Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

16 ago 2016

El Gobierno de Obama aprueba su mayor salida de presos de Guantánamo..................................Joan Faus

Pese al traspaso de 15 detenidos a Emiratos Árabes Unidos, parece improbable que el presidente pueda cerrar el penal, que mantiene a 61 reclusos.

Estados Unidos ha trasladado a Emiratos Árabes Unidos a 15 detenidos de la cárcel militar de Guantánamo (Cuba), en el mayor traspaso aprobado por el Gobierno de Barack Obama, que prometió tener cerrado el penal hace seis años. 
La salida, anunciada este lunes por el Pentágono, acerca al presidente al objetivo de transferir, antes de que termine su mandato en enero, a todos los presos autorizados a abandonar Guantánamo.
 Pero la clausura del centro de detención con Obama en la Casa Blanca sigue pareciendo improbable ante el rechazo del Congreso a permitir el traslado a EE UU de aquellos reos considerados demasiado peligrosos para ser liberados.
 

 QUALITY
El envío de 12 yemeníes y tres afganos a Emiratos Árabes Unidos reduce a 61 el número de reclusos en la prisión de Guantánamo, abierta en 2002 por el Gobierno del republicano George W. Bush para albergar, sorteando las salvaguardas internacionales, a sospechosos de terrorismo.
 La mayoría de los reos no han sido acusados de ningún delito y languidecen en un limbo de detención indefinida sin apenas derechos y que se justifica en la ley militar contra los llamados combatientes enemigos.

Una veintena de los presos actuales han sido autorizados a salir pero deben esperar a que un tercer país acepte acogerlos bajo un régimen inicial de libertad vigilada. 
Los traspasos se aprueban tras un intenso proceso de análisis del Gobierno estadounidense en que el secretario de Defensa debe avisar al Congreso con un mes de antelación de que la salida no supone una amenaza de seguridad.
 Los últimos traspasos significativos fueron en abril cuando nueve presos fueron a Arabia Saudí y en enero cuando diez fueron a Yemen.

Cuando el demócrata Obama asumió la presidencia en 2009, había en Guantánamo 242 detenidos.
 Un total de 780 han pasado por la prisión en una base militar en el sureste de Cuba, convertida en un símbolo de los abusos en nombre de la llamada guerra contra el terror tras los atentados del 11-S.
El escollo al cierre de la prisión son la cuarentena de reos no autorizados a ser liberados.
 El presidente propone desde hace siete años -el pasado febrero fue la última vez en que anunció un enésimo nuevo plan para tratar de lograr la clausura- trasladar a una prisión en EE UU a aquellos detenidos demasiado peligrosos.
 Lo justifica por respeto a los derechos humanos y por motivos económicos.

Pero el Congreso, liderado por los republicanos, se opone tajantemente a cambiar la ley que permitiría el traslado a EE UU alegando que sería peligroso. 
Obama no ha descartado aprobar unilateralmente por decreto el cierre de Guantánamo, pero hacerlo sería una delicada maniobra legal y política.
“La continuidad del centro de detención debilita nuestra seguridad nacional vaciando recursos, dañando nuestra relación con aliados y socios, y alentando a extremistas violentos”,
 dijo, tras el anuncio de este lunes, Lee Wolosky, el enviado especial del Departamento de Estado para el cierre de Guantánamo.
Cada traspaso alimenta el rechazo republicano a la promesa de Obama y refuerza las críticas ante los casos de liberados de Guantánamo que han vuelto a actividades terroristas. 
“En su carrera para cerrar Gitmo [acrónimo de Guantánamo], la Administración Obama duplica las políticas que ponen en riesgo vidas americanas”, dijo, tras el anuncio, el congresista republicano Ed Royce, presidente del Comité de Exteriores de la Cámara de Representantes.
Antes del anuncio del último traspaso, Donald Trump, el candidato republicano en las elecciones presidenciales de noviembre, prometió este lunes en un mitin mantener abierto el centro de detención y la semana pasada dijo que vería con buenos ojos que ciudadanos estadounidenses fueran procesados en las comisiones militares de Guantánamo.
El magnate inmobiliario ha hecho de la mano dura contra el terrorismo uno de los pilares de su campaña.
 Es un retorno a la retórica del miedo tras los atentados de 2001 y un reflejo de que, pese a los intentos de Obama, Guantánamo es motivo de orgullo entre muchos estadounidenses. 

 

15 ago 2016

Cuanto más vivan tus padres, más vivirás tú................................................................... Miguel Ángel Criado..

Los hijos de progenitores longevos tienen menos problemas de corazón al llegar a la vejez.

Además de los genes, los padres longevos pueden transmitir factores ambientales como el nivel educativo o de ingresos o hábitos saludables.
Que uno viva más o menos depende de muchos factores, como el ambiente la genética o los hábitos.
 Pero que los padres vivan mucho también ayuda.
 Un estudio con casi 200.000 personas ha mostrado que cuanto más vivieron sus progenitores, más lo hicieron los hijos.
 De hecho, por cada año de vida extra, la incidencia de algunas enfermedades (pero no otras) se reduce.
Un grupo de investigadores de varios países siguieron la pista a 186.151 británicos
. Cuando iniciaron el estudio, publicado en Journal of the American College of Cardiology, los más jóvenes tenían 55 años y los mayores, 73. 
En todos los casos sus dos padres ya habían fallecido
. Les preguntaron qué edad tenían sus progenitores cuando murieron y los controlaron durante los ocho años siguientes.
Transcurrido ese tiempo, los investigadores han comprobado que la mortalidad de entre aquellos cuyos padres vivieron más allá de los 69 años es un 16,5% menor por cada década extra de vida de alguno de los padres. 
Aunque el tabaquismo, el abuso del alcohol, la obesidad o el sedentarismo también tiene su parte de responsabilidad, una vez controlados estos factores, la conexión entre padres e hijos longevos se mantenía.
"Se trata del mayor estudio que muestra que, cuánto más vivan tus padres, tendrás más probabilidades de llegar a los 60 y los 70 en buen estado", dice la investigadora en salud pública de la escuela de medicina de la Universidad de Exeter (Reino Unido) y principal autora del estudio, Janice Atkins.
Esta relación se repite a la inversa. 
"También hemos visto que los hijos de padres de vida más corta tienen un mayor riesgo de morir", añade en un correo.
 Atkins aclara enseguida que se trata de un estudio que muestra tendencias generales: "Si alguien se expone a los grandes factores de riesgo, esto pesará más en su salud que la edad a la que sus padres murieron", completa. 
La investigación se adentra también en las enfermedades que más inciden a medida que se envejece.
 La práctica totalidad de afecciones relacionadas con el corazón aparece correlacionada con la edad que alcanzaron los padres.
 Por ejemplo, la hipercolesterolemia, la hipertensión el riesgo de infarto puede reducirse hasta un 20% si los dos padres o alguno de ellos llegaron hasta los 80 años o más.

En cuanto al cáncer, las correlaciones encontradas eran demasiado bajas para considerarlas significativas en la mayoría de los tipos. Pero sí encontraron una conexión entre el cáncer de pulmón y la longevidad de los padres.
 En otras enfermedades, como el asma o la anemia no vieron esa conexión. 
El trabajo, sin embargo, no estudia a fondo las enfermedades mentales asociadas con la edad.  "También estudiamos la depresión, pero no encontramos una asociación entre el tiempo de vida de los padres y el riesgo de depresión en sus hijos", comenta la investigadora británica.
El estudio se realizó durante ocho años con casi 200.000 personas sanas en el momento de iniciarlo
El profesor David Melzer, que dirige el programa de investigación de Atkins, dice en una nota: "No está claro por qué algunos mayores tienen problemas del corazón a los 60 mientras otros solo los desarrollan a los 90 o incuso más viejos. 
Evitar factores de riesgo bien conocidos como el tabaco es importante, pero nuestro estudio muestra que hay otros factores heredados de los padres que afectan al buen estado del corazón".

Junto a la herencia también intervienen elementos ambientales presentes en la familia donde uno crece
. Anteriores investigaciones han mostrado que un mayor el nivel de estudios o de ingresos, la actividad física o la dieta ayudan a alargar la vida.
 Así que los hijos crecidos en ese ambiente también heredan esa mayor esperanza de vida.

 

Sigourney Weaver, la musa de hierro.................................................................Daniel Verdú

Con 30 años se enfrentó a ‘Alien’. Tres décadas más tarde, la actriz llega a San Sebastián para estrenar la última película de Juan Antonio Bayona.

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Sigourney Weaver en la sesión de fotos con El País Semanal. Lleva un top con flecos de Loewe, pantalón de Shon Mott y zapatos de Carmina Shoemaker. Daniel Riera
 
A LOS 11 AÑOS quiso ser otra persona.
 No estaba claro quién ni qué diferencias tendría respecto a la anterior, pero empezó por cambiar de nombre.
 Lo encontró en las páginas de El gran Gatsby, la novela de Francis Scott Fitz­gerald.
 No era nadie especial, solo un personaje secundario con un nombre largo, bonito y serpenteante.
 Además, empezaba por s, como Susan, con el que hasta entonces se había presentado al mundo. Todos sus profesores se negaron, pero no había vuelta atrás. “En parte decidí que fuera Sigourney para que dejasen de llamarme Suzy. Pero ahora todos me llaman Siggy. Supongo que quería ser otra persona, sentirme diferente. Pero, sabes, al final no puedes escapar a tu destino”
 
Estamos en Barcelona. Sigourney Weaver prueba una sopa de verduras, todavía demasiado caliente, mientras recuerda la historia de su nombre y reflexiona sobre las consecuencias de la recesión económica.
 Se acerca a la ventana y confiesa que le gusta esta ciudad y estaría encantada de mudarse una temporada.
 Si vivieran aquí, fantasea, quizá su marido podría ir a hacer surf a su adorado San Sebastián.
 Entonces coge de nuevo la cuchara y sopla con cuidado, como si pidiera un deseo
. Un monstruo viene a verme, la película de Juan Antonio Bayona, participará en el Festival de Cine de San Sebastián el próximo mes de septiembre y el certamen la reconocerá con el Premio Donostia a toda su trayectoria. 
Si hay olas, su marido quizá pueda hacer surf en un par de semanas.
Cuando pise la alfombra roja del Kursaal, Weaver estará a punto de cumplir 67 años.
 Se presentará con un papel en el que interpreta a la abuela de un chico en plena aceptación del cáncer que padece su madre mientras él trata de exorcizar cada noche sus miedos con la visita de un monstruo en forma de árbol (Liam Neeson).
 Una historia basada en el espléndido y homónimo libro de Patrick Ness, donde Bayona, después de El orfanato y Lo imposible, vuelve a desmenuzar las complejas relaciones entre madres e hijos. Pero sucede también que es el primer papel de Sigourney Weaver como abuela.
 De este modo, el cine se adelanta a su propia vida personal (su hija, de 25 años, todavía no ha sido madre) y ofrece una espontánea metáfora de una carrera cinematográfica que alcanza ahora la madurez, en una industria que no suele aceptarla bien en las mujeres, y que comenzó en la treintena a bordo de la nave espacial Nostromo, en la piel de la legendaria teniente Ellen Ripley en Alien, el octavo pasajero (1979). 
Aquella película configuró realmente el destino de una mujer que tenía planeado pasar su vida sobre las tablas y que no acababa de asimilar los resortes ni las virtudes del cine.
 “Yo era una actriz de teatro. Me dijeron que era una película de ciencia-ficción y no me sedujo demasiado. 
Me di cuenta de que aquello podía ser algo cuando vi todo el trabajo artístico y estético que habían hecho”. 
El mundo que la convenció fue la icónica obra del artista suizo H. R. Giger, encargado del diseño del primer monstruo al que se enfrentaría en su carrera y de los escenarios en los que viviría durante semanas en Inglaterra. 
Fue una prueba de fuego, recuerda mientras estira su largo brazo para recuperar la sopa ya tibia.
 Era su primera película –en realidad había tenido unos segundos en Annie Hall (1977) dos años antes– y ni siquiera podía dejar de mirar el objetivo cuando la enfocaban.
 “La primera semana no paraban de decirme: ‘¡No mires a cámara!’. Y yo les contestaba: ‘Es que me la ponéis delante todo el tiempo”. 
El reto consistió en darle la vuelta y afrontar la película como si fuera su propia versión de Enrique V. 
“Tiene que ver con eso de Shakespeare de que una mujer se ponga en la piel de un hombre. 
Pero me temo que en el guion no lo hicieron por razones feministas, sino porque pensaron que nadie creería que la mujer iba a ser la superviviente”. 
La cinta de ciencia-ficción de Ridley Scott dio a luz a la primera heroína moderna del cine de acción. 
Una personalidad inédita hasta entonces en Hollywood, y que fue evolucionando con los años sobre papeles de mujeres duras, inteligentes y capaces de cuidar de sí mismas.
 La zoóloga Dian Fossey en Gorilas en la niebla (1988), la ejecutiva de Armas de mujer, la diplomática de El año que vivimos peligrosamente (1982) o, incluso, la joven violonchelista Dana Barrett, que era capaz de levitar dos metros por encima de su cama mientras era abducida por el mundo paranormal de Cazafantasmas (1984).
 La mayoría de ellas, en el fondo, sufrían también por sus roces con un mundo rígido e impermeable a las diferencias que exhibían. Aunque siempre lo hicieran a escondidas. 
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  fotograma de su película 'Un diablo viene a verme'. 
 
Después de Alien ella también quedó sumida en una crisis artística y personal de dos años. “La fama es algo extraño.
 Me producía rechazo estar en las portadas de revistas, no quería renunciar a mi privacidad.
 Así que intenté evitar un poco toda aquella historia durante años, hasta que entendí que era parte del trato.
 Yo era muy tímida, y eso fue un shock para mí.
 Me metí debajo de la tierra durante dos años. Rechacé un montón de papeles, hice teatro y poco más.
 No sé por qué, pero pensaba que Alien no era un trabajo de verdad. No quería abandonar mi vida humilde en Nueva York, deseaba ser una persona normal que pudiera viajar en autobús. 
Pero si pudiera darle un consejo a aquella joven, le diría que no se lo tomase tan en serio, no importa, hay que hacer de todo, estar en distintos tipos de papeles”.
 
 Es inteligente, culta, irónica y posee una capacidad de afrontar los argumentos de forma completamente abierta ante el discurso de su interlocutor.
 Es difícil encontrar algún rastro del superego de estrella y, sin pretenderlo, logra que te marches a casa pensando que se ha quedado preocupada por alguna cuestión intrínseca de tu vida. 
No rehúye la conversación política y, como muchas de sus compañeras de profesión, deja al descubierto sus inclinaciones y su cercanía con las ideas progresistas.
 Ella asegura que apoyará a Hillary Clinton (a quien conoce personalmente y en la que muchos vieron una inspiración para su papel en la serie Political Animals). De Donald Trump asegura: “No me lo puedo imaginar como presidente, ni siquiera queriendo serlo realmente. Le está dando una gran ventaja a Hillary Clinton porque está difuminando el panorama republicano, no parece que haya un candidato fuerte excepto él
. Yo no creo que tenga ninguna posibilidad de salir elegido, la verdad. O créame, me mudaré a Barcelona”.

Los ladrones más famosos del Oeste.................................................................. Gregorio Belinchón

El guionista William Goldman reinventó el ‘western’ con la colaboración de Paul Newman y Robert Redford.


Robert Redford y Paul Newman, en 'Dos hombres y un destino'.
Al contrario que en Europa, defensora de la teoría del cineasta autor al cargo de la dirección y del guion, en Hollywood cada película suele ser el resultado de la labor de un equipo, de la confluencia de momentos brillantes surgidos de mentes experimentadas… siempre que un ejecutivo de un gran estudio no reviente el trabajo previo.
 Un productor reúne a las tropas: un guionista o equipo de escritores redacta un buen libreto o adapta una obra teatral de éxito; un director plasma, gracias a un reparto lúcido, los sentimientos del guion, apoyado por una serie de técnicos.
 Después, el montador pule y convierte en diamante la joya previa. 
Así al menos era en la época del reinado de las majors, y un heredero de esa escuela fue el guionista William Goldman y la película Dos hombres y un destino, la mejor prueba de su talento y de la importancia de un buen guion.


Los auténticos Sundance Kid (primero por la izquierda) y Butch Cassidy (primero por la derecha) y el resto de la banda.
Goldman (Highland Park, Illinois, EE UU, 1931) es escritor de novelas, de divertidísimos libros (Las aventuras de un guionista en Hollywood y Nuevas aventuras de un guionista en Hollywood), donde plasma con brillantez anécdotas estupendas su devenir en la gran pantalla, de los libretos de títulos como Todos los hombres del presidente, Marathon man, La princesa prometida, Misery y Poder absoluto, y autor de una famosísima máxima sobre el mundo del cine: “Nadie sabe nada”.
 Pero a inicios de los años sesenta, Goldman era un desconocido. Había escrito una novela sin éxito, había leído algo sobre Butch Cassidy y Sundance Kid y la historia le impactó, porque la pareja de bandidos había forjado su leyenda dos veces, primero en Estados Unidos y, después, cuando las cosas se les pusieron mal, en América del Sur, donde comenzaron de cero.

“Investigué cuanto me fue posible, con la esperanza de lograr una historia que fuera coherente, y escribí la primera versión en 1966. Me llevó cuatro semanas”, comenta en Las aventuras de un guionista en Hollywood. 
 Ahí estaba la semilla de Dos hombres y un destino, Butch Cassidy and the Sundance Kid en su título original, un filme que recuperó el western para la gran pantalla en una época en que estaba casi desaparecido y que se redactó en las Navidades de 1965, en el tiempo  libre que le dejó a Goldman su labor como profesor de escritura creativa en Princeton.
De Butch Cassidy (su verdadero nombre era Robert Leroy Parker) se tiene bastante información: nacido en Utah, en 1866, se puso como mote Cassidy en homenaje a Mike Cassidy, un famoso ladrón de bancos. 
En 1890, lideraba el último gran grupo de forajidos del Oeste: la Banda del Agujero en la Pared(en la película, en su versión española, se les bautiza como la Banda del Desfiladero) o El grupo salvaje, la cuadrilla que cometió más crímenes y asesinatos.
 Sin embargo, Cassidy no era un pistolero. 
No mató a nadie hasta poco antes de morir, cuando trabajaba como guardia en América del Sur.
 Tampoco sabía pelear. Ni siquiera planeaba los golpes. Goldman lo cuenta: “Eran hombres arrogantes y brutales. 
Y allí, a la cabeza, estaba Cassidy. ¿Por qué? La respuesta es increíble pero cierta: le caía bien a la gente.
 A todo el mundo. A veces, cuando le seguían, llegaba a un rancho y decía: ‘Mire usted, soy Butch Cassidy y me vienen siguiendo.
 Les estaría muy agradecido si me escondiesen una temporadita’. Y lo hacían”.
Entre los bandidos estadounidenses, solo Butch y Jesse James conocieron la fama en vida, y Butch la exprimió.
 El bandido hizo su último trabajo en EE UU en otoño de 1901. Cuando le tocó demasiado las narices a los ferrocarriles de la Union Pacific, su propietario formó una banda de seis superpolicías.
 En cuanto Butch se enteró de la existencia de la patrulla, huyó junto a Sundance Kid (nombre real, Harry Alonzo Longabaugh) y la amante de este, Etta Place.
 De ellos no se sabe mucho: que Sundance era un extraordinario pistolero de El grupo salvaje, y que Etta era su pareja, probablemente una prostituta. 
Existen fotos del trío paseando por Nueva York en 1902 camino de su exilio: a Butch le encantaba retratarse.
 En los siguientes siete años —hasta que les mataron— en Sudamérica, Butch y Cassidy asaltaron bancos, robaron ganado, cuidaron un rancho, hicieron de guardias y, por segunda vez, se convirtieron en leyendas bajo el nombre de Bandidos yanquies.
 En 1905, ya existía una película de dos rollos de metraje, unos 40 minutos, sobre sus vidas.
 
El trío protagonista, en el rodaje en México.
El buen trabajo que Goldman había hecho en Harper, investigador privado sirvió para que Fox comprara, en puja con otros estudios, su libreto por unos estratosféricos 400.000 dólares en octubre de 1967. 
El estudio puso en el proyecto en marzo de 1968 como director a George Roy Hill. Él y Goldman pulieron el libreto.
 A inicios de 1967, antes de la compra de Fox, Goldman le había contado a Paul Newman la historia de los bandoleros. 
El actor se vio como Sundance, y cuando Fox entró en la producción se sumó al proyecto.
 Goldman había escrito el personaje de Butch pensando en Jack Lemmon, pero el estudio se negó. Steve McQueen, convencido por Newman, estuvo a punto de firmar, pero su legendaria inseguridad le llevó a renunciar y Hill propuso finalmente a Robert Redford.
“Había leído el guion y claro que me atraía, pero era joven, había mucha gente luchando por esos personajes y no pensé que me tocaría.
 En Fox no paraban de decirme que contaban con McQueen”, apunta Redford.
 Él dio la última vuelta de tuerca tras su fichaje: zurdo como Sundance, pidió intercambiar los roles.
 Y así, con Newman como Butch, el rodaje de Butch Cassidy and the Sundance Kid arrancó el 16 de septiembre de 1968 en Durango (Colorado), con Katharine Ross, la chica de El graduado, completando el triángulo.
En el estudio no dejaron margen para el error al programar 12 semanas de rodaje.
 Por miedo a las nevadas invernales, los productores decidieron que la filmación arrancara en el primer asalto al tren.
 Newman empezó a comportarse de forma extraña. No solo le ponían nervioso los caballos, sino que en su interpretación añadió unas exageradas notas de humor que sacaron de quicio a Hill.
 Era su miedo a no ser lo suficientemente cómico.
 Poco a poco, el director le recondujo. 
Según Redford, “George Roy Hill te daba el espacio para crear. Echaba del rodaje a todo el que no fuera imprescindible, era muy disciplinado en el trabajo y tenía todo preparado.
 Paul y yo desarrollamos una amistad que Hill supo trasladar a la pantalla.
 Llevó lo de fuera adentro y acertó”.
 Para Newman, “aquel rodaje fue un ejemplo perfecto de la creación de una película como experiencia comunitaria”. 
El horario de Newman refleja la energía de la estrella.
 Se levantaba a las cinco y media, dedicaba una hora a la sauna y a nadar, y a las siete aparecía listo en el plató.
 Por la noche, solía preparar ensaladas para el equipo artístico y una cafetera rellena de whisky y hielo.
 En México se filmaron las secuencias correspondientes a Bolivia. Casi todos, incluido Hill, acabaron enfermos con diarreas por culpa del agua. 
Newman, Katharine Ross y Redford se salvaron por su afición a la soda y al alcohol. 

Entre las visitas que pasearon por el plató, los protagonistas rememoran con cariño a Lulu Betanson, la hermana real de Butch Cassidy.
 Betanson vio la toma en que Butch le arrea una patada en los testículos a otro ladrón y aseguró que así era su hermano, que también tenía los ojos azules y una sonrisa hipnótica como la de Newman.
 La anciana volvió en diversas ocasiones al rodaje e incluso asistió al estreno en Durango, el 2 de septiembre de 1969.
 En la taquilla, Dos hombres y un destino superó los 100 millones de dólares.
 Como bromeó Newman tras esas ganancias: “Lástima que les matemos al final”. A Redford le cambió la vida: “¿Mis dos grandes trabajos? Dos hombres y un destino es el más divertido y en el que muestro mi parte más oscura
. El otro fue Todos los hombres del presidente, porque todo el mundo nos dijo que no podríamos hacerla y que a nadie le interesaba el caso Watergate”. 
En homenaje a este western, Redford bautizó a su festival de cine independiente en Park City (Utah) con el nombre de su personaje: Sundance.
   
Fotograma del tiroteo final.
 

El genio del guion

El escritor William Goldman.
Escritor, articulista, novelista y guionista, William Goldman es experto en diálogos ingeniosos y autor de dos grandes libros que explican cómo es Hollywood: Las aventuras de un guionista en Hollywood y Nuevas aventuras de un guionista en Hollywood.
 Su primer éxito le llegó con Harper, investigador privado (1965). Después volcó su talento “en una de las dos grandes historias" que encontró en su vida. Las aventuras de Butch Cassidy y Sundance Kid en os hombres y un destino, que le reportó su primer Oscar.
 En la década de los setenta enlazó un éxito tras otro: The Stepford wives, El carnaval de las águilas, Todos los hombres del presidente (su segundo Oscar), Marathon man, Un puente lejano y Magic.
De repente, en 1980, su teléfono dejó de sonar, y decidió pasarse a la novela.
 Cuando un lustro después volvió a coger una racha, lo primero que hizo fue adaptar una de sus propias novelas, la excepcional La princesa prometida
. A inicios de los noventa escribió Misery, Memorias de un hombre invisible, El año del cometa, Chaplin, Maverick y se convirtió en un famoso doctor de guiones, es decir, un escritor al que los estudios contratan para mejorar libretos que necesitan un retoque.
 En 1995, redactó la historia real de dos leones devoradores de hombres en África —la segunda gran historia que Goldman dice haber encontrado en su vida— para Los demonios de la noche, una película fallida
. Después llegaron Cámara de gas, Poder absoluto (“el encargo más difícil al que me he enfrentado”), Criaturas feroces, La hija del general, Corazón en Atlantis y Dreamcatcher y metió mano a los guiones de El último héroe de acción, Bajo sospecha o El indomable Will Hunting (nunca ha quedado claro cuánto de este libreto es suyo y cuánto de Ben Affleck y Matt Damon).