

La pareja asegura que el día que lo haga será una boda sencilla y secreta. Aún no tienen fecha.

Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa, en la pasada entrega de los premios Goya. Cordon press

Tras meses desaparecida del foco mediático Isabel Preysler reapareció el martes por la noche en Madrid, en una cena organizada por la joyería de Rabat —firma para la que trabaja—. Habló de sus viajes por medio mundo acompañando a Mario Vargas Llosa y también de sus planes de futuro. 

La reina de la prensa del corazón volvió a contar que Vargas Llosa le ha pedido matrimonio: "Mario me ha pedido que me case con él pero todavía no le he respondido". 

Esta es la segunda vez que ella habla de este tema, en junio de este año reveló la exclusiva a ¡Hola! En esta ocasión Preysler desveló que la petición se produjo el pasado verano en una tarde "muy especial". 

No quiere decir que la socialité no esté decidida a dar el paso. Lo que señala es que no tiene "ninguna prisa". 

Por eso añadió: "No tenemos todavía fecha". 

¿Y va a dejar lo que Boyer le da como su viuda? Si se casa no recibe nada...

Preysler se casó en 1971 con el cantante Julio Iglesias en Illescas (Toledo) en una boda multitudinaria, justo lo que no quiere que se vuelva a repetir.
 Cuando contrajo matrimonio con el marqués de Griñón Carlos Falcó (1980) y luego con el que fuera ministro de Economía y Hacienda Miguel Boyer (1988) lo hizo de manera muy sencilla. "Quiero que mi boda sea una sorpresa y algo sencillo", ha señalado Preysler.
Isabel Preysler, en una cena organizada por la joyería Rabat, en Madrid. Getty Images
Para comparecer de nuevo ante la prensa, la filipina de 65 años, se vistió de blanco y se adornó con brillantes. Justo ese color será el que no llevará el día de su boda.
También se deshace en halagos con su pareja. "Mario es un 10, de verdad. Me produce un verdadero placer escucharle hablar. Tengo muchas cartas de amor que me ha escrito que son realmente maravillosas", ha dicho en alguna ocasión.
En una entrevista a EL PAÍS, Vargas Llosa habló de su relación con Isabel Preysler y del boom mediático que estaba viviendo al salir con la llamada reina de la prensa del corazón.
 "Sabía que con esta nueva relación habría cierta repercusión de tipo periodístico, pero nunca en la vida imaginé que tendría esa repercusión continental, que hubiera semejante especulación periodística en torno. 
 Tanto para Isabel [Preysler] como para mí ha sido muy, muy pesada en estos últimos meses.
 Bueno, es una realidad de nuestro tiempo, me ha permitido conocer un poco mejor un oficio que es el mío también". 

Desde mayo pasado el premio Nobel de Literatura (2010) ya es un hombre divorciado. 
Lo es a efectos de la ley española, donde el escritor y su exesposa Patricia Llosa acordaron iniciar los trámites legales para acabar con un matrimonio que se celebró en 1965.
 Hace año y medio que el escritor hizo oficial su relación con Isabel Preysler.
Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa, a las afueras del Teatro Real en Madrid. cordon press

Las rimas absurdas que marcaron a Lewis Carroll y John Lennon...................................... Raúl Limón

Llega a las librerías españolas la edición bilingüe de las canciones del autor e ilustrador británico Edward Lear.

 
Ilustración de la canción 'El cortejo de Yonghy-Bonghy-Bo', de Edward Lear.

George Orwell escribió de Edward Lear (Londres, 1812-San Remo, 1888) que fue “uno de los primeros autores en explorar la pura fantasía”. 
Sus versos, conocidos como limericks, sedujeron también a Leopoldo María Panero, que los "perversionó" a finales del siglo pasado.
 Sus canciones y dibujos siguen vigentes en los países de habla inglesa, donde sus ilustraciones son un exclusivo regalo, y sus rimas seducen a compositores.
 La clave de su literatura, calificada como "nonsense (sinsentido)", es la "perversión de la lógica" y "una especie de chifladura afable", como describió Orwell.
 La estela de este autor sigue viva tras haberse extendido a lo largo de casi dos siglos, desde la Alicia en el país de las Maravillas, de Lewis Carroll, a John Lennon o Syd Barrett, cantante, guitarrista y compositor de Pink Floyd. 
Una edición bilingüe de Los jumblies y otras canciones del sinsentido (de la editorial andaluza El Paseo) reúne ahora las composiciones y dibujos de este influyente autor que abonó el prerrafaelismo, movimiento del que se reconoció “sobrino”, y fue clave en el posterior surrealismo.
Su transgresión del sentido convencional y de la sintaxis, su inagotable invención de palabras y la primacía de la musicalidad sobre la lógica obligan a aproximarse a su lectura con una predisposición infantil o con conocimiento de causa. 
Esta circunstancia ha hecho más compleja la labor de traducción de las canciones a la que se ha enfrentado Óscar Mariscal en el libro que llega esta semana a las librerías. "Tenía que elegir entre el respeto a la métrica y la rima o a la literalidad. 
Opté por las primeras porque eran claves en la obra", comenta Mariscal.
El traductor destaca que los limericks de Lear se han reeditado constantemente, pero que sus canciones, acompañadas en esta ocasión de las ilustraciones del propio autor y las de Leonard Leslie Brooke, nunca habían visto la luz juntas en español, salvo algunas concretas como El búho y la gatita o Los jumblies.
En esta edición se incluyen 16 canciones, todas con su versión original en inglés, así como dos prólogos; uno de Edward Strachey, que compartió con el autor una estancia en San Remo seis años antes de su muerte, y del propio Lear, que relató su vida a partir de dos cartas autobiográficas.

Influencias

La influencia de este autor del absurdo fue clave para Lewis Carroll, autor de las dos inmortales obras del mundo de Alicia (En el país de las maravillas y A través del espejo) así como de poemas del sinsentido que han marcado a generaciones posteriores.
 Es esta influencia la que algunos autores vislumbran en el Submarino amarillo de los Beatles, en los dibujos de John Lennon y en otras obras de este grupo como Lucy in the sky with diamonds. También atribuye el traductor de la obra de Lear canciones como The gnome (El gnomo), de Pink Floyd.

Las relaciones con el movimiento prerrafaelista, coetáneo a Lear, son evidentes, ya que el autor se consideró sobrino de esta tendencia artística y literaria británica que abogó por el rechazo a los cánones de belleza posteriores al pintor y arquitecto renacentista Rafael Sanzio.
 Los “tíos” del autor del sinsentido reclamaban la vuelta a la tradición más ingenua y simple.
Gilbert K. Chesterton vinculó las rimas de Lear con “aquello que evoca más a fondo la infancia permanente del mundo”.
 Es con esta clave con la que hay que entender la obra del autor y de Carroll, donde la infancia es protagonista, señala el traductor.

Lear dibujante

Edward Lear destacó tanto por su faceta como escritor de poemas y canciones como por su labor como dibujante, a la que trasladó su concepto del nonsense
El propio autor describe en una carta autobiográfica cómo empieza a crear ilustraciones “por el pan y el queso” en 1827, con solo 15 años.
 Cobraba entre cuatro chelines y nueve peniques por estampas, biombos y abanicos.
 Cinco años después, ya empleado por la Sociedad Zoológica, publica The family of the Psittacidae, el primer volumen de dibujos de aves a color, y comienza Indian Pheasant.
Entre 1832 y 1836, con la salud muy debilitada, trabaja para el conde de Derby y otros nobles naturalistas.
 A mediados de su vida se adentra en el óleo y en paisajes (Rome and its environs), hasta que se convierte temporalmente en profesor de la reina Victoria de Inglaterra.
Buscando siempre entornos que no le agravaran su salud, viaja por Italia, Malta, Grecia, Egipto y otros países del Mediterráneo.
 En 1846 se publica el primer Book of nonsense del que llega a exagerar afirmando que se hicieron 16.000 ediciones. 
“¡Oh, sacrificio!”, ironiza.



 

Si Bob Dylan fuera sueco ya habría respondido..................................................... Juan Cruz

Al cantante le dieron el Príncipe de Asturias y ahí se quedó la estatua de Joan Miró: esperando.


Bob Dylan, durante un concierto en Munich, en 1984.
Se tiene una idea tan desconsiderada de los suecos que conceden el Nobel, y de los suecos en general, que siguen en la historia como un grupo de borrachuzos (eso le leí a un conspicuo escritor que fue joven) que se reúnen por las tardes para beber y para hacer ruindades. 
Y los suecos, los del Nobel y los de Volvo, y los que hacen cine y teatro, los suecos como Ingmar Bergman o como Olof Palme, no son esos despistados que asociamos a esa frase tan tonta que nos permite hacernos los suecos sobre los suecos. 
Los suecos no se hacen los suecos nunca; cumplen con sus obligaciones, son respetuosos con sus compromisos, son rectos en su comportamiento y se manifiestan siempre por las buenas causas.
Ese tópico, hacerse el sueco, ha venido ahora a todas las mentes para justificar la dejadez aparente con la que Bob Dylan ha atendido a la noticia de que la Academia sueca le ha concedido el Nobel.
 Bob Dylan se hace el sueco. 
Pues si Dylan fuera sueco, o quisiera hacerse el sueco, ya hubiera respondido a la demanda del Nobel.
 Y no porque sea un homenaje a su música y a su poesía, sino porque el hombre que dedicó una canción a las respuestas (que están en el viento) tiene que atender a sus propias plegarias.
Y en segundo lugar, porque el esfuerzo que hace la Academia cada año para dilucidar quién se lleva ese galardón merece el respeto de una respuesta. 
Cuando lo ganó Samuel Beckett y este no respondió fue porque estaba en una playa, paseando su silencio, que fue la materia de su escritura, mientras que la palabra que hizo famoso a Dylan fue precisamente la palabra respuesta y su arte está basado en lo que suena.
 Y cuando Jean Paul Sartre se negó a recibirlo era porque, además, quería ser famoso por eso; y para que la santidad no le fuera completa, más tarde pidió que le enviaran el dinero.
Bob Dylan ya es famoso entre nosotros por las espantadas; una vez, porque le pagaban poco por un concierto que se quedó en el viento, como su respuesta; y la segunda vez fue para estupor de la Fundación Príncipe de Asturias, cuyo director de entonces, Graciano García, tanto hizo por darle al galardón la capacidad de anticipación al galardón sueco (Günter Grass tuvo el Príncipe de Asturias y luego tuvo el Nobel, con Doris Lessing pasó lo mismo...). Y a Dylan le dieron ese galardón, en el apartado Artes, y ahí se quedó la estatua de Joan Miró, esperando por el cantante que ahora no responde a los suecos.
La Academia es una institución muy seria, como los suecos.
 Basta leer el interesantísimo libro de uno de sus miembros, el poeta Kjell Epspmark, El premio Nobel de Literatura (Nórdica, 2008, Traducción de Marina Torres), para saber hasta qué punto no son solo minuciosos en sus deliberaciones sino autocríticos respecto a sus meteduras de pata.
 No quiero sugerir ahora que los suecos de la Academia estén pensando en desposeer a Dylan de la dignidad que le han dado. 
Son demasiado serios los suecos como para hacerse los suecos, o los Dylan, en que toca a sus compromisos.

Bob Dylan ya es famoso entre nosotros por las espantadas; una vez, porque le pagaban poco por un concierto que se quedó en el viento, como su respuesta; y la segunda vez fue para estupor de la Fundación Príncipe de Asturias, cuyo director de entonces, Graciano García, tanto hizo por darle al galardón la capacidad de anticipación al galardón sueco (Günter Grass tuvo el Príncipe de Asturias y luego tuvo el Nobel, con Doris Lessing pasó lo mismo...). Y a Dylan le dieron ese galardón, en el apartado Artes, y ahí se quedó la estatua de Joan Miró, esperando por el cantante que ahora no responde a los suecos.