Le están haciendo las fotos ahora mismo
. Sí, está quedando estupendo. Si es que este chico vale
pa' tó.
"¿Que quieren que vaya a plató qué día? Vale, lo miro y luego lo
vemos".
Al habla la acompañante de Christopher Mateo; al otro lado del
teléfono, su madre, María Luisa, convertida ya en estrella catódica por
derecho propio.
El millonetis franco-marbellí de 19 años es el ganador
de la última edición de
Supervivientes (200.000 euros)
. En todos los sentidos: pasó de hacer un cameo en otro
reality show,
¿Quién quiere casarse con mi hijo? (
QQCCMH),
a eclipsar a su hermano, Rafa, el que se presentó a buscar novia; se ha
hecho más famoso que él; tumbó también a otras caras mucho más
populares que él en la isla y se ligó (o algo parecido) a Chabelita
. Es
el paradigma de la
generación reality: gente que ha crecido viendo eso y ve en ello una fórmula para alcanzar fama, éxito, con suerte algo de dinero...
El
reality que le ha visto triunfar ha puesto en marcha
desde ya su convocatoria para el año que viene con otro invento,
Pasaporte a la isla, cuyo premio es exactamente eso
. Esto cada vez va
más rápido.
Y sigue sumando audiencias. Ha dejado de ser un placer
culpable para que hasta el moderno de turno lo comente en las redes, en
el curro, en los bares (con o sin ironía).
Los shares dan la razón
.
Particularmente a
Gran Hermano (GH), que acaba de comenzar su 16ª edición.
Y para enero tendremos nuevo
GH VIP, remedo actualizado del mítico
Hotel Glam, solo que con celebrities amasadas en la factoría Mediaset.
En el año 2000, Mercedes Milá se asomó a la parrilla televisiva
anunciando este novedoso experimento sociológico que resultó tener poco o
nada de una cosa y la otra, pero mucho de nuevos códigos del
entretenimiento. Jaime Guerra, productor ejecutivo de Zeppelin, recuerda
así aquellos comienzos:
“
GH se había estrenado en Holanda en
una televisión pequeñita; tenía buenos resultados por el boca a boca
.
Con su llegada, en Zeppelin conseguimos algo más allá de un nuevo
formato: un nuevo género, la telerrealidad.
Un cambio tan grande en el
lenguaje televisivo, que tardará mucho en volver a darse otro
. La
generación que hoy se presenta a los castings de
GH tenían cinco años en aquellos comienzos”.
Es el caso de Ylena Padilla (conocida como Ylenia, a secas), de 27
años, entregada estos días a su insólita faceta –incluso para ella- de
cantante rompelistas.
Su único tema,
Pégate, lleva ocho
millones de visitas en YouTube y la ha llevado desde los escenarios del
Orgullo gay a festivales veraniegos de música calentita
. ¿Cómo explicar a
alguien recién aterrizado en España por qué se ha hecho tan popular?
Su
trayectoria profesional se resumiría así: con 24 se dio a conocer en
Gandía Shore, un
reality sucursal de otro norteamericano,
Jersey Shore, en el que unos ninis veranean juntos ante las cámaras de televisión.
Acudió a la llamada de
GH VIP,
robó el plano a todos menos a Belén Esteban (la gran redimida gracias
al programa y hoy su nueva íntima, que la invita incluso al cumpleaños
de Andreíta) y desató su potencial máximo como personajón televisivo.
El éxito de Ylenia radica en su incontrolable personalidad y su
chonismo; en mantenerse fiel a su tinte y a sus ideas y en que el pueblo
la percibe como "auténtica" (vocablo que, por el contrario, produce
alergia en los departamentos de casting: cuando alguien se define como
"auténtico" o "amigo de mis amigos" pierde todo el interés).
Su “hasta
nunqui” ha calado tanto que debería ser aceptado por la RAE.
Ylenia
nunca se desmaquilla (nosotros la convocamos para que posara “natural y
despeinada” y casi nos cuesta a todos un trauma), responde rauda e
ingeniosa, ataca cuando le tocan sus inseguridades... es de verdad, es
carne de reality
. “Ahora ya no tanto, pero antes… Antes los veía todos.
Siempre he sido muy de
realities; el que más,
Gran Hermano.
Ni de coña me imaginaba que acabaría ahí”.
En apenas unas semanas, comenzará su andadura en otro programa de
tele junto a otro personaje adicto a la fama catódica: Carmen Lomana.
Admite que “con esto de los realities no te forras” pero que “participar
en uno es toda una aventura”. También dice que si se pega la torta
siempre le quedará la inmobiliaria de su padre, en Benidorm, de donde
salió.
Por el camino, cuenta, se dedica a hacer bolos en discotecas, un
recurrente sustento entre participantes de programas tipo
Mujeres y hombres y viceversa (
MYHYV)
y personajes que salen al mercado laboral cuando abandonan la
experiencia televisiva.
Generalmente son captados por agencias que los
mueven casi "al peso" por discotecas de toda la geografía española.
Los
bolos en sí consisten en hacerse fotos con la
peñita y alguna
vez twittearlo o instagramearlo.
El líder absoluto en esto es Kiko
Rivera que, además de ser participante de reality, pertenece a una
famosa saga y ejerce de dj; labores para las que a simple vista (y solo a
simple vista, seguro que luego es harto complicado) no hace falta gran
cualificación profesional
. Le preguntamos a Ylenia, que este verano se
ha hinchado a hacerlos. “¿Qué en qué consiste eso de hacer bolos? Pues
en plantarte allí y hacerte fotos con todo el mundo.
Sí, la gente es muy
fuerte, hacen cola por hacerse una foto contigo”.
Es una de las consecuencias de esa fama tan bestia e inmediata que da
copar horas y horas de tele. Que se lo digan a Christopher Mateo, “el
artista de la familia”, como se le presentó en
QQCCMH.
Al
preguntarle qué supone participar en un reality, responde: “Pues depende
cómo lo quiera enfocar cada persona. A mí, aparte de ser un gran reto,
me ha sido para darme a conocer, ya que tenían una imagen equivocada de
mí, y también para promocionarme como el artista que soy”. Así ve él su
futuro: “
Estoy lanzando mis propios temas de música electrónica. ¡Voy a
seguir luchando por ser un artistazo! En unos años me veo haciendo mis
propios conciertos y teniendo algún papel importante en alguna
película”.
Aparte de estudiar interpretación, quiere probar como DJ,
cantante y modelo.
Está claro que tendrá que elegir. La telerrealidad no
da para todo.
"Siempre he sido muy de realities; el que más, 'Gran Hermano'. Ni de coña me imaginaba que acabaría ahí"
Ylenia
Jorge Javier Vázquez, conductor de
Supervivientes, nos dice admirar el paso del proyecto de artista por la isla. “Fuera del programa me gusta menos.
Dentro me parecía más
naif.
Siempre me ha chocado su discurso de ‘aquí me olvido de que soy un niño
rico’.
La que me encanta es la madre”. El joven ganador vive una
paradoja.
Al mismo tiempo que se queja -“lo peor de participar en un
reality es exponerte al público y oír muchas críticas, aunque no sean
ciertas”- ha paseado de plató en plató junto a su familia, convertida en
la comidilla catódica del largo y cálido verano
. No parece muy
coherente, pero ¿quién busca coherencia en este alocado mundo? Su
“relación” con Chabelita, hoy elevada a diva choni de la prensa rosa, de
alimenta de la misma dualidad.
Pregunto a Josep Tomás, director de
Supervivientes y de
Pasaporte a la isla.
“
Ni se nos pasaba por la cabeza que pudiera surgir algo entre ambos, ni
hicimos nada por favorecer este romance. En cualquier caso, está claro
que las adversidades del Caribe unen mucho. ¿Hasta qué punto estaban
jugando con la audiencia para permanecer dentro del concurso? No lo sé.
Pero si era un juego, es posible que se les haya ido de las manos. Esas
cosas pasan”.
Jorge Javier Vázquez, curtido en tele como pocos, sigue admirándose
por las cotas que va alcanzando la telerrealidad. “Con los realities me
sucede algo maravilloso.
Hay cosas con las que me pregunto:
¿Es verdad? Y
te juro que no lo sé. Soy muy fan de
QQCCMH y lo que pasa ahí
es inaudito.
Me parece increíble tener todavía esta capacidad de
sorpresa.
En general, lo que gusta es que los participantes sean
desinhibidos y participen. Esto no significa necesariamente que
discutan, tienen que ir a vivirlo
. Pero ser un mueble no funciona”.
Por eso la selección de los participantes es esencial. Cada
productora cuenta con un departamento de casting cada vez más numeroso y
especializado.
Por un lado, las agencias y los representantes ofertan a
sus personajes y por otro, se hace la llamada “búsqueda directa”, labor
de intrépidos redactores (con abrumadora mayoría femenina) que se abren
perfiles en redes sociales -incluso en Tinder o Badoo-, que visitan
discotecas ibicencas o se patean polígonos de mala muerte.
Encontrar el
personaje perfecto es un trabajo altamente tecnificado. A Corina, de
Un príncipe para Corina
la encontraron José Romo y Marta V. Machuca en una discoteca del paseo
marítimo de Marbella.
Al verla -su porte, su mirada, su estilo-,
supieron que era lo que buscaban: una princesa que protagonizara un
reality piramidal.
No se equivocaron. Corina Randazzo hizo un papel
bastante destacable también en
Mira quién baila. Otra multi-reality para la saca de esta peculiar industria.
Vanesa Ferreiro ha coordinado varios castings de Eyeworks-Cuatro Cabezas, productora que ha definido todo un estilo en los
reality dating, el de la ultraedición de corte más humorístico (
QQCCMH;
Adán y Eva,
que tras convertirse en el estreno más visto de la historia de Cuatro
acaba de regresar con una segunda temporada). Ferreiro defiende
rotundamente que el mejor casting es el que no se hace: “No se trata de
buscar, sino de encontrar
. Buscamos unos perfiles determinados y
encontramos siempre algo mejor.
Buscamos una tarotista, y encontramos
una que además cree en las hadas, hace retiros espirituales y es súper
protectora con su hijo. Nosotros contamos historias y lo hacemos a
través de los personajes. Buscamos gente con un mundo interior propio,
hay muchas culturas, muchas curiosidades que pueden ser contadas”.
¿Por ejemplo? “Piensa que buscamos por todas partes, redes sociales,
playas, repartimos flyers, y hasta ponemos anuncios en prensa.
Encontramos gente increíble.
A lo mejor veo en las noticias que un chino
monta una bodega en La Rioja.
¿Qué está pasando ahí? ¿Por qué no monta
un bazar? Pues busco a ese chino y me intereso por su realidad, y
siempre es interesante lo que encuentras.
También hay mucha gente que
miente, y por supuesto les pillam
os porque hacemos una auténtica labor
de investigación del entorno, el pasado, la familia… todo. Cuando fuimos
a conocer a Rafa Mateo y a su madre María Luisa, nos recibieron con
champán y foie, como si fuéramos una gran productora de cine, ¡y solo
éramos dos guionistas con una minidv! ¿Sabes? No hay mejor guión que la
realidad”.
Yo misma, la firmante de este reportaje, he participado reclutando a gente. Cuando citábamos a alguien que buscaba el amor para
QQCCMH, si el perfil parecía que podría valer para
Adán y Eva,
se le decía “te podrías desnudar, ¿por favor?”.
Y, por supuesto, había
gente que se quitaba la ropa y continuaba hablando de sus aspiraciones
sentimentales en pelotas y con toda tranquilidad.
Llega un momento en el
que trabajar en televisión supone que todo parezca absolutamente
normal. Y de hecho, lo es.
Pero para “fabricar” un personaje hace falta mucho más
. No basta ser
desinhibido, original o ser popular.
Mario Vaquerizo es el ejemplo
perfecto de sintonía con la cámara.
Ha pasado de consorte de Alaska a
pivotar a la diva de la movida a una nueva dimensión (televisada) para
el público joven.
La pareja ha grabado este verano la cuarta temporada
de
Alaska y Mario, que se emite en MTV a partir del 6 de
septiembre.
Vaquerizo me aclara: “Para mí participar en un reality es un
hobby.
Y sobre todo porque vengo de una cultura muy norteamericana
donde muchos famosos lo hacen y no porque estén acabados ni su
popularidad esté mermada, ni nada de eso… Cuando decidimos hacerlo, las
primeras reacciones fueron: ya no saben qué hacer, están acabados; para
nada, señora, lo hacemos porque nos divierte y estamos encantados de
cómo es nuestra vida.
Como siempre he proclamado: no eres nadie si no
tienes un reality propio. Pasado el tiempo he llegado a la conclusión de
que la clave de nuestro éxito es que todo es verdad. El público no es
tonto”.
Alaska y Mario supieron capitalizar aquí lo que Paris Hilton,
primero, y los Osbournes, después, instauraron en EE UU: mostrar tu vida
tal cual (con los necesarios toques de guion para convertirla en algo
televisable)
. La cantante lo justifica con su habitual lógica racional:
“Cuando estás orgulloso de lo que eres, de tus amigos, de los lugares
que te gustan, no solo no te importa mostrarlo sino que disfrutas
haciéndolo.
A ver, a estas alturas salir en un reality no es diferente a
tener redes sociales más que por la dimensión que le da la televisión.
Es una red social amplificada, pero mi intimidad no es más vulnerable
que el que publica en Instagram las fotos de todo lo que hace o cuenta
en Facebook los pormenores de su vida”.
"Cuando estás orgulloso de lo que eres, no solo no te importa mostrarlo sino que disfrutas haciéndolo"
Alaska
Jaime Guerra, productor ejecutivo de Zeppelin, apunta la importancia
de Twitter o Facebook en el inagotable auge de los realities:
“Las redes
sociales han democratizado más todavía la telerrealidad. Todos opinan y
participan de forma directa e indirecta.
Tienen mucho recorrido, entre
otras cosas porque tienen un público interesante, lo que llamamos un
buen target comercial: gente joven, consumidora, activa…”. Entren
cualquier día en su cuenta de Twitter a la hora del reality de máxima
audiencia y comprueben el aluvión de
hashtags, mucho de ellos
alentados por gente sospechosamente entregada que cuenta con muchos
followers pero no ejerce el puesto de community manager oficial. ¿Una
leyenda urbana más?
A la búsqueda de liquidez económica se una la de la fama, ese
caramelo adictivo que, una vez se prueba, engancha.
Lo he visto
demasiadas veces.
Hasta el participante más humilde se viene arriba
durante la emisión del programa.
La gente le reconoce por la calle, se
hacen fotos con él, le llaman para eventos y se convierte en una pequeña
celebridad local.
Pero la rutilante carrera suele terminar cuando su
presencia desaparece de la pequeña pantalla. De golpe.
Y, en ocasiones,
desemboca en cosas más turbias y decadentes que el olvido.
En los
mentideros televisivos se dice que participantes de
Popstars,
Supermodelo,
QQCCMH o
GH han terminado en la prostitución o el cine para adultos, extremo que solo en algún caso he podido corroborar.
Así, cuando un segundo reality llama a la puerta, es difícil
resistirse.
Carlos Maldonado ha entrado por una puerta más amable, la de
MasterChef. Un talent show donde se privilegian las
habilidades culinarias por encima de la convivencia a la que se somete a
los concursantes (que queda fuera de emisión).
El ganador de la última
edición reconoce que “por ahora” no acudiría a la llamada de un programa
de otro reality: “Soy cocinero. No
showman.
Tengo claro que me
quiero dedicar a algo que esté relacionado con la cocina.
Pero es
impresionante ver lo que hay detrás de las cámaras: ¡más de 200 personas
moviendo el cotarro para que tú seas protagonista!”.
A sus 24 años,
recién salido de Talavera, este ex vendedor ambulante nos cuenta que su
gran inversión con el premio de
MasterChef será “un
food truck
propio con el que difundir mi tipo de cocina por los pueblos de España.
Sencilla, pero con rollo
. O, directamente, hamburguesas gourmet, que le
gustan a todo el mundo”. Es decir, hermanar sus raíces con sus recién
descubiertas dotes de cocinillas deluxe.
La dinámica que apunta Maldonado es igual en cada uno de estos
programas: para hacer que funcionen hay muchos técnicos, muchas
reuniones, muchos turnos de trabajo y una asombrosa coordinación.
En el
caso de
Supervivientes, montar el programa supone dos equipos
(España y Honduras) con trabajadores de todas las nacionalidades y un
dispositivo organizado casi de forma militar para retransmitir la
supervivencia de un puñado de personajes que no pueden ni conocer el
nombre de quien les está grabando para mantener la sensación de
aislamiento.
Por la noche, se queda un solo operador de cámara, “de
guardia”
. Es el único momento con ciertos “puntos ciegos”; y es difícil
controlar filtraciones de información, interacción con el mundo exterior
o que los participantes busquen alimentarse rompiendo las reglas. El
redactor Carlos Otero y Paul Pen desgranan en un blog de Telecinco el
día a día de los trabajadores del programa, algo así como un
reality
paralelo:
“El equipo forma una especie de micro-cosmos social en
Honduras durante tres meses. Es el trabajo más duro -física y
mentalmente- que he hecho nunca, y a la vez el más sencillo para
despertar envidias insanas entre tus amigos subiendo fotos al Facebook”.
Resulta complicado que alguien de quienes trabajan detrás de la
cámara revele información sobre las dinámicas paralelas del programa, o
sobre cómo se tensan los hilos para provocar situaciones entre los
concursantes.
O, incluso, cómo se puede favorecer de alguna forma la
imagen de alguno de los concursantes a ojos del público (el famoso “es
que no habéis puesto la escena en la que hice o dije tal” con el que se
quejan algunos expulsados, indignados con el edit de su participación).
Revelar estos trucos sería como descorrer las cortinas del mago de Oz,
solo que en lugar de un globo de vuelta a Kansas lo que te puede valer
es el destierro de este mundo de magia e ilusión.
Josep Tomás, director de
Supervivientes, se lo toma con
sentido del humor
: “A ver, ¿cosas que no se sepan? Considero que si no
se saben por algo será y mejor que siga así, ¿no? Jajaja.
Aunque parezca
lo contrario, un reality suele tener menos misterios de lo que se
piensa. Hay mucha leyenda urbana.
En cualquier caso, muchas cosas no se
explican porque tienen que ver con la logística, la seguridad o la
propia producción, Vamos, que no se oculta ninguna gran verdad, podéis
estar tranquilos”. Aun así, accede a contarnos algunas rarezas que a él
le han sucedido en pleno rodaje. “Reconozco que el momento en que
apareció la Guardia Civil en la casona asturiana donde hacíamos
Acorralados
para pedir a El Dioni que les acompañara al cuartelillo fue bastante
surrealista...
Fue requerido por un simple papeleo y todo quedó en nada,
pero fue un momentazo.
Por lo demás, cualquier reality nuestro está
plagado de momentos muy curiosos y surrealistas por la propia variedad
de personajes en el casting.
En esta última edición, poder asistir a una
conversación sobre el auge de Podemos entre una señora de Serrano como
Carmen Lomana, un actor de cine para adultos como Nacho Vidal y la hija
de Isabel Pantoja, fue impagable”.
Cada producción suele contar con los servicios de un equipo entero de
psicólogos.
Estos validan los castings, están al tanto de posibles
patologías y, si es necesario, ejercen cierta terapia. Nacho Vidal en
este último
Supervivientes se alteró tras unos días de
convivencia pacífica y normal; y la escritora Lucía Etxebarria tuvo un
brote bastante desagradable en el modesto
Campamento de Verano
que la llevó a encerrarse en la cabaña del baño, convencida de ser la
diana de una conspiración judeomasónica para acabar con ella.
“La esencia de un
reality es su
casting”, insiste
Josep Tomás
. “Y tenemos más que comprobado que algunos personajes
surgidos de la nada o que no suponen un drama presupuestario para la
producción acaban siendo un auténtico descubrimiento mediático que se
echa a la espalda el
reality y tira del producto con fuerza.
Y
otras veces concursantes a los que a priori no presagias una
participación muy larga, sobre todo en un
reality duro de
supervivencia, sorprende a propios y extraños, como Sonia Monroy, que
hizo una exhibición de fuerza física y mental que nos dejó anonadados en
la edición de 2011”.
Y es que no todo el mundo es lo que aparenta… antes, durante o después de entrar entrar en un
reality.
La telerrealidad es un espejo cóncavo que nos devuelve la realidad que conoceos en forma de esperpento. En general, los
realities
despiertan suspicacias y descrédito, pero yo me he hartado de defender
que todo lo que ocurre es absoluta y totalmente verdad, y que creamos
formatos, adaptamos guiones y editamos sobre una realidad, que siempre
resulta más alucinante que cualquier ficción
. La gente está tan
acostumbrada a la manipulación que dan por hecho que todo es mentira.
Aquí solo se ofrece una versión distorsionada, una amplificación
ficcionada del mundo. Somos Ylenia enrabietada, somos Alaska camino a
una premiere, somos Christopher pescando con un cuchillo, somos Carlos
Maldonado improvisando un pan negro con tinta de calamar… Son tan reales
como todos nosotros.
Y a veces más.