Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

18 jul 2016

Drama y Alba Carrillo en la penosa vuelta de 'Hable con ellas'

El estreno de la tercera temporada ha resultado ser un mero vehículo para poder anticipar contenidos de 'Sálvame', 'Deluxe' y 'El programa del verano'

Telecinco

No, a la tercera no va la vencida.
 Cuando Mediaset anunció la vuelta de 'Hable con ellas' para rellenar la empobrecida parrilla veraniega, muchos fuimos los que pusimos el grito en el cielo -ya saben, nos encanta exagerar, y desde que tenemos twitter, más-.
¿Qué sentido tenía volver a confiar en un programa que ya ha sido retirado de la pantalla en dos ocasiones? Rápidamente lo entendimos.
 Telecinco necesitaba un vehículo donde poder engatusar a Alba Carrillo, protagonista de la ruptura más mediática de los últimos tiempos, para que contase su versión del drama y, de paso, diese contenidos tanto para 'Sálvame', como para el 'Deluxe' y 'El programa del verano'. Un negocio redondo que tan solo tenía un pero: ¿A quién le interesa 'Hable con ellas'?
De lo que en su inicio pretendía ser un espacio desenfadado, picantón y heredero de la larga tradición de late nights ya no queda nada.
 Tanta vuelta y tanto cambio de presentadora ha terminado situándolo en tierra de nadie.
 Ni es un programa de corazón, ni es un debate, ni es un espacio de entrevistas, ni todo lo contrario. Y, ojo, esto podría funcionar, pero no, no lo hace.
 Nos han bastado los primeros minutos de este tercer intento para darnos cuenta de que los batiburrillos de ideas son una mala elección -un minuto de silencio para el difunto 'Cámbiame Premium'-.
 Tratar de colarle al público una entrevista tan poco interesante como la de Rocío Carrasco como primer plato, de acuerdo, pero, ¿un debate sobre la infidelidad en 2016?
 ¿Hemos vuelto a la transición y no nos hemos dado cuenta?
Alba Carrillo sacándo morritos en su instagram antes de empezar el programa.
Alba Carrillo sacándo morritos en su instagram antes de empezar el programa.
Trasladar al prime time un programa ideado para el late nigh -sí, lo de los anglicismos es una losa que llevamos como podemos-, por el mero hecho de contar con una de las celebrities más demandadas por las revistas del corazón, es una decisión arriesgada.

Pensar que el público tragará todo lo que se le ponga en la pantalla, también. El escarnio emocional al que se ha sometido a Alba Carrillo para conseguir el favor de la audiencia no debería ser de recibo.

 Promocionar el programa comparando su drama personal con la felicidad de otra de las presentadoras es vergonzoso.

 Haberse prestado a este juego con tal de conseguir un puesto en televisión, también. 'A España le gusta un lloro', sentenció ese gran filósofo posmoderno llamado Víctor Sandoval. Pues con lo de anoche, ¡debió quedar encantada!.

Los ataques de despecho de Alba Carrillo, tirando de tópicos machistas para hablar de las supuestas infidelidades de su expareja -el clásico echarle la culpa a la mujer que se acerca a un hombre casado-, no fueron más que el inicio de un camino delirante.
 Un debate con tertulianos rescatados del olvido, una visita de Rocío Carrasco a unas olimpiadas de ovejas y la aparición de Lara Álvarez, presentadora de 'Supervivientes', con un vídeo emotivo de perros maltratados para ver si también soltaba alguna lagrimita.
 Y para terminar, una actuación musical y todos a dormir que son las dos de la madrugada. 
¿De verdad hemos aguantado cuatro horas de programa grabado -sí, grabado- para esto?
 ¡Si es que nos tenemos ganado el reino de los cielos! En caso de que exista, claro.
Pero no todo va a ser terrible en esta vuelta de 'Hable con ellas'. 
La elección de Soledad León de Salazar, personaje interpretado por Josep Ferré, promete ser lo mejor del programa. 
Sin ser nada novedoso, aporta el toque de humor y, en cuanto le den cancha, acabará haciéndose con el espacio de las otras cuatro.
 Al tiempo. Lo mismo ocurrirá con la reportera Eli Martín, a la que hemos visto habitualmente en 'Cazamariposas'.
 Su talento innato para la televisión debería haberla llevado a una silla de presentadora, no a quedarse de reportera.
 Aun así, la recreación de la boda de Alba Carrillo, con la cara de circunstancias de la susodicha en el mismo plano, no ha tenido precio.
Pero no crean que está todo dicho.
 Ahora, de hecho, viene lo bueno. ¿Podrán aguantar el tirón con la única baza del drama de Alba Carrillo? ¿Comenzará a bailar en la parrilla dependiendo de los avances de su ruptura? ¿Tirarán de enfrentamiento con 'Sálvame' para avivar el interés?
 Sin duda, es verano y Mediaset ya ha cumplido sus objetivos con la retransmisión de la Eurocopa.
 Se nota que no necesita nada para posicionarse como líder. Y de esos barros, estos lodos. 
Y nosotros, ahí, haciendo la croqueta en el barrizal... Si es que no tenemos remedio.

 

12 actores que amamos, pero que una sola vez despreciamos por esto


Todos los actores de este reportaje son indiscutibles.
Cada vez que salen en pantalla el espectador siente algo familiar
. Forman parte de nuestra vida. La mayoría de su carrera está llena de personajes empáticos con los que el espectador se siente cómplice o identificado.
 Pero siempre hay una excepción. Ese día que vimos a nuestros adorados actores comportarse como unos despreciables tipos odiosos que asesinan con gélida crueldad. En esas escenas que nos cuesta ver nos hemos centrado.
 Uno de ellos es el execrable personaje de Brad Pitt en 'Kalifornia' (en la foto).

Richard Gere en 'Asuntos sucios'

Pocas escenas han provocado que el espectador odie tanto a un actor tan amado como Richard Gere. Es cuando estrangula con sus propias manos a su compañero policía con una frialdad gélida
. Cuesta mantener la vista en la pantalla.
 Antes de este filme, Gere había pasado de mito erótico a actor en paro en un par de años y las canas aceleraron la madurez de sus personajes.
 Su repugnante policía corrupto de 'Asuntos sucios' (Mike Figgis, 1990) salvó su carrera y demostró que puede ser más que un héroe romántico.
 Gere resulta escalofriante dando vida a un desalmado que precisamente utiliza su atractivo y carisma para aprovecharse de los demás y destruirles.
Nunca la frase "confía en mí, soy policía" sonó tan sádica.

Leonardo DiCaprio en 'Django desencadenado'

Will Smith rechazó el papel de 'Django desencadenado' (Quentin Tarantino, 2012) por la violencia gratuita de la película.
 Según Tarantino, lo que Smith no soportaba era compartir protagonismo con Christoph Waltz. Leonardo DiCaprio, famoso por su entrega absoluta a la visión de cada director, puso su magnetismo al servicio del desalmado Calvin Candie.
 "Seguro que es un esclavista socarrón", pensamos muchos.
 No lo era.
 El ensañamiento con el que Candie disfrutaba de su violencia le convierte en el único villano de Tarantino que no mata por necesidad, sino por placer.
 Quentin confesó que Calvin Candie es el único de sus personajes que no le cae bien, pero DiCaprio contó que, a pesar de su reticencia inicial, fue liberador abrazar el exceso y la repugnancia de su personaje.
 Y todo sin perder sus buenas formas sureñas.

Brad Pitt en 'Kalifornia'

El argumento de este 'psicothriller' de carretera ya pone los pelos de punta
. Un psicólogo pone un anuncio para compartir un viaje visitando escenarios de brutales asesinatos y así dividir los gastos de gasolina (todo un antecedente del BlaBlaCar), con tan mala suerte que el único en responder sea un asesino en serie de verdad. Uno nunca se imaginaría que alguien con la cara de Brad Pitt resultaría un monstruo capaz de matar a puñetazos al anciano que les hospeda. La fascinación de la cultura pop con la violencia queda representada por la atracción que despierta Brad Pitt.
 Al actor, sin embargo, no le hizo ninguna gracia que 'Kalifornia' (Dominic Sena, 1993) se estrenase. La rodó en 1991 cuando aún era desconocido, justo antes de convertirse en un 'sex symbol' gracias a 'Thelma y Louise', pero la distribuidora la estrenó cuando Pitt ya era famoso.
 Las fans del por entonces ídolo adolescente se quedaron heladas ante la ferocidad con la que asesinaba en 'Kalifornia', pero 'Leyendas de pasión' supuso una contención de daños y le consagró como el actor más guapo de la década, medalla que le costaría muchos años quitarse.

Tom Hanks en 'Camino a la perdición'

Ver a Tom Hanks asesinar a sangre fría a Paul Newman sacudió al público en las salas de cine.
 La figura del americano ejemplar, padre de familia y honrado por naturaleza, resucitó en los 90 gracias a Tom Hanks.
 Su mirada limpia y su generosidad le convirtieron en el actor más blanco (y según sus detractores, el más blando) de todo Hollywood.
Por eso cuando protagonizó esta historia de mafiosos vengativos en la que su personaje se embarca en una huida hacia adelante acribillando a docenas de gangsters, la tensión se podía cortar con un cuchillo en las salas de cine
. No estamos acostumbrados a ver dos estrellas en pantalla (Hanks y Newman) intentando matarse el uno al otro.
 Al elegir a Hanks como guía moral de la historia, 'Camino a la perdición' (2002, Sam Mendes) plantea como pocas películas el demoledor conflicto entre juzgar lo que eres y lo que haces. El protagonista era un buen hombre en el fondo, muy en el fondo.
 Pero sus acciones eran las de un monstruo despiadado.

Harrison Ford en 'Lo que la verdad esconde'

Hay pocas cosas seguras en esta vida. Que si Harrison Ford aparece en una película su personaje será un bastión de integridad y honor es una de ellas. De ahí que 'El fugitivo' construyese su premisa en torno a la certeza que tenía el espectador de que Ford era, sin lugar a dudas, inocente. Por eso cuando aterrorizó a su mujer (Michelle Pfeiffer) e intentó convencerla de que estaba loca en 'Lo que la verdad esconde' (Robert Zemeckis, 2000), el público tardó más de media película en darse cuenta de que no se trataba de un malentendido: efectivamente, Harrison Ford era el villano de la función. Y aun así verle estrangular a Pfeiffer resultaba tremendamente desconcertante. Ford reconoció que hizo la película para reirse de las expectativas que el público tiene sobre él.



Robin Williams en 'Retratos de una obsesión'


La mayoría de los personajes de Robin Williams tenían algo en común: eran hombres de vida gris que encontraban su felicidad ayudando a los demás.
Tras su suicidio en 2014, descubrimos que esta trágica descripción también se podía aplicar al actor en la vida real.
En 'Retratos de una obsesión' (Mark Romaneck, 2002), Williams se puso en la piel del perturbador dependiente de una tienda de revelado de fotos que se obsesiona con una familia de clientes
. El terror doméstico provenía de algo tan cotidiano (e inquietante, en realidad) como compartir tu intimidad con un desconocido
. Este es un gesto que nadie se había parado a considerar peligroso y mucho menos si el encargado de revelar las fotos es un señor tan afable como Robin Williams.
 Su adoración por la familia empieza con Williams incluyendo una selfie en el álbum familiar, yendo a buscar al niño al colegio y culmina con una insoportable escena en la que, tras descubrir que el marido tiene una amante, les obliga a posar manteniendo relaciones sexuales para que él tome fotos. Una escena de la que cuesta recuperarse, por lo que vemos el resto de la película con auténtica incomodidad: este revelador de fotos es capaz de todo.

Macaulay Culkin en 'El buen hijo'


Casi todos los actores de esta lista tienen algo en común: aceptaron encarnar a un personaje despreciable ya pasados los 40 años y consiguieron revitalizar una carrera renqueante
. La decisión de (el padre de) Macaulay Culkin de interpretar a un psicópata con sólo 13 años es toda una extravagancia en Hollywood.
 El niño favorito de América parecía querer advertirnos de que podía ser mucho más que un granuja adorable
. En 'El buen hijo' (Joseph Ruben, 1993) interpretó a un niño perfecto al que no le gustaba compartir sus juguetes y estaría dispuesto a llevarse por delante a cualquiera que amenazase su condición de rey de la casa.
 La angustia proviene precisamente por la capacidad de Macaulay para engañar a toda su familia mientras mata a un perro o intenta ahogar a su propia hermana.
 La película fracasó: el público no quería ver a Culkin cometer perversiones.
 Más de 20 años después, Macaulay ha comprobado que el público tampoco quería verle crecer.


Kevin Costner en 'Mr Brooks'


La imagen es del todo inesperada y escalofriante: Kevin Costner matando a un tipo con una pala en un cementerio.
Acostumbrados a que Costner siempre protega a alguien en sus películas, su papel de psicópata en 'Mr Brooks' (Bruce A. Evans, 2007) desconcierta.
 Encarna a un triunfador cuya vida sería perfecta si no tuviese afición por matar de forma innecesaria. Costner, productor de la película, se esfuerza en excusar a su protagonista: todas sus víctimas han cometido actos inmorales (adulterio, chantaje), pero eso no le carta blanca para su sanguinaria actitud. 'Mr Brooks' fue un éxito sorpresa y resucitó la carrera comercial de Costner, que se mostró entusiasmado con aparecer en más secuelas sobre este asesino en serie deshaciéndose de todo el que le incordie.


Tom Cruise en 'Colateral'


Cuando su carrera empezó a tambalearse, Tom Cruise puso todas las fichas sobre la mesa y se la jugó en un todo o nada interpretando a un matón que arrastra a su pobre conductor a una noche de matanza y aflicción: 'Colateral' (Michael Mann, 2004)
. Cruise, uno de esos actores que reescribe sus personajes para salir favorecido, se expuso sin miedo al sanguinario Vincent prestándole su característico nervio y contagiosa euforia.
 Hoy es uno de los papeles más míticos de su carrera, pero verle asesinando a un grupo de pandilleros que le han robado la cartera a su conductor nos escandalizó, sobre todo porque en el fondo estábamos un poco de parte del matón. Tom Cruise tiene esa habilidad para caernos bien pase lo que pase y el siempre perverso director Michael Mann lo sabía cuando le fichó para este desagradable papel.

Matt Damon en 'El talento de Mr Ripley'


Matt Damon es la quintaesencia del buen americano: viene de una familia de clase media, ganó un Oscar como guionista a los 27 años y defiende los valores del trabajo duro, la familia y la lealtad. Aun así, al lado de Jude Law parece una rata de biblioteca.
 La fascinación que despierta el 'playboy' Dickie Greenleaf en 'El talento de Mr Ripley' (Anthony Minghella, 1999) se balancea entre el deseo de tirárselo, la ansiedad por tener su vida y el instinto de rajarle la cara. Sólo conseguira dos de esas tres cosas.
 La angustia con la que le desfigura la cara a golpes con un remo despierta nuestra compasión y eso es lo más tenebroso de la película.
No sólo nos da pena Ripley, sino que hasta comprendemos su frustración traducida en asesinatos múltiples.
 Porque ya sabemos que en el cine una vez empiezas a matar ya no te queda otra solución que seguir con la sangría.


Denzel Washington en 'Training day'


El personaje del detective Alonzo Harris en 'Training day' (Antoine Fuqua, 2001) le dio su segundo Oscar a Denzel Washington.
 Sus prácticas poco ortodoxas se van revelando como una falta total de escrúpulos cuando Harris utiliza su prestigio como honrado policía en Los Ángeles para enriquecerse y aniquilar a todo el que se interponga en su camino
. Ethan Hawke (también nominado al Oscar) interpreta a su joven compañero y representa al espectador, que no da crédito ante la ristra de asesinatos perpetrados por su superior.
 Cuando se da cuenta es demasiado tarde
. A pesar de todas las monstruosidades que acomete, Denzel sabe transmitir que su personaje fue en algún  

Johnny Depp en 'Black mass'


Debajo de todo ese maquillaje, Johnny Depp se caracteriza por personajes generosos que siempre parecen homenajes a Michael Jackson, lo cual le ha reportado el cariño masivo del público.
 Esta imagen bondadosa quedó patente hace un mes cuando, tras ser acusado de malos tratos por su exmujer, buena parte del público salió en su defensa argumentando que Johnny Depp sería incapaz de hacer algo así... como si le conocieran en persona.
 El año pasado, maquillado como siempre e inquietante como nunca, Depp interpretó en 'Black mass' (Scott Cooper, 2015) al sanguinario mafioso Whitey Bulger.
 Su personaje era un vampiro, un asesino en serie y un crápula que se valía del terror que provocaba en los demás. Johnny no concedió ni un ápice de humanidad al mafioso, algo a lo que ni él ni su público está acostumbrado
. Pero ahí está la gracia.

Una familia diezmada por la masacre..................................................... Ana Teruel

Mohamed Lahouaiej Bouhlel mató en un instante a tres generaciones de un mismo clan.

Ciudadanos reunidos, este domingo en Niza, para rendir homenaje a las víctimas. REUTERS
Christophe Lyon se encontraba la noche del atentado en Niza en el Paseo de los Ingleses con su esposa, Véronique, de 55 años, sus padres, sus suegros y el hijo de ella, Michaël Pellegrini, de 28 años
. En su carrera macabra por la avenida, el camión de Mohamed Lahouaiej Bouhlel solo le rozó.
 Pero se llevó por delante al resto del grupo, matando en un instante a tres generaciones de una misma familia.
 Lyon cuenta ahora con el respaldo de su hija menor, quien no estaba presente aquella noche, de sus amigos, que cuidan con recelo de su intimidad, y del cariño de un pueblo entero, el de Gattières, donde reside, volcado con su pena.
“Son personas muy amables, muy buena gente y muy sencillos”, explica con un hilo de voz un amigo personal de Christophe, quien no quiere dar su nombre por respeto, frente a la bolera a la que suele acudir.
 “No le puedo decir mucho más, hemos estado este domingo con la familia y amigos en la iglesia y nos han pedido discreción
. No quieren atención, están destrozados”, añade.
 A la entrada del club ha desplegado una gran pancarta en la que se puede leer: “Puto camión. Soy Gattières. Soy Niza”.
Christophe y Véronique se habían instalado hace unos años en este pintoresco pueblo de callejuelas y casas de piedra de Gattières, en las alturas del monte, a unos 20 kilómetros de Niza
. Los padres de ambos, Gisèle y Germain Lyon, de 68 y 66 años, originarios de L’Aube, y François y Christelle Locatelli, de 82 y 78 años, naturales de Lorena, habían venido a visitarles unos días.
 A estas vacaciones en familia se había sumado el hijo mayor de Véronique, fruto de una relación anterior, Michaël Pelligrini, profesor de economía en un pueblo de la Lorena.
En el pueblo, todos recuerdan la gran sonrisa y el buen humor de Véronique.
 Había dejado su trabajo como niñera cuando la empresa de transporte de su marido lo envió a esta zona.
 Esperaba ahora la apertura de una guardería en la comuna para presentarse.
“Era una mujer muy simpática, muy amable, una persona a la que no podía no querer”, recuerda Alice, la dueña de la panadería donde acudía con frecuencia.
 “Venía aquí, se sentaba con otras señoras del pueblo, bebía su café y leía su periódico
. Siempre preguntaba por todo el mundo, era realmente una persona buena”, añade.
“Este no era su destino, lo que ha pasado es que alguien le ha arrebatado la vida”.
El ayuntamiento ha rendido un último homenaje a la familia este mediodía con una marcha solidaria y un minuto de silencio.
Se ha celebrado otro en Niza, frente al Paseo de los Ingleses en recuerdo por las 84 víctimas mortales del atentado, donde varios asistentes han abucheado al primer ministro, Manuel Valls, que ha asistido al homenaje.



 

Laura Esquivel regresa a la cocina de ‘Como agua para chocolate’........................................... Rocío Aguilera Vázquez

La escritora y diputada mexicana publica, 27 años después, la continuación de su conocida obra.

 

La autora mexicana Laura Esquivel en Madrid.
El fogón de la cocina de Como agua para chocolate no se ha apagado.
 Casi 30 años después de que esta historia fue escrita, su autora, Laura Esquivel, (Ciudad de México, 1950) lo aviva con El diario de Tita, la segunda parte de lo que ha decidido se convierta en una trilogía
. Sentada en un hotel en el centro de Madrid, la escritora revela que “tenía que envejecer” para poder explicar lo que quiso decir en la que fuera su primera novela
. “Si este libro se hubiera escrito inmediatamente después del primero, definitivamente sería diferente porque tengo otra perspectiva de la novela, de la vida misma".

La segunda entrega está escrita en forma de diario, el libro que llevaba la protagonista de la primera historia.
 Con fotografías, ilustraciones y flores, Tita regresa para revelar dos décadas que no son contadas en Como agua para chocolate “Pueden encontrar todo lo que pasó con ella a partir de su decisión de no casarse con John Brown, quedarse en el rancho y concretar su revolución.
 Qué pasó entre ella y Pedro, cómo vivieron esos 20 años".
La comida sigue siendo un elemento crucial, y las revoluciones siguen presentes. 
No solo en su obra, también desde el asiento que ocupa en la Cámara de Diputados de México. “Si en Como agua para chocolate decía que somos lo que comemos, en la segunda parte digo también que somos lo que sembramos", afirma convencida.
 Como diputada de Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el partido que creó el excandidato a la presidencia Andrés Manuel López Obrador, asegura que en la política también se empieza por la siembra. 
“Todos los de Morena donamos la mitad de nuestro salario a una universidad que creó la organización. Es lo que estamos sembrando”.
En El diario de Tita (Suma de Letras), la protagonista describe con detalle su lucha por acabar con una tradición familiar que considera injusta.
 Y aunque parece triunfar, sabe que su éxito se verá reflejado en las generaciones siguientes
. Al igual que ella, Esquivel está consciente de que a nivel legislativo “es difícil concretar la voluntad de cambio, porque hay acuerdos de una mayoría aplastante que no lo permiten”pero asegura que el simple hecho de llegar a la Cámara de Diputados es significativo.
Un ejemplo de lo que no ha podido cambiar como diputada es la ley 3 de 3, una iniciativa ciudadana por la que políticos y empresarios debían hacer públicos sus bienes e intereses personales, y que fue aprobada en junio con polémicos cambios. 
 “Es tan increíble que ellos [el Gobierno] sigan empeñados en evitar la transparencia.
 Dicen que la reforma educativa no es negociable, pero cuando se aprobó la ley 3 de 3 y los empresarios salieron a marchar [se manifestaron] de traje y corbata, el presidente pidió inmediatamente que ellos no presenten declaración”, dice indignada. 
“Esa ley sí es negociable porque iban a salir todas las ligas del Gobierno con las grandes compañías constructoras.
 La casa donde vive el presidente saldría ahí inmediatamente, de dónde vino y cuáles son sus nexos”.

La autora tampoco se corta al hablar de la situación política de España, nación que considera que, al igual que México, “tiene que lograr tender lazos y puentes para completar el proceso de ponerse de acuerdo por el bien de la mayoría”
. Y aunque en sus historias la comida es una manera para sanar y arreglar las cosas, considera que no hay una receta para mejorar la situación en la que se encuentra su país.
 “Si la hubiera, la cosa no estaría tan mal”
. Para ella, las personas que quieran lograr este cambio tienen que conocer a fondo la situación de México: 
“No es por nada, pero tendrían que hacer lo que ha hecho Andrés Manuel López Obrador, no una, sino tres veces, que es recorrer hasta el último municipio del país”.
Así como Tita tuvo que esperar dos décadas para ser completamente feliz, a la pregunta de si considera que López Obrador deba intentar por tercera ocasión llegar a la presidencia, la mexicana responde confiada que el político “sí lo va a intentar, y espero que esta vez lo logré”.