Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

17 jun 2016

El Hermitage de Barcelona abrirá sus puertas en 2019.................................................... José Ángel Montañés

El nuevo edificio, de 3.500 metros cuadrados, se construirá junto al hotel Vela y costará 38 millones de euros.

Proyección de la maqueta del Hermitage en la Llotja de Mar.
Después de cuatro años de rumores y especulaciones y falta de información; de desechar varias ubicaciones como unas antiguas naves en desuso en el puerto de Barcelona, la Facultad de Náutica de la Pla de Palau o el enorme edificio de la Aduana situado frente a las Drassanes, los promotores de un museo Hermitage en Barcelona han decidido construir un edificio nuevo de 15.500 metros cuadrados en un terreno del Puerto de Barcelona, muy cerca de las naves donde se quería ubicar en un principio. El lugar escogido es un solar de la nueva bocana del puerto situado muy cerca del hotel Vela, uno de los edificios del nuevo skyline de Barcelona, en una zona donde se construirá un nuevo puerto deportivo, la Marina Vela.
 La primera piedra del nuevo equipamiento se colocará a comienzos del año próximo y la inauguración está prevista para mayo de 2019.
 
Aspecto que tendrá en nuevo museo Hermitage de Barcelona, cuando abra sus puertas en mayo de 2019.
Según el proyecto presentado ayer, el nuevo edificio impulsado por el diseñador Ujo Pallares (Barcelona, 1967), responsable de Cultural Development Barcelona, SL, y su socio Valery Yarovslavski, empresario ruso y vicepresidente de Acceleration Group, tendrá un presupuesto total de 38 millones de euros que aportados por entidades privadas.
 El edificio, que construirá el arquitecto Íñigo Amézola, tendrá aspecto racional y clásico, “de proporciones áureas”, según Pallarés.
 Tendrá cinco plantas y siete salas de exposiciones, un gran vestíbulo de acceso, un restaurante, una cafetería y un auditorio, además de una fachada concebida como una especie de piel que lo envuelve. Los responsables del centro esperan recibir unos 500.000 visitantes anuales.
El proyecto científico del Hermitage Barcelona, lo único seguro del nuevo equipamiento hasta ayer, estará dirigido por el físico y museólogo Jorge Wagensberg, impulsor, entre otros, de centros de gran reputación como Cosmocaixa, que aseguró que su intención era explicar la historia de la Humanidad mediante la colección del museo ruso a través del “diálogo permanente entre ciencia y arte, destacando tanto lo que las une como lo que las distingue; utilizando una museografía científica moderna, usando una singular combinación de piezas, fenómenos y metáforas museográficas”.
 Entre los ejemplos que puso el científico estuvo la conquista de la perspectiva en la pintura “desde Altamira hasta Dalí, una aventura de 20.000 años de antigüedad”.
 
Vista aérea de la recreación del nuevo Hermitage de Barceloa, en la nueva bocana del puerto.
Según Wagensberg, el museo contará con una colección permanente, “que cambiará cada diez años”, una sala para muestras permanentes y otra en la que se instalará “la pieza del mes”, una obra destacada de las más de tres millones de piezas con que cuenta el gran Hermitage.
“El museo no será una mera franquicia de su homónimo ruso, sino que a las piezas procedentes de San Petersburgo, se añadirán otros objetos museográficos para explicar grandes historias.
 La oportunidad de alzar un museo de estas dimensiones solo se presenta una vez cada siglo”. Pallarés y Wagensberg explicaron que el acceso al museo será libre, excepto para visitar las exposiciones que tendrá un coste de entre 9 y 18 euros.
Cuando arrancó el proyecto se sumó el interés del fondo de inversión andorrano Sicav Amura, vinculado con el Mora Banc, pero después de un par de años acabó abandonando.
“Estamos buscando un nuevo socio local, que comparta los objetivos y el alma del proyecto”, remarcó Pallarés.
 Para llevar a cabo la obra, primero el Puerto de Barcelona tendrá que conceder los terrenos y Urbanismo del Ayuntamiento barcelonés hacer un cambio de usos, pasándolos de zona de servicios terciarios a un uso cultural. Ayer por la tarde, la regidora de Ciutat Vella Gala Pin, en su cuenta de Twitter, recordaba este aspecto y que los promotores “no tienen el respaldo de la ubicación municipal”.
En 2012 EL PAÍS dio a conocer la intención de la pinacoteca rusa de instalarse en Barcelona. Al final del año, en un viaje del presidente de la Generalitat Artur Mas a Moscú, el consejero de Cultura Ferran Mascarell firmó un acuerdo con las autoridades culturales rusas y el museo para impulsar el proyecto, confirmando lo que se había anunciado que la intención era abrir un centro en el Puerto de Barcelona, una vez reformadas.
El convenio firmado establecía un acuerdo por 30 años. Sin embargo, Generalitat y Ayuntamiento han manifestado siempre que no intervendrían aportando recursos en este proyecto eminentemente privado.

"Cultural, pero con dimensión comercial"

La presentación, celebrada en la magnífica sala gótica de la Llotja de Mar, contó con la presencia de un centenar de personas representantes de la sociedad civil barcelonesa y política catalana; entre ellos Jusèp Boya, Juanjo Puigcorbe y Berta Sureda, responsables de museos de Generalitat, Diputación y Ayuntamiento, respectivamente.
Todos visionaron un espectacular mapping proyectado sobre los muros de este edificio civil.
“Está claro que el proyecto es una iniciativa privada con vocación cultural y también con una dimensión comercial.
 Creo que aunque utiliza el nombre de museo se sitúa más bien en la tradición de los grandes centros de exposiciones privados como tenemos otros ejemplos en la ciudad.
 El sugerente enfoque que ha dado Wagensberg me parece una manera interesante de aproximarse a una colección que está entre las mas importante del mundo.
Habrá que ver cómo se concreta.
 La ciudadanía es diversa, hay espacio para todos”, aseguró Buya.
Por su parte, Sureda aseguró que ha habido una reunión entre el Ayuntamiento y los responsables del proyecto.
 Dijo que “hacemos una lectura positiva de que haya una nueva propuesta cultural, que nazca del consenso político y social” y reconoció que “hace falta un análisis más profundo de cómo se conectará con la ciudadanía, ver los contenidos para que no se dirija solo a los turistas”.


 

El tempestuoso realismo de Caravaggio............................................ Ángeles García

El Museo Thyssen recrea la maestría del pintor barroco y su influencia sobre los artistas del Norte de Europa en una extraordinaria exposición compuesta por 53 cuadros.


Se consagró en la historia del arte por su uso del claroscuro, el dramático realismo psicológico de sus personajes y por utilizar a prostitutas y vagabundos como modelos de sus obras religiosas. Michelangelo Merisi Caravaggio (Milán, 1571-Porto Ercole, 1610) fue el artista más original e influyente del siglo XVII, una importancia acrecentada por su temprana muerte y por toda una vida pendenciera, en la que no faltaron episodios como el asesinato de un hombre en una discusión por un partido de pelota.
 Dramas aparte, la obra de Caravaggio tuvo tal impacto en la pintura europea de su tiempo que, aunque no tuvo escuela, sus seguidores formaron una legión.
 Entre sus muchos admiradores se encontraban Rembrandt, Rubens o Velázquez, y son muchas las exposiciones dedicadas a quienes han intentado mirarse en su espejo, pero son pocas en las que se han conseguido reunir tantas obras como la que el Museo Thyssen-Bornemisza dedica a Caravaggio y los pintores del Norte desde el 21 de junio hasta el 18 de septiembre.
Nada menos que una docena de cuadros de Caravaggio junto a 41 de artistas que difundieron su esencia por Francia, Holanda y Flandes.
Gert Jan van der Sman, profesor de la Universidad de Leiden y comisario de la exposición, cuenta que entre 1600 y 1630 se establecieron en Roma más de 2.000 artistas. Una tercera parte eran extranjeros.
 Ellos, al igual que los italianos, querían seguir el estilo de Caravaggio por varias razones, pero la más importante consistía en poder trabajar del natural, a partir de la pura observación de los modelos, una tradición muy arraigada entonces en Alemania o en Holanda y que les liberaba de todo corsé académico.
Gert Jan van der Sman relata, casi emocionado ante El sacrificio de Isaac (1603), su obra favorita, que debía de ser muy difícil sustraerse al poder de unos personajes tan cargados de vida.
 Señala las manos, los ojos o el cuchillo de Isaac como elementos cegadores que surgen cargados de fuerza desde un escenario negro en el que al fondo se ve un paisaje veneciano. “Todo lo que aquí vemos es una imitación de la naturaleza, lo que más le importaba
. Despreciaba a sus contemporáneos romanos por la costumbre de hacer primero bonitos dibujos y luego llenarlos de pintura.
 Él presumía de no hacer ni una línea ajena a la naturaleza”, apuntó.
   
'El sacrificio de Isaac', de Caravaggio (1571-1610). Obra procedente de la florentina Galleria de los Uffizi.
Estructurada en seis apartados, la exposición arranca con obras realizadas por Caravaggio en Roma entre 1592 y 1606.
Predominan las escenas de género y bodegones de frutas y flores clásicos de su Lombardía natal como Muchacho mordido por un lagarto (1593-1595).
Se incluyen cuadros con los que se ganó la etiqueta de pintor gay (ya en tiempos contemporáneos), como San Juan Bautista en el desierto (1602), pura sensualidad.
 Después se exhiben lienzos de sus dos primeros admiradores, Adam Elsheimer y Peter Paul Rubens, que introducen chicos de cabellos rizados y el claroscuro para iluminar las escenas.
La parte central está ocupada por maestros flamencos, como Gerard van Honthorst (Utrecht, 1592- 1656), David de Haen (Róterdam, 1597(?)-Roma, 1622), Nicolas Régnier (Maubeuge, c.1588-Venecia, 1667) y Dirck van Baburen (Wijk bij Duurstede c.1594 - Utrecht, 1624). En el grupo de los franceses destaca Valentin de Boulugne (Coulommiers, 1531-Roma, 1632) con una obra, David con la cabeza de Goliat, en la que se recrea a la perfección el gusto por los detalles sangrientos de las obras más impactantes de Caravaggio; aunque nada que ver con el óleo de Caravaggio El sacamuelas (hacia 1608-1610) donde varios rostros contemplan espantados como uno de los presentes se dispone a introducir unos alicates en la boca de un pobre hombre.
 Esta terrorífica escena corresponde al único cuadro sobre el que se plantearon dudas de su autoría. El comisario descarta de plano su cuestionamiento.
“Aunque no fuera de él, sería una obra extraordinaria. Pero ya no se albergan dudas sobre su atribución”.
La exposición concluye con la última obra pintada por Caravaggio, El martirio de Santa Úrsula (1610), una composición en la que lo oscuro ha ganado a la claridad y los personajes apenas se distinguen del fondo negro.
 La luz enfoca el pecho blanquísimo de la santa atravesado por la flecha que le ha disparado el rey de los hunos.

Solo cuatro obras en España

Debido a su prematura muerte, la obra de Caravaggio en museos y colecciones particulares es muy escasa
. No más de 60, según el comisario de la exposición.
 En España, que se sepa públicamente, solo hay cuatro lienzos: David vencedor de Goliat, en el Museo del Prado; Santa Catalina de Alejandría, en el Museo Thyssen; Salomé con la cabeza del Bautista, en el Palacio Real y  San Juan Bautista en Toledo.
 Las dos primeras forman parte de la muestra.
El resto son préstamos del Metropolitan de Nueva York, la Galleria degli Uffizi, de Florencia, el Museo del Ermitage de San Petersburgo, el Rijksmuseum de Ámsterdam, la iglesia de San Pietro in Montorio en Roma y de colecciones particulares.
Guillermo Solana, director artístico del Thyssen, explica que las negociaciones han sido más largas de lo habitual.
 El préstamo de La buenaventura se ha logrado después de tres años.
 Los cambios en la dirección de los museos italianos también han sido un obstáculo.
 Al final, todos están satisfechos y el comisario, Gert Jan van der Sman, ha completado su discurso expositivo
. Cuando a este se le pregunta si después del supuesto Caravaggio de Toulouse aparecerán más, sonríe más que escéptico.
 “Solo lo he podido ver por fotografía, pero puedo asegurar que esa pintura no es auténtica”.

 

'Maestra': thriller feminista, orgías y alta cocina..................................................Isabel Valdés

HiltonSevillano
La escritora L.S. Hilton el pasado mayo en Madrid. / Luis Sevillano
Las dos primeras páginas fueron capaces de poner en tensión en un vagón de metro a una señora con pelo de moldeador y chaquetilla de vichy.
 Retorció la nariz y miró con aire indignado, se cambió de sitio en cuanto pudo
. Es lo que ocurre con la gente que lee por encima del hombro lo que lleva el de al lado.
 En aquella ocasión, era Maestra, de L.S. Hilton, un batido compacto de sexo, arte, dinero, muerte y poder; eso sí, escrito por una mujer y a través de la pupila de una mujer, Judith Rashleigh, la protagonista.
Algún (o algunos) insensato la intentó comparar con E.L. James y 50 sombras de Grey. O con Perdida, de Gillian Flynn.
 Lejos, muy lejos de la primera, algo menos de la segunda, queda la narrativa clara y directa de Hilton, las referencias al arte con todas sus aristas (gastronomía, libros, música, cine, pintura…) y sobre todo, la nitidez y la normalidad con la que se trata el deseo de asesinar a alguien, de repente o con una pauta milimétrica; también las orgías, deseos y prácticas más o menos habituales, depende de para quién.
Todo ello, sin contar el poder otorgado a la mujer en cada línea, la capacidad de decisión, la franqueza para mostrarse desnuda, literal y metafóricamente
. Maestra también es un libro feminista, aunque no pretendía serlo: “Lo que sí pretendía era, sobre todo, resaltar la fuerza que muchas veces una mujer necesita para poder hacer lo que realmente quiere y ser libre de verdad. Está demasiado claro que para los hombres no es lo mismo”
. Cree, sin embargo, que Judith puede ser un perfecto ejemplo de feminismo.
 Ella misma lo es. “Sinceramente, creo que para ser feminista no hace falta ser demasiado inteligente pero, como mujer, si no eres feminista es que eres idiota”.
Hilton, británica, nació en Liverpool en el 74.
 Después de licenciarse en Oxford, estudió Historia del Arte en París y Florencia y no es la primera vez que se pone a llenar páginas: “Hasta ahora había escrito principalmente novelas históricas y sobre todo biografías.
 Mi anterior agente literaria me propuso escribir algo distinto a lo que ya había hecho, pero cuando leyó el manuscrito de Maestra le pareció demasiado atrevido y no lo quiso”.
 Ahí entró en juego el azar. Hilton tiene un amigo con un restaurante en Londres, donde vive ahora, y le comentó que uno de sus cliente era editor.
 “Me pidió que le dejara una copia y que él mismo se encargaría de que ese señor lo leyera”.
 Y así fue. La primera vez que el editor fue a cenar al restaurante, ese amigo casi le obligó a llevarse el manuscrito
. A la mañana siguiente, cuando fue a abrir el local, el editor estaba ahí esperándole para pedirle su número.
 “No me puedo quejar de cómo el azar se ha portado conmigo”.

De disfraz en disfraz

Con Judith Rashleig el azar fue algo menos benévolo.
 O la vida, en general.
 Esta ayudante en una conocida casa de subastas londinense no es solo una mujer empaquetada en un traje sobrio y tacón medio llegada de provincias e incómoda por ese origen medio; es alguien que sabe que no está cómoda en ese disfraz y quiere otro.
Ese que le dará, bajo su punto de vista, lo que ella merece.
 Y no escatimará recursos, tiempo ni temple para conseguirlo.
El reencuentro, de andén a andén de metro, con una amiga de la infancia empezará a empujarla a esa nueva Judith, la que dejará de someterse a las reglas del patriarcado, los protocolos y los supuestos sociales.
 Judith
Jael y Sisera (1620), una obra de Artemisia Gentileschi. 


Asegura Hilton que no hay nada en su pasado o en su presente que la asemeje a la protagonista, aunque ella también se mudara de Liverpool a Londres.
 “Un tema muy frecuente en las novelas inglesas de los 50 era la distancia que la educación podía crear entre una generación y otra con respecto a la clase social, distancia que tenía luego una correlación geográfica”.
 Hilton quiere explicarse mejor: “Era muy típico ver a jóvenes de clase medio baja que gracias a los estudios podían ascender y que normalmente se mudaban de la periferia, o de pequeñas ciudades, a Londres”
. Hoy los ingleses creen que ya no existe ese clasismo, ni la dicotomía centro-periferia, ni la vergüenza por los orígenes o la procedencia, y además están convencidos de que su mundo es una meritocracia:
 “La vida de Judith demuestra que eso no sólo no es cierto, sino que se trata de una ilusión, algo que nos quieren hacer creer”.
Los peldaños de esa escalera, la del poder y el reconocimiento, que muchos anhelan subir, es aún más empinada para Rashleig: mujer, joven y atractiva.
 Con más ahínco, al final convertido en una rabia supurante, intentará alcanzar el último escalón.
 Esa imagen de una mujer a ratos despiadada, a ratos vulnerable, es la de cualquiera que tenga la franqueza de reconocerse no solo en el amor, sino también en la culpa, en la humillación, en el rencor o incluso en el odio.
 Rashleig no oculta, no aminora ni suaviza lo que siente, lo vive y mueve ficha en consecuencia.
 No le tiembla la mano
. Es quizás ese puré de sentimientos lo que hace empatizar con ella: es la realidad de los yoes más oscuros de cualquiera, elevados y amplificados.
No hay pudor ni reticencias en Judith Rashleig, como tampoco las tuvo Hilton a la hora de escribir. “Tendríamos que aprender a no censurarnos tantos en todas las diferentes esferas de nuestra vida, desde la sexual a la profesional“.
Más allá de eso de lo que habla todo el mundo, el sexo como si fuera algo a la cotidianeidad de la humanidad (casi) al completo, a Hilton le preocupaba e incluso le daba miedo la opinión sobre si estaba mal o bien escrito.
 “He recibido muchos mails de gente que me felicitaba por mi trabajo, pero me entristeció mucho el correo de un lector italiano que me decía que el libro no está bien escrito.
Si ese lector hubiera criticado la trama o, yo qué sé… las escenas de sexo, no me hubiese importado demasiado”.

El cantante Meat Loaf se desploma durante una actuación en Canadá

El intérprete de 68 años estaba cantando 'Haré cualquier cosa por amor' cuando cayó sobre el escenario.


Meat Loaf. 
El cantante de rock Meat Loaf se desmayó anoche durante una actuación en la ciudad canadiense Edmonton, informa hoy en su edición digital el rotativo Edmonton Journal.
Según el diario, que ofrece una imagen del momento en el que el rockero, de 68 años, es atendido en el Jubilee Auditorio de Edmonton, el cantante interpretaba I Would Do Anything For Love (Haré cualquier cosa por amor) cuando colapsó en el escenario.
Lindsay Sundmark, una espectadora citada por el periódico, explicó que no sabían si formaba parte de la actuación hasta que vieron como la ambulancia se llevaba al artista estadounidense.
En ese momento los asistentes fueron desalojados del teatro. Marvin Lee Aday, nombre real de Meat Loaf, nacido en Dallas (Texas), ya canceló el pasado lunes su espectáculo por enfermedad en el auditorio de Clagaray, en el sur de Alberta.