Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

25 jul 2015

Género negro.....................................................Antonio Muñoz Molina

Hace muchos años que no vuelvo a aquellas novelas.

 El género policial, que me importó tanto en los primeros tiempos de mi vocación, se me ha vuelto lejano.

 

Humphrey Bogart en una escena de la película El halcón maltés (1941), basada en la novela de Dahsiell Hammett.

Una de las novedades de la cultura democrática que surgía en España desde mediados de los años setenta fue la relevancia de la literatura policial.
Del espacio subordinado del género ascendió a una consideración idéntica o incluso superior a las formas más respetadas de la escritura narrativa.
No sé ahora, pero entonces eso era una singularidad que no se repetía en otros países
. En Europa, en Estados Unidos, con culturas literarias más asentadas que la nuestra, las fronteras de los géneros estaban muy marcadas.
 En una librería de París uno buscaba alfabéticamente a Georges Simenon más o menos entre Jorge Semprún y Claude Simon y no lo encontraba: el sitio de Simenon estaba en las estanterías dedicadas al género policial, no a la gran literatura, del mismo modo que en EE UU Raymond Chandler, Dashiell Hammett, Patricia High­smith, para nosotros maestros insuperables, estaban y están relegados a la sección Murder & Crime, situada a una conveniente distancia física y cultural de la otra, Fiction & Literature.
En España casi todas las novelas de Chandler las publicaba Barral Editores en bolsillo, con las portadas negras y el lomo negro de las hojas, en imitación de la Serie Noire francesa, en la misma colección en la que aparecían grandes novelas literarias, libros de historia o de marxismo.
 Y a Dashiell Hammett muchos lo descubrimos en una colección igual de respetable, igual de decisiva en la formación de la cultura literaria del antifranquismo y la primera democracia, el Libro de Bolsillo, de Alianza, donde se notó siempre la influencia ilustrada de Javier Pradera.
 En Alianza se publicaban además, traídas desde la Emecé de Buenos Aires, las Selecciones del Séptimo Círculo, que habían dirigido durante años Borges y Bioy Casares.
 Esta era una colección de inclinaciones más británicas que americanas, con enigmas muchas veces tan cerebrales y geométricos como problemas de ajedrez.
 Pero en ella leí por primera vez La dama del lago, de Chandler, y algunos de los thrillers desquiciados y más bien paródicos de James Hadley Chase.
Unas pocas novelas de Cornell Woolrich son magníficas, y otras están demasiado hechas de estereotipos
Uno de los grandes descubrimientos de entonces, en Alianza, fue El cartero siempre llama dos veces, de James Cain.
 Cain escribía con la limpia velocidad de Hammett, pero agregaba a sus historias un elemento de fatalidad trágica y fiebre sexual que las hacía aún más atractivas, aun cuando repitiera tantas veces el mismo esquema narrativo.
Años después que a Cain descubrí a otro novelista que aprendió sin duda mucho de él, y que a mí acabó gustándome más, Cornell Woolrich, que firmaba a veces como William Irish.
Unas pocas novelas de Woolrich son magníficas, y otras están demasiado hechas de estereotipos y de una prosa atropellada y barata.
Pero sus cuentos, los mejores, que son muy numerosos, estallan como disparos, como descargas eléctricas, como poemas de perdición y soledad ambientados siempre en la Nueva York sórdida de la Gran Depresión, en cafeterías y cines abiertos toda la noche, en hoteles para desahuciados y borrachos
. Los cuentos de Woolrich/Irish los publicó también Alianza, en volúmenes delgados que permitían deslizarlos como revólveres en el bolsillo de un chaquetón, con portadas de Daniel Gil, todas y cada una de ellas memorables.
La fiebre policial alcanzó su temperatura más alta cuando irrumpieron las colecciones de Libro Amigo de Bruguera, las más baratas y descuidadas, impresas de cualquier manera, en hojas que se volvían rápidamente amarillas, en libros que se descuadernaban según iba uno leyéndolos.
 La deuda que los lectores de mi generación y de alguna más tenemos con Bruguera no podríamos pagarla nunca: empezamos a leer con los tebeos de Pulgarcito y Mortadelo y Filemón, seguimos con la Colección Historia, nos hicimos adultos con sus traducciones de prácticamente toda la literatura universal, la mejor y la pésima, en una gran catarata que alimentó después durante décadas los cajones de los puestos callejeros de libros de segunda mano
. En Bruguera, bajo la dirección de Juan Carlos Martini, los últimos años setenta y los primeros ochenta fueron la edad de oro y de papel barato de las novelas policiales y de espías.
 Allí estaban los grandes nombres americanos y británicos, y también otros argentinos, como Osvaldo Soriano.
 Durante una época, cada semana, aparecía en los quioscos la portada con ilustraciones truculentas y muy atractivas de la colección Club del Crimen: Ellery Queen, Patricia Highsmith, Wilkie Collins, Raymond Chandler, Agatha Christie, Mickey Spillane, todos mezclados.
Se trataba de una forma narrativa a la vez firme y flexible, que permitía organizar un relato con más rigor que la sucesión
Manuel Vázquez Montalbán tenía ya en marcha su serie de Pepe Carvalho, que se hizo muy popular precisamente en esos años.
 En los tanteos de la cultura literaria que se estaba haciendo entonces, tan improvisadamente y con las mismas carencias que la democracia misma, el género negro nos parecía tan atractivo por dos razones: la primera, una forma narrativa a la vez firme y flexible, que permitía organizar un relato con más rigor que la pura sucesión, y con una claridad y una fluidez que solían estar ausentes en las novelas de intención experimental más celebradas entonces; la segunda razón era muy propia de una época en la que de pronto había libertad para contar los abusos, los horrores, los escándalos de la realidad inmediata: la investigación policial, y más todavía la del detective privado, ofrecían una metáfora perfecta de la búsqueda de la verdad y la justicia en un mundo corrupto.
 Se acentuaba, sin duda exageradamente, la carga de denuncia social en las novelas de Chandler y Hammett, confirmada por la militancia de este último en el Partido Comunista de Estados Unidos, incluso por su relación sentimental con Lillian Hellman.
 Que Hellman resultara ser una embustera desacreditada y el PC americano una secta diminuta y estalinista no importaba mucho entonces.
Tampoco la dosis de fantasía masculina de saldo que había en una gran parte de esas novelas, y más aún en las películas que inspiraron y de las que se alimentaron.
 El detective como un tipo duro que en el fondo es un sentimental, un borrachín entrañable, un noble perdedor, marcado por un pasado oscuro; la heroína que es tan traicionera como tentadora, etcétera.
 A Raymond Chandler, según se lee en sus cartas, lo entristecía la sospecha de que era muy difícil escribir gran literatura teniendo que someterse a los límites tan estrechos del género, a los estereotipos y lugares comunes que no estaba permitido evitar, al menos entonces, cuando él escribía. Eso dejando a un lado un problema añadido para el que escribe y lee en español: los amaneramientos del lenguaje forzados por las traducciones, agravados en nuestro país por la prosa de garrafa del doblaje. ¿Qué falta hacía, por ejemplo, traducir Farewell, my Lovely, por Adiós, muñeca?
Hace muchos años que no vuelvo a aquellas novelas.
 El género policial, que me importó tanto en los primeros tiempos de mi vocación, se me ha vuelto lejano, lo cual probablemente me impide descubrir a buenos novelistas que estén cultivándolo ahora. De vez en cuando hago el propósito de regresar a novelas que fueron gloriosas de leer para mí: El largo adiós, por ejemplo, para saber de verdad cómo está escrita.
 Lo que no he perdido es una ilusión de entonces: inventar alguna vez una trama policial luminosa, rápida, perfecta, como algunas de Bioy Casares y Silvina Ocampo, como una fábula entresoñada de Chesterton.
Está claro que usted no escribe Novela Negra, la considera inferior, así que de los autores que nombra, todos ellos buenisimos y comunistas algunos, no le gusta Sr. Molina porque no los escribe usted y esa manía con la filiación política de escritores y actores que llevaron al cine esas tramas, esas historias y esos detectives que se piensa en Bogart por ejemplo en el Halcón Maltés, y usted escribe otras novelas, su cualidad es la descripción rio Hudson arriba y Rio Hudson abajo, pero se olvida que perteneció al Partido Comunista y no quiere que se le dé por un exstanilista, que sin embargo se parece mucho a ellos, prefiere ser el enchufado del PSOE y claro para eso hay que hablar mal del género negro procomunista, como La Cosecha Roja o el Halcón maltes..
Es que se jugaban la vida precisamente por eso. Y no como usted ahora que reniega del pasado y no ve que a Estanilista no le gana nadie.

24 jul 2015

Felipe VI, vacaciones y regatas en Palma......................................... Mábel Galaz

El Rey confirma a la presidenta de Baleares que quiere participar en la Copa de Vela y pasar allí con su familia unos días de descanso.

Felipe VI
Los Reyes, con sus hijas el verano pasado en Marivent. / AFP
Los Reyes y sus hijas pasarán parte de su verano en Palma de Mallorca. Así se lo ha comunicado don Felipe a la presidenta del Gobierno balear Francina Armengol, a la que ha recibido este viernes en audiencia en el Palacio de La Zarzuela. La intención del Rey es participar en la Copa de Vela que este año se disputa desde el 1 hasta el 8 de agosto, en la que competirán más de 120 equipos, distribuidos en ocho clases y luciendo banderas de 23 nacionalidades. A primeros de mes, don Felipe, doña Letizia y sus hijas estuvieron en la isla durante un largo fin de semana pero no se dejaron ver.
La intención del Monarca este año es estar al menos 10 días en la isla, tiempo en el que además de entrevistarse con el presidente del Gobierno Mariano Rajoy, ofrecerá una cena a las autoridades y presidirá una audiencia abierta a representantes de la vida de las islas similar a la que ya instauró el año pasado, el primero en que acudió a Palma como Rey. En esa ocasión, los Reyes convocaron a todos los grandes empresarios del sector turístico, representantes de los medios de comunicación, deportistas —como Rafael Nadal— y estudiantes, como los tres alumnos que obtuvieron mejor nota en selectividad. Se trata, según fuentes de La Zarzuela, de "demostrar proximidad", de acercar la Corona a los ciudadanos, como prometió Felipe VI en su discurso de proclamación.
Una vista del edificio principal de Marivent. / AFP
En las últimas semanas se ha hablado de la posibilidad de que este año los Reyes recibieran en Marivent a alguna visita especial, en concreto a los Reyes de Holanda
. Desde el palacio de La Zarzuela no facilitan información sobre este asunto ya que al parecer está todavía sin concretar.
El veraneo mallorquín de los Reyes es un clásico, una cita habitual desde 1973. Fue durante la dictadura de Franco cuando don Juan Carlos y Sofía ocuparon Marivent por cesión de la antigua Diputación de Baleares; eran príncipes y el actual monarca Felipe VI tenía 5 años. Marivent y el mar figuran en la memoria privada y pública de don Felipe como “un trozo del cielo en la tierra”, según comentó, en agosto de 2014, en una sesión fotográfica en el patio del palacio, en el que está instalada ya la reina Sofía desde finales de junio junto a su hermana Irene.
Un policía vigila la entrada del palacio de Marivent. / FRANCE PRESS
Tras su estancia en Palma de Mallorca, la Familia Real pasará unos días de vacaciones en otro punto más privado, como es su costumbre
. De su destino la Casa del Rey no facilita información.
Es la segunda visita este año a Mallorca de los reyes Felipe y Letizia, sus hijas, la princesa Leonor y la infanta Sofía, y la reina Sofía, que también han mantenido su asistencia a la misa de Resurrección en la catedral de Mallorca, como es tradición.
 Los Monarcas pasaron sus vacaciones de Semana Santa lejos de la isla pero llegaron horas antes de la cita religiosa.
 Fue la primera vez que don Felipe y doña Letizia asistían como Reyes aunque han sido habituales de esta celebración en otras ocasiones.

 

Ana Rosa le declara la guerra a 'Cazamariposas': "No me saquéis más"

La presentadora considera que el programa de La Fábrica de la tele ha sacado de contexto unas declaraciones sobre la hija de Isabel Pantoja. También ha aprovechado para pedir que no la vuelvan a sacar.
Foto: Ana Rosa Quintana en una imagen de archivo (Telecinco)
Ana Rosa Quintana en una imagen de archivo (Telecinco)

Desde el momento en el que se anunció, muchas han sido las voces que se alzaron en contra del fichaje de Chabelita Pantoja en Cazamariposas. Algunas de las quejas más sonadas fueron las de sus compañeros de El programa de AR. El magacín matinal analizó el inicio de la carrera televisiva de la hija de la tonadillera en su sección dedicada a la crónica social y algunas de las opiniones no sólo fueron en contra de la propia Chabelita, sino también hacia el espacio de La Fábrica de la Tele: “El programa tampoco es que sea el Vogue”, comentaba ‘la reina de las mañanas’.
Màxim Huerta
Màxim Huerta
Durante la emisión de este martes, Cazamariposas quiso conocer la reacción de Chabelita ante esta y otras muchas críticas de sus compañeros de El programa de AR: “Yo soy Isa es por ‘Yo soy bea’ o ‘yo soy fea’”, opinaba Màxim Huerta.
  “Es una chica que no tiene estilo vistiendo, no tiene personalidad, no es diferente ni provoca imitación ninguna”, consideraba María Patiño.
 Este jueves, Quintana se mostraba muy molesta con sus colegas de Cazamariposas por, según ella, haber utilizado únicamente un fragmento de su declaración y haberlo sacado de contexto.
 La presentadora lanzaba un mensaje para el programa: "Cuando quiero decir una cosa la digo. No me saquéis un total quitado el contexto para utilizarlo porque tengo la madurez suficiente y el tiempo como para opinar de lo que me da la gana, como quiero y cuando quiero”.
  Según la periodista, el programa de La Fábrica de la Tele habría utilizado sus palabras para que pareciera que atacaba a Chabelita. “Todos trabajamos en televisión y sabemos de esto.
Así que, queridos compañeros, no me saquéis más”, sentenció Ana Rosa.
 “A mí tampoco, pero os veré luego para divertirme”, remataba el copresentador Màxim Huerta
. En ese momento, otro de los colaboradores del programa, Miguel Ángel Nicolás, rompía una lanza en favor del programa: “Era una declaración tuya muy jugosa, es normal que la pongan”.








Seducción y duda de Cleopatra en Mérida................................................................ Aurora Intxausti

Ángela Molina y Lucía Jiménez encarnan a una madura y joven reina de Egipto, que debate sobre el sentido de la vida con su amado César, interpretado por Emilio Gutiérrez Caba y Marcial Álvarez.

'César y Cleopatra', en el Festival de Mérida.

La visión del teatro romano de Mérida siempre impresiona y todavía más cuando su escenario se ilumina con una potente luz que subraya los contornos de sus históricas piedras.
Es de noche, el cielo está estrellado y la luna creciente.
 El conjunto resulta hipnótico. Del escenario emergen la gran Cleopatra y su amado Julio César. Llevan dos siglos sin verse.
 El paso del tiempo no ha mermado ni un ápice la inteligencia, capacidad de seducción, dotes amatorias y acidez verbal de ambos
. Ahí siguen. Inalterables.
Una brillante Ángela Molina, con los pies descalzos, reivindica con sólidos argumentos su papel de reina de Egipto. A su lado, César (Emilio Gutiérrez Caba), en su edad madura y en un plano eterno. Estamos en 2015.
 Ya no hay papiros para leer, ahora Cleopatra pasa la mano por lo que parece una tableta, o lo que podría ser plancha metálica llena de letras, como ya anticipaba Ray Bradbury en 1954 en uno de los cuentos de Crónicas marcianas.
En este libro ya se utilizaba para leer lo que hoy es una tableta digital. El tiempo... ¿Cuándo es pasado, presente o futuro?
Angela Molina en 'César y Cleopatra' en el Festival de Mérida. / DAvid Ruano (EL PAÍS)
Emilio Hernández firma esta ucronía, uno de los platos fuertes del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.
Se estrenó el miércoles y se representará hasta el domingo en ese majestuoso escenario. Los protagonistas se muestran en dos dimensiones diferentes: Ángela Molina y Emilio Gutiérrez Caba interpretan a César y Cleopatra en la madurez; Lucía Jiménez y Marcial Álvarez ofrecen la imagen de unos mandatarios de radiante juventud.
 El texto está cargado de humor, diálogos e interesantes discusiones entre las parejas sobre lo que hicieron y podían haber hecho a lo largo de su existencia.
 ¿Qué alianzas hubieran evitado tanto derramamiento de sangre? El pasado nunca se puede cambiar y la historia no ha permitido enmendar los brutales errores cometidos por el ser humano a lo largo de su existencia.
Ángela Molina y Emilio Gutiérrez Caba comparecen ante el público desde la eternidad para ironizar, recordar y debatir sobre lo que vivieron y lo que han visto suceder en el mundo desde aquel lejano día de su muerte
. Lucía Jiménez, la coqueta e inteligente Cleopatra, no puede evitar utilizar sus delicadas al tiempo que audaces tácticas de seducción para dejar eclipsado a Marcial Álvarez, el romano César al que las ansias de poder le impidieron interpretar sus premonitorios sueños.
 No iba a tener una vida demasiado larga ni llegó a presagiar que la muerte le llegaría de manos de su propio hijo, Bruto, quien le asestó la puñalada definitiva, según cuenta la historia.
Una reciente investigación sobre el asesinato de Julio César, no obstante, revela un nuevo personaje clave en el magnicidio de los idus de marzo, Décimo. Pero esa es otra historia.
La obra pretende descubrir al espectador aspectos desconocidos de la fuerte y controvertida relación de poder y seducción que mantuvieron César y Cleopatra.
 Los cuatro actores, con sus dobles personajes, entran en un combate dialéctico sobre cuestiones trascendentes, sobre dudas existenciales, servidas en ocasiones con dosis de ironía que se agradecen. El discurso de los protagonistas en un vaivén de pasado y presente sobre el poder, la forma de alcanzarlo y mantenerlo bien podría aplicarse a la geopolítica actual sin que nada chirríe.

Inteligente y culta

Lucía Jiménez, la novata

De los actores, solo Lucía Jiménez se ha estrena en el Festival de Mérida; Ángela Molina lo hizo con Troya, siglo XXI, en 2002. Emilio Gutiérrez Caba actuó en Mérida en 2004 con Orestiada y al año siguiente repitió con A Electra le sienta bien el luto.
También ha participado varias veces en este certamen Marcial Álvarez, la última el año pasado formando parte del reparto de Pluto, dirigida por Magüi Mira.
Los eternos amantes han visto pasar muchos siglos desde la muerte de ambos y muchas guerras que aniquilan pueblos enteros, destruyen ciudades y arrasan culturas.
La perspectiva que les ofrece el paso del tiempo les lleva a sostener que el ser humano siempre está en el punto de partida, una y otra vez.
Una civilización destroza los vestigios de la siguiente. 300 años se tardaron en crear la famosa biblioteca de Alejandría. ¿Dónde está hoy? Arrasada, afirma Cleopatra.
Bajo las espectaculares columnas del teatro romano de Mérida, Cleopatra se presenta como una mujer inteligente y culta, tenaz defensora de la política, superviviente nata, de físico nada desdeñable y, pese a su fama de seductora, tan solo amó a dos hombres en su vida, Julio César y Marco Antonio.
El perfil que se ofrece en esta obra es el de una mujer bien distinta de la que reflejan la mayoría de los libros.
 Cleopatra ha sido víctima tradicionalmente de la misoginia, la gran mayoría de textos de historia han sido escritos por hombres y sus adversarios políticos se cuidaron mucho de crear una leyenda en la que saliese mal parada, como se insinúa en la obra.
 La iconografía pictórica, las obras de teatro y las películas dibujan una Cleopatra que murió a causa de la mordedura de una serpiente. No parece muy propio de ella morir así, sino más bien que ingiriera algún veneno que provocase una muerte rápida y no destrozase su cuerpo.
Lucía Jiménez representa la belleza de esa mujer en todo su esplendor, capaz de seducir no solo con su cuerpo sino más bien con su palabra a Marcial Álvarez, un César joven que lo quería todo y acabó doblegado por las artes amatorias de la reina de Egipto. La actriz llena de frescura el escenario, irradia sensualidad.
Su voz cantando una versión contemporánea del estribillo del aria Se pieta di me non senti de la ópera Julio César, de Haendel, sorprendió y entusiasmo al público de Mérida.
Una canción que en los primeros instantes de la obra Angela Molina interpreta con su peculiar voz. Fueron los primeros aplausos de la noche de un público que acabó despidiendo en pie a los actores.
Los discursos de Ángela Molina en favor de la paz, el diálogo y la tolerancia se alternan con los de Lucía Jiménez, que se muestra como gran estadista aunque al final de sus días se vea incapaz de cumplir el sueño, dominar Oriente.
La eterna Cleopatra consuela a la joven diciéndole que va a ser ejemplo de dignidad y orgullo para las mujeres que poblarán el planeta.
“Es cierto que algunos van a ser muy crueles contigo, pero no te preocupes, la verdad es una reina que siempre prevalece por encima de los poderosos de los reyes de la mentira”, sentencia la reina madura. Sobre la noche quedó suspendida una duda: ¿Qué es más fuerte la erótica del poder o el poder de la erótica?