Cantantes,
modelos y presentadores se vuelcan en las redes sociales para apoyar a
las víctimas del peor atentado a tiros de la historia de EE UU.
Una de las fotos compartidas en Twitter con el 'hashtag' #RecemosPorOrlando
El ataque contra un club gay de Orlando, en Florida, que tuvo lugar el pasado domingo y durante el que murieron al menos 50 personas ha conmocionado al mundo . Es
el peor atentado a tiros perpetrado en toda la historia de Estados
Unidos
. Las redes sociales se han volcado en apoyo a los familiares de
los fallecidos, el hashtag #PrayForOrlando —#RecemosPorOrlando— fue trending topic durante todo el día y los famosos, como en otras ocasiones similares, recurrieron a sus redes sociales para solidarizarse con las víctimas.
"En una semana nuestros corazones se rompieron por Christina Grimmie y
su familia y seguidores.
También se han destrozado por el ataque de
Orlando, una comunidad que no estaba a salvo ni en un espacio creado
para ellos. Nuestros corazones se rompen por un país donde estas son las
noticias que nos encontramos día tras día".
Los familiares de los desaparecidos aguardan noticias entre la esperanza, la incertidumbre y el dolor.
A las puertas del centro social Beardall, una de las dos
instalaciones habilitadas para los familiares de los asistentes a la
discoteca de Orlando donde este domingo se produjo el peor atentado en EE UU desde el 11-S,
hay una duda constante: si hablar en presente o en pasado sobre las
personas desaparecidas.
Conviven la incertidumbre ante la posible muerte
del familiar y la esperanza de que haya sobrevivido
. Y de vez en
cuando, llega el dolor extremo: personas que salen completamente
desoladas o atónitas tras comunicarles que su ser querido ha fallecido
.
Policías y médicos las reciben en el exterior y tratan de consolarlas.
La mayoría de asistentes al centro social son de Puerto Rico, que
tiene una extensa colonia en la ciudad.
Las autoridades han identificado
ya a 21 de las 50 víctimas mortales.
Buena parte de ellas son de origen
latino.
Tienen entre 20 y 50 años y entre ellos había estudiantes de
Farmacia, agentes de seguridad de la discoteca, trabajadores del parque
de atracciones Universal o de una agencia de viajes
. El club Pulse, popular entre la comunidad gay, celebraba el sábado su noche latina..
Maribel Mejía, de 42 años, nacida en República Dominicana, criada en
Puerto Rico y que vive desde pequeña en Florida, tiene 10 amigos que
asistieron a la discoteca.
Ella acudió junto a ellos, como suele hacer
los sábados junto a su esposa.
Pero estuvo poco tiempo: un mal presagio,
dice, le hizo marcharse pronto.
Sabe que uno de sus amigos está muerto.
Del resto, no sabe nada
. La falta de información la carcome.
“Está todo
incierto. Estamos en espera”, dice.
Su amigo muerto se llamaba Eric Ortiz, un treintañero puertorriqueño
que trabajaba en una tienda de regalos de cumpleaños.
“Era un muchacho
muy alegre, le gustaba mucho salir, compartíamos muchas comidas en
casa”, rememora, emocionada, Mejía la noche de este domingo a las
puertas del centro social, ubicado cerca de la discoteca.
“Era un amigo
muy cercano, con el que compartíamos tiempo juntos y estaba muy contento
porque se había casado recientemente después de que pusieran la ley en
Florida [que permite el matrimonio de personas del mismo sexo]”, agrega.
Su marido no acudió al club.
Mejía calcula que el 98% de las cerca de 300 personas que había en
Pulse durante el tiroteo eran latinas, sobre todo puertorriqueños,
dominicanos y venezolanos.
Todos sus amigos desaparecidos son puertorriqueños que llevan mucho
tiempo viviendo en Florida. Entre ellos, está el padrino de su boda, un
conocido estilista de Orlando.
Danny Concepción, puertorriqueño de 47 años, ha acudido a buscar
información de una prima suya de 50 años que acudió a la discoteca con
su hijo de 22.
Las autoridades le han dicho a Concepción que su prima no
está en la lista de 53 personas heridas, por lo que da por hecho,
aunque no sea oficial, que está muerta.
“Era una madre soltera que criaba a dos hijos, de 10 y 11 años, que
vivían con ella”, explica
. Tenía cinco hijos más de otras relaciones
.
Con el que acudió a Pulse, mantenía una relación estrecha.
Lo acompañaba
a la discoteca porque él es homosexual y quería formar parte de su
mundo
. “Nunca lo juzgo a él”, dice. El hijo sobrevivió al tiroteo, pero
vio cómo su madre era tiroteada.
El caso de Karina, puertorriqueña de 40 años, es parecido.
Su
hermano, de 25 años y que trabajaba en una empresa de alquiler de
apartamentos, tampoco está en la lista de personas heridas
. Pero ella
evita darlo por perdido. “Le gustaba la música, le gustaba bailar, una
persona muy buena, tiene un buen corazón.
Yo tengo fe que si no está
vivo el señor lo tenga en su gloria, haya tenido un encuentro con Jesús y
esté bien en los brazos de Jesús, y si está vivo pues que le dé gracias
a Dios porque le dio una nueva oportunidad de vida”, asegura.
“Uno
sigue teniendo fe hasta lo último, estoy tratando de prepararme por si
la noticia es la que no quisieras que fuera”.
Lo mismo dice Steve, puertorriqueño de 35 años sobre su hermano de 25,
“siempre alegre, echado para adelante, trabajador”.
Se cuida de usar los
tiempos verbales para mantener la esperanza: “A él le gusta, a él le
gustaba, digo que le gusta porque está vivo”, dice. Y decide dejar de
hablar.
Amigos y familiares de los fallecidos en el club Pulse de Orlando, tras conocer su muerte. STEVE NESIUSMucho camino se ha tenido que recorrer en Estados Unidos a lo largo
de décadas pasadas para que una variada comunidad de lesbianas, gais,
bisexuales y transexuales (LGTB) pueda reunirse un sábado por la noche,
sin esconderse, en un bar de una ciudad socialmente conservadora del sur
del país, como es Orlando, para disfrutar de unas copas y algo de
música en el fin de semana en que una buena parte del país ha celebrado
el Orgullo Gay.
En uno de estos bares, Pulse, han muerto este domingo
al menos 50 personas a tiros, objetivo fácil de un radical armado hasta
los dientes.
No hace falta esperar a que la policía concluya sus
pesquisas
. Con los hechos basta: es la peor matanza a tiros en la
historia de EE UU, en un local gay.
Orlando es un claro ejemplo de lo mucho que ha evolucionado el país
desde que en 1969 un grupo de gais y lesbianas comenzara a manifestarse
contra la represión policial en el pub Stonewall
de Nueva York
. En aquel entonces quienes demostraran abiertamente su
homosexualidad se convertían en unos proscritos, sujetos a
discriminación legal en todos los ámbitos imaginables, desde la sanidad
al empleo o el ejército.
Meses después de los disturbios de Stonewall abría en Orlando el centro Walt Disney World,
uno de los mayores parques temáticos del mundo, consagrado a la
sublimación de algo tan conservador como la familia nuclear, donde los
príncipes buscaban a hermosas doncellas y estas soñaban con ingresar en
la realeza por la vía del matrimonio.
Hoy, hasta Walt Disney World celebra unas jornadas gais estos mismos días de junio. Cualquier miembro de la comunidad LGTB puede
acudir a ese vasto parque temático de Orlando a divertirse de forma
abierta, luciendo camisetas rojas para demostrar que los conceptos de ‘normal’ o de ‘familia’
pueden ser muy variados.
Es cierto que Disney no organiza oficialmente
esta jornada, pero la acepta con una silenciosa solidaridad, abriendo
sus brazos y sus cajas registradoras a las decenas de miles de miembros
de la comunidad LGTB que acuden a Orlando esos días.
Parecería, pues, que EE UU haya llegado a la igualdad plena.
¡Tiene
hasta un presidente que apoya por primera vez el matrimonio gay! Incluso
el Tribunal Supremo
ha reconocido el derecho de los homosexuales a casarse con todos los
beneficios y obligaciones que marca la ley.
Pero nada más lejos. Y no
por una cuestión de derechos y libertades, sino de aceptación social.
En un futuro deberá desaparecer el concepto de trato especial a los homosexuales para considerarlo trato meramente normal
Volvamos a Disney como empresa que ha abierto camino con un
tratamiento especial a los gais.
Hace tres meses amenazó con dejar de
hacer negocios en el Estado de Georgia si el gobernador sancionaba una
ley que permitiría por un lado a empleados del registro civil negarse a
oficiar uniones entre personas del mismo sexo
por objeción de conciencia y por otro a organizaciones religiosas
despedir a personas por su condición sexual
. Esa ley no es un episodio
aislado.
Es una copia, de hecho, de otra que intentó aprobarse el año
pasado en Indiana.
El caso es que las políticas pueden haber avanzado y que en las
grandes ciudades como San Francisco, Nueva York, Los Angeles o
Washington se puede vivir la propia homosexualidad con libertad, pero lo
que debería ser normal es aún considerado trato especial. Para que dos
hombres o dos mujeres se den la mano o se besen en público, Disney no
debería necesitar un día específico para los gais, como si esta
comunidad debiera quedar contenida en su propio perímetro.
En algún tiempo futuro será necesario ir más allá: si de verdad
hubiera aceptación y normalidad social, no se necesitarían los millones
de bares que hay en el mundo como Pulse, un lugar en el que ha sido tan
fácil cometer una masacre.
Los gais deberían poder mostrarse como tales
donde fuera, sin miedos, sin riesgos, sin agresiones.
Eso, sin embargo, es de momento una utopía, y no sólo en EE UU, sino también en países más avanzados en derechos LGTB como España.
Hasta que ese día llegue, será necesario que la comunidad gay tenga sus
espacios de protección y de reivindicación: días especiales en parques
temáticos, bares como Pulse o manifestaciones del Orgullo Gay.
Y al fin y
al cabo, poco cambiaría que un radical, por motivos que pronto
revelarán las autoridades, abriera fuego en ese bar o en cualquier otro,
matando a decenas de personas, sean del sexo o de la condición que
sean
. Para este tipo de locura no hay distinciones que valgan.