10 ene 2016
Hace 40 años una mujer se atrevió a hacer preguntas sobre el orgasmo
Shere Hite recopiló las respuestas en 'El informe Hite', obra clave del feminismo y la sexualidad.
Esta es la historia de la mujer que se atrevió a preguntar lo que nadie había preguntado.
Shere Hite, exmodelo y escritora, fotografiada en 1975.
© Cordon Press
“A las mujeres no se les ha preguntado nunca qué piensan y sienten acerca del sexo”.
Con estas palabras comienza Shere Hite su Estudio de la sexualidad femenina, conocido más popularmente como El informe Hite en honor a su decidida impulsora. En 1976 parecía que factores como la revolución sexual, el movimiento feminista y la popularización de la píldora anticonceptiva habían cambiado para siempre el panorama de las relaciones entre géneros y que las mujeres en Estados Unidos habían alcanzado una libertad sexual absoluta. Pero la publicación de una obra que consistía en algo tan en apariencia sencillo como preguntarles a las mujeres mismas “qué sienten, qué es lo que les gusta, y qué opinan del sexo” demostró que esta creencia estaba muy lejos de la realidad. El informe Hite resultó tan revolucionario que sus ecos resuenan con fuerza cuatro décadas después de su aparición.
La historia de su autora también es una historia de liberación y de
descubrimiento. Tuvo una infancia complicada en la que fue criada por
una abuela abusiva hasta que sus tíos se hicieron cargo de ella. Shere
Hite, cuyo verdadero nombre es Shirley Gregory, consiguió establecerse
más tarde en Nueva York para estudiar Historia en la Universidad de
Columbia. Dueña de una incontestable belleza, posó desnuda para revistas como Playboy o Oui y trabajó como modelo para sufragarse los estudios.
Fue uno de esos encargos el que, según ella misma ha contado, marcaría
el inicio de su trayectoria como activista del feminismo. En un anuncio
para las máquinas de escribir Olivetti, aparecía Hite en el papel de
secretaria sexy junto al siguiente lema: “Una máquina de escribir tan inteligente que ella no tiene que serlo” (“The typewriter that's so smart she doesn't have to be”). “Imagíneme, yo allí sola rodeada de hombres. Uno
se acercaba a retirarme el pelo para parecer más sexy, el otro me
bajaba la blusa hasta dejarme con el pecho al aire, un tercero me cogía
un muslo y lo ponía sobre la mesa. Había llegado al máximo de lo que nadie puede soportar”, declararía más tarde sobre la experiencia.
Ya metida en los círculos feministas de la Nueva York de los setenta, Hite fijó el objeto de su estudio en el orgasmo femenino. Ante la muy extendida idea de que la sexualidad femenina es algo insondable y misterioso, ella arguyó que habían sido siempre los hombres los que habían hablado sobre ella y esto siempre se había producido en un contexto de dominación y control masculino. Como habían hecho décadas atrás Kinsey y sus colaboradores, optó por el método de que fuesen los propios sujetos, mujeres en su caso, los que se explicasen.
Shere Hite fotografiada en 1978.
A lo largo de cuatro años repartió cuestionarios entre mujeres de
distintas partes de Estados Unidos a través de organizaciones femeninas o
poniendo anuncios en revistas para llegar al mayor número de
interesadas en participar en el estudio. Los cuestionarios consistían en
preguntas muy concretas sobre el orgasmo, la masturbación o las
relaciones afectivas, y fueron contestados de forma anónima por más de
3000 mujeres de las más diversas edades, ocupaciones y condiciones,
desde una ex monja a una criptoanalista; casadas, solteras, lesbianas y
célibes. Hite organizó y estructuró la información resultante
en el libro, consciente de su importancia, con la intención de que fuese
accesible al mayor número de lectores.
La conclusión más famosa, polémica y publicitada del libro es que el setenta por ciento de las mujeres encuestadas no tenían orgasmos durante el coito. Pero una grandísima parte de esas mujeres no tenía ninguna dificultad para experimentar orgasmos por sí mismas mediante la masturbación.
Dos ideas que hoy son comúnmente aceptadas, la importancia del clítoris
para el placer femenino y la idea de que el sexo es algo cultural y
creado, no biológicamente dado, fueron la contribución de la obra al
debate sobre el sexo. Hite interpelaba de forma directa a sus
lectoras diciéndoles que no eran frígidas, que tenían derecho al orgasmo
y las animaba a procurárselo por sí mismas, sin esperar a que un
príncipe azul adecuado les descubriese los misterios del éxtasis sexual.
Las críticas arreciaron con la misma fuerza con la que se vendían ejemplares del libro. Lo llamaron The Hate Report (El informe del odio, en un juego de palabras que se asemejaba al nombre original), y acusaron a su autora de odiar a los hombres. Las críticas no vinieron sólo por parte de la América más puritana que consideraba que hablar de sexo en general, y que lo hiciesen las mujeres en particular, resultaba pernicioso, sino también por sectores científicos como psicólogos y sexólogos. Acusaron al libro de manejar las estadísticas de forma ruda y poco científica, como les había ocurrido a los trabajos de Kinsey (tal como se mostró en la película homónima) o de Masters y Johnson (tratado en la serie Masters of sex). Precisamente Virginia Johnson defendió que el trabajo de Hite estaba lleno de consideraciones culturales, de opiniones, pero no de respuestas físicas medibles, que era donde ella sí había investigado.
El núcleo más tópico del género masculino no se quedó atrás: en abril del 1977 la revista Hustler de Larry Flynt publicó unas fotos de Hite desnuda, sacadas durante su época de modelo de finales de los 60, bajo el titular de “El informe Hite, expuesto”. Por parte del feminismo, aunque también contó con defensoras, recibió acusaciones de estar aprovechando el movimiento para enriquecerse con los sustanciosos adelantos de sus obras posteriores.
Hubo otras respuestas que no vinieron de críticos concretos, sino de
cambios culturales que afectaban a la mentalidad de la época. Hite
considera que la aparición en medios generalistas y estudios
especializados del “punto G”, en el interior de la vagina, en los años
posteriores a su informe, fue la respuesta del patriarcado a la
revalorización del clítoris que produjo su estudio. Hite vio en
ese énfasis en el punto G la forma de volver añadir valor a la
penetración vaginal en las relaciones sexuales que se mantienen no con
afán reproductivo, sino de placer, y de añadir de paso nuevas
frustraciones y ansiedades a las mujeres que no se lo encontraban o no
eran capaces de estimularlo adecuadamente. La América de los
ochenta tampoco era la de los convulsos setenta. La época de Reagan, que
supuso un retroceso para los avances críticos y los movimientos
contestatarios de las décadas anteriores, y el nuevo conservadurismo
impuso un regreso hacia la idea de la familia, el sexo y las relaciones
que el machismo había impuesto durante milenios.
Tras publicar más libros de polémicas conclusiones (Informe sobre la sexualidad masculina le valió virulentas críticas por parte de la revista Time), sintiéndose acosada, denunciando que su trabajo había sido frivolizado y atacado por la prensa y temiendo por su seguridad –las amenazas físicas y boicots habían sido constantes–, Hite se trasladó a Europa en 1995, y en la actualidad reside en Londres.
Pocos estudios científicos han alcanzado la popularidad y el predicamento de la obra de Hite. El motivo es que no sólo incluye estadísticas, cuadros de valores y resultados cuantificables, sino que está plagado de los testimonios de las mujeres que ayudaron a componerlo. Incluso abstrayéndose de sus tesis, puede ser leído como un catálogo de comportamientos sexuales e historias de relaciones en el que mujeres de todo tipo describen sus experiencias con una sinceridad y unos detalles que rara vez se encuentran en una obra escrita y ni siquiera en una conversación real. Era la primera vez que ocurría, y en pocas ocasiones ha vuelto a ocurrir con esa fuerza.
En un mundo en el que, ni entre mujeres, no se habla lo suficiente de sexo ni de placer con sinceridad total, la lectura de El Informe Hite resulta extrañamente refrescante cuarenta años después. Las voces de las 3000 voluntarias con cuyas respuestas se construyó relatan un fresco de la vivencia del sexo por parte de las mujeres mucho más rica, variada y compleja de lo que la cultura, la ciencia y la sociedad no han dicho siempre. No sólo hay descripciones detalladas de prácticas, sino también de cómo se sienten ante ellas narradas de forma abierta no exenta de humor. Hablan de sentimientos, de sus ideas sobre qué supuso la revolución sexual, sobre las relaciones con hombres o con otras mujeres, de la importancia de la independencia económica, de trabajo, de qué les excita, de qué les desagrada, de qué es lo que desean. El Informe Hite nació con vocación de ser un libro revolucionario, una de esas obras capaces de cambiar la sociedad. Y pocas cosas son tan revolucionarias como la verdad.
Con estas palabras comienza Shere Hite su Estudio de la sexualidad femenina, conocido más popularmente como El informe Hite en honor a su decidida impulsora. En 1976 parecía que factores como la revolución sexual, el movimiento feminista y la popularización de la píldora anticonceptiva habían cambiado para siempre el panorama de las relaciones entre géneros y que las mujeres en Estados Unidos habían alcanzado una libertad sexual absoluta. Pero la publicación de una obra que consistía en algo tan en apariencia sencillo como preguntarles a las mujeres mismas “qué sienten, qué es lo que les gusta, y qué opinan del sexo” demostró que esta creencia estaba muy lejos de la realidad. El informe Hite resultó tan revolucionario que sus ecos resuenan con fuerza cuatro décadas después de su aparición.
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Ya metida en los círculos feministas de la Nueva York de los setenta, Hite fijó el objeto de su estudio en el orgasmo femenino. Ante la muy extendida idea de que la sexualidad femenina es algo insondable y misterioso, ella arguyó que habían sido siempre los hombres los que habían hablado sobre ella y esto siempre se había producido en un contexto de dominación y control masculino. Como habían hecho décadas atrás Kinsey y sus colaboradores, optó por el método de que fuesen los propios sujetos, mujeres en su caso, los que se explicasen.
© Cordon Press
Se estima que el libro ha vendido 50 millones de copias. Además de ser traducido y editado en varios idiomas, se prohibió en nueve países: en España no se publicó hasta los años ochenta.Vaya si lo consiguió. El informe Hite se convirtió en un éxito automático que todo el mundo leía y comentaba, y convirtió a su autora en la feminista más famosa de América. Hoy se estima que el libro ha vendido 50 millones de copias. Además de ser traducido y editado en varios idiomas, se prohibió en nueve países (en España no se publicó hasta los años ochenta), rasgo de su éxito tan significativo como el número de países en los que sí se publicó.
La conclusión más famosa, polémica y publicitada del libro es que el setenta por ciento de las mujeres encuestadas no tenían orgasmos durante el coito. Pero una grandísima parte de esas mujeres no tenía ninguna dificultad para experimentar orgasmos por sí mismas mediante la masturbación.
¿Por qué resultaba tan revolucionaria esta idea?
En los setenta aún imperaban las ideas de Freud sobre el orgasmo femenino según las cuales las mujeres que lo experimentaban mediante la estimulación del clítoris eran inmaduras y ese orgasmo resultaba de menor nivel que el vaginal. Esto implicaba que el coito “tradicional” era la única forma válida de relación sexual, la más madura, la más adulta, y conllevaba que miles de mujeres viviesen su incapacidad para sentir orgasmos durante el coito como un fracaso. Pero el estudio de Hite desmontaba la idea de que a las mujeres les resultaba difícil conseguir un orgasmo; de hecho decía que la mayoría eran perfectamente capaces de lograrlo por sí mismas, que para ello no necesitaban la penetración vaginal, y que tampoco tardaban más tiempo (cuatro minutos de media) en lograrlo que los hombres.
Shere Hite fotografiada en 1978.
© Getty Images
Las críticas arreciaron con la misma fuerza con la que se vendían ejemplares del libro. Lo llamaron The Hate Report (El informe del odio, en un juego de palabras que se asemejaba al nombre original), y acusaron a su autora de odiar a los hombres. Las críticas no vinieron sólo por parte de la América más puritana que consideraba que hablar de sexo en general, y que lo hiciesen las mujeres en particular, resultaba pernicioso, sino también por sectores científicos como psicólogos y sexólogos. Acusaron al libro de manejar las estadísticas de forma ruda y poco científica, como les había ocurrido a los trabajos de Kinsey (tal como se mostró en la película homónima) o de Masters y Johnson (tratado en la serie Masters of sex). Precisamente Virginia Johnson defendió que el trabajo de Hite estaba lleno de consideraciones culturales, de opiniones, pero no de respuestas físicas medibles, que era donde ella sí había investigado.
El núcleo más tópico del género masculino no se quedó atrás: en abril del 1977 la revista Hustler de Larry Flynt publicó unas fotos de Hite desnuda, sacadas durante su época de modelo de finales de los 60, bajo el titular de “El informe Hite, expuesto”. Por parte del feminismo, aunque también contó con defensoras, recibió acusaciones de estar aprovechando el movimiento para enriquecerse con los sustanciosos adelantos de sus obras posteriores.
Portada de la edición publicada por Plaza & Janés en España.
Tras publicar más libros de polémicas conclusiones (Informe sobre la sexualidad masculina le valió virulentas críticas por parte de la revista Time), sintiéndose acosada, denunciando que su trabajo había sido frivolizado y atacado por la prensa y temiendo por su seguridad –las amenazas físicas y boicots habían sido constantes–, Hite se trasladó a Europa en 1995, y en la actualidad reside en Londres.
Pocos estudios científicos han alcanzado la popularidad y el predicamento de la obra de Hite. El motivo es que no sólo incluye estadísticas, cuadros de valores y resultados cuantificables, sino que está plagado de los testimonios de las mujeres que ayudaron a componerlo. Incluso abstrayéndose de sus tesis, puede ser leído como un catálogo de comportamientos sexuales e historias de relaciones en el que mujeres de todo tipo describen sus experiencias con una sinceridad y unos detalles que rara vez se encuentran en una obra escrita y ni siquiera en una conversación real. Era la primera vez que ocurría, y en pocas ocasiones ha vuelto a ocurrir con esa fuerza.
En un mundo en el que, ni entre mujeres, no se habla lo suficiente de sexo ni de placer con sinceridad total, la lectura de El Informe Hite resulta extrañamente refrescante cuarenta años después. Las voces de las 3000 voluntarias con cuyas respuestas se construyó relatan un fresco de la vivencia del sexo por parte de las mujeres mucho más rica, variada y compleja de lo que la cultura, la ciencia y la sociedad no han dicho siempre. No sólo hay descripciones detalladas de prácticas, sino también de cómo se sienten ante ellas narradas de forma abierta no exenta de humor. Hablan de sentimientos, de sus ideas sobre qué supuso la revolución sexual, sobre las relaciones con hombres o con otras mujeres, de la importancia de la independencia económica, de trabajo, de qué les excita, de qué les desagrada, de qué es lo que desean. El Informe Hite nació con vocación de ser un libro revolucionario, una de esas obras capaces de cambiar la sociedad. Y pocas cosas son tan revolucionarias como la verdad.
El periodista de COPE, en contra de incluir a mujeres en la Cabalgata de Reyes
El presentador de COPE considera que la número uno de Ahora Madrid y sus compañeros de partido son unos "mamarrachos" y unos "cretinos sin carnet". Todo ello, tras la iniciativa del Ayuntamiento de la capital de que se incluyera a mujeres como 'reinas magas' en la Cabalgata de Reyes de este año de los distritos madrileños de Puente de Vallecas y San Blas Canillejas.
Carlos Herrera ha asegurado que el panorama político en Cataluña, como en el resto de España es 'esperpéntico', "casi tan esperpéntico como es esto, de organizar Cabalgatas de 'Reinas Magas' por estos 'mamarrachos' que han llegado a la política. Cretinos con carnet.
El esperpento es más o menos parecido. El año que viene tendremos en el Belén a la niña 'Jesusa', a 'Santa Josefá' o 'el virgo Marío'. Este país es muy divertido", ha alegado el periodista, que no ha visto con buenos ojos una iniciativa impulsada en España la semana pasada y que también ha llevado a cabo el Papa Francisco durante la Misa de Año Nuevo en el Vaticano..
Carlos Herrera es de esas especies que no tratarías jamás y desde luego sus opiniones no me interesan.
Machista facha maleducado huevón, te metes como los de tu calaña con una Mujer, eso si ella es una Señora y tiene un cargo político como alcadesa, y de izquierdas, y como su cargo la obliga se hizo cargo de las fiestas de su ciudad, y una es la Cabalgata de los Reyes que provocó la ira de todos los-as fachas.
Pero Manuela Carmena es una señora para hacer lo ella crea conveniente. Y estala el PP porque la Cabalgata se parecía a un pase de modelos de Agata Ruuiz de La Prada.
Carlos herrera se inflama por no saber que él solo puede decir y ella actuar.
Anda y que les den a esos peperos de Revista.
Los famosos tienen más probabilidad de divorciarse............................................... Andrea Morales Polanco
Un estudio revela que durante el primer año las celebridades son casi seis veces más propensos a terminar su matrimonio.
Gwyneth Paltrow y su exesposo Chris Martin, en una gala benéfica en 2014. / GETTY IMAGES
Cuando uno está acostumbrado a ser el centro de atención, no se puede
olvidar ningún detalle.
Si de anunciar su compromiso se trata, las celebrities usan las redes sociales para mostrarle al mundo su felicidad.
Así lo acaba de hacer Eva Longoria.
Una foto de ella besando a su novio con el desierto de Dubái como fondo y, obviamente en primer plano, el anillo de diamantes y rubíes que José Antonio Bastón, ejecutivo de Televisa, le entregó como símbolo de amor eterno.
Más tarde llega la boda. Esa fiesta millonaria, con lujos, excentricidades y miles de invitados. El negocio se hace redondo si venden la exclusiva
. Las casas de vestidos de novias se pelean por tener una clienta VIP, y las ventas de los tabloides se disparan.
Por supuesto, esto no va cambiar si la cuestión es anunciar una separación.
Los comunicados de prensa son el primer paso, luego van los mensajes con indirectas en Twitter o Instagram y los dimes y diretes terminan con la difusión del millonario acuerdo de separación con el que ponen punto y final a su historia de amor.
Lo que no sabían las estrellas es que en los primeros 14 años de matrimonio, ellos, los famosos, son más propensos a separarse que el resto de la población
. O al menos eso asegura Harry Benson, director de investigación del Marriage Foundation.
El think tank británico analizó a 488 parejas de famosos que se casaron entre 2001 y 2010.
La investigación reveló que la tasa de divorcios durante los primeros 14 años era el doble en comparación a la del resto de la población en el mismo período de tiempo en el Reino Unido.
“Se supone que la estabilidad económica de ellos debería ser un atenuante, pero lo cierto es que en el primer año, las celebridades son casi seis veces más propensos a terminar su matrimonio que las no-celebridades”, explicó Benson a EL PAÍS.
En todos los casos ninguno de ellos llegó a su primer aniversario de bodas.
En el listado también aparece el segundo matrimonio de Britney Spears con Kevin Federline, que terminó en 2007 tras tres años de casados.
La ruptura fue una de las más sonadas del momento debido a la disputa que mantenían por la custodia de sus dos hijos Sean Preston, de 11 años, y Jayden James, de 10.
El caso de Gwyneth Paltrow y Chris Martin es comparativamente mejor que el de Spears.
La pareja estuvo junta durante 11 años y tiene dos hijos Apple, de 11 años, y Mosses, de 9. Sin embargo, ellos no aparecen en el análisis, pues finiquitaron su separación en abril de 2015.
Según Sir Paul Coleridge, fundador de Marriage Foundation, el listado es algo más que una excusa para hablar de famosos.
“Esto es serio. Nos guste o no, todos en mayor o menor medida admiramos a alguna celebridad.
A veces, incluso buscamos seguir su forma de vida.
Pero, y según esta investigación, se debería prestar atención a los patrones que se venden como ejemplos de una vida envidiable”, afirma Coleridge.
Ellos podrán deslumbrar con sus bodas de cuentos de hadas, pero lo cierto es que sus matrimonios se enfrentan desde el día uno al ojo público.
Y ese es tema difícil de lidiar.
Si de anunciar su compromiso se trata, las celebrities usan las redes sociales para mostrarle al mundo su felicidad.
Así lo acaba de hacer Eva Longoria.
Una foto de ella besando a su novio con el desierto de Dubái como fondo y, obviamente en primer plano, el anillo de diamantes y rubíes que José Antonio Bastón, ejecutivo de Televisa, le entregó como símbolo de amor eterno.
Más tarde llega la boda. Esa fiesta millonaria, con lujos, excentricidades y miles de invitados. El negocio se hace redondo si venden la exclusiva
. Las casas de vestidos de novias se pelean por tener una clienta VIP, y las ventas de los tabloides se disparan.
Por supuesto, esto no va cambiar si la cuestión es anunciar una separación.
Los comunicados de prensa son el primer paso, luego van los mensajes con indirectas en Twitter o Instagram y los dimes y diretes terminan con la difusión del millonario acuerdo de separación con el que ponen punto y final a su historia de amor.
Lo que no sabían las estrellas es que en los primeros 14 años de matrimonio, ellos, los famosos, son más propensos a separarse que el resto de la población
. O al menos eso asegura Harry Benson, director de investigación del Marriage Foundation.
El think tank británico analizó a 488 parejas de famosos que se casaron entre 2001 y 2010.
La investigación reveló que la tasa de divorcios durante los primeros 14 años era el doble en comparación a la del resto de la población en el mismo período de tiempo en el Reino Unido.
“Se supone que la estabilidad económica de ellos debería ser un atenuante, pero lo cierto es que en el primer año, las celebridades son casi seis veces más propensos a terminar su matrimonio que las no-celebridades”, explicó Benson a EL PAÍS.
Las parejas analizadas
Entre las parejas que el estudio analizó se encuentran las formadas por Drew Barrymore y Tom Green, Eminem y Kim Mathers y Britney Spears y Jason Alexander.En todos los casos ninguno de ellos llegó a su primer aniversario de bodas.
En el listado también aparece el segundo matrimonio de Britney Spears con Kevin Federline, que terminó en 2007 tras tres años de casados.
La ruptura fue una de las más sonadas del momento debido a la disputa que mantenían por la custodia de sus dos hijos Sean Preston, de 11 años, y Jayden James, de 10.
El caso de Gwyneth Paltrow y Chris Martin es comparativamente mejor que el de Spears.
La pareja estuvo junta durante 11 años y tiene dos hijos Apple, de 11 años, y Mosses, de 9. Sin embargo, ellos no aparecen en el análisis, pues finiquitaron su separación en abril de 2015.
Según Sir Paul Coleridge, fundador de Marriage Foundation, el listado es algo más que una excusa para hablar de famosos.
“Esto es serio. Nos guste o no, todos en mayor o menor medida admiramos a alguna celebridad.
A veces, incluso buscamos seguir su forma de vida.
Pero, y según esta investigación, se debería prestar atención a los patrones que se venden como ejemplos de una vida envidiable”, afirma Coleridge.
Ellos podrán deslumbrar con sus bodas de cuentos de hadas, pero lo cierto es que sus matrimonios se enfrentan desde el día uno al ojo público.
Y ese es tema difícil de lidiar.
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