Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

21 sept 2015

Retrato indirecto de Liz Taylor......................................................... Begoña Gómez Urzaiz

La fotógrafa Catherine Opie pasó seis meses en la casa de la actriz, justo en el momento de su muerte, y le dedica el libro ‘700 Nimes Road’.

 

Elizabeth Taylor
La actriz Elizabeth Taylor junto a Michael Todd asistiendo al Festival de cine de Cannes en 1957. / CORDON PRESS

"Tiara de diamantes Mike Todd". La etiqueta, escrita en un humilde rótulo tipo DYMO, como la que usaría cualquiera para poner “ropa de bebé” o “mantas invierno” y pegada en una gastada caja de joyería, lo dice todo.
 Dentro guardaba Elizabeth Taylor la espectacular diadema de diamantes y platino que le regaló su tercer marido en 1957 y que ella, encantada, se puso ese mismo año en Cannes y en los Oscar.
Ese es uno de los muchos detalles que se pueden apreciar si uno se detiene unos minutos en las imágenes que forman 700 Nimes Road (Prestel), el libro con el que la fotógrafa Catherine Opie ha querido hacer un retrato de la actriz a través de sus objetos.
La serie completa podrá verse a partir de enero en el MOCA, el museo de arte contemporáneo de Los Ángeles y en la galería Lehman Maupin de Nueva York.
Opie, cuyo anterior proyecto, Inauguration, consistió en fotografiar a un centenar de las personas que acudieron a Washington para asistir a la primera toma de posesión de Barack Obama, se inspiró en una famosa serie que William Eggleston hizo en Graceland, retratando las pertenencias de Elvis Presley seis años después de su muerte.
Y tuvo acceso a Taylor de manera un tanto fortuita, gracias a que ambas compartían el mismo contable.
Un gato olisquea zapatos de Chanel. / ©Catherine Opie (Courtesy of Regen Projects, Los Angeles and Lehmann Maupin, New York & Hong Kong)
Opie llegó al 700 de la calle Nimes, la (lujosa, pero no babilónica) casa de la actriz en el barrio de Bel Air cuando ésta aún vivía, pero no llegaron a cruzarse, porque Taylor ya pasaba la mayor parte del tiempo en su dormitorio.
Tres meses después, la llevaron al hospital en el que murió, pero la familia insistió en que la fotógrafa siguiese en la casa y completase el proyecto, para el que disparó más de 3.000 imágenes.
 “Al poco, empezaron a desmantelar la casa, así que todo el trabajo se tiñó de cierta melancolía.
 No era sólo el final de una vida, era el final de una vida icónica”, explica la fotógrafa por teléfono.
Había varias cosas que quería evitar.
 Una era plasmar la casa “como si fuese un reportaje de Architectural’s Digest” y otra dejarse deslumbrar por el lujo y prestar demasiada atención a las famosas joyas de la actriz (aun así reconoce que las esmeraldas impresionan en directo).
“Me gusta la idea de que sus objetos eran muy democráticos para ella, que ella los amaba a todos igual”, afirma.
De hecho, una de sus fotos preferidas es la que muestra el manual de instrucciones del mando de la tele, con las páginas gastadas por el uso.
Diamantes, perlas, piedras y cristales eran parte del mobiliario de Taylor. / ©Catherine Opie (Courtesy of Regen Projects, Los Angeles and Lehmann Maupin, New York & Hong Kong)
También le llamó la atención la cantidad de miniaturas que inundaban la casa, que nunca había sido fotografiada antes. Zapatitos. Muñequitos. Muestritas de perfume. Perritos malteses por todas partes. “Les concedí un valor metafórico –dice– Alguien que tuvo una vida tan grandiosa y que de alguna manera monta una producción cada vez que sale de casa, con seguridad y gente alrededor, debía sentirse así en su propia casa”.
Para alguien que construyó tantos hogares distintos, con todos sus maridos, y que viajó a tantos rodajes, sorprende la cantidad de objetos que la actriz llegó a reunir en su última casa
. Allí están las zapatillas de ballet que usaba de niña, que su madre conservó, sus Oscars, alineados sin mucha pompa, las tarjetas de cumpleaños de Andy Warhol y Bette Davis, los guantes de boxeo de Sugar Ray Robinson, el traje de chiffon amarillo que llevaba la primera vez que se casó con Richard Burton y los muchos, muchos trajes de Valentino, Fendi, Halston, Dior o Chanel que coleccionaba y que se subastaron en Christie’s en 2011, apenas meses después de su muerte.
Anillo de diamantes bautizado como Krupp. Richard Burton se lo regaló en 1969. / ©Catherine Opie (Courtesy of Regen Projects, Los Angeles and Lehmann Maupin, New York & Hong Kong)
Ingrid Sischy, la periodista recientemente fallecida, directora durante muchos años de la revista Interview y amiga de medio Hollywood –la mitad buena–, conocía bien tanto a Opie como a Taylor y se encarga de firmar uno de los textos del libro.
Allí destaca las diferencias entre ambas: “Para empezar, Taylor tuvo ocho maridos, si cuentas las dos bodas con Richard Burton, y Opie tiene una esposa .Taylor era una loca de la ropa, que amaba la moda, ya fuese alta costura creada especialmente para ella o un caftán comprado en cualquier lado. Opie no tiene ningún interés ni conocimiento de la moda y lleva cada día y cada noche el mismo uniforme de vaqueros
. Las diferencias son obvias pero son las afinidades las que hacen de estas fotos memorables. Tienen una honestidad y una claridad que es conmovedora y elocuente”.
 La propia fotógrafa también rememora en el libro como, a veces, ponía su zapatilla de deporte al lado de los mules de satén de Chanel de Taylor y “cabeceaba de incredulidad”.
 Pero, como señala Sischy, no enfoca todo ese glamour casi kitsch, esa feminidad exacerbada, como si fuera algo ridículo, ni tampoco grandioso, simplemente como las cosas de una señora mayor bastante interesante.

El reto de la detección precoz del alzhéimer.................................................................. Emilio de Benito

Los expertos esperan que los tratamientos actuales, poco eficaces cuando la enfermedad se ha desarrollado, aumenten su efecto si se proporcionan antes.

Con 1,2 millones de afectados en España (y más de 35 millones en el mundo), el alzhéimer es la primera dolencia neurodegenerativa del planeta, por delante del párkinson o las demencias.
 En total, la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que hay más de 35 millones de enfermos.
 Pero este tremendo impacto no ha conseguido, todavía, que haya ni tratamientos realmente eficaces, ni diagnósticos precoces ni, mucho menos, vacunas.
 Y esta carencia tiene un elemento clave: de momento, no hay forma de saber quién está en riesgo de desarrollar la enfermedad, como explicó la pasada semana en Madrid Miguel Medina, director adjunto del Centro de Investigación Biomédica en Red para las Enfermedades Neurodegenerativas (Ciberned).
 Y este aspecto sería muy importante porque los expertos esperan en que parte del fracaso de los tratamientos y otras aproximaciones se deba a que se usan demasiado tarde, con la enfermedad ya desarrollada.
Medina compareció para presentar el III Congreso Internacional de Investigación e Innovación en Enfermedades Neurodegenerativas que se va a celebrar en Málaga desde hoy, Día Mundial del Alzhéimer, al 23 de este mes.
Y, en él, la detección precoz va a ser uno de los aspectos clave
. Por primera vez ya hay unos análisis experimentales que pueden determinar la presencia de la enfermedad
. Son los que miden una cantidad anormal de proteínas tau y beta-amiloide, que son las que se acumulan en el cerebro y se supone que causan el daño cerebral.
Pero no son sencillos ni baratos, admitió Medina.
La muestra hay que obtenerla del líquido cefalorraquídeo, y para ello hace falta una punción lumbar.
El otro método en el que se trabaja es en el de la imagen cerebral.
 Su desarrollo está más retrasado, y la idea es detectar mediante resonancia o PET las variaciones en el cerebro que se relacionan con la enfermedad
. Por ejemplo, dijo Medina, una disminución del volumen de algún área
. Es en la línea en la que está trabajando el Proyecto Vallecas, que empezó en 2011 y va a estudiar el cerebro de 1.200 voluntarios para buscar alguna relación entre su morfología y la aparición de casos de demencia o deterioro cognitivo.

El objetivo de estos trabajos es adelantarse a la aparición de la enfermedad lo más posible.
 Lo ideal sería poder predecir el riesgo antes de que surja, pero, de momento, eso solo se puede hacer en los casos de alzhéimer hereditario, que representan el 1% del total.
 De hecho, ya hay un estudio en Yarumal (Colombia), donde una familia de más de 5.000 miembros presenta la mutación, y se está probando a tratarles antes de que lleguen los primeros síntomas, a ver si así se retrasa o frena.
Pero, quitando estos casos, no hay forma de predecir si una persona va a desarrollar alzhéimer o no. Hay condicionantes genéticos y ambientales, y factores que lo empeoran (hipertensión, diabetes, obesidad), pero no son en absoluto suficientes para explicar el proceso ni cómo detenerlo o evitarlo.
No hay forma de predecir si una persona va a desarrollar alzhéimer
Y si en tratamientos y prevención hay mucho por hacer, en vacunas está todo pendiente. hasta ahora, todos los prototipos han fallado, y ni siquiera está clara la causa.
La mayoría intenta reducir las placas de proteína amiloide en el cerebro, pero ninguna ha conseguido reducir el deterioro cognitivo.
"Unos opinan que se ha dado demasiado tarde, pero hay otros cuya hipótesis de fondo es que centrarse en lo que se llama la cascada de amiloide [el proceso de creación y acumulación de estas proteínas] como causa del alzhéimer no es correcta", opina Medina
. De hecho, en algún caso, aunque la vacuna haya fracasado sí se observó una reducción de estos conglomerados sin que desaparecieran los síntomas.
El congreso no es solo de alzhéimer, pero cada vez más se está viendo que hay relación entre las distintas demencias.
 Por ejemplo, el alzhéimer se debe a la acumulación de dos proteínas, la amiloide y la tau; el párkinson, a las alfa-sinucleínas, y la corea de Huntington, se relaciona con la huntingtina (y se va a presentar en el congreso que también hay proteína tau implicada)
. De ahí la charla que David Rubinztein va a presentar en Málaga acerca del papel de la autofagia (el proceso de autodigestión de las proteína sobrantes) como una diana a activar para combatir estas enfermedades
. Las cuales, por cierto, comparten otros aspectos, como los procesos inflamatorios, que lleva cada vez más a pensar en que si bien clínicamente son muy diferentes, tienen una amplia base común.

 

Cary Grant, un seductor en imágenes



Cary Grant retratado en 1943. 


El actor británico, Cary Grant, fotografiado en una calle de California en 1957. 



Grant fotografiado en 1933

.


En 1938, a la vuelta de unas vacaciones por Europa, Cary Grant fotografía la costa de Nueva York. 




Grant en una imagen de 1940. 




Cary Grant en una escena de la película 'La fiera de mi niña' en 1938.

Así amaba Nietzsche a las mujeres..................................................................Manuel Vicent

Los rechazos amorosos le despertaban una descarga agresiva contra el género femenino.

 

El filósofo Friedrich Nietzsche. / cordon press
Nietzsche fue un tipo enamoradizo que ejerció a lo largo de su vida una misoginia muy singular.
 “El hombre ama dos cosas: el peligro y el juego.
 Por eso ama a la mujer, el más peligroso de los juegos”
. Este aforismo lo sacó de sus entrañas y lo puso en boca de Zaratustra después de conocer en Roma a Lou Andreas-Salomé y haber recibido de ella la suficiente cosecha de calabazas.
 Zaratustra fue el profeta que lanzó la proclama del superhombre, un ejemplar humano que, según la teoría de Nietzsche, debería ser profundamente culto, bello, fuerte, independiente, poderoso, libre, tolerante, a semejanza de un dios epicúreo, capaz de aceptar el universo y la vida como es.
Pues bien, este modelo de superhombre aplicado por Nietzsche a sí mismo, en la vida real babeaba ante cualquier mujer atractiva que se pusiera a su alcance y si era rubia y rica la pedía en matrimonio de forma compulsiva, casi como un reflejo condicionado.
El consiguiente rechazo le despertaba una descarga agresiva contra todo el género femenino.
“Hasta aquí hemos sido muy corteses con las mujeres.
Pero habrá un dia que para hablar con una mujer habrá que pegarle antes en la boca, que bien no? anuncio de una violencia de género en hombres muy valorados, si lees esto o Zaratrusta ya no te quedarán ganas de seguir leyendo a  Nietzsche
Y una vez vomitada la invectiva literaria, el superhombre quedaba tranquilo.
Su padre fue pastor protestante, de quien recibió una educación muy religiosa y que al morir tempranamente de enfermedad mental dejó a su hijo Friedrich, de cuatro años, tal vez inoculado con el germen de la locura.
 Durante la infancia y adolescencia del filósofo en Röcken (la actual Alemania), su lugar de nacimiento, estuvo rodeado de un férreo círculo femenino compuesto por la madre Franziska, la hermana Elizabeth, la tía Rosalie y la abuela Erdmunde
. Fue un paisaje familiar agobiante, que le dejó unas secuelas de las que no se recuperaría nunca. Además de Lou Andreas-Salomé, una galería de mujeres pasó por su vida, unas como amor platónico, otras a través de una relación epistolar erótica, otras bajo la especie de amor maternal, otras como amor imposible y cada una de ellas formaba una ola sucesiva de un solo tormento
. A todas adoraba en la práctica, a todas zahería literariamente y pese a su misoginia, lejos de aborrecerle, ellas se sentían atraídas por su talento y su bondad enloquecida, pero al final siempre terminaban por pararle los pies.
Tampoco él estaba muy seguro de su virilidad.
Por ejemplo, cuando una de sus amigas, Rosalie Nielsen, lo citó en la habitación de un hotel y comenzó a insinuarse Nietzsche tuvo que huir saltando por una ventana.
Nietzsche estudió Teología en el internado de Schulpforta e imbuido de religión se adentró después en la filología griega en las Universidades de Bonn y de Leipzig
. Su cerebro no encontró la forma de asimilar la mezcla explosiva de cristianismo y belleza socrática. Deslumbrado por los mármoles de una Grecia imaginada, se convirtió al paganismo, que le obligó a gritar a los cielos el aforismo famoso: “¡Dios ha muerto!”.
Convencido de que el Crucificado era el adalid de una religión de esclavos, se abrazó a Apolo, el dios de la línea pura, y a Dionisios, el sátiro de la pasión y la orgía, corrientes contrarias que comenzaron a luchar en el interior de su espíritu.
 A la hora de enfrentarse a una mujer, también se debatía entre el ideal de belleza y la convulsión entusiasta.
 En este caso siempre ganaba Dionisios, el dios del caramillo y las patas de cabra.
El filósofo se enamoró de Lou Andreas-Salomé, que solo le aceptó como amigo
Seriamente enfermo de sífilis, en 1882 Nietzsche abandonó la Universidad de Basilea y repartió su vida errante entre la nieve suiza y el sol de Italia.
 Fue en Roma, en la mansión de Malwyda van Meysenburg, una famosa feminista alemana, que había abierto un salón literario, donde conoció a Lou Andreas-Salomé.
Esta rusa de 18 años era una joven que después de una adolescencia mística se había propuesto ejercer la libertad a toda costa como una forma de salvación personal más allá de la práctica del feminismo militante.
 El choque entre esta mujer libre y el misógino recalcitrante fue el esperado. Nietzsche se rindió ante su talento y le pidió matrimonio a primera vista con una declaración cursi y telúrica: “¿De qué astros del universo hemos caído los dos para encontrarnos aquí uno con el otro?”
Esta descarga poética solo provocó una sonrisa en aquella mujer extraordinaria, que en ese momento estaba enamorada de Paul Rée, discípulo del filósofo.
Como forma de consolación, Nietzsche propuso vivir con ellos un triángulo estético con un amor traspasado de idealismo pagano en la soleada Capri, con viajes a Niza y Venecia.
Tampoco cuajó la idea. Lou Andreas-Salomé fue una coleccionista de amantes famosos, hipotéticos, extraños, entre ellos Rilke y Sigmund Freud.
 Huidiza e imposible, en esta escalada Nietzsche fue para ella el primer peldaño.
Por otra parte, el paganismo estético de Nietzsche le costó la amistad de Richard Wagner, que recorría el camino contrario
. Desde los dioses nórdicos regresaba al cristianismo llevándose con él a su mujer Cósima, otro de los amores imposibles de Nietzsche.
 Enamorarse de la mujer del amigo era ese juego peligroso que al parecer más le excitaba. El desaire le arrancaba de las entrañas un aforismo cruel.
En la puerta del retrete de un bar de carretera, alguien había escrito:
“Dios ha muerto. Firmado: Nietzsche”. Debajo de este aforismo otro usuario había añadido: “Nietzsche ha muerto. Firmado: Dios”. Ante este par de sentencias inexorables Woody Allen comentó
: “Dios ha muerto, Nietzsche ha muerto y yo no me encuentro muy bien de salud”. Es una bonita forma de bajarle los humos al superhombre.
Siempre o casi, se deja ver entre estos excéntricos y muy inteligentes en sus obras que les sobra el odio hacía las mujeres que tb son inteligentes a la par que atractivas pero que no pueden o no saben relacionarse ni amorosamente y menos sexualmente. Pueden hablar largo y tendido como hizo  Nietzsche Con Lou Andrea Salomé, mientras iba a Próstibulos o contrataba los servicios de alguna de ellas que sabían muy bien su punto débil.
Salomé era una mujer inteligente y fria y no se rendia ante sabios reprimidos sexualmente.
 Se codeó con los que rompian barreras condicionales como Freud pero no quería servirles sexualmente a esos calenturientos genios, pasan a la Historia como lo que fueron unos hombres genios, esa idea de ser el Superhombre utilizado mas tarde por los Nazis y aplicarlo a la idea que fisicamente eran todo lo contrario a como los definió  Nietzsche.. Porque ese superhombre y ninguno de elos fue Guapo ni atractivo y Lou Andrea Salomé si que lo fue y además transgesora e Inteligente.