Mario Casas, en el 'photocall' de los Premios Feroz celebrados el martes pasado. Pablo Cuadra (Getty Images)
El viernes pasado, a las seis de la madrugada, un montón de
adolescentes permanecían apostadas en la puerta del Paraninfo de la
Universidad de Zaragoza
. Hacía frío y cierzo, pero les daba igual.
Su
obsesión era hacerse con una de las 350 invitaciones que, a partir de
las nueve, se repartían para asistir a un coloquio con Mario Casas y el equipo de la película Palmeras en la nieve.
A las 9.10 las invitaciones se habían agotado. Cuando, a las ocho de la
tarde, Mario entró en el salón de la charla, se desataron el barullo y
la excitación que le acompañan desde hace años.
Al acabar, decenas de
chicas se pusieron a correr detrás del coche en el que Mario se alejaba
.
En ese momento, esas chicas representaban a los cientos de miles de
adolescentes españolas que estarían dispuestas a hacer cualquier cosa
por él.
Mario encara el torbellino con calma, alegría y una cierta retranca
gallega. Peor sería no vivirlo, insinúa. Mientras tanto, él va a lo
suyo, a ser mejor a cada rato.
Los chicos no se suelen comportar así con sus ídolos.
En la
adolescencia, el fenómeno fan revela esa llamativa diferencia de un modo
espectacular, pero, en general, las mujeres mantienen con las emociones
y sentimientos una relación menos estrecha y pudorosa
. No es un cliché.
Es una evidencia que también se manifiesta en el tipo de cultura por el
que las mujeres, como creadoras o consumidoras, se sienten más
atraídas
. Quizá los hombres tememos que se nos vean las costuras,
sentirnos vulnerables o que nos tomen por unos moñas.
Aunque es muy
probable que todo se reduzca a que somos un poquito más imbéciles.
Primavera Sound logra 'epatar' con la contratación del veterano grupo rumbero.
Ha sido una jugada perfecta, oiga
. El festival Primavera Sound anuncia su cartel
y las redes se han puesto al rojo vivo a partir de un detalle
aparentemente trivial: la inclusión de Los Chichos.
De principio, nadie
puede objetar nada: se justifica con las invocaciones de los
organizadores a “la diversidad musical”.
Apunten más argumentos respetables: ampliar el horizonte sonoro de la tropa hipster,
la reparación de una injusticia histórica, la reivindicación de la
rumba suburbial
. A continuación, borren tranquilamente esas excusas
.
Recuerden: la estética que encarnaban Los Chichos ya llegó a los museos
en 2009 (Quinquis de los 80, inaugurada en el CCCB).
Simbólicamente, fueron celebrados en El del medio de los Chichos, uno de los primeros éxitos de Estopa en 1999.
Y también conviene precisar su grado de marginación.
Ha sido una jugada perfecta, oiga. El festival Primavera Sound anuncia su cartel
y las redes se han puesto al rojo vivo a partir de un detalle
aparentemente trivial: la inclusión de Los Chichos. De principio, nadie
puede objetar nada: se justifica con las invocaciones de los
organizadores a “la diversidad musical”.
Apunten más argumentos respetables: ampliar el horizonte sonoro de la tropa hipster,
la reparación de una injusticia histórica, la reivindicación de la
rumba suburbial. A continuación, borren tranquilamente esas excusas.
Recuerden: la estética que encarnaban Los Chichos ya llegó a los museos
en 2009 (Quinquis de los 80, inaugurada en el CCCB). Simbólicamente, fueron celebrados en El del medio de los Chichos, uno de los primeros éxitos de Estopa en 1999. Y también conviene precisar su grado de marginación.
Cierto es que, durante sus inicios, los medios escritos prestaban
poca atención a las músicas más raciales.
Fue el poeta José Miguel
Ullán, entonces colaborador de EL PAÍS, quién rompió el tabú, con unas
evocaciones líricas de las folclóricas, que pronto amplió a los pujantes
rumberos madrileños.
En realidad, se tiende a olvidar que Los Chichos clásicos grabaron
para una multinacional, Philips. Hacían discos lustrosos, a toda
orquesta; trabajaban con Ricardo Miralles, inmortalizado por sus
colaboraciones con Serrat.
Se les promocionaba en radios y programas de
variedades de TVE. El dato de que vendieran más casetes que elepés
obedecía a una realidad del consumo, no a una minusvaloración previa del
producto o –sí, se ha llegado a decir- un apartheid racista.
Los Chichos triunfaron a lo grande.
Su principal problema, en
términos mercadotécnicos, fue la aparición –cuatro años más tarde- de
Los Chunguitos.
Competencia dura: los Salazar tenían unos arreglos más
“modernos”, unas letras menos truculentas, una imagen más informal
. Y
fueron reclamados por Carlos Saura (Deprisa, deprisa, 1981) o por Paloma Chamorro para La edad de oro.
De alguna manera, los veteranos intentaron seguir la pista de sus jóvenes alumnos. Los Chichos hicieron canciones para Yo, El Vaquilla
(1985), la película de José Antonio de la Loma: se montó un concierto
del grupo en el penal de Ocaña, para que actuaran ante el personaje, de
nombre real Juan José Moreno Cuenca, y sus compañeros de infortunio; los
periodistas que allí estuvimos atesoramos momentos alucinantes.
En 1989, lanzaron un doble en directo, Y esto es lo que hay,
con producción de Joaquín Sabina y el refuerzo instrumental de la banda
del cantautor
. En aquel momento, dentro de la industria, el chiste era
que no se sabía quién tenía mayor peligro, si Sabina o los rumberos
.
Estos, en Interviu, alardeaban de las virtudes de la
cocaína y de su excelente relación con algunos miembros del servicio
antidrogas de la Guardia Civil.
Y se pagó un precio. En 1990, se marchó Juan Antonio Jiménez Muñoz, alias Jeros,
el miembro más carismático del trío, rumbo a una carrera en solitario
que no despegó; aquejado de depresiones, falleció en 1995, en lo que se
interpretó mayormente como un suicidio.
Su hijo, Chaboli, casado con
Niña Pastori, se ha ocupado de alentar un disco de homenaje y rescatar
canciones inéditas.
Nunca volverían a la cresta de la ola, pero igual destino esperaba a
Los Chunguitos.
Les quedaba el circuito de segunda división, combinado
con actuaciones ocasionales ante grandes públicos: el pasado año, Los
Chichos arrasaron en Viña Rock.
Cierto que pocos se enteraron de semejante transgresión de uno de los
festivales más multitudinarios. Y esa es la gran diferencia con Primavera Sound,
donde manejan maravillosamente a los medios (y en esa categoría incluyo
a los mismos usuarios de redes sociales).
Saben que van a triunfar, en
todos los sentidos de la palabra.
Presentar a Los Chichos en semejante conclave de la modernidad es una
espléndida chulería, una respuesta directa a esos críticos avinagrados
que acusan de elitismo a los festivales indies.
Pero se trata de un gesto vacío, donde solo se detecta una vocación de epatar .
Aquí no se pretende dignificar las músicas llamadas “callejeras”; más
bien, es un capricho de gente rica, como aquellos señoritos que
–recordaban Los Chichos- les contrataban en las barras americanas de
Salamanca para animar la juerga.
La artista es recordada con un doodle al cumplirse 93 años de su nacimiento.
Lola Flores, en 1994.Foto: Gorka Lejarcegi
Lola Flores (1923-1995) ha conseguido la inmortalidad.
Hace 20 años que la cantante murió pero su arte sigue vivo.
Hoy Google ha decidido homenajear su nacimiento con un doodle
que se publicará en más de 20 países tan diversos como Kazajistán,
Ucrania, Indonesia, Japón, Kenia, Croacia y, por supuesto, España,
Portugal, Chile, Argentina y otros países de Latinoamérica.
Hija de un camarero y de una costurera, se jactaba de haber aprendido a caminar bailando, de haberse aprendido las canciones de Imperio Argentina
antes que las tablas de multiplicar y de haber “españoleado” por todo
el mundo. Lola, que era una gran admiradora de Tina Turner, pasó 55 años
de su vida sobre los escenarios.
Actuó por igual en el Olympia de París
que en el Madison Square Garden de Nueva York. “No canta ni baila, pero
no se la pierdan”, dijo de ella The New York Times.
En 1952 decidió ir a México donde filmó ¡Ay pena, penita, pena! (1953) y LaFaraona
(1956), dos películas que la posicionaron entre el público
iberoamericano, de allí que no llame la atención que el doodle de hoy,
además de verse en España, se encuentre en países de América.
Lo que sí sorprende es que Google haya elegido países de habla no
hispana para rendir este homenaje.
Sin embargo, la vida de esta
folclórica fue tan apasionante que puede ser por ello que el buscador
aproveche el aniversario de su nacimiento para dar a conocer quién fue
Lola Flores.
Además de conocer la fama y la gloria, tuvo que sentarse en
el banquillo de los acusados por fraude fiscal (“¡maldito parné!”).
Entonces ella, que había sido “una curranta desde los 12 años”, definió
su nuevo estatus con el pañuelo en la mano y las lágrimas en los ojos:
“Ya no soy Lola de España, soy Lola de Hacienda”. Pagó lo que el juez le ordenó y siguió trabajando.
Y es que la personalidad de la cantante —de ojos hipnotizadores, el
rostro rabioso, el bronceado natural, la peineta, la bata de cola, el
abanico y el arrebato— no se olvida del imaginario colectivo español.
Ya
lo dijo Miguel Bosé: "Lola es para España lo que Madonna fue para
América. Quizá tengamos muy presentes sus últimos años, pero el momento
en que arrancó fue muy difícil
. No se cantaba así, no se bailaba así, no
se maquillaba alguien así, no se hablaba como ella…
No era guapa
. Era
imponente. Según iba madurando, su físico se volvía más espectacular.
Tenía un corazón como una fundación. ¡Con los suyos era una fundación!
Y
fue la gran embajadora de este país”.
Lola murió la madrugada del 16 de mayo de 1995 en El Lerele, su casa
de La Moraleja (Madrid). Durante una veintena de horas, más de 150.000 personas
pasaron frente a ella para darle el último adiós.
Había luchado durante
25 años contra el cáncer de mama, entre operaciones y tratamientos,
pero negándose a que le amputaran un seno.
Viaje en el tiempo para conocer la leyenda del emperador hispano.
Marco Ulpio Trajano nunca concibió el fracaso.
Sometidas Armenia y
Mesopotamia a la autoridad romana, el emperador de origen hispano
continúa imparable la conquista de Oriente.
Es el año 115 después de
Cristo.
Sus fieles confían en la campaña de expansión, pero los
opositores temen una derrota ante los partos. El autor de una saga
superventas sobre Trajano recrea una jornada de aquellos tiempos
legendarios.
Magna obra. El Foro de Trajano fue el último de los foros imperiales. CorbisRoma, noviembre de 115 después de Cristo.
En las tabernas del puerto fluvial no se habla de otra cosa: el emperador Trajano ha vuelto a cruzar el Éufrates y se dirige al Tigris.
–¡Nadie es capaz de detener al César! –afirma con rotundidad un
veterano de las guerras de la Dacia golpeando con su copa ya vacía de
vino la mesa.
Sus acompañantes asienten mientras se sirven más vino o cogen algo
del queso cortado que ha traído el dueño de la cantina.
Pero en las
mesas de al lado se ven rostros más sombríos.
Roma ya intentó conquistar
territorios en Oriente y siempre que se cruzó el Éufrates todo terminó
en terribles fracasos militares cuyos efectos adversos se dejaron sentir
hasta en la misma capital del imperio
. Todos en Roma recordaban el
error del cónsul Craso, que fue derrotado brutalmente por los partos,
murieron miles y toda una legión entera quedó apresada por el enemigo.
La legión perdida, la llamaban en Roma desde entonces.
¿Qué pasó con
aquella legión prisionera de los partos?
Nadie lo sabe, pero muchos
temen que con Trajano se repita aquel horror.
Busto de Trajano. Ullstein Bild
Del exterior han llegado nuevos barcos que acaban de ascender por el
Tíber desde el puerto marítimo de Ostia, con las bodegas llenas de
ánforas de aceite de oliva, salsa garum de Hispania y especias
de la remota India
. Un hombre maduro, recio, curtido por las guerras y
el sol y el viento de mil lugares desciende de un barco militar.
Con
paso firme cruza por entre una patrulla de triunviros que velan por el orden en los muelles
(al menos durante el día; la noche en Roma es otra historia, otra vida, otra muerte). Ninguno de los soldados se atreve a cortarle el paso al recién llegado: el hombre recio viste túnica roja propia del combate.
Además, el guerrero se cubre con un gran paludamentum,
una larga capa negra que lanza destellos a la luz del sol por el fino
hilo de plata utilizado en su confección.
La capa está fijada al hombro
izquierdo de su portador por una preciosa fíbula de oro, y de la cintura
cuelga una spatha, una espada más larga que un gladio
convencional propia de la caballería romana. Los legionarios de
vigilancia del puerto saben que están ante un pretoriano venido desde
donde combate el César.
El pretoriano asciende cruzando las calles que discurren entre los grandes horrea
o almacenes portuario
s. De pronto arruga la nariz
. Al girar la esquina
ve la enorme montaña del Testacio, el gran vertedero de Roma donde los
esclavos arrojan cientos de ánforas cada día que no pueden ser
reutilizadas para nuevos transportes. Las gaviotas sobrevuelan buscando
restos de comida.
El pretoriano sigue avanzando en paralelo al río
. Le habría gustado
desviarse e ir al Circo Máximo
. Como jinete siempre le han agradado las
carreras de cuadrigas, pero eso ahora tendrá que esperar. Lleva un
mensaje imperial que entregar.
Su nariz percibe un cambio en el
ambiente. Roma le habla a uno más por los olores que por otros sentidos
.
Está llegando a la zona del viejo Foro Boario, el mercado de la carne
donde centenares de tenderos ofrecen pollos, terneros, corderos, todo
tipo de animales a una muchedumbre de compradores, desde exigentes
matronas hasta cocineros de grandes residencias senatoriales que se
afanan en conseguir los mejores productos al mejor precio posible.
Hay
un comerciante que anuncia que tiene los mejores erizos, un manjar de la
cocina romana, pero salta a la vista que están casi podridos y una
matrona pasa al lado del puesto indicando con un gesto que aquel
vendedor es sólo un charlatán.
El pretoriano se aleja del río y cruza varias plazas amplias
porticadas recubiertas de mármoles traídos de África, Asia y Egipto. Es
el gran Foro de Trajano.
Pasa entonces junto a la altísima columna
Trajana, con maravillosos relieves policromados con azules, rojos y
amarillos que narran las gestas del emperador al norte del Danubio.
Y
por fin se detiene frente a la puerta de una gran domus.
Llama
con la rotundidad que da llevar un mensaje del emperador.
Le abren y lo
conducen a un gran atrio.
El senador Palma, el conquistador de Arabia
por orden de Trajano, lo recibe de inmediato.
Palma sale de su casa en apenas media hora.
Quiere ver qué cara
pondrá el viejo Serviano, que con su cuñado Adriano se oponen a la
política imperial de expansión en Oriente.
El mensaje del pretoriano va a
caer como un jarro de agua fría sobre los anhelos de algunos senadores
de frenar las conquistas del César.
En poco tiempo, todos los senadores
de Roma están reunidos. Palma va directo al asunto:
–Armenia et Mesopotamia in potestatem P.R. redactae… (Armenia y Mesopotamia han sido sometidas a la autoridad del pueblo romano. Una nueva gran victoria de Trajano).
Hay que convocar al Senado.
En La justicia de
Trajano (1840), Delacroix recrea este episodio en el que Trajano, antes
de partir a la guerra, atiende a una mujer que pide justicia para su
hijo. AlbumLa
gran mayoría aplaude menos Serviano y sus más fieles, como su yerno
Salinator. Roma está dividida entre los que temen que la campaña de
Oriente de Trajano acabe como la legión perdida, con tropas romanas
prisioneras de los partos con un destino terrible y desconocido, y los
que como Palma están convencidos de que Trajano es imbatible.
A cierta distancia del Senado, nuestro pretoriano está ahora en los
nuevos mercados de Trajano, frente a un puesto de telas, donde ha
encontrado una preciosa palla, un manto para mujer, de la mejor
seda de la remota Xeres (China).
Acudirá primero a las termas que el
emperador ha hecho construir al norte de la ciudad. Son más baratas.
Aunque tenga buen sueldo, se ha dejado muchos sestercios en el manto.
Pero la Roma de Trajano es mucho más que la gran capital:
al norte, en la frontera con la provincia de la Dacia, una cohorte de
alistados en la legión VII Claudia custodia el mayor puente del mundo
antiguo construido por orden imperial sobre el Danubio
. Al sur, en
Egipto, el gran arquitecto del César, Apolodoro de Damasco, excava en la
arena junto al Nilo para abrir Amnis Traianus, el canal de Trajano, que
conecte el Mediterráneo con la mar Eritrea (mar Rojo).
Para este César
no hay ni límites ni fronteras infranqueables. Pero… ¿dónde está el
emperador?
Fragmento del
bajorrelieve que recorre la columna de Trajano en Roma. En la escena
puede verse un sacrificio realizado antes de partir a Dacia. Album
Cizre, Mesopotamia, seis meses después
. Las legiones están detenidas
en el río Tigris. Es el mismo lugar donde lo cruzó Alejandro Magno
siglos atrás. Trajano sabe que es el único sitio por donde proseguir su
avance hacia Oriente, pero 40.000 partos esperan con sus arcos en la
otra ribera. Es el segundo intento en cruzar. El año pasado no lo
consiguió.
Esta vez Trajano ha lanzado a miles de legionarios en
barcazas hacia la otra ribera y ha ordenado construir un puente con
naves en medio de la batalla. Los partos van a rechazar el desembarco.
Todo parece perdido.
Trajano mira al puente y azuza su caballo.
Se lanza
al galope sobre las barcas seguido por un centenar de capas negras
pretorianas.
El paludamentum púrpura del emperador resplandece
bajo la luz del sol mientras los cascos de su caballo pisan con fuerza
las endebles maderas flotantes de aquel puente improvisado.
Hay
emperadores que terminan un reinado, pero otros, como Trajano, cabalgan
directos a la leyenda.
Santiago Posteguillo es autor de ‘La legión perdida’ (Planeta), último volumen de la trilogía de Trajano.