Entre los adeptos al SoulCycle están los Beckham y Lady Gaga.
Michelle Obama, durante una actividad del programa Let's Move. Reuters
Cuando se es un personaje público más vale estar en forma, sobre todo si se trata de Michelle Obama.
La esposa del presidente de Estados Unidos se dedica a promover hábitos
de vida saludables —EE UU se encuentra entre los 10 países con una
mayor media de índice de masa corporal según la Organización Mundial de
la Salud—.
Hace cinco años que comenzó con el programa Let’s Move,
con el que intenta combatir la vida sedentaria y mejorar las costumbres
alimenticias de los estadounidenses.
También ha creado un huerto en la
Casa Blanca para demostrar los beneficios de comer sano y no ha dudado
en confesar a sus seguidores que para ejercitarse y, además, compartir
tiempo con sus hijas practica SoulCycle. Bastó que lo revelara en un vídeo
que compartió en Twitter —3,52 millones de seguidores— para que esta
modalidad de bicicleta estática se convirtiera en un fenómeno.
Michelle Obama, durante una actividad del programa Let's Move. Reuters
Cuando se es un personaje público más vale estar en forma, sobre todo si se trata de Michelle Obama.
La esposa del presidente de Estados Unidos se dedica a promover hábitos
de vida saludables —EE UU se encuentra entre los 10 países con una
mayor media de índice de masa corporal según la Organización Mundial de
la Salud—. Hace cinco años que comenzó con el programa Let’s Move,
con el que intenta combatir la vida sedentaria y mejorar las costumbres
alimenticias de los estadounidenses. También ha creado un huerto en la
Casa Blanca para demostrar los beneficios de comer sano y no ha dudado
en confesar a sus seguidores que para ejercitarse y, además, compartir
tiempo con sus hijas practica SoulCycle. Bastó que lo revelara en un vídeo
que compartió en Twitter —3,52 millones de seguidores— para que esta
modalidad de bicicleta estática se convirtiera en un fenómeno.
“Me encanta cuando las chicas me acompañan a SoulCycle.
Estamos allí
en esa habitación oscura moviéndonos al ritmo de la música en la bici.
Lo amamos”, cuenta en el vídeo que ya tiene más de 600 ‘me gusta’.
Resulta que este ejercicio, al que sus adeptos han convertido en casi un
culto, se puso en marcha en Nueva York en 2006, pero hasta que la
primera dama de EE UU habló de él en 2015 se popularizó.
El también
llamado “ciclismo para el alma” se parece a una clase de spinning,
pero con las bicicletas pegadas una a una, y con instructores que
además vociferan mantras motivacionales en cada sesión. Otra
característica es que se hace a oscuras, solamente con la luz de las
velas.
“El objetivo de que sea en una habitación oscura es que permita a
los clientes desenvolverse con soltura durante el entrenamiento”,
aseguran desde la sede de esta cadena de gimnasios —que también se llama
SoulCycle— en Nueva York.
Otros adeptos
Entre los miles de discípulos, que siguen esta modalidad — y que
están dispuestos a sacar de sus bolsillos unos 32 euros por 45 minutos
de clase— se encuentran Hillary y ChelseaClinton.
La hija del expresidente y de la candidata demócrata incluso celebró en
uno de los estudios de la cadena en Washington el año pasado un evento
para recaudar fondos para su campaña electoral.
La actividad la realizó
el 27 de enero de 2015 y los donantes de la campaña pagaron unos 2.500
euros para reservar una de la bicicletas y poder pedalear junto a
Chelsea y aparecer en una fotografía a su lado.
Otros devotos de alto
perfil son Oprah Winfrey, Lady Gaga, Lena Dunham y los Beckham.
Mario Casas, en el 'photocall' de los Premios Feroz celebrados el martes pasado. Pablo Cuadra (Getty Images)
El viernes pasado, a las seis de la madrugada, un montón de
adolescentes permanecían apostadas en la puerta del Paraninfo de la
Universidad de Zaragoza
. Hacía frío y cierzo, pero les daba igual.
Su
obsesión era hacerse con una de las 350 invitaciones que, a partir de
las nueve, se repartían para asistir a un coloquio con Mario Casas y el equipo de la película Palmeras en la nieve.
A las 9.10 las invitaciones se habían agotado. Cuando, a las ocho de la
tarde, Mario entró en el salón de la charla, se desataron el barullo y
la excitación que le acompañan desde hace años.
Al acabar, decenas de
chicas se pusieron a correr detrás del coche en el que Mario se alejaba
.
En ese momento, esas chicas representaban a los cientos de miles de
adolescentes españolas que estarían dispuestas a hacer cualquier cosa
por él.
Mario encara el torbellino con calma, alegría y una cierta retranca
gallega. Peor sería no vivirlo, insinúa. Mientras tanto, él va a lo
suyo, a ser mejor a cada rato.
Los chicos no se suelen comportar así con sus ídolos.
En la
adolescencia, el fenómeno fan revela esa llamativa diferencia de un modo
espectacular, pero, en general, las mujeres mantienen con las emociones
y sentimientos una relación menos estrecha y pudorosa
. No es un cliché.
Es una evidencia que también se manifiesta en el tipo de cultura por el
que las mujeres, como creadoras o consumidoras, se sienten más
atraídas
. Quizá los hombres tememos que se nos vean las costuras,
sentirnos vulnerables o que nos tomen por unos moñas.
Aunque es muy
probable que todo se reduzca a que somos un poquito más imbéciles.
Primavera Sound logra 'epatar' con la contratación del veterano grupo rumbero.
Ha sido una jugada perfecta, oiga
. El festival Primavera Sound anuncia su cartel
y las redes se han puesto al rojo vivo a partir de un detalle
aparentemente trivial: la inclusión de Los Chichos.
De principio, nadie
puede objetar nada: se justifica con las invocaciones de los
organizadores a “la diversidad musical”.
Apunten más argumentos respetables: ampliar el horizonte sonoro de la tropa hipster,
la reparación de una injusticia histórica, la reivindicación de la
rumba suburbial
. A continuación, borren tranquilamente esas excusas
.
Recuerden: la estética que encarnaban Los Chichos ya llegó a los museos
en 2009 (Quinquis de los 80, inaugurada en el CCCB).
Simbólicamente, fueron celebrados en El del medio de los Chichos, uno de los primeros éxitos de Estopa en 1999.
Y también conviene precisar su grado de marginación.
Ha sido una jugada perfecta, oiga. El festival Primavera Sound anuncia su cartel
y las redes se han puesto al rojo vivo a partir de un detalle
aparentemente trivial: la inclusión de Los Chichos. De principio, nadie
puede objetar nada: se justifica con las invocaciones de los
organizadores a “la diversidad musical”.
Apunten más argumentos respetables: ampliar el horizonte sonoro de la tropa hipster,
la reparación de una injusticia histórica, la reivindicación de la
rumba suburbial. A continuación, borren tranquilamente esas excusas.
Recuerden: la estética que encarnaban Los Chichos ya llegó a los museos
en 2009 (Quinquis de los 80, inaugurada en el CCCB). Simbólicamente, fueron celebrados en El del medio de los Chichos, uno de los primeros éxitos de Estopa en 1999. Y también conviene precisar su grado de marginación.
Cierto es que, durante sus inicios, los medios escritos prestaban
poca atención a las músicas más raciales.
Fue el poeta José Miguel
Ullán, entonces colaborador de EL PAÍS, quién rompió el tabú, con unas
evocaciones líricas de las folclóricas, que pronto amplió a los pujantes
rumberos madrileños.
En realidad, se tiende a olvidar que Los Chichos clásicos grabaron
para una multinacional, Philips. Hacían discos lustrosos, a toda
orquesta; trabajaban con Ricardo Miralles, inmortalizado por sus
colaboraciones con Serrat.
Se les promocionaba en radios y programas de
variedades de TVE. El dato de que vendieran más casetes que elepés
obedecía a una realidad del consumo, no a una minusvaloración previa del
producto o –sí, se ha llegado a decir- un apartheid racista.
Los Chichos triunfaron a lo grande.
Su principal problema, en
términos mercadotécnicos, fue la aparición –cuatro años más tarde- de
Los Chunguitos.
Competencia dura: los Salazar tenían unos arreglos más
“modernos”, unas letras menos truculentas, una imagen más informal
. Y
fueron reclamados por Carlos Saura (Deprisa, deprisa, 1981) o por Paloma Chamorro para La edad de oro.
De alguna manera, los veteranos intentaron seguir la pista de sus jóvenes alumnos. Los Chichos hicieron canciones para Yo, El Vaquilla
(1985), la película de José Antonio de la Loma: se montó un concierto
del grupo en el penal de Ocaña, para que actuaran ante el personaje, de
nombre real Juan José Moreno Cuenca, y sus compañeros de infortunio; los
periodistas que allí estuvimos atesoramos momentos alucinantes.
En 1989, lanzaron un doble en directo, Y esto es lo que hay,
con producción de Joaquín Sabina y el refuerzo instrumental de la banda
del cantautor
. En aquel momento, dentro de la industria, el chiste era
que no se sabía quién tenía mayor peligro, si Sabina o los rumberos
.
Estos, en Interviu, alardeaban de las virtudes de la
cocaína y de su excelente relación con algunos miembros del servicio
antidrogas de la Guardia Civil.
Y se pagó un precio. En 1990, se marchó Juan Antonio Jiménez Muñoz, alias Jeros,
el miembro más carismático del trío, rumbo a una carrera en solitario
que no despegó; aquejado de depresiones, falleció en 1995, en lo que se
interpretó mayormente como un suicidio.
Su hijo, Chaboli, casado con
Niña Pastori, se ha ocupado de alentar un disco de homenaje y rescatar
canciones inéditas.
Nunca volverían a la cresta de la ola, pero igual destino esperaba a
Los Chunguitos.
Les quedaba el circuito de segunda división, combinado
con actuaciones ocasionales ante grandes públicos: el pasado año, Los
Chichos arrasaron en Viña Rock.
Cierto que pocos se enteraron de semejante transgresión de uno de los
festivales más multitudinarios. Y esa es la gran diferencia con Primavera Sound,
donde manejan maravillosamente a los medios (y en esa categoría incluyo
a los mismos usuarios de redes sociales).
Saben que van a triunfar, en
todos los sentidos de la palabra.
Presentar a Los Chichos en semejante conclave de la modernidad es una
espléndida chulería, una respuesta directa a esos críticos avinagrados
que acusan de elitismo a los festivales indies.
Pero se trata de un gesto vacío, donde solo se detecta una vocación de epatar .
Aquí no se pretende dignificar las músicas llamadas “callejeras”; más
bien, es un capricho de gente rica, como aquellos señoritos que
–recordaban Los Chichos- les contrataban en las barras americanas de
Salamanca para animar la juerga.
La artista es recordada con un doodle al cumplirse 93 años de su nacimiento.
Lola Flores, en 1994.Foto: Gorka Lejarcegi
Lola Flores (1923-1995) ha conseguido la inmortalidad.
Hace 20 años que la cantante murió pero su arte sigue vivo.
Hoy Google ha decidido homenajear su nacimiento con un doodle
que se publicará en más de 20 países tan diversos como Kazajistán,
Ucrania, Indonesia, Japón, Kenia, Croacia y, por supuesto, España,
Portugal, Chile, Argentina y otros países de Latinoamérica.
Hija de un camarero y de una costurera, se jactaba de haber aprendido a caminar bailando, de haberse aprendido las canciones de Imperio Argentina
antes que las tablas de multiplicar y de haber “españoleado” por todo
el mundo. Lola, que era una gran admiradora de Tina Turner, pasó 55 años
de su vida sobre los escenarios.
Actuó por igual en el Olympia de París
que en el Madison Square Garden de Nueva York. “No canta ni baila, pero
no se la pierdan”, dijo de ella The New York Times.
En 1952 decidió ir a México donde filmó ¡Ay pena, penita, pena! (1953) y LaFaraona
(1956), dos películas que la posicionaron entre el público
iberoamericano, de allí que no llame la atención que el doodle de hoy,
además de verse en España, se encuentre en países de América.
Lo que sí sorprende es que Google haya elegido países de habla no
hispana para rendir este homenaje.
Sin embargo, la vida de esta
folclórica fue tan apasionante que puede ser por ello que el buscador
aproveche el aniversario de su nacimiento para dar a conocer quién fue
Lola Flores.
Además de conocer la fama y la gloria, tuvo que sentarse en
el banquillo de los acusados por fraude fiscal (“¡maldito parné!”).
Entonces ella, que había sido “una curranta desde los 12 años”, definió
su nuevo estatus con el pañuelo en la mano y las lágrimas en los ojos:
“Ya no soy Lola de España, soy Lola de Hacienda”. Pagó lo que el juez le ordenó y siguió trabajando.
Y es que la personalidad de la cantante —de ojos hipnotizadores, el
rostro rabioso, el bronceado natural, la peineta, la bata de cola, el
abanico y el arrebato— no se olvida del imaginario colectivo español.
Ya
lo dijo Miguel Bosé: "Lola es para España lo que Madonna fue para
América. Quizá tengamos muy presentes sus últimos años, pero el momento
en que arrancó fue muy difícil
. No se cantaba así, no se bailaba así, no
se maquillaba alguien así, no se hablaba como ella…
No era guapa
. Era
imponente. Según iba madurando, su físico se volvía más espectacular.
Tenía un corazón como una fundación. ¡Con los suyos era una fundación!
Y
fue la gran embajadora de este país”.
Lola murió la madrugada del 16 de mayo de 1995 en El Lerele, su casa
de La Moraleja (Madrid). Durante una veintena de horas, más de 150.000 personas
pasaron frente a ella para darle el último adiós.
Había luchado durante
25 años contra el cáncer de mama, entre operaciones y tratamientos,
pero negándose a que le amputaran un seno.