Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

24 may 2015

Arena, aliento y piedra......................................................................Rosa Montero

Esta tierra dura está preñada de minerales (de aquí viene el famoso cobre chileno), lo cual pinta el paisaje con una infinidad de tonalidades ocres y verdosas, rosadas y malvas.

El desierto de Atacama, en el norte de Chile, es el más árido del planeta: hay zonas en las que no se ha registrado ninguna precipitación en 400 años.
Además esta tierra dura está preñada de minerales (de aquí viene el famoso cobre chileno), lo cual pinta el paisaje con una infinidad de tonalidades ocres y verdosas, rosadas y malvas
. Es un territorio inhumano y hermoso, poderoso, tan sereno como un paraíso para gigantes.
Lo de los gigantes no se me ha ocurrido porque sí, no es una simple desmesura poética, sino que me lo ha sugerido una pieza de arte singular que está escondida en el corazón de este desierto frío
. A 57 kilómetros al sur de la ciudad de Antofagasta, tras adentrarse en Atacama por una pista sin asfaltar, se llega a un geoglifo tan enorme que, como sucede con las misteriosas líneas de Nazca en Perú, alguien tiene que señalártelo para que lo veas, porque si no caminarías inadvertidamente sobre él.
 Se trata de un verso escrito o más bien excavado en la endurecida costra del desierto.
 Es una frase muy breve, pero mide más de tres kilómetros de largo y cuatrocientos metros de ancho. Tienes que subir a una pequeña colina adyacente en la que han construido un mirador para poder contemplar el texto entero.
 Ni pena ni miedo
. Eso es lo que dice esta caligrafía en letras minúsculas que alguien ha arañado sobre la tierra.
El autor es el poeta y artista chileno Raúl Zurita (1950).
 Durante la época de Pinochet, Zurita, que por entonces militaba en el partido comunista, fue detenido, encerrado y torturado.
 En aquellos tiempos de plomo, Raúl se refugiaba mentalmente de su agonía imaginando que escribía poemas “en el cielo, en las laderas de los cañones, en el desierto”.
 En 1993, tres años después de que acabara la dictadura, consiguió reunir fondos para excavar su verso en Atacama.
Ni pena ni miedo.
 Las palabras adquieren aún más sentido al conocer su historia.
A medida que envejeces, te vas acercando a los confines del mundo
Luego pasó el tiempo y el geoglifo se olvidó.
 El desierto se fue comiendo las palabras de Zurita hasta que, hará unos cinco años, unos estupendos locos antofagastinos que, bajo el nombre de Corporación Cultural PAR, han montado, entre otras cosas, la joven y dinámica Feria del Libro de Antofagasta, decidieron recuperar la obra del poeta.
 Alisaron y adecentaron la pista hasta el geoglifo; construyeron el modesto mirador en la colina desde el que se pueden atisbar con cierta claridad los enormes signos y, por supuesto, limpiaron las letras. Allí estaban. Escondidas, pero aguantando, como no podía ser de otra manera, porque son un emblema perfecto de la resistencia
. De la supervivencia
. Cuando Zurita construyó su frase, no se podía ver con total claridad salvo desde el aire.
 Hoy existen programas como Google Earth y Google Maps que permiten contemplar ese monumento de arena, aliento y piedra.
 Estas son las coordenadas para encontrarlo: 24°02’49.0”S 70°26’43.0”W.
Durante muchos años he pensado que mi frase de guerra preferida, y me refiero a la guerra de la vida, era carpe diem
. Sí, desde luego, disfrutar del momento es cosa de sabios
. Saber vivir en el presente es algo parecido a un estado de gracia (lo dijo Marie Curie) y desde luego un logro muy difícil
. Pero hace unos días, en Atacama, viendo esa frase gigantesca escrita en paradójicas minúsculas sobre el polvo, sentí una especie de pequeña revelación, un deslumbramiento.
Sentí que me hablaba a mí.

Cuentan las biografías de Zurita que padece párkinson desde principios de los noventa.
 Un dato frío que esconde una realidad extremadamente dura.
 Yo no sé si cuando excavó su geoglifo, en 1993, ya conocía su estado, ya se sabía rehén de su cuerpo.
 Qué espíritu indomable el de Zurita si fue así; si gritó y horadó su “ni pena ni miedo contra la inclemencia de la enfermedad, contra el negro destino”.
 Pero el párkinson, en cualquier caso, sólo adelantó cruelmente en él esa decadencia que todos los humanos hemos de afrontar.
 A medida que cumples años, a medida que envejeces, te vas acercando a los confines del mundo
. El pasado tira de ti como si llevaras a la espalda una mochila de piedras y empieza a asustarte mirar hacia delante.
 El viento arrecia, las nubes se arremolinan y el sol no deja de bajar por el arco del cielo. Dentro de poco comenzará la edad de la heroicidad.
 Sí; de más joven creía que la vida era una selva y que mi lema preferido era carpe diem.
 En mi madurez empiezo a pensar que la vida es más bien un desierto, desnudo y desolado pero sereno y bello.
 Y para ser feliz, para ser sabio en esta frontera final del Atacama inmenso, sólo es necesario ser capaz de vivir a la altura de esa frase perfecta. Ni pena ni miedo
@BrunaHusky
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Con el parche de tuerto..................................................................Javier Marías

Como siempre, votamos a tientas, si es que no a ciegas. Desconocemos las capacidades o méritos de los candidatos.

Hoy es día de elecciones autonómicas y municipales en la mayor parte de España, y, por primera vez en muchos años, las encuestas nos anuncian que no tendremos que optar por uno de dos partidos con verdaderas posibilidades de triunfo
. Llevábamos demasiado tiempo con la sensación de que los votos a terceros, cuartos o quintos eran casi desperdiciados y poco iban a influir en el resultado final.
 Por fortuna, esto ha cambiado. Quienes depositen la papeleta de Ciudadanos o Podemos –éste con sus diversas caras en cada lugar–, además de las clásicas de PNV, CiU y demás partidos locales, podrán creer con motivo que no malgasten su oportunidad; que los escaños que obtengan estas formaciones tal vez sean determinantes para que gobierne o no gobierne una comunidad autónoma o una alcaldía una de las dos con mayor tradición; o bien, en algún caso, para que sean los representantes de estos recién llegados quienes rijan tal pueblo o tal ciudad, en vez de los habituales. Esto ya es algo para acudir a las urnas con más curiosidad, e incluso ilusión.
Sin embargo, como siempre, votamos a tientas, si es que no a ciegas.
 No solemos saber por qué tal o cual individuo ha sido designado para aspirar a presidir una Comunidad o un Ayuntamiento.
Cuáles son sus capacidades o méritos para la labor
. En la política se da, como lo más normal, una circunstancia inimaginable en cualquier otra tarea
. Si no me equivoco, hasta para ser bedel de Universidad o barrendero hay que presentarse a unas oposiciones o que superar unos exámenes específicos para el puesto; no digamos para ser gerente de un banco o director de una empresa: hay que haber hecho carrera, demostrado facultades y eficacia, en la teoría al menos
. En política, en cambio, se pretende manejar cantidades ingentes de dinero público y tomar decisiones que afectan a millares o millones de personas sin que los electores hayan visto siquiera un mísero curriculum vitae.

Quizá lo más sorprendente –la fuerza de la costumbre, supongo, como si estuviéramos resignados a tan extraño proceder– es que a los electores nos trae bastante sin cuidado esta imperdonable falta de información y de justificación respecto a los motivos para la designación de un candidato
. Si me atengo al lugar en que voto –Madrid y su Comunidad–, no entiendo por qué la ex-delegada del Gobierno Cifuentes podría ser una Presidenta adecuada; aún menos por qué Aguirre, que cuando desempeñó ese cargo contravino toda sensatez y justicia y arrasó la región, no estaría abocada a ser una alcaldesa caprichosa y autoritaria, en modo alguno liberal; desconozco los méritos de Gabilondo para el cargo al que aspira, lo mismo que los de García Montero: del primero puedo saber que es hombre civilizado e imagino que buen profesor; del segundo, que es poeta competente, aunque eso, me temo, lo haya llevado durante su campaña a incurrir en alguna inaudita cursilería
. No tengo ni idea de por qué la emérita juez Carmena, con su larga y prestigiosa trayectoria en su ámbito, podría tener un ápice de sensatez o acierto a la hora de dirigir la capital; aún sé menos de las dotes de su rival Carmona, de quien ni había oído hablar antes de su designación (ahora veo que tiende a hacerse el gracioso sin que Dios lo haya llamado por ese camino; y poco más).
 De los candidatos de Ciudadanos, bueno, Begoña Villacís creo que es abogada y parece agradable, pero dudo que eso baste para recomendarla como alcaldesa; y, francamente, confieso ignorar quién la acompaña con vistas a presidir la Comunidad.
Así que hay sitios en los que lo conocido es pésimo, y lo desconocido demasiado desconocido.
 ¿Por qué otorgamos el voto, al final? Hace ya mucho que lo más frecuente es votar contra un candidato o un partido y no a favor de aquellos cuya papeleta escogemos.
No hay nada malo en ello, a mi parecer
. Pero como esta vez el resultado previsible no es A o B, sino por lo menos A, B, C o D, nos es aún más difícil saber qué diablos estamos haciendo. ¿Acabará pactando C con A y propiciaremos, sin quererlo, que Aguirre remate Madrid tras las gravísimas heridas de sus correligionarios Manzano, Gallardón y Botella? ¿Pactarán B y D y, sin tampoco quererlo, veremos a una juez emérita y testaruda (algunos artículos sí le he leído) decidiendo arbitrariedades para nuestra maltrecha ciudad? En vista de la ignorancia a que nos condenan (y si yo padezco tanta, que presto atención a la actualidad, ¿cuánta no aquejará a la mayoría de mis conciudadanos?), acaso en Madrid –no así en otras poblaciones– muchos acabemos votando no a las personas, no a los enigmáticos candidatos, sino en contra o a favor de los partidos que nos los proponen.
 Pero ya hemos desembocado de nuevo en lo anterior: ¿quién nos asegura a quién no beneficiará o perjudicará, a quién permitirá o impedirá gobernar?
 En fin, pónganse el parche de tuerto o cojan el bastón de ciego, encamínense a los colegios electorales y déjense guiar por el instinto, la simpatía o la antipatía, el encogimiento de hombros o el pavo
r. Porque lo que es los partidos, ellos no nos han explicado por qué debemos votar a nadie.
elpaissemanal@elpais.es

 

Como si votáramos por vez primera..................................................... Santos Juliá.

El futuro que espera a la democracia con el nuevo sistema de partidos que emerja hoy de las urnas no está escrito, como nada en la vida: eso es lo que rodea a estas elecciones de cierto aura inaugural.

Elecciones 24M
EDUARDO ESTRADA
Nunca unas elecciones municipales y autonómicas han despertado tan elevadas expectativas y han provocado tan profundas incertidumbres como en esta ocasión: tanto es el renacido interés por la política y tantas son las dudas suscitadas por los nuevos partidos y plataformas cívicas que parecería como si estuviéramos, no ante unas elecciones de ámbito local o regional, ni siquiera ante unas generales, sino ante unas constituyentes.
 Cierto, nada que ver con 1977, pero todo sucede como si, agotado lo que entonces nació a la vida política, nos encontráramos en el trance de romper con el pasado para marcar un nuevo comienzo.
Para percibir cómo hemos llegado hasta aquí, no será inútil recordar que si alguien hubiera resumido en 2008 las tres primeras décadas de esta democracia española, habría presentado un balance en el que los logros destacarían más que los fracasos:
 una sociedad más libre e igualitaria, más permisiva y tolerante; unos bienes públicos saneados y disfrutando del aprecio general; una democracia lejos de todo aquello que en otras épocas fue su ruina; sin rastro de militarismo, con el clericalismo de capa caída; sin partidos antisistema, con instituciones legitimadas ante la gran mayoría de ciudadanos; con el terror de ETA derrotado y, para colmo, en Europa y con un sistema en el que dos partidos aseguraban estabilidad a los gobiernos.

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De pronto, los logros se desvanecieron para dejar el campo sembrado de fracasos.
 Una crisis económica que el partido en el poder recibió con una mezcla de autocomplacencia y frivolidad, negándose a nombrarla por su verdadero nombre, hasta que el superávit se convirtió en déficit y las cuentas saneadas pasaron a ser deuda rampante; una crisis política, imparable desde que el partido en la oposición ganó la siguiente convocatoria electoral para imponer una política contraria a todo lo que, con mezcla de mentira, crispación y ligereza, había prometido.
 Crisis económica, devenida crisis política, dando origen a una profunda crisis social, los tres pasos soñados por quienes éramos jóvenes en los años sesenta cuando dábamos por cierto que las horas del capitalismo como sistema económico y de la burguesía como clase dominante estaban contadas.
Ahora, con las tres crisis juntas y sin ninguna fuerza política capaz de enfrentarla, la democracia española pasó a ser denostada como régimen del 78, epítome de fracaso, herencia del franquismo, el régimen por antonomasia: colusión de los dos grandes partidos para el reparto del Estado; corrupción no solo de personas sino del sistema; envilecimiento de salarios e incremento de la desigualdad; políticas de agresión a los bienes públicos: docentes a la calle, hospitales en precario; impuestos sin tasa sobre las clases media y media-baja; pérdida masiva de empleos; jóvenes haciendo las maletas camino de Alemania.
Nunca una convocatoria así ha suscitado tan elevadas expectativas y tan profundas incertidumbres
Con los partidos enmudecidos, sin más rumbo que el impuesto desde el exterior, habló entonces la calle sacando a plena luz la frustración incubada en el interior: si no el capitalismo ni la burguesía, al menos el régimen del 78 sí tenía los días contados.
 No hubo ninguna institución capaz de recoger aquellas voces: el sistema de partidos trastabilló y si no llegó a caer en tierra fue porque quedaban restos de clientelas y viejas lealtades, una energía residual, insuficiente en todo caso para paliar el desastre.
La energía nueva llegó de fuera del sistema, de los movimientos sociales y de las plataformas creadas en una incesante espiral de protesta que inundó las plazas públicas y —lo que resultó tan decisivo— las redes sociales.
Paralizados los viejos partidos ante el abismo, quienes alzaron la voz en plazas y redes, tras despreciar la capacidad inclusiva que define, aun en medio de las peores tormentas, a las instituciones democráticas, se percataron enseguida de que para alcanzar el poder no bastaba con el exceso de hybris de que hicieron gala en los primeros momentos; que además de una buena ración de ego y arrogancia es preciso algo tan antiguo como organizarse en partidos, concurrir a elecciones y conseguir votos.
Y en esas estamos: dos partidos en ascenso compiten con dos partidos en declive, situándose, sin reconocerlo verbalmente, pero sí en la manera de quitarse la corbata o arremangarse la camisa, uno a la izquierda de la derecha y el otro a la izquierda de la izquierda, donde abundan además variopintas plataformas.
De lo primero, hay motivos para celebrar que, al contrario de lo ocurrido en Francia o Inglaterra, aquí la quiebra de confianza en su partido de un amplio sector del electorado de derecha no haya provocado el parto de una criatura de la derecha extrema; de lo segundo, lo que hoy se vislumbra es el grado de fragmentación que añadirá a un campo siempre dividido un recién llegado —y las plataformas coligadas— que mientras levantaba su tienda cambió la canción del mañana es nuestro por un lenguaje de moderación.
Y así, de la relativa simplicidad del eje izquierda/derecha con apoyo mutante de nacionalistas catalanes, pasaremos a la inédita complejidad que precisará de pactos entre partidos y plataformas que, si funcionan como potentes imanes electorales, tendrán que demostrar su valor como coaliciones de gobierno.
Sería una ingenuidad dar por seguro que el pluripartidismo traerá por sí solo el remedio
Pues sería una ingenuidad dar por seguro que, como el mal radicaba en el bipartidismo, el pluripartidismo traerá por sí solo el remedio.
 Alemania ha mantenido durante medio siglo un eficaz sistema bipartidista, con o sin gobiernos de coalición, mientras en Italia, maestra en finezza política, el sistema multipartidista se derrumbó, con sus gobiernos de coalición de quita y pon, como un castillo de naipes, sin dejar ni una carta en pie. Aquí, el futuro que espera a la democracia con el nuevo sistema de partidos que emerja hoy de las urnas no está escrito, como nada en la vida: eso es lo que rodea a estas elecciones de cierto aura inaugural, como si votáramos por vez primera, desnudos de ataduras, libres de viejas lealtades.
Con las elecciones generales de 1977, una dictadura hizo mutis al tiempo que irrumpía en escena una democracia
. Hoy puede ocurrir que una democracia fatigada por las malas prácticas y duramente golpeada por la crisis encuentre en unas elecciones locales y autonómicas el punto de partida hacia su reforma y renovación: todo dependerá de cómo administre cada cual, en el conflicto de intereses y la distribución de recursos que es siempre la vida política, el resultado que salga de las urnas, esa antigualla asentada por vez primera en España gracias al régimen de 1978.
Santos Juliá es historiador.

 

23 may 2015

A los 59, la desnuda verdad de mi cuerpo............................................. Robin Korth

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Desnuda, me puse frente a las puertas del armario con las luces encendidas y me mentalicé. Respiré hondo y coloqué los espejos para poder verme de cuerpo entero.
 Trabajé a conciencia para quitarme de la cabeza esa imagen interior que tenía de mí misma. Abrí los ojos y observé mi cuerpo con atención.
Y al descubrir la verdad me dio un vuelco el corazón: ya no soy una mujer joven.
Soy una mujer que ha vivido plenamente
. Mi cuerpo narra la historia de todos los años que ha llevado consigo a mi espíritu.
Soy una mujer de 59 años con muy buena salud y en buena forma física.
 Mido casi 1,80 y peso algo más de 61 kilos.
 Uso la talla 38 en pantalones y braguitas, y mis pechos aún quedan lejos de mi ombligo
. De hecho, todavía se esfuerzan por llenar un sujetador de copa B.
 Ya no tengo los muslos de terciopelo y tengo estrías en las nalgas. Me cuelga un poco la parte de arriba de los brazos y mi piel muestra las marcas del sol.
 Tengo la cintura algo flácida, ya no está perfectamente tersa, y en el abdomen se aprecia la señal de una cesárea que se llevó consigo la planicie de mi vientre... pero que me dio un hijo.
¿A qué viene este brutal escrutinio de mí misma?
Era el momento de contrarrestar los daños de mi cultura, de mi propio miedo, y de darme algo de amor.
Era el momento de señalar los puntos fuertes y débiles de mi propio cuerpo, un cuerpo que fue calificado como "demasiado arrugado" por un hombre encantado con mi energía y mi mente, pero al cual no le gustaba mi verdad desnuda.
Se llamaba Dave y tenía 55 años.
Nos conocimos en una web de citas.
 Dave era interesante, educado y brillante.
 Me daba la mano y dábamos largos paseos en bici.
 Recorría muchos kilómetros para llegar hasta mi puerta. Cocinaba para los dos y acariciaba a mi perro.
 Estaba convencida de que deseaba conocer por completo a ese hombre.
Así que planeamos un fin de semana juntos. Ahí fue cuando las cosas empezaron a torcerse.
Nos fuimos a la cama como cualquier otra pareja, desnudos y acariciándonos, con los cuerpos juntos. Nos besamos y nos abrazamos antes de dormir
. Durante el fin de semana, intenté que llegáramos a algo más, pero me desalentaba en cada intento.
El lunes por la noche, hablando por teléfono, le pregunté a este hombre que había compartido cama conmigo durante tres noches consecutivas que por qué no habíamos hecho el amor.
 "Tienes el cuerpo demasiado arrugado", me dijo, sin necesidad de tomar aire
. "Me he malacostumbrado estando con mujeres jóvenes durante años, y no consigo excitarme contigo.
Me encanta tu energía y tu risa. Me gusta tu mente y tu corazón.
 Pero no puedo con tu cuerpo".
Me dejó pasmada
. El dolor vendría después.
 Le pregunté con calma y con cuidado si le costaba mirar mi cuerpo. Me dijo que sí.
 "Entonces, ¿te resultó molesto verme desnuda?", pregunté. Me dijo que, simplemente, había mirado para otro lado.
 Y que cuando apagamos las luces, trató de imaginarse que mi cuerpo era más joven; que yo era más joven
. Respiré hondo mientras intentaba procesar la información. Se me quedó cara de tonta y sentí mucha vergüenza al recordar lo poco que me había costado desnudarme ante aquel hombre justo unos días antes.
Estuvimos hablando un rato más, y mi cabeza siguió dándole vueltas al contenido de la conversación. Él me habló de algunas prendas que podrían "esconder" mi edad.
Me dijo despreocupadamente que le encantaban los "minivestidos negros" y los zapatos de tiras. También me dijo que aunque no tuviera el pelo largo y suelto como a él le gustaba, no le importaba demasiado porque tenía un "look moderno".
Al escuchar a este hombre, me sentí como una muñeca Barbie a la que arrojan ácido.
 Él no era consciente en absoluto de la brutalidad de sus palabras.
 Me había convertido en un objeto al que poder vestir y posicionar para proporcionar satisfacción a su idea de lo que la perfección sexual femenina debería ser.
Me explicó que, ahora que sabía lo que necesitaba, podríamos pasarlo genial en la cama
. Le dije que no, que no iba a esconder mi propio cuerpo. Que no me vestiría con prendas destinadas a hacerlo más tolerable
. Que no me desvestiría en la oscuridad o en la ducha con la puerta del baño cerrada. Que no me rebajaría por él, ni por nadie
. Que mi cuerpo es bello, y que va junto con mi mente y mi corazón.
Cuando le dije a Dave que no quería volver a verle ni a tener noticias suyas, le resultó muy extraño y se quejó de que yo había hecho una montaña de un grano de arena
. Que le estaba dando demasiada importancia a una pequeña parte de nuestra relación.
Ni siquiera intenté explicarle el daño que me había hecho. Lo cierto es que lo sentí mucho por aquel hombre al colgar el teléfono
. Fue tras esta llamada cuando me dirigí hacia el dormitorio y me quité con cuidado la ropa.
Al mirar al espejo, con los ojos bien abiertos y valentía, reivindiqué cada milímetro de mi cuerpo con amor, respeto y cariño. Este cuerpo soy yo.
 Ha sostenido mi alma y mi corazón todos y cada uno de mis días. Cada arruga e imperfección es un distintivo de mi experiencia, como ser vivo y dador de vida.
 Con lágrimas en los ojos, me abracé. Di gracias a Dios por el regalo de mi cuerpo y mi vida.
 Y también le agradecí a ese lamentable hombre llamado Dave por haberme recordarme cuán preciado es este bien.
A Robin Korth le gusta interactuar con sus lectores. Puedes contactar con ella en Facebook.
También puedes informarte sobre su nuevo libro, Soul on the Run, en la página www.SoulOnTheRun.com.
Traducción de Marina Velasco Serrano
Ayyyyy Amor de Hombre que está llegando y ya se va una vez más.