El colaborador de 'El programa de Ana
Rosa' asistió con su mujer, María Palacios, a la boda del hijo de su
'jefa'. Pese
al avanzado estado de gestación de la estilista, fue ella sola la que
se encargó de llevar la maleta hasta el coche y meterla en el interior
del vehículo.
a hasta el coche y meterla en el interior del vehículo.
Alessandro Lequio y su mujer, María Palacios, pusieron rumbo a Madrid,
la mañana del 17 de julios, después de haber asistido, en Jarandilla de
La Vega (Extremadura), a la boda del hijo de Ana Rosa Quintana y Ana
Villarubia.
Sin duda, el conde y la estilista fueron dos de los invitados más esperados,
después de la polémica surgida por la supuesta infidelidad del conde
italiano con la exconcejala Olvido Hormigos
. Él negó la relación
públicamente y ella le cree y confía en él, pese a las pruebas que
Olvido presentó el viernes en el programa Sálvame Deluxe.
Pese a su avanzado estado de gestación,
María tuvo que ocuparse personalmente de su maleta, su bolso y una
bolsa, y llevarlo hasta el interior del coche, en donde la esperaba
sentado al volante Alessandro Lequio.
Mientras que el colaborador de 'El programa de Ana Rosa' fue visto gesto serio, simplemente cargando con el portatrajes. Un día antes, el matrimonio mostró otra cara, mucho más feliz y relajado, a su llegada al enlace.
En
estos momentos, Alessandro y María solo piensan en el nacimiento de su
hija, Ginevra Ena, que nacerá en los próximos días
. Esta será la primera
hija para la pareja, quien ya tiene elegidos a los que serán los
padrinos de bautizo. Ana Rosa Quintana será la madrina y el hijo menor de Alessandro, Alex Lequio, será el padrino.
La pareja está disfrutando de unos días inolvidables y nada ni nadie puede cambiarlo.
Mientras que el colaborador de 'El programa de Ana Rosa' fue visto gesto serio, simplemente cargando con el portatrajes. Un día antes, el matrimonio mostró otra cara, mucho más feliz y relajado, a su llegada al enlace.
Ana
Rosa Quintana brinda por la boda de su hijo Álvaro Rojo Quintana con la
psicóloga Ana Villarubia en Jaradilla de la Vera donde asistieron al
enlace numerosos rostros conocidos amigos de la popular comunicadora.
ANA ROSA QUINTANA CELEBRA EL ENLACE MATRIMONIAL DE SU HIJO ÁLVARO
La
periodista llegaba espléndida a la boda de su primogénito, fruto de su
primer matrimonio con Alfonso Rojo.
Meses antes, en concreto el 19 de
mayo, Álvaro contrajo matrimonio con Ana Villarrubia, una psicóloga con
quien lleva varios años de relación.
LA PERIODISTA, MUY ELEGANTE CON UN VESTIDO VERDE AGUA, BRINDÓ POR LA BODA DE SU HIJO
Ya
en la finca y una vez producido el enlace, la feliz madre del novio
salió a brindar con la prensa que allí se encontraba. Ana Rosa lucía
radiante con un vestido largo de color verde agua con el hombro al
descubierto.
Como complementos, pendientes y anillo a juego con el
vestido.
CHANCE: Ana Rosa, muchas felicidades.
Ana Rosa Quintana: Gracias.
CH: ¿Lo estáis pasando bien?
A.R: Estamos empezando.
CH: ¿Está saliendo bien?
A.R: Todo fenomenal.
CH: ¿Te has emocionado y has llorado?
A.R: No he llegado a llorar pero me he aguantado mucho pero lloraré, todavia no ha acabado la noche.
CH: ¿Ha habido música?.
A.R: Una compañera ha enviado un grupo de Gosspel, ha sido su regalo, espectacular.
Nos
ha confesado una emocionada Ana Rosa con el cariño y simpatía a la que
acostumbra en uno de los días mas emotivos de su vida.
Ana
Rosa Quintana brinda por la boda de su hijo Álvaro Rojo Quintana con la
psicóloga Ana Villarubia en Jaradilla de la Vera donde asistieron al
enlace numerosos rostros conocidos amigos de la popular comunicadora.
El actor malagueño interpretará al diseñador italiano en una película que comenzará a rodarse en diciembre.
Antonio Banderas no da puntada sin hilo
. Su nueva vocación como diseñador de moda
traspasará la realidad y llegará a las pantallas de cine, aunque dando
vida a uno de los creativos más idolatrados de la industria Gianni Versace.
Hace meses que se barajaba el nombre del malagueño, de 55 años, como
posible protagonista de la cinta sin embargo, no ha sido hasta ahora que
el director del proyecto Bille August, confirmó la noticia durante el festival de cine y música Ischia Global.
El rodaje comenzará en diciembre en Milán, pero también contará con
escenarios como Reggio en Calabria, lugar donde Versace nació, y por
supuesto Miami, en EE UU, ciudad donde en 1997 fue asesinado.
Tras haber confirmado la noticia la producción decidió guardar silencio
y evitar dar más detalles acerca del proyecto.
Tampoco ha querido
hablar la firma italiana, que desde la muerte de Gianni lidera Donatella
—su hermana—, que se ha limitado a decir que no han autorizado ninguna
cinta, ni están implicados en el proyecto.
“La película debe ser vista
como una obra de ficción”, dijeron desde la maison al portal Women’s Wear Daily(WWD). El diseñador italiano Gianni Versace en París, en 1997. AP
Para este nuevo reto Banderas está más que preparado.
En septiembre
de 2015 el actor comenzó sus estudios de diseño en la prestigiosa
Central de Saint Martins en Londres, y para mayo de este año ya presumía de su primera colección de ropa masculina
en colaboración con la firma Selected Homme. “Solíamos ponernos
aquellas chupas con adornos dorados que eran muy de Versace”, dijo
Antonio el pasado junio a EL PAÍS.
Donde además añadió que las prendas
del italiano fueron gran parte de su inspiración para crear una de las
piezas más cotizadas de su catálogo: La Gold Leather Jacket. En sus
palabras es “un homenaje al diseñador”.
El intérprete de Los 33 , se encuentra de nuevo en Chile filmando Salty.
La vida de Gianni Versace, el diseñador que siempre atribuyó su
"gusto por lo vulgar” a su crianza en un barrio rojo de Calabria, ha
sido rememorada en innumerables biografías.
El creativo comenzó sus
andanzas en un pequeño patio de juegos que él terminó por convertir en
un taller de costura.
Pero no fue hasta 1978 que junto a su hermano mayor, Santo,
fundó en Milán la marca bajo su apellido
. Pero la verdadera fama le
llegó en los noventa cuando llevó a Nueva York una colección
sadomasoquista que sedujo y escandalizó por igual.
Antonio Banderas, en la Central de Saint Martins. Instagram
Con la crítica a sus pies pronto, su agenda de amistades se comenzó a
llenar de grandes celebridades, de Madonna a Lady Di, incluidos Michael
Jackson o Elton John.
Pero la vida rodeada de lujo le duró poco.
En
julio de 1997 el diseñador italiano fue abatido cuando regresaba a pie a
su casa tras haber desayunado en un café. Estaba abriendo la verja de
entrada cuando Andrew Cunanan le disparó dos tiros en la cabeza.
La
muerte fue casi inmediata y con su partida dejó un gran vacío en la
industria de la moda.
Desde su muerte la casa italiana ha vivido tiempos
convulsos aunque gracias a los esfuerzos de Donatella hoy el imperio
está consolidado.
Recuerdos del 10,00 de Comaneci en los Juegos de Montreal en su 40 aniversario.
Nadia Comaneci en la salida de las paralelas que le dieron el primer 10. UPI
No hay un ejercicio más famoso en la historia de la gimnasia que el
obligatorio en las paralelas de Nadia Comaneci en Montreal 76. El primer
10,00 olímpico. La perfección. Miles de aficionados a la gimnasia (y al
deporte en general) son capaces de reconocer a la niña seria de
flequillo perfecto y coleta alta adornada con lazos de algodón . De
contar que los marcadores de Omega mostraron un luminoso 1,00 porque no
estaban preparados para la ocasión. De citar a la rumana, que entonces
tenía 14 añitos, como la gran estrella de aquellos Juegos, a la altura
de Mark Spitz cuatro años antes, de Bolt en Pekín 2008, de Phelps en
Londres 2012. Pero
son muchos menos los que saben que aquel primer ejercicio perfecto era
relativamente sencillo pues todas las gimnastas de la competición debían
ejecutarlo el primer día de la prueba por equipos.
O que el 1,00 que
era un 10,00 no era ni siquiera una novedad: Nadia ya lo había
conseguido (en suelo) en la American Cup de ese mismo año con el mismo
error en el marcador.
Que la soviética Nellie Kim
lograría poco después idéntica nota y casi nadie ajeno a la gimnasia la
conoce o que en ese panel de cuatro jueces había una española, Mari
Carmen González.
Da igual. Ese 10,00 —the perfect 10 que dicen los
americanos— es ya historia de la gimnasia y del deporte. Y como tal hay
que honrar ese momento maravilloso que hoy, 18 de julio de 2016, cumple
40 años. La propia Comaneci,
hoy asentada en Estados Unidos y a punto de volver a Montreal para
recibir el correspondiente homenaje, lo recuerda así en una entrevista a
la agencia Reuters: “Cuando hice el obligatorio en paralelas pensé que
había hecho un muy buen ejercicio pero no perfecto. Ni siquiera miré el
marcador porque ya estaba pensando en la barra de equilibrio. Entonces
oí un gran estruendo en el estadio, me giré hacia el marcador y lo
primero que vi fue el 73, que era mi dorsal, y luego el 1,00 debajo. Miré a mis compañeras de equipo y me hicieron un gesto con los hombros
de no entender. Todo fue muy rápido. El hecho de que el marcador no
pudiera mostrar el 10 añadió más drama a la situación, la hizo más
grande”, dice riéndose al otro lado del teléfono Comaneci, que ya es una
mujer de 54 años, en un discurso que ha repetido centenares de veces. La memoria de la española Eli Cabello, que compitió en aquella cita,
es también especial: “Nosotras habíamos competido temprano y nos
quedamos a ver la competición”, rememora por teléfono. “Lo recuerdo con
mucha emoción. Nadia era una gimnasta tan diferente, tenía un toque,
algo especial. Llamaba la atención por su aspecto aniñado y porque tenía
una línea muy bonita, pero además era espectacular”. No era la primera gimnasta-niña, pues Olga Korbut ya había asombrado
cuatro años antes, en Múnich. Pero Nadia fue la primera en ganar de
forma abrumadora: en Montreal logró tres oros (absoluto, barra y
paralelas), una plata (equipos) y un bronce (suelo) y un saco de dieces:
seis en sus dos pruebas favoritas, barra y paralelas, las más técnicas. Cabello, como el mundo de la gimnasia, no descubrió a Comaneci en
Montreal. La había visto el año anterior en Skien (Noruega), donde la
rumana ganó los Europeos con solo 13 años y puso fin a una era de dominio soviético. “Viéndola calentar, su estilo, su forma y su seguridad ya llamaban
mucho la atención. Eran impresionantes”, rememora, “y tenía una
coreografía en suelo que sorprendía mucho”. Allí Nadia nubló a
Turischeva [la gran dama de la gimnasia soviética]. La vi entrar en el
vestuario y romper a llorar. Eso me impresionó”.
A Ramón García, que era el entrenador de aquel equipo español, también
le llamó la atención la pequeña gimnasta rumana en Noruega. “Nadia era
absolutamente diferente en todo. En la técnica, en la precisión. Era una
máquina de hacer gimnasia. En todos los aparatos era buenísima pero en
paralelas nadie hacía lo que ella, ni siquiera las soviéticas”, asegura. “Yo me quedo con su barra de equilibrios”, dice Cabello, “no porque
fuera el mejor ejercicio sino por cómo la hacía. No se le movía ni un
pelo del flequillo”. Hoy la gimnasia no se parece en nada a aquella de Comaneci. Los aparatos
han mejorado, priman las acróbatas imposibles, Rumania no se ha
clasificado para los Juegos de Río y hasta el 10,00 ha desaparecido. Pero siempre le quedará ese momento mágico, vibrante, de Montreal 76.