Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

16 oct 2016

Para orden, el mío.....................................................................Fernando Trias de Bes

Por colores, por funciones, por utilidad, porque sí… Cada uno establece sus propias reglas y esas son las que valen. Los ordenados tienden a la justicia; los desordenados son más rebeldes y mucho más creativos.
RECUERDO vagamente la escena de una película de los años sesenta, creo que se trataba de El guateque, donde en una casa de diseño totalmente minimalista, y una sala de estar con solo un sofá y dos sillas, la propietaria de la casa, de pronto, exclamaba indignada: “¡Oh, qué desastre, qué desorden!”. Y, acto seguido, situaba las dos sillas frente al sofá bien alineadas una junto a la otra y perfectamente perpendiculares al sofá. “Por fin todo ordenado”, exclamaba aliviada, acto seguido.
Se me quedó grabada esa secuencia porque ya por entonces mi madre me regañaba por mi caos.
 Recuerdo que llamaba a mi habitación “la leonera”. Ella era muy ordenada; yo tenía las cosas siempre desperdigadas por mi cuarto.
 Todo lo contrario que mi hermano, que dejaba todo en su sitio. En su sitio…, ¡ese es el quid de la cuestión!

¿Qué significa exactamente esa expresión? Porque para mí todo estaba donde debía
. Lo que pasaba es que no coincidía con el lugar que mi madre deseaba para cada cosa.
 A pesar de estar distribuidas de forma arbitraria por la habitación, yo sabía exacta y precisamente donde se hallaba cada objeto y no tardaba más de medio segundo en encontrarlo.
 Cuando, alguna vez, claudicaba, obedecía y lo situaba todo en cajones, estanterías, etcétera, no era capaz luego de encontrar nada. Absolutamente nada.

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¿Qué es el orden? ¿Guarda relación el desbarajuste material con una vida ordenada o desor­denada? ¿Tiene relación con la personalidad?
 Para muchas personas, una habitación ordenada es aquella donde hay pocas cosas a la vista y, si se mira dentro de los cajones, los distintos objetos están guardados por grupos o categorías. El orden, tal y como lo entendemos, está vinculado a la estética griega y romana: proporciones, distancias, geometría y clasificación de las cosas.
Ahora bien, ¿por qué agrupar por tipos lo consideramos orden y, por ejemplo, por colores no?
 Imaginemos una persona que guarda los lápices rojos con los libros y la ropa de este mismo color. 
Según estándares sociales, eso es desorden y, sin embargo, existe un criterio determinado de agrupación.
 No podríamos tacharle de desordenado, sino de peculiar.
 Ahora bien, si alguien mezcla criterios (en unos casos agrupa por colores y en otros por categorías), podríamos considerarlo variable. El desor­denado, atendiendo a este criterio, sería por tanto aquel con una carencia absoluta de razones respecto a la ubicación de las cosas.
 Les llamamos caóticos.
 Pero incluso eso nos lo discutirían. 
No en vano, el caos está considerado en ciencia una determinada forma de orden físico.
Otra posibilidad es considerar orden el que las cosas estén en el lugar para el cual fueron pensadas
 Por ejemplo, si los cojines van en la cama, el hecho de que estén en el suelo es desorden.
 Este código es, por lo menos, más lógico. 
Pero obligaría a definir de antemano dónde van a ser depositados los objetos que adquirimos o guardamos.
Hay quienes confunden orden y limpieza.
 Es verdad que las casas con pocas cosas y pocos muebles suelen estar más limpias; y que, por lo general, las abigarradas lo están menos.
 Pero es debido a que limpiar lleva más trabajo cuando hay más objetos que apartar.
 Pero esa es otra cuestión, así que no podemos tampoco vincular desorden a suciedad.
A quienes les cuesta tirar y desprenderse de objetos (nada que ver con el síndrome de Diógenes) suelen también ser más desordenados.
 Pero la manía de tirarlo todo también puede alcanzar dimensiones patológicas. 
Tengo un conocido que llevaba sus cosas más preciadas escondidas en el maletero de su coche para que su esposa no las tirase sin que él pudiera darse cuenta.
Está comprobado empíricamente mediante algunos experimentos llevados a cabo en la Universidad de Minnesota que las personas más ordenadas tienden más a la justicia y al orden social, pero son menos imaginativas y más metódicas.

 Las desordenadas, en cambio, son más rebeldes y mucho más creativas.
 La explicación es que las personas creativas realizan conexiones y precisan de estímulos para que eso suceda.
 Si todo está espartano y ordenado, no encuentran qué conectar porque todo responde ya a una regla; está, digámoslo así, “solucionado”, resuelto. 

Una vida desordenada es aquella donde los pensamientos y valores no responden a las acciones y actos. 
Eso tiene poco que ver con situar objetos de una determinada forma, aunque es cierto que las personas ordenadas son más sensibles a las normas sociales compartidas. 
El orden es un reflejo de aceptación de cánones organizativos que se traslada también a lo cotidiano.
Por cierto, olvídense de educar en el orden.

 Está en los genes. Les dejo esta discusión para la sobremesa del domingo.
 Pero les predigo el resultado: los desordenados no convencerán a los ordenados de que lo suyo es orden. 
Aceptarán que es “el suyo particular”, pero no “orden” a secas.
 Y eso es así porque, para las personas ordenadas, el orden también ha de serlo.

El suicidio asistido avanza

Holanda se propone ampliar el derecho a la eutanasia a los ancianos que se sientan cansados de vivir.

Una enfermera atiende a un paciente en la unidad de cuidados paliativos.
El proyecto anunciado por el Gobierno holandés para ampliar el suicidio asistido a las personas mayores que declaren de forma voluntaria, reflexiva y persistente su deseo de morir ha reabierto el debate sobre los límites al derecho a poner fin a su propia vida.
 El nuevo supuesto contemplado por uno de los países pioneros en la legalización de la eutanasia es un paso de gran calado respecto a la norma de 2002, que actualmente se ciñe a rigurosos requisitos: enfermedades incurables en fase terminal y situaciones de sufrimiento físico o psíquico insoportable.
Si prospera la propuesta, al suicidio asistido se podrán acoger personas mayores (no se ha fijado la edad) que no teniendo patologías graves consideren que carecen de interés por la vida, han perdido a sus seres queridos y son presa de la apatía y el abatimiento.
 Para acceder a la píldora letal se requerirá, como para la eutanasia, un informe favorable de un profesional cualificado, que deberá ser ratificado por otro distinto.
 El proyecto de reforma prevé evaluar cada caso de forma rigurosa para descartar que la solicitud esté causada por una depresión o una situación económica desfavorable, situaciones susceptibles de recibir tratamiento médico o social.
A sabiendas de que es un asunto extremadamente delicado, con complejas connotaciones éticas y sociales, el Gobierno holandés está decidido a ampliar el abanico del suicidio asistido pese a las recomendaciones de un comité de expertos, partidarios de mantener la actual legislación.
Todo lo contrario de lo que ocurre en España, donde pareciera que los asuntos espinosos es mejor guardarlos en un cajón.
 Los ciudadanos tienen ante sí una nueva frontera de derechos y libertades, desde el cambio de sexo a la voluntad de poner fin a la vida, que los políticos tendrán que abordar tarde o temprano.
 Hurtar una discusión de este calado, aunque afecte al ámbito moral y gire en torno a las convicciones, es un empeño que va contracorriente. 

 

El mito Deneuve recibe el Lumière.................................................................... Álex Vicente.

Tras Eastwood, Tarantino y Almodóvar, la actriz francesa se convierte en la primera mujer que recibe el gran premio del festival de cine clásico de Lyon.

Catherine Deneuve recibe el premio Lumiere, en Lyon. AFP
En su país, es de dominio público que no soporta los homenajes: los considera un sinónimo de “momificación”.
 Por una vez, Catherine Deneuve se ha saltado su propia regla. A los 72 años, la actriz francesa ha recibido este fin de semana el premio Lumière que concede el festival de cine clásico del mismo nombre, que terminará hoy en Lyon.
 Si ha hecho una excepción, tal vez sea por la importancia adquirida por el galardón en su corta historia.
 Desde que fue creado en 2009, lo han recibido cineastas como Clint Eastwood, Martin Scorsese, Ken Loach y Pedro Almodóvar. Deneuve es la primera mujer que lo obtiene. 
“No tenía miedo, pero sí sentía cierta aprensión”, confesaba ayer Deneuve, tras una ceremonia de homenaje celebrada en la noche del viernes, a la que asistieron 2.500 personas.
 Entre ellos, Roman Polanski –quien la dirigió en Repulsión y le entregó el premio–, además de los cineastas Quentin Tarantino, Bertrand Tavernier, Jerry Schatzberg, Park Chan-wook, Michel Hazanavicius, Marisa Paredes y su hija, la actriz Chiara Mastroianni.
El homenaje también fue la ocasión de recordar sus colaboraciones con Jacques Demy, François Truffaut, André Téchiné, Jean-Paul Rappeneau, Philippe Garrel, Robert Aldrich y Luis Buñuel.
 “Un personaje sorprendente, atormentado pero con mucho humor, y menos sordo de lo que se dice”, afirmó el viernes en una masterclass.
 Deneuve también recordó su proyecto fallido con Hitchcock, quien murió antes de poder llevarlo a cabo.
 “Fue una lástima, aunque no la mayor de mi carrera. Hay cosas que podría haber hecho mejor, con más atención”, confesó.
 Al contemplar su trayectoria, Deneuve dijo sentirse como “un salmón que remonta el río”.
 En la ceremonia, el actor Vincent Lindon la definió, tal vez con más acierto, como “una mimosa púdica, esa planta que, al tocarla, se vuelve a cerrar”.
 De todos los tópicos sobre su persona, el que le sienta peor es que la llamen “fría”. 
“Supongo que es por Belle de jour… Y no soy alguien que hable con facilidad. 
La contención me parece una buena forma de guardarme ciertas cosas para mí.
 En general, nos preguntan poco sobre las películas y mucho sobre nuestra vida.
 En especial, a las actrices.
 Por mi actitud, hay cosas que no se atreven a preguntarme, y creo que es mejor así”, bromeó.

El festival también ha proyectado una selección de sus películas favoritas, donde figuran obras de George Cukor, Elia Kazan, Jean Renoir y dos directores vivos: Martin Scorsese y Raymond Depardon, de quien escogió su serie documental Profils paysans, sobre la Francia rural.
 “Dedico este premio a todos los agricultores franceses”, proclamó Deneuve.
  “Es un mundo que conozco un poco. Soy sensible a su destino, que también es el nuestro.
 Si no estuvieran ahí, nuestro mundo y nuestro país serían distintos”, aclaró ayer.
 Su trayectoria dibuja una extraña coherencia, una tendencia a lo inesperado y casi un gesto de autor.
 “No me considero un autor. 
En todo caso, no en términos absolutos”, rebatió. 
 Sobre el escenario, Tarantino se encargó de contradecirla: “El crítico James Monaco dijo una vez que Robert De Niro era el mayor cineasta estadounidense de los setenta, y tiene algo de razón. Yo propongo a Catherine Deneuve como la mayor cineasta europea”.
 El cineasta Arnaud Desplechin, con quien ha trabajado dos veces y con quien publicó un libro de entrevistas, la definió una vez como “el Bob Dylan francés”, aludiendo a su talante radical y a su tendencia irrefrenable a reinventarse.
 “Es una comparación extravagante, pero que me halaga. No me he reinventado, pero sí he tenido una evolución personal que ha correspondido a la del cine”, afirmó Deneuve, sorprendida por su Nobel de Literatura, que ella aprueba sin matices.
 A falta de un reconocimiento similar, tendrá que conformarse con “el Nobel del cine”, como insiste en definirlo Thierry Frémaux, director de este certamen y también del Festival de Cannes, sin demasiada modestia a la vista.
 Al recibirlo, una Deneuve inusualmente sobrecogida solo pronunció un par de frases: “No he preparado nada. Ha hablado de mí la gente que me quiere, y con eso es suficiente.
 No volveré a vivir un momento como este”.
 

 

Emily Blunt: “Solo aceptamos un tipo de mujer en el cine”.............................................. Rocío Ayuso

La actriz desvela que el verdadero reto durante el rodaje de 'La chica del tren' fue ocultar el embarazo a su director.

Emily Blunt en el estreno de 'La chica del tren'. AFP

Conversar con Emily Blunt no es hablar con una estrella.

 Es hablar con una madre. “Me he acostumbrado al zoo y no daría marcha atrás por nada del mundo”, asegura a EL PAÍS esta británica de aire apocado y fácil sonrisa.

 El zoo al que se refiere incluye a sus dos hijas, Violeta, de poco más de tres meses, y Hazel, de dos años.

 Su marido también es estelar: John Krasinski, con quien contrajo matrimonio en la residencia de George Clooney en el lago de Como (Italia). 

Familia aparte, la actriz posee una carrera en la que no hay género que se le resista. 

Hasta la fecha ha triunfado en todo. 

Desde su debut estadounidense en una comedia como El diablo viste de Prada (2006) hasta su trabajo en el drama de acción Sicario (2015), Blunt ha cantado en Into the Woods (2015) y le ha hecho sombra a Tom Cruise en Al filo del mañana (2014). Sobre su último trabajo como una Rachel alcohólica y con problemas de memoria que interpreta en La chica del tren corren ya rumores de una posible nominación al Oscar.

 Pero ella prefiere seguir hablando de su familia. “El verdadero reto de esta película fue disimular que estaba embarazada”, sentencia.

La mente de Blunt durante el rodaje se preocupó de ocultarle al director su estado para poder realizar el papel que quería. “Supe que estaba embarazada una semana antes de que comenzáramos a rodar en octubre y no se lo dije hasta enero, cuando se empezó a notar. ¡Lo siento, Tate [Taylor]!”, se disculpa a posteriori.

 Con su delgado físico, incluso ahora parece imposible pensar que dio a luz hace unos pocos meses. 

Escena de 'La chica del tren', con Justin Theroux y Emily Blunt. AP
Se pasa de falsa humildad con esa corrección británica que exuda pese a que ya tiene la nacionalidad estadounidense. 
Blunt, de 33 años, consiguió el papel protagonista de la película contra viento y marea, en medio de un mar de críticas entre los lectores de este best seller (15 millones de copias vendidas en todo el mundo) que la consideraban demasiado guapa para el trabajo. Ella supo qué decirles; a ellos, a la escritora Paula Hawkins y a su director.
 “Es cierto que tengo la suerte de poder elegir lo que quiero interpretar”, reconoce, “pero también lo hice porque parece que solo aceptamos un cierto tipo de mujer como protagonista de nuestras películas.
En el cine las mujeres tienen que ser agradables, guapas o listas para protagonizar un filme con éxito. 
Y a mí me interesan otras cosas. Como Rachel en La chica del tren”, resume. “Además, cada vez soy más puntillosa con lo que quiero porque con niños tan pequeños es difícil organizarse.
 Eso lo sabe cualquier madre trabajadora”. 

La nueva Mary Poppins

Emily Blunt y su marido, el actor John Krasinski, en el estreno de la última película de la intérprete en Nueva York. ap
Ella no para. 
Ya se prepara para su próximo trabajo, algo tan diferente como el papel de Mary Poppins en el remake del clásico de Walt Disney que dirige Rob Marshall.
 Como dice, un soplo de aire fresco. “Yo cuento con mi propia Mary Poppins irlandesa, Tina, que me ayuda con mis hijos”, explica llevando una vez más la conversación a su familia.
Pero el rodaje de Mary Poppins Returns permitirá que Blunt regrese a su Londres natal.
 Afincada desde hace unos años en la Gran Manzana, echaba de menos los pubs y fish & chips británicos.
 Pero lo que más añora es a su familia. “Cuando nos juntamos se nos da bien jugar a adivinar películas.
 Somos de lo más ruidosos”, dice. 
Su padre es el abogado Oliver Blunt; su madre, Joana, una maestra y exctriz, y tiene una hermana, Felicity, que trabaja como agente literario y con la que hizo de casamentera presentándole al también actor Stanley Tucci, ahora su cuñado. 
Con su hermano Sebastián también comparte profesión. Admiradora como muchos otros de Julie Andrews, actriz que inmortalizó el personaje de P.L.Travers, Blunt recibió la noticia de que sería la nueva niñera mágica con una mezcla de “alegría y horror”
Pero alguien que se metió a actriz como forma de superar su tartamudeo no se arredra ante tener que decir supercalifragilisticoespialidoso.“Solo tendré que encontrar mi propia voz”.