Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

2 ago 2016

Lo que hacen los libros................................................................................ MARTA FERNÁNDEZ

Viven solos, sin necesidad de que los leas.

 Crees que los posees, pero no es verdad.

 Cuando los cierras, siguen con el sortilegio de sus palabras.

Los libros no nos esperan.
 Su furia incontenible siempre rebasa las ganas de su lector.
 No son inocentes. Ni podrás domarlos aunque creas que lo haces. No los llevarás en la maleta. Ellos te llevarán a ti
. Los libros viven solos, sin necesidad de que los leas.
 Crees que los posees, pero no es verdad.
 Y cuando ya no estés, cuando no te asistan las palabras, tus libros quedarán, mirándote callados, desde el verdadero lado de la inmortalidad.

Algunos de los ejemplares de esta librería llevan más tiempo en el planeta que tú, que yo.
 Y aquí seguirán. Poderosos y necesarios. Quieres que aguarden latentes. Pero no. Nunca son dóciles. Hasta el más ingenuo de los títulos puede alumbrarte con una nueva idea.
 ¿Y de verdad consideras que ese fragmento del mundo convertido en páginas es un objeto más? No, no lo es.
Por eso cuando los cierras, cuando te das la vuelta y los dejas en la mesilla, los libros siguen con el sortilegio de sus palabras.
Las historias no se quedan quietas jamás. Te irás a dormir o al trabajo o la escuela o a buscar el amor. Con la inocencia egocéntrica de que los capítulos no pueden avanzar sin ti. Con el error, tantas veces perpetuado, de que la Literatura necesita un lector.
 Pero no es así.
 Porque allá, dentro de sus tapas, en su universo cuadrangular, la vida sigue.
 Y se enamora mil veces Bovary.
Y va sumando indicios el Padre Brown.
Y Drácula chupa la sangre de doncellas de las que no has oído hablar. Y se disparan los cañones de la fragata Surprise.
Hay quien sospecha que la única manera de hacer que no avancen es dejar entre sus páginas un marcador.
Como una frontera de papel que impide a las tramas seguir cuando no estamos nosotros.
Me lo contó un librero que de tan anciano parecía inmortal.
 Uno que tenía a la vuelta de Corrientes una librería que sonaba como un galeón con todos los mares en sus cuadernas.
Decía que por eso nos costaba tanto recuperar el curso cuando no poníamos una señal: no porque perdiéramos la memoria del último párrafo, sino porque de una noche para otra, las palabras habían pasado horas jugando y nunca se volvían a colocar igual.
 No es nuestra mala cabeza la que borra la última frase; es que la última frase ya no vuelve a estar.

 

Por supuesto, no creí nada.
 Mi joven personalidad estaba construida sobre un escepticismo todavía intacto.
Era un chaval cuando mi tío me contó aquella historia que parecía una más de sus ensoñaciones. Un delirio de su fe por la literatura.
 Es la vida, Rodrigo, es la vida, decía. Ya lo comprenderás.
Por alguna razón, nunca hice la prueba.
 Hasta ahora. Dejé en la mesilla de noche La Odisea sin ningún dique entre sus páginas
. Sin marcar. Al despertarme, eufórico, un tanto inquieto, busqué. Y dormía Ulises con una sirena sobre su pecho. Exhausto y feliz.
 Los mechones de la muchacha enredados en sus dedos de navegante, como solo lo había estado durante mucho tiempo el agua del mar. Cerré el libro asustado.
Y dudé si dejar al héroe disfrutar de aquella carne que no tenía que haberle pertenecido o devolverle a su mástil, a su viaje y a su realidad.
 Y, al final, puse la marca. Unas páginas antes. Como si me hubiera inventado una máquina del tiempo textual.
Durante toda la semana me he dedicado a juguetear.
 Dejo libros a medio leer y los sepulto en las estanterías, para que vivan sus aventuras en la intimidad. Más allá de la indiscreta mirada del lector.
 He vuelto a abrir alguno y he encontrado a los personajes despeinados, algunos a medio vestir, con sonrisas que no procedían y complicidades recién estrenadas.
 Me produce un secreto placer saber que los libros existen más allá de mí.
 Que no me necesitan. Es un homenaje a mi tío, lector y voyeur.
 Tú eres apenas un crío, y como todos los niños crees que el mundo gira para ti.
 Y que los libros son porque tú los lees. Pero un día comprenderás y recordarás lo que te cuento
. Y ahora vete a por Ana Karenina.
 Vamos a darle a esa pobre infeliz una segunda oportunidad.Le traje la novela y la leyó.
 Y la dejó sin marcar. Solo años más tarde comprendí aquello que mi tío me contó. Lo que los libros hacen cuando no miramos.
 Lo que haría cualquiera.
 Vivir.

Esta España nuestra..........40 Años de la muerte de Cecilia............................. DOLORES, ASUNCIÓN, JORGE y TERESA SOBREDO

Se cumplen 40 años de la muerte Cecilia, cuyos temas han sido utilizados políticamente.

La cantante Cecilia.
Hoy se cumplen 40 años del accidente de tráfico que segó la vida de Evangelina Sobredo Galanes, nuestra hermana, cuando regresaba con sus músicos de dar un concierto en Vigo.
 La noticia del fallecimiento de Cecilia, que tal era su nombre artístico, y el de su batería Carlos de la Iglesia, en Colinas de Trasmonte (Zamora), conmocionó al mundo de la música.
 EL PAÍS, con apenas tres meses de vida, dio cuenta de ella, como el resto de la prensa nacional.
No es este el lugar para describir el tremendo vacío que su desaparición dejó en nuestra familia, pero sí queremos sus hermanos, en este aniversario, evocar su legado musical e intelectual.
Cecilia no había cumplido 28 años cuando falleció, pero había compuesto e interpretado casi un centenar de canciones con letras que exploran todos los registros, desde los más provocadores hasta los más tiernos
. Paradójicamente, o quizá no tanto, en los años del tardofranquismo florecía la música de cantautor, y ya Serrat había compuesto la difícilmente superable Mediterráneo
. Pero nuestros cantautores de esa época estaban influidos por los maestros de expresión francesa (Brassens, Brel, Moustaki...) mientras que Cecilia, por su educación estadounidense, traía aires transoceánicos (Bob Dylan, Paul Simon, Joan Baez…), aunque componía con un estilo original, incluso cuando lo hacía en inglés, idioma en el que era capaz de escribir en versos acrósticos, como hizo en alguna estrofa de su enigmática Lady in the Limousine.
Las letras de sus canciones, bastante transgresoras para la España de Franco (Dama, dama, Me quedaré soltera, Si no fuera, Un millón de sueños, Un ramito de violetas, Mi querida España…), han trascendido a su tiempo.
 La de Un millón de sueños (“Ahora vivo a costa, de un millón de muertos[...]”) la obligó a declarar ante el Tribunal de Orden Público.
 Años después, por el magistrado que le tomó declaración, supimos el desconcierto que le produjeron las respuestas de aquella chica atrevida que le dijo que no había leído la novela de Gironella a la que parecía aludir la canción y que ella la única guerra que había conocido de cerca era la de los Seis Días, cuando toda la familia vivíamos en Jordania; 
el juez archivó la denuncia, aliviado, según dijo.
La huella indeleble de su música quedó reflejada en una crónica de Ramón Fernández Escobar publicada hace unos meses en EL PAÍS y titulada elocuentemente Eternamente Cecilia. 
 La letra de Un ramito de violetas fue utilizada ampliamente, por la coincidencia de fechas, durante la campaña de la consulta sobre el futuro político de Cataluña de 2014.
 Se puede no estar de acuerdo con algunos paralelismos trazados a partir de una canción compuesta en 1975, pero lo que es innegable es que Un ramito de violetas y su 9 de noviembre forman parte de nuestro imaginario colectivo.
En YouTube aparecen varias docenas de enlaces a Mi querida España. 
 Algunos llevan simplemente a las interpretaciones de la misma Cecilia, de Raphael, de Miguel Bosé, de Kiko Veneno y Rozalén… Otros, en cambio, conducen a versiones en las que algunas personas cuelgan de esta canción, en su versión original (como la que podemos oír en el CD Canciones inéditas, Ramalama, 2012), su propio mensaje: los que defienden la unidad de España y las víctimas del terrorismo, los descontentos con el Gobierno de Zapatero y los que quieren una España republicana, los que apoyan al juez Garzón y los indignados… 
Todos afirman, o sugieren: “Si Cecilia viviera, sería de los nuestros”.

Cuando, como acaba de declarar Alejandro Sanz, los españoles no nos hemos puesto de acuerdo ni para ponerle letra al himno nacional, muchos parecen reconocerse en la de esta canción (“Esta España viva, esta España muerta / […]Esta España nueva, esta España vieja / […]Esta España en dudas, esta España cierta / […]Esta España mía, esta España nuestra”), en la que Cecilia lanza un bello mensaje regeneracionista (“de tu santa siesta, ahora te despiertan versos de poetas”) que está intermitentemente presente en nuestra historia.
De los cientos de comentarios dejados por los youtuberos que visitan Mi querida España, este nos parece muy oportuno hoy: “Habría que ponérsela tanto a los que nos gobiernan como a los que nos quieren gobernar”.
Gracias, Eva. 
Cuarenta años después, tu personalidad y tus canciones nos siguen inspirando. 
Como cantaba Gilbert Bécaud: “Tu as bien traversé le temps”.

 Dolores, Asunción (Chu-Chú), Jorge y Teresa Sobredo son hermanos de Cecilia (Evangelina Sobredo Galanes).

 

1 ago 2016

Blanca Cuesta y Borja Thyssen no esperan su quinto hijo

La nuera de Tita Cervera ha desmentido tajantemente la noticia de su supuesto embarazo.Cada vez está más fea esa chica. Que pelos por dios!!

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