14 nov 2015
Todo el mundo se viste con los colores de Francia
Puerta de Brandenburgo (Berlín)
Un grupo de manifestantes ante la Puerta de
Brandenburgo en Berlín (Alemania), en la que se reflejan los colores de
la bandera francesa.
Puerta de Brandenburgo (Berlín)
Un grupo de manifestantes ante la Puerta de
Brandenburgo en Berlín (Alemania), en la que se reflejan los colores de
la bandera francesa
Ópera de Sidney
Una pareja se cubre de la lluvia en Sidney
(Australia). Al fondo, la Ópera de Sidney alumbrada con los colores
nacionales de Francia, en solidaridad con los atentados que han costado
la vida a 127 personas en París.
.
TodossomosParís
Velas y lazos negros en Tiblisi, Georgia.
'Yo soy París' en un cartel electrónico de Milán, Italia.
Una mujer llora durante la vigilia por las víctimas de los atentados de París, en Sidney (Australia).
Ofrenda floral en a la Embajada de Francia en Kiev (Ucrania).
Un cartel con el lema "Yo soy París" en la Embajada de Francia en Atenas (Grecia).
Unas jóvenes rusas llevan flores a la Embajada de Francia en Moscú (Rusia).
Un joven deja flores en homenaje a las víctimas de los ataques de París en la Embajada de Francia en Londres (Reino Unido).
La población de Hong Kong sale a la calle para homenajear a las víctimas de los ataques de París.
Un padre con su hija deja un ramo de flores en el consulado de Francia, en Madrid.
Una mujer en silla de ruedas deja flores en la
plaza Farnesio, lugar donde se encuentra la Embajada de Francia en Roma
(Italia).
Una madre con su hijo encienden una vela en
homenaje a las víctimas de los ataques de París en la embajada francesa
en Seúl (Corea del Sur).
Homenaje a las víctimas en el exterior de la Embajada de Francia en Varsovia (Polonia).
Dibujos en homenaje a las víctimas del atentado de París en el Consulado de Francia en Milán (Italia).
Una mujer lleva flores a la Embajada de Francia en Berlín (Alemania).
Un artista de India homenajea a las víctimas de
los ataques de París con una escultura de arena en Odisha, en la costa
de India.
Ofrendas en la embajada Francesa de Copenhague.
Homenaje a las víctimas durante la manifestación de guardias civiles en Madrid.
“El terror no tiene religión”................................................. Antonio Elorza
El yihadismo y como culminación suya el ISIS son una versión ultraortodoxa del islam.
Acaba de decirlo Erdogan, y la cortina de humo es lógica si tenemos
en cuenta que está llevando una política de islamización en Turquía, muy
distante de la imposición radical de la hisba, el orden
impuesto por el Estado Islámico, pero con una convergencia de fondo en
el sunnismo y pasadas tolerancias en cuanto al tráfico de armas y
petróleo.
Obama ha trazado esa misma vía, que siempre ha tenido por objeto evitar que los actos criminales de unos musulmanes se volvieran en Occidente contra todos los musulmanes.
El problema reside en que si bien el islam no es terrorista, insistamos en ello, el yihadismo, y como culminación suya el Estado Islámico sí son una versión ultraortodoxa del islam.
Y a partir de ahí se explica gran parte de su éxito.
El resto corresponde a la revolución en las comunicaciones (Internet, teléfonos móviles) que han multiplicado tanto la expansión ideológica como las posibilidades de atentar.
Ese éxito se traduce en la captación creciente de oriundos del islam y conversos en Occidente.
Pero no parece que en las matanzas de París hayan sido sino cómplices, según las primeras informaciones.
El hecho es que la policía francesa estima en 1.800 los terroristas potenciales en su territorio; una justificación para el estado de urgencia decretado
. Conviene entonces preguntarse por las razones de que el ISIS gane tantos seguidores.
La primera es que superando a Al Qaeda, tiene una base territorial, es una especie de Estado con su califa al frente, y no solo un aguijón terrorista que golpea.
El terror es aquí el instrumento de la comunidad islámica, organizada políticamente, germen de una expansión que deberá abarcar a todos los musulmanes primero y al mundo después, como prescribe el Corán.
Y que cubre los supuestos de la lucha apocalíptica contra el Satán occidental, que llevará a la victoria definitiva de Dios, yihad mediante.
Un terror cuya práctica ilimitada autoriza también el libro sagrado.
Eliminados todos los matices, tanto en la práctica de la yihad como respecto de otros (gentes del libro), la creencia deviene un maniqueísmo de aniquilación.
La idea de Dios emerge de una relación de dependencia absoluta bien real, la existente entre el esclavo y aquel que lo posee sin límite alguno, y esta superioridad se proyecta sobre los no creyentes, los cuales, de no someterse, han de ser exterminados.
Los creyentes construirán entonces la sociedad islámica perfecta, que el ISIS exhibe en sus vídeos, por contraste con la depravación occidental.
Un atractivo más, mientras sus éxitos muestren que su empresa responda a la ejemplaridad de la conducta atribuida al profeta.
El yihadista del ISIS se ve así en lo imaginario como un guerrero de la primera expansión islámica. La brutalidad, el trato depravado a las mujeres, la deshumanización en una palabra, no cuentan.
Obama ha trazado esa misma vía, que siempre ha tenido por objeto evitar que los actos criminales de unos musulmanes se volvieran en Occidente contra todos los musulmanes.
El problema reside en que si bien el islam no es terrorista, insistamos en ello, el yihadismo, y como culminación suya el Estado Islámico sí son una versión ultraortodoxa del islam.
Y a partir de ahí se explica gran parte de su éxito.
El resto corresponde a la revolución en las comunicaciones (Internet, teléfonos móviles) que han multiplicado tanto la expansión ideológica como las posibilidades de atentar.
Ese éxito se traduce en la captación creciente de oriundos del islam y conversos en Occidente.
Pero no parece que en las matanzas de París hayan sido sino cómplices, según las primeras informaciones.
El hecho es que la policía francesa estima en 1.800 los terroristas potenciales en su territorio; una justificación para el estado de urgencia decretado
. Conviene entonces preguntarse por las razones de que el ISIS gane tantos seguidores.
La primera es que superando a Al Qaeda, tiene una base territorial, es una especie de Estado con su califa al frente, y no solo un aguijón terrorista que golpea.
El terror es aquí el instrumento de la comunidad islámica, organizada políticamente, germen de una expansión que deberá abarcar a todos los musulmanes primero y al mundo después, como prescribe el Corán.
Y que cubre los supuestos de la lucha apocalíptica contra el Satán occidental, que llevará a la victoria definitiva de Dios, yihad mediante.
Un terror cuya práctica ilimitada autoriza también el libro sagrado.
Eliminados todos los matices, tanto en la práctica de la yihad como respecto de otros (gentes del libro), la creencia deviene un maniqueísmo de aniquilación.
La idea de Dios emerge de una relación de dependencia absoluta bien real, la existente entre el esclavo y aquel que lo posee sin límite alguno, y esta superioridad se proyecta sobre los no creyentes, los cuales, de no someterse, han de ser exterminados.
Los creyentes construirán entonces la sociedad islámica perfecta, que el ISIS exhibe en sus vídeos, por contraste con la depravación occidental.
Un atractivo más, mientras sus éxitos muestren que su empresa responda a la ejemplaridad de la conducta atribuida al profeta.
El yihadista del ISIS se ve así en lo imaginario como un guerrero de la primera expansión islámica. La brutalidad, el trato depravado a las mujeres, la deshumanización en una palabra, no cuentan.
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