Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

24 oct 2015

Todo cuesta...................................................................... Boris Izaguirre

Eugenia Martínez de Irujo y Blanca Cuesta protagonizaron un auténtico duelo en una subasta benéfica.

 Hábilmente, consiguieron disparar las apuestas y demostrar que dos casas aristocráticas recaudan mejor unidas.

 

Eugenia Matínez de Irujo en la subasta de la Fundación Pequeño Deseo. / gtres

El mismo día en que se cumplían cuatro años del fin de ETA, aterricé en Bilbao para una entrevista en un programa de televisión que investiga tus ocho apellidos vascos.
La entrevista se hace en exteriores y pese a que la temperatura bajaba como el precio de las acciones de Hugo Boss, nadie parecía notarlo.
 Mientras me hacían las preguntas de siempre sobre mi orientación sexual, mi dislexia, mis desnudos, mis amigas glamurosas, y ninguna sobre mis libros o mis artículos en prensa, me dediqué a observar la maravillosa transformación de Bilbao
. Y concluí que la paz, en efecto, sienta muy bien.
Bilbao es una ciudad activa pero tan organizada que no hay agobios.
 Y el nuevo bilbaíno me pareció encantado de sí mismo, como siempre, pero ahora en plan tranqui, sin esa intensidad de los catalanes.
 Se ve que el Atlántico es mas cool que el Mediterráneo.
 La producción dispuso un almuerzo en el Archivo Histórico de Euskadi, un edificio con un jardín interior muy Bruselas, ofreciendo pinchos y purrusalda, un guiso de verduras con un poco de bacalao, que de inmediato reporté a mis amigas glamurosas para que acumulen omega tres.
 Me explicaron que mi apellido se remonta a 1700, que probablemente resurgiera en una plantación de cacao en los valles de Aragua.
Es poquísimo tiempo en términos vascos, pero muchísimo en el Caribe
. Un apellido que crece en una plantación de cacao es un apellido con gotitas de swing y down y mucho ébano en la piel.
 Para colmo me enseñaron un retrato de un antepasado vestido con una chaqueta llena de abalorios y charreteras, estilo Napoleón. Lo histriónico y flamboyán me viene de lejos.
Esclavizado por mi vida social, llegué a la subasta de la Fundación Pequeño Deseo donde asistí a un auténtico duelo entre Blanca Cuesta y Eugenia Martínez de Irujo por un lote
. Mientras Eugenia pujaba desde la primera fila,
 Blanca superaba desde la segunda, y cada vez que subía la apuesta tocaba a Eugenia en la cabeza con una de las varitas de hada madrina que se vendían para recaudar fondos
. Muy hábilmente consiguieron disparar las apuestas y demostrar que dos casas aristocráticas recaudan mejor unidas.
Blanca y Eugenia me resultaron más divertidas que Albert Rivera y Pablo Iglesias en Salvados
 Más que una entrevista, resultó una charla y el verdadero ganador fue Jordi Évole, que, además de conseguir récord de audiencia, se estrenaba como productor
. Como en las elecciones catalanas, todos ganan. Aunque Iglesias pareciera desacelerado, igual que la economía China, ahora tiene la posibilidad de reinventarse, quizás sin coleta o con dos, antes de diciembre. Y Rivera, ay Albert, afianzó su carisma de niño bueno pelín sexy que va a salvarnos sin pasar por ¡Sálvame!
Estamos en campaña electoral y sube la adrenalina.
 Hasta Isa Pantoja, la antigua Chabelita, está en campaña y amenaza con marcharse de España tras la escandalosa aparición de su mamá biológica.
 En ¡Hola! describió su vida como una telenovela. Ahora tiene dos madres: una muy conocida y presa, y, la otra, Roxana, muy biológica y libre, que ha vendido barata una exclusiva que está haciendo más ricos a los que la publican.
 Isa está razonablemente herida porque una parte muy delicada de su vida es del dominio público sin que nadie se preocupe por cómo se siente.
Lo de marcharse quizás no llegue a suceder, pero recuerda ese momento en que Jackie Kennedy dijo: "Están matando kennedys y mis hijos son los siguientes". Y dejó Estados Unidos para casarse con Onassis
. Ojalá le vaya igual a Isa y convierta su telenovela en Dinastía 2.
Chabelita tiene sus problemas familiares y Convergència, el partido de Pujol más el 3%, también. En una de esas redadas de nuestro tiempo, detuvieron a 12 personas.
 No hay nada que afecte más en una campaña que la inspección en la sede de un partido llene esta de policías y presuntos corruptos.
 Si un turista que entienda español llegara a España en estos días las palabras que más escucharía serían imputados, partidos políticos y un 3% de madre biológica. Aviso a la recién llegada Netflix: en España puede descubrir los portentos de nuestros shows mediáticos y políticos.
Revisando la entrevista de Jordi Évole a Pablo Iglesias y Albert Rivera, se me ocurrió que Évole y Bertín Osborne deberían hacerse una de esas visitas En tu casa o en la mía. Évole quedaría muy bien apareciendo en la cadena pública mientras que Bertín exploraría otras decoraciones y opiniones mas allá de su fascinación por la ya mítica expareja de Carlos Herrera, Mariló Montero
. Aunque me juegue una riña de mi marido, también pensé que Carlos y Mariló podrían refundarse en un reality popular, como unos nuevos Alaska y Mario.

 

Isabel Preysler, el brillante de Rabat................................................... Begoña Gómez Urzaiz

La 'reina de la prensa del corazón' protagoniza la gran fiesta social de la renovada joyería catalana.

 

Isabel Preysler a su llegada a la fiesta. / Consuelo Bautista  (efe)

Una considerable multitud, de mayoría abrumadoramente femenina, espera para ver a Isabel Preysler a la puerta del nuevo edificio de la joyería Rabat.
 Y algunos, los más espabilados, se han adelantado y la aguardan a la salida del hotel Majestic, donde se aloja. Todos —todas— saben que está ahí porque lo han visto en varios programas de televisión, que llevan días caldeando la que se espera que sea la fiesta más sonada del otoño en Barcelona.
Mar Flores en la fiesta de Rabat. / getty
Encarna, una de las señoras que espera a "la Preysler", se lamenta cuando descubre que llegará sola, sin Mario Vargas Llosa.
 "Yo pensaba que tenían un imán en las manos, porque nunca se sueltan", dice. No llegan a avistar a Jaime de Marichalar, que no pasa por el photocall, pero sí ven pasar con tibio interés a la deportista Ona Carbonell, al actor Carles Francino, a la mediática Alejandra Prat, a la modelo Astrid Klisans y a la nadadora Mireia Belmonte
. Y se animan un poco más cuando posa Mar Flores. Pero en realidad ellas tienen un solo objetivo, Isabel, que por fin llega, vestida con un mono de Elie Saab, escogido por su estilista de cabecera, Cristina Reyes, y con un Rolex de oro rosa y brillantes.
La incombustible lideresa de la crónica social estrechó su relación con Rabat, que le ha prestado joyas en sus últimas y muy sonadas apariciones, cuando cortó su vinculación con los joyeros Suárez.
El candidato del PP a la Generalitat, Xavier García Albiol, y la esposa de Artur Mas, Helena Rakosnik, coinciden en la puerta y alguien les sugiere, medio en broma, que posen al alimón. "¡Juntos, no!" se asusta ella.
 Le acompaña su hija Patricia, embarazada de gemelas que nacerán en enero y serán las primeras nietas del todavía president en funciones. Josep Crehueras, el presidente del premio Planeta; Cristóbal Martell —el abogado de Leo Messi, la familia Pujol y José Luis Núñez—; Rosa Esteve, la matriarca del grupo Tragaluz; Susana Gallardo, esposa de Alberto Palatchi de Pronovias, y una gran parte del poder económico de la ciudad caben en el edificio. Todos ellos apretados, en los 2.500 metros cuadrados del nuevo Rabat, ubicado en la Casa Codina, en pleno Quadrat d’Or, el pequeño cogollito en el que se hicieron construir edificios modernistas las principales familias de la burguesía catalana a finales del XIX. El alquiler del nuevo macrolocal se cifra en los 120.000 euros mensuales y solo para la decoración, sin contar con el presupuesto para restauración, la interiorista Estrella Salietti ha contado con cuatro millones de euros.
Jaime de Marichalar en la fiesta Rabat. / WireImage
El catering de la fiesta, en forma de joyas comestibles, lo pone Nandu Jubany pero será otro chef, Sergi Arola, que también anda por la fiesta, quien se encargará de llevar el Café Rabat, el espacio que ocupa la llamada "casita del pintor" en el patio de la finca. La ocupaba el pintor Ramón Casas, protegido de la familia Codina. Varios actores, algunos vestidos de ladrones de joyas, interpretan espectáculos itinerantes creados por El Tricicle.
La invitada más esperada ha terminado su largo posado —aunque no tanto como el de García Albiol— y Encarna ha quedado bastante satisfecha. En el interior no están permitidas las cámaras. Cuando Isabel Preysler franquea la puerta lo hace rodeada por un corrillo de invitados que le sacan fotos con el teléfono y estiran el cuello, algunos con más discreción que otros, para poder verla. Dentro o fuera, a pie de calle o pisando moqueta, "la Preysler" sigue subyugando.

Una dinastía de joyeros

B.G.U.
Esteban y Jordi Rabat. / G.B.
Jordi Rabat recuerda perfectamente el día en que se torció el negocio de la joyería: el 15 de septiembre de 2008, "el día que quebró Lehman Brothers". Y al recordarlo, tanto él como su padre cabecean y se tapan la cara con las manos. ç"Fue de no poder dormir por las noches. Lo más complicado era ver cómo nos reubicábamos todos en la empresa para que no sobrase nadie. La cuestión era aguantar y vender lo que se pudiese", dicen. Siete años más tarde, el panorama es otro. La firma de joyería inauguró el jueves una tienda de seis pisos y unos 2.500 metros cuadrados en un edificio histórico del Paseo de Gracia barcelonés, la Casa Codina, pared con pared con la Pedrera de Gaudí. Aunque el local tiene una doble puerta por motivos de seguridad, la idea es que los transeúntes se acerquen a curiosear casi como lo harían en una cadena de ropa asequible. Por eso el pavimento de la entrada mantiene las clásicas baldosas del paseo, para crear sensación de continuidad, y la primera planta tiene forma de bulevar, con distintos espacios dedicados a algunas de las marcas que representan, como Omega, Audemars Piaget o Tag Heuer. A dos pasos de la Casa Codina, que ha recuperado muchas de sus hechuras modernistas incluido el suelo de mosaico (restaurado tesela a tesela), los techos y un fresco original de Ramón Casas, languidece todavía vacío el local en el que se ubicaba Vinçon, la tienda-emblema del diseño que cerró hace unos meses y levantó varios debates simultáneos en la ciudad. ¿Se han desenamorado los barceloneses de su calle mayor y se la han cedido entera a los turistas, tal y como dicen los Amat, los dueños de Vinçon? Los Rabat no están tan seguros. "Hace unos años sí era así, pero creo que están volviendo —aseguran— y somos unas cuantas marcas locales las que aguantamos, cosa que no es tan fácil sin inversión extranjera".
Antes de aquel 15 de septiembre, la venta a extranjeros de paso por Madrid, Barcelona o Valencia, las tres ciudades donde tienen tiendas, suponía tan sólo el 5 o el 7% de su facturación. Durante los años fatídicos, se disparó hasta el 65% y ahora está en torno al 50%, pero el origen de esos compradores también ha ido variando. Hasta hace cuatro años, los rusos compraban en masa y ahora en cambio son los chinos quienes compran joyas en España. Sus gustos también han variado. "Antes, los compradores chinos eran muy conservadores y buscaban sobre todo el oro amarillo, ahora se están modernizando y piden también oro rosa; el europeo busca quizá menor tamaño", resumen.El negocio de la joyería sirve tanto o mejor que otros para tomar el pulso al mercado y a las evoluciones sociológicas. En 1977, cuando Esteban Rabat y su esposa, Cuca Bergadá, fallecida en 2012, que no tenían ningún tipo de tradición familiar en el mundo de la joyería, fundaron un pequeño taller en Badalona dedicado a vender nudos marineros hechos en oro, los hábitos de compra eran bien distintos. "Se compraba el reloj de la comunión, el de la carrera, el de la boda y el de la jubilación", explica el fundador. Después llegó el reloj de fin de semana y el reloj porque sí, y lo mismo con las joyas. "Además, las mujeres empezaron a comprárselas para ellas mismas sin esperar a que se las regalasen", resume. La familia, que mantiene un perfil muy discreto, solo salta a los medios con las victorias del hijo pequeño, el campeón de motociclismo Toni Rabat. El jueves hicieron una excepción.
Vaya que a La Preysler la iban a dejar ya Porcelanosa y Suárez y justo llega Vargas LLosa y cambia Suárez por Rabat......Esta mujer calculadora y fria y dicen que muy buena amante, que es ahora con Vargas Llosa.

La ‘primera madre’ de Canadá......................................................... Marc Bassets

Años sin saber de esa mujer que se divorció del Primer ministro de Canadá para vivir una vida loca con todos los artistas de aquellos tiempos. Exagerada en escándalos, de juerga en juerga amante de los más transgesores en los años 70. Pero vuelve,,,,,la vida te da sorpresas.
 

Llevaba años lejos de los escándalos pero el triunfo político de su hijo, convertido en primer ministro, rescata la memoria de Margaret Trudeau y sus noches en Studio 54.

En ese estdio 54 fue muchos fines de semana La Preysler con la Bordiu, no eran nada recatadas y se supo aunque aqui poco se dijo.

 

Margaret Trudeau abraza a su hijo Justin Trudeau en una fiesta del partido liberal de Canadá.

El lunes por la noche, mientras el candidato liberal Justin Trudeau seguía el recuento que le daría la victoria en las elecciones canadienses, le acompañaban su esposa, Sophie y sus tres hijos, Xavier, Ella-Grace y Hadrien.
Los cuatro compartían sofá en el hotel Reine Elizabeth de Montreal.
 En otro sillón, un poco apartada, se sentaba la abuela: Margaret, la madre del nuevo primer ministro de Canadá.
Margaret Trudeau lleva años lejos de los focos
. En los años setenta, fue una figura de la jet-set, una asidua de los tabloides y las revistas del corazón, una mujer que rompió con la grisura de la vida política y social de Canadá.
Se la ha definido como una mezcla de Lady Di y Lindsay Lohan de su tiempo.
 Fue una musa rockera que vivió a fondo la máxima del sexo, drogas y rock’n’roll.
La madre de Justin Trudeau —el hombre de moda de la política internacional, un político joven que aporta aire fresco a Canadá tras una década de poder conservador— se describe como “una vieja hippy”.
 Fue más que eso. Hija de un ministro canadiense, en 1971, a los 22 años se casó con el primer ministro de entonces, el carismático Pierre Elliott Trudeau, que era 30 años mayor y dos años antes había llegado al poder con aires de estrella pop, en plena ola de trudeaumania.
El día de Navidad de 1971 nació Justin.
 Después tendrían dos hijos más, Sacha y Michel.
 El matrimonio se desintegró. Un día, en 1977, en plena separación de Pierre, Margaret acudió a un concierto de los Rolling Stones en el club El Mocambo de Toronto.
 Se dijo que tuvo un affaire con Mick Jagger. Resultó que fue con Ron Wood. Margaret se convirtió en una asidua del Studio 54 de Nueva York
. Mientras paseaba por el lado salvaje de la vida, su marido gobernaba Canadá y cuidaba de los hijos.
Margaret Trudeau bailando en Studio 54. / getty
Justin Trudeau tiene 43 años pero ya ha escrito sus memorias, Common ground (Terrain d’entente, en francés, la otra lengua oficial de Canadá:
 Terreno común o de entendimiento). Publicado en 2014, es el libro de un político en campaña, pero es valiente a la hora de hablar de su progenitora.
Justin cita, entre otra causas del divorcio de sus padres, la diferencia generacional: pese a su modernidad,
 Pierre Trudeau, un católico marcado por la educación jesuita, había nacido en 1919; Margaret era una flower child, una hija de la revolución de los sesenta.
El nuevo primer ministro aborda otra causa del divorcio y de los problemas de Margaret. "El elemento del problema del que se ha hablado poco, incluso después de que mi madre lo abordase abiertamente, es su lucha, durante toda su vida, con la bipolaridad", escribe
. Margaret sufría un desorden bipolar que hizo intolerable la experiencia de vivir bajo los focos. Consideraba que la residencia del 24 Sussex Drive era "la joya de la corona del sistema penitenciario federal"
. "La salud mental de mi madre se deterioró a medida que yo crecía", escribe Justin. "Y hubo momentos en que sentí que yo debía cuidar de ella más que lo contrario", añade. Recuerda una ocasión en que Margaret irrumpió en su escuela, mientras él estaba en clase de Gimnasia, y llorando le dijo: "¡Jimmy me ha abandonado!". Jimmy era un novio de Margaret.
"La consolé lo mejor que supe, la abracé y le di golpes en la espalda y le dije que todo estaba bien, que las cosas mejorarían. Yo tenía 11 años".
Las muertes, en 1998, de su hijo pequeño, Michel, en una avalancha mientras esquiaba en la provincia de la Columbia Británica, y de Pierre en 2000 agravaron el estado mental de Margaret.
 Un día su hijo Sacha la encontró desorientada en su casa.
 Fue ingresada en un hospital psiquiátrico. "Había tocado fondo. Ya no podía caer más bajo", escribió en el libro Changing My Mind (Cambiando de opinión, o cambiando mi mente). Margaret se recuperó y se dedicó al activismo y a la divulgación de las enfermedades mentales.
Aunque estos días se le compara con el padre, Justin admite que, en su carácter espontáneo y su capacidad de empatía emocional, conecta más con la madre.
 Margaret, mientras tanto, se prepara para volver —ahora, de visita— a pisar el 24 de Sussex Drive, donde vivirán su hijo y sus nietos, la prisión de la que hace cuatro décadas quería escapar. "No es mi turno", dijo a la radio pública CBC tras la elección de Justin.
"Es su turno y la maravilla y alegría de la vida es que tuve mi turno.
Fue un camino accidentado, maravilloso".

Mucho hablar de Kafka, pero muy pocos lo leen........................................................ Ramiro Villapadierna

Eduardo Mendoza recibió el jueves el premio que lleva el nombre del escritor más insigne de Praga y más falsificado, según Josef Cermák, experto en el autor de ‘La metamorfosis'.

 

Por cortesía de Jirí Slíva y de la Sociedad Kafka.

¿Qué queda por descubrir del Dr Kafka, Dr. Cermák?
“¿Y qué más le da?”, ironiza Josef Cermák, para muchos el mayor experto en el autor de La Metamorfosis, esa pequeña gran obra que cumple 100 años cuando el Premio Kafka recae, por primera, vez en un autor español: Eduardo Mendoza.
“Mire, han aparecido dos comandas, si le interesa”.
 Quien se chancea del arrobo por el mito, y atesoró amistades de guerra fría con Delibes, Barral y Matute, tuvo un día depositada en su habitación de estudiante “la correspondencia de Kafka”, ahora subastada por medio millón de euros.
El Dr. C. lleva una vida tras los talones del Dr. K. Y le cansa tanta interpretación. “Kafka es lo que cada uno busca que sea”. Ha devenido en un espejo universal en que mirarse: “Sartre y Camus lo hicieron existencialista”, Gustav Janouch o Michal Mareš, socialista, libertario; otros anarquista, rebelde, anti-sistema.
 Hasta el editor Wagenbach se tragó patrañas.

Un hombre enamoradizo

Cuando Cermák se enfrenta al que iba a compartir inopinadamente con el Che el póster pop del siglo XX, “Kafka era un desconocido”. “¿Se refiere al escritor americano?” respondía un librero en la ciudad vieja, a la caída del socialismo.
Con su sobrina Vera “trabajábamos en su casa sobre su propia mesa”. “Pude visitar sus archivos policiales y sindicales” sin que nadie reparase. Y resultó ser “un hombre formal”, sin esa rebeldía querida en Occidente. Atildado y espirituado, con ideas naturistas y clásica represión urbana: incomprendido por su padre pero abonado a la casa familiar.
Se enamoraba tanto como visitaba el burdel de La Gazela, tras del teatro Nostic, y solicitaba puntualmente su limpio expediente policial. Iba al café Louvre, pero en Praga no era nadie; apenas sólo una de sus novias, la periodista Milena Jesenská, y el editor católico de provincias Josef Florian, se interesaron.
Pocos se apercibieron de la aparición de La Metamorfosis en el mensual Weiße Blätter, hace justo cien años: “Los popes, Otakar Fischer y Vojtêch Jírat, lo ignoran”.
Pavel Eisner “sólo lo descubre cuando el auge pan-germanista lo mueve a traducir a la inversa”, del alemán al checo. El fascismo, que envía a su familia a Auschwitz, lo lanza: “Schocken, su editor en Berlín, huye” y primero lo da a conocer en Viena y luego desde Tel Aviv
. Después son los supervivientes judíos al alcanzar Francia y EE UU. Y aparece la primera pseudo-interpretación: Kafka habría previsto el Holocausto europeo. “Fue una revolución”.
Luego Sartre: “Me enerva cómo lo usa para sus tesis y pasa del resto”. Camus lo trae a su molino como “genio del absurdo”. Con los marxistas nace “el camarada K”, el anticapitalista; y así los anarquistas y los rebeldes urbanos. O Max Brod, el santificador.
Cermák desmonta las interpretaciones pero le indignan los “amigos de Kafka”, que con el apogeo recubrieron después lagunas, azuzando leyendas y lecturas. “Mareš es un golfo, lo hace para pagarse las cervezas” a costa de periodistas que peregrinan a Praga: a cada cuál le coloca una “anécdota”.
Peor sería Janouch, “pues él sí sabía escribir”: 25 años después “empieza a inventar sus Conversaciones con Kafka”. Cientos de charlas entrecomilladas, que pasan a ser canónicas y aun bendecidas por un iluminado Brod; hasta que llega el desenmascaramiento de Cermák.
Decían basarse en un “supuesto diario, que habría escrito con 17 años, habría perdido en la guerra y luego reencontrado”, claro, con el auge del escritor: “Nunca nos lo mostró”, dice Cermák. Había nacido el Kafka libertario
. El éxito mundial fue tal que “cometió el error de querer duplicarlo” con nuevos hallazgos.
Los falsificadores son una especialidad del Dr. C.: conocidos que parasitan a un grande y reaparecen como albaceas: “un clásico para intelectuales menores”.
 Adornan pruebas, pergeñan “documentos”, lo hicieron con sus prohombres las nuevas naciones en el XIX pues “las mistificaciones tienen cultivo en el clima espiritual de una época”.

Textos inacabados

Hartmut Binder, el gran interpretador y hermano académico, le dijo: “¿Pero por qué no contaste todo esto hace 30 años?”
 Y el escritor Svorecký le espetó: “Nos lo has estropeado”. Pero mire: “Hay tantos K. como Dios en la Biblia, uno para cada”. Lo permitiría el que “casi todos los textos de Kafka están inacabados” ¿Cómo termina América, qué es El Castillo, quién es Josef K? Mas buscándonos, “¿lo hemos hinchado demasiado?”.
Se trata de “un perfeccionista” y esa es su fuente de infelicidad: “Hay 800 comienzos sin continuar”. Kafka vive algo que reconoce al adjudicarle en palabras; pero luego, ya no lo reconoce: Ni se entiende, ni cree que lo entiendan:
“Ni mi amigo me comprende, pero es mi amigo”, dice de Brod. Sus ganas de quemar son consonantes, “pero conservó algo: La condena”. Muy autobiográfica, “pero no la mejor”.
Hoy miles peregrinan a “la ciudad de Kafka” y Cermák sonríe: Él no nombra nunca su ciudad, “Praga son dos cosas: un espacio amado y una opresión: su trabajo y su familia. Su ciudad de elección es Berlín”, donde vive su último amor con la periodista Dora Diamant.
“¿Pero quién ha leído a Kafka?” concluye, del llamado más influyente escritor del siglo XX: “De K. se habla mucho, pero nadie lo lee”. ¿No son eso son los mitos literarios?
“Pero siempre hay que partir del texto. Y volver al texto”. El resto es el lector.
Ramiro Villapadierna es director del Instituto Cervantes en Praga y lleva 25 años trabajando desde Europa Central.