Las infidelidades financieras son bastante más habituales de lo que se piensa dentro de la pareja.
¿Por qué termina una relación?
En innumerables ocasiones, una traición es la culpable de la ruptura. Pero no hace falta que irrumpa otro hombre o mujer para que se
desencadene esa horrible sensación de despecho y decepción que siempre
acompaña el engaño. Para muchas personas, descubrir que su pareja le ha
ocultado gastos o se ha callado otros aspectos relacionados con el dinero, ha sido la razón para poner un punto final al idilio o, por lo menos, replantearse las bases de la vida en común.
Las mentiras económicas en la pareja no son episodios ocasionales ni
aislados. Solo en Estados Unidos, dos de cada cinco personas han
cometido alguna “infidelidad financiera” hacia su marido o mujer, según
el último estudio publicado por el National Endowment for Financial Education (NEFE), fundación sin ánimo de lucro que se dedica a promover la educación financiera en el país. “Entre los expertos no solo se habla de la infidelidad emocional y física, también de la económica”, asegura Trinidad Bernal, doctora en psicología y mediadora .
“Hay ocultamiento si tenemos otra relación o sentimos algo por otra
persona, así como si abrimos una cuenta bancaria a escondidas”. De
acuerdo con los resultados de una encuesta publicada en 2014 por Ashley
Madison, la conocida plataforma de contactos para adúlteros, más del
40% de los españoles consideraría la infidelidad financiera peor que la
emocional.
¿Por qué se miente?
Bernal confiesa que los engaños en materia económica son el detonante
de muchísimas separaciones. Pese a ello, el 26% de los españoles
considera normal que existan “secretos financieros” dentro de la pareja,
según refleja la Encuesta Internacional sobre Ahorros publicada por ING Direct
del año pasado. El estudio, llevado a cabo entre 13.000 personas en 13
países europeos, apunta a que la media de la zona está incluso por
encima de este porcentaje, al situarse en el 31%, solo un punto por
debajo de la estadounidense (32%). En este aspecto, los campeones de
infidelidad son los franceses: casi la mitad está de acuerdo con que no
hay nada raro si los cónyuges se ocultan información acerca de sus
finanzas personales.
Un 13% de los europeos desconoce cuánto gana exactamente su pareja
El engaño tiene diferentes facetas, desde ocultar una compra o una cuenta bancaria, hasta mentir sobre deudas e
ingresos: hasta el 13% de los encuestados por ING dijo desconocer
cuánto gana exactamente su pareja. Las consecuencias, sin embargo,
siempre son las mismas: de acuerdo con NEFE, un tercio de los
entrevistados admitió haber discutido a causa de este problema y un
porcentaje similar aseguró sentirse avergonzado o asustado por haber
engañado a su pareja. “La mentira casi siempre tiene un fin: evitar un
castigo o un control, y cuando se descubre, se recibe el castigo o se
establece el control que se quería evitar”, desglosa el psicólogo José Antonio García Higuera. “Además, se resiente la relación porque se pierde la confianza, y
aparece la pregunta: ‘¿No me estarás mintiendo u ocultándome algo’?”
Entonces, ¿por qué se miente? “Tiene mucho que ver con el miedo a ser
juzgados de forma negativa”, mantiene Bernal. Sobre todo cuando la
pareja no coincide en sus metas económicas y objetivos de ahorro, los engaños y los secretos se multiplican. “Hasta se puede llegar a mentir sobre asuntos tan importantes como contratar una hipoteca o solicitar un préstamo, que se hace a escondidas porque se teme que el otro vaya a impedirlo”. Según Miguel Ángel Ramos, vicepresidente de la Asociación de Estudios Psicológicos y Sociales,
no importa de cuánto dinero se trate. “El engaño es ya de por sí un
indicador de que la pareja no tiene una base sólida”, mantiene. “Uno
de los principales pilares de una relación es la confianza: si te fías
de tu pareja no piensas que pueda estar con otra persona, y de la misma
manera no concibes que se está gastando dinero a escondidas”.
Las mentiras tienen las patas cortas
La infidelidad financiera puede tener consecuencias de envergadura
superior a una discusión o una separación consensuada, sobre todo cuando
la pareja se ha dado el sí y para unirse en matrimonio y decide divorciarse.
En este supuesto, habrá que ver qué régimen económico regula su enlace:
en la gran mayoría de los casos será el de gananciales —sistema que por
defecto se aplica en casi toda España—, y que convierte en meramente
superfluo el haber escondido eventuales ganancias o deudas cuando llegue
el momento de rendir cuentas.
En régimen de gananciales, el cónyuge que oculta dinero al otro le está robando
“En gananciales, el cónyuge que oculta está alzando bienes
del otro. Es decir, lo que oculta se lo está robando a su pareja”,
resume Jesús Rodríguez, abogado y profesor titular de derecho civil en
la Universidad Rey Juan Carlos. Esto porque en gananciales se comparte todo al 50%, salvo los bienes
privativos como donaciones o herencias. En separación de bienes, por
otro lado, cada cónyuge tiene que hacer una aportación a la sociedad
conyugal en proporción de sus ingresos, ya que sus patrimonios se mantienen separados. Aunque el dinero esté muy bien escondido, en caso de contencioso se puede solicitar una declaración patrimonial para descubrir si el cónyuge sospechoso está
ocultando bienes y dónde se encuentran. “De hecho, hay quien pacta de
antemano la indemnización en caso de divorcio a través de acuerdos
prematrimoniales, para evitar estas situaciones”, dice Rodríguez. “La infidelidad económica depende de los valores de cada uno”, dice
Bernal, “y lo importante es que haya sinceridad también cuando se habla
de dinero”. Hay temas que no son tan románticos, pero hay que tomarlos
en cuenta, recuerda Ramos: “El romanticismo le ha hecho un flaco favor
al amor: el enamoramiento es fundamental, pero luego hay que coger pico y
pala y ponerse a trabajar”. Algo que no siempre resulta fácil.
La ruina
persigue a los que se meten en la piel del Rey de los Monos:
psiquiátricos, mala suerte, marginación... Uno llegó a casarse con la
baronesa Thyssen.
Johnny Weissmuller
llevando a cabo el famoso grito de Tarzán. También lo gritaba en los
pasillos del psiquiátrico donde ingresó. Cordon
Hace casi 100 años comenzó la saga más longeva del cine: las
aventuras de Tarzán han sido narradas nada menos que en 56 películas. El
creador del personaje, Edgar Rice Burroughs (Chicago, 1875 –
California, 1950), escribió 25 novelas al mismo ritmo que sus
adaptaciones cinematográficas arrasaban en la taquilla.
A lo largo del
último siglo, Tarzán se ha mantenido como un símbolo y un espejo en el
que la sociedad occidental posrevolución industrial se ha examinado a sí
misma.
Como en los actuales éxitos de Marvel, el personaje está por encima
del actor (Spiderman va por su tercer Peter Parker en 15 años) y el
cuerpo es solo un vehículo para recrear al héroe que todo el mundo
conoce.
Tarzán ha tenido 21 rostros (y torsos) distintos y la mayoría
tienen algo en común: el mito devoró al hombre.
Arruinados, olvidados y
trastornados, los actores que conocieron la gloria saltando de liana en
liana en taparrabos acabaron lamentando el día que aceptaron encarnar al
Rey de los Monos.
Johnny Weissmuller: acabó emulando el grito de Tarzán en un psiquiátrico
El Tarzán más famoso de la historia acabó en un hospital
psiquiátrico, con una de esas vergonzantes batas que dejan ver el
trasero, escupiendo a otros pacientes y emulando su grito de Tarzán por
los pasillos.
La gran preocupación de su cuarta mujer, que le acompañó
hasta su muerte, era que nadie le fotografía en ese estado de locura. Y
lo consiguió.
Nacido en 1904 en Rumanía (cuando todavía era el Imperio
Austro-húngaro), el nadador Johann Weißmüller estaba destinado a la
gloria
. Los 67 récords mundiales que batió a lo largo de su carrera y
los 5 oros olímpicos le permitieron retirarse en 1929 como el mejor
nadador del siglo XX: nunca había sido vencido.
Rebautizado como Johnny Weissmuller firmó un contrato de 7 años, tal y como regían las reglas de Hollywood, que inauguró con Tarzán de los monos
(W.S. Van Dyke, 1932).
El éxito fue tan colosal que La Metro Goldwyn
Mayer no le dejó interpretar a otro personaje.
El icónico grito de
Tarzán empezó siendo una mezcla de tres vocalistas, pero Weissmuller
acabó siendo capaz de reproducirlo de forma natural (tal y como
comprobarían todos los pacientes del hospital donde pasó sus últimos
días) y a día de hoy sigue siendo utilizado como el canon.
El afán del exnadador y estrella por demostrar otras facetas como
actor quedó frustrado al abandonar la saga de Tarzán solo para verse
atrapado en otra serie sobre un aventurero en la jungla: Jim de la selva.
Entre 1948 y 1954 Weissmuller protagonizó 13 películas sobre Jim de la
selva, rodadas de dos en dos en estrictos plazos de 20 días.
Nueve jornadas de rodaje para cada película (con dos días de descanso en
medio) que daban lugar a películas baratas casi de videoaficionado.
Cuando se retiró del cine, Johnny invirtió sus ganancias en diversas
empresas, como una de construcción piscinas que le terminó arruinado, a
lo cual no ayudaron sus tres divorcios en 15 años. Retirado en Acapulco,
México (donde murió, en 1984, con 79 años), Weissmuller sufrió en la
vida la derrota que no había conocido como nadador.
Elmo Lincoln: fue el primero, fracasó y se hizo minero
La llegada del cine sonoro arruinó la carrera y la vida de todos esos
actores que eran muy expresivos pero no sabían hablar.
El primer Tarzán
mudo del cine (Tarzán de los monos, Scott Sidney, 1918) fue
Elmo Lincoln (Indiana, 1889- Los Ángeles, EE. UU., 1952), que sufrió
todo tipo de censura por sus imágenes violentas y por los planos de
negros mirando lascivamente a Jane o llevándola en brazos.
Pero fue un
éxito en taquilla y dio dos secuelas.
Lincoln se retiró del cine con la
llegada del sonido y, tras probar suerte como minero, se propuso volver a
trabajar en Hollywood.
Pero nadie le estaba esperando y solo consiguió
papeles como extra. Elmo Lincoln apareció en Tarzán contra el mundo (1942) y Tarzán y la fuente mágica (1949) acreditado como "peón de circo" y "pescador reparando su red" respectivamente.
Lex Barker: vida de 'playboy', boda con la baronesa Thyssen y suicidios
En España, Lex Barker (Nueva York, 1919-1973) es más famoso por ser
el marido que convirtió a Tita Cervera en bígama al casarse con
Espartaco Santoni cuando aún no estaba legalmente divorciada de Lex.
Pero además de eso fue Tarzán.
Con solo cinco películas, estrenadas
entre 1949 y 1953, Barker se convirtió en el Tarzán más famoso del siglo
junto con Johnny Weissmuller.
En cuanto se deshizo del personaje abrazó
la vida de playboy y encadenó un matrimonio con otro.
Su
tercera mujer fue Lana Turner y la quinta una Miss España llamada Carmen
Cervera que pasaría a la historia de la vida social y cultural de
nuestro país como la baronesa Thyssen. ¿Qué hace en esta lista de señores desdichados? Cada matrimonio acabó peor que el anterior.
Tita Cervera (quinta
mujer del actor) acabó lanzando las cenizas de Lex Barker al mar
Mediterráneo desde su chalet de Sant Feliú de Guíxols (Gerona).
La hija de Lana Turner le acusó de abusos sexuales cuando ella tenía
entre 10 y 13 años, lo cual terminó con Turner echándole de casa a punta
de pistola.
Ese mismo año Lex se casó con una actriz suiza, Irene
Labhardt, que se suicidaría 5 años después.
Su última esposa fue Tita
Cervera y aunque se divorciaron en 1972 una confusión administrativa
declaró el divorcio como no válido.
Cuando en 1973 Lex Barker se dirigía
a ver a la que iba a ser su sexta esposa, la actriz Karen Kondazian,
murió de un infarto y las cenizas fueron enviadas a la que legalmente
seguía siendo su mujer
. Tita tiró las cenizas al Mediterráneo desde su
chalé en la localidad gerundense de Sant Feliú de Guíxols. Y adiós Lex.
James Pierce: el Rey de los Monos con más mala suerte
El escritor y creador de Tarzán, Edgar Rice Burroughs, quedó tan
impresionado con la virilidad de James Pierce (Indiana, 1900-
California, 1983) que le convenció para encarnar al héroe de la jungla.
Un año más tarde, James protagonizaba Tarzán y el león dorado
(J. P. McGowan, 1927) y se casaba con la hija de Burroughs, Joan.
Todo
iba sobre ruedas.
Solo un dato que luego resultaría letal: para poder
rodar la película, Pierce tuvo que renunciar a protagonizar Alas (William A. Wellman, 1927)
. El destino de ambas películas fue radicalmente opuesto: Tarzán y el léon dorado desapareció (literal) y el actor se pasó toda su vida buscando una copia, que solo apareció tras su muerte; sin embargo, Alas
pasó a la historia como la primera ganadora del Oscar y convirtió en
una leyenda al joven actor que sustituyó a James Pierce.
Un muchacho
llamado Gary Cooper. Sí, muy mala suerte la de James Pierce.
Frank Merrill: gritaba bien, hablaba mal
El destino puede ser muy sádico y más en Hollywood, donde todo el
mundo es reemplazable
. Frank Merrill (Nueva Jersey, 1893-1966) fue el
primer actor que entonó el emblemático grito de la victoria de Tarzán.
Lo hizo para doblar al pobre Elmo Lincoln, pero Frank acabó corriendo su
misma suerte
. Tras protagonizar un par de aventuras (Tarzan The Mighty y Tarzan The Tiger, en 1928 y 1929) fue despedido porque, aunque el grito le salía imponente, su voz no era adecuada para el cine sonoro.
Jock Mahoney se contagió de disentería durante el rodaje de 'Los tres desafíos de Tarzán' (1963). Getty
Jock Mahoney: enfermó, perdió 20 kilos y le despidieron
Aunque irrumpió en la saga como el villano de Tarzán el magnífico (Robert Day, 1960), su imponente envergadura física le llevó a encarnar al héroe en Tarzán en la India (1962) y Los tres desafíos de Tarzán
(1963).
Durante el rodaje de esta última en Tailandia, Mahoney contrajo
disentería y la fiebre del dengue. Debido a su enfermedad Jock perdió
20 kilos y la Metro Goldwyn Mayer rescindió su contrato.
Christopher Lambert: palos de ciego
En los 80 parecía destinado a ser una estrella.
Su encarnación de Tarzán en Greystoke. La leyenda de Tarzán, rey de los monos
(porque no cabían más palabras en el póster), dirigida por Hugh Hudson
en 1984, logró tres nominaciones al Oscar y devolvió al mito a su
concepción original en las novelas de Burroughs: ya no era un ser humano
torpe y sin habilidades sociales sino una criatura con asombrosas
destrezas y capacidad de aprender.
Lambert se convirtió en uno de esos actores admirados por padres, madres, niños y abuelos.
Los inmortales (Russell Mulcahy, 1986) fue un fenómeno de
taquilla y Lambert se convirtió en uno de esos actores admirados por
padres, madres, niños y abuelos.
Su suerte acabó ahí, tras sólo dos años
de gloria
. La carrera de Christopher Lambert se hundió en productos
baratos que nunca se estrenaban en cines y su miopía galopante le obligó
a rodar sus películas sin ver prácticamente nada, ya que no le dejan
rodar con gafas.
El resultado han sido multitud de caídas y accidentes
que han ido mermando su estado físico.
Casper Van Dien sobrevaloró su talento y su carrera se fue a pique.
Casper Van Dien: 12 años en el olvido (y ahí sigue)
Un año antes de que Disney trajese al héroe al siglo XXI en dibujos animados (Tarzán, de 1999), Tarzán y la ciudad perdida
(Carl Schenkel, 1998) se propuso recuperar el espíritu de folletín de
aventuras para el domingo por la tarde.
Supuestamente era una secuela de
Greystoke, sustituyendo a Christopher Lambert por un Tarzán
forjado con batidos de proteínas.
Casper Van Dien (Florida, 1968) había
protagonizado Starship Troopers (Paul Verhoeven, 1997) y creyó
estar por encima de su secuela, la cual rechazó en 2004.
Su carrera se
fue a pique y en 2008 aceptó desesperado la tercera parte, Starship Troopers. Armas del futuro, que se estrenó directamente en dvd.
Ese parece ser su terreno, pues lleva 12 años sin estrenar nada en cines.
Johnny Weissmuller
llevando a cabo el famoso grito de Tarzán. También lo gritaba en los
pasillos del psiquiátrico donde ingresó. Cordon
Hace casi 100 años comenzó la saga más longeva del cine: las
aventuras de Tarzán han sido narradas nada menos que en 56 películas. El
creador del personaje, Edgar Rice Burroughs (Chicago, 1875 –
California, 1950), escribió 25 novelas al mismo ritmo que sus
adaptaciones cinematográficas arrasaban en la taquilla. A lo largo del
último siglo, Tarzán se ha mantenido como un símbolo y un espejo en el
que la sociedad occidental posrevolución industrial se ha examinado a sí
misma.
Como en los actuales éxitos de Marvel, el personaje está por encima
del actor (Spiderman va por su tercer Peter Parker en 15 años) y el
cuerpo es solo un vehículo para recrear al héroe que todo el mundo
conoce. Tarzán ha tenido 21 rostros (y torsos) distintos y la mayoría
tienen algo en común: el mito devoró al hombre. Arruinados, olvidados y
trastornados, los actores que conocieron la gloria saltando de liana en
liana en taparrabos acabaron lamentando el día que aceptaron encarnar al
Rey de los Monos.
Johnny Weissmuller: acabó emulando el grito de Tarzán en un psiquiátrico
El Tarzán más famoso de la historia acabó en un hospital
psiquiátrico, con una de esas vergonzantes batas que dejan ver el
trasero, escupiendo a otros pacientes y emulando su grito de Tarzán por
los pasillos. La gran preocupación de su cuarta mujer, que le acompañó
hasta su muerte, era que nadie le fotografía en ese estado de locura. Y
lo consiguió.
Johnny Weissmuller, el Tarzán más famoso de la historia, acabó retirado en Acapulco (México). Cordon
Nacido en 1904 en Rumanía (cuando todavía era el Imperio
Austro-húngaro), el nadador Johann Weißmüller estaba destinado a la
gloria. Los 67 récords mundiales que batió a lo largo de su carrera y
los 5 oros olímpicos le permitieron retirarse en 1929 como el mejor
nadador del siglo XX: nunca había sido vencido.
Rebautizado como Johnny Weissmuller firmó un contrato de 7 años, tal y como regían las reglas de Hollywood, que inauguró con Tarzán de los monos
(W.S. Van Dyke, 1932). El éxito fue tan colosal que La Metro Goldwyn
Mayer no le dejó interpretar a otro personaje. El icónico grito de
Tarzán empezó siendo una mezcla de tres vocalistas, pero Weissmuller
acabó siendo capaz de reproducirlo de forma natural (tal y como
comprobarían todos los pacientes del hospital donde pasó sus últimos
días) y a día de hoy sigue siendo utilizado como el canon.
El afán del exnadador y estrella por demostrar otras facetas como
actor quedó frustrado al abandonar la saga de Tarzán solo para verse
atrapado en otra serie sobre un aventurero en la jungla: Jim de la selva.
Entre 1948 y 1954 Weissmuller protagonizó 13 películas sobre Jim de la
selva, rodadas de dos en dos en estrictos plazos de 20 días. Nueve
jornadas de rodaje para cada película (con dos días de descanso en
medio) que daban lugar a películas baratas casi de videoaficionado.
Cuando se retiró del cine, Johnny invirtió sus ganancias en diversas
empresas, como una de construcción piscinas que le terminó arruinado, a
lo cual no ayudaron sus tres divorcios en 15 años. Retirado en Acapulco,
México (donde murió, en 1984, con 79 años), Weissmuller sufrió en la
vida la derrota que no había conocido como nadador.
Elmo Lincoln pasó de interpretar a Tarzán a picar en la mina. Cordon
Elmo Lincoln: fue el primero, fracasó y se hizo minero
La llegada del cine sonoro arruinó la carrera y la vida de todos esos
actores que eran muy expresivos pero no sabían hablar. El primer Tarzán
mudo del cine (Tarzán de los monos, Scott Sidney, 1918) fue
Elmo Lincoln (Indiana, 1889- Los Ángeles, EE. UU., 1952), que sufrió
todo tipo de censura por sus imágenes violentas y por los planos de
negros mirando lascivamente a Jane o llevándola en brazos. Pero fue un
éxito en taquilla y dio dos secuelas. Lincoln se retiró del cine con la
llegada del sonido y, tras probar suerte como minero, se propuso volver a
trabajar en Hollywood. Pero nadie le estaba esperando y solo consiguió
papeles como extra. Elmo Lincoln apareció en Tarzán contra el mundo (1942) y Tarzán y la fuente mágica (1949) acreditado como "peón de circo" y "pescador reparando su red" respectivamente.
Lex Barker: vida de 'playboy', boda con la baronesa Thyssen y suicidios
En España, Lex Barker (Nueva York, 1919-1973) es más famoso por ser
el marido que convirtió a Tita Cervera en bígama al casarse con
Espartaco Santoni cuando aún no estaba legalmente divorciada de Lex.
Pero además de eso fue Tarzán. Con solo cinco películas, estrenadas
entre 1949 y 1953, Barker se convirtió en el Tarzán más famoso del siglo
junto con Johnny Weissmuller. En cuanto se deshizo del personaje abrazó
la vida de playboy y encadenó un matrimonio con otro. Su
tercera mujer fue Lana Turner y la quinta una Miss España llamada Carmen
Cervera que pasaría a la historia de la vida social y cultural de
nuestro país como la baronesa Thyssen. ¿Qué hace en esta lista de señores desdichados? Cada matrimonio acabó peor que el anterior.
Tita Cervera (quinta
mujer del actor) acabó lanzando las cenizas de Lex Barker al mar
Mediterráneo desde su chalet de Sant Feliú de Guíxols (Gerona). Cordon
La hija de Lana Turner le acusó de abusos sexuales cuando ella tenía
entre 10 y 13 años, lo cual terminó con Turner echándole de casa a punta
de pistola. Ese mismo año Lex se casó con una actriz suiza, Irene
Labhardt, que se suicidaría 5 años después. Su última esposa fue Tita
Cervera y aunque se divorciaron en 1972 una confusión administrativa
declaró el divorcio como no válido. Cuando en 1973 Lex Barker se dirigía
a ver a la que iba a ser su sexta esposa, la actriz Karen Kondazian,
murió de un infarto y las cenizas fueron enviadas a la que legalmente
seguía siendo su mujer. Tita tiró las cenizas al Mediterráneo desde su
chalé en la localidad gerundense de Sant Feliú de Guíxols. Y adiós Lex.
James Pierce rechazó
protagonizar 'Alas', primera película ganadora del Oscar, para
convertirse en un Tarzán al que nadie recuerda.
James Pierce: el Rey de los Monos con más mala suerte
El escritor y creador de Tarzán, Edgar Rice Burroughs, quedó tan
impresionado con la virilidad de James Pierce (Indiana, 1900-
California, 1983) que le convenció para encarnar al héroe de la jungla.
Un año más tarde, James protagonizaba Tarzán y el león dorado
(J. P. McGowan, 1927) y se casaba con la hija de Burroughs, Joan. Todo
iba sobre ruedas. Solo un dato que luego resultaría letal: para poder
rodar la película, Pierce tuvo que renunciar a protagonizar Alas (William A. Wellman, 1927). El destino de ambas películas fue radicalmente opuesto: Tarzán y el léon dorado desapareció (literal) y el actor se pasó toda su vida buscando una copia, que solo apareció tras su muerte; sin embargo, Alas
pasó a la historia como la primera ganadora del Oscar y convirtió en
una leyenda al joven actor que sustituyó a James Pierce. Un muchacho
llamado Gary Cooper. Sí, muy mala suerte la de James Pierce.
Frank Merrill fue el primero en entonar el mítico grito de Tarzán. Cordon
Frank Merrill: gritaba bien, hablaba mal
El destino puede ser muy sádico y más en Hollywood, donde todo el
mundo es reemplazable. Frank Merrill (Nueva Jersey, 1893-1966) fue el
primer actor que entonó el emblemático grito de la victoria de Tarzán.
Lo hizo para doblar al pobre Elmo Lincoln, pero Frank acabó corriendo su
misma suerte. Tras protagonizar un par de aventuras (Tarzan The Mighty y Tarzan The Tiger, en 1928 y 1929) fue despedido porque, aunque el grito le salía imponente, su voz no era adecuada para el cine sonoro.
Jock Mahoney se contagió de disentería durante el rodaje de 'Los tres desafíos de Tarzán' (1963). Getty
Jock Mahoney: enfermó, perdió 20 kilos y le despidieron
Aunque irrumpió en la saga como el villano de Tarzán el magnífico (Robert Day, 1960), su imponente envergadura física le llevó a encarnar al héroe en Tarzán en la India (1962) y Los tres desafíos de Tarzán
(1963). Durante el rodaje de esta última en Tailandia, Mahoney contrajo
disentería y la fiebre del dengue. Debido a su enfermedad Jock perdió
20 kilos y la Metro Goldwyn Mayer rescindió su contrato.
Christopher Lambert: palos de ciego
En los 80 parecía destinado a ser una estrella. Su encarnación de Tarzán en Greystoke. La leyenda de Tarzán, rey de los monos
(porque no cabían más palabras en el póster), dirigida por Hugh Hudson
en 1984, logró tres nominaciones al Oscar y devolvió al mito a su
concepción original en las novelas de Burroughs: ya no era un ser humano
torpe y sin habilidades sociales sino una criatura con asombrosas
destrezas y capacidad de aprender.
Lambert se convirtió en uno de esos actores admirados por padres, madres, niños y abuelos.
Los inmortales (Russell Mulcahy, 1986) fue un fenómeno de
taquilla y Lambert se convirtió en uno de esos actores admirados por
padres, madres, niños y abuelos. Su suerte acabó ahí, tras sólo dos años
de gloria. La carrera de Christopher Lambert se hundió en productos
baratos que nunca se estrenaban en cines y su miopía galopante le obligó
a rodar sus películas sin ver prácticamente nada, ya que no le dejan
rodar con gafas. El resultado han sido multitud de caídas y accidentes
que han ido mermando su estado físico.
Casper Van Dien sobrevaloró su talento y su carrera se fue a pique.
Casper Van Dien: 12 años en el olvido (y ahí sigue)
Un año antes de que Disney trajese al héroe al siglo XXI en dibujos animados (Tarzán, de 1999), Tarzán y la ciudad perdida
(Carl Schenkel, 1998) se propuso recuperar el espíritu de folletín de
aventuras para el domingo por la tarde. Supuestamente era una secuela de
Greystoke, sustituyendo a Christopher Lambert por un Tarzán
forjado con batidos de proteínas. Casper Van Dien (Florida, 1968) había
protagonizado Starship Troopers (Paul Verhoeven, 1997) y creyó
estar por encima de su secuela, la cual rechazó en 2004. Su carrera se
fue a pique y en 2008 aceptó desesperado la tercera parte, Starship Troopers. Armas del futuro, que se estrenó directamente en dvd. Ese parece ser su terreno, pues lleva 12 años sin estrenar nada en cines.
Y el último, Alexander Skarsgard: de 'True blood' a Tarzán domesticado
Con esta ristra de actores desgraciados a sus espaldas, sólo un loco
aceptaría engrosar la lista de Tarzanes.
Un loco o alguien que tampoco
tiene nada mejor que hacer.
Este sueco de 39 años, Alexander Skarsgard,
arrasó en la serie True blood como el magnético y carismático
vampiro Eric Northman.
Pero desde que terminó hace dos años la serie no
ha tenido demasiada suerte. El blockbuster que debía convertirle en una estrella generó pérdidas millonarias: Battleship (Peter Berg, 2012) era una adaptación testosteroica del juego de mesa Hundir la flota que nadie entendió del todo.
Alexander Skarsgard, que
arrasó en la serie 'True Blood', y Margot Robbie, que alcanzó la fama
tras aparecer en 'El lobo de Wall Street', protagonizan la nueva entrega
de Tarzán: 'La leyenda de Tarzán'.
En la película que se acaba de estrenar, La leyenda de Tarzán
(David Yates, 2016), el héroe debe volver a la selva tras varios años
establecido en la civilización.
Se estrenó en EE. UU. con éxito
moderado, pero se quedará lejos de dar beneficios por culpa de un
desorbitado presupuesto de 160 millones de euros.
Las críticas se ha
mostrado hastiadas con la película y especialmente decepcionadas con el
trabajo de Skarsgard, que juzgan con cierta sorna.
"Por mucho que dé
puñetazos a simios, se aferre a ñus y se haya pasado meses en el
gimnasio, Skarsgard parece demasiado domesticado para ser hombre cuyo
corazón reside en la selva", describe The Guardian
Por su parte, Variety critica
que "los efectos visuales son increíblemente decepcionantes, la
película intenta distraernos de su mala calidad con postales de la
sabana africana y planos de los abdominales de Skarsgard.
Las criaturas
resultan atrozmente digitales y los actores ni siquiera se molestan en
mirar en la dirección correcta".
No parece que Alexander Skarsgard vaya a romper la maldición del
personaje
. Aunque quizá se libre: al fin y al cabo la campaña
promocional se ha centrado mucho más (por primera vez en 100 años) en la
presencia de su compañera de aventuras.
Jane está interpretada por la
actriz de moda Margot Robbie (la pareja de Leonardo DiCaprio en El lobo de Wall Street).
Su presencia y carisma en pantalla son abrumadores, tanto que Margot
está por encima de cualquier maldición: ellos se rindieron a un
personaje más grande que su actor, pero ella pone las reglas.
Un alemán-iraní de 18 años mata a nueve personas en un centro comercial y se suicida.
No sé que pasa que el terrorismo se contagia, o alguien nos engaña pero no todos los locos les da por matar ahora que lo hace el Islam.
Hasta ayer nos decian que el horror lo hizo un loco y poco a poco nos iban diciendo que ese loco tenia conexión con el Estado Islámico y ahora en Alemania otro loco mata tb.
Siempre hay motivos para matar, como aquellos infelices que venían del Vietnam y mataban a niños en Colegios. Nadie nos explicaba por qué el horror que vivieron ellos los hacía seguir matando porque era lo que habian hecho una larga temporada....y ¿Ahora qué?
Una mujer coloca una rosa en memoria de las víctimas del atentado de Múnich.Laszlo Balogh (Reuters)Reuters-Quality
Un joven de 18 años con doble nacionalidad alemana-iraní es el único
autor del tiroteo en un centro comercial en Múnich este viernes, en el
que mató a nueve personas e hirió a 16 antes de suicidarse. Alemania
vivió horas de pánico al pensar la policía inicialmente que eran tres
los asaltantes y que se habían dado a la fuga.
Las autoridades admiten
que no están en absoluto claras las causas del ataque, y que no hay
ningún indicio por el momento que conecte al joven con motivaciones
yihadistas.
Esta misma semana, el Estado de Baviera ya sufrió un
atentado islamista cuando un joven afgano atacó con un hacha a varios pasajeros de un tren regional.
El presidente de la policía de Múnich no descarta que el autor de la matanza se inspirara en la masacre en Noruega provocada por Anders Breivik. Justo el viernes se cumplían cinco años de aquel atentado.
La Fiscalía de Múnich asume que el tiroteo protagonizado ayer por un
germano-iraní de 18 años en un centro comercial de la ciudad fue un acto
de locura. El joven, según las primeras investigaciones, había padecido algún tipo de transtorno depresivo.
¿Tenían razón los hedonistas? “La naturaleza”, escribió el filósofo y
economista inglés Jeremy Bentham (1748-1832), padre del utilitarismo,
“ha situado a la humanidad bajo el gobierno de dos amos soberanos, el
dolor y el placer; a ellos corresponde en exclusiva señalar lo que
debemos hacer, así como determinar lo que acabaremos haciendo”.
Desde
luego, la cuestión del placer y la búsqueda de la felicidad ha supuesto
siempre una enorme atracción para los filósofos, de Platón a Nietzsche,
de Aristóteles a Mill, de Epicuro a Hume.
Y también parece irresistible
para la gran masa de gente que no se dedica a la filosofía profesional, a
juzgar por los grandes éxitos de ventas que está consiguiendo un
enjambre de autoproclamados chamanes, presuntos profetas e irrebatibles
cantamañanas que conforman lo que ya se conoce como “la industria de la
felicidad”.
Pero la ciencia de la felicidad es otra cosa. Lee
en Materia las reflexiones de uno de los mejores psicólogos
experimentales de nuestro tiempo, el psicólogo de Harvard Dan Gilbert.
El mundo es como es, no como nos gustaría que
fuera, y esto vale tanto para los planetas y los átomos como para la
asombrosa sociedad de 200.000 millones de neuronas que llevamos dentro
del cráneo
Gilbert se basa en lo que se debe basar un pensador moderno: en los
datos, los experimentos y las teorías que nos revelan la realidad de
nuestra mente.
El mundo es como es, no como nos gustaría que fuera, y
esto vale tanto para los planetas y los átomos como para la asombrosa
sociedad de 200.000 millones de neuronas que llevamos dentro del cráneo.
Y los datos dicen que el secreto de la felicidad está en cuatro
actividades cotidianas al alcance de cualquier bolsillo: sexo,
ejercicio, música y conversación.
Y no, leer libros de autoayuda no
aparece en la lista.
Esas obras solo reportan felicidad –en efectivo— a
quienes las escriben.
El ruido que hacen los beocios sobre esta materia ha alcanzado tal
nivel de decibelios que mucha gente piensa que la psicología es una
pseudociencia.
No lo es. La psicología es una parte fundamental de las
llamadas ciencias cognitivas, una aleación de neurobiología, genética,
biología molecular, física, matemáticas, computación, inteligencia
artificial y –sí— psicología experimental que, en nuestros días, supone
nuestra mejor esperanza de entender el cerebro humano, el objeto más
complejo del que tenemos noticia en el universo.
Lo que ocurre, como siempre, es que hay un montón de gente dispuesta a
pervertir la psicología a mayor gloria de su propio bolsillo, y otro
montón aún mayor que prefiere creerse sus falacias y patrañas en vez de
guiarse por el mejor instrumento de conocimiento que tenemos –y
tendremos—, que es la ciencia.
Lee lo que dice Gilbert y sé feliz si
puedes.
Confórmate con la verdad.