24 ago 2016
Aumentan el número de víctimas del Terremoto en Italia
Un fuerte terremoto de magnitud 6 ha sacudido en la madrugada de este
miércoles el centro de Italia, con un balance provisional de al menos
120 muertos, según ha informado el propio primer ministro, Matteo Renzi.
Uno de los pueblos más afectados de esta zona montañosa y poco poblada es Amatrice, de unos 2.600 habitantes. Ricardo, un vecino de la localidad que busca a sus parientes, ha explicado este miércoles a mediodía: "Lo único que sé es que los edificios están derrumbados, han caído.
Sigo con esperanzas de encontrar a mis familiares, pero cada vez quedan menos. Creo que habrá menos víctimas que en L'Alquila en 2009, entonces murieron más de 300 personas", dice Ricardo, "pero sólo porque aquí hay menos habitantes. El horror ha sido el mismo".
El Gobierno de Italia y las autoridades de Protección Civil monitorizan el sitio del epicentro y sus alrededores para atender posibles daños, informó en Twitter el portavoz del primer ministro Matteo Renzi.
Además, se ha movilizado al Ejército para colaborar en las labores de rescate, que son complicadas porque la zona más afectada es un terreno montañoso de difícil acceso.ç
Solo se puede llegar con helicóptero o a pie. A ello se suman los cortes eléctricos y de la línea telefónica.
Alrededor de un centenar de réplicas, más de la mitad de ellas por encima de la magnitud 3, han sucedido al terremoto de 6.
La réplica más fuerte se produjo antes de las cinco de la madrugada cerca de Norcia, en la provincia de Perugia.
Amatrice, una de las localidades más afectadas, está devastada. Continúan las labores de rescate, en las que participan militares, Carabinieri, patrullas de montaña y personal sanitario.
Los equipos cuentan también con perros rastreadores que intentan encontrar con vida a personas bajo montañas de escombros, algunas de hasta una decena de metros
. A la entrada se ha instalado un hospital de campaña, aunque los heridos más graves se han trasladado a los hospitales más cercanos. Un señor llama por teléfono desde debajo de los escombros diez horas después del derrumbe. Perros rastreadores trabajan para encontrarlo.
Silencio total, con la esperanza de poder localizarlo
Uno de los pueblos más afectados de esta zona montañosa y poco poblada es Amatrice, de unos 2.600 habitantes. Ricardo, un vecino de la localidad que busca a sus parientes, ha explicado este miércoles a mediodía: "Lo único que sé es que los edificios están derrumbados, han caído.
Sigo con esperanzas de encontrar a mis familiares, pero cada vez quedan menos. Creo que habrá menos víctimas que en L'Alquila en 2009, entonces murieron más de 300 personas", dice Ricardo, "pero sólo porque aquí hay menos habitantes. El horror ha sido el mismo".
El Gobierno de Italia y las autoridades de Protección Civil monitorizan el sitio del epicentro y sus alrededores para atender posibles daños, informó en Twitter el portavoz del primer ministro Matteo Renzi.
Además, se ha movilizado al Ejército para colaborar en las labores de rescate, que son complicadas porque la zona más afectada es un terreno montañoso de difícil acceso.ç
Solo se puede llegar con helicóptero o a pie. A ello se suman los cortes eléctricos y de la línea telefónica.
Alrededor de un centenar de réplicas, más de la mitad de ellas por encima de la magnitud 3, han sucedido al terremoto de 6.
La réplica más fuerte se produjo antes de las cinco de la madrugada cerca de Norcia, en la provincia de Perugia.
Amatrice, una de las localidades más afectadas, está devastada. Continúan las labores de rescate, en las que participan militares, Carabinieri, patrullas de montaña y personal sanitario.
Los equipos cuentan también con perros rastreadores que intentan encontrar con vida a personas bajo montañas de escombros, algunas de hasta una decena de metros
. A la entrada se ha instalado un hospital de campaña, aunque los heridos más graves se han trasladado a los hospitales más cercanos. Un señor llama por teléfono desde debajo de los escombros diez horas después del derrumbe. Perros rastreadores trabajan para encontrarlo.
Silencio total, con la esperanza de poder localizarlo
Todo lo que sea para ser Feliz.
Cosmética para ser feliz
El nuevo consumidor busca depurarse y relajarse incluso cuando se maquilla. Una mentalidad que está cambiando el sector, aumentando sus promesas de felicidad.
Carlota Miralles
Cremas con melatonina que ayudan a descansar (Life Extension Melatonian; 39,10 €), anticelulíticos con aroma a hinojo, pimienta y estragón, capaces de activar el sistema simpático (Repleshing Body Cream de Shiseido; 95 €), esmaltes con olor a desayuno o a mojito (3,50 € c/u; etniacosmetics.com) y fragancias que transportan a la playa (Beach Walk, de Martin Margiela, 85 €).
El boom podría deberse a la consolidación de un nuevo consumidor: «Los milénicos están cambiando no solo el marketing de nuestras campañas, sino también el tipo de productos que se lanzan, incluso en el maquillaje», asegura Lisa Eldridge, directora Creativa de Lancôme.
Este segmento de la población está obcecado con encontrar el bienestar y la felicidad personal: su máxima es consumir cualquier tipo de experiencia que los ayude a estar contentos como fin casi único.
De hecho, el 80% de las compras que realizan se basa en la emoción, según publicaba recientemente la revista Fortune.
¿Elegir bien la fragancia de tu boda? ‘Sì’, por supuesto.
Cate Blachett en la campaña de Sí, el perfume de Giorgio Armani.
Foto: Cortesía de Giorgio Armani
¿La de diario y asociar el día de tu boda a lo mismo que te pones para ir a la oficina? ¿La que llevaba tu madre cuando se casó, en el caso de no estar discontinuada? ¿Una especial y muy significativa para esa fecha?
Los psicólogos recomiendan esta tercera vía.
El olor no se ve, pero genera sensaciones placenteras, tanto más si se asocia a un estado anímico positivo.
Y deja un mayor impacto en nuestra memoria (recordamos un 35% de lo que llega a nuestra pituitaria frente al 5% de lo que vemos). Incluso años después, un olor puede trasladarnos a un instante concreto de nuestra vida (¿a que el olor de una goma de borrar te recuerda al pupitre del colegio?).
Así que imaginemos lo que puede ser evocar ese momento ante el altar (o ante el señor juez) con un perfume llamado Sì.
No habrá otra fecha donde un ‘sí’ suene tan contundente como en una boda.
El cerebro recuerda mejor los olores que las imágenes visuales. Un perfume carismático nos hará regresar a ese día cada vez que lo percibamos.
Beatrice Borromeo, una novia vestida de Giorgio Armani.
A medida que la crisis se despeja, crece el ánimo casamentero entre los españoles
. En 2015 un total de 166.248 parejas contrajeron matrimonio a este lado de los Pirineos, un 2,3% más que en 2014, según el Instituto Nacional de Estadística.
Solo dos años antes se habían contabilizado 10.000 bodas menos.
Ahora bien, casarse no debe tomarse a la ligera.
Y no ya por conceptos metafísicos del tipo ‘hasta que la muerte os separe’, sino por lo que duele en el bolsillo.
La Federación de Usuarios y Consumidores Independientes (FUCI) cifra el coste medio de una boda para 100 comensales en 16.534 euros
. Añada otros 800 por la barra libre, el vestido de novia (raro que baje de los 500 euros y bastante más frecuente que se dispare por encima de los 2.000), el del novio (desde 375 a 1.200 euros) y el fotógrafo (de 1.200 en adelante).
Sumen también el calzado, la lencería, los anillos, maquillaje, peluquería y el viaje de novios
. En resumen, un dineral y un montón de horas y nervios invertidos en todos los preparativos.
Hoy es más fácil ser astronauta que telefonista.................................................... Juan José Millás
La demanda de personas que sepan leer y escribir es cada día mayor, porque el que sabe leer y escribir domina la realidad.
El asombro es patente: nadie les había dicho hasta ese instante que
se podía ganar dinero leyendo, pero es así.
Y se lo explico.
Les explico que es absurdo el disgusto que se llevan muchos padres cuando alguno de sus hijos dice que quiere estudiar Humanidades.
Quizá ese disgusto tenía razón de ser en otros tiempos; ahora no.
Las carreras tradicionalmente bien consideradas, porque quienes las estudiaban se situaban muy bien en la vida, están hoy en declive, al menos en el mundo del que procedo.
Hay demasiados arquitectos o ingenieros en paro o subempleados. En cambio, la demanda de personas que sepan leer y escribir es cada día mayor, porque el que sabe leer y escribir, como decíamos antes, domina la realidad.
Las salidas profesionales para esta clase de personas son numerosísimas. Un buen creativo de publicidad, incluso uno mediocre, se puede ganar mejor la vida que un matemático, sin duda alguna. Y quien dice un creativo de publicidad dice un guionista de radio o de televisión o de cine, un editor de textos, un autor de reportajes, un escritor de conferencias para jefes de Estado, para ministros, o para abrir cursos universitarios.
Si algo necesita el mundo actual es lo que desde hace algún tiempo venimos llamando “proveedores de contenidos”.
El desarrollo de la industria del ocio y sus alrededores ha llevado a la situación de que disponemos de gigantescos conductos (emisoras de radio o televisión, Internet) por los que de momento solo discurre un hilo de talento.
Estamos de acuerdo en que llenar cien o doscientos canales de televisión de talento es muy difícil. Pero hay que llenarlos de algo, porque de momento van prácticamente vacíos, cuando no son meros dispensadores de materia fecal.
Pues bien: ¿quiénes son las personas con capacidad para proveer de contenidos esas enormes tuberías? La gente que sabe leer y escribir, sin duda.
Y la demanda de este tipo de profesionales es tan grande que algunas de las personas que viven instaladas en la industria del ocio, incluso en la industria cultural, no han tenido más remedio que recurrir al plagio para satisfacer la demanda creciente de sus compradores.
Todo esto que digo, en fin, es fácilmente demostrable, pero por si quedara alguna duda, pongo a los alumnos un ejemplo extraído de la vida real: hace unos años, salió en la prensa un anuncio por el que la Comunidad de Madrid convocaba seis o siete plazas de telefonista.
Y se lo explico.
Les explico que es absurdo el disgusto que se llevan muchos padres cuando alguno de sus hijos dice que quiere estudiar Humanidades.
Quizá ese disgusto tenía razón de ser en otros tiempos; ahora no.
Las carreras tradicionalmente bien consideradas, porque quienes las estudiaban se situaban muy bien en la vida, están hoy en declive, al menos en el mundo del que procedo.
Hay demasiados arquitectos o ingenieros en paro o subempleados. En cambio, la demanda de personas que sepan leer y escribir es cada día mayor, porque el que sabe leer y escribir, como decíamos antes, domina la realidad.
Las salidas profesionales para esta clase de personas son numerosísimas. Un buen creativo de publicidad, incluso uno mediocre, se puede ganar mejor la vida que un matemático, sin duda alguna. Y quien dice un creativo de publicidad dice un guionista de radio o de televisión o de cine, un editor de textos, un autor de reportajes, un escritor de conferencias para jefes de Estado, para ministros, o para abrir cursos universitarios.
Si algo necesita el mundo actual es lo que desde hace algún tiempo venimos llamando “proveedores de contenidos”.
El desarrollo de la industria del ocio y sus alrededores ha llevado a la situación de que disponemos de gigantescos conductos (emisoras de radio o televisión, Internet) por los que de momento solo discurre un hilo de talento.
Estamos de acuerdo en que llenar cien o doscientos canales de televisión de talento es muy difícil. Pero hay que llenarlos de algo, porque de momento van prácticamente vacíos, cuando no son meros dispensadores de materia fecal.
Pues bien: ¿quiénes son las personas con capacidad para proveer de contenidos esas enormes tuberías? La gente que sabe leer y escribir, sin duda.
Y la demanda de este tipo de profesionales es tan grande que algunas de las personas que viven instaladas en la industria del ocio, incluso en la industria cultural, no han tenido más remedio que recurrir al plagio para satisfacer la demanda creciente de sus compradores.
Todo esto que digo, en fin, es fácilmente demostrable, pero por si quedara alguna duda, pongo a los alumnos un ejemplo extraído de la vida real: hace unos años, salió en la prensa un anuncio por el que la Comunidad de Madrid convocaba seis o siete plazas de telefonista.
Se
presentaron del orden de las sesenta o las setenta mil personas para
disputar esas plazas.
Pueden ustedes imaginarse que entre los opositores
había miles de titulados de todas las clases, desde ingenieros
nucleares a arquitectos, pasando por ginecólogos, pediatras, marinos
mercantes y abogados
No hay que hacer muchos números para advertir que, estadísticamente
hablando, hoy es mucho más fácil ser astronauta que ser telefonista de
la Comunidad de Madrid.
Pero ahora viene lo más espectacular: también desde el punto de vista estadístico, cualquier español que sepa leer y escribir tiene muchísimas más posibilidades de ganar el premio Planeta que de obtener una plaza de telefonista.
¿Cuántas vidas habría que permanecer pegado a los mandos de una centralita para conseguir esa cantidad?
Cuando yo era joven, explico a los alumnos, y le decías a tu padre que querías ser escritor, lo normal es que te diera una torta.
Pero si se trataba de un padre tolerante, además de la torta te daba un consejo.
—Hijo, no te digo que renuncies a escribir si es lo que verdaderamente te gusta, pero de eso no se vive, por lo que te aconsejo que hagas una oposición a Correos para disfrutar de un sueldo seguro. Luego, por las tardes, si tienes verdadera vocación, te dedicas a escribir.
Hoy, esa conversación no sería posible.
O habría que darle la vuelta. Si un hijo te dice que quiere ser telefonista de la Comunidad de Madrid, tendrías que darle una torta y, si eres un padre tolerante, añadir un consejo:
—Hijo mío, eso es más difícil que ser astronauta.
Pero ahora viene lo más espectacular: también desde el punto de vista estadístico, cualquier español que sepa leer y escribir tiene muchísimas más posibilidades de ganar el premio Planeta que de obtener una plaza de telefonista.
¿Cuántas vidas habría que permanecer pegado a los mandos de una centralita para conseguir esa cantidad?
Cuando yo era joven, explico a los alumnos, y le decías a tu padre que querías ser escritor, lo normal es que te diera una torta.
Pero si se trataba de un padre tolerante, además de la torta te daba un consejo.
—Hijo, no te digo que renuncies a escribir si es lo que verdaderamente te gusta, pero de eso no se vive, por lo que te aconsejo que hagas una oposición a Correos para disfrutar de un sueldo seguro. Luego, por las tardes, si tienes verdadera vocación, te dedicas a escribir.
Hoy, esa conversación no sería posible.
O habría que darle la vuelta. Si un hijo te dice que quiere ser telefonista de la Comunidad de Madrid, tendrías que darle una torta y, si eres un padre tolerante, añadir un consejo:
—Hijo mío, eso es más difícil que ser astronauta.
Para cubrir las
últimas siete plazas que salieron a concurso se presentaron sesenta o
setenta mil personas, muchas de ellas con varias carreras y dominando
seis o siete idiomas. Te aconsejo que te hagas escritor y luego, por las tardes, si de
verdad tienes vocación de telefonista, yo mismo te regalo una centralita
y te pasas la tarde cambiando las clavijas de sitio.
Como verán, recurro a cualquier cosa para convencer a los alumnos de
que lean, que es para lo que estoy allí.
Pero no les miento, o les miento poco.
Casi todo lo que he dicho hasta ahora es verdad y ellos lo perciben como verdad.
No quiero decir que salgan de mi charla y se vayan directamente a la biblioteca del centro, cuando la hay, entre otras cosas porque no sabrían por dónde empezar.
Quizá hayan intuido que existe, en efecto, una conexión entre la lectura y la vida, pero algo les dice que la lectura no es una conquista fácil.
Tampoco en esto les engaño. No lo es.
No es nada sencillo convertirse en lector, pero cuando uno lo logra, conquista al mismo tiempo una percepción de la realidad que jamás le abandona.
Cada otoño de mi vida, desde hace muchos años, empiezo un curso de inglés que abandono hacia las Navidades con idéntica regularidad
. El resultado es que dentro de mí ha ido creciendo un inglés afásico que apenas es capaz de defenderse en los aeropuertos internacionales con cuatro frases que sirven para saber dónde está el cuarto de baño y poco más.
En mi interior vive, en fin, un señor que sabe decir en inglés buenos días, buenas tardes, dónde se coge el autobús y a qué hora sale el avión.
Hablo mucho con él, aunque su conversación, como pueden comprender, no es muy variada. Esforzándose de manera notable, puede hacer algún comentario sobre el tiempo y congratularse de que no hayan bajado las temperaturas o de que no llueva.
También sabe en inglés un par de cosas referidas a la comida. Dice que le gustan los macarrones, pero no estoy seguro de que diga la verdad.
A lo mejor es que no conoce en inglés otra comida. Yo odio los macarrones, pero es que yo, en castellano, puedo pedir un filete con patatas.
Este sujeto que aprende inglés y yo nos encontramos con frecuencia, lo que resulta inevitable viviendo el uno dentro del otro.
Normalmente vive él dentro de mí, pero cuando viajo a determinadas zonas del extranjero, soy yo el que se refugia en su interior.
Y desde allí observo sus dificultades. No es nada fácil entenderse con los taxistas ni con los camareros ni con los subsecretarios chapurreando cuatro palabras de inglés.
Por eso, cuando regresamos a casa, él vuelve a sus profundidades y tomo yo el mando en castellano, sin dejar por eso de repasar los cursos de la BBC.
Ahora nos estamos aprendiendo los verbos irregulares.
Ya nos los aprendimos también el año pasado y el anterior, pero al no usarlos nos olvidamos de ellos, como es lógico.
En mi época, si le decías a tu padre que querías ser escritor te daba una torta
Pero no les miento, o les miento poco.
Casi todo lo que he dicho hasta ahora es verdad y ellos lo perciben como verdad.
No quiero decir que salgan de mi charla y se vayan directamente a la biblioteca del centro, cuando la hay, entre otras cosas porque no sabrían por dónde empezar.
Quizá hayan intuido que existe, en efecto, una conexión entre la lectura y la vida, pero algo les dice que la lectura no es una conquista fácil.
Tampoco en esto les engaño. No lo es.
No es nada sencillo convertirse en lector, pero cuando uno lo logra, conquista al mismo tiempo una percepción de la realidad que jamás le abandona.
Cada otoño de mi vida, desde hace muchos años, empiezo un curso de inglés que abandono hacia las Navidades con idéntica regularidad
. El resultado es que dentro de mí ha ido creciendo un inglés afásico que apenas es capaz de defenderse en los aeropuertos internacionales con cuatro frases que sirven para saber dónde está el cuarto de baño y poco más.
En mi interior vive, en fin, un señor que sabe decir en inglés buenos días, buenas tardes, dónde se coge el autobús y a qué hora sale el avión.
Hablo mucho con él, aunque su conversación, como pueden comprender, no es muy variada. Esforzándose de manera notable, puede hacer algún comentario sobre el tiempo y congratularse de que no hayan bajado las temperaturas o de que no llueva.
También sabe en inglés un par de cosas referidas a la comida. Dice que le gustan los macarrones, pero no estoy seguro de que diga la verdad.
A lo mejor es que no conoce en inglés otra comida. Yo odio los macarrones, pero es que yo, en castellano, puedo pedir un filete con patatas.
Este sujeto que aprende inglés y yo nos encontramos con frecuencia, lo que resulta inevitable viviendo el uno dentro del otro.
Normalmente vive él dentro de mí, pero cuando viajo a determinadas zonas del extranjero, soy yo el que se refugia en su interior.
Y desde allí observo sus dificultades. No es nada fácil entenderse con los taxistas ni con los camareros ni con los subsecretarios chapurreando cuatro palabras de inglés.
Por eso, cuando regresamos a casa, él vuelve a sus profundidades y tomo yo el mando en castellano, sin dejar por eso de repasar los cursos de la BBC.
Ahora nos estamos aprendiendo los verbos irregulares.
Ya nos los aprendimos también el año pasado y el anterior, pero al no usarlos nos olvidamos de ellos, como es lógico.
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