Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

9 abr 2016

Chandler en el cementerio de talentos.............................................Jordi Bernal

Raymond Chandler. Foto: Cordon Press.
Raymond Chandler. Foto: Cordon Press.
«Los guiones buenos y originales son tan raros en Hollywood como las vírgenes». Raymond Chandler lo sabía bien. En sus años como guionista pudo comprobar ambas cosas.
 Consideraba que la producción de películas en serie en nada difería de las cadenas de montaje industrial y pocas vírgenes debió de conocer en sus desesperadas farras feroces que se montó durante esa época. 
La experiencia del escritor en el mundo del cine no fue precisamente feliz, pero tampoco sería cierto afirmar que no le reportó algunas gratificaciones.
 Para empezar estaba el dinero. Chandler llegó a Hollywood como un escritor pulp con una cuenta corriente que obligaba a comparar precios en el supermercado. 
En 1941, su editor había conseguido vender a la RKO los derechos de las novelas protagonizadas por el detective Philip Marlowe en un momento en el que el cine estadounidense, mediante la preeminencia de personajes positivos, buscaba superar la etapa de ensalzamiento de la figura del gánster que había marcado el género negro de los años treinta. 
Nada mejor que el detective privado, imbuido de un aura romántica, para reconducir los valores morales que debían distinguir a una sociedad a la sazón enfrentada con el terror nazi. Y sin ningún lugar a dudas, Marlowe es el detective romántico por excelencia.
 De hecho, su construcción casi se diría que es la del añejo chevalier servant con Stetson, cigarrillo en la comisura de los labios y copa de whisky contundente en mano.
A pesar de que Chandler consideraba Hollywood «un cementerio de talentos» fue un acicate importante en su proyección literaria
. Había pasado por un largo purgatorio de aprendizaje del oficio de novelista cuando ya tenía más de cuarenta años. 
Escogió un género popular y se lanzó de cabeza a escribir relatos luctuosos para las publicaciones Black Mask y Dime Detective, que pagaban miserablemente la palabra manchada de sangre. 
Pacientemente, imbricó su clásica educación british, su afiladísima observación, el sarcasmo acorazado del sentimental, la destreza para urdir diálogos de agilidad gimnástica y ese espíritu idealista que tantas veces chocó con la inmutable realidad. 
Tipo inteligente y culto, desentrañó el estilo de los mejores en el género, especialmente el de Dashiell Hammett, pero cuando tuvo que apostar por el trago largo de la novela, prefirió olvidar el hierático objetivismo de Hammett basado en la descripción externa (behaviorista) de los personajes apostándolo todo a la narración visceralmente subjetiva e impregnada de amargo lirismo. 
Así, con cincuenta años, logró terminar El sueño eterno, que inaugura la saga novelística del bueno de Philip Marlowe.
La entrada de Marlowe en Hollywood con los filmes The Falcon Takes Over, de Irving Reis, Historia de un detective, de Edward Dmytryk (ambos adaptaciones de Adiós, muñeca) y Time to Kill, dirigida por Herbert I. Leeds a partir de la novela La ventana siniestra, también supuso la de su creador, que fue contratado como guionista por la Paramount.
 El trabajo estaba bien pagado y carecía de estrés.
 Pese a su tendencia al aislamiento y la soledad, el neófito guionista hizo buenas migas con algunos compañeros y buscó la cálida compañía de secretarias. 
El productor John Houseman recuerda a un Chandler babeante y procaz cuando olía el perfume premeditado de las chicas del estudio, una actitud que chocaba con las atildadas maneras de las que normalmente hacía gala
: «El sistema de la escuela pública inglesa, que tanto le gustaba, había dejado en él su marca sexualmente destructora. 
 La presencia de mujeres jóvenes —secretarias y muchachas que entraban y salían de los estudios le turbaba y excitaba. 
Su voz era normalmente baja, y hablaba en un ronco susurro al pronunciar esas obscenidades juveniles que él hubiera sido el primero en reprobar de haber sido pronunciadas por otro».
Perdición. Imagen: Paramount Pictures.
Perdición. Imagen: Paramount Pictures.
Para el novelista, Hollywood significó la vuelta al alcohol y las citas clandestinas.
 Había dejado de beber y vuelto a las faldas de su esposa Cissy veinte años mayor que él después de haber sido despedido de su empleo en una empresa petrolera por sus curdas y desapariciones misteriosas. Sobrio pasó años picando piedra y buscando un estilo literario original.
 Ahora volvía a ser un niño con barra libre en la tienda de chucherías.
Su primer encargó fue convertir la novela Double Indemnity de James M. Cain, de quien en correspondencia dijo que le parecía «un Proust con un mono de trabajo sucio de grasa», en libreto cinematográfico. 
Para ello se puso a trabajar con el guionista y director Billy Wilder.
 El odio entre el escritor educado y el cineasta desinhibido no tardó en empañar las horas de trabajo conjunto. Según explica Frank MacShane en La vida de Raymond Chandler, el autor de Adiós, muñeca envió un informe a los responsables de la Paramount detallando todo aquello que, a su criterio, eran ofensas de Wilder hacia su persona. No soportaba que el director deambulara por la habitación blandiendo una fusta o que le ordenara abrir y cerrar la ventana. Más allá de la enemistad fraguada, Perdición se convirtió en una de las mejores obras de Wilder y en referente del género negro.
Extremadamente susceptible, suspicaz y temeroso de que se le tratara con condescendencia, Chandler pasó buena parte de su etapa hollywoodiense inmerso en polémicas con productores y directores.
 Admiraba a los grandes creadores, de ahí que respetara a Howard Hawks, que se encargó de dirigir El sueño eterno para la Warner.
 En el guion participó William Faulkner, otro de los novelistas que se embarcaron en la aventura del cine para esquivar estrecheces intrínsecas al arte de escribir.
 Es bien conocida la anécdota, y significativa de los problemas que siempre tuvo Chandler con las tramas de sus novelas, durante el rodaje de El sueño eterno según la cual Hawks envió un telegrama a Chandler para que le dijera quién había matado a Owen Taylor, el chófer de los Sternwood. 
La lacónica respuesta fue: «No tengo ni idea». Aunque no contribuyó en el guion, el autor quedó satisfecho con la adaptación de Hawks/Faulkner. Siempre se imaginó a Marlowe en la piel de Cary Grant, pero la presencia de Humphrey Bogart le pareció convincente
. «Bogart sabe ser duro sin una pistola. Además tiene aquel sentido de humor que contiene un sutil matiz de desprecio. Bogart es un artículo genuino», escribió. 

Alcohol e inyecciones
La dalia azul. Imagen: Paramount Pictures.
La dalia azul. Imagen: Paramount Pictures.
En 1945, Chandler convirtió un relato atragantado en guion de cine. La dalia azul supuso una experiencia angustiante. Para empezar, estaban los recelos por la capacidad artística de George Marshall, artesano de estudio al que se encargó la dirección del film.
 Y luego no faltaron los encontronazos con los gerifaltes de la Paramount. El guion avanzaba bien hasta las puertas del desenlace, momento en el cual empezaron las dudas y el encallamiento. 
En nada ayudó que los responsables del estudio ofrecieran una sustanciosa bonificación a Chandler si terminaba el libreto en el plazo estipulado. 
El inseguro novelista se lo tomó como un insulto y la puesta en duda de su profesionalidad.
 Por ello propuso al productor Houseman un plan demencial: acabar el guion completamente borracho. Necesitaba varios coches que fueran a su casa a recoger el material que escribía durante el día, la ayuda de seis secretarias que se irían turnando, alcohol a mansalva y un médico que le procurara las inyecciones de vitaminas necesarias para suplir la falta de alimentos.
 Así fue como el guionista terminó la escritura de La dalia azul. Sin ser una obra de calidades sobresalientes, La dalia azul, protagonizada por Alan Ladd y Veronica Lake, funcionó bien 
en taquilla, salvaguardó el prestigio de Chandler y le valió una nominación al mejor guion original en los Óscar.
Cada vez más familiarizado con la técnica cinematográfica se atrevió a cuestionar la traslación de su narrativa en primera persona al lenguaje cinematográfico a través de la cámara subjetiva que Robert Montgomery utilizó en La mujer del lago. Le molestó que, pese a mostrar sus reservas y haber abominado del proyecto, el film de Montgomery se convirtiera en objeto de alabanzas por parte de la crítica y cosechara un notable éxito de público.
En 1947 firmó contrato con la Universal para escribir un guion a cuatro mil dólares semanales. Entregó Playback, guion que nunca se rodó pero que años más tarde utilizó para escribir la novela del mismo título. Chandler empezaba a estar harto de su trabajo alimenticio en el cine. Sin embargo todavía le esperaba una última colaboración en Hollywood. 
Esta vez con Alfred Hitchcock y partiendo de material literario de Patricia Highsmith.
 En principio, Chandler y Hitchcock se llevaron bien. El escritor admiraba el talento del cineasta y su destreza en la narrativa visual.
 Pronto, no obstante, aparecieron las diferencias y se fraguó el mal rollo. Chandler empezó a irritarse con las visitas a su casa y el control sobre su trabajo por parte de Hitch, así que se dedicó a burlarse del sobrepeso de este. No fue la mejor despedida del mundo del cine. 
El guionista se sentía incómodo con Extraños en un tren
La encontraba abrumadoramente inverosímil, un aspecto que nunca preocupó demasiado al cineasta.
 El guion que entregó Chandler fue, como de costumbre en la industria, modificado y maquillado por otros guionistas.


Perdición. Imagen: Paramount Pictures.
Perdición. Imagen: Paramount Pictures.
 

Santiago Carrillo, detenido en Madrid

Manifestación de tres mil comunistas ante la Dirección General de Seguridad.

El secretario general del Partido Comunista de España, Santiago Carrillo, fue detenido a las siete menos veinte de ayer en Madrid, en la confluencia de las calles Padre Jesús Ordóñez y López de Hoyos, cuando salía del inmueble número 14 de la primera de las calles. También fueron detenidos junto al señor Carrillo, Julio Aristizábal, Victoriano Diaz-Cardiel, Jaime Ballesteros, Juan Manuel Azcárate, Pilar Bravo, Simón Sánchez Montero y Santiago Alvarez, dirigentes del PCE.

Según parece, el señor Carrillo fue trasladado por funcionarios de policía a la Dirección General de Seguridad, donde permaneció sólo unos minutos.
Posteriormente fue conducido a algún otro lugar que se desconocía al cierre de esta edición. Numerosos periodistas realizaron, durante toda la tarde, infructuosas gestiones cerca del Ministerio de la Gobernación para conocer la situación del señor Carrillo y los criterios que iban a seguirse respecto al mismo.
 A las once y diez de la noche, la Su bsecretaria de Orden Público hacía pública una nota oficial que reproducimos en esta misma página.Tanto la Dirección General de Seguridad como el Gobierno Civil de Madrid reaccionaron ante las primeras llamadas de los informadores de prensa, manifestando su desconocimiento de lo ocurrido y remitiendo, para toda información, al gabinete técnico del Ministerio de la Gobernación, cuyo titular, Enrique Santín, celebró una prolongada reunión con el señor Martín Villa antes de realizar la declaración oficial. .

A las ocho y media de la noche, el comité ejecutivo del PCE facilitó un comunicado en el que elevaba su «más enérgica protesta por la detención de Santiajo Carrillo», calificándola como «descarada violación de los derechos humanos», afirmando que «contradice las reiteradas declaraciones del Gobierno de su voluntad de convivencia y de democracia».
A las once de la noche, numerosas personas iniciaron una manifestación en completo silencio desde la esquina de la calle Montera, frente al edificio de la Dirección General de Seguridad: tras atravesar las calles Carmen, Preciados y Arenal los manifestantes que alcanzaban una cifra cercana a 3.000 personas, se encaminaron por la calle Mayor hacia el Gobierno Civil, siempre vigilados por la policía que se había acordoñado a la altura de la calle del Correo.
Al parecer, antes habían solicitado una entrevista con el director general de Seguridad, pero según comunicó un agente de puerta del edificio policial, el director se habría ido a recibir a una comisión. La entrevista, en caso de que se realice, fue aplazada por el director general de Seguridad para hoy a las nueve
. Asimismo se negaba a la mujer e hijo de Santiago Carrillo, que iban acompañados por los abogados Diego Carrasco, José Luis Núñez, Antonio Rato y Enriuue Barón. una entrevista con el que Barón, una entrevista con el detenido.

 

Santiago Carrillo MARISA FLÓR

En perfecto orden y por la acera de la izquierda, los manifestantes llegaron a la plaza del Capitán Morenas cerca de la plaza de la Villa donde los ocupantes de cuatro jeeps y cinco coches-patrulla detu vieron a los integrantes de cabeza, en tanto pedían órdenes por radio a sus superiores sobre su forma de actuar.
Durante unos diez minutos y respetando las calzadas, los manifestantes esperaron hasta que un sargento comunicó que se disolvieran.
Posteriormente y ya de regreso a la Puerta del Sol, los manifestantes, puño en alto, repitieron reiteradas veces gritos.
 En la calle del Carmen enarbolaron una bandera,,roja al fnismo tiempo que comenzaban a entonar La Internacional.
La policía disolvió al numeroso grupo que se iba formando entre las calles Carmen y Preciados.

Nada más conocerse la noticia de la detención del secretario del PCE comenzaron a producirse reacciones, tanto en España como en el extranjero.
 En París, la Liga de los Derechos del Hombre y el Comité de Información de España hicieron sendos comunicados condenando el hecho.
 El diario L'Humanité, comunista, destaca hoy en primera página la noticia y el boureau político del PC francés hizo público un comunicado pidiendo su liberación y la de todos los presos políticos españoles.
En el resto de Europa las primeras reacciones fueron similares: en Bélgica los partidos.Comunista y Socialista protestaron públicamente y hoy harán una interpelación en el Parlamento.
En Italia, anoche, ya se preparaba una reacción global de todos los partidos políticos.
( Este articulo apareció en la edición impresa del Jueves, 23 de diciembre de 1976)

La legalización del PCE

La legalización del PCE

La democracia española dio un paso histórico al permitir el registro de la formación comunista en 1977
Joaquín Prieto


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Santiago Carrillo en Madrid (1979).
Durante varios decenios, el régimen franquista usó un anticomunismo sistemático como señal fuerte de su identidad doctrinal.
Y aunque el Partido Comunista de España (PCE) entró en el posfranquismo con la imagen de haberse convertido en uno de los más moderados y antisoviéticos de Occidente, su exclusión de la vida pública española se convirtió en uno de los caballos de batalla durante los forcejeos políticos de los primeros tiempos de la Transición.
El punto de inflexión fue la matanza de personas de significación comunista en un despacho de abogados de la calle Atocha, de Madrid, asesinados por pistoleros ultraderechistas a finales de enero de 1977.
 El Gobierno permitió que el PCE organizara el entierro y tanto la disciplina como la muchedumbre congregada convencieron al presidente, Adolfo Suárez, de que las primeras elecciones libres no podían convocarse con el PCE prohibido..


EL DÍA QUE EL PCE EMPEZÓ A SER LEGAL 


La legalización se comunicó el 9 de abril de 1977, Sábado Santo, pocos días después de que el Gobierno ordenara disolver la Secretaría General del Movimiento –el único partido permitido durante la dictadura- y retirar de su fachada el gigantesco yugo y las flechas que la ocupaba.
Dos claros gestos de ruptura con el pasado que provocaron la cólera de altos mandos de las Fuerzas Armadas.
 El almirante Pita da Veiga dimitió como ministro de Marina y lo mismo estuvo a punto de hacer el del Ejército, teniente general Álvarez Arenas.
Una veintena de capitanes generales y de otros altos mandos militares mantuvieron una larga reunión de la que salió una nota que daba cuenta de la “repulsa general” que la legalización del PCE había producido “en todas las unidades”, aunque la admitía “disciplinadamente”.
 Hubo dimes y diretes sobre el propio contenido de la nota porque se difundió otra más dura atribuida a las mismas personas
. La crisis no tuvo más consecuencias inmediatas, si bien se convirtió en el punto de ruptura entre parte del estamento militar, en gran parte procedente del franquismo, y el presidente del Gobierno.
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Gráfico del porcentaje de voto de los grupos políticos en las distintas elecciones generales celebradas en España (1977 a 2015). / INFOGRAFIA EL PAÍS
El secretario general del PCE, Santiago Carrillo, respondió con una aceptación expresa de la bandera roja y gualda de la Monarquía, poniendo fin así, en medio de polémicas externas e internas, al uso habitual de la tricolor republicana en los actos de su partido.
 Fue la parte más simbólica de un viraje político con el que Carrillo intentaba posicionarse ante la inminente democratización.
La legalización del PCE fue una buena muestra del arrojo de Adolfo Suárez, pero también un cálculo político .
 Haber ido a las primeras elecciones libres con el PCE prohibido hubiera impedido conocer la verdadera dimensión de este partido en una vida pública normalizada.
 Logró el 9,4% de los votos en las elecciones de junio de 1977 y perdió así la batalla contra el PSOE (29,3%), que se alzó como la gran fuerza de izquierda.
 Los comunistas se vieron reducidos a un papel que nunca les permitió influir decisivamente en la política democrática.
 La paradoja es que la legalización, su actuación moderada y su colaboración en el proyecto constitucional derivaron en la irrelevancia electoral en los años 80 y en su dilución final en Izquierda Unida.
 


La fiscalía belga identifica al tercer terrorista del aeropuerto.............................. Álvaro Sánchez

Se trata de Abrini, conocido como el 'hombre del sombrero', y es uno de los seis detenidos el viernes.

Imagen del tercer terrorista del aeropuerto de Bruselas, identificado como Mohamed Abrini. AFP
El hombre del sombrero ya tiene nombre. Mohamed Abrini puso fin este sábado a las especulaciones y confirmó con su confesión las sospechas de la fiscalía belga: él es, según su versión, el tercer terrorista del aeropuerto de Bruselas-Zaventem, el hombre que acompañó a los dos suicidas el pasado 22 de marzo y que salió a pie de la instalación tocado con un sombrero que dice haber vendido poco después, y portando una chaqueta blanca que afirma haber tirado a una papelera del barrio de Zaventem.

 

Abrini, de nacionalidad belga y origen marroquí, tendrá que responder ante la justicia tanto por su participación en los atentados de Bruselas como por su implicación en los de París: sus huellas están en el piso del que salieron los suicidas del aeropuerto y en otro apartamento utilizado para preparar los ataques de París, y fue visto junto a Salah Abdeslam, cerebro de los ataques a la capital francesa, dos días antes de la masacre que costó la vida a 130 personas el 13 de noviembre.
Mohamed Abrini, en una imagen cedida por la policía belga. AFP
Ambos son amigos desde la adolescencia por haber crecido juntos en Molenbeek, el barrio de Bruselas del que provienen algunos de los autores de los mayores atentados perpetrados en Europa en los últimos años
. Sus vidas tienen ciertos paralelismos: los dos tenían antecedentes por robo y tráfico de drogas antes de radicalizarse.
 Una conversión que en el caso de Abrini se sospecha que le llevó hasta Siria, de donde habría retornado.

“Se le ha mostrado el resultado de diversas pruebas y ha reconocido su presencia en el lugar de los hechos”, señaló la fiscalía en un breve comunicado remitido este sábado.
El ministerio público lo ha imputado, junto a otras tres personas, por pertenencia a organización terrorista y por asesinatos terroristas, en el marco de la investigación de los atentados del 22-M.
Los otros imputados son Hervé B. M., Bilal E. M. y Osama Krayem, también arrestados el viernes. La fiscalía ha confirmado el papel de Krayem en la logística de los atentados:
 “Las investigaciones han permitido establecer que Osama K. es el segundo hombre presente en el lugar de los atentados cometidos en la estación de Maelbeek”.
 Krayem estuvo en contacto con uno de los suicidas del metro poco antes de los atentados, y fue la persona que compró en uno de los mayores centros comerciales de la ciudad las maletas que utilizaron los yihadistas.
Otras dos personas que fueron detenidas junto a Abrini han sido puestas en libertad tras haber sido sometidas a intensos interrogatorios.

La captura del llamado hombre del sombrero era el objetivo número uno de las autoridades belgas tras la detención de Salah Abdeslam, ahora encerrado en la cárcel de Brujas a la espera de que se tome una decisión sobre su extradición a Francia. La policía belga publicó esta misma semana un vídeo con grabaciones de cámaras de vigilancia en las que se identificaba al tercer terrorista del aeropuerto en varios puntos de la ciudad poco después de los atentados. Los agentes habían llamado a la colaboración ciudadana y realizado un recorrido en el que preguntaron a comerciantes y vecinos si tenían alguna pista al respecto.

Nuevas redadas

Bélgica también informó este sábado de que ha elevado a seis el número de detenciones realizadas el viernes.
El sexto detenido es Bilal El Makhoukhi, un bruselense condenado en el proceso contra el grupo proyihadista Sharia4Belgium en Amberes, al norte del país, según informó la cadena pública flamenca VRT, que no ha dado detalles sobre su supuesto papel en los atentados.
El nuevo balance de detenidos se ha hecho público después de que tuviera lugar una redada en un bloque de apartamentos del barrio de Etterbeek, en el centro de Bruselas, en la que no se produjeron arrestos, según informaron medios nacionales belgas.
 En el dispositivo policial participaron más de 50 policías y dos unidades de francotiradores.
La redada comenzó a primera hora de la tarde de este sábado, con el trazado de un perímetro de seguridad alrededor del edificio. Los agentes evacuaron a todos sus residentes, así como a los clientes de un comercio aledaño.
Con las detenciones de este fin de semana, la policía belga ha cerrado las principales incógnitas que rodeaban la autoría de los atentados de Bruselas y acallado temporalmente las críticas sobre su incapacidad para hacer frente al desafío terrorista.
 Los investigadores deberán determinar ahora la amplitud de los nexos entre los autores de los ataques de París y Bruselas, que la doble implicación de Mohamed Abrini refuerza significativamente.