Las hijas
de los Reyes de España iniciaran el día 12 el curso sin el tradicional
posado que forma parte del protocolo de otras familias reales.
La infanta Sofía y la princesa Leonor. GTRES
Leonor y
Sofía, las hijas de los Reyes de España, comienzan el nuevo curso
escolar el día 12. Esa es la fecha de apertura de las aulas del colegio
Santa María de los Rosales, en el que también estudió don Felipe. A
diferencia de lo que sucede en otras familias reales, ese día no habrá
posado oficial. El deseo de los Reyes es mantener a sus hijas lo más
alejadas posibles del foco mediático, además consideran que la presencia
de fotógrafos puede alterar el normal funcionamiento del centro
educativo. Durante los primeros años de colegio, Leonor y Sofía, sí
posaron con sus mochilas el día en que comenzaron las clases. Ahora los
Reyes las acompañan pero de modo privado. Poca información hay sobre la educación que siguen la princesa de
Asturias y su hermana. Por comentarios informales de sus padres y de
personas cercanas al centro educativo se sabe que las dos son muy
estudiosas y que Leonor obtuvo el año pasado unas excelentes notas. A
punto de cumplir 11 años, la primogénita comienza sexto de primaria. Sofía, de 9 años, hará cuarto. Ambas hermanas dan clases de ballet y
música, además de participar en el aula medioambiental con que cuenta el
colegio. Las dos hablan muy bien inglés ya que una de sus niñeras es
británica. Además, la familia Borbón y Grecia suele usar habitualmente
el inglés. El colegio Nuestra Señora de los Rosales es privado y laico que
imparte clases de religión si los padres así lo quieren para sus hijos.
Don Felipe y doña Letizia pagan en torno a 700 euros al mes por cada una
de sus hijas. El uniforme del colegio es falda gris, jersey azul,
zapatos oscuros y abrigo azul. Las clases comienzan a las 9.30 y acaban a
las 17.30, de lunes a jueves. El viernes, la salida se adelanta a las
15.45. Leonor almuerza con sus compañeros y asiste a las fiestas de
cumpleaños a las que la invitan sus amigos. Leonor se parece físicamente a doña Sofía. De hecho, esta ha mostrado algunas fotos para corroborar esta
afirmación. Es una niña que se muestra seria y formal, que observa todo
con gran atención a la vez que se preocupa de que su hermana Sofía
obedezca. En privado es más inquieta y ocurrente. El año pasado por su cumpleaños, la princesa de Asturias recibió un regalo con gran significado, el Toisón de Oro, la más alta condecoración que puede otorgar el Rey. Además el Consejo de Ministros
aprobó también crear el guión y el estandarte de la princesa de
Asturias, igual que ocurrió el 16 de marzo de 2001 con los símbolos de
don Felipe, entonces heredero a la Corona.
El collar del Toisón de Oro es un reconocimiento simbólico que no da lugar a privilegios que, según fuentes de la Casa Real, Felipe VI
decidió conceder a su primogénita por "razones de tradición y
continuidad y el deseo de institucionalizar la figura de la princesa de
Asturias como heredera de la Corona". El propio monarca lo recibió a los 13 años, el 3 de mayo de 1981, día de su santo. Es probable que Leonor incremente en los próximos meses su formación
como heredera pero todo ello está también pendiente de la formación del
nuevo Gobierno. Los Reyes, con sus hijas en agosto en Marivent. GTRES
El gran
Gatsby no se hubiese consagrado como una de las novelas más importantes
del siglo XX de no haber interrumpido el autor sus vacaciones en la
Costa Azul francesa, donde sometió el primer borrador a una profunda
transformación.
Francis Scott Fitzgerald, con su esposa, Zelda, en la Costa Azul en 1926. Getty
A diferencia de la mayoría de las personas, los escritores no suelen
ser partidarios de tomarse vacaciones: a algunos, de hecho, esta
posibilidad los aterra, inmersos como están en una actividad que no
parece demandarles ningún esfuerzo, que se extiende durante días y
noches sin consideración a los horarios y a las visiones
consuetudinarias.
Si escribir es como respirar (parecen decir los
escritores), las vacaciones son una larga, potencialmente mortal, apnea. En octubre de 1924, sin embargo, Francis Scott Fitzgerald
necesitaba unas: desde hacía dos años, el escritor y su mujer vivían en
lo que parecía una sucesión interminable de fiestas y borracheras que
Fitzgerald financiaba escribiendo sin interrupción y casi siempre con
resaca.
A mediados de 1923 tenía escritas unas 18.000 palabras de una
nueva novela que quería llamar Trimalchio (Trimalción en español), en referencia al personaje del Satiricón
de Petronio que encarna la ostentación y los excesos de los nuevos
ricos: la novela iba a tratar de un joven sensible y soñador que se hace
de forma poco clara con un considerable patrimonio que dilapida a
continuación para impresionar a una joven.
Ampliar fotoFrancis Scott Fitzgerald, con su esposa, Zelda, en la Costa Azul en 1926. Getty
A diferencia de la mayoría de las personas, los escritores no suelen
ser partidarios de tomarse vacaciones: a algunos, de hecho, esta
posibilidad los aterra, inmersos como están en una actividad que no
parece demandarles ningún esfuerzo, que se extiende durante días y
noches sin consideración a los horarios y a las visiones
consuetudinarias. Si escribir es como respirar (parecen decir los
escritores), las vacaciones son una larga, potencialmente mortal, apnea. En octubre de 1924, sin embargo, Francis Scott Fitzgerald
necesitaba unas: desde hacía dos años, el escritor y su mujer vivían en
lo que parecía una sucesión interminable de fiestas y borracheras que
Fitzgerald financiaba escribiendo sin interrupción y casi siempre con
resaca. A mediados de 1923 tenía escritas unas 18.000 palabras de una
nueva novela que quería llamar Trimalchio (Trimalción en español), en referencia al personaje del Satiricón
de Petronio que encarna la ostentación y los excesos de los nuevos
ricos: la novela iba a tratar de un joven sensible y soñador que se hace
de forma poco clara con un considerable patrimonio que dilapida a
continuación para impresionar a una joven. “Quería llamarla Trimalchio, pero todo el mundo estaba en contra, Zelda [su esposa] incluida”, recordó años después el autor de A este lado del paraíso. En octubre de 1924 la novela estaba terminada, y Fitzgerald, que se la
envió de inmediato a su editor, el extraordinario Maxwell Perkins, creyó
que había llegado el momento de unas vacaciones en Capri y Roma, tan lejos de los excesos no solamente laborales de los últimos años como era posible. Pero escritores y vacaciones sostienen, como se ha dicho, una
relación conflictiva, y Fitzgerald decidió aparcar las suyas cuando
recibió los comentarios de su editor: para Perkins, Trimalchio
tenía falencias, y Fitzgerald estuvo de acuerdo . El escritor y su
familia ocupaban una vivienda en la localidad de Juan-les-Pins, en la
Riviera francesa; eran sus vacaciones, pero el autor se encerró a
someter el libro a una profunda reescritura: hizo cambios importantes en
los capítulos tres, cuatro, cinco, ocho y nueve, y reescribió el seis y
el siete. Más importante todavía, el autor prescindió del título que no
le gustaba a nadie y le puso a la novela uno nuevo: a partir de
entonces se llamaría El gran Gatsby. Fitzgerald tenía 29 años de edad: de todos los libros que había escrito e iba a escribir en los años siguientes, El gran Gatsby iba a ser considerado el más importante,
en no menor medida debido al modo en que su autor había logrado narrar
el materialismo y los excesos de los años veinte del siglo pasado en
Estados Unidos, una década en la que el curso favorable de la economía
había hecho que florecieran los personajes como Jay Gatsby, nuevos ricos
dispuestos a olvidar un pasado de estrecheces.
Entre las muchas lecturas que pueden hacerse de El gran Gatsby,
quizá la más acertada (y posiblemente la más sensata, ya que hay otras
que sostienen que el “problema” de Jay Gatsby es que es judío o negro)
es la que concibe la obra como una novela acerca de la desilusión: su
autor no lo sabía (no podía saberlo), pero el Si
El gran Gatsby es una obra sobre la desilusión, también lo es porque su autor no fue comprendido:
las críticas de la novela fueron mayoritariamente negativas, el libro
no se vendió mucho y una adaptación cinematográfica muda que se estrenó
al año siguiente indignó al autor y a su esposa, que abandonaron el cine
durante la proyección.
Fitzgerald pasó los siguientes 15 años
batallando contra el alcoholismo y los productores de Hollywood,
sosteniendo a una esposa a la que había tenido que encerrar en un
manicomio y tratando de producir algo relevante para un público que lo
consideraba pasado de moda.
Todo lo que sucedería con su libro, su
consagración como una de las novelas más importantes del siglo XX, iba a
ser posterior o póstumo; pero lo que importa aquí es que “la
imaginación prolongada de un mundo sincero y pese a ello radiante” que El gran Gatsby
era para su autor no hubiese sido la misma de no haber interrumpido
éste sus vacaciones para corregir su obra maestra.
No es el argumento
más convincente a favor del descanso anual, pero sí a favor de la
literatura concebida como una disciplina que no necesita vacaciones, que
encuentra su descanso en sí misma y en su ejercicio. El gran Gatsby también trata de eso.
Aprietos financieros
1. Nacido en Saint Paul (Minnesota) en septiembre de
1896 y fallecido en Los Ángeles en diciembre de 1940, Francis Scott
Fitzgerald tuvo una existencia intensa y breve, presidida principalmente
por la permanente, acuciante necesidad de dinero. (En no menor medida,
debido a un tren de vida inapropiado para un escritor).
2. “Dos años de desmayos
y escupir sangre me han puesto a salvo de las preocupaciones físicas,
pero los aprietos financieros, si no se resuelven pronto, tendrán una
influencia cada vez más grande en mi trabajo”, le escribió a su editor
en 1937. 3. Su desconcertante admiración por los
ricos no mejoraba las cosas, por supuesto. Además de El gran Gatsby,
muchos otros de sus textos intentan abarcar un misterio que sólo existió
para él. Una anécdota apócrifa hace a Fitzgerald decirle a Ernest
Hemingway en el curso de una conversación: “Los ricos son diferentes de
nosotros”. “Sí, ellos tienen más dinero”, habría sido la respuesta,
sardónica, de Hemingway.
Terelu y María Teresa Campos en una imagen de su "docurreality", programa de televisión que emite Telecinco.
Las periodistas de raza siempre estamos de guardia.
Por eso, pese a
llevar un mes sin dar palo al agua, vuelvo con una noticia que no ha
dado ningún colega en todo el santísimo verano.
Ni los shorts
intrauterinos, ni los capazos con estrella, ni los kimonos japoneses
sobre biquini de braga brasileña
. Este año, el último grito en la costa
han sido los macropareos.
Un híbrido entre mantel de rancho, colcha de
matrimonio y manta de mula torda que, plantado sobre la arena, convertía
tu trozo de playa en efímero coto privado de tus glorias y miserias.
Una, que no es cotilla sino curiosa, ha visto toda suerte de esplendores
y ocasos sobre esa hierba. Cuerpos de élite y de tropa.
Adolescentes de
toda edad dándose lotazos de escándalo.
Parejas de todo sexo montando
broncas de campeonato
. Ha visto una, lo juro, correr sangre, sudor,
lágrimas y toda la gama de fluidos corporales, si nos ponemos explícitos
La vida en vivo, vamos, mientras en las teles de los bares iban
pasando las fiestas de los pueblos, las chispas de San Lorenzo, el
aniversario de Marilyn, el cumpleaños de la Pantoja, la tomatina de
Buñol, ayer mismo, las mismas serpientes de todos los veranos.
Ahora, ha sido volver al cole, perdón, el curro, y hacerse otoño.
Ese
Mariano, ese Pedro, ese Albert, ese Pablo
. Esos mismos líderes
excarismáticos enfangados en los mismos lodos de los mismos polvos.
Esos
amantísimos padres de la patria haciendo que se matan por sacarnos del
lío en que les hemos metido los críos por emperrarnos en votar lo que
votamos.
Me ha entrado una depreposvac de caballo.
Ese hastío, ese déjà vu,
ese aire de se acabó lo que se daba.
Total, que he puesto mi macropareo
de cubresofá y esta noche me tiro a ver a Terelu probarse lencería de
mercadillo.
Hay quien se sorprende de que Las Campos tenga más
audiencia que la investidura.
Yo, no. Las motos de los políticos, no,
pero quien más, quien menos, todos compramos bragas.
Confirmados los dos casos sospechosos, uno de un varón que ha muerto y otro de su enfermera.
La Comunidad de Madrid ha confirmado dos casos del virus de fiebre hemorrágica Crimea-Congo, tras recibir del Centro Nacional de Microbiología los resultados de las analíticas de dos pacientes que estaban en estudio. La Consejería de Sanidad madrileña está realizando seguimiento a 200
personas que han estado en contacto con estos dos primeros pacientes
diagnosticados, un varón de 62 años, que falleció el 25 de agosto, y una
enfermera que le atendió. La consejería estudia aislar en sus viviendas
a las personas que hayan estado más próximas a ellos si bien ninguna
presenta los síntomas, que tardan entre tres y cuatro días en
confirmarse.
De los dos centenares de personas a la que se les está
realizando seguimiento, la mitad son trabajadores sanitarios de los
hospitales Gregorio Marañón e Infanta Leonor, donde se atendió a los dos
afectados. El consejero de Sanidad, Jesús Sánchez Martos, ha
informado de que los casos detectados en Madrid son los primeros de
Europa Occidental con carácter autóctono; es decir, no importados de
otro ámbito geográfico. El primero de los casos confirmados es un varón de 62 años, que
falleció el pasado 25 de agosto en el Hospital Universitario Gregorio
Marañón, tras haber sido atendido inicialmente en el Hospital Infanta
Leonor. El hombre contó que le había picado una garrapata durante un
paseo en la provincia de Ávila. Se le atendió siguiendo los protocolos
normales puesto que no había sospecha de haber viajado a zonas de
riesgo. La segunda infectada es una enfermera de la UCI del Hospital Infanta
Leonor que atendió al primero y que fue trasladada anoche en una UVI
móvil del SUMMA 112 a la Unidad de Aislamiento de Alto Nivel del
Hospital La Paz-Carlos III, con todas las medidas de aislamiento
protocolizadas para estos casos. Se encuentra estable, "mejorando
ligeramente", según las autoridades que han remarcado que la enfermedad
es grave. Está recibiendo el tratamiento previsto para este tipo de
patologías. El consejero de Sanidad ha querido lanzar un mensaje de tranquilidad a
la población, asegurando que "todo está controlado y no hay motivo de
alarma". Martos ha añadido que la transmisión entre humanos es poco
frecuente y que el contagio fuera de hospitales o residencias de esta
enfermedad es anecdótico, según la experiencia registrada en los países
que es endémico.