Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

24 ene 2016

Beethoven épico con la voz de Jeremy Irons........................................................... Javier Pérez Senz

El actor recitó en el coliseo barcelonés el 'Egmont' del compositor alemán.

Jeremy Irons, durante uno de los ensayos de 'Egmont' en la que interviene en el Liceo. . Quique García EFE / ATLAS
Cuando Jeremy Irons pisó el escenario del Liceo en la noche del sábado, la música de Ludwig van Beethoven ya se había adueñado del teatro con una vehemente versión de la Séptima sinfonía dirigida por Martin Haselböck al frente de la Orquesta Wiener Akademie.
 Bien caldeado el ambiente, y ante un público ansioso por ver en carne y hueso al famoso actor británico, apareció Irons en la segunda parte del concierto, todo elegancia y glamur. Fue un narrador de lujo que, con el poder de la palabra, añadió emoción a la música incidental que Beethoven compuso para el drama de Goethe Egmont.
 La dicción exquisita y el carisma de Iron dieron grandeza al mensaje libertador de la obra.
En espléndida forma a sus 67 años,
 Irons irradia distinción y grandeza interpretativa
. Se podían escuchar suspiros de admiración en las primeras filas; todos los ojos estaban pendientes del actor, que desplegó una gran variedad de matices: su narración, arropada por la fuerza musical de Beethoven, causó gran impacto.
 rons brilla sin destrozar con exceso de ego un texto al que la música otorga su plena fuerza dramática
. Juega a su favor la nueva adaptación y traducción inglesa del original alemán de Goethe realizada por el escritor Christopher Hampton, guionista ganador de un Oscar por la adaptación de la película Las amistades peligrosas.
La versión, destinada inicialmente para otro famoso actor, John Malkovich, que canceló su participación, es el gancho de una gira el domingo recaló en el Auditorio de Oviedo.
Tiene mucho valor, ya que pocas veces se ofrece Egmont en nuestros auditorios, salvo la obertura, justamente célebre, que ha eclipsado el resto de las piezas que Beethoven destinó a un montaje del drama en cinco actos de Goethe estrenado en el Burgtheather de Viena en 1810.
El actor británico aporta el punto justo de histrionismo y despliega la máxima intensidad en la arenga final, cuando el Conde de Egmont, general y héroe nacional flamenco en la lucha por la independencia contra la monarquía española, que fue condenado a muerte y decapitado, clama con furia su ideal de libertad, dando paso a la Sinfonía de la victoria que cierra la obra.
Fiel a los criterios historicistas, Haselböck primó la claridad, la precisión y la fascinante belleza tímbrica del genio sinfónico de Beethoven.
A la incisiva y bien matizada respuesta orquestal - tempi ligeros, cuerda flexible, elegantes maderas y brillantes metales- se sumó, con resultados discretos, la soprano sueca Kerstin Averno, solista en las dos canciones de Clara, la joven que ama al Conde de Egmont, y en la escena y aria Ah! Perfido, op. 65, que completó el programa.
Popular por películas como La mujer del teniente francés, La misión y El misterio Von Bülow, por la que gano el Oscar, y con muchas tablas en el teatro, Iron siente pasión por la música - en 1989 dio vida al profesor Higgins en una grabación de My fair lady con Kiri Te Kanawa como Eliza y el gran John Gielguld como Pickering-y quedó claro en el Liceo, disfrutando con la energía orquestal, dejándose impregnar por la fuerza de Beethoven.
La adaptación inglesa del texto de Goethe puede dar nueva vida concertística internacional a Egmont, pieza que mantiene una relativa vigencia en los auditorios del ámbito germánico; actores del calibre de Bruno Ganz, Erich Schellow y Klausjürgen Wussow han grabado la obra dirigidos, respectivamente, por Claudio Abbado, Herbert von Karajan y George Szell.

 

La economía global afronta su mayor desafío desde la crisis...........................................Alicia González

A las dudas sobre China se suman la caída del precio del petróleo y la desconfianza que planea sobre los emergentes y sus divisas.

El tono plomizo que ha dominado las reuniones de esta edición del Foro Económico Mundial tiene una explicación inmediata: muchos de los asistentes perdían miles de millones en Bolsa mientras acudían a la cita suiza.
Las dudas en torno a China surgen como primera explicación.
Pero no es la única: las previsiones de crecimiento se ven progresivamente rebajadas, la caída del precio del petróleo amenaza una ola de quiebras en el sector, los emergentes tienen que lidiar con una creciente desconfianza de los inversores y las divisas emergen como el próximo punto de conflicto entre las economías.
La economía global afronta su mayor desafío desde la crisis pulsa en la foto
“No es 2008... todavía.
 Pero los Gobiernos tienen que actuar rápido”, advertía en uno de los debates en Davos el economista Nouriel Roubini, apodado Doctor Catástrofe. Roubini ha perdido parte de su autoridad por su pesimismo impenitente pero sus palabras nunca caen del todo en vacío
. Con un descenso del índice bursátil estadounidense S&P 500 del 6,7% en lo que va de año, no es de extrañar que los ejecutivos de Davos sufran episodios de ansiedad

  El FMI publicó justo antes de la cita suiza una rebaja de las previsiones globales de crecimiento, al 3,4% este año y al 3,6% el próximo, dos décimas menos de lo previsto en octubre y el tercer recorte en menos de un año.

 “En 2016 el crecimiento será modesto y desigual. Hay un moderado optimismo pero los riesgos son significativos”, insistía ayer la directora del Fondo, Christine Lagarde.

Los inversores desconfían de esos mensajes que ya suenan forzados y la prueba es que exigen más interés por prestar dinero a corto plazo que en un horizonte de 10 años, lo que se llama una curva invertida de los tipos de interés y uno de los indicadores que suelen anticipar una recesión. 
Aunque no siempre, según el presidente de Bridgewater, Ray Dalio, que ve más probable que la economía siga sufriendo una notable debilidad.
 “Pero, en caso de que tengamos una recesión, ésta será difícil de revertir. Este es el momento de mayor desafío desde la crisis financiera”,
 explica desde una sala con chimenea y vistas a la montaña que ha convertido estos días en su oficina provisional.
La bala de plata que se confiaba a los bancos centrales y a las nuevas medidas de estímulo monetario no acaba de sacar a la economía global del letargo.
 “Pese a la ingente cantidad de dinero que se ha puesto en circulación en estos años, las presiones deflacionistas son constantes”, expone Dalio, que pone así el dedo en la llaga en uno de los temores más profundos de los analistas: la falta de herramientas para responder a una nueva crisis

El tono plomizo que ha dominado las reuniones de esta edición del Foro Económico Mundial tiene una explicación inmediata: muchos de los asistentes perdían miles de millones en Bolsa mientras acudían a la cita suiza. Las dudas en torno a China surgen como primera explicación. Pero no es la única: las previsiones de crecimiento se ven progresivamente rebajadas, la caída del precio del petróleo amenaza una ola de quiebras en el sector, los emergentes tienen que lidiar con una creciente desconfianza de los inversores y las divisas emergen como el próximo punto de conflicto entre las economías.
La economía global afronta su mayor desafío desde la crisis pulsa en la foto
“No es 2008... todavía. Pero los Gobiernos tienen que actuar rápido”, advertía en uno de los debates en Davos el economista Nouriel Roubini, apodado Doctor Catástrofe. Roubini ha perdido parte de su autoridad por su pesimismo impenitente pero sus palabras nunca caen del todo en vacío. Con un descenso del índice bursátil estadounidense S&P 500 del 6,7% en lo que va de año, no es de extrañar que los ejecutivos de Davos sufran episodios de ansiedad. El FMI publicó justo antes de la cita suiza una rebaja de las previsiones globales de crecimiento, al 3,4% este año y al 3,6% el próximo, dos décimas menos de lo previsto en octubre y el tercer recorte en menos de un año. “En 2016 el crecimiento será modesto y desigual. Hay un moderado optimismo pero los riesgos son significativos”, insistía ayer la directora del Fondo, Christine Lagarde.
Los inversores desconfían de esos mensajes que ya suenan forzados y la prueba es que exigen más interés por prestar dinero a corto plazo que en un horizonte de 10 años, lo que se llama una curva invertida de los tipos de interés y uno de los indicadores que suelen anticipar una recesión. Aunque no siempre, según el presidente de Bridgewater, Ray Dalio, que ve más probable que la economía siga sufriendo una notable debilidad. “Pero, en caso de que tengamos una recesión, ésta será difícil de revertir. Este es el momento de mayor desafío desde la crisis financiera”, explica desde una sala con chimenea y vistas a la montaña que ha convertido estos días en su oficina provisional.
La bala de plata que se confiaba a los bancos centrales y a las nuevas medidas de estímulo monetario no acaba de sacar a la economía global del letargo. “Pese a la ingente cantidad de dinero que se ha puesto en circulación en estos años, las presiones deflacionistas son constantes”, expone Dalio, que pone así el dedo en la llaga en uno de los temores más profundos de los analistas: la falta de herramientas para responder a una nueva crisis.
En la actual coyuntura todos los caminos conducen a China. La transición hacia un modelo de mayor demanda interna y los pasos hacia una mayor apertura financiera se está revelando una combinación difícil de manejar para Pekín y de interpretar para los inversores. Los funcionarios chinos desplazados a Davos han insistido en que la segunda economía mundial se está adaptando a una nueva normalidad de crecimiento más bajo y que se trata solo de un problema a la hora de comunicar sus políticas. “El sector financiero está más desconectado que nunca de la economía real”, aseguraba Shi Wenchao, presidente de Unionpay. Pero hay una larga lista de tareas sin resolver. “China debe reestructurar sus deudas y su economía, que se está debilitando y exige una relajación de la política monetaria, mientras está sufriendo una importante salida de capitales”, rebate Dalio.

Tres semanas de vértigo en los mercados

Bolsas a la baja. Pese a la recuperación de las dos últimas sesiones, las caídas de los principales índices mundiales rondan el doble dígito en los primeros compases de 2016. Desde el 1 de enero, Milán se deja un 11%, Fráncfort cae casi un 10%, Madrid un 8% y París un 6%. Al otro lado del Atlántico, Wall Street retrocede un 7%.
Petróleo en picado. Aunque desde el jueves el barril de crudo brent, de referencia en Europa, ha rebotado un 14%, en lo que va de año acumula unas pérdidas del 13% y se sitúa en el entorno de los 30 dólares.
Valores refugio al alza. Ante las turbulencias, los inversores buscan resguardo para protegerse de la volatilidad y activos tradicionalmente seguros como el oro (3,5%), el yen (1,5%) o el bono alemán (2%) recorren el camino contrario a las Bolsas.
El frenazo que ha supuesto ese camino hacia la nueva normalidad china ha provocado un terremoto en los mercados de materias primas, como refleja el desplome del petróleo.
 Un estímulo más que notable para los importadores netos —como España, que ahorrará más de 15.000 millones este año— pero que agudiza las tensiones geopolíticas —“la principal amenaza para 2016”, según el número tres del FMI, Min Zhu— y pone en dificultades a un sector muy dificultades a un sector muy endeudado.
 “La bajada del crudo va a forzar a muchas compañías a suspender pagos y eso va a introducir mucha inestabilidad”, aseguraba estos días Larry Fink, presidente de la mayor gestora de activos del mundo, BlackRock.
 Detrás de una quiebra empresarial, hay una deuda impagada y los balances de los bancos no están en condiciones de afrontar mayores exigencias de capital
.

Desde el trópico de Cáncer: [A vuelapluma] Mariano Rajoy: La última desvergüenza de un personaje indigno y sin honor

Desde el trópico de Cáncer: [A vuelapluma] Mariano Rajoy: La última desvergüenza de un personaje indigno y sin honor


La juventud

La juventud


La giovinezza. Paolo Sorrentino. Italia, 2015.

Cartel de la película YouthUn balneario de auténtico lujo, situado en los Alpes suizos, es el lugar ideal donde internarse en busca de un receso.
Allí acuden diferentes personalidades, casi todas relacionadas con el mundo artístico (con algunas excepciones, como un Maradona venido a menos o un budista que medita día y noche) para recuperar el encanto que han dejado escapar en sus vidas, desgastadas por un sentimiento de desencanto.
 Fred Ballinger (Michel Caine) es un aclamado compositor de música ya retirado, que lleva frecuentando el hotel desde hace más de cuarenta años.
 Esta vez le acompaña su hija (Rachel Weisz) y uno de sus amigos de toda la vida, Mick Boyle (Harvey Keitel), director de cine, quien se encuentra trabajando en la preproducción su próximo proyecto.
Es un buen lugar para reencontrarse y reflexionar sobre días pasados, recordar momentos y plantear con sinceridad como deberían ser sus días venideros.
 Los que queden por delante.
Una especie de purgatorio donde redimir los pecados y volver a encontrar el impulso vital.
 Ambos se encuentran en el final de sus vidas profesionales y comparten achaques que les ha regalado la edad.  
Youth está llena de sus conversaciones y reflexiones acerca de la finitud de la vida, más como una mirada al pasado que al futuro.
A través de una inteligente retórica y una estética cuidadísima, Paolo Sorrentino mantiene su sello y pulso filmando tanto exteriores, en ese jardín del edén suizo, y en interiores, donde los personajes se desnudan de manera espiritual.
 Sorrentino es excesivo, no disimula su gusto por las simetrías, es voluptuoso, casi barroco, y para todos aquellos que consideran sus films como meros ornamentos musicales o videoclips antojadizos por el abuso de la música para enlazar momentos, aquí no solo repite la fórmula sino que además, consciente de esa crítica recurrente, incorpora de manera expresa un videoclip con motivo de la aparición de una cantante pop en la trama
. Su lenguaje se centra en el cruce de miradas, en el desnudo de los cuerpos silentes, en las actitudes que huyen de lo prosaico para conseguir elevar su discurso existencial.
La giovinezzaYouth ha sido una de las película en competición del Festival de Cannes que más críticas confrontadas ha suscitado
. Para la que escribe estas líneas ha significado una de las perlas de esta edición, capaz de erizar el bello con tan solo recordar algunas de sus secuencias.