Emma Cohen se arma de pan, tenedor y cuchillo. Y elabora una teoría a
partir de su experiencia culinaria más notable. La de su marido,
Fernando Fernán-Gómez, el autor de Las bicicletas son para el verano, que ella dirige ahora para la radio, era la bechamel. "Descubrió la bechamel, y ya bechamelizó
todo. Hasta que Haro Tecglen le regaló un libro de Bocuse, y entonces
elevó el nivel". Pero lo de Emma, actriz, directora de teatro, la mujer
de Fernando, a quien este dedicó aquella obra ("A Emma, de mi mejor
verano"), son los erizos. "Partirlos tiene su mérito, no creas. Para
hacerlo, tienes que ser, primero, buena persona, aunque sea
momentáneamente. Luego coges un paño, un cuchillo, y pinchas allí donde
el erizo tiene el embudillo...". Y ahí tienes el erizo, "¡un arte!".
La actriz dirige una versión radiofónica de 'Las bicicletas son para el verano'
Las bicicletas son para el verano fue escrita por Fernando
Fernán-Gómez en 1974 y en 1982 la estrenó José Carlos Plaza en el
Español. "Representa la adolescencia de Fernando, el momento en que va a
comenzar la Guerra Civil". En aquel ambiente, Fernando, Luis en la
obra, descubre la vida, y la guerra le adentra en las miserias. Es una
obra luminosa. "A Rodríguez Pi [el director de antena de la SER] se le
ocurrió que una adaptación para radio podía estar muy bien para marcar
el 75º aniversario de la Guerra Civil. Y en eso estoy, ensayando, feliz
de asumir esta iniciativa". Emma Cohen es una mujer melancólica y entusiasta a partes iguales;
vio cómo Fernando escribía esta obra ("él sentado en un extremo de una
mesa enorme; yo, en el otro, escribiendo mis cosas"), y fue testigo,
también entonces, del genio "regresando a una adolescencia que se
parecía a la suya, encerrado en su casa, leyendo, siguiendo a las
muchachas que le gustaban, siendo como el Luis que le representa en el
texto". La obra se pondrá en pie, por así decirlo, el 18 de julio,
precisamente. Pero ahora están con los ensayos generales, y de allá para
acá va Emma Cohen, "preocupada por la música, por los efectos
especiales, 'ese armario del ruidero' que la radio ha puesto a nuestra
disposición". Está feliz en la aventura. Mariano Revilla, el director de
producción de la SER, le parece "alguien mágico", como Ángeles Afuera,
Primitivo Rojas, Gemma Nierga, Manu Berástegui y Sonia Ballesteros,
actores que vienen del micrófono. Iñaki Gabilondo, "a quien tanto
amamos", hace de narrador. Aparte, los actores de verdad: Ana Labordeta, Ginés García Millán, Elena Flores, Tina Sainz, Jaime Cano... Jaime Cano es Luis en Las bicicletas...,
"hace de Fernando, pues, y fíjate qué coincidencia: es nieto del
compañero de Miguel Hernández a quien dibujó Buero en la cárcel".
Es una aventura increíble hacer teatro ("¡otra vez!") en la radio.
"Los actores tienen que transmitir, con su voz, toda la emoción. Y han
de hacerlo leyendo, ¡y sin que cruja el papel!". Es como abrir un erizo,
le digo. "¡Exacto! ¡Hacer teatro para la radio es como abrir un
erizo!". Emma Cohen fue testigo del regreso a la adolescencia de su marido, Fernando Fernán-Gómez, cuando escribía la emblemática obra. ÁLVARO GARCÍA
Se dice tontamente que detrás de cada gran hombre hay siempre una
gran mujer a la sombra . No tiene por qué ser así. En sonadas ocasiones
ha habido grandes hombres a pesar de... Fernando Fernán-Gómez ha sido
afortunado: en los últimos casi cuarenta años de su vida estuvo junto a
una mujer generosa, vivaz, inteligente, culta y divertida, que le
acompañó feliz en todo momento, y que quizá también le soportó en las
circunstancias ingratas . Emma Cohen, que había aterrizado en el cine
español tras sus aventuras en el Mayo Francés, donde tiraba piedras a
los guardias, sigue conservando la misma alegría de vivir. Intervino en
aquellos años en no pocas películas españolas y programas de televisión:
alta comedia, cine de terror, de humor, cintas pícaras o infantiles...
lo que se hacía entonces. Cuando Fernando y ella coincidieron en una película, quizá Pierna creciente, falda menguante, Emma era también escritora, quería dirigir películas y cambiar el mundo. Estaba sola y no quería estar sola, tal como el propio Fernando
escribió, añorándola en un momento -breve- en que ambos estuvieron
separados. Una pausa. Continuaba Fernán-Gómez: "Llenó la casa de risas,
de bromas, de juegos, de amigos. Cuanto ella podía tener de
hospitalario, me lo entregó, procurando, con su gran instinto, restañar
viejas heridas y, con minuciosa delicadeza, no abrir ninguna nueva". No
debía ser fácil, seguramente nunca lo es convivir con un genio. Pero
pasaron y pasaron los años, y Emma continuaba a su lado, alegre y
combativa, atenta a cuanto el gran Fernando pudiera necesitar. Compartió
con él algunas penas que luego se transformaron en grandes regocijos,
como fue sin duda el largo aplazamiento del estreno de Las bicicletas son para el verano,
la mejor obra teatral de Fernando, y su posterior triunfo. Escribió
junto a él algunos de sus buenos guiones -la serie para televisión El pícaro-, le dirigió en algunos de sus cortos -La plaza, Quería dormir en paz...-, y posiblemente le hacía leer en primer lugar sus novelas, Toda la casa era una ventana, Alba, reina de las avispas, Loca magnolia... La generosidad de Emma Cohen admiraba a cuantos visitaban a don
Fernando . Y el exquisito tacto que desplegó cada vez que debió anunciar a
su compañero la muerte de algún amigo cercano: la Ponte, Agustín
González, Eduardo Haro, Pablo del Amo, Pedro Beltrán... En cada ocasión,
Emma supo desplegar su mejor hacer para no despertar en su cónyuge
angustia ni pena. Fernando posaba en ella su confianza, y Emma Cohen,
mujer admirable, ha estado a su vera hasta el último instante, con la
entrega y el amor de siempre. Un abrazo.Pasaron los años, y ella
continuaba a su lado, alegre y combativa
Emma Cohen ha sido
exquisita hasta el final.
Ayer lunes por la tarde murió en su casa, a
los 69 años, víctima de un cáncer que había ocultado a casi todos sus
seres queridos
. A su lado se encontraba Helena de Llanos, cineasta y
nieta de Fernando Fernán-Gómez, su pareja durante 37 años
. Justo este
viernes 15 de julio se reestrena en los cines Bruja, más que bruja(1976), una inaudita película dirigida por Fernán-Gómez e interpretada por él mismo, Emma Cohen y Paco Algora, fallecido el pasado mes de marzo.
Emma
nació en Barcelona en 1946, en una familia bien con la que rompió muy
joven.
En París vivió el Mayo del 68, en Barcelona el ambiente de la gauche divine
y en Madrid el mundo de las noches y tertulias del Café Gijón, el
Oliver o Bocaccio, donde su belleza y su gracia surrealista arrasaban
Siempre fue rebelde, ácrata, inteligente, chispeante y muy inquieta, incapaz de ser sólo actriz.
Muchos la descubrieron como la novia de Edmundo Dantés en El conde de Montecristo (1969),
la serie de TVE
. Interpretó todo tipo de cine pero, desde el principio,
se convirtió en musa de los más raros, audaces, rojos, vanguardistas y
libertarios.
Como actriz, su década dorada fue la de los setenta. A lo
largo de su carrera fue dirigida por cineastas como Antonio Maenza,
Jorge Grau, Javier Aguirre, Roberto Bodegas, Eloy de la Iglesia, Mariano
Ozores, Fernando Colomo, Juan Luis Buñuel, José Luis Garci, Imanol
Uribe y José Luis García Sánchez o directores de teatro como Adolfo
Marsillach.
En los años ochenta interpretó su personaje más célebre, el
de la gallina Caponata de Barrio Sésamo, pero muy pocos conocían la identidad de la actriz.
En 1970, durante el rodaje de la película de Javier Aguirre Pierna creciente, falda menguante se encontró con Fernando Fernán-Gómez, el hombre de su vida.
Fernán-Gómez la dirigió en las series El pícaro —coescrita por ella y Pedro Beltrán— y en Juan Soldado, y en las películas Mambrú se fue a la guerra (1986), El viaje a ninguna parte (1986)yEl mar y el tiempo (1989). Su última aparición en el cine también fue con él, en El abuelo (1998) de José Luis Garci.
Publicó su primera novela, Toda la casa era una ventana, en 1983, en la época en la que comenzó a reducir su presencia como actriz.
Luego escribió libros como Muerte dulce (1993), Loca magnolia (1996) o, en 2014, Magia amorosa para desesperadas y desesperados.
Hace cinco veranos, en julio de 2011, en el 75º aniversario del
estallido de la Guerra Civil, Emma cumplió un trabajo que le dio una
alegría muy íntima: adaptar y dirigir para la Cadena SER una versión
radiofónica de Las bicicletasson para el verano, una
de las grandes obras del teatro español. Emma se recordaba en la misma
mesa que Fernán-Gómez, escribiendo mientras él escribía aquella obra
maestra.
Emma Cohen se escapó siempre, de todos los sitios, de todos los
clichés.
Se escapó de la alta burguesía de Barcelona a la que
pertenecía; se escapó de la interpretación para volcarse en la
literatura y en Fernando Fernán-Gómez; en una ocasión se escapó hasta
del propio Fernán-Gómez y se fue con Juan Benet.
Pero Fernán-Gómez le
escribió una conmovedora carta de amor en Triunfo y Emma volvió a su lado.
Era un ser adorable, ante el que lo más fácil era caer rendido.
En constante homenaje a Fernando Fernán-Gómez
R. H. B.
El productor teatral Jesús Cimarro fue el encargado de dar la noticia
de la muerte de la actriz, directora y escritora Emma Cohen
. Cimarro
estaba en Mérida en plena celebración del Festival Internacional de
Teatro que dirige. “Por suerte o por desgracia, esto es lo que tenemos;
es el mundo del espectáculo”, dijo anoche, afectado, a EL PAÍS.
Amigo de
la fallecida, era una de las pocas personas que sabía que desde hace
ocho meses tenía cáncer, aunque “no pensaba que el desenlace iba a ser
tan rápido”.
Desde la muerte de Fernando Fernán-Gómez en 2007, la actriz se había
retirado.
Vivía sola en la misma casa que había compartido con su pareja
en la urbanización Ciudad Santo Domingo a unos 30 kilómetros de Madrid.
Cimarro comentó que había escrito algunos relatos infantiles y estaba
trabajando en una novela.
El productor ha recordado algunas ocasiones en las que trabajaron
juntos como el espectáculo que prepararon para la Exposición Universal
de Sevilla y que giró por toda España, Los domingos, bacanal, una pieza de Fernán-Gómez, dirigida por José Luis García Sánchez, protagonizada por El Brujo, en la que Cohen también actuaba.
Emma Cohen en 'Al otro lado del espejo', de Jess Franco, 1973
Ella escribía novelas, pero su vida hubiera sido la gran novela.
La
novela de su vida. Cuando era una joven recién salida de mayo del 68,
herencia que se le quedó en la retina poderosa de sus ojos bellos, era
una metáfora viva de la naturaleza de quien dice no. Buscaba el aire
puro de la calle, así que se fijó en el cine, en el teatro y en la
literatura, que eran las formas de ver desordenada la calle de entonces,
tan oscura.
Era una iluminación, sus ojos fueron la iluminación de una época.
Bastaba mirarlos para saber que ahí dentro se estaba edificando una
metáfora nueva, otra aventura. Su inteligencia habitaba también en esos
ojos, en sus miradas y en sus silencios, más que en las palabras mismas
.
El hombre tan inteligente al que dedicó su vida era un socrático
mayéutico que te interrogaba tan solo para demostrar que las cosas
tenían un envés; y ella siguió en esa escuela hasta el final.
Una vez muerto Fernando Fernán-Gómez
siguió dándole sombra a aquel pajarraco rabioso, esa zanahoria roja
pelopaja del teatro, del cine y de la literatura al que arropó hasta el
fin como si fuera a la vez su amante, su padre, su hermano y su ídolo.
No resultó extraño que, como contaba aquí Luis Alegre, fuera la palabra
escrita, una carta en la revista Triunfo, la que devolviera a Emma Cohen a los brazos de Fernando, después de una aventura con Juan Benet, otro gigante del siglo.
Fernando y Emma eran personas de metáforas, querían la literatura por
lo que ésta decía por dentro, y el cine por lo que de narrativo tiene
el pensamiento o la poesía que se resuelve en imágenes; el teatro les
dio la tercera dimensión de lo que quisieron decir: contar lo que les
hacía reír o recordar, la vida es un tiempo amarillo que siempre está
enviando postales.
Aquellas bicicletas, aquel viaje a ninguna parte
nacieron casi jugando, mientras le proponían a Fernando nuevos trabajos
y ella pespunteaba las ideas que iban naciendo como si estuvieran
dibujando juntos ya los diálogos que luego iban a ser tan realistas, tan
surrealistas y tan inmortales.
Esa vida de los dos es la vida de Emma Cohen
y la vida de Fernando Fernán-Gómez, juntas y por separado, como si
fuera la vida de uno solo vivida por dos.
En ese desdoblamiento de uno y
de otro (el Fernán-Gómez que escribe la carta para decirle “vuelve” y
la Emma Cohen que luego de la muerte de su amado iba por los platós
reclamando lo mejor de su memoria de actor, de escritor, de príncipe del
teatro) reside el enorme mérito sentimental de esta dedicación absoluta
a un amor, a un ser humano, no sólo a su inteligencia sino también a su
desvarío o a su enfermedad y finalmente a su ausencia.
En el silencio final de Emma hay también una prolongación a ese
tributo, pues los dos vivieron, desde que regresaron juntos, un amor
íntimo, recluido, de dolores y placeres domésticos que se resolvían
(como se ve en la espléndida La silla de David Trueba y del ya citado Alegre) en la muy inteligente convivencia literaria, tan privada, de los dos amantes de la calle Luna.
Ese silencio convierte aún en más excepcional la dedicación, hasta su
propia despedida, de Emma Cohen, como si no quisiera hacerle ruido a la
presencia inolvidable del hombre con el que compartió el anhelo de ser
feliz sin que hubiera otras interrupciones que el sueño.
La muerte es el gran impostor, la otra parte de la vida, y ahora ha
roto ya para siempre esa unión Emma-Fernando que siguió viva mientras
tuvo aliento aquella Emma que rompía balcones para que la calle y la
noche entraran en su vida como una ventolera.
Como si se hubieran muerto una luz, el viento y una ventana ha muerto Emma Cohen, una mujer excepcional como su vida.