No sé si ese pasajero que venía a Gran Canaria era de la isla o no, pero ese arrebato de desesperación casi prueba que efectivamente puede ser canario porque nadie como nosotros sabemos de.... perder enlaces, no salir sin retraso, perder vuelo tras vuelo, solo vamos en avión o barco y a la Península y resto de Europa vamos en avión, dependemos de ellos. horas y horas de espera, no me extraña que en un acto de" Dios no espero más", a saber cuantos aereopuertos habría visitado llevándolo de aquí allá. Lo vivimos en nuestra carnes y que fuera detrás de un avión que ya rodaba y a expensas de morir escachado por otro, saltara y encima le multen con 45.000 Euros por hacerlo, porque jamás nos han pagado nada por no hacer las cosas bien ninguna compañía de aviación, y si viajamos ya sabemos a que nos exponemos, salir de Barajas a la hora es un record guinnes y jamás lo ponen como noticia. "Hoy un canario ha salido en un avión desde Barajas o el Prat hacía su isla a la hora que pone su billete", y naturalmente irá caminando a la fiesta del Pino o esta noche a San Lorenzo".
Un pasajero corre tras un avión en movimiento en Barajas.Facebook Seguridad Aeroportuaria Podríamos hacer una Película mucho mejor que aquella "Aterriza como puedas"
Los trabajadores del aeropuerto de Barajas, en Madrid, han grabado a un pasajero
que este lunes saltó a la pista de aterrizaje y se echó a correr detrás
de un avión. El hombre, según informa la Guardia Civil, cruzó la puerta
de embarque con su tarjeta, pero al ver que un avión de Ryanair iba a
despegar, cruzó una salida de emergencias para incendios y saltó a la
pista con su equipaje desde un puente de embarque a una altura de unos
tres metros. El pasajero corrió tras la aeronave, que ya se encontraba
en movimiento, hasta que unos operarios lo interceptaron y le explicaron
que ese no era su avión. El que iba con destino a Gran Canaria se
encontraba en la pista, aún con pasajeros embarcando. La Guardia Civil,
tras recibir la alarma, contactó con la delegación de Gran Canaria para
que el pasajero fuera identificado al llegar a su destino. No ha sido
detenido, ya que cruzó legalmente los dispositivos de seguridad, aunque
por infrigir las normas del aeropuerto podría ser sancionado por la Ley
de Seguridad Aérea con una multa de hasta 45.000 euros.Arrallate un millo con La Ley esa de Seguridad, cuando todavía no han pagado las indemnizaciones de aquel terrible acidente desde Barajas con Destino Gando aunque ahora se llame de otra manera pero baraja que tienes que tener un As bajo la manga.
Demna Gvasalia firma el accesorio de la temporada: un bolso con
estampado de rayas inspirado en el que los tailandeses usan para ir al
mercado.
¿Por qué estas creaciones fascinan a la industria?
A la izquierda, el bolso de
Balenciaga (2.300 euros). A la derecha, la bolsa en la que los
thailandeses llevan la ropa a la lavandería (2 euros).
Foto: Imaxtree / Twitter
Cuando Demna Gvasalia fue elegido nuevo director creativo de Balenciaga
no cabía duda de que sus propuestas iban a acaparar críticas y alabanzas
a partes iguales
. El georgiano, conocido por elevar a la recién llegada Vetements
a los altares de la industria, presentó su primera colección para la
histórica casa durante la pasada Semana de la Moda de París.
Y allí,
entre plumíferos de proporciones imponentes, prendas deportivas y
maxicadenas, se colaron los bolsos de la discordia.
Si las colecciones de Gvasalia para Vetements ya eran conocidas por apropiarse de logos de otras marcas
(el chándal de Champion o la camiseta con el logo de la empresa de
mensajería DHL son solo un par de ejemplos), pocos dudaron en acusar al
diseñador de tomar prestado el estampado de rayas arcoíris de las bolsas tradicionales tailandesas conocidas como ‘sampheng bag’.
Las redes sociales se inundaron de jóvenes
poseedores de las bolsas “originales” que ironizaban diciendo que
“ellos también tenían un Balenciaga” y algunos llegaron a mostrar su
preocupación acerca de si al viajar fuera de su país podrían ser
acusados de llevar un bolso falso.
El Departamento de Propiedad
Intelectual de Tailandia, sin embargo, no tardó en acabar con los
rumores de plagio: “La bolsa de arcoíris se ha utilizado en Tailandia
desde hace mucho tiempo.
No es ilegal llevarla a Europa ya que no es una
imitación.
Si uno tiene la intención de copiar; el material, modelo,
forma y color deben ser los mismos”, explicó en aquel momento Nantawan Sakunkarn, director del departamento.
Aunque la sombra del copypaste dejase de planear sobre
Gvasalia, sus bolsos no han abandonado los titulares de la prensa
especializada.
La colección de accesorios, bautizada irónicamente como
‘Bazar’, acaba de ponerse a la venta y, como era de esperar cuando la
vimos sobre la pasarela, tiene todas las papeletas para convertirse en
la más buscada y deseada del otoño.
El modelo más pequeño cuesta 1.195 euros en la web de la firma y
la versión XXL, aún más similar a las del país asiático, alcanza los
2.300.
Mientras tanto, las bolsas tailandesas –que, por cierto suelen
verse en los mercados o lavanderías locales– pueden comprarse por un par
de euros aunque su precio ha aumentado hasta los 100 Baht, unos 3 euros, desde que subiesen a la pasarela
. Eso sí, la versión deluxe
es de manufactura italiana y está elaborada en piel de cordero mientras
que la asiática es de plástico y nylon
. Una notable diferencia
potenciada gracias al logo de Balenciaga impreso sobre el diseño.
Diez
letras doradas que transforman un accesorio puramente funcional y
olvidado por la industria de la moda en el nuevo ‘it bag’ de la
temporada.
Esta versión cuesta unos 1.200 euros
Igual que ocurrió en la era Hedi Slimane-Saint Laurent (en la que el diseñador consiguió duplicar las ventas), parte
del éxito de todo lo que hace Gvasalia radica en reinventar elementos
que ya existían encontrando la exclusividad en lo masivo
Poco importa el grado de feísmo de la prenda en cuestión.
La cosa es que la visión comercial del georgiano
se extiende de Vetements a Balenciaga –salvando las diferencias– y
promete convertir en éxito de ventas las parkas con el Balenciaga
estampado en la espalda, seguir cosechando clones de sus plumas exagerados y, por supuesto, lograr que sus ‘bolsas de la compra tailandesas’ se conviertan en objeto inseparable de editoras de moda y street stylers
(Natasha Goldenberg lució la suya durante la pasada Semana de la Alta
Costura).
Todo ello a pesar de que la idea ya se le hubiera ocurrido
antes a unos cuantos diseñadores.
Igual que ocurrió en la era Hedi Slimane-Saint Laurent (en la que el diseñador consiguió duplicar las ventas), parte
del éxito de todo lo que hace Gvasalia radica en reinventar elementos
que ya existían encontrando la exclusividad en lo masivo . Da igual si es un logo, un estampado o un taquillazo como Titanic.
Poco importa el grado de feísmo de la prenda en cuestión
. La cosa es que la visión comercial del georgiano
se extiende de Vetements a Balenciaga –salvando las diferencias– y
promete convertir en éxito de ventas las parkas con el Balenciaga
estampado en la espalda, seguir cosechando clones de sus plumas exagerados y, por supuesto, lograr que sus ‘bolsas de la compra tailandesas’ se conviertan en objeto inseparable de editoras de moda y street stylers
(Natasha Goldenberg lució la suya durante la pasada Semana de la Alta
Costura).
Todo ello a pesar de que la idea ya se le hubiera ocurrido
antes a unos cuantos diseñadores.
La
‘it-girl’ Natasha Goldenberg ya ha paseado uno de los modelos y se
pregunta en Instagram si debería hacerse con la versión XXL.
En octubre de 2006 Marc Jacobs subió a la pasarela primavera-verano 2007 de Louis Vuitton unos bolsos
de cuadros que solo se diferenciaban de las bolsas ‘made in China’ para
ir a la compra gracias al logo bien visible de la firma y un precio
infinitamente más alto.
Pero la obsesión de la moda con este
gesto tan mundano de ir al supermercado o a la lavandería no quedó ahí.
Raf Simons ideó unas simples bolsas de plástico de colores flúor cauasi
transparentes para Jil Sander en el verano de 2011 y el inventó arrasó
tanto que incluso H&M se atrevió con un clon
difícilmente distinguible del original.
Y después llegó Phoebe Philo
que, al igual que Jacobs, se inspiró en el estampado de cuadros de las
famosas bolsas conocidas como ‘tati bags’, especialmente populares en
determinados barrios parisinos.
Así la diseñadora convirtió la colección otoño-invierno 2013 de Céline en una sucesión de combinaciones de cuadrados rojos, azules, negros y blancos
que envolvían el cuerpo de la cabeza a los pies en una tela
aparentemente rígida con pinta de aguantar un chaparrón.
Sobra decir que
a ninguna de estas ocurrencias consiguieron resistirse editoras de
moda, celebrities y demás piezas del engranaje de la moda.
Marc Jacobs ya se adelantó en su colección primavera-verano 2007 imitando las bolsas de la compra
Ahora las creaciones de Gvasalia siguen despertando el interés de los
expertos que se preguntan si deberíamos considerar estos bolsos como
una especie de meme o como una acertada jugada de marketing. Tal y como reflexiona la experta en virales interneteros Ari Spool en este artículo de The Guardian,
“la moda, especialmente la actual, adora el juego entre las clases
altas y las bajas. Mientras que el bolso y el logo son normales, es la
batalla entre la Alta Costura y la masa lo que lo hace atrayente”.
Esto
es amplificado por el altavoz de Internet donde a golpe de memes y hashtag (el de #Balenciaga incluye varias referencias a las bolsas tailandesas) aumenta la ironía y el hype.
Y en rediseñar prendas existentes, enmarcarlas en un nuevo contexto y
convertirlas en objeto de deseo, dentro y fuera de Internet, Gvasalia es
un experto.
El estampado estrella de Céline otoño-invierno 2013 fue el mismo que el de las famosas bolsas parisinas.
Legendarias
figuras de la Rusia comunista y musas de los poetas Vladímir Maiakovski
y Louis Aragon, las dos hermanas vivieron una existencia tan fascinante
como convulsa.
Lili Brik retratada por
Rodchenko en un fotomontaje propagandístico de la Rusia soviética. El
cartel es una de las obras más célebres del constructivismo.
Neruda las llamaba “la indomable Lili” y “una espada de ojos azules”. Las palabras del poeta apenas reflejan todo lo que Lili Brik y Elsa
Triolet aportaron a la intelectualidad del siglo XX, pero sí resumen el
carácter explosivo de dos de las figuras más singulares de la mitología
vanguardista. Las hermanas Lilia (1891-1978) y Elsa Kagan (1896-1970)
nacieron en una acomodada familia judía del Moscú de los últimos zares. De padre abogado y madre profesora de música, desde bien pequeñas se
labraron un porvenir cosmopolita, con una sensibilidad exquisita para
las artes. Pero también eran seres indomables. Juntas formaban dos
partes de un todo, dos fuerzas de la naturaleza que se complementaban
entre sí . El periodista y escritor Jean Noël Liaut aborda su historia en
Lili Brik. Elsa Triolet. Las hermanas insumisas, que ahora se publica en castellano, un año después de su edición original. Vivieron una infancia acomodada. Lili tenía 19 años y Elsa 15 cuando
su padre falleció súbitamente; al mismo tiempo, la menor se enfrentó a
la intensidad del primer amor tras cruzarse con el hombre que marcaría
la existencia de ambas, el poeta Vladímir Maiakovski, quien años más
tarde se convertiría en una de las voces más relevantes de la poesía de
las vanguardias soviéticas. El encuentro se produjo cuando la familia todavía guardaba luto por
el padre . La mayor de las hermanas ya se había casado con el escritor
Ósip Brik, un matrimonio que distaba mucho de los convencionalismos . Al
principio, Lili no mostró el menor interés por conocer al enamorado de
su hermana, pero le escuchó recitar sus versos y el embrujo surgió entre
ambos. Elsa pasó a un segundo plano. La lealtad fraternal era algo
inconcebible para Lili, creyente en los preceptos de los nuevos tiempos
del comunismo, que consideraba aquella actitud un invento burgués. De
igual forma, entre el marido de Lili y su amante surgió una admiración
mutua instantánea, carente de cualquier rivalidad. Brik consintió la
relación de su esposa con el poeta e incluso llegaron a convivir los
tres durante más de una década en armonía. Solo los celos de Maiakovski rompían de vez en cuando el hechizo. Lili, convertida en musa indiscutible de la obra de Maiakovski y en uno
de los referentes de las vanguardias rusas, toleraba los escarceos de su
amante, pero al revés no sucedía lo mismo. La inagotable sucesión de
hombres en la vida de la mayor de las Kagan atormentaron durante muchos
años al escritor futurista . Lili coleccionó una lista de genios como
amantes: Pasternak, Ródchenko, Malévich, Shostakóvich, Eisenstein o Maya Plisétskaya.
Elsa acabó perdonando a su hermana por haberle arrebatado a su amor
de juventud, pero tuvo que abandonar la URSS para alcanzar la plenitud
lejos de la sombra de Lili. Empeñada en convertirse en escritora, marchó a París en 1918 . Un año
después se casó con el oficial francés André Triolet, matrimonio que
apenas duró un suspiro. Se separaron de forma amistosa y ella recibió
una pensión que la ayudó a subsistir y le permitió frecuentar los
centros clave del arte y la intelectualidad de la ciudad francesa,
entonces la capital artística del mundo. A mediados de los años veinte, comienza su prolífica carrera como
escritora. Publica de forma consecutiva sus cuatro primeros libros, que
edita en ruso y tuvieron una acogida nefasta. En un café literario
conoce, a finales de esa misma década, a quien se convertiría en su segundo esposo, el poeta y novelista Louis Aragon. En 1938, publica su primer libro en francés, Bonsoir Thérèse.
Tras la ocupación francesa por los nazis en 1940, ambos entraron
juntos en la Resistencia y se convirtieron en parte fundamental de la
propaganda literaria y la prensa clandestina . Uno de los volúmenes que
escribió durante la guerra, Le Cheval blanc, le valió el Premio Goncourt en 1944. Fue la primera mujer que ganaba el galardón más prestigioso de las letras francesas. En la otra punta de Europa, la vida de su hermana no resultó menos
tumultuosa . Maiakovski se suicidó de un tiro en el corazón en abril de
1930 tras romper con su última amante. En cierta forma, se
responsabilizó a Lili de haber causado el desamor del poeta y su final. Desde entonces, una de sus empresas más obsesivas fue la conservación y la difusión del legado literario del hombre con el que había compartido más de 15 años. Ese mismo año, tras divorciarse de Brik, se casaba con el general
soviético Vitaly Primakov, una de las víctimas, en 1937, de las purgas
estalinistas de los juicios de Moscú. Al año siguiente, contraería su
último matrimonio con el también escritor Vasykly Katanyan, biógrafo de
Maiakovski, con quien permanecería hasta su muerte.
Unidas hasta el final
Ambas hermanas siguieron unidas hasta el final de sus vidas por medio
de la correspondencia . Su relación mutua no se resintió nunca, aunque
las circunstancias de una y de otra habían dado un radical giro que las
llevaba al lado opuesto del punto de salida. Lili, quien fuese musa
irresistible, pasó sus últimos años empobrecida y sola en un modesto
apartamento . Postrada en una cama, pero decidida a morir como había
vivido, se pegaba un tiro en Peredélkino, una pequeña ciudad cercana a
Moscú que fue hogar de muchos relevantes escritores soviéticos. Después de publicar La Mise en mots (1969) y Le Rossignol se tait à l'aube
(1970), sus dos últimos trabajos, Elsa Triolet murió de una dolencia
cardíaca convertida en lo que en todo momento había querido ser, una
reconocida escritora. Yace enterrada junto a su marido cerca de París .
Una frase en su lápida resume a la perfección lo que fue la vida de
estas dos fascinantes mujeres. “Cuando estemos al fin lado a lado,
yacentes, la alianza de nuestros libros nos unirá para bien y para mal
en ese porvenir que era el mayor de nuestros sueños y de nuestros
desvelos”.