Deja a su novia y un día después a ella le toca la lotería
La historia de
Dan White se hace viral: rompió tras 2 años de relación, y ahora reclama
parte del premio... pero no tiene derecho
Se llama Dan White, tiene 21 años y su historia se ha hecho viral. Este joven inglés decidió que después de 2 años debía romper la relación con Courtney Davies, de 19. Y un día después de hacerlo, a ella le han tocado 72 millones de euros en la lotería. La joven pareja compartió la etapa más difícil de la vida de ella, puesto que su madre luchaba contra un cáncer y él se convirtió en su mejor apoyo. La mujer logró vencer a la enfermedad, y Courtney Davies y su hermana decidieron celebrarlo comprando un cupón de lotería. Sin embargo Dan White, que quizás quería haber roto la relación antes
pero esperó hasta que la situación de la madre estuviera solucionada,
no decidió comprar un cupón, sino cortar de forma definitiva. Y ahora se
arrepiente.
12 millones para el novio de la hermana
Al día siguiente de haber roto, a la familia Davies le tocó 61
millones de libras (72 millones de euros) gracias a ese cupón de la
lotería. Y el joven White no disfrutará ni una sola libra de ese
dineral. Por si fuera poco, Dan White vive al lado de Stephanie Davies, la hermana de su ex, y de su novio Steve. Este otro joven viene a cuento porque la madre, tras recuperarse, ha decidio darle 12 millones de libras, por la fidelidad a su hija y el apoyo que ha supuesto para la familia.
Así pues, ahora tendrá que vivir viendo al lado de su casa cómo el
que era su "cuñado" ha recibido 12 millones de libras por haber seguido
al lado de su hija como él hizo hasta el día en el que la madre se
recuperó.
Bromea con que quiere su parte
Dan White, lejos de aceptar que dejó a la hija y que la madre no le
va a dar ni los buenos días, ha aprovechado una entrevista con el
periódico 'South Wales Echo' para dejar caer que "podría darme un millón por cada año que estuve con ella. No le diría que no".
El joven ha reconocido que incluso sus amigos bromean con lo tonto que ha sido y con que ahora mismo podría estar viviendo una nueva vida de lujo y dinero.
ACABABA DE VER Ciudadano Kane, como cada año por estas fechas,
cuando abrí el periódico y tropecé con la foto de este niño. Si se
fijan, en el borde del asiento del columpio pone William &
Catherine. Pensé en el niño de viejo, agonizando, e imaginé que sus
últimas palabras eran esas, William & Catherine, del mismo modo que
Charles Foster Kane, al exhalar su último suspiro, dijo Rosebud. Como
soy ignorante, pensé que William & Catherine era la marca del
columpio igual que Rosebud era la marca del trineo con el que Kane
jugaba de pequeño. Luego leí la noticia que acompañaba a la foto y me
enteré de que el crío era Jorge, hijo primogénito de los duques de
Cambridge, conocidos como William y Kate, y tercero en la línea de
sucesión al trono de Inglaterra. Acababa de cumplir tres años y sus
progenitores habían difundido esta foto para celebrarlo.Dejé el periódico a un lado y recordé un columpio que mi padre nos había
hecho a mis hermanos y a mí cuando éramos pequeños. Una tabla y dos
cuerdas que colgaban de la rama de un viejo algarrobo. Cerré los ojos
para visualizarlo y viajé mentalmente hasta el borde de la tabla, pero
no vi escrito Vicente & Cándida, que era como se llamaban mis
padres. ¿Falta de imaginación, de autoestima, quizá falta de tiempo? Traté de imaginar qué les pasa por la cabeza a los papás de un niño que
firman con tanta seriedad un columpio rústico, pero sólo se me ocurrió
que habían estampado allí sus nombres como medida de seguridad, para que
no se lo robaran. Y es que a nosotros nos birlaron el nuestro a los dos
días de estrenarlo.
Una de cada tres mujeres que hay en el mundo sigue sufriendo violencia
física o sexual. Ciento veinte millones de niñas han sufrido un coito
forzado.
AÚN RESUENAN los ecos del escándalo creado por Gustavo Cordera, ese
viejo rockero argentino de 54 años proveniente de una banda alternativa
llamada Bersuit Vergarabat. Cordera, que va de moderno, soltó un roñoso
pensamiento arcaico en una escuela de periodismo. Dijo: “Hay mujeres que
necesitan ser violadas para tener sexo porque son histéricas y sienten
culpa por no poder tener sexo libremente”. Luego ha intentado
justificarse diciendo que se sacaron sus palabras de contexto . Pamemas.
Lo que dijo es exactamente lo que dijo, y además añadió otras perlas
estupendas. Por ejemplo, preguntado por las denuncias por abusos
sexuales contra otros dos músicos, contestó: “Aldana hace mucho que coge
con pendejas [menores], ¿ahora eso es abuso?”. Se refiere al también
cantante argentino Cristian Aldana, a quien la Fiscalía acusa penalmente
de seis casos de abuso sexual agravado y corrupción de menores. Qué
criaturitas tan encantadoras estos buenos rockeros .
Pero lo más terrible del asunto no es que hayamos dado por casualidad
con unos descerebrados y feroces machistas, con las ovejas negras que
toda sociedad tiene. No, lo peor es que no son ovejas negras, sino
sucias, esto es, de un color parduzco de lo más común. Transcribo la
frase atroz de Cordera sobre las violaciones y lo que me acongoja es
pensar en cuántos hombres (y quizá algunas mujeres) sentirán que en el
fondo no le falta razón. Y hablo de España en el siglo XXI y de los
lectores de El País Semanal, no de los talibanes ni del Isis. Porque a lo que nos estamos enfrentando es a una enfermedad social. Nuestro mundo arrastra una honda, espantosa patología sexista que
ningunea, tortura y sojuzga a las mujeres. Si no estuviera tan asentada
en nuestro cerebelo la idea de que las mujeres no tienen voluntad
propia, de que en el fondo están hechas para el placer del varón y de
que el hombre es el dueño de sus cuerpos y de sus destinos, no
sucederían hechos tan alucinantes como la presunta violación colectiva de los sanfermines
o tantas otras agresiones sexuales semejantes.
Veinteañeros
aparentemente normales que, de pronto, parecen enloquecer y no sólo
violan en masa a chicas jovencísimas, sino que además se sienten tan
seguros y tranquilos ante lo que han hecho que incluso se graban llenos
de jolgorio mientras las agreden.
Esa violencia real se asienta sobre la violencia mental y verbal de
quienes opinan como Cordera. Y por desgracia estamos tan acostumbrados a
escuchar semejante tipo de basuras (ya digo que esta sociedad perversa
nos educa a hombres y a mujeres dentro del sexismo) que conviene darle
la vuelta al argumento para apreciar bien su aberración. O sea, sería
como decir que hay hombres que necesitan ser violados analmente porque
el prejuicio machista les impide saber lo mucho que les gustaría ser
atravesados por un varón. Puede que ese sea exactamente el caso de
Cordera, miren por dónde. Puede que la violación de un gigante de dos
metros le salve de sí mismo y de su histeria. A fin de cuentas, ¿qué
sabe el rockero de sus propios deseos y de su cuerpo? Quien de verdad
sabe lo que él necesita es su violador. En fin, le deseo amigablemente a
Cordera que lo encuentre.
En 1993, la Asamblea General de la Onu firmó la Declaración sobre la
Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. Pero 23 años después no
hemos avanzado nada: una de cada tres mujeres que hay en el mundo sigue
sufriendo violencia física o sexual. Ciento veinte millones de niñas (un
poco más de 1 de cada 10) han sufrido un coito forzado, y 200 millones
de niñas y mujeres han sido mutiladas en 30 países, la mayoría antes de
los cinco años. Y debo añadir aquí algo muy importante: este NO ES UN
PROBLEMA DE MUJERES. Es un asunto que nos atañe a todos, porque sin duda los varones también
querrán librarse de esa marca infamante de verdugos y de violadores. Se
trata de una patología colectiva, y va siendo hora de que los muchos
hombres y muchas mujeres a los que nos espanta la situación actuemos de
manera radical. O cambiamos la sociedad y la educación desde su misma
base, o seguiremos viviendo en la enfermedad y en el delirio.
En contra de lo que pudiera parecer, las emociones positivas predominan
sobre las negativas entre la población global. Aun así, una quinta parte
experimenta rabia y tristeza gran parte de los días. En España gana la
sensación de sentirse respetado. L A PROLIFERACIÓN diaria de noticias angustiosas desde múltiples
lugares del planeta nos puede hacer creer que en el mundo prevalecen
emociones y experiencias negativas, como la rabia, el estrés o la
preocupación, sobre aquellas otras de signo positivo como el disfrute,
la risa, el sentirse respetado o bien descansado. No es así. Gallup pregunta a la gente en alrededor de 140 países sobre diez
emociones o experiencias, cinco positivas y cinco negativas, que
pudieron haber experimentado durante el día anterior a la encuesta.
Luego, con las respuestas obtenidas crea un índice para cada categoría. Van de 0 a 100, y los valores más altos indican mayor prevalencia de las
emociones de que se trate. Al mirar el índice mundial de emociones
positivas, destacan dos cosas: lo elevado del número y lo estable en el
tiempo. En los últimos 10 años, que son los que lleva Gallup haciendo
estas mediciones, ese índice se ha movido entre 68 y 71. Ha permanecido
en 71, su valor más alto, durante los últimos tres años. ¿Qué dice la gente? El 85,5% de la muestra mundial se sintió respetada
durante la mayor parte del día anterior a la entrevista; el 71% rio o
sonrió; el 69% disfrutó; el 67% se sintió bien descansado; el 53,5% hizo
o aprendió algo interesante. Es decir, en general, y a juzgar por lo
que dicen los propios entrevistados, el mundo no lo está pasando tan
mal. Por supuesto, hay países que atraviesan situaciones muy difíciles,
como Siria, cuyo índice global lo coloca en el último lugar del planeta
en emociones positivas. Allí, ninguna de estas llega a ser experimentada
ni siquiera por la mitad de la población. Pero los países en esa
situación son los menos. En el caso de España, el índice de experiencias
provechosas ha estado en alza durante los últimos cuatro años, si bien
ese incremento es, en buena medida, una recuperación de los valores
alcanzados entre 2008 y 2011. Entre las vivencias positivas que Gallup
evalúa, la predominante entre los españoles es la de sentirse respetado,
que, con el 93,8% de respuestas positivas, se convierte en uno de los
porcentajes más altos en el mundo. En el extremo opuesto se encuentra la
experiencia de haber disfrutado gran parte del día anterior, a lo cual
responde afirmativamente casi un 65% de la muestra; una proporción de
todas maneras alta. Entre las variables analizadas que mejor predicen las emociones
positivas están la existencia de redes sociales en las cuales la gente
encuentra apoyo, así como la generosidad y la libertad. Mientras que los ingresos o el dinero son el predictor individual más
importante de cuán feliz la gente afirma sentirse, no lo es así de las
emociones positivas que experimenta. Una mayor ganancia nos puede hace
pensar que somos más felices, pero no necesariamente nos hace
experimentar más sensaciones gratas en nuestra vida diaria. Por otro lado, está el índice de emociones negativas. En los últimos
10 años, este índice se ha mantenido también en un rango bastante
estrecho, entre 24 y 28, siendo este último valor el que alcanzó en
2015. Valga aclarar que las experiencias positivas y negativas no están
inversamente relacionadas; es decir, que porque una persona perciba
mucho de unas, no va a tener poco de las otras. Hay individuos y
poblaciones que reportan altos niveles de sensaciones de los dos tipos a
la vez, lo cual nos lleva a referirnos a ellas como las más
emocionales. España, por ejemplo, aparece por encima del mundo en ambos
tipos de experiencias.
¿Cuáles son las emociones negativas que experimentan los valores más
altos y más bajos? Mundialmente, el estar preocupado es la sensación
negativa más extendida. En 2015 lo soportaba el 39% de la población
mundial; y en el caso de España un porcentaje aún mayor, un 47. A la preocupación le sigue el estrés (34%), el dolor físico (31%), la
tristeza (23%) y la rabia (20%). Como es de suponer, estas experiencias
negativas también se distribuyen de manera desigual en el mundo. Los
países en guerra como Siria e Irak reflejan estados de tristeza y rabia
muy extendidos que afectan a la mayoría de la población. Este cuadro general de emociones positivas y negativas nos dice que,
si bien el mundo no anda tan mal como a veces creemos, hay materia para
pensar: ¿no sigue siendo mucho que alrededor de una quinta parte de la
población mundial esté experimentando rabia y tristeza gran parte de sus
días? Si usted lo cree así, ahora tiene un motivo más para preocuparse.