Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

11 feb 2016

Adiós al sexto ser humano que caminó sobre la Luna Daniel Marín 11 feb 16 Del Blog Eureka de Daniel Marín

El pasado 4 de febrero falleció Ed Mitchell, antiguo astronauta de la NASA famoso por pisar la Luna durante la misión Apolo 14 en 1971. Ironías del destino, al día siguiente se celebraba el 45º aniversario del alunizaje del módulo luna
r Antares en las llanuras de Fra Mauro. Junto con el icónico Al Shepard, comandante de la misión, Mitchell pasó 33 horas y 31 minutos en la Luna, incluyendo las 9 horas y 23 minutos que estuvo fuera del módulo lunar caminando por la superficie a lo largo de las dos actividades extravehiculares que llevó a cabo.
Ed Mitchell antes de despegar en la misión Apolo 14 (NASA).
Ed Mitchell antes de despegar en la misión Apolo 14 (NASA).

La ciencia confirma las ondas gravitacionales que predijo Einstein..............................Nuño Domínguez

Descubierta la primera señal de ondas gravitacionales.

 

Un experimento en EE UU asegura ser el primero en confirmar la existencia del "sonido del universo" predicho por Albert Einstein.

 

La última gran predicción de Albert Einstein sobre el universo se acaba de confirmar un siglo después: las ondas gravitacionales existen y un experimento en EE UU las ha detectado por primera vez.
Según la Teoría General de la Relatividad hay objetos que convierten parte de su masa en energía y la desprenden en forma de ondas que viajan a la velocidad de la luz y deforman a su paso el espacio y el tiempo. 
La fuente de ondas gravitacionales por antonomasia es la fusión de dos agujeros negros supermasivos, uno de los eventos más violentos que han existido después del Big Bang.
 El genio alemán las predijo en 1916 pero también advirtió de que, si realmente hay fusiones de este tipo, suceden tan lejos que sus vibraciones serían indetectables desde la Tierra.
os responsables del Observatorio de Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales (LIGO), en EE UU, han anunciado hoy que han captado las ondas producidas por el choque de dos agujeros negros, la primera detección directa que confirma la teoría de Einstein. 
El anuncio se ha hecho en una conferencia de prensa celebrada en Washington y retransmitida por Internet. Los resultados científicos han sido aceptados para su publicación en Physical Review Letters, según ha informado en una nota en Instituto Tecnológico de California (Caltech).
"Señoras y señores, hemos detectado las ondas gravitacionales. Lo hemos conseguido", ha exclamado el director ejecutivo del LIGO, David Reitze. "Hemos tardado meses en ver que realmente eran las ondas gravitacionales, pero lo que es verdaderamente emocionante es lo que viene después, abrimos una nueva ventana al Universo", añadió.
“Es un descubrimiento histórico, que abre una nueva era en la comprensión del cosmos
La primera señal se captó el 14 de septiembre en los dos detectores idénticos de este experimento, situados uno a 3.000 kilómetros del otro.
 La señal venía de una fusión que sucedió hace 1.300 millones de años y consistió en el violento abrazo de dos agujeros negros cuya masa es entre 29 y 36 veces mayor a la del Sol
 Los dos agujeros se fundieron en uno liberando una energía equivalente a tres masas solares, que salió despedida en forma de ondas gravitacionales en una fracción de segundo. Y todo este proceso de masa transformándose en energía en fracciones de segundo lo describe a la perfección la ecuación más famosa del mundo E=mc2 [La energía es igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado].
El hallazgo abre un nuevo camino en astronomía.
 Hasta el momento esta se ha centrado en la luz en todas sus variantes conocidas, pero estas ondas son comparables al sonido y permiten estudiar objetos que eran totalmente invisibles hasta ahora, especialmente los agujeros negros.
Nuestros oídos empiezan a escuchar “la sinfonía del universo”, en palabras de Alicia Sintes, física de la Universitat de les Iles Balears (UIB) y líder del único grupo español que ha participado en el hallazgo.
 “Es un descubrimiento histórico, que abre una nueva era en la comprensión del cosmos”, ha resaltado.
Este hallazgo abre ahora la posibilidad de usar estas ondas para estudiar el universo de una forma totalmente nueva
Su equipo ha realizado simulaciones con superordenadores que reproducen, según la ley de la relatividad, todos los fenómenos que podrían producir estas ondas: parejas de estrellas de neutrones, supernovas, agujeros negros.
Esas simulaciones se han comparado con la frecuencia de la señal real que capta el LIGO y así se sabe qué ha pasado exactamente, cuál es la fuente de las ondas, cómo está de lejos, etc.
“Es parecido a esas aplicaciones que escuchan una canción en un bar y te dicen el artista y el nombre del tema aunque haya mucho ruido alrededor”, explica Sascha Husa, investigador de la UIB y desarrollador de las simulaciones. “Aparte del Big Bang, las fusiones de agujeros negros son los sucesos más luminosos del universo”, asegura.
Confirmar a Einstein no es lo más importante. 
Este hallazgo abre ahora la posibilidad de usar estas ondas para estudiar el universo de una forma totalmente nueva.
 Las ondas gravitacionales permitirán estudiar “cómo se forman los agujeros negros, cuántos hay y también conocer en más detalle el ciclo vital de las estrellas y del universo”, resalta Husa
. Más aún, este tipo de señales mostrarán si estos violentísimos sucesos ocurren tal y como predice la teoría de la relatividad de Einstein o si debemos buscar otra nueva para entenderlos.

Detector LIGO

Los objetos que producen ondas gravitacionales están a millones de años luz, tan lejos de la Tierra que al llegar a nuestro planeta son ínfimas ondulaciones del espacio y el tiempo. 
Para captarlas ha sido necesario construir el LIGO avanzado, liderado por los institutos tecnológicos de California y Massachusetts, Caltech y MIT, y en el que participa una colaboración de unos 1.000 científicos de 15 países.
El LIGO es el instrumento óptico de precisión más grande del mundo, con dos detectores separados por 3.000 kilómetros, uno en Luisiana y el otro en el Estado de Washington, en el noroeste de EE UU.
 Ambos están compuestos por dos haces de luz láser cuya longitud exacta de cuatro kilómetros sería modificada al paso por una onda gravitacional.
 El instrumento es capaz de detectar una variación equivalente a la diezmilésima parte del diámetro de un núcleo atómico, la medida más precisa hecha nunca por un instrumento científico, según sus responsables
.La construcción de este experimento fue propuesta por primera vez en 1980 por Kip Thorne y Ronald Drever, de Caltech, y Rainer Weiss, profesor de física en el MIT. Es muy probable que este descubrimiento les suponga un premio Nobel próximamente.
 A partir de ahora habrá que confirmar esta primera detección de LIGO y captar señales de eventos diferentes. En ello están muchos equipos científicos alrededor del mundo.
 Aparte de LIGO, este año comenzará a funcionar una versión mejorada de otro gran observatorio de ondas gravitatorias en Europa, VIRGO.
 Además se acaba de lanzar LISA Pathfinder, una misión de demostración para un futuro observatorio espacial de este tipo de fenómenos.



 

El árbitro de la belleza del siglo XX.................................................. Carles Gámez

Un libro proyecta el estilo de Ceil Beaton, un diseñador y cronista de la alta sociedad que hizo de él mismo su mejor obra.

 

Cecil Beaton, cronista de moda británico.
Cuando en 1963 Cecil Beaton diseñó el vestuario de Mi bella dama, la comedia musical trasladada a la pantalla por el director George Cukor, estaba creando la que sería su Capilla Sixtina victoriana, su gran y última obra maestra como árbitro de la elegancia y la belleza del siglo XX.
Un beaton que, como el profesor Henry Higgins —el personaje Pigmalión de la obra—, modelaba en la figura de Audrey Hepburn un estilizado vestuario en blanco y negro, su testamento estético señalado por ese deseo infinito de capturar la belleza en cada una de sus facetas profesionales.
Como recuerda el historiador de moda Benjamin Wild, autor del libro A Life in Fashion, The Wardrobe of Cecil Beaton (Thames and Hudson, 2016), desde sus primeras apariciones públicas Beaton (1904-1980) cultivó el gusto por la originalidad y el toque excéntrico en su propia figura.
En 1922 llegó a la Universidad de Cambridge —que abandonó sin graduarse— vistiendo una llamativa chaqueta, zapatos rojos y pantalones blanco y negro que no pasaron inadvertidos entre alumnos y profesores.
 Tampoco sus modos afectados, una homosexualidad que siempre quedó en un segundo plano pero que su amigo y cómplice Truman Capote se encargó de desvelar en algunas secuencias divertidas y que intentó encubrir con un intento frustrado de
Cecil Beaton, cronista de moda británico.
Cuando en 1963 Cecil Beaton diseñó el vestuario de Mi bella dama, la comedia musical trasladada a la pantalla por el director George Cukor, estaba creando la que sería su Capilla Sixtina victoriana, su gran y última obra maestra como árbitro de la elegancia y la belleza del siglo XX.
Un beaton que, como el profesor Henry Higgins —el personaje Pigmalión de la obra—, modelaba en la figura de Audrey Hepburn un estilizado vestuario en blanco y negro, su testamento estético señalado por ese deseo infinito de capturar la belleza en cada una de sus facetas profesionales.
Como recuerda el historiador de moda Benjamin Wild, autor del libro A Life in Fashion, The Wardrobe of Cecil Beaton (Thames and Hudson, 2016), desde sus primeras apariciones públicas Beaton (1904-1980) cultivó el gusto por la originalidad y el toque excéntrico en su propia figura. En 1922 llegó a la Universidad de Cambridge —que abandonó sin graduarse— vistiendo una llamativa chaqueta, zapatos rojos y pantalones blanco y negro que no pasaron inadvertidos entre alumnos y profesores.
 Tampoco sus modos afectados, una homosexualidad que siempre quedó en un segundo plano pero que su amigo y cómplice Truman Capote se encargó de desvelar en algunas secuencias divertidas y que intentó encubrir con un intento frustrado de matrimonio con la actriz Greta Garbo.
Cecil Beaton con sus diseños para la comedia musical 'My Fair Lady' para Broadway en 1956.
Durante más de medio siglo, Beaton se convirtió en el cronista de la alta sociedad, fotógrafo de moda y retratista oficial de la familia real británica
. Su imagen de dandi y esteta se adueñó de los salones de la alta burguesía de Nueva York, que lo recibieron con los brazos abiertos.
 Beaton luchó toda su vida por ser considerado como un creador y no quedar recluido en su ejercicio de fotógrafo, pero, paradójicamente, fue este medio el que le abriría las puertas a ese mundo de magia y fascinación donde proyectaría sus dotes creativas.

En los años treinta desembarcó en Hollywood, donde percibió la fascinación por las estrellas de la gran pantalla como imagen de glamur y fantasía para el público.
 Un voluminoso itinerario profesional con el paréntesis de la Segunda Guerra Mundial y sus trabajos para el Ministerio de Información por los diferentes paisajes bélicos que le acabó granjeando enemigos a lo largo de su vida.
 Su verbo mordaz quedó reflejado en sus diarios editados después de su muerte en 1980, saliendo a la luz sus comentarios vitriólicos sobre algunos miembros de la monarquía británica o personajes como Elizabeth Taylor a la que acusó de “reunir todo el mal gusto británico y americano”.
A partir del guardarropa y el estilo, A Life in Fashion. The Wardrobe of Cecil Beaton recorre la historia de uno de los grandes notarios del gusto y la vida social del siglo XX desde sus ángulos más privilegiados.
 Beaton acabó haciendo, como más tarde haría Andy Warhol, de sí mismo su mejor obra, con una mezcla de originalidad y elegancia.

Félix de Azúa: “Está muy mal visto ser viejo”..................................................... José Andrés Rojo

El escritor se sirve del género histórico para contar el fracaso de proyectos disparatados en Mansura, obra en la que halló su voz y que ha sido rescatada en una sobria edición.

Félix de Azúa.
En medio de una de las muchas refriegas que se relatan en Mansura, uno de los combatientes más valerosos entra de pronto en acción y consigue correr a los turcos como a borregos.
“Flotaba sobre sus enemigos como el ángel de la muerte, y sus mandobles parecían lentos y despaciosos. Era como si matase por distracción”.
 La novela tiene esa prodigiosa ligereza con la que Félix de Azúa se embarcó a contar una disparatada cruzada en el año 1248 y el Reino de Redonda, del que el escritor es duque de Mansura desde el año pasado, la ha rescatado en una elegante y sobria edición.
PREGUNTA. ¿Por qué la considera su primera novela?
RESPUESTA. Ya había publicado una trilogía, Las lecciones, pero aquellas novelas estaban demasiado influidas por el noveau roman y plantean unas exigencias al lector que me parecen excesivas
. Me di cuenta de que no quería seguir por ese camino y pensé que igual merecía la pena volver a un género por completo obsoleto, el de la novela histórica
Estamos hablando de los años ochenta y, en esa época, la novela histórica sólo se leía en las peluquerías de señoras.
P. ¿Cómo se anima a dar un salto tan grande?
R. Por aquel entonces estaba yo fascinado con dos cosas.
Una, los ensayos sobre el lenguaje militar de la Edad Media y el Renacimiento de Martín de Riquer, el medievalista más grande de Europa.
 La otra, las crónicas medievales.
Son auténticas novelas de aventuras, pero que cuentan episodios que han ocurrido de verdad.
 Ahí está, por ejemplo, la de Ramon Muntaner.
 Se ocupa de una expedición de catalanes que acudieron en auxilio del emperador de Bizancio y les gustó tanto la zona de Grecia donde estaban que decidieron quedarse.
 Ya entonces los catalanes eran un poco así, por lo que fundaron una monarquía que se llamaba Neopatria.
 Es una historia deliciosa, y está maravillosamente narrada por Muntaner.
 De ahí me vino la idea de una cruzada de catalanes en Oriente.
P. La deuda que reconoce, sin embargo, es con Jean de Joinville.
R. Tomé como andamiaje su crónica sobre la cruzada del rey san Luis, que es una bellísima narración. 
Yo estaba iniciando por aquellos días una nueva vida, y quería dar testimonio de mi generación, los que rondábamos los 40 años.
 También habíamos hecho una cruzada: comunismo, drogas, sexo a gogó, viajes a lugares condenados al desastre, comunas…, todo aquel mundo de los años setenta, y habíamos fracasado en cada una de estas empresas exactamente igual que los cruzados fracasaron desde el primer día de su llegada a Tierra Santa.
 Esa era la alegoría. También nosotros caímos en una locura parecida a la de los cristianos.
 También nosotros íbamos por el mundo diciendo que había que ser comunista, que tenías que acostarte con la mujer de tu mejor amigo, que había que tomar LSD y tirarse por una ventana. Cosas de esas. Mansura es un poco eso: la alegoría de ese fracaso.
“También nosotros hicimos una cruzada: comunismo, drogas, sexo a gogó, viajes locos, comunas… Y fracasamos”
P. Aquella fue una época de grandes cambios políticos y culturales.
R. Cien años de soledad, de García Márquez, apareció en el setenta y pico en España.
 Yo trabajaba entonces en la editorial de Carlos Barral, que rechazó publicarla: le pareció una novela casi un poco juvenil.
 El primero en defenderla, en aquel medio tan de izquierdas y de alta literatura, fue Salvador Clotas. Fue como si nos hubiera dado permiso para que nos gustara, y se convirtió en una revolución.
P. ¡Auténticos árbitros del buen gusto!
R. Cualquier cosa que se convertía en popular era mirada con sospecha.
 Y es que habrá que decirlo alguna vez: nosotros, como la mayor parte de la oposición al franquismo, no éramos demócratas.
Los demócratas eran los de UCD, a nosotros nos daba risa la democracia.
 Por darnos risa, nos daba risa incluso el socialismo. 
Entre los años 1976 y 1980 fue eso lo que cambió. Buena parte de la izquierda se dio cuenta de que era un camino equivocado, que no hacía sino prolongar el franquismo, y entonces todo el mundo empezó a hacer profundos estudios de democracia para convertirse en demócrata y llegar a ministro. Ése fue el cambio.
 El arte no puede ser elitista, no puede ir dirigido a una minoría, porque eso es traicionar la esencia misma del arte y, sobre todo, te lleva a considerar (esta cosa insoportable de la izquierda) que todo el mundo es idiota menos nosotros. P. Esto del idiota me resulta familiar.
R. Poco después de Mansura vino la Historia del idiota, que es exactamente el mismo libro
. La historia de un fracaso.
 Hay una continuidad, y yo diría que se trata del desen­gaño absoluto por todo lo colectivista, lo gregario, lo masivo, las ideologías de masas.
Y un humilde intento de empezar una carrera individual.
 Intentar saber si es posible ser un individuo.
"El arte no puede ser elitista, no puede ir dirigido a una minoría, porque eso es traicionar la esencia misma del arte"
P. ¿Y cómo ve las cosas en este momento?
R. La vida es como una obra de teatro en tres actos.
 El primero es sensacional, ya hemos hablado de él, y en la actualidad viene a durar hasta los 40 años.

 . Luego viene el momento de responsabilizarse de algo: ya no puedes seguir bailando todos los días. 

Esto dura un poco menos, unos 25. Y el tercero, el que me toca ahora, es donde resulta más difícil actuar. Porque es dificilísimo mantener la dignidad. Sobre todo en esta sociedad donde la vejez es casi una enfermedad.

 Está muy mal visto ser viejo, es algo muy feo; para la sociedad, claro, no para el viejo. Pobre hombre. Y ocurren cosas espantosas. 

Tengo amigos de mi edad que siguen llevando unos tejanos y pendientes y se hacen piercings en un desesperado intento por no llegar al tercer acto.

 Se mueren en el segundo, como en las malas obras.

P. ¿De qué va ese último acto?
R. Si has vivido con cierta honradez, eso quiere decir que te has preocupado por aprender algunas cosas. Los viejos sabemos cosas y a veces son muy interesantes.
 Lo difícil es exponerlas sin arrogancia, con toda la claridad posible y sin dar lecciones inútiles.
P. ¿Cuál es entonces su plan?
R. En cuanto termine lo que llevo encima, hacia mayo, me voy a dar un año sabático para escribir la cuarta falsa autobiografía.
 Es la última, donde voy a matar al personaje. 
Es puro tercer acto. 
Voy a tratar de exponer, de la manera más serena posible, y agradable, en qué consiste eso de estar igual que en el poema: como las hojas de los árboles en otoño.
 A punto de caer.