Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

10 jun 2015

La pasión de la igualdad..................................................................... Juan Cruz

Pedro Zerolo era un revolucionario, un activista, un hombre que no podía vivir sin sueños.

Pedro Javier González Zerolo era un revolucionario, un activista, un hombre que no podía vivir sin sueños
. Con su padre, Pedro González, tuvo diferencias y semejanzas; Pedro Javier (que así lo llamaban el padre, la madre, los hermanos) era dulce como la madre, directo como el padre.
 El padre, Pedro González, uno de los grandes pintores que han dado las islas, y el mundo, fue líder siempre: en la escuela, en la cátedra (de Bellas Artes), entre los amigos del grupo artístico Nuestro Arte
. Y Pedro heredó esos rasgos, hasta el final.

Ahora Pedro padre está delicado de salud, y sigue siendo, como fue siempre, un hombre cuya vitalidad se mantiene en los ojo
s. A Pedro hijo esa luz, la luz de sus ojos negros, le ha durado hasta en los peores momentos, que son los que han precedido a la desaparición de este volcán noble.
Era un hombre delicado pero terminante: no transigía con la descalificación moral (es decir, inmoral) de los que, como él, pero con él al frente, buscaban la igualdad como meta para conseguir la felicidad en sus vidas.
Él fue muy feliz, alcanzó las metas que defendió en la calle, en su partido y en las instituciones a las que regaló el tiempo de su vida.
 Pero eso no lo hizo para él, ni para Jesús, su marido, ni para sus amigos, ni para los que opinaban como él: él hacía todo eso porque era un republicano, un ser civil que tenía por los valores (la igualdad, la libertad, la fraternidad) el afecto radical del que se crió viviendo entre esas palabras.
La suya fue, también, una familia republicana, progresista hasta en los menores detalles, y ese liderazgo moral que le dio el origen se manifestó en su acción política pero también en la gestión sentimental de la vida cotidiana
. Como el padre, era ceñudo cuando se cabreaba; nos reprochaba a los medios la banalidad con la que tratábamos las revindicaciones que protagonizaba, y su lucha no fue para que lo tomáramos en serio sino para que no fuéramos tontos, para que no dejáramos pasar por delante de nuestras narices la oportunidad que se le planteaba a la nueva democracia española: la oportunidad de entender seriamente que la modernidad pasaba por conseguir que todos fuéramos iguales.
Su gran triunfo fue la ley de matrimonio igualitario; él convenció a Zapatero para de que diera esa batalla, y él fue el primer soldado civil de esa guerra feliz.
La fotografía en la que él aparece en la escena matrimonial que protagonizó con su marido no es la postal de una conquista personal, sino la expresión de una ambición colectiva que tiene una raíz y una consecuencia emocionantes.
Representaba a una generación que no quiso dilapidar la oportunidad de tener ilusión
Es difícil encontrar en los periódicos retratos de Zerolo solo, pues nunca fue un hombre solo; fue un ser de cercanías, que diría Umbral, alguien que siempre se apoyó en otros para ejercer su liderazgo natural
. Como su padre, de nuevo, él mandaba donde estuviera, en la casa, en el partido y en la calle, pero si no sentía alrededor el calor de los otros se sentía fuera de lugar.
Representaba a una generación que no quiso dilapidar la oportunidad de tener ilusión, y como le daba rabia que su partido hiciera mutis por el foro, dijo en los últimos tiempos y en abierto lo que siempre dijo en las interioridades de esas organizaciones que se olvidan del objetivo final de su costumbre de existir: combatir para hacer mejor la vida de los otros.
 Eso que dijo acerca de la misión de su partido, hacerse de izquierdas para creerse el cambio, no era consecuencia de su retórica legendaria para crear eslóganes: eso venía de su corazón. De su corazón republicano y socialista.
Era un ser entrañable este líder natural apasionado de la igualdad.
Hace un año aún recibía naranjas de alguien que supo que entraba en una fase difícil de su vida.
 Él, a su vez, agasajaba en secreto también (ella lo reveló ayer) a su íntima amiga Trinidad Jiménez, que pasó por un mal momento
. Él recibía naranjas; él le envió a Trini, durante un año, flores frescas.
 Era un torrente, un volcán ennoblecido por el objetivo de su vida: hacer mejor la vida ajena. Lo logró.
Este martes hubo muchas lágrimas en la capilla ardiente
. Muchas eran de personas a las que él les mejoró para siempre el noble ejercicio de vivir en libertad. Puede decirse de él lo que Hemingway contó de uno de sus personajes:
 “Conoció la angustia y el dolor pero nunca estuvo triste una mañana”.
 Su volcán sólo podía agotarlo la muerte.
 Y esta noticia fatal nos llena de rabia a los que nunca pensamos que Pedro Zerolo no iba a ganar también esta lucha.........y ahora Descansa en Paz............


 

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'La chica del tren': el germen corrosivo de la desconfianza y el voyerismo

Paula_BSP copy Kate Neil
Paula Hawkins en un tren | FOTO: Kate Neil

¿Quién no se ha quedado una tarde entera dando vueltas a lo que le ha dicho su pareja por teléfono, al tono, a cierta o supuesta incoherencia en algo de lo comentado? 
¿Quién no se ha fijado en alguien en el metro, en un tren, en un autobús o en la calle y se ha imaginado su vida, o un trozo de ella, o algo? 
Ya, algunos me dirán que de eso nada, que se cree el ladrón que todos son de su condición.
 Acepto.
 Dejen de leer entonces.
Para todos los demás, Paula Hawkins ha escrito La chica del tren (Planeta, traducción de Aleix Montoto), un best seller mundial con una fuerza y un atractivo indudables, con homenajes a la Patricia Highsmith de Crímenes imaginarios, parecidos a Perdida de Gillian Flynn y un indudable influjo de aquella bestia de maltratar conciencias llamado Alfred Hitchcock.
Rachel, una fracasada con tendencias alcohólicas, mira todos los días por la ventana cuando el tren que la lleva a Londres para a las 8.04 en una intersección
. Allí ve a Jes y Jason, una pareja feliz, idílica, que tiene todo lo que ella tuvo o aspiró a tener y que viven cerca de donde ella intentó construir su sueño con su exmarido Tom.
 Un día ve o cree ver algo turbio y aquí empieza el lío.
 Porque la buena de Rachel no anda muy bien de la cabeza (está muy deprimida y padece serias carencias de autoestima) y tiene la costumbre de desayunar vino blanco o latas de gin tonic preparado
. Duda, desesperación y voyerismo. 
Tres ingredientes que bien aliñados dan para un buen inicio.
Pero veamos cómo está Rachel en sus propias palabras:
“Quiero y no quiero una copa.

Si no tomo nada, hará tres días que no bebo, y no puedo recordar la última vez que permanecí sobria durante tres días seguidos

. También puedo saborear otra cosa en la boca: una vieja obstinación.

Hubo un tiempo en el que tenía fuerza de voluntad y podía correr diez kilómetros antes de desayunar o subsistir durante semanas con 1.300 calorías diarias

. Tom me dijo que era una de las cosas que le gustaban de mí: mi terquedad ,mi fortaleza. Recuerdo una discusión hacia el final de la relación, cuando las cosas estaban a punto de ponerse realmente feas. Perdió los estribos conmigo. “Qué te ha pasado, Rachel”- me preguntó-. ¿Cuándo te has vuelto tan débil?”
No es, como ven, alguien que pueda salir corriendo a decirle a la policía que ha visto o que cree haber visto algo.
 Y sin embargo, lo hace. “No haya nada más corrosivo y doloroso que la desconfianza”, asegura Anna, otra de las protagonistas de una novela que vemos a través de los ojos de tres mujeres. La otra, Megan, también está llena de puntos oscuros y sorpresas.
Hay una clave en todo lo que hace Rachel en esta novela que atrapa de verdad, sin tópicos: la necesidad de alguien que está terriblemente solo de sentirse involucrado en algo o con alguien.
 Tal y como ha dicho la autora en varias entrevistas:
“Creo que es posible que alguien que se siente sola y aislada en una gran ciudad sienta que tiene cierta clase de conexión con la gente a la que ve todos los días (pasajeros, gente de las casas por las que pasa) sin que realmente haya nunca un contacto
. Los extraños que se ven en el tren o que pasan por la calle son tan familiares que sientes como si los conocieras aunque no tengas ni idea de cómo son realmente sus vidas”.
A estos ingredientes se añade el de la mujer desaparecida (de ahí que se la compare con Perdida), la investigación en la que nadie es realmente quien parece  (cuándo se terminará de reconocer lo que se le debe a Patricia Highsmith) y relaciones de pareja  que se derrumban destrozando vidas a su alrededor.
Una novela que funciona muy bien como divertimento (me la leí en un avión de una sentada; Stephen King asegura que le quitó el sueño una noche entera) y que tiene ciertas claves inquietantes y un buen análisis de la miseria que rodea a los personajes, todos de clase media.
 Hawkins, antes periodista, no ha conocido el éxito hasta los 42 pero ya había escrito antes una serie de novelas y el libro de consejos financieros Financial Goddess.
 Se nota oficio y se notan las influencias y eso se agradece.
El gran mérito psicológico de La chica del tren es que mete en la mente del lector los sentimientos negativos de los protagonistas: ansia por conocer la vida del otro, crítica sin saber qué hay realmente en la vida de los demás, desconfianza hacia lo que se ve y lo que te cuentan
. Una trampa mortal y moral de la que se sale extasiado.
 Lean y disfruten.

Pregunta de selectividad: ¿Qué es una catáfora? En la Penultima Selectividad........................... Camilo S. Baquero

La pregunta sobre un recurso lingüístico coge por sorpresa a gran parte de los 32.000 estudiantes que se presentan a la prueba.

Atlas

Si el lector no sabe la respuesta a la pregunta que hace las veces de titular de esta historia, habría fallado una de las preguntas que ayer tuvieron que responder los 32.000 estudiantes catalanes que presentan por estos días la prueba de selectividad.
 El examen, en el que se juegan el acceso a una plaza en la universidad pública, se extenderá hasta el jueves.
El punto de la prueba de lengua castellana, en el que se pedía describir en menos de 30 palabras el término catáfora y aportar un ejemplo fue uno de los más comentados a la salida de las aulas donde se realizaron las pruebas.
Muchos estudiantes ponían cara de circunstancias y, en los corrillos, aprovechaban los móviles para encontrar la respuesta correcta a la pregunta del millón.
 Una catáfora es, según el diccionario de la Real Academia Española, un “tipo de deixis (señalamiento que se realiza mediante ciertos elementos lingüísticos que muestran), que desempeñan algunas palabras, como los pronombres, para anticipar el significado de una parte del discurso que va a ser emitida a continuación”.
 Y también aporta un ejemplo: la función que cumple esto en la frase “lo que dijo es esto: que renunciaba”.Pues ya es mala Leche la de los que eligieron esa pregunta.
“Me quedé en blanco.
 Simplemente no lo sabía. Creo que nos pasó a muchos”, aseguraba Bárbara a la salida de su tribunal en la Universidad de Barcelona, en Zona Universitaria. Algunas de sus amigas decían que la pregunta también las había cogido por sorpresa, pero no querían ahondar en el asunto. “En 15 minutos tenemos la prueba de catalán, hay que pasar página”, dijeron con resignación. El descontento se extendió incluso a las redes sociales. Los chistes en Twitter tampoco se hicieron esperar. “Cómo te fue en la selectividad? ¡De catáfora madre!”, decía un mensaje.
En la prueba de catalán, que también se realizó ayer, los estudiantes se encontraron con un fragmento de la novela El violí d'Auschwitz, de Maria Àngels Anglada, y un texto de Miquel Barceló, Novel·les de ciència. La ciència i la tecnologia en la literatura.
Las pruebas se acabarán el jueves
. Hoy es el turno para los exámenes de Historia o Historia de la Filosofía, Lengua extranjera, Ciencias de la Tierra y del Medio Ambiente, entre otros
. Los resultados se conocerán próximo el 26 de junio.
El nivel es mucho, pero habitualmente los estudiantes catalanes son muy buenos en sus materias. No porque sean más listo sino porque desde pequeños les enseñan a que no se regala nada.