Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

14 may 2015

El terrible cuento de Matteo Garrone................................................. GREGORIO BELINCHÓN (ENVIADO ESPECIAL)

El italiano concursa en Cannes con ‘Tale of Tales'

Es una recopilación de cuentos de hadas napolitanos con un reparto internacional.

REUTERS LIVE

En el siglo XVI el napolitano Giambattista Basile escribió varios cuentos de hadas, posibles referencias a historias más modernas como Cenicienta o La bella durmiente. Matteo Garrone no es napolitano, pero sí un romano que ha vivido un tiempo en Nápoles
. “Así que siento que forma parte de mis raíces”. De ahí su extraña elección tras Gomorra y Reality. Extraña a priori, porque el cineasta ha defendido hoy en Cannes, donde concursa con Tale of tales, en la que resume varias de esas historias de Basile, su identificación con aquel narrador. “En realidad, lo que encontré en Basile fue un montón de material que me obsesiona en mi trabajo: la metamorfosis, el cambio del cuerpo -incluso la cirugía plástica, el afán por parecer siempre un niño-, el deseo -más allá de los límites- que genera conflictos. Basile es un creador que bucea muy bien en esos sentimientos”
. Para el cineasta, no importa mucho que haya rodado en inglés: “Las historias iniciales estaban en un dialecto napolitano que ni siquiera hoy entienden en esa ciudad.
 Es decir, que ya de por sí se traducen actualmente al italiano.
 Llevarlas al inglés le da a la película una dimensión universal, y nos abrió la puerta para lograr un equipo más grande de actores”.
Entre ellos, hoy estaban en Cannes Salma Hayek, Vincent Cassel, Toby Jones o John C. Reilly. La mexicana fue la más parlanchina, y explicó cómo se encara un personaje –en su caso, el de una reina dispuesta a todo con tal de tener descendencia- de cuento de hadas:
 “Cuando leo un guion, empiezo por entenderla yo en lo más profundo de su ser para que posteriormente también lo entienda el público.
 En este caso, pivotaba alrededor de su obsesión de ser madre, algo que creo entenderán muchas mujeres”
. Actriz y director coincidieron en destacar la universalidad de los cuentos de hadas. Aunque Garrone también desgranó: “Los personajes son cercanos a arquetipos modernos, pero aun así decidimos tomarnos nuestras licencias con respecto a Basile. Cambiamos mucho, aunque nunca tocamos su alma
. Yo necesito amar mis personajes”.
 Y aseguró: “Es una película que nunca se había hecho en Italia antes.
Antes de director yo era pintor.
 Así que por eso me gusta la fantasía y el poder de las imágenes. Me gusta empezar mis historias por la realidad y luego derivar hacia la fantasía, hacia otros mundos”.
Efectivamente, Garrone ha cambiado tres veces de pulsión laboral.
Antes de entrar en el cine (ya estuvo en Cannes, en la Quincena de Realizadores en 2002 con El embalsamador), se dedicó a la pintura, y previamente había sido tenista profesional.
De los tres mosqueteros del cine italiano que participan en esta edición del certamen, es probablemente el más querido en su país
. Entre ellos (Nanni Moretti, Paolo Sorrentino y Garrone) ha habido a lo largo de los años varios desencuentros, aunque actualmente –y vistas las fotos previas a Cannes- parecen haber llegado a una entente cordiale.
 En Italia Sorrentino no encaja bien: es el más anglosajón de sus cineastas, con su gusto por la ropa de Paul Smith, sus historias alejadas del realismo social y su querencia por el inglés como idioma cinematográfico.
Una leyenda –viene bien para este filme sobre cuentos de hadas- que rodea a Garrone y Sorrentino es reveladora. Garrone vivía en un piso en una de las mejores zonas de Roma.
Un día se mudó al ático, justo encima de su vivienda, alguien que empezó a montar fiestas tremendas. Era Sorrentino, a quien Garrone acusó de mudarse a esa casa solo por pisar por encima de él.
 En venganza (Sorrentino nunca lo ha confirmado) el director de Il Divo puso a un vecino histérico enfadado en La gran belleza por las celebraciones de Jep Gambardella, un tipo que finalmente acaba detenido por la policía para cachondeo del protagonista.
Hoy, parece que reina la calma en el cine transalpino.

Para Garrone solo hubo palabras cálidas y laudatorias de parte de su reparto en Cannes
. Según Cassel, “fue un rodaje muy fácil, relajado a la manera italiana a pesar de la mezcla de idiomas, al que se llegó tras muchas conversaciones y comidas informales”. Reilly explicó que el romano confía mucho en sus instintos:
 “Cambia las cosas, los planos, los diálogos, si siente que no parecen suyos, aunque estuviéramos en mitad de un enorme decorado”. Hayek remachó: “Se habla mucho del método en el caso de los actores, y la gente olvida que también existe el método para los directores. Matteo busca ese algo especial, no sé…”. A su lado, el director sí supo poner el punto y final: “Único”.

 

Extraña en el Bernabéu.................................................... Luz Sánchez-Mellado


Casillas se lamenta tras la eliminación del Madrid.
Casillas se lamenta tras la eliminación del Madrid. / DANI POZO (AFP)

Detesto el fútbol, lapidadme por hereje.
 No es una pose, ojalá, es una incapacidad como otra cualquiera.
 Me encantaría que me encantase. Contemplando con envidia de excluida de la fiesta la pasión de los forofos, es obvio que me estoy perdiendo uno de los grandes placeres de la vida.
 Pero no hay manera, bien que lo siento
. Es oír el soniquete de los cantores de gesta que lo glosan en la tele o en la radio, y entrar en fase REM aguda.
Anoche, no obstante, asistí a mi primer partido del siglo, nada menos que la semifinal de la Champions entre el Real Madrid y la Juve -obsérvese mi dominio de la jerga- y algo ha cambiado para siempre.
Vi gente beber hasta reventar la vejiga en un botellón gigantesco antes de entrar al estadio donde no se puede consumir más alcohol que el de la enfermería.
Vi gente de todo pelaje cantar a grito pelado como una sola voz ultraterrena.
Vi sudor. Vi lágrimas. Vi la sangre de la aorta del público bombear según se iba acercando el final del partido y se mascaba la tragedia.
Visto lo visto, he de reconocer dos cosas. Sigue sin gustarme el fútbol: el verdadero espectáculo está en las gradas.

El asunto tiene mucho de oficio religioso.
 Al entrar al templo, los monaguillos del equipo anfitrión reparten entre los fieles el himno de La Décima -obra de un bardo barbudo gallego, según me cuentan-, como el misal en misa
. Como en los servicios preconciliares, y aún hoy en algunos pueblos que yo conozco, se separa a la parroquia por géneros
. No a los hombres de las mujeres, un buen 30% de la masa, eso sería inconstitucional.
 Sino a los de un equipo de otro, para evitar que salte la chispa y prenda la mecha de la violencia. Así, mientras los madridistas campaban a sus anchas, que para eso estaban en casa, a los italianos los tenían estabulados en un alero del estadio.
A la vez protegidos y enjaulados por una red como la que se pone en las cunas de los bebés cuando están creciditos para que no se tiren de cabeza al suelo, solo que allí no era para evitar suicidios involuntarios, sino para que los niños no arrojaran el biberón del refresco, o el sonajero del iPhone al campo.
Sigue sin gustarme el fútbol: el verdadero espectáculo está en las gradas
Niños, sí. Porque niños eran, o parecían, todos y todas. Incluido un matrimonio de ancianos de los de misa de una en San Fermín de los Navarros, de blanco impoluto ambos, que solo perdieron los nervios –él, no ella- con un presunto penalti no pitado abucheado por el abuelo con un golpe de su bastón de empuñadura de carey sobre la barandilla. Así estaban todos.
 Tan felices, tristes, aburridos y exaltados a ratos como solo están los críos de primaria.
 En resumen: veintidos chavales jugando al balón sobre un mantel de picnic a cuadros verde hierba, y 90.000 compinches dándoles instrucciones precisas desde el graderío: “Bale: no te reserves, cabrón, es ahora o nunca”,
 “Cristiano: menos gomina y más vaselina”, “El que es bueno es Pirlo, el hijo de puta”.
Al final, mientras los italianos esperaban en su cuna a que la policía los escoltara al aeropuerto, grupúsculos de madridistas gritaban el enésimo
“Florentino, dimisión” para las cámaras de la enésima tele.
 Detrás, caminaba de la mano de su padre un niño regordete reventando las costuras de su camiseta con el 4 de Ramos a la espalda
. Iban los tres –seguro que Ramos también en el vestuario- llorando a lágrima viva.

El gran Iker...................................................... José Antonio Martínez Lamoca

Apenas entiendo de fútbol, mucho más de sentimientos.
 Sin entender de eso que algunos llaman el “deporte rey”, Iker Casillas ha sido y es un deportista ejemplar. 
Alejado de la fatua espuma de los supermillonarios y extravagantes futbolistas, siempre me ha parecido un tipo normal, uno de los nuestros, capaz de pasear por nuestras calles y beber en nuestras tascas.
 Es y ha sido uno de los mejores deportistas españoles de todos los tiempos; sin duda, nuestro mejor portero de fútbol y, probablemente, uno de los mejores del mundo.
 Y en un deporte que mueve masas humanas y monetarias.
 A esos aficionados madridistas que abuchean domingo sí y domingo también a Iker, el mayor de mis desprecios.— José Antonio Martínez Lamoca.

Cannes también es feminista....................................................... Carlos Boyero

'Con la cabeza alta', de Bercot, que inauguró el certamen, es inmediatamente olvidable.

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El Festival de Cannes nunca ha sentido simpatía por el azar. Todo obedece a razones artísticas, pero sobre todo prácticas.
 Por ejemplo: gran parte del cine asiático y africano que acostumbran a programar está coproducido por Francia.
 Tampoco se cortan un pelo a la hora de exhibir cine francés.
En esta edición va a haber sobredosis del producto patrio.
 Y un mimo especial hacia el cine europeo de autor. ¿Y el cine estadounidense? Muy escaso
. En la sección oficial se podrá ver lo último de Gus Van Sant y de Todd Haynes, dos directores habituales en este festival que tanto les ama.
 Yo, un poco menos.
Y fuera de competición se proyectarán Irrational Man, la nueva película de Woody Allen, y la cuarta entrega de Mad Max.
Digo yo que se habrán realizado en Estados Unidos unas cuantas películas que merezcan la pena, pero en esta edición la oferta de Cannes de cine imperialista es más que rácana.
Tampoco es casual la abundante presencia de mujeres en los diversos jurados ni que se exhiban numerosas películas de directoras.
El año anterior hubo quejas sobre la mínima participación del género femenino en la programación, sospechas de discriminación
. Problema resuelto
. En mi caso me da igual que haya directores o directoras, a condición de que sea atractiva la oferta de unos u otras.
 Tampoco ha olvidado Cannes homenajear a Ingrid Bergman en la fotografía que ilustra el cartel de esa edición
. No tengo nada en contra de mujer tan hermosa y legendaria actriz, pero sería más lógico que en el centenario de aquel creador total llamado Orson Welles nos topáramos con su rostro en todos los lugares de la ciudad. Incluso en la sopa.
Ha inaugurado el festival la película francesa Con la cabeza alta, de Emmanuelle Bercot.
 Cine social centrado en la infancia y adolescencia de un chaval problemático con todas las papeletas y las circunstancias para terminar siendo un residente habitual de las cárceles, o que le ocurra algo aún peor.
 Es una película entre discreta, bienintencionada y tibia, inmediatamente olvidable
. Su desenlace revela que la educación de críos díscolos, de proyectos de delincuencia, funciona modélicamente en Francia
. Entre una jueza humanista y un comprensivo educador lograrán que el chaval no se descarríe a perpetuidad.

La sutileza de Kore-Eda


El muy personal y sensible director japonés Kore-Eda Hirokazu ha bautizado el cine a concurso con la bonita y también alargada Umimachi diary, que describe la adopción que hacen tres hermanas cuyo padre las abandonó, y posteriormente la madre, de la hija que éste tuvo con otra mujer.
 Curiosamente, en esta historia que habla del calor familiar, de la necesidad de construir un refugio afectivo y sólido para evitar el frío del mundo exterior, las hermanas no se abrazan, no se besan, no se tocan ni una sola vez.
 Imagino que la relación familiar en la cultura japonesa evita el contacto físico.
 Pero la sutileza de este director para describir sensaciones y sentimientos, lo que se expresa y lo que se calla, las emociones con matices, sigue siendo primorosa.
 No ocurren grandes cosas y en el montaje podía haber abreviado algunas situaciones repetitivas, pero su atmósfera y su capacidad de sugerencia son envolventes.
El Rimbaud que escribió ese breve poema llamado Sensación se hubiera identificado con la imagen de una adolescente enamorada que junto a su amigo pedalea en una bicicleta para ver los cerezos en flor, en la plenitud que siente observando la belleza, cerrando los ojos mientras el sol y el viento la acarician
. Este director no es un sensiblero ni un cursi. Es otra cosa.
 Es un poeta identificable.