Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

15 jul 2016

Mark Hamill, el resucitad.......................................................... Gregorio Belinchón


Mark Hamill, como Luke Skywalker en 'El despertar de la fuerza'.

El actor es la primera estrella en aparecer en la Convención Europea de 'Star Wars', y triunfa ante un auditorio de 4.000 fans de la saga.

 No hay un sitio igual para un fan de Star Wars: un fin de semana encerrado con 20.000 compañeros de pasión, con todo tipo de mercadotecnia, disfraces, eventos, conferencias, paneles, podcasts, televisión en directo...

 Y estrellas, y novedades sobre las próximas películas. 

La productora LucasFilm siempre cuidó estos eventos. 

 Ahora, que forman parte de Disney y que se encuentran en pleno lanzamiento de la tercera trilogía y de los spin offs (películas surgidas de la historia principal que desarrollan tramas antes secundarias), el detallismo es infinito.

 Hasta casi cien actos hay previstos para este fin de semana, que ha arrancado esta mañana con colas infinitas aunque fluidas a la puerta del Centro de Convenciones de Londres. 

 No quedan entradas para el evento completo (costaban 105 euros) y solo algunos pases de día para el domingo.

 Decenas de pilotos rebeldes, militares de cualquier graduación de las tropas del Imperio, un Obi-Wan Kenobi con la misma edad y barba que tenia Alec Guinness en La guerra de las galaxias -algo que le hace sentirse orgulloso-, chicas vestidas de Han Solo, un padre con barba cerrada vestido de princesa Leia (incluidas sus aditamentos capilares en forma de ensaimada) con su hijo de cinco años disfrazado de ewook...Por amor a Star Wars vale todo, y eso incluye tatuarse cualquier rostro o diseño de la saga creada por George Lucas en el cuerpo. Eso sí, la decena de tatuadores con puesto en la convención deben poseer el sello oficial de Star Wars.

 Por cierto, ni rastro de la trilogía sobre Anakin Skywalker: como si no hubieran existido aquellos tres terribles filmes.


Y en medio de todo esto, antes de que desembarque el equipo de Rogue One -la próxima película del universo Star Wars, que se estrenará el próximo 16 de diciembre y que describe cómo los rebeldes robaron los planos de la Estrella de la Muerte-, un resucitado Mark Hamill ha dedicado algo más de una hora a responder preguntas de los 4.000 asistentes que en el auditorio del Excel London han aplaudido a rabiar al hombre que pone rostro a Luke Skywalker.
 A sus 64 años, el californiano mantiene un envidiable sentido del humor, y se ha comportado como un monologuista cómico en el escenario, en el que ha entrado asegurando que se sentía como en el salón de casa con 4.000 amigos. 
Mañana será el turno de Carrie Fisher, y a ella ha dedicado sus primeras palabras porque la considera su hermana antes de contar un par de maldades sobre ella y confesar que no podía contar mucho del Episodio VIII (ya rodado y que llegará a los cines en diciembre de 2017): 
"Es curioso que me pongan aquí a ver si suelto algún detalle cuando me pagan una pasta por callar la boca".
Hamill rememoró como no leyó el guion de La guerra de las galaxias hasta que le contrataron, tras clavar una secuencia en las pruebas para ser Luke Starkiller.
 Entonces descubrió que su papel era mucho más grande de lo que esperaba -
"Fue mágico, pensaba que todo sería para Harrison Ford, más popular"-, y viajó inmensamente feliz al rodaje, donde le dieron la mala noticia: el apellido de Luke cambiaba a Skywalker. "¡Le quitaron todo el rollo macho!".
 Cuando le preguntaron por alguna anécdota graciosa de aquella trilogía, soltó: "¿Alguna? ¡Todas! No paramos de reír en aquellos rodajes! 
Ahora, le contaba a amigos de fuera del cine lo que estaba haciendo, con gente disfrazada como de perro a mi alrededor y flipaban".
 El actor también ha demostrado su talento para las imitaciones, que le han granjeado una segunda carrera en la animación como doblador de dibujos.
 "Mi madre me regañaba por hacerlo, y mira ahora", antes de empezar a poner las voces de Bela Lugosi, Boris Karloff, Peter Lorre o el acento británico de The Beatles.
 De su infancia recordó sus innumerables cambios de colegio siguiendo los pasos de su padre, capitán de la Armada, que le llevaron incluso al instituto en Japón.
 "Recuerdo ver en televisión en blanco y negro la serie Superman con George Reeves.
 Era tan niño que ni siquiera sabía que se basaba en un tebeo". 

Pero cuando ha logrado poner de pie al auditorio ha sido cuando ha leído como el Joker algunas frases de La broma asesina, el mítico tebeo de Alan Moore a punto de estrenarse en su versión cinematográfica, y la que Hamill, como ya hizo en la serie de televisión, pone la voz del Joker.
 "Alan Moore es un grande". 
Sobre su carrera, rechazó sentirse enfadado por cómo ha marcado sus pasos Luke.
 "¡Por favor He hecho mucho teatro y animación. 
Y en los dibujos soy feliz con los compañeros que me rodean. Y aquí estoy con vosotros disfrutando, viendo estos rajes increíbles, algunos mejores que los del rodaje... 
Mirad las noticias y lo que pasa afuera.
 Prefiero vivir en una galaxia muy muy lejana".
Del Episodio VII comentó que todos los nuevos personajes le gustan por igual, que le encanta que ya no sea la historia de Luke, sino la de los recién llegados, pero que nadie le había preparado para su exigua aparición en pantalla. 
"Entrené, adelgacé, me preparé... Y al final solo tenía que estar de pie, girarme y quitarme una capucha. ¡Nadie me avisó!"; bromeó, antes de darse cuenta de que el vaso de agua a su servicio tenía su cara impresa.
 Él mismo es ávido coleccionista de memorabilia de Star Wars; sin embargo contó: "Lástima, ya no me caben más cosas en casa".
Y mientras Hamill se despedía cantando "You say goodbye and I say hello", de The Beatles, fuera del auditorio los fans seguían disfrutando de exhibiciones de efectos especiales, charlas sobre la gastronomía en Star Wars, encuentros entre clubs de fans y paseando entre el centenar de puestos que venden todo, casi absolutamente todo, de unas películas que hace tiempo ya escaparon de lo meramente cinematográfico.


El húngaro que sonreía....................................................................... Juan Cruz

El escritor húngaro Péter Esterházy murió ayer a los 66 años.

El escritor húngaro Peter Esterházy firma un libro durante el Festive Book Week de este año en Budapest, Hungría. MTI via AP
Hay al menos tres escritores risueños, y entre ellos está Peter Esterházy, el húngaro que sonreía. Los otros son Jorge Luis Borges, que sonreía y hacía sonreír, y Juan Carlos Onetti, que se sonreía por dentro.

El caso de Esterhàzy, que acaba de morir en Budapest a los 66 años que cumplió en abril, era muy especial.
 Se reía (y se sonreía) de su sombra, que venía de un árbol plenamente aristocrático (lo describió en Armonía celestial, Galaxia Gutenberg, 2003) y de la mancha principal de su país en el siglo XX, el estalinismo y su comunismo intrínseco (descrito en Pequeña pornografía húngara, Alfaguara, 1992).
En Armonía celestial era ya el autor maduro, capaz de afrontar el pasado, hasta el siglo XVII, como si fuera hoy, y en Pequeña pornografía húngara era el autor que sonreía, y se reía, ante el espectáculo increíble de aquel comunismo de pacotilla que aún no había entregado la cuchara y que él afrontó con el humor que despertaban sus astracanadas.
Cuando, en 2004, con Armonía celestial aun caliente, recibió el premio de la Paz de los libreros alemanes, en la Feria de Francfort, se rio de la solemnidad del tiempo que vivíamos entonces, pero se puso serio ante una sola cosa: la guerra que había sonado con toda su tragedia y malaventura, en Irak, propulsada, como se ha confirmado ahora, por dirigentes fanáticos de sí mismos que pusieron al mundo en la vía del desastre que ahora anochece sobre Francia y sobre Europa.
Allí, ante aquel auditorio de intelectuales y libreros y políticos, aludió al hecho que estalló en Irak: “Sólo una línea: de siempre admiro a Estados Unidos, estoy contra de la guerra. Punto final”.
Era delicado, como su silencio sonriente.
 De entre los escritores que he conocido no fue solo el más sonriente (con Onetti, con Borges), sino el más solícito, el más tranquilo; su vecindad no era el ego, sino la broma, la amistad que partía de sus ojos grandes y claros.
 Su geografía humana estaba presidida por un pelo alborotado y bello que se peinaba con las manos como si estuviera describiéndolo.
Le gustaba el fútbol, porque en su familia aparte de aristócratas hubo también futbolistas; de la estirpe de Kubala, que era un tema de conversación cuando vino a Madrid en 1992, y cuando lo vimos varias veces en Fráncfort, en los bares chiquitos de aquellos hoteles
. Esterhàzy tenía la preocupación del estilo en el fútbol, pero también en la vida. Elegante siempre, no se burló de lo serio sino de lo solemne.
 Aquel día en que recogió el premio de los libreros alemanes habló de la pena de Europa, que no había hecho los deberes en el siglo XX, lleno de sangre, y que inauguraba el siglo XXI (en ese entonces), sin sentimiento, sin energía.
En el Este los problemas se habían metido bajo la alfombra (“y ahora ni siquiera tenemos alfombra, nos la robaron los comunistas”) y en el resto de Europa se habían escondido los problemas, directamente, porque pareció que el único problema era castigar a Alemania por Hitler, así que “las cuentas con el pasado” no las hicimos todos, las hicieron, tan solo, los alemanes.
Parecía un pianista, un tipo que hubiera convivido con Beethoven… y con Kubala; había en él una armonía (una armonía celestial, probablemente) que se acentuó con el tiempo, aunque el tiempo pulió su rostro, lo hizo más terso, menos muchacho, más adulto.
 Pero ni ese contratiempo que finalmente lo venció le quitó la sonrisa con la que llegaba a los países (a España, por ejemplo) como si no tuviera que hablar para hacerse entender.
La sonrisa, la risa, eran su arma; su literatura fue, además, el alma de su casa y de su patria.

 

El equipo de ‘50 sombras de Grey’, a salvo tras el atentado de Niza

El productor de la película, Dana Brunetti, confirmó a través de las redes sociales que se encontraban bien. Rihanna, que debía actuar hoy, canceló su concierto.

Dakota Johnson y Jamie Dornan, rodando en Niza. Cordon press

El terror se apodera una vez más de los franceses.
 El brutal atentado cometido la noche de ayer, 14 de julio, en Niza, mientras miles de familias celebraban en la calle la fiesta nacional ha llevado al país galo a declarar tres meses más en estado de excepción. 
 Niza no solo es conocida por sus aguas azul-turquesa sino también por ser uno de los sitios turísticos favoritos de muchos famosos y por ser escenario de muchos largometrajes.
 El último, la tercera parte de la saga 50 sombras de Grey, protagonizada por Dakota Johnson y Jamie Dornan.

 Dakota Johnson y Jamie Dornan, en Niza. Cordon Press

El terror se apodera una vez más de los franceses. El brutal atentado cometido la noche de ayer, 14 de julio, en Niza, mientras miles de familias celebraban en la calle la fiesta nacional ha llevado al país galo a declarar tres meses más en estado de excepción. Niza no solo es conocida por sus aguas azul-turquesa sino también por ser uno de los sitios turísticos favoritos de muchos famosos y por ser escenario de muchos largometrajes. El último, la tercera parte de la saga 50 sombras de Grey, protagonizada por Dakota Johnson y Jamie Dornan.
Dakota Johnson y Jamie Dornan, en Niza. Cordon Press
El jueves por la mañana la pareja de actores fue captada mientras descansaba y luego rodaba en las playas de Niza.
 Sin embargo, tras la matanza las medidas de seguridad se han extremado.
 Fueron los mismos productores quienes confirmaron que el equipo entero de producción como de actores se encontraban en perfecto estado.
 Unas horas antes se habían dejado ver en un bote cerca de Saint-Jean-Cap-Ferrat, donde ocurrió el atentado que se ha cobrado la vida de 84 personas.
El productor Dana Brunetti fue la encargado de confirmar que estaban a salvo y lo hizo por medio de las redes sociales: “La producción confirma que todos los que estamos trabajando en el sur de Francia nos encontramos bien”, escribió.
 Y en otro mensaje añadió: “Gracias por todas los mensajes y muestras de preocupación.
 Otro día triste para Francia y el mundo”.

Dakota Johnson y Jamie Dornan, en Niza. cordon press
 
Otra famosa que se encuentra en la ciudad francesa es Rihanna. 
 La de Barbados llegó el jueves a Niza pues hoy, viernes, tenía previsto dar un concierto como parte de su Anti World Tour. 
Sin embargo, el alcalde de la ciudad anunció que el concierto ha quedado cancelado. 

El atentado ocurrió la noche del jueves.

 Un conductor –francés de origen tunecino- se avalanzó contra una multitud de personas se encontraba en el Paseo de las Ingleses, festejando el 14 de julio, dejando 84 personas muertas –según el último balance del Gobierno francés-. 
El vehículo atropelló a gran velocidad y a lo largo de casi dos kilómetros a grupos de congregados para ver los fuegos artificiales. El conductor fue abatido por disparos de la policía, según ha informado el Ministerio del Interior.

 

 

Ángela, esa actriz, esa tía............................................................ Carlos Boyero

Es una de las actrices más relevantes de la historia del cine español desde que Luis Buñuel la descubriera al mundo con ‘Ese oscuro objeto del deseo’.

Habla memoria, que diría el maestro Vladimir Nabokov. ¿O era otro?
 Pero sigo la moda de jóvenes ilustrados, que para comentar la imaginación que existe en un pase de Messi necesitan aproximarlo a una frase o un pensamiento sublime o paradójico de Faulkner o de Capote, pero en las referencias también pueden aparecer Aristóteles y Walter Benjamin que justifique su posmoderna y culturizada reflexión sobre hombres que recorren en calzoncillos un campo tratando de introducir una pelota en la portería contraria.
Y me piden que hable de la premiada Ángela Molina.
 Se lo merece, por supuesto. 
Pero hablemos del recuerdo.
 La primera persona que me habló con gesto de éxtasis sobre una actriz muy joven a la que no conocía fue Fernando Trueba.

La había visto y escuchado, yo creo que también enamorado, en Camada negra y Ese oscuro objeto del deseo

 En la primera renqueante, sufrida, chuleada por un hijo de puta fascista. 

Bajo la mirada perversa de Buñuel, siendo objeto del deseo de un burgués casi anciano que porta un saco.

 Y también la había visto en La Sabina, su mejor interpretación, su presencia más carnal, interpretando a una mujer al que es imposible no desear, pura vida, peligro inminente, alguien de la que puedes enamorarte pero nunca confiar demasiado.

 Me explico, una mujer fatal que quiero imaginarme gitana, una actriz capaz de introducir muchos registros a sus personajes, pero ante todo una mujer muy hermosa que te cautiva con una mirada, un parpadeo, una sonrisa oblicua, un te quiero pero también te puedo matar.

Y en el primer número de una revista de cine parida en 1981 y titulada, como no, Casablanca, que dirigía Fernando Trueba y en la cual escribían gente a la que admirábamos (Fernando Savater, Juan Cueto) y en la cual hacíamos critica, o lo que fuera, un grupo de amigos, más algún miserable con inútil carné de cinéfilo, colocamos en la portada a esta impresionante señora.
 Sospecho que la entrevista que le hicimos Fernando y yo no era legendaria.
 Estábamos colgados con la dama y así es imposible que salgan buenas entrevistas.
 Éramos como dos adolescentes perturbados, simplemente enamorados, con la boca abierta, sin posibilidades de triunfo.
 Hubo un momento en el que Ángela jugueteando con un papelito se le cayó al suelo
. Ambos fuimos arrebatados a devolvérselo. Me lo contó después Fernando, que es mucho más perceptivo, crítico y listo que yo. 
Era un acto de amor de dos fans (aunque debíamos de tener como veinticinco o veintiséis años) muy colgados, extasiados ante la actriz y la mujer.

 Y Ángela Molina desperdició durante muchos años ese crédito artístico que le otorgó el esplendoroso principio de su carrera. La última vez que la vi fue en un concierto olvidable de David Bowie en el Calderón.

 Sospecho que ambos estábamos bastante perdidos. 

Y la he visto envejecer en la pantalla con notable talento, con su personalidad intacta aunque el cabello esté blanco, las arrugas imperen, es el rostro de una persona que ha vivido intensamente, para bien y para mal. 

Y se merecía este premio desde hace mucho tiempo. ¿Cómo me voy a olvidar de La Sabina?