Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

17 feb 2016

isabel preysler ana belen separadas al nacer

Lluvia de estrellas en la alfombra roja de los Goya 2016
Viendo a la parejita en la ceremonia de entrega de los premios Goya se entiende perfectamente que Isabel y Mario estén encantados de haberse conocido. Viven una nueva juventud, porque nada rejuvenece más que una ilusión, y ciertamente dan cierta envidia.
 Seguramente, si se hubieran conocido en otra etapa de su vida, ya estarían separados o, al menos, aburridos el uno del otro.
 El escritor, a punto de cumplir los 80 años, no se había visto en otra igual; ni cuando ganó el premio Nobel generó tanta expectación y eso, le encanta.
 Se nota y mucho, porque cuando le rodean las cámaras se espabila y cuando se relaja, lógicamente, se le caen los años.
 Durante la ceremonia de los Goya dio alguna cabezadita, pero no es de extrañar porque, a ratos (sobre todo cuando los premiados repasan la lista de agradecimientos, no hay quien resista) pero también se quedó dormido, hace algunos días, en su asiento de bussines del Puente Aéreo Madrid- Barcelona, mientras Isabel, siempre despierta y atenta, saludaba a todo el mundo impertérrita, respetando y, al mismo tiempo, disculpando el sueño de su amado.
Más allá de ese amor que les une, que según Isabel les llegó de repente, a la pareja le une sobre todo su mundanidad, esa manera perfecta de moverse en sociedad, ese saberse centro de todas las reuniones y eje de todas las conversaciones.
 Y para esas actividades, uno o una no puede ir solo, se necesita pareja. Isabel la estaba necesitando como el aire, no es ningún secreto, ella misma lo ha contado.
 Desde que a su último marido, Miguel Boyer, le dio un ictus el 27 de febrero de 2012, dos años y medio antes de su muerte, Isabel, según propia confesión, ya se sentía viuda.
 Muy fuerte, ¿no?, Aunque ella lo explica diciendo que Miguel Boyer dejó de ser el hombre inteligente y brillante que era para recluirse en la cárcel de su memoria y, a partir de ese momento, ella se sintió sola.
Pero las desgracias duran poco en casa de Isabel Preysler.
En eso llegó Vargas Llosa, aunque hay quien asegura que ya llevaba años rondando, y la vida le dio una nueva oportunidad para salir a la calle y volver a lucir su estrella
. Él, que se dormía en las conferencias, espabiló de golpe; dejó a su mujer Patricia Llosa, que también debía dormirse ya, aunque de aburrimiento, cuando el le contaba sus batallas, abandonó sus principios y recuperó su gusto por la frivolidad con un toque de distinción, desde luego.
Y ya ves, Isabel Preysler va a los Goya, Ana Belén hace anuncios de yogur y las dos, cada una en su ética coinciden en la misma estética.
He tenido una visión inquietante.
 En una pausa publicitaria de “Sálvame”, justo después de pasar las imágenes de Isabel Preysler en la entrega de los premios Goya, Tele5 emitió un anuncio de Actimel protagonizado por Ana Belén y ¡Ostras, Pedrín¡, la novia de Vargas Llosa y la mujer de Víctor Manuel son iguales, idénticas, mismo pelo, mismo rictus y mismo tipo, lo que vendría a sugerir que han pasado por el mismo cirujano.
 También tienen la misma edad, pues las dos están a punto de cumplir 64 años y, nada que objetar, están muy bien, se cuidan y se les nota, aunque las dos tienen la frente muy amplia y la piel muy fina y, de cerca, sin luces y sin maquillar igual se les puede encontrar algún fallo, pero eso nos pasa a todas
. Luego ya en sus vidas, ya no hay tantas similitudes, aunque las dos se casaron a los 21 con un cantante: Ana Belén con Víctor Manuel e Isabel, con Julio Iglesias
. A la primera aún le dura el matrimonio y, la segunda, ha pasado dos veces más por el trámite, con Carlos Falcó, marqués de Griñón y con Miguel Boyer y está a la espera de sumar un cuarto matrimonio si, como todo el mundo anuncia, acaba casada con Mario Vargas Llosa.
isabel preysler ana belen

Carta abierta a Laura Matamoros ..............................mila ximenez

y a una cordura que ha estado sometida al temblor de la crítica durante muchos años?
Me produce curiosidad saber cómo estos funambulistas encontrarán la cuerda que les permita seguir caminando a golpes de trampas sin que las lianas les ahoguen el cuello.

17 de febrero de 2016, 07:00
Siempre que me siento a escribir me hago esta promesa: hoy... ¡no me meto en líos! Voy a hablar de cosas que no tengan repercusión mediática para que no me den la brasa o de gente que tampoco tiene interés.
 Y lo haría, como por generación espontánea, con lo que saliera de mi teclado.
 Por ejemplo, la novia de Kiko Matamoros, María José, alias Makoke. ¡Pero me aburren tanto estos corpóreos!
Hoy me voy a abrazar como una niña con recuerdos amargos que trepan burlando la poda a la sustancia de Laura Matamoros.
Solo me mueve el alma la gente que la cede en el corredor de la muerte y espera y desespera hasta que se haga justicia.  
Cuando veo a Laura Matamoros en el confesionario quiero correr hasta donde esté para desatarla del miedo y del dolor.
Tiene una belleza antigua y casi perfecta
. Solo la desdibujan los surcos que le ha dejado una vida diseñada por adultos sin alma y sin calma. Tiene esa mirada de niña esperando siempre un abrazo –al tiempo que un castigo–, que me desgaja. La veo vestida de doncella, dándole un masaje a su padre en las manos.
Y el dolor que me produce la ausencia de sentimientos de Kiko Matamoros me hace vomitar y revolverme con imágenes de un pasado reciente: el de anoche en el ‘Deluxe’.
Una madrastra vestida de marcas falsas y sonrisa atrapada por un bótox desviado.
Nunca he disimulado mi cariño por los Matamoros de Abajo (los hijos de Kiko con Marián Flores, entre los que se encuentran Diego y Laura).
 Ni mi falta de empatía por los Makokikos de La Finquilla (la familia que formó Kiko tras su separación, residentes en la lujosa urbanización La Finca).
Unos han tenido que sobrevivir a un padre ausente, según ellos, y a una madrastra sin sentimientos, sin el más mínimo ánimo de darles una manta en noches de nieve.
 Los otros, abrigados en edredones rellenos de plumas de aves cazadas a golpes de perdigones mediáticos.
Tengo la sensación de que los Makokos consideraban tan molestos a los Matamoros de Abajo, como las moscas que se te pegan en una tarde de cuerpos rellenos de silicona, ávidas de golosinas.
Y para terminar... ¿Sabéis lo que me sale de un alma que se ha limpiado a base de golpes,
Laura Matamoros y Kiko 

¿Qué sabes de ópera?................................................. Virginia López Enano

La agitada vida de un clérigo. Al hablar de ópera suele obviarse al autor del texto: el libretista. Son muchos músicos los que mantuvieron una estrecha colaboración con los escritores de sus óperas, como Verdi y Arrigo Boito. Pero si hay un libretista que ha trascendido es Lorenzo da Ponte, colaborador de Mozart. Da Ponte fue un sacerdote veneciano expulsado de la ciudad por tener un hijo con una mujer casada. Viajó a Viena, donde se hizo pasar por libretista. Y conoció el éxito. Tras una vida marcada por amores y deudas, se trasladó a Nueva York y montó una tienda de comestibles. Allí murió, a los 89 años, habiendo sido testigo de la evolución de la ópera: cuando él nació Händel aún estaba en activo y murió solo un año antes de que Verdi estrenara su primera obra.
“La gente necesita salir de la vida cotidiana. Un lugar donde puede aislarse de todo es la ópera”
Cecilia Bartoli, ‘mezzosoprano’
Los conservatorios también se equivocan. Las óperas del compositor italiano Giuseppe Verdi marcaron un antes y un después en la historia de la música. Sin embargo, el autor de La traviata (en la imagen, un montaje de 2005 en Salzburgo) fue rechazado a los 18 años por el conservatorio de Milán. ¿El motivo? Su edad y que “sus ejercicios no mostraban especiales aptitudes para la música”.
El aplauso más largo. 80 minutos duró la ovación que recibió Plácido Domingo tras cantar el Otello de Verdi en Viena, en 1991. La calurosa acogida obligó al tenor a salir a escena a saludar un centenar de veces.
El dato. En el siglo XVI se empezó a extender por Europa la figura del castrato, el afortunado poseedor de la voz perfecta: timbre de niño y la potencia de los pulmones de un adulto. En Nápoles, principal fábrica de castrati, se llegaron a castrar para este fin entre 3.000 y 4.000 niños al año. Aquellos que conseguían hacer carrera eran admirados y tratados como auténticas estrellas. Pero la gran mayoría  moría durante la operación o desarrollaba una voz chillona que los condenaba al olvido.
Wagner, el compositor más polémico.
Odio:

  • Charles Baudelaire. Poeta. “Me gusta más aún el sonido de un gato que cuelga de una ventana por la cola”
  • Piotr Chaikovski. Músico. “Tras las últimas notas de El ocaso de los dioses sentí como si me liberaran de una cárcel”
  • Friedrich Nietzsche. Filósofo. “Wagner contamina cualquier cosa que toca: puso enferma a la música”
  • Gioachino Rossini. Músico. “Tiene momentos buenos y horribles cuartos de hora”

Tiene más de 400 años de historia. Estas son algunas de sus anécdotas.

 

La agitada vida de un clérigo.
 Al hablar de ópera suele obviarse al autor del texto: el libretista
. Son muchos músicos los que mantuvieron una estrecha colaboración con los escritores de sus óperas, como Verdi y Arrigo Boito.
 Pero si hay un libretista que ha trascendido es Lorenzo da Ponte, colaborador de Mozart.
 Da Ponte fue un sacerdote veneciano expulsado de la ciudad por tener un hijo con una mujer casada. Viajó a Viena, donde se hizo pasar por libretista.
 Y conoció el éxito. Tras una vida marcada por amores y deudas, se trasladó a Nueva York y montó una tienda de comestibles.
 Allí murió, a los 89 años, habiendo sido testigo de la evolución de la ópera: cuando él nació Händel aún estaba en activo y murió solo un año antes de que Verdi estrenara su primera obra.
“La gente necesita salir de la vida cotidiana. Un lugar donde puede aislarse de todo es la ópera”
Cecilia Bartoli, ‘mezzosoprano’
Los conservatorios también se equivocan. Las óperas del compositor italiano Giuseppe Verdi marcaron un antes y un después en la historia de la música.
 Sin embargo, el autor de La traviata (en la imagen, un montaje de 2005 en Salzburgo) fue rechazado a los 18 años por el conservatorio de Milán.
 ¿El motivo? Su edad y que “sus ejercicios no mostraban especiales aptitudes para la música”.
El aplauso más largo. 80 minutos duró la ovación que recibió Plácido Domingo tras cantar el Otello de Verdi 
 
 

Las más representadas

'La Traviata'
Estas son las ocho óperas con más número de funciones en el mundo durante la temporada 2013-2014.
3.561 ‘La traviata’ (Verdi)
3.354 ‘La flauta mágica’ (Mozart)
3.151 ‘Carmen’ (Bizet)
2.921 ‘La bohème’ (Puccini)
2.501 ‘Tosca’ (Puccini)
2.454 ‘Las bodas de Fígaro’ (Mozart)
2.413 ‘Madama Butterfly’ (Puccini)
2.366 ‘El barbero de Sevilla’ (Rossini)


Charlotte Rampling, la seducción continúa a los 70 años

Icono de cine y de moda, celebra sus 70 años con su primera nominación a los Oscars por la película 45 años mostrando arrugas y los ojos más enigmáticos del cine. 

Charlotte Rampling, la seducción continúa a los 70 años
El pasado cinco de febrero la actriz cumplió 70 años y los celebró con su primera nominación al Oscar a Mejor Actriz.
Hace cincuenta años Charlotte Rampling asomaba fugazmente su rostro por primera vez en la pantalla en la película The Knack y cómo conseguirlo (Richard Lester, 1965) uno de los títulos que configuraron la nueva cultura juvenil en los agitados años del Swinging London
. Junto a ella, otra joven debutante llamada Jane Birkin, a la que esperaba a la vuelta  de la esquina el director italiano Michelangelo Antonioni y la película talismán Blow Up
. Cada una, a su manera, acabarían convirtiéndose en iconos, modelos femeninos transgresores y símbolos de un estilo y de una  modernidad que el paso del tiempo no ha dejado de revalorizar.
Y el título compartido de las actrices británicas más francesas del cine.
El pasado cinco de febrero la actriz cumplió 70 años y los celebró con su primera nominación al Oscar a Mejor Actriz gracias a su papel en la película 45 años  (Andrew Haigh, 2015), un poderoso drama de trazos íntimos al lado del veterano actor británico, Tom Courtenay.
A la celebración cinematográfica se sumaba la publicación de sus memorias, Qui je suis (Grasset), un emocionado texto donde la actriz expone por primera vez y de forma pública pasajes de su infancia y su juventud, señalados por momentos dolorosos como el suicidio de su hermana Sarah cuando tenía 21 años o misteriosos, como el descubrimiento de unos diarios ocultos escritos por su madre, Isabel  Anne Gurteen, un personaje de novela de F. Scott Fitzgerald que sacrificará su vida al casarse con un militar de la OTAN, Godfrey Rampling, héroe deportivo de las Olimpiadas de Berlín de 1936.
Charlotte Rampling atravesó la década de los sesenta como uno de los rostros luminosos e iconoclasta centro de atracción.
 Actrices como Julie Christie, Vanessa Redgrave, Sarah Miles, Rita Tushingham representaban entonces un soplo de aire fresco alejadas del modelo típico de las estrellas de Hollywood.
 Su primera gran oportunidad la tuvo lugar al otro lado del Canal de la Mancha gracias al director Luchino Visconti –una especie de segundo padre para ella– que la sumerge en ese gran fresco histórico, La caída de los dioses (1969), sobre la  ascensión del Nazismo en la Alemania de los años treinta; Charlotte fija ese modelo de belleza elegante, de perfil aristocrático y lado misterioso moldeado por el creador italiano y padrino artístico
. La actriz coincide con el actor Dick Bogarde con  el que volverá a encontrarse en el explosivo Portero de noche (Liliana Cavani, 1974), un cuento de seducción y sadomasoquismo  que proyecta su imagen  de actriz transgresora.
 La fotografía de la actriz  semidesnuda con uniforme nazi se convierte en uno de los iconos de la década de los setenta junto con la pareja Marlon Brando y Maria Schneider de El último tango en Paris.
Luchino Visconti, Charlotte Rampling y Helmut Berger en 1969.
Luchino Visconti, Charlotte Rampling y Helmut Berger en 1969.
Foto: Cordon Press
No será ésta la única ocasión donde la actriz encienda las alarmas de las tribunas más conservadoras, sus desnudos fotografiados por Helmut Newton marcaron un hito en la fotografía de moda y rompen con los clichés de los clásicos desnudos protagonizados por las actrices para Playboy y otras publicaciones similares
. Newton sublima en el  poderoso desnudo de la actriz ese estilo bautizado como porno-chic  que acabará contaminando los magazines de lujo y ha llegado hasta nuestros días. Fotógrafos como Peter Lindbergh, Alice Spring, Juergen Teller  o Bettina Rheims intentaron desvelar esa mirada misteriosa que Dick Bogarde había bautizado como The Look, el mismo título que Lauren Bacall, década atrás había recibido para su debut cinematográfico.
 Una cualidad física, esa mirada encriptada, que la actriz en todos estos años no se ha cansado de desmitificar refiriéndose a ella como “una particularidad física” pero que ha acabado formando parte de su leyenda como estrella enigmática.


'Rotten to the core', Charlotte Rampling, 1965.
‘Rotten to the core’, Charlotte Rampling, 1965.
Foto: Cordon Press
Diva a contracorriente, Charlotte Rampling ha construído una carrera cinematográfica señalada por el cine de autor sin renunciar a grandes producciones como la fábula de ciencia ficción Zardoz – formando pareja con Sean Connery–, El veredicto junto a Paul Newmann o como heroína de cine negro, Adiós, pequeña, entrando en el Olimpo femenino de heroínas de cine negro junto a Lauren Bacall, Barbara Stanwick, Gloria Grahame y otras femmes fatales.
 A medio camino entre París y Londres, Rampling se convirtió en la actriz fetiche de directores como François Ozon o el malogrado director teatral Patrice Chereau en su debut cinematográfico, La carne de la orquídea.
El director Nagisa Oshima potenció su lado más transgresor en Max, mon amour, en una vuelta de tuerca del cuento fantástico de la bella y la bestia.
 Frente a otras estrellas que han visto apagarse su carrera en ese tránsito siempre delicado entre la madurez y la vejez, Rampling ha conseguido iniciar una segunda y brillante etapa profesional trabajando con directores como Lars von Trier (Melancolía) o afrontando papeles arriesgados como  la protagonista de Hacia el sur (Laurent Cantet, 2006), en la que interpretaba a una mujer practicante del turismo sexual en Haití.
A sus setenta años Charlotte Rampling forma parte de esa generación de mujeres  que por primera vez  han subvertido los códigos de la seducción transformándola en algo mucho más profunda y reflexiva
. Una mujer madura que expresa –y ejerce con su experiencia–  su poder femenino de seducción sin esconderlo ni camuflarlo. Que piensa más en su vida que en los años que cumple…
Cartel de '45 años', la película que le ha valido la nominación.