La lluvia de estrellas
conocida popularmente como "Lágrimas de San Lorenzo" experimentará su
punto álgido durante la noche del 11 al 12 de agosto. Agencia France Press
El estío es una época muy interesante para disfrutar del cielo.
Con
la subida de las temperaturas, sumada al hecho de que gran parte de los
fenómenos han de ser vistos de noche, se crean unas condiciones muy
idóneas para estar al aire libre y pasar un rato agradable mirando las
estrellas y constelaciones.
El verano este año comenzó el martes 21 de
junio a las 0:34 hora oficial peninsular, y durará hasta el 22 de
septiembre.
A lo largo de los 93 días que lo componen, se podrán
observar en el cielo varios fenómenos astronómicos.
Aunque las Perseidas son el acontecimiento celeste más famoso,
también habrá conjunciones, eclipses lunares y solares y algunos
planetas que se dejarán ver en el cielo
. Emilio García, de la Unidad de
Comunicación y Divulgación del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA),
recomienda "alejarse de las luces de la ciudad, y con unos buenos
prismáticos o simplemente con la vista, disfrutar de estos fenómenos".
Las Perseidas, el gran evento astronómico del verano
La conocida lluvia de estrellas conocida como Perseidas -o Lágrimas de San Lorenzo
en los países de tradición católica- este año alcanzará su punto álgido
durante la madrugada del 11 al 12 de agosto, aunque estará activa desde
mediados de julio hasta finales de agosto
. García, del IAA, concreta
que las lluvias de estrellas entendidas desde un punto de vista
astronómico tienen mucho que ver con los cometas.
"Los cometas, cuando
orbitan alrededor del sol, dejan un rastro de pequeñas partículas de
polvo de mayor o menor tamaño a lo largo de la órbita que van trazando.
Cuando la Tierra al orbitar alrededor del Sol atraviesa esa nube de
partículas, estas caen sobre la atmósfera terrestre a gran velocidad,
calentándose y terminando por evaporarse, dejando una traza luminosa en
el cielo: las famosas estrellas fugaces", explica.
Las Perseidas suceden siempre a mediados de agosto, concretamente cuando
la Tierra atraviesa el rastro de partículas que deja el cometa
109P/Swift-Turtle en su órbita.
En los momentos de mayor actividad,
pueden verse aproximadamente 100 estrellas fugaces por hora en
condiciones óptimas de visibilidad.
La justificación de su nombre está
en la zona del cielo de la cual parecen provenir estas estrellas
fugaces: la constelación de Perseo.
Es recomendable buscar un lugar
oscuro y alejado al máximo de ciudades, pueblos u otras posibles fuentes
de luz. "El único inconveniente es que este año la luna va a estar presente, aunque no va a interferir demasiado", añade César González, divulgador de astronomía del Planetario de Madrid.
García, por su lado, opina que "siempre que se pueda, y haga buena
noche, lo mejor es tumbarse en el suelo y mirar al cielo a simple vista,
sin prismáticos ni telescopios".
Ampliar fotoLa lluvia de estrellas
conocida popularmente como "Lágrimas de San Lorenzo" experimentará su
punto álgido durante la noche del 11 al 12 de agosto. Agencia France Press
El estío es una época muy interesante para disfrutar del cielo. Con
la subida de las temperaturas, sumada al hecho de que gran parte de los
fenómenos han de ser vistos de noche, se crean unas condiciones muy
idóneas para estar al aire libre y pasar un rato agradable mirando las
estrellas y constelaciones. El verano este año comenzó el martes 21 de
junio a las 0:34 hora oficial peninsular, y durará hasta el 22 de
septiembre. A lo largo de los 93 días que lo componen, se podrán
observar en el cielo varios fenómenos astronómicos.
Aunque las Perseidas son el acontecimiento celeste más famoso,
también habrá conjunciones, eclipses lunares y solares y algunos
planetas que se dejarán ver en el cielo. Emilio García, de la Unidad de
Comunicación y Divulgación del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA),
recomienda "alejarse de las luces de la ciudad, y con unos buenos
prismáticos o simplemente con la vista, disfrutar de estos fenómenos".
Las Perseidas, el gran evento astronómico del verano
La conocida lluvia de estrellas conocida como Perseidas -o Lágrimas de San Lorenzo
en los países de tradición católica- este año alcanzará su punto álgido
durante la madrugada del 11 al 12 de agosto, aunque estará activa desde
mediados de julio hasta finales de agosto. García, del IAA, concreta
que las lluvias de estrellas entendidas desde un punto de vista
astronómico tienen mucho que ver con los cometas. "Los cometas, cuando
orbitan alrededor del sol, dejan un rastro de pequeñas partículas de
polvo de mayor o menor tamaño a lo largo de la órbita que van trazando.
Cuando la Tierra al orbitar alrededor del Sol atraviesa esa nube de
partículas, estas caen sobre la atmósfera terrestre a gran velocidad,
calentándose y terminando por evaporarse, dejando una traza luminosa en
el cielo: las famosas estrellas fugaces", explica.
En los momentos de mayor actividad, pueden verse cerca de 100 estrellas fugaces por hora en condiciones óptimas de visibilidad
Las Perseidas suceden siempre a mediados de agosto, concretamente
cuando la Tierra atraviesa el rastro de partículas que deja el cometa
109P/Swift-Turtle en su órbita. En los momentos de mayor actividad,
pueden verse aproximadamente 100 estrellas fugaces por hora en
condiciones óptimas de visibilidad. La justificación de su nombre está
en la zona del cielo de la cual parecen provenir estas estrellas
fugaces: la constelación de Perseo. Es recomendable buscar un lugar
oscuro y alejado al máximo de ciudades, pueblos u otras posibles fuentes
de luz.
"El único inconveniente es que este año la luna va a estar presente, aunque no va a interferir demasiado", añade César González, divulgador de astronomía del Planetario de Madrid.
García, por su lado, opina que "siempre que se pueda, y haga buena
noche, lo mejor es tumbarse en el suelo y mirar al cielo a simple vista,
sin prismáticos ni telescopios".
Hasta cinco planetas se dejarán ver en el cielo
Desde el Planetario de Madrid, apuntan que se podrán ver con bastante
claridad los planetas Saturno y Marte
. "Quien tenga un telescopio podrá
ver Saturno y sus anillos, y aunque ya pasó la fecha en que Marte
estuvo más cerca de la Tierra, se va a poder seguir viendo bastante bien
a simple vista durante todo el verano", concreta González. Para poder
ver estos dos astros, habrá que mirar en dirección de la constelación
del Escorpión. Marte concretamente se moverá entre el Escorpión y las
constelaciones cercanas, como Libra y Ofiuco.
"Marte se puede ver como un punto rojizo -para los ojos entrenados-
en el cielo vespertino, y como ahora está muy cerca de la Tierra su
brillo reflejado por el sol es espectacular", opina García.
Júpiter ya
se puede ver en dirección del horizonte oeste al atardecer, pero hasta
mediados de agosto no se podrá apreciar en las mejores condiciones.
Para
observar los anillos de Júpiter bastará con un pequeño telescopio y un
cielo en buenas condiciones, mientras que, como indican desde el IAA,
para observar estructuras en Marte es necesario tener un equipo más
potente y recurrir a la astrofotografía.
"Se pueden conseguir imágenes
muy buenas con un telescopio de 25 centímetros, como las que toman los
muchos y muy buenos aficionados a la astronomía que tenemos en España",
indica García. Urano también se puede observar sobre el horizonte, y
durante toda la noche del 3 de septiembre Neptuno se verá también en el
cielo, pero su débil brillo hará necesario contar con unos prismáticos.
García concreta que "como son planetas tan alejados, es muy difícil
verlos, y en cualquier caso aparecerán como unos aburridos puntos de luz".
Por otro lado, durante los días previos y posteriores al 27 de agosto,
se podrá ver a Júpiter y a Venus muy próximos en el cielo, fenómeno al
que se conoce como "conjunción".
Aunque por la posición orbital en la
que se encuentran parecen estar muy juntos, lo cierto es que realmente
están separados por una enorme distancia.
Según indican desde el IAA,
todos los fenómenos astronómicos que tengan que ver con Venus han de ser
observados tras la puesta de sol, y aunque se podrá ver a simple vista o
con unos prismáticos, quienes cuenten con un telescopio serán capaces
incluso ver los satélites de Júpiter si las condiciones de oscuridad son
relativamente buenas.
Se trata de un evento frecuente, que ocurre de
media una vez al año.
"Sin embargo, es muy bonito ver esos dos puntos
luminosos tan juntos en el cielo y pensar que uno es una inmensa bola de
gas y el otro un infierno en el que el plomo se funde, o al menos a mí
me lo parece", confiesa García.
La conjunción tendrá lugar a muy baja
altura sobre el horizonte oeste, lo que según indican desde el
Planetario de Madrid equivaldría a "extender el brazo y poner tres dedos
meñiques sobre el horizonte".
"Al estar a tan baja altura lo más
conveniente es buscar una zona donde el horizonte oeste esté despejado",
explica González.
Los eclipses, siempre protegiendo nuestra vista
Cada año suele haber dos o tres eclipses de luna,
y aunque este verano tendrán lugar dos de ellos, el que sucederá en
agosto no podrá verse desde España.
El eclipse lunar restante podrá ser
visto en nuestro país el día 16 de septiembre.
Se tratará de un eclipse
lunar penumbral, lo que quiere decir que solo se oscurecerá una pequeña
proporción, para nada comparable con un eclipse total.
"Esto se debe a
que de la sombra de la Tierra, la luna solo atravesará su penumbra y no
su umbra", especifica García. En Madrid, su máximo se podrá observar
aproximadamente a las 21 horas, lo que le restará espectacularidad a
causa de la luz diurna.
También habrá un eclipse de sol
el día 1 de septiembre, y aunque no se podrá ver desde España, sí
podrán hacerlo quienes estén en África, Asia o Australia.
Será tratará
de un eclipse anular, lo que quiere decir que el disco de la luna no
tapará completamente el disco del sol
. "Aún así, nunca se deben mirar
los eclipses con radiografías, gafas de sol ni películas veladas
. El sol
es una fuente de luz muy poderosa y hay que utilizar gafas fabricadas
al efecto, homologadas y con unos filtros adecuados para mirar el sol",
recuerda González.
Una de las primeras fotos de Diana de Gales, en
1980 tomada poco después de saberse que era la novia del príncipe
Carlos. Entonces ella trabajaba en una guardería.
La primera foto de la pareja tomada en 1981, en Escocia.
Diana de Gales y Carlos de Inglaterra, en el balcón de palacio el día de su boda el 29 de julio de 1981.
Diana visitó Calcuta y quedó atrapada por lo que vio. De allí nació una gran relación con la
El nacimiento de Guillermo, segundo en la línea de sucesión al trono dio un respiro a la relación complicada de sus padres.(Su nieto, es igual que su hijo)
La princesa de Gales desveló en una entrevista en
1995 que en su matrimonio eran tres, en referencia a Camilla, la amante
de su marido y hoy su segunda esposa.
Los gestos de desafecto en
público era habituales antes del divorcio.
La foto oficial tomada tras el bautizo de Enrique de Inglaterra,el segundo hijo de Carlos y Diana.
El matrimonio de Carlos de Inglaterra y Lady Di vivió pocos momentos de felicidad. Este fue uno de ellos.
Lay Di tenía pasión por sus hijos, Guillermo y
Enrique. Fue una madre que rompió las normas de la rancia aristocracia
británica.
Diana de Gales, con el tiempo supo crearse su propio estilo de vestir y fue considerada una de las mujeres más elegantes.
Diana en el verano de 1997 en la Costa Azul, días antes de su muerte.
Tras su separación del Carlos de Inglaterra, Diana vivió una época de esplendor. Cambió su peinado y su estilo de vestir
Diana de Gales, en una de sus últimas foto tomadas por Mario Testino.
En Madrid, el músico desgranó sus temas como un hombre sin pasado ni presente.
Calamaro, durante su concierto en Zaragoza el pasado 25 de junio. Javier CebolladaEFE
Muchas de sus mañanas en Madrid Andrés Calamaro Massel
(Buenos Aires, 1961) se levanta antes de las ocho, toma mate, escribe
(ejercita el pulso, la mente) lee y después de pasar por el quiosco,
donde compra el ABC, se mete en el Mercado de la Cebada, en el
barrio de La Latina de Madrid, a comprar los productos que cocinará ese
día.
Sus brazos atrapan el pescado, lo pesan a ojo; son brazos tatuados
en los que ha desaparecido el pasado y sobrevive el presente.
En el
pasado no solo están los malos momentos, sino algo más doloroso: los
buenos.
Calamaro, precavido, tiene tatuado el ahora: el nombre de su
hija; un lema: “Vieja escuela”; un recuerdo para su actual pareja; un
toro gigante, hermoso, que define una de sus grandes pasiones.
El Calamaro eléctrico, rockero, enseña sus tatuajes al agarrar el
micrófono, al tocar la guitarra o al aporrear el teclado.
Es el tigre
enseñando las garras afiladas en los macroconciertos de Las Ventas de
Madrid o de Obras en Buenos Aires, en aquel proceso que depositó al crío
que había escrito Mil horas a los 22 años como leyenda joven
del rock.
En el Price de la capital de España, en la noche del viernes,
Andrés Calamaro se presentó trajeado en el escenario con una americana
que le cubrió los brazos; se la abotonaba y desabotonaba casi al compás
del movimiento con el que se ajustaba la pieza, como si aún se estuviese
buscando entre los trapos.
No había pasado ni presente en el hombre de
55 años: era un hombre tan vestido que apareció desnudo.
Lo resolvió a
su manera, sobre una alfombra en la que reunió a Germán Wiedener al
piano, Toño Miguel en el contrabajo y Martín Bruhn con la percusión: Romaphonic Sessions.
Para él, con gafas de sol y manos de recién nacido, mirándolas como si acabase de nacer, se reservó el papel de cantante.
“En el ropero, dejé la campera de cuero, / ahora soy un torero
retirado de los ruedos. / Mi dinero me lo gasto en elegancia, /
esperándote con ansia en Plaza Francia”, cantó hacia la mitad del
recital en su éxito de Honestidad Brutal, replicado por el Price. “Creo que todos buscamos lo mismo”, se arrancó con La Libertad después de un solo de armónica. Fue una pisada de elefante de la que nadie salió indemne. Volvió a retumbar con Estadio Azteca, con Tuyo siempre, con Algo contigo;
con ellas desmenuzó su voz poniéndola en el mostrador de esas cocinas
japonesas en las que al pescado se le resucita para comérselo. Se celebraba Licencia para cantar, el espectáculo con el que
Calamaro vuelve a reinventarse a través de boleros en homenaje a la
Argentina (Soledad, Garúa, Milonga del trovador), revisando asuntos
pendientes con Los Rodríguez (Copa rota, Para no olvidar, Algunos hombres buenos, Mi enfermedad,
que parte del público más impaciente empezó a cantar por su cuenta en
medio de su repertorio más íntimo) y cobrándose una cuenta consigo mismo
a través de Paloma y Flaca, dos canciones de amor perdido que
llevaron al público a agolparse frente al escenario como si exigiese el
pago de una antigua deuda. -Nadie recuerda un tuit -dijo a Efe Eme a propósito de sus
polémicas en internet- , pero miles de personas recuerdan mis canciones. Y se enamoran con mis canciones, y llaman Andrés o Paloma a niños que
engendraron fornicando con mis canciones de fondo.
"Hay que decirle la verdad a los estúpidos”, resume citando a 'The Newsroom’. Calamaro, instalado en un perpetuo día del artista mundial, no
escucha sus discos. Tampoco recuerda en frío sus canciones. Es parte de
su identidad más contracultural y provocadora. Esa reinvención tan
dylaniana, la forma de no tocar nunca igual un éxito, lo conforma como
artista descarado que no se reconoce a sí mismo cuando visita los
escenarios de su vida sin la nostalgia aparatosa con la que el personaje
de Babylone Revisited de Fitzgerald trata de recordar los tiempos buenos, felices y destructivos del París de los exiliados. “Feliz Orgullo. Saludo a los hombres y mujeres libres de Madrid”,
anunció de inicio. “Hace 25 años”, recordó al final, “toqué por primera
vez en Madrid, y cada vez me encuentro un público más profundo y más
sincero”. Todo parece cerca cuando desde la juventud se ve el futuro, le
hace decir Sorrentino a Harvey Keitel. Todo está lejos cuando eres
viejo: es el pasado. Calamaro, intemporal, toreó con la mano y con una camiseta argentina,
saludó a la vida y a sí mismo, reencontrándose de golpe en el escenario
ataviado de otro que era él, y después de dos despedidas clamorosas,
que festejaban su vieja impunidad de hombre libre, regresó al escenario
para cantar Media Verónica y El tercio de los sueños. Si vivir es jugar, Calamaro morirá jugando.