Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

18 jul 2016

Antonio Banderas será Gianni Versace................................................. Andrea Morales Polanco

Antonio Banderas, en Madrid.

El actor malagueño interpretará al diseñador italiano en una película que comenzará a rodarse en diciembre.

Antonio Banderas no da puntada sin hilo
. Su nueva vocación como diseñador de moda traspasará la realidad y llegará a las pantallas de cine, aunque dando vida a uno de los creativos más idolatrados de la industria Gianni Versace.
 Hace meses que se barajaba el nombre del malagueño, de 55 años, como posible protagonista de la cinta sin embargo, no ha sido hasta ahora que el director del proyecto Bille August, confirmó la noticia durante el festival de cine y música Ischia Global.
El rodaje comenzará en diciembre en Milán, pero también contará con escenarios como Reggio en Calabria, lugar donde Versace nació, y por supuesto Miami, en EE UU, ciudad donde en 1997 fue asesinado.
 Tras haber confirmado la noticia la producción decidió guardar silencio y evitar dar más detalles acerca del proyecto.
 Tampoco ha querido hablar la firma italiana, que desde la muerte de Gianni lidera Donatella —su hermana—, que se ha limitado a decir que no han autorizado ninguna cinta, ni están implicados en el proyecto.
 “La película debe ser vista como una obra de ficción”, dijeron desde la maison al portal Women’s Wear Daily (WWD).

El diseñador italiano Gianni Versace en París, en 1997. AP
Para este nuevo reto Banderas está más que preparado.
 En septiembre de 2015 el actor comenzó sus estudios de diseño en la prestigiosa Central de Saint Martins en Londres, y para mayo de este año ya presumía de su primera colección de ropa masculina en colaboración con la firma Selected Homme. “Solíamos ponernos aquellas chupas con adornos dorados que eran muy de Versace”, dijo Antonio el pasado junio a EL PAÍS.
 Donde además añadió que las prendas del italiano fueron gran parte de su inspiración para crear una de las piezas más cotizadas de su catálogo: La Gold Leather Jacket. En sus palabras es “un homenaje al diseñador”.
El intérprete de Los 33 , se encuentra de nuevo en Chile filmando Salty.

La vida de Gianni Versace, el diseñador que siempre atribuyó su "gusto por lo vulgar” a su crianza en un barrio rojo de Calabria, ha sido rememorada en innumerables biografías.
 El creativo comenzó sus andanzas en un pequeño patio de juegos que él terminó por convertir en un taller de costura.
 Pero no fue hasta 1978 que junto a su hermano mayor, Santo, fundó en Milán la marca bajo su apellido
. Pero la verdadera fama le llegó en los noventa cuando llevó a Nueva York una colección sadomasoquista que sedujo y escandalizó por igual.
Antonio Banderas, en la Central de Saint Martins. Instagram

Con la crítica a sus pies pronto, su agenda de amistades se comenzó a llenar de grandes celebridades, de Madonna a Lady Di, incluidos Michael Jackson o Elton John.

 Pero la vida rodeada de lujo le duró poco.

 En julio de 1997 el diseñador italiano fue abatido cuando regresaba a pie a su casa tras haber desayunado en un café. Estaba abriendo la verja de entrada cuando Andrew Cunanan le disparó dos tiros en la cabeza.

 La muerte fue casi inmediata y con su partida dejó un gran vacío en la industria de la moda.

 Desde su muerte la casa italiana ha vivido tiempos convulsos aunque gracias a los esfuerzos de Donatella hoy el imperio está consolidado.

Aquella niña que volaba.....................

“Nadia era una máquina de hacer gimnasia”

 

 

Recuerdos del 10,00 de Comaneci en los Juegos de Montreal en su 40 aniversario.

Nadia Comaneci en la salida de las paralelas que le dieron el primer 10. UPI
No hay un ejercicio más famoso en la historia de la gimnasia que el obligatorio en las paralelas de Nadia Comaneci en Montreal 76.
 El primer 10,00 olímpico.
 La perfección.
 Miles de aficionados a la gimnasia (y al deporte en general) son capaces de reconocer a la niña seria de flequillo perfecto y coleta alta adornada con lazos de algodón
. De contar que los marcadores de Omega mostraron un luminoso 1,00 porque no estaban preparados para la ocasión.
 De citar a la rumana, que entonces tenía 14 añitos, como la gran estrella de aquellos Juegos, a la altura de Mark Spitz cuatro años antes, de Bolt en Pekín 2008, de Phelps en Londres 2012.
Pero son muchos menos los que saben que aquel primer ejercicio perfecto era relativamente sencillo pues todas las gimnastas de la competición debían ejecutarlo el primer día de la prueba por equipos.
 O que el 1,00 que era un 10,00 no era ni siquiera una novedad: Nadia ya lo había conseguido (en suelo) en la American Cup de ese mismo año con el mismo error en el marcador.
 Que la soviética Nellie Kim lograría poco después idéntica nota y casi nadie ajeno a la gimnasia la conoce o que en ese panel de cuatro jueces había una española, Mari Carmen González.
Da igual. 
Ese 10,00 —the perfect 10 que dicen los americanos— es ya historia de la gimnasia y del deporte. 
Y como tal hay que honrar ese momento maravilloso que hoy, 18 de julio de 2016, cumple 40 años.
La propia Comaneci, hoy asentada en Estados Unidos y a punto de volver a Montreal para recibir el correspondiente homenaje, lo recuerda así en una entrevista a la agencia Reuters:
 “Cuando hice el obligatorio en paralelas pensé que había hecho un muy buen ejercicio pero no perfecto.
 Ni siquiera miré el marcador porque ya estaba pensando en la barra de equilibrio.
 Entonces oí un gran estruendo en el estadio, me giré hacia el marcador y lo primero que vi fue el 73, que era mi dorsal, y luego el 1,00 debajo. 
 Miré a mis compañeras de equipo y me hicieron un gesto con los hombros de no entender. 
Todo fue muy rápido. 
El hecho de que el marcador no pudiera mostrar el 10 añadió más drama a la situación, la hizo más grande”, dice riéndose al otro lado del teléfono Comaneci, que ya es una mujer de 54 años, en un discurso que ha repetido centenares de veces.
La memoria de la española Eli Cabello, que compitió en aquella cita, es también especial: “Nosotras habíamos competido temprano y nos quedamos a ver la competición”, rememora por teléfono.
 “Lo recuerdo con mucha emoción.
 Nadia era una gimnasta tan diferente, tenía un toque, algo especial. 
Llamaba la atención por su aspecto aniñado y porque tenía una línea muy bonita, pero además era espectacular”.
No era la primera gimnasta-niña, pues Olga Korbut ya había asombrado cuatro años antes, en Múnich.
 Pero Nadia fue la primera en ganar de forma abrumadora: en Montreal logró tres oros (absoluto, barra y paralelas), una plata (equipos) y un bronce (suelo) y un saco de dieces: seis en sus dos pruebas favoritas, barra y paralelas, las más técnicas.
Cabello, como el mundo de la gimnasia, no descubrió a Comaneci en Montreal.
 La había visto el año anterior en Skien (Noruega), donde la rumana ganó los Europeos con solo 13 años y puso fin a una era de dominio soviético
 “Viéndola calentar, su estilo, su forma y su seguridad ya llamaban mucho la atención.
 Eran impresionantes”, rememora, “y tenía una coreografía en suelo que sorprendía mucho”. 
Allí Nadia nubló a Turischeva [la gran dama de la gimnasia soviética].
 La vi entrar en el vestuario y romper a llorar.
 Eso me impresionó”. 

A Ramón García, que era el entrenador de aquel equipo español, también le llamó la atención la pequeña gimnasta rumana en Noruega.
 “Nadia era absolutamente diferente en todo. 
En la técnica, en la precisión. 
Era una máquina de hacer gimnasia.
 En todos los aparatos era buenísima pero en paralelas nadie hacía lo que ella, ni siquiera las soviéticas”, asegura. 
“Yo me quedo con su barra de equilibrios”, dice Cabello, “no porque fuera el mejor ejercicio sino por cómo la hacía.
 No se le movía ni un pelo del flequillo”.
Hoy la gimnasia no se parece en nada a aquella de Comaneci.
 Los aparatos han mejorado, priman las acróbatas imposibles, Rumania no se ha clasificado para los Juegos de Río y hasta el 10,00 ha desaparecido. 
 Pero siempre le quedará ese momento mágico, vibrante, de Montreal 76.

 

 

Drama y Alba Carrillo en la penosa vuelta de 'Hable con ellas'

El estreno de la tercera temporada ha resultado ser un mero vehículo para poder anticipar contenidos de 'Sálvame', 'Deluxe' y 'El programa del verano'

Telecinco

No, a la tercera no va la vencida.
 Cuando Mediaset anunció la vuelta de 'Hable con ellas' para rellenar la empobrecida parrilla veraniega, muchos fuimos los que pusimos el grito en el cielo -ya saben, nos encanta exagerar, y desde que tenemos twitter, más-.
¿Qué sentido tenía volver a confiar en un programa que ya ha sido retirado de la pantalla en dos ocasiones? Rápidamente lo entendimos.
 Telecinco necesitaba un vehículo donde poder engatusar a Alba Carrillo, protagonista de la ruptura más mediática de los últimos tiempos, para que contase su versión del drama y, de paso, diese contenidos tanto para 'Sálvame', como para el 'Deluxe' y 'El programa del verano'. Un negocio redondo que tan solo tenía un pero: ¿A quién le interesa 'Hable con ellas'?
De lo que en su inicio pretendía ser un espacio desenfadado, picantón y heredero de la larga tradición de late nights ya no queda nada.
 Tanta vuelta y tanto cambio de presentadora ha terminado situándolo en tierra de nadie.
 Ni es un programa de corazón, ni es un debate, ni es un espacio de entrevistas, ni todo lo contrario. Y, ojo, esto podría funcionar, pero no, no lo hace.
 Nos han bastado los primeros minutos de este tercer intento para darnos cuenta de que los batiburrillos de ideas son una mala elección -un minuto de silencio para el difunto 'Cámbiame Premium'-.
 Tratar de colarle al público una entrevista tan poco interesante como la de Rocío Carrasco como primer plato, de acuerdo, pero, ¿un debate sobre la infidelidad en 2016?
 ¿Hemos vuelto a la transición y no nos hemos dado cuenta?
Alba Carrillo sacándo morritos en su instagram antes de empezar el programa.
Alba Carrillo sacándo morritos en su instagram antes de empezar el programa.
Trasladar al prime time un programa ideado para el late nigh -sí, lo de los anglicismos es una losa que llevamos como podemos-, por el mero hecho de contar con una de las celebrities más demandadas por las revistas del corazón, es una decisión arriesgada.

Pensar que el público tragará todo lo que se le ponga en la pantalla, también. El escarnio emocional al que se ha sometido a Alba Carrillo para conseguir el favor de la audiencia no debería ser de recibo.

 Promocionar el programa comparando su drama personal con la felicidad de otra de las presentadoras es vergonzoso.

 Haberse prestado a este juego con tal de conseguir un puesto en televisión, también. 'A España le gusta un lloro', sentenció ese gran filósofo posmoderno llamado Víctor Sandoval. Pues con lo de anoche, ¡debió quedar encantada!.

Los ataques de despecho de Alba Carrillo, tirando de tópicos machistas para hablar de las supuestas infidelidades de su expareja -el clásico echarle la culpa a la mujer que se acerca a un hombre casado-, no fueron más que el inicio de un camino delirante.
 Un debate con tertulianos rescatados del olvido, una visita de Rocío Carrasco a unas olimpiadas de ovejas y la aparición de Lara Álvarez, presentadora de 'Supervivientes', con un vídeo emotivo de perros maltratados para ver si también soltaba alguna lagrimita.
 Y para terminar, una actuación musical y todos a dormir que son las dos de la madrugada. 
¿De verdad hemos aguantado cuatro horas de programa grabado -sí, grabado- para esto?
 ¡Si es que nos tenemos ganado el reino de los cielos! En caso de que exista, claro.
Pero no todo va a ser terrible en esta vuelta de 'Hable con ellas'. 
La elección de Soledad León de Salazar, personaje interpretado por Josep Ferré, promete ser lo mejor del programa. 
Sin ser nada novedoso, aporta el toque de humor y, en cuanto le den cancha, acabará haciéndose con el espacio de las otras cuatro.
 Al tiempo. Lo mismo ocurrirá con la reportera Eli Martín, a la que hemos visto habitualmente en 'Cazamariposas'.
 Su talento innato para la televisión debería haberla llevado a una silla de presentadora, no a quedarse de reportera.
 Aun así, la recreación de la boda de Alba Carrillo, con la cara de circunstancias de la susodicha en el mismo plano, no ha tenido precio.
Pero no crean que está todo dicho.
 Ahora, de hecho, viene lo bueno. ¿Podrán aguantar el tirón con la única baza del drama de Alba Carrillo? ¿Comenzará a bailar en la parrilla dependiendo de los avances de su ruptura? ¿Tirarán de enfrentamiento con 'Sálvame' para avivar el interés?
 Sin duda, es verano y Mediaset ya ha cumplido sus objetivos con la retransmisión de la Eurocopa.
 Se nota que no necesita nada para posicionarse como líder. Y de esos barros, estos lodos. 
Y nosotros, ahí, haciendo la croqueta en el barrizal... Si es que no tenemos remedio.

 

12 actores que amamos, pero que una sola vez despreciamos por esto


Todos los actores de este reportaje son indiscutibles.
Cada vez que salen en pantalla el espectador siente algo familiar
. Forman parte de nuestra vida. La mayoría de su carrera está llena de personajes empáticos con los que el espectador se siente cómplice o identificado.
 Pero siempre hay una excepción. Ese día que vimos a nuestros adorados actores comportarse como unos despreciables tipos odiosos que asesinan con gélida crueldad. En esas escenas que nos cuesta ver nos hemos centrado.
 Uno de ellos es el execrable personaje de Brad Pitt en 'Kalifornia' (en la foto).

Richard Gere en 'Asuntos sucios'

Pocas escenas han provocado que el espectador odie tanto a un actor tan amado como Richard Gere. Es cuando estrangula con sus propias manos a su compañero policía con una frialdad gélida
. Cuesta mantener la vista en la pantalla.
 Antes de este filme, Gere había pasado de mito erótico a actor en paro en un par de años y las canas aceleraron la madurez de sus personajes.
 Su repugnante policía corrupto de 'Asuntos sucios' (Mike Figgis, 1990) salvó su carrera y demostró que puede ser más que un héroe romántico.
 Gere resulta escalofriante dando vida a un desalmado que precisamente utiliza su atractivo y carisma para aprovecharse de los demás y destruirles.
Nunca la frase "confía en mí, soy policía" sonó tan sádica.

Leonardo DiCaprio en 'Django desencadenado'

Will Smith rechazó el papel de 'Django desencadenado' (Quentin Tarantino, 2012) por la violencia gratuita de la película.
 Según Tarantino, lo que Smith no soportaba era compartir protagonismo con Christoph Waltz. Leonardo DiCaprio, famoso por su entrega absoluta a la visión de cada director, puso su magnetismo al servicio del desalmado Calvin Candie.
 "Seguro que es un esclavista socarrón", pensamos muchos.
 No lo era.
 El ensañamiento con el que Candie disfrutaba de su violencia le convierte en el único villano de Tarantino que no mata por necesidad, sino por placer.
 Quentin confesó que Calvin Candie es el único de sus personajes que no le cae bien, pero DiCaprio contó que, a pesar de su reticencia inicial, fue liberador abrazar el exceso y la repugnancia de su personaje.
 Y todo sin perder sus buenas formas sureñas.

Brad Pitt en 'Kalifornia'

El argumento de este 'psicothriller' de carretera ya pone los pelos de punta
. Un psicólogo pone un anuncio para compartir un viaje visitando escenarios de brutales asesinatos y así dividir los gastos de gasolina (todo un antecedente del BlaBlaCar), con tan mala suerte que el único en responder sea un asesino en serie de verdad. Uno nunca se imaginaría que alguien con la cara de Brad Pitt resultaría un monstruo capaz de matar a puñetazos al anciano que les hospeda. La fascinación de la cultura pop con la violencia queda representada por la atracción que despierta Brad Pitt.
 Al actor, sin embargo, no le hizo ninguna gracia que 'Kalifornia' (Dominic Sena, 1993) se estrenase. La rodó en 1991 cuando aún era desconocido, justo antes de convertirse en un 'sex symbol' gracias a 'Thelma y Louise', pero la distribuidora la estrenó cuando Pitt ya era famoso.
 Las fans del por entonces ídolo adolescente se quedaron heladas ante la ferocidad con la que asesinaba en 'Kalifornia', pero 'Leyendas de pasión' supuso una contención de daños y le consagró como el actor más guapo de la década, medalla que le costaría muchos años quitarse.

Tom Hanks en 'Camino a la perdición'

Ver a Tom Hanks asesinar a sangre fría a Paul Newman sacudió al público en las salas de cine.
 La figura del americano ejemplar, padre de familia y honrado por naturaleza, resucitó en los 90 gracias a Tom Hanks.
 Su mirada limpia y su generosidad le convirtieron en el actor más blanco (y según sus detractores, el más blando) de todo Hollywood.
Por eso cuando protagonizó esta historia de mafiosos vengativos en la que su personaje se embarca en una huida hacia adelante acribillando a docenas de gangsters, la tensión se podía cortar con un cuchillo en las salas de cine
. No estamos acostumbrados a ver dos estrellas en pantalla (Hanks y Newman) intentando matarse el uno al otro.
 Al elegir a Hanks como guía moral de la historia, 'Camino a la perdición' (2002, Sam Mendes) plantea como pocas películas el demoledor conflicto entre juzgar lo que eres y lo que haces. El protagonista era un buen hombre en el fondo, muy en el fondo.
 Pero sus acciones eran las de un monstruo despiadado.

Harrison Ford en 'Lo que la verdad esconde'

Hay pocas cosas seguras en esta vida. Que si Harrison Ford aparece en una película su personaje será un bastión de integridad y honor es una de ellas. De ahí que 'El fugitivo' construyese su premisa en torno a la certeza que tenía el espectador de que Ford era, sin lugar a dudas, inocente. Por eso cuando aterrorizó a su mujer (Michelle Pfeiffer) e intentó convencerla de que estaba loca en 'Lo que la verdad esconde' (Robert Zemeckis, 2000), el público tardó más de media película en darse cuenta de que no se trataba de un malentendido: efectivamente, Harrison Ford era el villano de la función. Y aun así verle estrangular a Pfeiffer resultaba tremendamente desconcertante. Ford reconoció que hizo la película para reirse de las expectativas que el público tiene sobre él.



Robin Williams en 'Retratos de una obsesión'


La mayoría de los personajes de Robin Williams tenían algo en común: eran hombres de vida gris que encontraban su felicidad ayudando a los demás.
Tras su suicidio en 2014, descubrimos que esta trágica descripción también se podía aplicar al actor en la vida real.
En 'Retratos de una obsesión' (Mark Romaneck, 2002), Williams se puso en la piel del perturbador dependiente de una tienda de revelado de fotos que se obsesiona con una familia de clientes
. El terror doméstico provenía de algo tan cotidiano (e inquietante, en realidad) como compartir tu intimidad con un desconocido
. Este es un gesto que nadie se había parado a considerar peligroso y mucho menos si el encargado de revelar las fotos es un señor tan afable como Robin Williams.
 Su adoración por la familia empieza con Williams incluyendo una selfie en el álbum familiar, yendo a buscar al niño al colegio y culmina con una insoportable escena en la que, tras descubrir que el marido tiene una amante, les obliga a posar manteniendo relaciones sexuales para que él tome fotos. Una escena de la que cuesta recuperarse, por lo que vemos el resto de la película con auténtica incomodidad: este revelador de fotos es capaz de todo.

Macaulay Culkin en 'El buen hijo'


Casi todos los actores de esta lista tienen algo en común: aceptaron encarnar a un personaje despreciable ya pasados los 40 años y consiguieron revitalizar una carrera renqueante
. La decisión de (el padre de) Macaulay Culkin de interpretar a un psicópata con sólo 13 años es toda una extravagancia en Hollywood.
 El niño favorito de América parecía querer advertirnos de que podía ser mucho más que un granuja adorable
. En 'El buen hijo' (Joseph Ruben, 1993) interpretó a un niño perfecto al que no le gustaba compartir sus juguetes y estaría dispuesto a llevarse por delante a cualquiera que amenazase su condición de rey de la casa.
 La angustia proviene precisamente por la capacidad de Macaulay para engañar a toda su familia mientras mata a un perro o intenta ahogar a su propia hermana.
 La película fracasó: el público no quería ver a Culkin cometer perversiones.
 Más de 20 años después, Macaulay ha comprobado que el público tampoco quería verle crecer.


Kevin Costner en 'Mr Brooks'


La imagen es del todo inesperada y escalofriante: Kevin Costner matando a un tipo con una pala en un cementerio.
Acostumbrados a que Costner siempre protega a alguien en sus películas, su papel de psicópata en 'Mr Brooks' (Bruce A. Evans, 2007) desconcierta.
 Encarna a un triunfador cuya vida sería perfecta si no tuviese afición por matar de forma innecesaria. Costner, productor de la película, se esfuerza en excusar a su protagonista: todas sus víctimas han cometido actos inmorales (adulterio, chantaje), pero eso no le carta blanca para su sanguinaria actitud. 'Mr Brooks' fue un éxito sorpresa y resucitó la carrera comercial de Costner, que se mostró entusiasmado con aparecer en más secuelas sobre este asesino en serie deshaciéndose de todo el que le incordie.


Tom Cruise en 'Colateral'


Cuando su carrera empezó a tambalearse, Tom Cruise puso todas las fichas sobre la mesa y se la jugó en un todo o nada interpretando a un matón que arrastra a su pobre conductor a una noche de matanza y aflicción: 'Colateral' (Michael Mann, 2004)
. Cruise, uno de esos actores que reescribe sus personajes para salir favorecido, se expuso sin miedo al sanguinario Vincent prestándole su característico nervio y contagiosa euforia.
 Hoy es uno de los papeles más míticos de su carrera, pero verle asesinando a un grupo de pandilleros que le han robado la cartera a su conductor nos escandalizó, sobre todo porque en el fondo estábamos un poco de parte del matón. Tom Cruise tiene esa habilidad para caernos bien pase lo que pase y el siempre perverso director Michael Mann lo sabía cuando le fichó para este desagradable papel.

Matt Damon en 'El talento de Mr Ripley'


Matt Damon es la quintaesencia del buen americano: viene de una familia de clase media, ganó un Oscar como guionista a los 27 años y defiende los valores del trabajo duro, la familia y la lealtad. Aun así, al lado de Jude Law parece una rata de biblioteca.
 La fascinación que despierta el 'playboy' Dickie Greenleaf en 'El talento de Mr Ripley' (Anthony Minghella, 1999) se balancea entre el deseo de tirárselo, la ansiedad por tener su vida y el instinto de rajarle la cara. Sólo conseguira dos de esas tres cosas.
 La angustia con la que le desfigura la cara a golpes con un remo despierta nuestra compasión y eso es lo más tenebroso de la película.
No sólo nos da pena Ripley, sino que hasta comprendemos su frustración traducida en asesinatos múltiples.
 Porque ya sabemos que en el cine una vez empiezas a matar ya no te queda otra solución que seguir con la sangría.


Denzel Washington en 'Training day'


El personaje del detective Alonzo Harris en 'Training day' (Antoine Fuqua, 2001) le dio su segundo Oscar a Denzel Washington.
 Sus prácticas poco ortodoxas se van revelando como una falta total de escrúpulos cuando Harris utiliza su prestigio como honrado policía en Los Ángeles para enriquecerse y aniquilar a todo el que se interponga en su camino
. Ethan Hawke (también nominado al Oscar) interpreta a su joven compañero y representa al espectador, que no da crédito ante la ristra de asesinatos perpetrados por su superior.
 Cuando se da cuenta es demasiado tarde
. A pesar de todas las monstruosidades que acomete, Denzel sabe transmitir que su personaje fue en algún  

Johnny Depp en 'Black mass'


Debajo de todo ese maquillaje, Johnny Depp se caracteriza por personajes generosos que siempre parecen homenajes a Michael Jackson, lo cual le ha reportado el cariño masivo del público.
 Esta imagen bondadosa quedó patente hace un mes cuando, tras ser acusado de malos tratos por su exmujer, buena parte del público salió en su defensa argumentando que Johnny Depp sería incapaz de hacer algo así... como si le conocieran en persona.
 El año pasado, maquillado como siempre e inquietante como nunca, Depp interpretó en 'Black mass' (Scott Cooper, 2015) al sanguinario mafioso Whitey Bulger.
 Su personaje era un vampiro, un asesino en serie y un crápula que se valía del terror que provocaba en los demás. Johnny no concedió ni un ápice de humanidad al mafioso, algo a lo que ni él ni su público está acostumbrado
. Pero ahí está la gracia.