La novela 'En cinco minutos levántate María', de Pablo Ramos, que recorre su vida a través de su monólogo interior desde la cama.
Penny Klepuszewska
El hijo de María
Pablo Ramos nació en el suburbio bonaerense de Avellaneda en 1966, y
el conflicto y la violencia siempre han sobrevolado su obra. El origen de la tristeza (Malpaso, 2014) y La ley de la ferocidad (Malpaso, 2015) se centran en Gabriel, hijo de la María de En cinco minutos levántate María. Las tres novelas forman una trilogía, aunque pueden leerse de forma independiente.
Ese lugar de confort del que nos saca cada mañana el despertador es
un lugar tan bueno como cualquier otro para las epifanías.
Ese templo
entre las sábanas en el que todos jugamos a ser otro alguien (ese
alguien que nos dejó el regusto del sueño, quizá), justo antes de
levantarnos, vestirnos de nosotros mismos, y retomar el día a día. Ahí
se desarrolla En cinco minutos levántate María, la novela de
Pablo Ramos que recorre la vida de una mujer de forma de chorro de
pensamiento caprichoso pero coherente.
El argentino ordeña la conciencia
de María, argentina pasada ya la sesentena, despertada antes de tiempo,
con el cuerpo cansado que le pide cinco minutos más de cama, pero la
mente lúcida y juguetona embarcada en uno de esos viajes por los páramos
de la memoria que todos hemos recorrido.
Como guía de la oscuridad
templada, como mascota silente de esa reflexión, una luciérnaga, que con
su luminiscencia hermosa y marciana acuna sus pensamientos mientras
rasca la madera del techo.
Es la de Es la de María una historia de superación, sí, pero sobre todo de los
obstáculos superados. Ramos reivindica la figura de la madre como motor
espiritual de la familia: del mismo modo que Úrsula Iguarán tira del
carro de los Buendía (Personaje con el que también la emparenta la
ceguera, definitiva en el caso de Úrsula, transitoria en el de María),
tira María del carro de los que están a su alrededor. Tira de su hijo
drogadicto Gabriel, de sus tíos, de sus nietos.
Y sobre todas las demás
sobrevuela la presencia del marido, ausente, violento, querido, anónimo.
La narradora se cuida muy mucho de bordear siempre su nombre (¿Quizá de
borrarlo?) y de convertirlo siembre en ‘ese hombre’, en ‘este marido
mío’, en ‘él’.
Depresiones, visitas secretas a la psicóloga, vida de
barrio, fiestas, problemas universales de los hijos de todas y de los
suyos, intentos de suicidio
. Un relato sin descanso que muestra cómo
todas las piezas encajan en el puzzle que es nuestra vida. Esa vida que
quizá no es la que queríamos pero sí la que nos tocó en suerte. ¿Es
tarde para cambiar? Hagan caso a su luciérnaga.
elpaissemanal@elpais.es
Media
España vio su sonrisa aspiracional a lo Kim Basinger hecha realidad
gracias a Vitaldent. Ahora su fundador está acusado de estafa y
blanqueo... de capitales.
La actriz Kim Basinger. GETTY IMAGES
Acaban de celebrarse 30 años del estreno de Nueve Semanas y media.
He intentado recordar lo que más me marcó la primera vez que la vi. No
fue la canción de Joe Cocker, porque el truco de la iluminación azulada a
través de las persianas ya estaba muy visto: salía en todos los vídeos
musicales.
Me marcó más el armario de John Gray, el personaje que
interpreta Mickey Rourke,
con sus ordenadísimas camisas blancas y trajes oscuros todos iguales.
Era muy joven para darme cuenta que aquello era el primer triunfo del
minimalismo.
Seguro que a Cristina Cifuentes le interesó Kim Basinger,
como a todas y todos
. Probablemente deseó, de entre todo lo que nos
ofrecía Kim, su dentadura perfecta.
Y con ella media España, que a
partir de entonces vio esa sonrisa aspiracional hecha una realidad
gracias a Vitaldent
. Ahora su fundador y propietario está encarcelado,
acusado de estafa y blanqueo… de capitales
. Con la perfecta dentadura
vino también la perfecta mordida y ahora son muchos los responsables
tanto de la mueca que tenemos por sonrisa como del mal aliento político.
En todo este entramado de dientes y blanqueo a Vitaldent le ocurrió
lo mismo que a Open House, aquella academia de idiomas que creció
gracias a los franquiciados y terminó acusada de estafa y cerrando.
¿Será que en España es igual de difícil aprender otra lengua que
blanquear una sonrisa?
Después del éxito de Nueve semanas y media, Kim tuvo que
esforzarse mucho para dejar de estar asociada a las breves escenas
tórridas de la película
. Consiguió un Oscar por L. A. Confidential,
pero antes vivió un via crucis con su divorcio de Alec Baldwin y por la
custodia de la hija de ambos, que ahora es una celebridad gay de
Instagram. Cifuentes también pasará lo suyo, primero tendrá que soportar
que recordemos sus nueve semanas y media de campaña electoral al lado
de Esperanza Aguirre.
Cuando recupere credibilidad, olvidaremos esos momentos aterciopelados,
cara a cara, codo a codo, de las dos estrellas madrileñas del PP.
Otra película que cumple 30 años es Terciopelo azul.
Dios
mío, ese instante en que Isabella Rossellini recorre desnuda el jardín
de la casa donde la tienen secuestrada es una de las imágenes más
inquietantes de la década.
A la crítica le gustó más la película de
David Lynch, a los más golfos nos apasionó esa posibilidad de sexo duro y
victimizante de las Nueve Semanas.
Pero también surgió la reacción
romanticona y neoliberal, propia de una joven Esperanza Aguirre, que
prefería ir a ver Top Gun,
cuyo protagonista Tom Cruise decidió celebrar este 30º aniversario con
el rostro atiborrado de colágeno nuevo.
Tres décadas después, el bótox
se ha infiltrado en todo, hasta en la Cienciología.
Esos fueron los años más importantes del pontificado de Karol
Wojtyla, el gran santificador. Con él se disparó la producción de nuevos
santos y los ingresos del Vaticano. Salían santos como churros,
canonizó a más de 450. Ahora se descubre que era un romanticón
penitente. Aparecen novias e intensas amistades platónicas que podrían
empañar tanta santidad. Hay cosas que cuesta entender de los polacos,
una nación que ha sufrido lo indecible. Pero es muy probable que sean
los europeos más apasionados de todo el continente. De allí viene
Chopin. Darek. Y Stanley Kowalski, el hombre que grita “Stella” cada vez
que se emite Un tranvía llamado Deseo. Al final Wojtyla no pudo escapar
a su idiosincrasia.
Y los jóvenes de los ochenta no pudimos escapar a la edad ni los
políticos evitar la corrupción. Pero la fascinación por los horóscopos,
que empezó tan hippy, ha superado el paso del tiempo. La otra noche supe
que Pedro Sánchez es Piscis y que Albert Rivera
es Escorpio, después leí que “la atracción entre Escorpio y Piscis es
irresistible, una unión con todas las posibilidades de éxito. Los dos
son apasionados y leales por lo que es fácil que disfruten de un
compañerismo natural”. O sea, que la mejor síntesis posible para
gobernarnos son Pedro y Albert. Parece que será en el horóscopo donde
vamos a encontrar la solución.
Uno empieza a hablar de horóscopos y no para.
En mi vida personal, un
Piscis intentó estrangularme en una fiesta casera en esos años 80. Mi
hermana Valentina, que es Escorpio, tiene un carácter que ya quisiera
Cristina Cifuentes para espantar a los corruptos.
No es que sea
determinada, es determinadísima.
Son dos los Piscis que han llegado a la presidencia del Gobierno: Felipe
González y José María Aznar, que aunque nadan en direcciones opuestas y
en círculo como los peces zodiacales, ambos han terminado en la pecera
de grandes empresas. Pedro Sánchez podría ser el tercer presidente
Piscis. Quizás consiga permanecer a flote, nadando junto a escorpiones.
El juvenil del Las Palmas enfrenta al Tenerife en un partido de este curso. Quique Curbelo
Para Luis Molowny, exjugador del Madrid y entonces técnico de Las Palmas,
no era un asunto menor. Su plantilla se mofaba de la superstición de
llevar la misma corbata en los partidos. Pero la manía le funcionaba.
Y
el equipo logró el subcampeonato de la Liga en 1969, por detrás del
Madrid. “Es difícil repetir esos éxitos”, entiende Gerardo Miranda, que
también hizo carrera en el Barça, “porque si hay uno muy bueno se lo
llevan rápido”.
Lo mismo cree Germán Dévora, presidente de honor del
club, que integró ese equipo dorado con Guedes y Tonono, fallecidos
prematuramente:
“Ya no es como antes, cuando te obligaban a quedarte con
contratos leoninos”. Y se posiciona Víctor Alfonso, que dirigió siete
años el filial y ahora lleva al del Atlético:
“En la isla hay muchos
ojeadores de los mejores equipos de España y los que despuntan…”.
El actual director deportivo, Manuel Rodríguez —también llamado
Tonono— se resiste.
“Si no perdemos el norte y somos consecuentes con
nuestra política”, avisa, “este club jugará en Europa”.
Hoy reciben al Barça (16.00, Canal + Liga), pero su política pasa por la cantera.
No podemos cortar la creatividad que va implícita en el jugador canario”, dice Manuel Rodríguez
Influenciado por Laureano Ruiz, entonces encargado del fútbol base del Barcelona, Tonono reversionó su libro De la base a la cúspide
y a cada técnico que llega a Las Palmas le entrega su manual.
“Deben
amar su trabajo, tener conocimientos, gestionar bien el grupo, ser
motivadores, comunicadores y formadores”, enumera.
Así, está prohibida
la carrera continua —carreras tontas, que dice él—, o las tandas de
chutes en fila india. “No podemos cortar la creatividad que va implícita
en el jugador canario”, apunta. Al futbolista de la isla lo define
Dévora:
“Desde que tengo uso de razón los chicos de aquí siempre han
jugado de forma cadenciosa y con talento”. Interviene Víctor Alfonso:
“El fútbol de calle se ha perdido en muchos sitios, pero no en la isla.
Por la forma de vivir y por el clima que invita a salir de casa”.
Miranda le secunda:
“Somos un poco de la escuela sudamericana, con
regate y calidad”.
Unos versos libres, remarca Tonono:
“En muchas
escuelas condicionan el juego de los chavales y no fomentan la toma de
decisiones. No podemos decirles que no regateen… ¡si es una especie en
extinción!”.
Con un presupuesto de 1,2 millones para el fútbol base, Las Palmas
tiene claro que no quiere enredarse con el mercado y que de hacerlo
algún día se centraría en África. “La única vez que el club fue
comprador en vez de vendedor casi desaparece”, recuerda Víctor Alfonso.
“No queremos fichar a no ser que sea realmente necesario. Más vale
invertir en infraestructura y en el modelo”, asume Tonono. Aunque no
escapan a las redes de los grandes clubes. “Madrid, Barça, Espanyol…
todos nos cogen jugadores”, se lamenta el ex jugador; “
¡Si se llevan
hasta a alevines! Lo único que nos queda es demostrarles que este
colegio de fútbol es mejor para llegar a ser profesionales”.
Las Palmas I+I, Inclusión e Integración
En Las Palmas UD hay 14 equipos y 300 licencias que se rigen bajo la
norma de Tonono de que “hay que dormir con el balón y despertarse con
los libros”.
Pero además hay otro equipo que se ha ganado el cariño de
todos, desde Valerón a Roque o Viera, desde el técnico Setién al
aficionado. Es Las Palmas I+I [Inclusión e Integración]. Un conjunto
formado por chicos con discapacidad intelectual; un proyecto que impulsó
Tonono junto al presidente porque ya lo hizo y con grandes resultados
cuando se encargaba de la federación de Andorra. “Entiendo la diversidad
como algo indispensable para la formación y el progreso. Por eso formar
este equipo nos ha hecho ver el concepto de diversidad, además de que
también nos hace sentir más humanos y sensibles”, cuenta Tonono. La idea
de Las Palmas es impulsar la creación de una liga nacional de clubes.
Mientras tanto, hacen partidos y, de paso, los jugadores reciben cada
semana instrucciones de los distintos entrenadores de la casa.
Campeón los dos últimos años en todas las categorías salvo en
Primera, a Las Palmas no le sobran rivales.
Por eso ha creado lo que
llaman La Liga Paralela: una serie de amistosos para cada semana donde
los equipos del club juegan contra otros de mayor edad para acentuar la
competitividad. “Es una fórmula que nos sirve de mucho”, admite Tonono,
que también muestra su orgullo por contar con 16 canteranos en el primer
equipo.
“A cualquier club y ciudad del mundo les gustaría que los
jugadores de casa defendieran su camiseta. Hace tiempo que aquí se hacen
bien estas cosas”, se suma el referente Juan Carlos Valerón
Un
hospital de Bangladesh pone en marcha el complejo proceso quirúrgico
para devolverle la movilidad a Abul Bajadam, que sufre epidermodisplasia
verruciforme.
Abul Bajadam muestra sus
manos afectadas. Mañana se someterá a una primera intervención en Dacca
para eliminar sus verrugas. "Yo lo que quiero es poder abrazar a mi
hija". Zigor
Abul Bajandar quiere abrazar a su hija. No lo ha hecho nunca desde
que la pequeña nació hace tres años, y si no fuese por el complejo
proceso quirúrgico que le costea el gobierno de Bangladesh, no lo podría
hacer jamás. La razón está en la epidermodisplasia verruciforme
que Bajandar comenzó a sufrir hace una década, cuando tenía 15 años.
Se
convirtió entonces en el tercer caso conocido en el mundo, y pronto
descubrió que su vida iba a convertirse en un drama. “Las verrugas me
empezaron a salir en el pie derecho. Al principio no le di mucha
importancia, pero comenzaron a ganar tamaño y se reprodujeron en una
rodilla. Entonces me preocupé”, recuerda en la habitación que ocupa en
el Hospital Universitario de la capital bangladesí, Dacca.
Halima remanga la camisa
a su marido que no puede hacer prácticamente nada sin ayuda. Él desea
sentir el tacto de su hija de tres años. Z.A.
Poco a poco esa piel endurecida y ocre se fue comiendo pies y manos.
Finalmente, Bajandar perdió la movilidad en los dedos y se ganó el apodo
de hombre árbol en el pequeño poblado de Pai Gasa, ubicado en
el distrito sureño de Khulna.
El por qué de ese mote que no le
entusiasma salta a la vista: las extrañas verrugas han cubierto sus
manos casi por completo y se han extendido hasta parecer las raíces de
un árbol.
Pesan seis kilos y dificultan su vida sobremanera. Solo
levantarlas ya es un suplicio
Sus pies han corrido mejor suerte y Bajandar puede caminar, pero no sin dificultad. Para todo lo demás necesita ayuda.
“Al principio fui a un curandero que me recetó remedios homeopáticos,
pero no dieron ningún resultado. Así que, como no podía trabajar y en
mi familia sólo mi padre está empleado —es conductor de los triciclos
motorizados que hacen las veces de taxi—, tuve que ponerme a mendigar
para buscar tratamiento”
. Procedente de una familia humilde en la que
sólo entran 3.000 takas (35 euros) al mes, Bajandar supo que su dolencia
requería de una asistencia médica más avanzada.
Así que decidió sacar
provecho de la curiosidad que provocaban sus raíces y viajar a India con
las ganancias.
“Allí estuve tomando medicamentos prescritos por un
médico durante tres años”. Un tiempo en el que las verrugas no cesaron
de crecer.
Abul Bajadam muestra sus
manos afectadas. Mañana se someterá a una primera intervención en Dacca
para eliminar sus verrugas. "Yo lo que quiero es poder abrazar a mi
hija". Zigor Aldama
Abul Bajandar quiere abrazar a su hija. No lo ha hecho nunca desde
que la pequeña nació hace tres años, y si no fuese por el complejo
proceso quirúrgico que le costea el gobierno de Bangladesh, no lo podría
hacer jamás. La razón está en la epidermodisplasia verruciforme
que Bajandar comenzó a sufrir hace una década, cuando tenía 15 años. Se
convirtió entonces en el tercer caso conocido en el mundo, y pronto
descubrió que su vida iba a convertirse en un drama. “Las verrugas me
empezaron a salir en el pie derecho. Al principio no le di mucha
importancia, pero comenzaron a ganar tamaño y se reprodujeron en una
rodilla. Entonces me preocupé”, recuerda en la habitación que ocupa en
el Hospital Universitario de la capital bangladesí, Dacca.
Halima remanga la camisa
a su marido que no puede hacer prácticamente nada sin ayuda. Él desea
sentir el tacto de su hija de tres años. Z.A.
Poco a poco esa piel endurecida y ocre se fue comiendo pies y manos.
Finalmente, Bajandar perdió la movilidad en los dedos y se ganó el apodo
de hombre árbol en el pequeño poblado de Pai Gasa, ubicado en
el distrito sureño de Khulna. El por qué de ese mote que no le
entusiasma salta a la vista: las extrañas verrugas han cubierto sus
manos casi por completo y se han extendido hasta parecer las raíces de
un árbol. Pesan seis kilos y dificultan su vida sobremanera. Solo
levantarlas ya es un suplicio. Sus pies han corrido mejor suerte y
Bajandar puede caminar, pero no sin dificultad. Para todo lo demás
necesita ayuda.
“Al principio fui a un curandero que me recetó remedios homeopáticos,
pero no dieron ningún resultado. Así que, como no podía trabajar y en
mi familia sólo mi padre está empleado —es conductor de los triciclos
motorizados que hacen las veces de taxi—, tuve que ponerme a mendigar
para buscar tratamiento”. Procedente de una familia humilde en la que
sólo entran 3.000 takas (35 euros) al mes, Bajandar supo que su dolencia
requería de una asistencia médica más avanzada. Así que decidió sacar
provecho de la curiosidad que provocaban sus raíces y viajar a India con
las ganancias. “Allí estuve tomando medicamentos prescritos por un
médico durante tres años”. Un tiempo en el que las verrugas no cesaron
de crecer.
Abul Bajandar es el
tercer caso conocido el mundo de epidermodisplasia verruciforme que
comenzó a sufrir hace una década, cuando tenía 15 años. Z.A.
Así, no es de extrañar que Bajandar, en un ataque de desesperación,
tratase de cortárselas por su cuenta. “Me frustré mucho un día que no
conseguí vestirme la camisa.
Y como no tengo sensibilidad en las
verrugas, creí que sería capaz de cortarlas por mi cuenta”. Pero
entonces descubrió que el dolor lo sentía “más adentro”, y fue incapaz
de continuar con su propia amputación
. “Al final el médico me dijo que
la única salida era la cirugía, un proceso que no podría pagar ni
ahorrando varias vidas. Solo me consolaba el hecho de que las verrugas
no se extendieron por otras partes del cuerpo, pero cada día me miraba
en el espejo con miedo de ver una en la cara”.
Afortunadamente, no todo ha sido negativo en la vida de Bajandar.
Incluso después de sufrir su extraña dolencia.
De hecho, cuando las
verrugas ya lo convertían en el hazmerreír del pueblo, y en el objeto de
las pesadillas de los niños, Bajandar conoció a Halima. “Al principio
reconozco que sentí pena por él. Quizá eso me llevó a trabar cierta
amistad, pero lo cierto es que al final nos enamoramos”, cuenta ella,
sentada a su lado y atenta siempre a lo que necesitan tanto él como su
hija.
En un país en el que la mayoría de los matrimonios son
concertados, el de Abul y Halima fue por amor y ha resistido “lo que
muchos nunca serían capaces de aguantar”.
Y
cariño también le dispensan los bangladesíes.
De hecho, cientos de
ellos lo visitan cada día en el hospital, donde su habitación está
custodiada por dos policías que se limitan a regular el tráfico.
Aunque
algunos solo quieren hacerse un morboso selfie con él, y
sorprende que Bajandar hace gala de una paciencia infinita para esbozar
una sonrisa y poner las manos en alto, la mayoría se desplaza hasta el
hospital para desearle suerte y asegurarle que rezarán a Alá por su
pronta recuperación.
Porque ahora, después de que el Gobierno decidiese
hacerse cargo de su caso, comienza una nueva etapa cuyo resultado es
incierto. “Estoy un poco nervioso por lo que pueda pasar, porque mañana
[por el sábado] me operan por primera vez”, afirma Bajandar.
Y
cariño también le dispensan los bangladesíes. De hecho, cientos de
ellos lo visitan cada día en el hospital, donde su habitación está
custodiada por dos policías que se limitan a regular el tráfico. Aunque
algunos solo quieren hacerse un morboso selfie con él, y
sorprende que Bajandar hace gala de una paciencia infinita para esbozar
una sonrisa y poner las manos en alto, la mayoría se desplaza hasta el
hospital para desearle suerte y asegurarle que rezarán a Alá por su
pronta recuperación. Porque ahora, después de que el Gobierno decidiese
hacerse cargo de su caso, comienza una nueva etapa cuyo resultado es
incierto. “Estoy un poco nervioso por lo que pueda pasar, porque mañana
[por el sábado] me operan por primera vez”, afirma Bajandar.
El doctor Samanto Lal
Sen señala en una radiografía de las manos de Bajandar: “No es fácil dar
con los dedos, y tenemos que tener cuidado para no dañarlos”. Z.A.
El consejo de nueve médicos especialistas que ha creado el hospital
para determinar qué hacer en su caso tampoco rebosa confianza.
“El
primer paso consiste en tratar de liberar los dedos pulgar e índice de
una mano, que son responsables del 60% de todos los movimientos que
hacemos. También son los menos afectados y nos ayudarán a ver mejor cuál
es la situación y decidir qué pasos debemos dar”, explica el jefe del
consejo, el doctor Samanto Lal Sen, mientras señala en una radiografía
de las manos de Bajandar. “No es tan fácil dar con los dedos, y tenemos
que tener mucho cuidado para no dañarlos”
. Así, las operaciones se
alargarán unos seis meses, a los que habrá que añadir varios meses más
de fisioterapia. “Apenas ha utilizado las manos en diez años, así que
sus dedos están completamente atrofiados”.
Al final el médico me dijo que la única salida era la cirugía, un proceso que no podría pagar ni ahorrando varias vidas
En cualquier caso, los médicos señalan que su intención es ir un paso
más allá.
“No basta con retirar las verrugas y conseguir que recupere
la movilidad, porque en el resto de los casos estudiados han vuelto a
salir.
Tenemos que tratar de averiguar qué es lo que causa la
enfermedad, que será el paso inicial en el diseño de una cura
permanente”, apunta Sen. Y a nadie se le escapa que, si lo consiguen,
será un importante éxito para el sector sanitario de Bangladesh, un país
en vías de desarrollo en el que solo hace falta darse una vuelta por el
Hospital Universitario en el que Bajandar lleva un mes para darse
cuenta de las graves carencias médicas: las camas de los pacientes
llenan habitaciones y pasillos, los familiares se hacinan en el suelo,
las medicinas escasean, y los médicos no dan abasto.
Tenemos que tratar de averiguar qué es lo que causa la enfermedad, que será el paso inicial en el diseño de una cura permanente
Doctor Samanto Lal Sen
A este respecto, Bajandar es afortunado. Él disfruta de una
habitación para él y para su familia, ya que la prensa local está
cubriendo extensamente su caso, y recibe gran atención médica. “De
momento contamos con tres hipótesis sobre la razón de lo que le sucede,
pero ninguna es concluyente: podría ser genético, pero nadie en su
familia lo tiene; podría ser una extraña enfermedad cutánea, pero su
rareza es asombrosa; y podría ser un virus”, enumera Sen. Hace especial
hincapié en la última posibilidad, ya que hace unos días el doctor hizo
una curiosa revelación: “Hemos encontrado una vaca que tiene el mismo
problema”. ¿Podría ser un virus animal que muta raramente para afectar
al ser humano?
Sea como fuere, lo cierto es que Bajandar ya ha comenzado la cuenta
atrás para volver a verse las manos. En su risa nerviosa se evidencia
cierto miedo, compartido también por Halima, pero la esperanza es mucho
más poderosa.
Y él está más cerca de hacer realidad un sueño que repite
una y otra vez, siempre que una cámara le apunta. “Yo lo que quiero es
poder abrazar a mi hija, sentirla con las manos”.
El doctor Samanto Lal
Sen señala en una radiografía de las manos de Bajandar: “No es fácil dar
con los dedos, y tenemos que tener cuidado para no dañarlos”. Z.A.
El consejo de nueve médicos especialistas que ha creado el hospital
para determinar qué hacer en su caso tampoco rebosa confianza. “El
primer paso consiste en tratar de liberar los dedos pulgar e índice de
una mano, que son responsables del 60% de todos los movimientos que
hacemos. También son los menos afectados y nos ayudarán a ver mejor cuál
es la situación y decidir qué pasos debemos dar”, explica el jefe del
consejo, el doctor Samanto Lal Sen, mientras señala en una radiografía
de las manos de Bajandar. “No es tan fácil dar con los dedos, y tenemos
que tener mucho cuidado para no dañarlos”. Así, las operaciones se
alargarán unos seis meses, a los que habrá que añadir varios meses más
de fisioterapia. “Apenas ha utilizado las manos en diez años, así que
sus dedos están completamente atrofiados”.
Al final el médico me dijo que la única salida era la cirugía, un proceso que no podría pagar ni ahorrando varias vidas
En cualquier caso, los médicos señalan que su intención es ir un paso
más allá. “No basta con retirar las verrugas y conseguir que recupere
la movilidad, porque en el resto de los casos estudiados han vuelto a
salir. Tenemos que tratar de averiguar qué es lo que causa la
enfermedad, que será el paso inicial en el diseño de una cura
permanente”, apunta Sen. Y a nadie se le escapa que, si lo consiguen,
será un importante éxito para el sector sanitario de Bangladesh, un país
en vías de desarrollo en el que solo hace falta darse una vuelta por el
Hospital Universitario en el que Bajandar lleva un mes para darse
cuenta de las graves carencias médicas: las camas de los pacientes
llenan habitaciones y pasillos, los familiares se hacinan en el suelo,
las medicinas escasean, y los médicos no dan abasto.
Tenemos que tratar de averiguar qué es lo que causa la enfermedad, que será el paso inicial en el diseño de una cura permanente
Doctor Samanto Lal Sen
A este respecto, Bajandar es afortunado. Él disfruta de una
habitación para él y para su familia, ya que la prensa local está
cubriendo extensamente su caso, y recibe gran atención médica. “De
momento contamos con tres hipótesis sobre la razón de lo que le sucede,
pero ninguna es concluyente: podría ser genético, pero nadie en su
familia lo tiene; podría ser una extraña enfermedad cutánea, pero su
rareza es asombrosa; y podría ser un virus”, enumera Sen. Hace especial
hincapié en la última posibilidad, ya que hace unos días el doctor hizo
una curiosa revelación: “Hemos encontrado una vaca que tiene el mismo
problema”. ¿Podría ser un virus animal que muta raramente para afectar
al ser humano?
Sea como fuere, lo cierto es que Bajandar ya ha comenzado la cuenta
atrás para volver a verse las manos. En su risa nerviosa se evidencia
cierto miedo, compartido también por Halima, pero la esperanza es mucho
más poderosa. Y él está más cerca de hacer realidad un sueño que repite
una y otra vez, siempre que una cámara le apunta. “Yo lo que quiero es
poder abrazar a mi hija, sentirla con las manos”.