Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

9 jun 2015

Pedro Zerolo, saber morir.................................Elvira Lindo

Pedro Zerolo demostró entereza y sabiduría para vivir y para morir

La suya era una personalidad alegre que no se ha apagado hasta el último suspiro.

 

Zerolo, felicitado por su marido en abril del año pasado. / Atlas / EFe
El saber vivir lo ocupa todo.
 Secciones de periódico, programas de televisión, libros de autoayuda, salas de espera donde anhelamos que alguien nos alivie la ansiedad con algunos consejos certeros sobre cómo disfrutar del mero hecho de estar vivos.
Parece que cuánta más información tenemos sobre la paz de espíritu menos sosiego sentimos, tal vez porque deseamos algo que no existe: una existencia sin contratiempos.
El caso es que a menudo sufrimos por tropiezos nimios, que con un poco de fortaleza podríamos sobrellevar sin queja; sólo hacemos un catálogo real de cuáles son los problemas graves y cuáles los superables cuando nos golpea la enfermedad.
Habría que observar con más detenimiento la mirada de las personas enfermas.
 Si uno se fija, se dará cuenta de que miran a los sanos como diciendo, no entendéis nada.

Queremos que nos digan cómo vivir, pero mantenemos la enfermedad y la muerte fuera de nuestra vista.
 Así que cuando nos llega la hora de padecer pocos sabemos cómo hacerlo.
 No fue así el caso de Pedro Zerolo que demostró entereza y sabiduría para vivir y para morir.
 La suya era una personalidad alegre, tenía la fuerza de la dulzura y eso no se ha apagado hasta el último suspiro
. Lo encontré estas pasadas navidades por el viejo Madrid y ahí estaban, a pesar de la delgadez y de la debilidad, la sonrisa de siempre, la educación exquisita, la coquetería en la indumentaria.
 Habría que aprender tanto de quien muere con la misma elegancia con la que ha vivido.
De buenas maneras defendió aquello en lo que creía y amplió el marco de derechos de muchos ciudadanos; sin estridencias se ha despedido, rodeado de su marido Jesús, su familia, y del cariño de tanta gente que le apreciábamos a distancia.
 Estoy segura de que descansa en paz. Se lo merece.

Tu, González como te llaman eres como la madrasta de Blancanieves.....Espejito espejito...

González fue a Venezuela como  si fuese "Alguien",
 es un Expresidente, ya no eres Felipe González y no vas hacer nada con los presos políticos.
Para los efectos como si fuera yo, pero el no puede estar sin salir  en los periódicos y de su partido "El PSOE" no dice nada...Además vive como un burgués, le gusta figurar tiene todos los defectos que jamás pensé tendría...los de un pequeño burgués.Y como la madrasta de Blancananieves no podrá soportar que ahora sea Presidente un joven y guaperas....es el año de los guapos y jóvenes......

"Venezuela necesitaba mucho diálogo", aunque aplaudió el "buen gesto" del presidente Nicolás Maduro al mostrar su intención de convocar elecciones este año.Y quién es él para alabar o no, lo mismo que yo

“Me gustaría encontrar un país donde no hubiera buenos y malos”, incidió González, que no ha querido, sin embargo, salir al paso de las concentraciones convocadas por el oficialismo en contra de su visita.
Ya se parece a Rajoy y la niña , él quiere un pais de la Abeja Maya...
 El expresidente español logró, tras una hora a la espera de autorización por parte de las autoridades, visitar a Ledezma, que está en arresto domiciliario.Y ¿Quién es el, en que lugar se enamoró de Venezuela? Porque los Canarios la conocemos mejor una vez fue el Pais que en la postguerra admitió a muchos emigrantes Canarios.
El lunes, el expresidente se reunió con miembros de la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) con el fin de analizar la situación política venezolana, con vistas a las posibles elecciones que se deberían celebrar a final de año
. El presidente Maduro ha instado al Consejo Nacional Electoral (CNE) a que convoque los comicios. Desde que aterrizó en Caracas, González ha valorado en varias ocasiones el gesto de Maduro y ha insistido en la necesidad de diálogo.
El viaje también incluyó una visita al periodista Teodoro Petkoff, del semanario Tal Cual, al que entregó el premio Ortega y Gasset que no pudo recoger el pasado mayo porque el Gobierno no le autorizó a abandonar el país.

Jessie Burton recrea en ‘La casa de las miniaturas’ la atmósfera del Siglo de Oro holandés

Pasión, codicia y misterio en el Ámsterdam del XVII

Jessie Burton y la casita de muñecas que inspira su novela, en el Rijksmuseum. / Marc Driessen
La luna despunta sobre las altas casas patricias de la antigua Curva de Oro de Ámsterdam y su reflejo riela como plata en la tinta de los canales.
Del agua flanqueada de barcazas brota el excitado trompeteo de las fochas en celo que comparten espacio con los patos, los cisnes y algún somormujo.
 Un chapoteo especialmente fuerte trae a la memoria una de las imágenes más impactantes de La casa de las miniaturas: la ejecución de un hombre acusado de sodomía por el contundente procedimiento de lanzarlo al agua con una piedra de molino atada al cuello.
 La casa de las miniaturas (Salamandra) es la novela de la joven escritora británica Jessie Burton (Londres, 1982) que se ha convertido en uno de los grandes éxitos recientes de la literatura europea, y el motivo de estar aquí, en Ámsterdam, dando vueltas tras la autora como un feliz holandés errante. Burton guía un recorrido por algunos de los escenarios de su relato, que transcurre en la ciudad en la segunda mitad del siglo XVII, su época de esplendor, la edad de oro holandesa en comercio, arte, ciencia, navegación y poder mundial.
 Ha querido la casualidad que en el vestíbulo del hotel se exhiba la piel de una gran serpiente como la que adorna colgada del techo la casa de la novela.
La narración tiene como protagonista a Petronella Oortmann, Nella, una joven perteneciente a una familia de provincias noble pero arruinada que se desposa con un boyante y aventurero comerciante de Ámsterdam y llega con su periquito, perfume de azucena y una buena dosis de candidez para instalarse en su nueva casa en la Curva de Oro del Herengracht, la parte más soberbia de la ciudad.
 El choque con los usos y costumbres de la pujante metrópoli –demediada entre el dinero y la moral protestante, Mammón y el agua siempre al acecho, siempre amenazante- , así como con las fuertes y misteriosas personalidades de su marido, el viajero Johannes Brandt, que hule a sal, canela y cardamomo “y habla todas las lenguas del mundo salvo la del amor”, y la hermana de este, la estricta Marin, trastornan a la muchacha, que se empeña en descubrir los muchos secretos –también sexuales- que rodean a su nueva familia.
 Hay ecos de Rebeca y de Jane Eyre en la novela
. La autora se muestra encantada ante ambas referencias.
“Son dos de las primeras novelas que leí de verdad y la de Charlotte Brontë vuelvo a releerla siempre que paso un mal momento, sin duda mi novela tiene de ambas”, dice Burton, una joven atractiva y simpática que ha decidido cambiar su carrera de actriz por la de escritora,.

Un vistazo a la Málaga de la Guerra Civil

Jessie Burton ultima su próxima novela que transcurrirá en parte en Málaga durante la Guerra Civil y en parte en el Londres de los años setenta con una chica de Trinidad que investiga sobre un artista de los treinta.
Pero ya proyecta la tercera, que continuará de alguna manera la historia de La casa de las miniaturas, con las peripecias de Thea, el bebé, convertida en una joven de 16 años y enrolada como pintura y naturalista en una expedición al Surinam…
El elemento sobre el que pivota la trama, su MacGuffin, y esto es lo que hace tan especial la novela, es una casa en miniatura, una casa de muñecas, que el marido regala a su esposa y que se va amueblando al ritmo de la vida real con los envíos de una enigmática miniaturista.
 La novela de Burton ha vendido ya medio millón de ejemplares en inglés y ha sido traducida a 34 idiomas.
Está en las listas de los libros de éxito en varios países, incluso en Holanda, donde triunfa pese a contarles a los holandeses parte de su propia historia.
Ha vendido ya los derechos para una serie de televisión.
La verdad es que Jessie Burton ha alumbrado una novela apasionante, que trasciende la trama sentimental e intimista de su enunciado para adentrarnos en un mundo en el que nada es lo que parece, no exento de perversidad y violencia –también de belleza, la belleza de las pinturas de Pieter de Hooch o Jan Steen-, con una heroína que revela asimismo oscuros impulsos y facetas insospechadas.
 Es espléndida la esencial reconstrucción que hace del Ámsterdam “radiante y excesivo” de la época, tanto de la ciudad como de la vida exterior e interior de sus habitantes, sus conciencias, siempre yendo “de Dios a un florín”.
 No en balde ha leído la autora The embarrassment of riches, de Simon Schama, –el gran libro sobre el tema (que recomendaba no hace mucho Félix de Azúa en estas mismas páginas)- y se ha documentado a fondo sobre el periodo del “milagro holandés”.
 “No sé muy bien cómo hice esa síntesis, me puse a imaginar, mi imaginación es muy visual, cerraba los ojos y lo veía, fui acumulando capa sobre capa, ampliando detalles”.
Uno sale de la lectura de La casa de las miniaturas deseoso de saber mucho más sobre esa Gouden Eeuw, esa edad de oro llena de tantas cosas maravillosas.
 Ya solo por eso la novela, que ha sido comparada con La joven de la perla y El jilguero, ya vale la pena.

Muñecas del Rijksmuseum

“Todo empezó aquí, en 2009”, señala Burton abarcando con la mano la sala del Rijksmuseum dedicada a las casas de muñecas del XVII y en la que ocupa un lugar prominente la que inspiró su novela.
 La propietaria de esa casita, en realidad un producto de gran lujo cuyo coste igualaba al de una casa de verdad y era un objeto de prestigio entre las damas acaudaladas similar a los gabinetes de arte y curiosidades de sus maridos, se llamaba Petronella Oortman y de ella tomó el nombre de su protagonista la escritora, al igual que se apropió también del de su marido, Johannes Brandt, aunque la novela no trata en absoluto de narrar sus vidas.
La casita del museo (que es mayormente la que se describe en la novela) es alucinante: reproduce al detalle las habitaciones de la casa real incluidas las costosísimas vajillas de porcelana china, las pinturas, los muebles de maderas nobles, los suelos que parecen de un cuadro de Vermeer, las mantelerías, la biblioteca.
Estas casas, obra de centenares de artesanos, no eran para jugar, se colocaban a la entrada, de forma que el visitante tuviera una idea de la magnificencia de la mansión de verdad, eran un signo de riqueza y servían también d educación visual para que las niñas aprendieran las tareas domésticas”.
Los cambios de la casa se reflejaban en la casita, y esta era una especie de protoFacebook, con el mismo punto de exhibicionismo de la vida privada (lo que hoy ofrece una mirada privilegiada sobre cómo era una vivienda del XVII).
 La casita que nos ocupa, con el exterior de carey -concha de tortuga- con incrustaciones de peltre, va encajada en un mueble lujoso.
De los muñecos que la habitaban y que debían ser fiel reflejo de los habitantes reales, solo se ha conservado un bebé, y la circunstancia la ha aprovechado Burton para su trama.
Más tarde, tomando un tentempié en el café del antiguo Waag, el edificio donde se pesaban las mercancías llegadas de todo el mundo en las bodegas de los barcos de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales (VOC, en sus siglas holandesas), de Batavia, de Malabar, de Ceilán, de las Molucas y de Japón, y donde tuvo lugar en 1632 la célebre lección de anatomía del doctor Tulp inmortalizada por Rembrandt –y realizada sobre el cadáver de un criminal ahorcado el mismo día: esos detalles que abren el apetito-, Burton explica que una de las cosas que la cautivó al investigar el Ámsterdam del XVII fue la inestabilidad psicológica que provocó en su burguesía la rápida riqueza adquirida en contraste con el puritanismo calvinista. Hay muchas metáforas que aluden a ello en la novela como el azúcar que se pudre en los almacenes.
La escritora cursó literatura inglesa y española en Oxford, estudió arte dramático, ha hecho teatro (su sueño vocacional, aunque está “harta de luchar por papeles minúsculos” y se plantea dejarlo –“me he desenamorado”, dice) y trabajó en la City con finalidad puramente alimenticia. Le pregunto si ser actriz no ha influido –vía Ibsen y Nora- en lo de la casa de muñecas.
“No lo había pensado, pero sí es cierto que hay una influencia del teatro en mi novela, mi forma de narrar es muy esencial y con un afán de control como el de un director de escena, sabiendo a la vez como actriz que el dominio total es imposible.
 Mi tendencia al melodrama es también muy de teatro”. Aunque ha hecho Shakespeare, y la novela tiene escenas crueles muy isabelinas, la autora se muestra reticente (y polémica) con el bardo: “Se hace demasiado, creo que sobre todo se monta para los turistas; debería decretarse una moratoria de Shakespeare por unos años”.
El recorrido continúa atravesando el Barrio Rojo –habría que ver qué pensarían los estrictos burgomaestres luteranos de las chicas que ofrecen sus servicios desde los escaparates- y ante bares de los que brotan efluvios de cannabis como para hacerte caer en el canal, hasta llegar la iglesia Oude, en la que arranca la novela. Burton señala la talla de una silla del coro en la que figura un hombre que evacúa monedas como si fueran excrementos y las lápidas que alfombran el suelo de forma que caminas “sobre más de diez mil muertos”.
La plaza Dam, centro neurálgico del Ámsterdam de la edad de oro, en la que la que hoy los veteranos de la Segunda Guerra Mundial, celebrando el aniversario del final de la contienda, remedan la marcialidad de los milicias burguesas de petos plateados y trabucos, y la calle Kalverstraat, tan importante en la trama –es donde vive la misteriosa miniaturista-, aunque en la actualidad llena de tiendas de franquicias, son otros de los lugares que visitamos.
“Lo más interesante de la época son los contrastes: el arenque y los gofres, las almas y los monederos, el derroche y el pecado, que las mujeres vistieran sobriamente de negro pero debajo llevaran excitantes forros de piel”, explica la escritora.
“Esa atmósfera de lucha entre uno mismo, los impulsos, y la apariencia”, me ha cautivado. Junto a la aventura en ultramar –la guerra con los ingleses, las exploraciones de los Barentsz, Tasman o Bontekoe, el comercio- , la pujanza económica y el clima general de tolerancia intelectual, “se vivía en buena medida en un ambiente de miedo y sospecha, de desconfianza, que coartaba la libertad individual sobre todo en los aspectos morales”.
En eso, y en el amor al dinero, la codicia y la corrupción, cree Burton que hay un paralelismo con la sociedad actual pese a la impresión superficial de que hemos progresado mucho.
 “La gente sigue siendo juzgada, marginada y asesinada por las mismas causas que entonces; también ellos, los holandeses del XVII, creían que eran modernos”.

 

La policía busca al hijo de Tom Hanks................................................................ Barbara Celis

Los agentes londinenses quieren interrogarle tras haber destrozado una habitación de hotel en una noche de juerga y violencia.

Tom Hanks, junto a su hijo Chet Haze
Tom Hanks, junto a su hijo Chet Haze. / cordon press
La fama no es gratuita y a menudo los hijos de las celebridades son las víctimas colaterales del éxito de sus mayores
. El hijo de Tom Hanks, oficialmente conocido como Chet Haze, es una de ellas.
 El pasado noviembre confesó por Instagram que llevaba enganchado a las drogas y al alcohol desde los 16 años (tiene 24)
. Con aquella declaración pública trataba de hacer borrón y cuenta nueva con su pasado y comenzar una nueva vida a través de la puerta de la rehabilitación médica
. Pero seis meses más tarde parece que sus adicciones siguen ahí.
 Según ha publicado el británico Daily Mirror la policía londinense le busca para interrogarle tras haber destrozado una habitación de hotel en una noche de juerga y violencia.
Según cuenta el rotativo británico, este joven, que se cambió el apellido de Hanks a Haze para darle densidad al personaje de músico de rap que trata de construirse desde hace unos años, pasó recientemente una noche en un hotel cercano al aeropuerto de Gatwick, en Londres.
 Antes había sido el invitado estrella en un club cercano donde se le vio consumir a espuertas champán y vodka en el área reservada.
“Después se fue al hotel con un amigo suyo actor y con tres chicas.
 Se le vio vomitar en el parking y después subió con ellas a la habitación y empezó a hacer ruido” afirma una fuente sin identificar en el diario británico.
“Al llegar a la habitación le pidió a las tres chicas que se metieran con él en la cama pero ellas no son así por lo que él comenzó a gritar
. Después confundió un poco de maquillaje con cocaína y comenzó a preguntar ¿quién tiene la coca? Pero allí nadie consumía drogas.
 Después comenzó a chillar que no la compartiría con nadie”.
Los gritos y el ruido despertaron a varios pilotos que dormían en las habitaciones contiguas por lo que desde la recepción le llamaron la atención.
 Horas más tarde, Chet Hanks había hecho las maletas dejando tras de sí daños por valor de 1.200 libras, unos 1.640 euros.
 El Daily Mirror muestra varias fotos de la habitación en la que rompió espejos, muebles y arrancó de cuajo la televisión de la pared
. La policía local no ha confirmado el nombre del hombre al que buscan por el destrozo aunque sí han dicho que es de nacionalidad estadounidense y según la fuente citada por el Mirror no hay duda de que se trata del hijo de Tom Hanks.
El tercero de cuatro hermanos, Chet Hanks, también siguió los pasos de su padre e hizo sus pinitos en el cine hace unos años, cuando participó en Indiana Jones, el Reino de la Calavera de Cristal.
 Sin embargo, después ha optado por abandonar la interpretación para abrazar la música y dedicarse al rap, algo que no ha estado exento de críticas, entre otras cosas por el mencionado cambio de nombre, que en los círculos raperos no ha sido bien visto, sobre todo teniendo en cuenta la procedencia de clase privilegiada del joven.
 Recientemente además también fue objeto de escarnio por utilizar la palabra "negro" en sus canciones y en sus conversaciones, algo que en Estados Unidos sólo es políticamente correcto si quien la pronuncia es precisamente de raza negra.
¿Por qué todos los hijos de faosos se enganchan a la Droga o acban en La Cárcel?