Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

24 jul 2016

Burundanga, la droga que anula la voluntad y no es una leyenda..................................... Iñigo Domínguez

La escopolamina se extiende en robos y violaciones por “sumisión química”, pero es difícil de detectar y apenas hay datos.

 
Jóvenes bailan en la pista de una discoteca after hours de Madrid.
No es una leyenda urbana la historia de una droga que le echan en la bebida a una mujer para luego abusar de ella, y ya ha llegado a ancianos intoxicados en pleno día a quienes sacan todo el dinero del cajero y de su casa.
 En los servicios de urgencia de los hospitales españoles se han familiarizado con este tipo de casos y una palabra, burundanga, nombre popular de la escopolamina, una sustancia que anula la voluntad, produce desinhibición y crea amnesia.
 Es la principal, aunque hay otras, y crece su uso por la facilidad con que se adquieren en Internet, a bajo precio.
 En algunos casos son plantas cuyas semillas venden portales de jardinería.
 Se ingiere sin ser percibida, oculta en bebidas, o incluso se inhala, soplada a la cara.
 Sus víctimas luego no recuerdan nada. Se llama “sumisión química”.
Es un tema delicado de abordar, porque puede crear un alarmismo excesivo y al mismo tiempo propagar esta técnica delictiva. 
En realidad es un fenómeno bien conocido en Colombia y otros países latinoamericanos, en robos y secuestros exprés, pero en España aún es subterráneo, y escurridizo, pues estas drogas desaparecen rápidamente del organismo y son difíciles de detectar en análisis.
 Por eso hay una brecha notable entre la experiencia médica en primera línea, el contacto con estos casos en urgencias, y los datos oficiales
. Apenas llega a los juzgados y a las estadísticas, oficialmente casi no existe. Portavoces del Cuerpo Nacional de Policía, del Instituto Nacional de Toxicología (INT) y, en Madrid, de la consejería de Sanidad, son escépticos y transmiten que son muy pocos casos.
 “Ha habido algún episodio en el pasado, pero en España la incidencia es prácticamente nula”, afirma un alto mando de la Policía judicial.
Sin embargo, el día a día en urgencias puede ser muy distinto: “Tenemos dos o tres casos al mes, y esto solo en este hospital, así que imagina en los 35 de Madrid y en el resto de España, si todos estuvieran sensibilizados y actuaran correctamente”, apunta Andrés Santiago, jefe de Medicina Legal del hospital Clínico San Carlos, uno de los principales de la capital y pionero en la comunidad en la concienciación del fenómeno. 
Si no se conoce, no se identifican los casos ni salta la sospecha en los servicios de urgencia. 
Pero los expertos estiman que el 20-30% de las agresiones sexuales se deben a sumisión química.
 También en algunos casos de menores. En el Clínic de Barcelona confirman este porcentaje. “El problema es certificarlo, llegas a esa conclusión más por el relato de las víctimas que por lo que puedes probar científicamente, que por desgracia es poco”, confirma el doctor Manel Santiñà, del centro barcelonés.
Es un problema del que se tiene constancia desde 2003, con sendos estudios de casos en el Clínic de Barcelona, tras una serie de robos, y la universidad de Santiago de Compostela. 
El centro catalán, de referencia en agresiones sexuales, introdujo en 2008 un protocolo específico para identificar estos casos.
 Los hospitales de la Comunidad de Madrid adoptaron uno similar en febrero de 2015.

Los síntomas de 30 sustancias

Sustancias usadas. Son 30, entre ellas, alcohol etílico, benzodiacepinas (flunitrazepam y alprazolam), hipnóticos (zolpidem, zopiclona), cannabinoides, analgésicos-anestésicos (ketamina, fentanilo, escopolamina o burundanga), barbitúricos, ácido Gamma Hidroxi Butírico (GHB), disolventes orgánicos y drogas de abuso (opiáceos, cocaína y alucinógenos).
Los síntomas. Amnesia completa o parcial, resaca desproporcionada, desinhibición, parálisis sin pérdida de conocimiento, agitación o alucinaciones, pérdida de conocimiento, alteración del juicio, disartria y alteraciones en el habla, mareo o vértigo, alteraciones visuales, alteraciones de la motricidad o del equilibrio, somnolencia, nauseas o vómitos, confusión, comportamiento inusual.
Qué hacer. Muchos casos no se denuncian por vergüenza o confusión de la víctima, sea por agresión sexual o robo, al no estar segura de lo que ha pasado.
 Los médicos aconsejan acudir a un hospital o denunciar en comisaría si a la persona no le cuadran las cosas, no recuerda bien lo sucedido o se nota raro. 
Si pasa demasiado tiempo la sustancia no deja rastro en el organismo y desaparece. En sangre, en seis horas, y en orina, doce, aunque pueden quedar restos una semana.
El hospital madrileño de San Carlos acaba de publicar una Guía de detección de la sumisión química, para uso del personal de urgencias
. Porque lo esencial es conocer el problema para que surja la sospecha ante algunos síntomas y poder así actuar rápidamente.
 La guía, que denota la preocupación ante un fenómeno infravalorado, se abre con estas palabras: “España está viviendo junto con los países de su entorno un incremento en el número de casos de intoxicaciones con una intención de agresión sexual o robo. 
Gobiernos, administraciones, instituciones, sociedades científicas y los profesionales van tomando conciencia de la necesidad de evaluar la situación y proponer acciones para la detección precoz”. El texto asegura que es “una situación relativamente frecuente, pero de difícil diagnóstico”. 

El problema clave a solucionar es precisamente ese, que la mayoría de los casos no pasan de ser una sospecha, por muy fundada que sea. 
 Raramente se traducen en denuncia con pruebas, porque hay que moverse rápido, desaparece de la sangre en 2-6 horas. 
En la orina, la mayor parte se elimina a las doce horas, pero puede llegar a localizarse hasta una semana después.
 Es decir, a menudo las víctimas se enfrentan al drama de no ser creídas. 
En los casos de violación se añade otra circunstancia adversa: que no presentan lesiones genitales porque la droga anula la resistencia. En cuanto a los ancianos, los síntomas de desorientación y pérdida se pueden atribuir a senilidad, a un ictus o accidentes cerebro-vasculares.
Por otro lado, el examen debe seguir un protocolo legal estricto, de cadena de custodia de las muestras.
 La escopolamina hay que ir a buscarla con un análisis específico. Además, la sumisión química también está subestimada en las leyes. 
En contra de las indicaciones de Naciones Unidas y a diferencia de algunos países europeos, el código penal español no la considera un agravante y la incluye en el supuesto de abuso sexual son consentimiento, pero sin violencia o intimidación.
No solo es significativa la incidencia, también los métodos. 
En algunos hospitales madrileños, el de Henares y otros, revelan fuentes médicas, atendieron en 2015 casos sorprendentes de ancianos extraviados.
 Les habían robado pero no recordaban nada. La novedad es que se sospecha que la intoxicación fue a través de la piel: con folletos de publicidad repartidos en la calle e impregnados con burundanga. Luego se acercaba alguien, les pedía dinero y se lo daban, o se dejaban acompañar a casa.
 Otra técnica sería con cremas hidratantes.
La intoxicación cutánea es un punto controvertido, no todos los expertos la creen posible. “Es difícil de probar, pero hemos tenido sospechas en varios casos y puede suceder, estas sustancias se absorben fácilmente”, afirma Helen Dolengevich, psiquiatra y coordinadora del libro Nuevas drogas psicoactivas, publicado en 2015
No obstante, la Policía asegura no tener constancia de ningún caso y María Antonia Martínez, del Servicio de Drogas del Instituto Nacional de Toxicología, afirma que es “casi ciencia ficción”. 
Lo mismo opinan en el Clínic de Barcelona: “Es un mito, siempre es por ingestión”. 
Santiago cree que deberían ser dosis muy altas para tener efecto.

“Saldrán más casos, en unos años será un problema asumido”

“El tiempo nos está dando la razón, con indicadores de sospecha y personal bien entrenado en urgencias se consigue sacar a la luz los casos. 
La clave es sensibilizar al personal sanitario y a jueces y fiscales. La meta es lograr que la gente vaya al hospital o denuncie si sospecha los síntomas. 
En dos o tres años será algo generalizado, un problema conocido y asumido”, opina Andrés Santiago, jefe de Medicina Legal del hospital San Carlos de Madrid.
Uno de los obstáculos para tomar conciencia del fenómeno es la ausencia de datos. 
Acaban aflorando en publicaciones y congresos: un estudio de 306 casos de agresiones sexuales en Madrid entre 2010 y 2012 concluyó que un tercio, 107, podían haber sido víctimas de estas sustancias.
Solo llegan a los medios casos extremos o llamativos.
 Dos jóvenes muertos en 2011 en una fiesta en Getafe habían tomado burundanga.
 Un violador arrestado en 2012 en Madrid se hacía pasar por chamán y sometía a sus víctimas con esta sustancia.
 A veces las víctimas son menores: el pederasta de Ciudad Lineal, detenido en 2014, usaba golosinas con Orfidal, que contiene benzodiacepinas, otra sustancia muy usada.
Esta semana ha comenzado en Granada el juicio a dos hombres acusados de agresión sexual a una mujer en 2013 que, según la fiscalía, habrían usado escopolamina.
 La víctima, de 40 años, casada y con tres hijos, salió a una cena de empresa y regresó al día siguiente en estado de confusión, "como si viniera de una orgía", en palabras de su marido.
 Contó que había tomado dos copas en una discoteca. 
Los dos acusados le invitaron a la última y luego mantuvo relaciones con ellos.
 Ambos aseguran que fueron consentidas. Los análisis de sangre, orina y cabello no detectaron ninguna sustancia en la mujer, pero la fiscalía sostiene que el relato de la mujer es creíble y compatible con un caso de sumisión química.


 

Manuela y un señor de Murcia.......................................................... Miguel Ángel Noceda

Trinitario Casanova, el empresario que ha adquirido el Edificio España de Madrid, tiene pendiente una cita con la alcaldesa Carmena, que no lo tiene contemplado en su agenda.

En Ninette y un señor de Murcia, Miguel Mihura presenta a un sencillo ciudadano de esta ciudad que se va a París en busca de experiencias y se enamora de una parisina, hija de emigrantes españoles dueños de la pensión en la que se hospeda, con la que se acaba casando y viviendo en la ciudad española. 
No parece ser ese el caso de Trinitario Casanova, otro señor de Murcia que de ingenuo parece tener poco
. Casanova acaba de irrumpir en todos los huecos informativos nacionales por la compra del edificio España en la capital a la firma china llamada Wanda, que había llegado con el mismo jaleo mediático y con muchas promesas y esperanzas (añadidas en este caso por su entrada en el capital del Atlético de Madrid).
No es la primera vez que esta persona de nombre pegadizo penetra en Madrid, pero ahora se lanza a por un edificio emblemático, cuyo futuro está muy controlado por el Ayuntamiento.
 Casanova lleva tiempo analizando su compra y negociando con el magnate chino Wang Jian Lin, propietario de Wanda; pero no se ha visto con la alcaldesa, Manuela Carmena, en cuya agenda tampoco contempla ninguna reunión en las próximas fechas. Ahora, tras el acuerdo, tiene pendiente solicitar una entrevista, según fuentes de su entorno.

De momento, el empresario, casi desconocido en la capital más allá de los círculos empresariales en los que siempre se ha movido, ha limitado las relaciones al concejal de Urbanismo, José Manuel Calvo, que ya le ha transmitido a Casanova cuáles son las líneas rojas que debe respetar en los sondeos que se supone ha realizado. Es decir, principalmente, respetar la fachada que perfila la plaza de España de la capital y que se ha convertido en un tema tabú.
 Su proyecto, según las fuentes, contempla la posibilidad de subarrendar los negocios hotelero y residencial a expertos en la materia
. Esa es la parte clave para los intereses de este empresario, que de momento ha depositado un millón de euros de los 272 millones comprometidos, siete más de lo que pagó Wanda en 2014 al Banco Santander.
Una operación tan importante para la fisonomía de Madrid no puede limitarse a un acuerdo privado.
 Por eso, los responsables municipales están al acecho.
 Este hombre que se mueve en avión privado se ha presentado en la capital con un rostro de hombre constructivo y emprendedor; pero en el seno del Consistorio no dejan de preocuparse por su pasado, relacionado con la cultura del pelotazo, que tanto se ha asimilado al sector inmobiliario, y que ha sobrevivido a la crisis con holgura. Pero no es santo de devoción dentro del sector, donde recuerdan que siempre ha estado rodeado de polémica, y eso trasciende en el Ayuntamiento.
Hace un mes fue condenado a un año de cárcel por haber difundido falsos rumores de una opa en el Banco Popular en 2008
Su entramado de empresas tenía como cabeza al Grupo Hispania, que vendió al empresario José Ramón Carabantes en 2008 por 650 millones.
 Precisamente, aquella operación incluía la participación del 3,5% del Banco Popular y, precisamente, hace un mes fue condenado a un año de cárcel por haber difundido falsos rumores de una opa en el Banco Popular para aumentar el precio de las acciones en 2008. El rumor provocó una fuerte volatilidad en los títulos del Popular y minusvalías para varios accionistas, que llevaron el tema a los tribunales. 
La condena del mes pasado le inhabilita, además, para intervenir en el mercado financiero "como actor, mediador o informador" durante un año. También pasó por los juzgados por el caso Zarrichera de presunta corrupción en la urbanización de unos terrenos protegidos en el municipio de Águilas (Murcia), en la que se proyectaron viviendas, hoteles de lujo y un campo de golf, que paró un juez.
 Casanova pagó en 2004 a través del Grupo Hispania 10 millones de euros, un dinero que en 12 meses multiplicó por 15 al vender el terreno en 150 millones.

Un hombre hecho a sí mismo con buenas relaciones

M. Á. N.
Trinitario Casanova es uno de esos hombres hechos a sí mismos sin ningún tipo de preparación académica y de los que cada vez quedan menos en el universo empresarial. 
Casanova nació en la tierra de Miguel Hernández, Orihuela, donde nació en 1964, pero se instaló en la vecina Murcia donde se licenció en el ladrillo y donde conectó pronto con los poderes regionales (en la foto con el entonces consejero de Obras Públicas de la Comunidad de Murcia, Joaquín Bascuñana, durante una corrida de toros en 2005). 
Después dio el salto a la esfera nacional a través de varias empresas (de hecho, aparece ligado a 55 sociedades en el registro mercantil) en las que diversificó en diferentes negocios: prensa, aviación, promoción de centro comerciales y de conciertos, explotaciones agrícolas… 
En ellos se desenvolvió con mayor o menor éxito hasta aterrizar en Madrid, donde adquirió terrenos en Valdebebas y en la Gran Vía madrileña con la compra de una sucursal a Bankia por 20 millones que luego vendió por 2,5 millones más.
Siempre más de lo mismo, un señor sin preparación académica a ser posible de origen humilde hacen un Imperio ecónómico salido de la nada y barajan cifras que no se ganan con un sueldazo, ni trabajando, algo así como otro "mauro" millonario a tope Amancio Prada. Si empiezan con una tiendita ¿Cómo acaban llenos de edificios emblemáticos?

 
Manuela Carmena. EFE

 

23 jul 2016

El éxito de la antipatía.................................................... Javier Marías

Hay millones de individuos que no profesan la menor simpatía a la simpatía, ni a los buenos sentimientos, ni a la tolerancia ni a la comprensión.

De vez en cuando ocurre.
 La mayoría de las personas con una dimensión pública, sobre todo políticos en campaña (pero no sólo), tratan de ser simpáticos y agradables por encima de todo
. Sonríen forzadamente, procuran tener buenas palabras para todo el mundo, incluidos sus contrincantes y aquellos a quienes detestan; estrechan manos, acarician a los desheredados y a los niños, se prestan a hacer el imbécil en televisión y no osan rechazar un solo gorro o sombrero ridículos que les tienda alguien para vejarlos; intentan parecer “normales” y “buena gente”, uno como los demás, y su idea de eso es jugar al futbolín, berrear en público con una guitarra, tomarse unas cervezas o bailotear. 
 Supongo que están en lo cierto, y que a las masas les caen bien esos gestos, o si no no serían una constante desde hace décadas, en casi todos los países conocidos. 
Y no veríamos a la pobre Michelle Obama cada dos por tres, canturreando un rap, haciendo flexiones o participando en una carrera de dueños de perros por los jardines de la Casa Blanca.
 Pero hay algo que no se compadece con estas manifestaciones de campechanía y “naturalidad”, que las más de las veces resultan todo menos naturales.
 (De hecho la simpatía verdadera no se suele percibir más que en alguna ocasión extraordinaria; en casi todos los personajes públicos se ve impostada, mero fingimiento, artificial.) 
Y la contradicción es esta: un número gigantesco de los tuits y mensajes que se lanzan a diario en las redes son todo lo contrario de esto.
 Comentarios bordes o insolentes, críticas despiadadas a lo que se tercie, denuestos e insultos sin cuento, maldiciones, deseos de que se muera este o aquel, linchamientos verbales de cualquiera –famoso o no– que haya dicho o hecho algo susceptible de irritar a los vigilantes del ciberespacio o como se llame el peligroso limbo.

 

Pero hay algo que no se compadece con estas manifestaciones de campechanía y “naturalidad”, que las más de las veces resultan todo menos naturales. (De hecho la simpatía verdadera no se suele percibir más que en alguna ocasión extraordinaria; en casi todos los personajes públicos se ve impostada, mero fingimiento, artificial.) Y la contradicción es esta: un número gigantesco de los tuits y mensajes que se lanzan a diario en las redes son todo lo contrario de esto. Comentarios bordes o insolentes, críticas despiadadas a lo que se tercie, denuestos e insultos sin cuento, maldiciones, deseos de que se muera este o aquel, linchamientos verbales de cualquiera –famoso o no– que haya dicho o hecho algo susceptible de irritar a los vigilantes del ciberespacio o como se llame el peligroso limbo.
Millones de individuos no profesan la menor simpatía a la tolerancia y la comprensión
Eso indica que hay millones de individuos que no profesan la menor simpatía a la simpatía, ni a los buenos sentimientos, ni a la tolerancia ni a la comprensión. Millones con mala uva, iracundos, frustrados, resentidos, en perpetua guerra con el universo. 
Millones de indignados con causa o sin ella, de sujetos belicosos a los que todo parece abominable y fatal por sistema: lo mismo execrarán a una cantante que a un torero (a éstos sin cesar), a un futbolista que a un escritor, a una estudiante desconocida objeto de su furia que al Presidente de la nación, tanto da.
 Cierto que la inmensa mayoría de estos airados vocacionales sueltan sus venenos o burradas sin dar la cara, anónima o pseudónimanente, lo cual es de una gran comodidad. 
Su indudable existencia explica tal vez, sin embargo, el “incomprensible” éxito que de vez en cuando tiene la antipatía, cuando alguien se decide a encarnarla.
Puede que al final el fenómeno quede en anécdota, pero ya han transcurrido muchos meses desde que el multimillonario Donald Trump inició su carrera para ser elegido candidato republicano a la Presidencia de los Estados Unidos, precisamente el país más devoto de la simpatía pública, posiblemente el que la inventó y exigió.
 Si se mira a Trump con un mínimo de desapasionamiento, no hay por dónde cogerlo.
 Su aspecto es grotesco, con su pelo inverosímil y unos ojos que denotan todo menos inteligencia, ni siquiera capacidad de entender. Su sonrisa es inexistente, y si la ensaya le sale una mueca de mala leche caballar (ay, esos incisivos inferiores).
 . Sus maneras son displicentes sin más motivo que el de su dinero, pues no resulta ni distinguido ni culto ni “aristocrático”, sino hortera y tosco hasta asustar
. En el pasado hizo el oso en un programa televisivo en el que su papel principal consistía en escupirles a los concursantes, con desprecio y malos modos: “¡Estás despedido!”, para regocijo de la canalla que lo contemplaba.
 El resto ya lo saben: como precandidato, ha denigrado a los hispanos sin distinción; a los musulmanes les quiere prohibir la entrada en su país, hasta como turistas; se ha mofado de un veterano de Vietnam por haber caído prisionero del enemigo; ha llamado fea a una rival, ha ofendido a la policía británica y ha lanzado groserías a una entrevistadora en televisión, y no cabe duda de que seguirá.
 Lejos de desinflarse y perder popularidad, ésta le va en aumento. Las nominaciones no están tan lejos, y hoy nadie puede jurar que el candidato republicano no será Trump.
 Si así ocurriera, y aunque después fuera barrido por Hillary Clinton o quien sea, la advertencia y el síntoma son para tomárselos en serio. 
Hay épocas en las que se venera lo desagradable, lo antipático, lo faltón y lo farruco, la zafiedad y la brutalidad, el desdén, el desabrimiento, el trazo grueso y la arbitrariedad.
 En las que el razonamiento está mal visto, no digamos la complejidad, la sutileza y el matiz.
 Hemos tenido ya prueba de ello en los duraderos éxitos de Berlusconi y Chávez, y aun del imitamonas Maduro en menor grado.
 También en el de Putin, aunque éste sea más disimulado
La penúltima vez que alguien no disimuló en el mundo occidental, que se permitió no ser hipócrita y esparcir ponzoña y anatemas contra quienes quería exterminar, bueno, casi los exterminó.
 El exceso de empalago trae a veces estas reacciones ásperas, y entonces los furibundos –son millones y ahí están, no haciéndose ver pero sí oír, y a diario– aplauden con fervor y votan al que se atreve a prestarles su rostro y a representarlos. 
Al energúmeno que por fin da la estulta cara por ellos.

Mirando hacia atrás con Ira..............o no