Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

25 oct 2015

Prisión para los dos fundadores de unete, la estafa de la moneda virtual...................................... Reyes Rincón / Joaquín Gil

El juez cifra en 50.000 personas las víctimas del timo y en 28 millones las ganancias de los cabecillas.

Pilar Otero y José Manuel Ramírez Marco en Dubai / EL PAÍS

Los cofundadores del unete, una moneda virtual equivalente a un dólar y que resultó ser una monumental estafa piramidal, están desde el pasado miércoles en la cárcel. José Manuel Ramírez Márquez y Pilar Otero Sánchez se entregaron esta semana y el juez de la Audiencia Nacional Juan Pablo González, ha decretado el ingreso provisional en prisión de la pareja ante el temor de que pudiera huir de España o destruir pruebas
. El juez cifra en 50.000 las víctimas de la estafa, adelantada por EL PAÍS, con la que Ramírez y Otero se “apropiaron” de 28 millones de euros.
La policía detuvo en julio pasado a 20 dirigentes de Unetenet, pero entre ellos no estaban los dos cabecillas de la presunta estafa. Ramírez y Otero decidieron entregarse hace unos días y el pasado miércoles 21 de octubre declararon ante el juez que instruye el caso, que tras interrogarles decidió mandarles directamente a prisión.
 Aunque el magistrado admite que el hecho de haberse presentado voluntariamente reduce el riesgo de fuga, considera que dada "la gravedad de los hechos y el elevado importe de los fondos defraudados" podrían intentar huir de nuevo o eliminar pruebas, ya que la investigación sobre el patrimonio de los jefes de la trama todavía no ha terminado.
José Manuel Ramírez y Pilar Otero, en Milán. / EL PAÍS
En los dos autos firmados para decretar el encarcelamiento provisional por riego de fuga, el magistrado relata cómo miles de inversores confiaron desde 2013 en el supuesto esquema de riqueza ideado por la pareja a partir de una empresa denominada United Business Online LTD radicada en el paraíso fiscal de San Vicente y las Granadinas, desde donde se transferían fondos a Malta, Rumanía y Letonia
. Esta empresa tenía numerosas filiales, entre ellas, Union Business Online SL, radicada en Rincón de la Victoria (Málaga) y cuyo nombre comercial es Unetenet.
 “La principal actividad de la empresa consiste en la realización de publicidad sobre una forma de obtención de dinero fácil como su particular filosofía empresarial y de marketing para atraer a pequeños inversores con la promesa de multiplicar sus ahorros dedicando solamente unos minutos al día, trabajando desde casa, sin desplazamientos y con unos beneficios inalcanzables en cualquier otro trabajo”, expone el magistrado.
La actividad de captación masiva de clientes-víctimas comenzó en agosto de 2012
. Fue a partir de entonces cuando, según el juez, los dirigentes del entramado contactan con intermediarios para que graben videos y participen en actos y charlas informativas con el objetivo de dar a conocer Unetenet.
 Los investigadores consideran que estos intermediarios conocían desde el principio que iban a participar en un fraude y advierten que muchos de ellos ya habían participado en otras estafas piramidales.
A los clientes les ofrecían comprar distintos paquetes con los que ofrecerían publicidad online de Unetenet y empezarían a generar ingresos.
“Las ganancias conseguidas irían en proporción del pack contratado y por el que previamente la víctima debe desembolsar su dinero”, explica el juez.
En las charlas, la empresa prometía que con una inversión de 18.000 dólares (16.330 euros) se podían ganar 67.0000 dólares (60.800 euros).
Todo ello prorrateado en 48 pagas semanales de 1.300 dólares (1.179 euros).
El cliente solo debía abonar 59,95 euros al mes.
“Los anuncios que cada cliente debe publicitar en las redes sociales son de la marca Unetenet, pero no hay un producto, servicio informático o algún elemento objetivo tangible de publicidad, salvo la misma marca Unetenet”, describen los autos.
El delito de estafa se produce en dos fases
. La primera es “el momento de la captación de socios/víctimas” a traídos por unos rápidos beneficios a cambio de introducir anuncios de la empresa en Internet.
La segunda fase se produce presuntamente cuando Union Business Online decide cambiar “unilateralmente” los términos de todos los contratos para abonar los beneficios a partir de la moneda virtual inventada por José Manuel Ramírez y Pilar Otero, la unete.
La pareja es la encargada, según el juez, de difundir entre los clientes/víctimas que serán ellos los que tendrán que captar nuevos inversores a los que han de vender la nueva moneda “al precio que estimen conveniente”.
Aunque el juez cifra en 28 millones de euros el dinero del que se “apropiaron” los fundadores de Unetenet, fuentes de la empresa llegaron a cifrar en 50 millones el dinero que recaudó la red en una decena de países.
 La estafa supuestamente se inspiró en Serguéi Mavrodi,un presunto visionario ruso que en la década de los 90 arruinó a miles de pequeños ahorradores con su colosal pirámide financiera MMM.

 

24 oct 2015

No me atrevo....................................................................... Javier Marías

Lo que parece “prohibido” es que uno opine sincera y críticamente sobre sus iguales.

 

Pasé un par de días con cuatro periodistas holandeses.
 A lo largo de las conversaciones fueron apareciendo nombres de colegas novelistas españoles que ellos habían leído, y en alguna ocasión me preguntaron mi opinión al respecto.
No tuve reparo –al contrario– en elogiar a los que me gustan o me parecen buenos, a los que admiro, y que no siempre coinciden con los tenidos por mejores en nuestro país hoy en día.
 Me di cuenta, en cambio, de que me costaba, o directamente no me atrevía a expresar mi sincero parecer sobre los que encuentro muy malos o flojos, falsos valores alabados por casi todo el mundo, a menudo de manera sistemática y rutinaria
. (Ojo, no descarto ser yo uno de ellos, sólo que mi juicio sobre mis obras no cuenta, o es sencillamente imposible.)
Ahí me mostré cauteloso, desvié la cuestión o guardé silencio.
 En un caso concreto, al verme apremiado, contesté: “Mejor será que no indague usted”.
 ¿Mejor para quién? No tuve más remedio que responderme que mejor para mí, no para el autor o autora sobre los que se me había interrogado.
Y así, me percato de que desde hace bastantes años está “mal visto” que un escritor opine negativamente sobre otro.
 El que lo hace es tachado en seguida de envidioso, o de inelegante, o de resentido, o cuando menos de competitivo
. No es que el ataque no se dé en absoluto.
 Hay excepciones, pero son sobre todo jóvenes a los que, por así decir, “toca” rebelarse contra la generación anterior o fingir que ésta no ha existido, o “matar al padre”, o intentar hacerse sitio expulsando a quienes ellos creen que lo acaparan
. O bien son escritores con vocación “transgresora”, y la mayoría sufren la maldición terrible de que sus denuestos y provocaciones pasen inadvertidos.
 Lo que parece “prohibido” es que uno opine sincera y críticamente sobre sus iguales.
 Yo mismo noto esa presión, que en cambio no siento cuando hablo de un arte que no practico.
 Quizá algunos lectores recuerden con qué libertad y contundencia he echado pestes de “genios oficiales” del cine como Haneke, Von Trier, Iñárritu o Sorrentino, o de series televisivas ensalzadas por público y críticos, como The Wire, Breaking Bad o True Detective.
 Puesto que yo no me dedico a eso, expreso mi parecer sin la menor cortapisa.
 En cambio, ay, me muerdo la lengua cuando se trata de literatura, aún más de novela.
 Y observo que lo mismo hacen mis colegas contemporáneos.
 Y lo mismo, me temo, los cineastas respecto a los suyos. Es como si todos hubiéramos interiorizado aquel viejo consejo, “Si uno no tiene nada agradable que decir, mejor callarse”.
Si uno se asoma a la historia de la literatura, verá que está llena de impertinencias
No siempre fue así, en modo alguno.
 Si uno se asoma a la historia de la literatura, verá que está llena de impertinencias y desdenes de unos autores hacia otros, sin que por ello se tildara a los primeros de resentidos y envidiosos. Conrad detestaba a Dostoyevski, Nabokov despreciaba a Faulkner y a bastantes más, Faulkner no estimaba mucho a sus pares con la excepción de Thomas Wolfe, Capote lanzaba dardos contra casi todo el mundo. Eso por no remontarnos a otros siglos.
 ¿Qué ha sucedido para que nos hayamos vuelto todos remilgados, cuando no insinceros y versallescos?
 A uno de esos holandeses le manifesté mi extrañeza al respecto, y sugirió una posible explicación: la literatura está tan amenazada que cuantos participamos de ella tendemos a crear la ilusión de que en la producción actual hay mucho buenísimo, o incluso de que todo lo es; censurar a un colega casi supone tirar piedras contra el propio tejado.
 No sé si llevaba razón, pero, si así fuera, me pregunto hasta qué punto esta balsa de aceite no perjudica más bien a la literatura.
 Si la falta de disensión, de discusión; si los modales corteses o prudentes que nos gastamos todos no acaban por dar la impresión de que la literatura es algo plano y mortecino, más languideciente de lo que está.
Si yo fuera sincero sobre algún celebrado novelista, no sería menos contundente y negativo que cuando hablo de cineastas. Pero ya digo, no me atrevo.
 También porque en España todo se toma como un agravio personal, aunque lo que se critique sean obras. Juan Benet, no mucho antes de su muerte, me dijo un día (tal vez porque intuía que le quedaba poco tiempo):
 “Estoy harto y voy a decir públicamente lo que pienso”. (Y eso que él se había distinguido siempre por sus “impertinencias”.) Su último artícu­lo se tituló “Wojtysolo”, mezclando con gracia los apellidos de Juan Pablo II y del Premio Cervantes; se ha excluido cuidadosamente de sus recopilaciones periodísticas.
 No debo despedirme hoy sin aportar yo algo (claro que sobre un autor extranjero es menos arriesgado).
El universo literario ha lanzado las campanas al vuelo ante los seis tomos de Mi lucha, autobiografía o semificción del noruego Karl Ove Knausgård.
Tras leer 300 páginas (pocas, de un conjunto de 3.000 o más), me he quedado desconcertado.
 No me resultan odiosas ni mucho menos, pero hacía tiempo que no leía páginas tan simplonas y bobas.
Será defecto mío, o impaciencia (relativa), pero no comprendo el entusiasmo global despertado en críticos y escritores.
 Pero he aquí que de nuevo soy cobarde: no es verdad que hiciera tiempo.
 Alguna novela he leído reciente, de colega español contemporáneo, que me ha parecido igual de simplona y de boba. Y aquí, lógicamente, me siento impelido a callarme.
elpaissemanal@elpais.es

Tan completa o tan incompleta.................................................................... Rosa Montero

Los profundos estereotipos de género siguen pesando, se sigue creyendo que la mujer que no es madre no es del todo mujer.

Hace nueve años publiqué un artículo en este mismo suplemento titulado Ni coja ni madre en el que criticaba la mirada conmiserativa que caía sobre mí cada vez que la gente se enteraba de que no tengo hijos.
 Como si carecer de descendencia fuera una mutilación existencial.
Ahora advierto que, con mi optimismo congénito, esperaba que la cosa fuera mejorando con el tiempo.
 A fin de cuentas, es verdad que ha mejorado el nivel de sexismo en las últimas décadas y que este país es menos machista que el de mi juventud.
 Pero la obligatoriedad social de la maternidad parece seguir siendo inexpugnable.
Es más, yo diría que el mandato se ha recrudecido y es aún peor, porque ahora casi todas las chicas vuelven a tener hijos.
En torno a la Transición, en cambio, hubo una generación de mujeres que, consciente o inconscientemente, dejamos la maternidad a un lado
. Para muchas de nosotras no fue nunca una opción: creo que ni siquiera escogimos no ser madres, es que no lo teníamos como prioridad y los años se nos fueron pasando.
 Hablo de la época en la que tanto España como Italia estábamos a la cabeza de los países con menor natalidad del mundo.
 Y seguro que no fue casual que lideráramos la lista dos sociedades que habíamos sido especialmente machistas hasta hacía muy poco, y que habíamos evolucionado en este aspecto muy deprisa.
 Mi teoría es que hubo una generación de madres atrapadas en el estereotipo de una educación tradicional que vieron cómo el mundo cambiaba ante sus ojos, aunque demasiado tarde para que ellas lo pudieran aprovechar.
 Creo que la falta de interés reproductor que tantas mujeres de mi edad hemos mostrado fue el resultado del poderoso susurro de esas madres: no te encadenes, no tengas hijos, haz todo lo que yo no pude hacer.
Las chicas nacidas en la democracia, en cambio, no tienen que soportar ese mandato materno sobre sus hombros y, en consecuencia, volver a tener hijos es lo habitual.
 Me parece muy bien, porque son mucho más libres para escoger, pero lo que no me parece bien es que regrese intacta y berroqueña la idea de la maternidad como culminación de la mujer y que las no madres seamos vistas cada vez más como una anomalía.
 Cuando lo que es claramente anómalo es que a los hombres nunca o casi nunca se les pregunte si tienen hijos, mientras que a las mujeres se nos interrogue una y otra vez sobre lo mismo.
¡Y qué efectos tan devastadores produce la pregunta en la concurrencia! Pongamos que hay un grupo de personas que se conocen poco gorjeando con liviandad sobre temas pequeños, y de pronto alguien te dice alegremente: “¿Tienes hijos?”
. La respuesta a eso es un simple no, pero claro, yo ya soy mayor, tengo una edad irreversible, es un no lapidario que borra de un brochazo todos mis potenciales vástagos e incluso, a estas alturas, mis potenciales nietos
. O sea, una multitud potencial que se desvanece
. Así que ese monosílabo cae como una bomba de neutrones y la gente se congela en torno a ti como esperando que sigas explicándote
. Que les digas, “no pude tener hijos”, o bien, “padezco una enfermedad genética que no quise transmitir”, o incluso algo definitivo como “soy un transexual” o “soy virgen”… No sé, todo el mundo parece aguardar una justificación razonable de tan aberrante realidad.
No estoy exagerando lo más mínimo.
 Me ha vuelto a suceder hace nada en Francia, en un entorno intelectual, joven y progresista.
 Llega la pregunta y tú contestas no, qué respuesta más simple y más sencilla.
 Pero siempre, absolutamente siempre, la conversación se detiene durante unos microsegundos incomodísimos y, por más que intento aferrarme tozudamente al monosílabo y a la ligereza y no añadir ni una palabra más, a menudo todos terminamos soltando tres o cuatro lugares comunes sobre la maternidad.
 Lo que más me desconsuela, pobrecitas, son esas mujeres que se sienten obligadas a decir: “Ah, claro, por supuesto, no importa, da igual tener hijos o no”, una obviedad tan evidente que su sola formulación resulta chirriante, como si quisieran aliviar la pena tremenda de tu triste situación; o como si te vieran como un monstruo, pongamos como un cíclope, y dijeran, ah, pero no te preocupes, no pasa nada, tener un único ojo en mitad de la frente es guay y además solo necesitas una lentilla. Tanto apresuramiento en celebrarte te convence justamente de lo contrario, de que sí pasa mucho, de que los profundos estereotipos de género siguen pesando como bolas de plomo en nuestro cerebro y de que, muy al fondo, se sigue creyendo que la mujer que no es madre no es del todo mujer.
Y a estas alturas de la vida yo ya no sé cómo explicar que, aunque tener hijos debe de ser una experiencia formidable, yo me siento tan completa o tan incompleta como cualquier persona.
@BrunaHusky
www.facebook.com/escritorarosamontero
www.rosamontero.es

 

Muere la actriz Maureen O’Hara a los 95 años

Conocida por su papel en 'El hombre tranquilo', fue galardonada en 2014 con un Oscar de honor

John Wayne y Maureen O' Hara en una escena de 'El hombre tranquilo', de John Ford.

La actriz Maureen O'Hara, conocida sobre todo por su papel en El hombre tranquilo, el clásico de John Ford que protagonizó junto a John Wayne, ha fallecido hoy sábado a los 95 años en su casa de Boise (Idaho), ha informado su familia en un comunicado
. De ojos verdes y pelirroja, la intérprete (Maureen Fitzsimmons) nacida en Ranelagh, cerca de Dublín, Irlanda, el 17 de agosto en 1920, fue galardonada en 2014 con un Oscar de honor de la Academia de Hollywood por toda su carrera.
 El premio lo recibió de manos de Clint Eastwood y Liam Neeson.
"Con nuestro corazón lleno de dolor os compartimos la noticia de que Maureen O'Hara ha fallecido hoy mientras dormía por causas naturales", señala el comunicado de sus familiares, que la han rodeado en sus últimos momentos con "su música favorita" de fondo, la banda sonora de El hombre tranquilo, ha dicho su manager Johnny Nicoletti, coautor de las memorias de O'Hara.
Apodada La reina del Technicolor, ha pasado a la historia del cine sobre todo por su papel de Mary Kate Danaher en El hombre tranquilo.
Sin embargo, también intervino en otra gran obra de Ford, ¡Qué verde era mi valle! (1941), y en Escrito bajo el sol y Río Grande, en las que repitió con el director estadounidense y con Wayne. Otro de sus títulos fueron Esta tierra es mía, de Jean Renoir, Simbad el Marino y El cisne negro.
Fueron el actor Charles Laughton y el productor Eric Pommer quienes lograron convencer a O'Hara para que se iniciase como actriz con un contrato de siete años con la productora Mayflower Pictures. Su primera película fue La posada de Jamaica, de Alfred Hitchcock.
 En 1939 se convirtió en la gitana Esmeralda de Víctor Hugo en Esmeralda la zíngara, que fue su trampolín hacia el estrellato
. Ese mismo año conoció a John Wayne, con el que forjó una gran amistad. En 1941, Ford la elige para ¡Qué verde era mi valle!, película que obtuvo cinco Oscar. La actriz nunca estuvo nominada a un galardón de la Academia de Hollywood.
Las últimas apariciones de O'Hara en el cine fueron en 1991 con Yo, tú y mamá y en la televisión (2000) con el telefilme El último baile.