Leonardo DiCaprio tiene todo el pescado vendido.
Es difícil imaginar
otro ganador al Oscar al mejor actor. Si había alguna duda, se borró con
el aplauso de centenares de intérpretes puestos en pie tras premiarle
el sábado por su papel en
El renacido
. Su primer galardón del Sindicato de Actores,
como podría serlo el Oscar
.
Aun así este californiano de 41 años, nacido en Hollywood, se niega a
hablar de una estatuilla que le ha sido esquiva las otras cuatro veces
que estuvo nominado
. Y que le dio la espalda cuando su carrera saltó a
la fama con
Titanic: el filme consiguió el mayor número de
nominaciones de la historia, pero él ni optó al Oscar.
“Es un paso en la
dirección adecuada”, concede a EL PAÍS tras su última victoria.
No habla de su carrera sino de lo que el reconocimiento significa para
El renacido y el cine. “
“No hemos visto nada igual.
Y la televisión vive un momento tan bueno
que en el cine necesitamos algo así, tan visceral, que haga a la
audiencia apreciar nuestro arte”, se explaya. “Ya no se hacen películas
como las de antes y
El renacido es la respuesta.
Espero sirva de ejemplo a seguir porque amo el medio y quiero seguir haciendo cine”.
No fue una película fácil
. El director, Alejandro González Iñárritu,
llevó a su equipo al límite para contar la historia de un trampero del
siglo XIX abandonado a su suerte tras ser atacado por un oso.
“Como dice
Alejandro, el dolor se pasa y el cine permanece”
. Fue un viaje
existencial, en la pantalla y fuera de ella, una historia de
supervivencia y venganza donde le interesó la poesía del personaje
.
“Contada con silencios. Quería aún menos diálogo.
Ya he dicho muchas
tonterías en mi carrera”, bromea, con más de 25 películas a sus
espaldas.
“Fue un trabajo guiado por el instinto, donde vives a través
de los ojos del protagonista
. Ellos son la catálisis de la historia y su
atractivo”.
Los ojos de
DiCaprio
brillan con la misma intensidad que los de su personaje, dejando clara
su pasión por el cine.
La misma que sintió cuando de niño adoró
Taxi Driver, o cualquier filme de David Lean, con los que se atreve a comparar
El renacido por “el alcance épico y la intimidad de unos personajes que respiran en tu cara”.
Sangre y violencia
También sangran y mueren en una obra criticada por su violencia, que
incluso podría costarle el Oscar a la mejor película. “Se me da bien
protagonizar filmes cargados de violencia”, recuerda aludiendo a su
trabajo con Scorsese.
“Pero
El renacido es la perfecta fusión de violencia y belleza que nos ofrece la naturaleza”.
Y brutal fue el propio rodaje,
que durante más de seis meses tuvo al equipo en las peores condiciones
meteorológicas en las montañas del norte de Canadá y en las tierras del
fin del mundo, en Ushuaia (Argentina)
.
A 27 grados bajo cero,
DiCaprio recuerda que sus manos estaban siempre al borde de la
hipotermia, solo resucitadas por “el pulpo”, una máquina con ocho
tentáculos unidos a un secador gigante donde se calentaban.
El actor es más reservado a la hora de revelar cómo está rodado el
ataque del oso, parte de la mística de hacer cine, y prefiere hablar de
otros rituales de su director, como la bendición espiritual con la que
empezaba cada día el rodaje o su atención al detalle.
“Para mí, en el
cine el director es el rey y
El renacido es la vuelta a los
setenta”
. También es una vuelta al DiCaprio más puro, al adolescente que
aprendió a amar el cine viendo películas
.
El renacido ha sido el mayor riesgo de su carrera, solo comparable con ese que tomó con 17 años, cuando hizo
¿A quién ama Gilbert Grape? “
Me ofrecieron mucho dinero por otra película pero preferí esperar. Me siento muy orgulloso de aquella decisión”.