El
escritor, que publica el primer volumen de sus ensayos completos,
conversa sobre la relación entre lenguaje y realidad con el filósofo
José Luis Pardo.
Rafael Sánchez Ferlosio (izquierda) y José Luis Pardo, en casa del primero. Luis Sevillano
El pretexto para el encuentro entre el escritor Rafael Sánchez
Ferlosio (Roma, 1927) y el filósofo José Luis Pardo (Madrid, 1954) es la
aparición del tomo que reúne los escritos sobre lingüística del primero
—Altos estudios eclesiásticos
(Debate)—, pero la charla puede saltar de la gramática a los toros y de
estos al cine de dibujos animados, ese en el que, apunta Ferlosio
citando a Fernando Quiñones, hay muchas películas que más que habladas
parecen maulladas.
Ese volumen contiene, entre otras maravillas hasta
ahora dispersas, un prólogo a Pinocho, y ese detalle lleva la conversación hasta ‘¿Qué quiere un niño?’ el ensayo —recogido en Nunca fue tan hermosa la basura (Galaxia Gutenberg)— que Pardo dedicó a relacionar al personaje de Collodi con Buzz Lightyear, el quijotesco astronauta de Toy Story.
Como Ferlosio no ha visto la película —“hace 20 años que no voy al
cine”—, Pardo se la resume: “En lugar de ser un muñeco que se convierte
en niño, como Pinocho, estos son muñecos que cobran conciencia de que lo
son”.
PREGUNTA. Los niños están presentes en muchos de estos
ensayos, ya se hable de un bautizo o de muchachos salvajes. ¿Qué nos
enseña el lenguaje de un niño sobre la formación de las ideas y de las
convenciones sociales?
RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO. Voy a poner un ejemplo de mi hija, que murió
a los 27 años, en 1985
. Un día estábamos pelando una manzana, y como
entonces las manzanas todavía tenían gusanos, nos preguntábamos: ¿tendrá
o no tendrá? Ella dijo: “Si tuviese gusano tendría que verse alguna
tubería”. La palabra está bien usada porque tubería es un conducto a
través de una cosa maciza.
Otro día vio un billete de cine y dijo: “Qué
duro más raro”. Es un ejemplo de que el concepto no se generaliza, sino
que trae ya una generalidad.
JOSÉ LUIS PARDO. Sobre ese ejemplo has escrito. Creo que era una entrada de los toros.
R. S. F. Sería cuando no odiaba los toros. Ahora es que nos los puedo ni ver.
S. F. Sería cuando no odiaba los toros. Ahora es que nos los puedo ni ver.
Rafael Sánchez Ferlosio. Luis Sevillano
P. ¿Por qué?
R. S. F. En gran parte, por la frase de Ortega de que no se puede
entender la historia de España sin analizar la historia de los toros.
El
signo de cómo le va a España, dice, es cómo le va a la tauromaquia. P. Más que con los toros parece un problema con Ortega. Y con España.
R. S. F. Muchos me tomaron en serio cuando empecé a decir “odio
España”, lo cual es una tontería porque es un exabrupto nada más.
Cómo
voy a odiar un país si eso no significa nada. Aunque si se meten los
toros, el Rocío, la Virgen del Pilar…
J. L. P. Y los desfiles militares.
Otro ejemplo sobre el que has
escrito es ese momento en que la niña ve un tigre y lo llama gato.
R. S. F. Había identificado el género por la especie.
J. L. P. Se supone que el niño aprende la palabra mesa porque ve una
en su casa y luego generaliza a todas las mesas, pero no: es como si
hubiera generalidades puras a las que se va directamente. Cuando la niña
llama gato al tigre no es que use mal la palabra sino que ha captado lo
que tienen en general los felinos, la digamos felinidad.
R. S. F. Sin ninguna conciencia de metáfora.
J. L. P. Nietzsche decía que los conceptos son viejas metáforas, pero
sería al revés: las metáforas son lo que queda del concepto cuando se
convierte en una cosa usual.
Ferlosio
: "Releo poco la 'Teoría del lenguaje' de Bühler. Tengo miedo de volver a sumergirme en ella"
P. Eso se pierde a partir de cierta edad o de cierto grado de
educación, ¿no? Es imposible volver a llamar gato a un tigre sin saber
que estás usando una metáfora.
J. L. P. Porque aprender el lenguaje es aprender a usarlo en un
contexto determinado.
Pero el lenguaje sigue conservando esa libertad
que da la generalidad y que hace posible pasar de un contexto a otro.
Ese es el genio de la metáfora
. Lo que en el adulto es cambiar de
contexto, en un niño es usar la palabra cuando todavía no hay
restricción. P. ¿Esa conciencia de las restricciones del lenguaje puede
llevar a esa escritura tan ferlosiana, llena de subordinadas, a la
famosa hipotaxis?
R. S. F. La hipotaxis no tiene que ver con la semántica de las
palabras, sino con la estructura de la frase. No querría hablar de ella
porque con la hipotaxis he sido tan bobo…
He presumido de hipotáctico,
de hipotacta, y he cometido errores. Tomás Pollán,
que es muy lector de mis cosas, me dijo que la frase tenía que ser
respiratoria, que tienes que leerla sin perder el aliento. La hipotaxis
es muy antipática. Y no es que me haya vuelto azoriniano.
El filósofo José Luis Pardo. Luis Sevillano
P. ¿La forma en que un niño generaliza puede servirle de algo a un filósofo?
J. L. P. Lo que tiene más interés desde el punto de vista filosófico
es que ves que el concepto no es la generalización de una apreciación
individual, sino que hay algo que corresponde al concepto, es decir, que
en la realidad hay algo así como núcleos de estabilidad.
Eso desborda
los contextos de uso de las palabras.
Es eso tan bonito que hacía Rafael
de comparar las palabras puestas en su contexto con una llave y el
concepto con una ganzúa que te abre muchas puertas.
No sabes si te las
va a abrir todas ni cuáles va a abrir, pero te permite suspender el
pensamiento cuadriculado y abrir nuevas maneras de pensar. P. ¿Habría alguna relación entre la infancia de un niño y eso que llaman la infancia de la humanidad o de la filosofía?
R. S. F. ¿Qué podemos saber?
Todas las lenguas antiguas que se han
podido analizar son ya lenguas completas.
No se ha podido explorar una
lengua balbuciente o una prelengua.
Además, las estructuras de las
lenguas antiguas son ya complejas.
Hay quien ha estudiado cómo las
categorías de Aristóteles son los casos griegos.
J. L. P. Tenemos una idea de historia evolutiva con los griegos como
infancia del pensamiento, pero lo que hay en las lenguas antiguas no es
la infancia de la humanidad, sino otra manera de percibir el mundo.
Pardo: "El paso del mito al logos es una solución muy moderna. Para los griegos eran perfectamente compatibles"
P. ¿El paso del mito al logos, del pensamiento mágico al pensamiento racional es otro mito?
R. S. F. El pensamiento mágico, según Weber, es perfectamente
racional.
Pensamos en los pueblos colonizados, pero entre nosotros
también hay cosas que siguen siendo mágicas: la firma, que en algunos
documentos tiene que ser de puño y letra, es un objeto mágico.
De puño
porque la grafía puede ser falsa. Es algo escrito que tiene poder sobre
los hechos.
J. L. P. En Tristes trópicos cuenta Lévi-Strauss
que fue como antropólogo a una tribu que no tenía escritura. Llevaba un
cuaderno y apuntaba. Los indígenas interpretaban eso como un poder
sobre la tribu, así que el jefe le pide el lápiz y el cuaderno y empieza
a hacer garabatos para que su pueblo vea que él también tiene ese
poder. P. Un poder notarial. Los notarios serían nuestros chamanes, ¿no?
R. S. F. Claro. Los notarios, además de rúbrica, tenían signo. Hacían
una especie de jeroglífico, generalmente una cruz con ringorrangos.
El
dominio de la magia en cosas que tienen la capacidad de ser fehacientes
sigue ahí.
J. L. P. El paso del mito al logos es una solución muy moderna.
Como
los modernos no podemos soportar la idea de que coexistan, cuando nos
los encontramos en una cultura diferente decimos: primero vino el mito y
luego el logos. Pero para los griegos no era así. Para ellos eran
perfectamente compatibles
. En muchos contextos son palabras sinónimas.
Parménides escribió poemas y Platón diálogos e historias de lo más
fantásticas.
El hecho de que a una cosa se la llame divina no quiere
decir que no sea racional. Rafael Sánchez Ferlosio y José Luis Pardo durante la conversación. Luis Sevillano
P. Pollán
escribió que Ferlosio alertaba contra nuestra manía de asimilarlo todo,
de simplificar lo complejo. “El universo en casa ya no es el universo”,
decía.
R. S. F. Lo hacemos constantemente con esas comparaciones que se
constituyen en metáfora. Como el lenguaje del fútbol.
Cuando alguien
engaña a otro decimos que le ha metido un gol. P. ¿El lenguaje no es una forma de asimilación? ¿Reducir a un código un mundo mucho más amplio?
R. S. F. Es que la palabra nos hace. No podemos percibirnos desde fuera. No existe un exterior de la lengua. P. Usted se encerró 15 años a estudiar gramática con la Teoría del lenguaje, de Bühler. ¿Quién se la recomendó?
R. S. F. Víctor Sánchez Zabala. Me lo prestó. Luego lo compré y le di el ejemplar nuevo. Le copié sus anotaciones. Lo tradujo Julián Marías. P. ¿Ha vuelto a leerlo?
R. S. F. Poco. Tengo miedo de sumergirme otra vez en ella y pena de no poder sumergirme. P. ¿Ha leído en los últimos años algo que le haya interesado tanto?
R. S. F. Deleuze, su idea de diferencia y repetición para hablar de la individuación.
J. L. P. Una vez te preguntaron qué habías leído últimamente y
dijiste que desde Kafka no había salido nada bueno. Como si hubieras
estado yendo a las librerías.
R. S. F. Eso es cosa de un iletrado completo como yo.
El Ministerio de Empleo reclama la pensión a autores jubilados que siguen publicando. Decenas de creadores son inspeccionados.
Javier Reverte (centro), ayer en el Congreso de los Diputados. Uly Martín
Los escritores españoles jubilados andan de abogados.
En algunos casos, porque ya han sido convocados por la Inspección de la Seguridad Social y, en otros, porque temen ser convocados, como les ocurre a muchos de sus colegas.
El último caso ha sido el de Luis Landero (Alburquerque, Badajoz, 1948), el autor de Juegos de la edad tardía
.
El 14 de enero compareció en la Inspección de Trabajo y Seguridad
Social, acompañado de un asesor.
Tuvo que presentar los contratos
editoriales de los dos últimos años.
Landero cobra una pensión como
profesor jubilado, pero el Ministerio de Empleo quiere saber de dónde
proceden sus otros ingresos, en su caso casi todos de derechos de autor.
Este escritor se encuentra a la espera del resultado de un proceso
que puede saldarse con una multa de decenas de miles de euros.
El caso
de Javier Reverte
(Madrid, 1944), periodista jubilado y autor de novelas y libros de
viajes, está mucho más avanzado: por lo pronto ya le han retirado la
pensión
. Este mes ya no la ha cobrado y, además, le han exigido una
multa de 121.637,13 euros.
El conflicto llevó ayer al PSOE a presentar en el Congreso una
proposición no de ley para que sea compatible cobrar la pensión con
cualquier actividad creativa.
“Los autores representan una situación
excepcional”, explican fuentes socialistas. “Nuestro objetivo es
desarrollar una ley del artista y del creador, no sólo para resolver
este conflicto, sino para solucionar el problema de la creación en
España de una vez”.
El asunto hunde sus raíces en la legislación española, en la virtud
de la cual percibir una pensión de jubilación y trabajar es
incompatible.
Pero, ¿qué es trabajar? Como norma, se interpreta que es
desarrollar una actividad habitual con la que se tienen unos ingresos
que alcanzan o superan el salario mínimo interprofesional (9.172,80 al
año), un límite establecido en la reforma de pensiones de 2011
. Tanto
Landero como Reverte han sobrepasado esta cantidad en algún ejercicio.
Derechos de autor
Luis Landero. Luis Sevillano.EL PAÍS
A continuación, llega el nudo gordiano del conflicto:
¿Qué sucede con
los derechos de autor, la gran fuente de ingresos de estos escritores?
Empleo asegura que, en ningún caso, estas inspecciones afectarán a estos
derechos, tanto en las obras publicadas antes o después de la
jubilación.
Pero Landero asegura que sus ingresos literarios proceden
sobre todo de derechos de autor.
Las inspecciones no sólo están afectando a escritores, también a
músicos, pintores, fotógrafos, explican desde las diferentes entidades
de gestión de derechos de autor
Estas organizaciones se están coordinando para hacer frente a una
situación que aseguran que pone en peligro el futuro de la creación
artística en España. Carlos Muñoz, abogado de la Asociación Colegial de
Escritores de España (ACE), explica que “todo esto es muy perjudicial
para nuestro país”. “En la ACE tenemos 1.700 socios, el 45% de ellos son
jubilados
. Que con la actividad intelectual ganen más del salario
mínimo interprofesional, tenemos unas 225 personas.
Todos pueden ser
inspeccionados”, prosigue.
A pesar de este cálculo, no se puede saber el número de creadores
afectados. Las asociaciones que les representan o gestionan sus derechos
aseguran que deben mantener el secreto profesional, pero mantienen que
son muchos.
“Pierden los autores, pero también pierde la sociedad”,
explica Javier Gutiérrez, de Vegap (entidad de los artistas plásticos y
visuales), que gestiona los derechos de más de 100.000 autores.
“Impiden
a una persona de 65 años seguir creando”, prosigue.
Cualquier escritor español jubilado con el que se hable estos días ya
ha consultado con abogados o está a punto de hacerlo o se sabe la
legislación laboral de memoria.
Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931), premio
Cervantes en 2006, todavía no ha recibido la llamada de la Seguridad
Social, pero ha estudiado a fondo todos los casos ante lo que pueda
ocurrir.
“Esto es terrorismo cultural”, asegura. “Estamos todos
atemorizados”, explica Luis Landero
. Los agentes literarios y editores
consultados se muestran extraordinariamente preocupados sobre el efecto
que esto puede tener sobre la creación cultural.
En el Ministerio de Empleo subrayan que no se trata de ningún tipo de
campaña específica. Inciden en que las reclamaciones responden a los
cruces habituales que efectúan Hacienda y la Seguridad Social desde el
plan antifraude de 2012 en las que se han detectado situaciones como las
de Landero o Reverte.
Fuentes oficiales de la Seguridad Social insisten en que “los
derechos de autor serían neutros”
. Y apuntan que “los ingresos no solo
provienen de los derechos de autor, sino de las actividades de promoción
direct
a de la obra, como las conferencias, la presencia en medios de
comunicación o en foros de debate”. “Son precisamente esas actividades
(sus ingresos) y los gastos que para el autor se originan (y que luego
se deducen) los que revelan que el autor está realizando una actividad
por cuenta propia, que es lo que resulta incompatible con la pensión.
En
este caso, lo normal es que el autor pasara a situación de jubilación
flexible”.
¿Senderismo en verano? Por la rivera del río Duratón, en Segovia, es posible. Una ruta refrescante y poética.
Vista del Parque Natural de las Hoces del Duratón.
Decía el aventurero José Antonio Labordeta que “el silencio debería ser el único sonido del paisaje de las Hoces del Duratón”
.
A esa calma se une el latido histórico de los pueblos que han recorrido
estos parajes, y el arrullo del vuelo de las rapaces que vigilan los
cielos.
Hoy le invitamos a seguir practicando deporte, también en verano,
eligiendo rutas más frescas e incorporando al senderismo, el turismo
activo en bicicleta y en piragua desde el Parque Natural de las Hoces del río Duratón, uno de los más emblemáticos de la provincia de Segovia.
Y en silencio.
Déjese aconsejar por los guías de la Casa del Parque,
situada en la antigua Iglesia de Santiago, en Sepúlveda, sobre las
diferentes opciones deportivas y culturales, como una visita a la ermita
románica de San Frutos, del siglo XII.
La Casa del Parque ofrece rutas
para todas las edades, desde niños hasta mayores de 60 años
. Los
recorridos en piragua parten desde el acceso del Portillo de la Pez, un
precioso enclave del río que le hará sentir en la playa gracias a la
presencia de arena de pinar.
Las Hoces del Duratón ofrecen un paisaje de contrastes entre las
grandes llanuras de la meseta castellana: cortados, cárcavas, pliegues,
meandros y paredes verticales llenas de oquedades sorprendentes que el
río va dejando a su paso.
Al interés y belleza del paisaje, hay que
añadir la gran riqueza arqueológica e histórica que encierra en su
interior esta peculiar garganta.
Este parque natural, situado en el noroeste de Segovia, abarca desde
Sepúlveda hasta la presa del embalse de Burgomillodo.
Son más de 5.000
hectáreas y 25 kilómetros de recorrido, en los que el río ha excavado
las rocas calizas esculpiendo durante millones de años las
impresionantes paredes que en algunas zonas alcanzan hasta 100 metros de
altura.
Cuenta con tres ambientes diferentes: la parte alta está ocupada por
el páramo, en donde abundan los bosques de sabinas y de enebros; en el
fondo del cañón, se alza el bosque de rivera, compuesto por sauces,
chopos y alisos entre otras especies; y siguen los cortados, donde solo
encontrará alguna especie adaptada a estas duras condiciones de roca.
La
desaparición de especies vegetales es una realidad. Agricultores y
empresas están recuperando semillas que garantizan la riqueza genética
necesaria para el ciclo vital.
Algunas especies de animales en peligro de extinción han conseguido
hacerse un hueco en el imaginario popular gracias a su gran exposición
mediática.
El lince ibérico, la ballena azul, el urogallo o el oso
pardo.
No pasa lo mismo con sus vecinas de la Naturaleza: variedades
vegetales que se esfuman de la faz de la tierra a ritmo trepidante sin
ocupar titulares.
Tipos locales de tomates, patatas o judías, que se
plantan en cada pueblo y que nunca volveremos a ver.
O no tan locales,
como el plátano, una de las frutas más populares del mundo que también
está bajo amenaza grave.
La causa, el mal de Panamá, un hongo resistente
a los fungicidas que casi se lleva por delante una variedad de banana
(Gros Michel) en los años sesenta.
Ahora, ha vuelto a aparecer otra cepa
con su misma virulencia arrasando plantaciones de Indonesia, África,
Australia... y, lo que es peor, amenazando la variedad que entonces
resistió, Cavendish, los plátanos más populares del planeta, que
representan el 47% de la producción mundial
. De momento, no hay
tratamiento eficaz para luchar contra la plaga.
¿Los responsables? La agricultura a gran escala que nació de la
llamada Revolución Verde en torno a los años sesenta (la introducción de
variedades mejoradas, monocultivo y productos químicos), y el éxodo de
la población rural a la urbe
. Los hijos de los que cultivaban ya no
quieren cultivar.
La Organización de las Naciones Unidas para la
Alimentación y la Agricultura (FAO) avisa: durante el último siglo se ha perdido el 75% de los recursos genéticos en agricultura y ganadería.
Y hay quien se preocupa.
Asociaciones, redes de intercambio y bancos
de semillas, practicantes de la agroecología, ciertas administraciones y
algunas pequeñas empresas se han empeñado en que esa riqueza genética
no se pierda. ¿Los motivos?
Desde conservar la biodiversidad a la
variedad en los platos, de la alimentación sana a la sana memoria de las
tradiciones agrarias de nuestros abuelos, de la protección del pequeño
agricultor a la de las recetas propias de cada lugar.
Las variedades locales se dan muy bien
Nos estamos perdiendo el sabor de la pera de siete en boca, la cebolla matancera o la lechuga moronda
El fréjol negro de Turón (Asturias), la berenjena china de Trebujena
(Cádiz), la pera de siete en boca, de Alhama-Linares (La Rioja), el
tomate corazón de toro andaluz...
Las variedades locales se caracterizan
porque se dan en una zona geográfica concreta, la evolución y la
selección de los mejores ejemplares por parte de los agricultores ha
hecho que con el paso del tiempo se hayan adaptado perfectamente.
De ahí
que pasen a formar parte de la gastronomía local
. Otra de sus
características es su heterogeneidad: mientras que los tomates del
supermercado son casi idénticos entre sí, en una huerta pueden ser
diferentes unos de otros.
Además, plantando variedades locales, los
campesinos recuperan el control sobre su producción, porque no necesitan
obtener las semillas de las grandes empresas: las obtienen ellos mismos
o a través de redes de intercambio.
Mediante estas redes, las semillas
viajan a otros lugares, evolucionan y dan lugar a variedades locales
nuevas.
Así, la vida no se estanca y los procesos fluyen.
“Las semillas de las variedades locales constituyen un derecho
colectivo de las comunidades agrarias que las han desarrollado.
Deben
ser de dominio público y no un bien privado de ciertas grandes empresas
que restringen su uso para su beneficio particular “, afirma María Carrascosa, integrante de la Red Estatal de Semillas Resembrando e Intercambiando,
una organización fundada por un puñado de personas concienciadas a
finales de los años noventa que coordina a unas 25 redes locales
. Entre
sus actividades están la formación de agricultores, el fomento de la
creación de bancos y redes de semillas y la organización de una Feria
Estatal de la Biodiversidad Agrícola.
Leyes que fomentan las especies clonadas
Según esta red, las normativas europea y estatal de semillas fomentan
el uso de variedades clónicas patentadas y favorecen a las empresas
privadas que las producen.
Esto no ayuda a conservar el patrimonio
genético-agrícola ya que impone una serie de normas (tomates del mismo
tamaño, sin irregularidades, sin cambios de color...) que impide la
comercialización de las variedades locales y limitan su intercambio.
Preservar una cultura
La conservación de las variedades locales tiene también una vertiente
cultural: la etnobotánica, que estudia las relaciones entre los seres
humanos y los vegetales, y permite preservar las tradiciones agrarias y
gastronómicas. Laura Aceituno,
de la asociación La Troje, en El Berrueco (Madrid), dedicada a la
formación, investigación y divulgación en esta materia, recoge en su
tesis doctoral este conocimiento en peligro de extinción a base de
entrevistas con los mayores de la zona.
“Alrededor de estas semillas
existe una cultura de formas de cultivo y recetas, una tradición oral
que se transmitía de generación en generación y que, en algunos casos,
hemos conseguido salvar in extremis”.
En La Troje trabajan con semillas
de variedades tradicionales como el tomarte gordo, la lechuga moronda o
la cebolla mantancera.
Producen semilla, plantel y frutales de estas
variedades para distribuir entre pequeños hortelanos interesados en
recuperar la diversidad y los sabores tradicionales.
“Es una forma de
crear vida y resistencia en el campo”, dice Aceituno:
"El control de las
semillas por parte de grandes empresas ha provocado una disminución
drástica de la diversidad y, desgraciadamente, cuando una variedad
desaparece lo hace para siempre”.
Que el campesino controle la producción
“Tradicionalmente siempre se han intercambiado semillas”, dice Lucía Díaz Fanjul, de la asociación asturiana Biltar:
“Los campesinos bajaban al pueblo con una bolsa de semillas para
cambiarlas.
La diversidad en la huerta es fundamental para garantizar el
sustento, si la cosecha de una variedad se pierde contamos con otras”
.
En Biltar son partidarios de que el campesino gestione la producción, y
consideran que producir su propia simiente es un acto de desobediencia
civil.
La agroecología hoy goza de buena salud.
“Hace 12 años era predicar
en el desierto; ahora hay más interés”, celebra Aceituno. ¿Las razones?
“Más conciencia social y preocupación por una alimentación saludable; y
la crisis, que ha provocado un regreso al campo y la revalorización de
la agricultura como ocurre en Francia, donde siempre ha estado muy
valorada”.