Hablamos con la top australiana Cat McNeil, con la que tanto se identifican las nuevas generaciones.
Pichi de SPORTMAX (505 €), top de
MARCIANO GUESS (83 €) y zapatillas deportivas de HERMÈS (680€).
Foto: Henrique Gendre
Catherine McNeil (27 años).
O Cat, a secas.
La gata, como muchos la llaman en esta industria por su mirada verde, felina, hipnótica;
por su manera de deslizarse ante la cámara, silenciosa, elegante; por
su actitud, tímida, recelosa; y por su trayectoria, libre e
independiente.
Cat se deja acariciar por el objetivo de la cámara y los
focos de la pasarela, y de pronto ya no quiere más y se va.
Es lo que
hizo en 2009.
Estaba en lo más alto, pero ella decidió hacer un parón y desaparecer del circuito durante unos años.
Volvió en 2013. Esa temporada abrió siete desfiles y fue elegida (de nuevo) una de las caras del momento.
«Que algunos hablen de ideas poco convencionales de belleza no
significa que el canon de perfección agresiva haya quedado relegado a un
segundo plano», valora la australiana.
«Todo es cíclico. Es cierto que
hoy se prefiere un prototipo más andrógino, pero, en realidad, todo
vale.
Y eso es precisamente lo que más me gusta», concede.
Hasta hace
muy poco, por ejemplo, hacerse un tatuaje equivalía a dar un mal paso si
eras una chica cuyo sueño era trabajar en moda.
Antes los tattoos
se tapaban, se maquillaban, se borraban con Photoshop.
Ningún agente
los aconsejaba. Estaban en la lista negra, junto a ojeras, cicatrices y piercings.
«Las nuevas generaciones tienen una mentalidad distinta; no han crecido
con esos tabúes. Y parece que la moda se ha contagiado de ese
espíritu».
El giro hacia una estética más tribal se ve en la calle, pero
también en la pasarela, donde, en desfiles como el último de
Balenciaga, las maniquíes profesionales aparecen junto a otras jóvenes,
amateurs
y rarunas, hijas del culto a la belleza de resaca de extrarradio.
«No
todo el mundo se puede sentir identificado con las propuestas más
glamurosas que vemos en las revistas, la gente necesita alternativas más
reales, milénicos incluidos».

Top de CALZEDONIA (30 €) y pantalón de PACO RABANNE (750 €).
Foto: Henrique Gendre
Para Cat, grabar con tinta la piel es una forma adictiva de catarsis. «Me han repetido tantas veces cómo tengo que ir peinada, cómo cuidarme, cómo vestirme, cómo moverme… Que, en mi caso, hacerme un
tattoo
es una manera de recordar y demostrar que es mi cuerpo y puedo hacer
con él lo que quiera», defiende.
«Me hice el primer tatuaje un día antes
de cumplir 18 años; volví al día siguiente para hacerme el segundo»,
recuerda
. «¡Qué gracia! No recuerdo cuál fue primero: el 13 de la muñeca
o la estrella de la oreja», dice con una sonrisa.
Tiene muchos. No los
ha contado. O sí. Cat da pistas, pero nunca se descubre del todo
. «De
algunos me arrepiento, pero tampoco me molestan».
Polo de UTERQÜE (59 €), pantalón de ESCADA (575 €) y deportivas de HERMÈS (680 €).
Foto: Henrique Gendre
«Hay gente como Catherine McNeil y Catherine Baba. Las dos son
australianas. Las dos han triunfado. Las dos tienen personalidades
increíbles. Y las dos son completamente únicas. La individualidad es
importante», sentenció Mario Testino hace apenas tres meses.
«La
belleza es subjetiva. Si quieres durar en esta profesión, debes tener
una personalidad fuerte y ser tú mismo.
La individualidad es clave»,
coincide Cat, quien siente una devoción muy especial por el fotógrafo
peruano. «Mario es, obviamente, mi debilidad. Él lanzó mi carrera».
Fue
en 2006. La maniquí firmó un contrato de exclusividad de seis meses con
Testino, del que salieron sus primeras grandes campañas de publicidad
(para Dolce & Gabbana y Boss). «La moda me permite desarrollar mi
lado más creativo.
Me fascina la idea de convertirme en otro personaje
durante unas horas y vestirme con prendas que, de otro modo, jamás
llevaría.
Echo de menos la creatividad desbordante de Galliano en Dior.
Aquellos vestidos eran un auténtico derroche de artesanía», reconoce.
Patrick Demarchelier la retrató en el calendario Pirelli de 2008 con una
chaqueta de la colección más aplaudida del británico para la maison
francesa [alta costura p-v 2007].

Bómber
con detalles de piel y aplicaciones metálicas y brillantes (1.800 €) y
pantalón de talle alto (750 €), ambos de TOD’S; top de CALVIN KLEIN
UNDERWEAR (31 €) y deportivas de HERMÈS (680 €).
Tiene dos perros.
Un
beagle que se llama Harvey (por el álbum
Harvest Moon,
de Neil Young) y un pit bull adoptado que se llama Hardy (por el
tatuador Ed Hardy). Por ellos saca las uñas… Y su lado más activista
como portavoz de la iniciativa
Beagle Freedom Project.
Cuando tenía 14 años y vivía en Australia, rodeada de animales, Cat aspiraba a trabajar en un taller mecánico.
Todavía hoy, cuando se apagan los focos, le gusta hacer cosas normales:
«Sacar a pasear los perros, dar una vuelta… Y no soy de las que se pone
tacones para ir al parque», bromea
. «Mi estilo es bastante relajado».
Acorde a los nuevos tiempos, que exigen básicos unisex. «Cuando voy a
París, tengo que hacer un esfuerzo para arreglarme un poco, porque me
gusta verme más femenina de vez en cuando», suelta.

Chaqueta de napa y polo de nailon (c. p. v.), ambos de MIU MIU.
Foto: Henrique Gendre
Gabardina y vestido, ambos de LACOSTE (c. p. v.); y zapatillas de HERMÈS (680 €

