Perdonar
no es fácil, pero fantasear con la venganza solo prolonga el rencor.
Hay
que pasar página, no hacerse tantas preguntas y pensar en el futuro
anna parini
Hace tiempo impartí una conferencia en una prisión de hombres.
En el
discurso hablé de emociones tan corrientes como la vergüenza, la pena,
la rabia, el miedo o el resentimiento
. En el turno del debate, uno de
los internos contó cómo al ingresar en el centro penitenciario se sentía
muy dolido por algo que su novia y su mejor amigo le habían hecho
. No
dio más detalles.
Simplemente explicó que cada día, al despertarse, se
encontraba encerrado no solo tras las barreras físicas de la cárcel,
sino en una auténtica jaula de rencor.
El detalle más punzante es que
confesó que estuvo varios años así.
Un día se dio cuenta de que el
resentimiento era absurdamente inútil. ¿Qué iba a conseguir fantaseando
continuamente con vengarse?
Semanas después, la bibliotecaria que me
invitó a impartir aquella conferencia me contó que, a raíz de esa
confesión, otros internos resentidos se acercaron a él porque también
querían deshacerse de esa carcoma que sentían en el pecho
. Después de
escuchar el testimonio de su compañero, comprendieron que era posible
dejar a un lado el rencor.
Desde la infancia, la sociedad inculca la importancia de aprender a
perdonar.
De hecho, la atmósfera judeocristiana está impregnada de ese
mensaje
. Pero desde la psicología se le ha dado otro significado al
perdón
. Lo que se desprende de los estudios realizados en este campo es
que no se debe perdonar con fines altruistas, sino por puro egoísmo.
Es
decir, hay que olvidar para alimentar
anna parini
Hace tiempo impartí una conferencia en una prisión de hombres. En el
discurso hablé de emociones tan corrientes como la vergüenza, la pena,
la rabia, el miedo o el resentimiento. En el turno del debate, uno de
los internos contó cómo al ingresar en el centro penitenciario se sentía
muy dolido por algo que su novia y su mejor amigo le habían hecho. No
dio más detalles. Simplemente explicó que cada día, al despertarse, se
encontraba encerrado no solo tras las barreras físicas de la cárcel,
sino en una auténtica jaula de rencor. El detalle más punzante es que
confesó que estuvo varios años así. Un día se dio cuenta de que el
resentimiento era absurdamente inútil. ¿Qué iba a conseguir fantaseando
continuamente con vengarse? Semanas después, la bibliotecaria que me
invitó a impartir aquella conferencia me contó que, a raíz de esa
confesión, otros internos resentidos se acercaron a él porque también
querían deshacerse de esa carcoma que sentían en el pecho.
Después de
escuchar el testimonio de su compañero, comprendieron que era posible
dejar a un lado el rencor.
Desde la infancia, la sociedad inculca la importancia de aprender a
perdonar. De hecho, la atmósfera judeocristiana está impregnada de ese
mensaje.
Pero desde la psicología se le ha dado otro significado al
perdón.
Lo que se desprende de los estudios realizados en este campo es
que no se debe perdonar con fines altruistas, sino por puro egoísmo
. Es
decir, hay que olvidar para alimentar nuestra propia felicidad. Para
entender el sentido de este verbo, lo mejor es aclarar lo que no
significa. No quiere decir que haya que olvidar. No existe
ninguna cirugía que extraiga del cerebro recuerdos tan dolorosos como
los que han sufrido las víctimas de malos tratos, o aquellos que fueron
el blanco de una estafa o de cualquier otro tipo de abuso o humillación.
Es muy complicado vivir con ese dolor sobre la espalda, pero al final
se puede superar
. El milagro del perdón es que su capacidad corrosiva se
va diluyendo.
No solo mengua su mordiente, sino su aparición en la
conciencia.
Los recuerdos permanecen allí, pero, si se logra dejarlos
atrás, es posible que no afloren tan a menudo. Al final aparecerán solo
cuando se les invoque, pero nunca lo harán por sí mismos.
Es
comprensible que cuando el rencor está en plena ebullición, el resentido
no se crea esta teoría, pero hay que confiar.
anna parini
“La gente no está dispuesta a renunciar a sus celos y preocupaciones,
a sus resentimientos y culpabilidades, porque estas emociones
negativas, con sus punzadas, les dan la sensación de estar vivos”, dijo
el Maestro.
Y puso este ejemplo: “Un cartero se metió con su bicicleta
por un prado, a fin de atajar. A mitad de camino, un toro se fijó en él y
se puso a perseguirlo
. Finalmente, y después de pasar muchos apuros, el
hombre consiguió ponerse a salvo.
‘Casi te agarra, ¿eh?’, le dijo
alguien que había observado lo ocurrido. ‘Sí’, respondió el cartero,
‘como todos los días”. Cuento recopilado por Anthony de Mello en Un minuto para el absurdo(editorial Sal Terrae, 2009).
No significa tener que entender al otro.
Es más
fácil superar el resentimiento si se conocen los motivos que han llevado
a la otra persona a hacer daño, pero no siempre existe una explicación
lógica.
Y sin embargo es muy tentativo caer en el error de buscar
argumentos racionales que fundamenten el daño sufrido.
Pero si se sigue
este camino, se acabará dando vueltas y más vueltas a todos los
detalles, pero no se concretará Es decir, se adentrará en un laberinto de difícil salida.
Fred Luskin, director del departamento de estudios relacionados con
el perdón de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, aconseja que
es bueno olvidarse de las expectativas sobre cómo deben actuar los
demás para que ese laberinto del rencor se desplome por sí solo.
Este
lío llega a enzarzarse aún más cuando alguien se hace preguntas del
estilo “¿Por qué a mí?”. Lo conveniente es intentar no dar respuesta a
esta cuestión porque lo único que genera es más frustración. No hay que reconciliarse forzosamente con el pecador.
El perdón tiene más finales de los que nos enseñaron
. No se trata
obligatoriamente de poner la otra mejilla, quizá usted no esté dispuesto
a arriesgarse más. Lo que cuenta es sentirse bien con uno mismo y quizá
sea imposible volver a confiar en esa persona.
Por este motivo, se
puede llegar a perdonar a alguien y luego decidir si se quiere o no
apartar a ese pecador de nuestra vida.
Entonces, ¿qué significa perdonar? Se trata simplemente de pasar
página y olvidarse de la venganza. Un estudio dirigido por Christine
Bogar y Diana Hulse-Killacky, de las universidades estadounidenses de
Alabama del Sur y de Nueva Orleans, que fue publicado en 2011 por la
revista Journal of Counseling & Development, muestra cómo
el perdón fue la clave para que una decena de mujeres superaran los
abusos sexuales que habían sufrido durante su infancia.
Todas relataron
que perdonar al agresor supuso un gran logro para dejar atrás ese
capítulo de su vida. Saber olvidar es, por tanto, poner la felicidad en
nuestras manos y no en manos del otro.
Según algunas investigaciones,
perdonar garantiza más años de vida, menos depresión y riesgo de
infarto, una presión arterial más baja e incluso un sistema inmunitario
fortalecido.
En definitiva, la exoneración trae consigo bienestar y
salud.
El actor recitó en el coliseo barcelonés el 'Egmont' del compositor alemán.
Jeremy Irons, durante uno de los ensayos de
'Egmont' en la que interviene en el Liceo. .Quique GarcíaEFE / ATLAS
Cuando Jeremy Irons pisó el escenario del Liceo en la noche del
sábado, la música de Ludwig van Beethoven ya se había adueñado del
teatro con una vehemente versión de la Séptima sinfonía
dirigida por Martin Haselböck al frente de la Orquesta Wiener Akademie.
Bien caldeado el ambiente, y ante un público ansioso por ver en carne y
hueso al famoso actor británico, apareció Irons en la segunda parte del
concierto, todo elegancia y glamur. Fue un narrador de lujo que, con el
poder de la palabra, añadió emoción a la música incidental que Beethoven
compuso para el drama de Goethe Egmont.
La dicción exquisita y el carisma de Iron dieron grandeza al mensaje libertador de la obra.
En espléndida forma a sus 67 años,
Irons irradia distinción y
grandeza interpretativa
. Se podían escuchar suspiros de admiración en
las primeras filas; todos los ojos estaban pendientes del actor, que
desplegó una gran variedad de matices: su narración, arropada por la
fuerza musical de Beethoven, causó gran impacto.
rons brilla sin destrozar con exceso de ego un texto al que la música
otorga su plena fuerza dramática
. Juega a su favor la nueva adaptación y
traducción inglesa del original alemán de Goethe realizada por el
escritor Christopher Hampton, guionista ganador de un Oscar por la
adaptación de la película Las amistades peligrosas.
La versión, destinada inicialmente para otro famoso actor, John
Malkovich, que canceló su participación, es el gancho de una gira el
domingo recaló en el Auditorio de Oviedo.
Tiene mucho valor, ya que
pocas veces se ofrece Egmont en nuestros auditorios, salvo la
obertura, justamente célebre, que ha eclipsado el resto de las piezas
que Beethoven destinó a un montaje del drama en cinco actos de Goethe
estrenado en el Burgtheather de Viena en 1810.
El actor británico aporta el punto justo de histrionismo y despliega
la máxima intensidad en la arenga final, cuando el Conde de Egmont,
general y héroe nacional flamenco en la lucha por la independencia
contra la monarquía española, que fue condenado a muerte y decapitado,
clama con furia su ideal de libertad, dando paso a la Sinfonía de la
victoria que cierra la obra.
Fiel a los criterios historicistas, Haselböck primó la claridad, la
precisión y la fascinante belleza tímbrica del genio sinfónico de
Beethoven.
A la incisiva y bien matizada respuesta orquestal - tempi
ligeros, cuerda flexible, elegantes maderas y brillantes metales- se
sumó, con resultados discretos, la soprano sueca Kerstin Averno, solista
en las dos canciones de Clara, la joven que ama al Conde de Egmont, y
en la escena y aria Ah! Perfido, op. 65, que completó el programa.
Popular por películas como La mujer del teniente francés, La misión y El misterio Von Bülow,
por la que gano el Oscar, y con muchas tablas en el teatro, Iron siente
pasión por la música - en 1989 dio vida al profesor Higgins en una
grabación de My fair lady con Kiri Te Kanawa como Eliza y el
gran John Gielguld como Pickering-y quedó claro en el Liceo, disfrutando
con la energía orquestal, dejándose impregnar por la fuerza de
Beethoven.
La adaptación inglesa del texto de Goethe puede dar nueva vida concertística internacional a Egmont,
pieza que mantiene una relativa vigencia en los auditorios del ámbito
germánico; actores del calibre de Bruno Ganz, Erich Schellow y
Klausjürgen Wussow han grabado la obra dirigidos, respectivamente, por
Claudio Abbado, Herbert von Karajan y George Szell.
A las
dudas sobre China se suman la caída del precio del petróleo y la
desconfianza que planea sobre los emergentes y sus divisas.
Davos (Suiza)
El tono plomizo que ha dominado las reuniones de esta edición del Foro Económico Mundial
tiene una explicación inmediata: muchos de los asistentes perdían miles
de millones en Bolsa mientras acudían a la cita suiza.
Las dudas en
torno a China surgen como primera explicación.
Pero no es la única: las
previsiones de crecimiento se ven progresivamente rebajadas, la caída
del precio del petróleo amenaza una ola de quiebras en el sector, los
emergentes tienen que lidiar con una creciente desconfianza de los
inversores y las divisas emergen como el próximo punto de conflicto
entre las economías.
pulsa en la foto
“No es 2008... todavía.
Pero los Gobiernos tienen que actuar rápido”, advertía en uno de los debates en Davos el economista Nouriel Roubini, apodado Doctor Catástrofe.
Roubini ha perdido parte de su autoridad por su pesimismo impenitente
pero sus palabras nunca caen del todo en vacío
. Con un descenso del
índice bursátil estadounidense S&P 500 del 6,7% en lo que va de año,
no es de extrañar que los ejecutivos de Davos sufran episodios de
ansiedad
El FMI publicó justo antes de la cita suiza una rebaja de las
previsiones globales de crecimiento, al 3,4% este año y al 3,6% el
próximo, dos décimas menos de lo previsto en octubre y el tercer recorte
en menos de un año.
“En 2016 el crecimiento será modesto y desigual.
Hay un moderado optimismo pero los riesgos son significativos”, insistía
ayer la directora del Fondo, Christine Lagarde.
Los inversores desconfían de esos mensajes que ya suenan forzados y
la prueba es que exigen más interés por prestar dinero a corto plazo que
en un horizonte de 10 años, lo que se llama una curva invertida de los
tipos de interés y uno de los indicadores que suelen anticipar una
recesión. Aunque no siempre, según el presidente de Bridgewater, Ray
Dalio, que ve más probable que la economía siga sufriendo una notable
debilidad. “Pero, en caso de que tengamos una recesión, ésta será
difícil de revertir. Este es el momento de mayor desafío desde la crisis
financiera”, explica desde una sala con chimenea y vistas a la montaña
que ha convertido estos días en su oficina provisional. La bala de plata que se confiaba a los bancos centrales y a las
nuevas medidas de estímulo monetario no acaba de sacar a la economía
global del letargo. “Pese a la ingente cantidad de dinero que se ha
puesto en circulación en estos años, las presiones deflacionistas son
constantes”, expone Dalio, que pone así el dedo en la llaga en uno de
los temores más profundos de los analistas: la falta de herramientas
para responder a una nueva crisis
El tono plomizo que ha dominado las reuniones de esta edición del Foro Económico Mundial
tiene una explicación inmediata: muchos de los asistentes perdían miles
de millones en Bolsa mientras acudían a la cita suiza. Las dudas en
torno a China surgen como primera explicación. Pero no es la única: las
previsiones de crecimiento se ven progresivamente rebajadas, la caída
del precio del petróleo amenaza una ola de quiebras en el sector, los
emergentes tienen que lidiar con una creciente desconfianza de los
inversores y las divisas emergen como el próximo punto de conflicto
entre las economías.
“No es 2008... todavía. Pero los Gobiernos tienen que actuar rápido”, advertía en uno de los debates en Davos el economista Nouriel Roubini, apodado Doctor Catástrofe.
Roubini ha perdido parte de su autoridad por su pesimismo impenitente
pero sus palabras nunca caen del todo en vacío. Con un descenso del
índice bursátil estadounidense S&P 500 del 6,7% en lo que va de año,
no es de extrañar que los ejecutivos de Davos sufran episodios de
ansiedad. El FMI publicó justo antes de la cita suiza una rebaja de las
previsiones globales de crecimiento, al 3,4% este año y al 3,6% el
próximo, dos décimas menos de lo previsto en octubre y el tercer recorte
en menos de un año. “En 2016 el crecimiento será modesto y desigual.
Hay un moderado optimismo pero los riesgos son significativos”, insistía
ayer la directora del Fondo, Christine Lagarde.
Los inversores desconfían de esos mensajes que ya suenan forzados y
la prueba es que exigen más interés por prestar dinero a corto plazo que
en un horizonte de 10 años, lo que se llama una curva invertida de los
tipos de interés y uno de los indicadores que suelen anticipar una
recesión. Aunque no siempre, según el presidente de Bridgewater, Ray
Dalio, que ve más probable que la economía siga sufriendo una notable
debilidad. “Pero, en caso de que tengamos una recesión, ésta será
difícil de revertir. Este es el momento de mayor desafío desde la crisis
financiera”, explica desde una sala con chimenea y vistas a la montaña
que ha convertido estos días en su oficina provisional.
La bala de plata que se confiaba a los bancos centrales y a las
nuevas medidas de estímulo monetario no acaba de sacar a la economía
global del letargo. “Pese a la ingente cantidad de dinero que se ha
puesto en circulación en estos años, las presiones deflacionistas son
constantes”, expone Dalio, que pone así el dedo en la llaga en uno de
los temores más profundos de los analistas: la falta de herramientas
para responder a una nueva crisis.
En la actual coyuntura todos los caminos conducen a China. La
transición hacia un modelo de mayor demanda interna y los pasos hacia
una mayor apertura financiera se está revelando una combinación difícil
de manejar para Pekín y de interpretar para los inversores. Los
funcionarios chinos desplazados a Davos han insistido en que la segunda
economía mundial se está adaptando a una nueva normalidad de crecimiento
más bajo y que se trata solo de un problema a la hora de comunicar sus
políticas. “El sector financiero está más desconectado que nunca de la
economía real”, aseguraba Shi Wenchao, presidente de Unionpay. Pero hay
una larga lista de tareas sin resolver. “China debe reestructurar sus
deudas y su economía, que se está debilitando y exige una relajación de
la política monetaria, mientras está sufriendo una importante salida de
capitales”, rebate Dalio.
Tres semanas de vértigo en los mercados
Bolsas a la baja. Pese a la recuperación de las dos
últimas sesiones, las caídas de los principales índices mundiales rondan
el doble dígito en los primeros compases de 2016. Desde el 1 de enero,
Milán se deja un 11%, Fráncfort cae casi un 10%, Madrid un 8% y París un
6%. Al otro lado del Atlántico, Wall Street retrocede un 7%. Petróleo en picado. Aunque desde el jueves el barril de crudo brent,
de referencia en Europa, ha rebotado un 14%, en lo que va de año
acumula unas pérdidas del 13% y se sitúa en el entorno de los 30
dólares. Valores refugio al alza. Ante las turbulencias, los
inversores buscan resguardo para protegerse de la volatilidad y activos
tradicionalmente seguros como el oro (3,5%), el yen (1,5%) o el bono
alemán (2%) recorren el camino contrario a las Bolsas.
El frenazo que ha supuesto ese camino hacia la nueva normalidad china
ha provocado un terremoto en los mercados de materias primas, como
refleja el desplome del petróleo.
Un estímulo más que notable para los
importadores netos —como España, que ahorrará más de 15.000 millones
este año— pero que agudiza las tensiones geopolíticas —“la principal
amenaza para 2016”, según el número tres del FMI, Min Zhu— y pone en
dificultades a un sector muy dificultades a un sector muy endeudado.
“La bajada del crudo va a forzar
a muchas compañías a suspender pagos y eso va a introducir mucha
inestabilidad”, aseguraba estos días Larry Fink, presidente de la mayor
gestora de activos del mundo, BlackRock.
Detrás de una quiebra
empresarial, hay una deuda impagada y los balances de los bancos no
están en condiciones de afrontar mayores exigencias de capital