Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

14 feb 2015

Grandezas y miserias de San Valentín.............................................................. Jesús Méndez González

Una guía con todos los planes y las informaciones posibles sobre San Valentín.

 



El Día de los Enamorados, también conocido como San Valentín, es una de las fechas más señaladas del años. 
Gusta a muchos pero también es un día odioso para otros. 
Sea del grupo que seas, te facilitamos toda la información a favor y en contra sobre este día que se celebra cada 14 de febrero.

Cómo funciona el cerebro de una persona enamorada.

 

Feliz San Valentín.

De la misma forma que nadie sabe exactamente qué es el amor, no se conoce a ciencia cierta por qué el día de San Valentín pertenece a los enamorados.
Una de las suposiciones más extendidas es esta: San Valentín era un sacerdote romano allá por el año 200, época en la que el emperador decidió prohibir los matrimonios de los más jóvenes bajo la idea de que el casamiento debilitaba a los soldados.
 Sin embargo, reacio a la medida, San Valentín celebraba matrimonios a escondidas entre aquellos que se lo solicitaban.
Ese papel de casadero le consagró como patrón del amor (y también le supuso morir martirizado). Pero esa es una leyenda más entre otras tantas que han querido explicarlo
. De un modo parecido, quien más quien menos ha intentado dilucidar qué es el amor, qué ocurre cuando sucede.
 Y la ciencia no es ajena a ese interés. Asumiendo que todo sentimiento tiene un correlato físico (el corazón no se acelera si un mensajero químico no “le dice” que lo haga), numerosos científicos han dirigido últimamente sus investigaciones para definir qué es lo que acontece en el cerebro cuando alguien se enamora. En un intento de ganar terreno a las leyendas, estas son cinco cosas, más o menos insólitas, que el amor hace con su mente.

1. Crea adicción

De entre las áreas cerebrales estimuladas por el amor, unas destacan sobremanera: son las que conforman el circuito de recompensa.
Entre ellas, se impone el llamado núcleo accumbens, una pequeña zona situada unos centímetros detrás de sus ojos, muy sensible a la dopamina —neurotransmisor que aumenta con el enamoramiento— y al que se conoce, popularmente, como el centro del placer.
  Es el que se activa especialmente cuando recibimos un premio, cuando tenemos sed y bebemos agua o cuando consumimos prácticamente cualquier tipo de droga.
 De hecho, el circuito de recompensa es también el circuito de la adicción, de ahí el carácter adictivo de las primeras fases del amor.
“El aumento de dopamina es muy grande al principio de las relaciones”, comenta Larry Young, investigador de la neurociencia del comportamiento en la Universidad de Emory, en Atlanta, y autor del libro Química entre nosotros. Amor, sexo y la ciencia de la atracción.
“De hecho, hemos visto que los ratones que pierden a su compañero se deprimen de una forma muy parecida a como lo hace un adicto al que se le retira la cocaína o la heroína”, añade.
Pero no solo eso: el aumento de dopamina corre en paralelo a la disminución central de otro neurotransmisor, la serotonina, y esta merma sucede también en los trastornos obsesivos, de cuyos rasgos principales el amor no está demasiado lejos.
El enamoramiento no es una enfermedad, pero cerebralmente y desde lejos lo puede parecer

2. Nos remite a la familia, queramos o no

La oxitocina y la vasopresina son dos pequeñas hormonas cuya máxima producción tiene lugar en momentos aparentemente lejanos al enamoramiento: en el parto y durante la lactancia (a medida que el bebé succiona del pezón)
. Entre sus muchas funciones están la de fortalecer el vínculo entre la madre y el hijo.
 Y de ello se aprovecha también el amor (romántico)
. En el enamoramiento parece aumentar la producción de oxitocina y vasopresina, contribuyendo así a robustecer el nexo.
 Esto tiene sentido desde un punto de vista evolutivo: se gasta un tiempo y una energía considerables en encontrar a una pareja idónea.
 Una vez conseguida, el lazo debe reforzarse para tratar de garantizar que ambos cuidarán de la posible descendencia.
 Así es al menos como la naturaleza tiende a “pensar”.

3. Nubla el juicio y la razón

Para identificar las zonas del cerebro que se activan en el enamoramiento, los científicos suelen usar lo que se conoce como 'resonancia magnética funcional'.
 Esta técnica capta la mayor o menor llegada de oxígeno a cada área, un sinónimo de la demanda que la actividad crea.
 Aunque es un procedimiento un tanto problemático (procure no sacar mensajes de un solo estudio), varios trabajos han llegado a conclusiones parecidas
. Así fue como se vio que, durante el enamoramiento, el circuito de recompensa trabaja con especial fervor, y que lo la corteza prefrontal parece “apagarse”
. Esta última es el área del cerebro más propiamente humana, la responsable fundamental de nuestra capacidad de razonar y emitir juicios elaborados.
 Las consecuencias son evidentes: el amor nubla, al menos sobre la persona amada, la capacidad crítica.
 Eso explicaría la creencia de que “el amor es ciego”, o incluso la sentencia de Ortega y Gasset, que lo definió como “un estado de imbecilidad transitorio”.
 Pero obedece a una razón: aumenta las posibilidades de unión. O, resumido con antelación por Nietzsche, “siempre hay algo de locura en el amor, pero siempre hay algo de razón en la locura.”

4. Produce estrés y da valor

Como resumió Nietzsche, “siempre hay algo de locura en el amor, pero siempre hay algo de razón en la locura”
El amor produce una ola de estrés a lo largo del tiempo.
En un principio se trata de una activación del eje hipotálamo-hipofisario-adrenal, lo que viene a querer decir, entre otras cosas, que el cerebro manda señales para que se produzca más adrenalina. Una interpretación que se hace es que ese grado de estrés permite superar el miedo inicial, lo que se conoce como neofobia.
 Con los meses, sin embargo, el mecanismo disminuye, dando lugar a una sensación de tranquilidad (el resto de hormonas y circuitos implicados también se modulan con el tiempo).
 Lo curioso es que este fenómeno es uno de los pocos en los que los acontecimientos cerebrales entre amor romántico y maternal no se solapan.
 Porque en el cerebro de una madre (posiblemente también en el padre, pero los estudios se han hecho especialmente en el primer caso, donde los cambios hormonales son más acusados) también tiene lugar una activación del área de recompensa y una subida de dopamina; igualmente, hay un aumento claro de oxitocina y vasopresina; e incluso también se produce una inhibición de la corteza prefrontal (la madre “suspende el juicio” cuando de su hijo se trata).
 De hecho, tal correspondencia entre ambos tipos de amor ha llevado a pensar que el amor romántico ha evolucionado de un sistema más antiguo: el del amor de una madre por su hijo.
 Sin embargo, en este caso, no tiene lugar una reacción del hipotálamo, como la que se produce en las parejas.

5. Te hace monógamo (o no)

La ciencia no ha sido capaz de determinar aún si por naturaleza somos monógamos, polígamos o monógamos secuenciales, pero sí se saben algunas de las cosas que influyen en esta realidad
. Al menos en ratones.
 Los roedores de campo son monógamos convencidos, profundamente fieles a su pareja.
 Los de monte, por el contrario, son promiscuos consumados. ¿La explicación? Los primeros tienen muchos más receptores de oxitocina y vasopresina en las áreas de recompensa.
 De hecho, cuando en el laboratorio se bloquean estas hormonas, los ratones de campo que carecen de ellas se comportan como si fueran ratones de monte, sin ningún tipo de memoria ni predilección especial por ninguna de sus parejas.
Los humanos no somos ratones. Es evidente que nuestra fidelidad depende de mucho más factores que en estos animales.
Pero tampoco parecemos inmunes.
 Algunas variantes de los receptores de vasopresina, por ejemplo, se han asociado con una mayor o menor promiscuidad.
Ni mucho menos la determinan, pero es un factor que puede llegar a terciar.
 Como comenta Larry Young, algunas investigaciones han observado que cuando se les daba oxitocina intranasal a hombres que estaban en una relación, encontraban más atractivas a sus parejas que si se les daba placebo.
"Pero únicamente sucedía con sus pares: la oxitocina no aumentaba su valoración de otras mujeres de atractivo similar, ni activaba sus áreas de recompensa como ocurría cuando veían a sus compañeras”, aclara.
En resumen, quizás piense que la ciencia todavía no sabe mucho del amor.
 Puede ser. Quizá esté convencido de que la razón no puede comprender a la pasión en toda su complejidad.
Muchos científicos también lo creen.
 El propio Larry Young, sin ir más lejos, opina:
“La ciencia será capaz de decirnos muchas cosas sobre la química y los mecanismos cerebrales implicados en el amor.
 Pero no nos hará entender su magia.
 Eso solo se puede entender estando enamorado”.
 Y añade: “Es posible que su esencia se entienda mejor desde la poesía, la música o el arte, pero la ciencia puede contribuir a comprender parte de su misterio".
 Porque lo que resulta obvio es que todo sentimiento tiene su correlato físico, y que en buena medida este puede estudiarse.
 Hasta dónde alcanzará su explicación, eso nadie lo sabe.
Feliz San Valentín.

En defensa de Uma.............................................................. ANA GARCÍA-SIÑERIZ

El precio a pagar por un rostro sin arrugas a veces exige renunciar a una cara especial.

 

Uma Thurman, en la presentación de la serie "The Slap". / Andy Kropa (AP)

No había terminado de colear el escándalo Renée Zellweger y su cambio de cara por causas tan naturales como “dormir más y pensar en positivo”, cuando esta semana se han vuelto a revolucionar las hordas tuiteras con la transformación de Uma Thurman.
 Que si esa no es mi Uma, que me la han cambiado, y el móvil echando humo con las fotos del antes y el después.
El antes, con foto de Cécile de Volanges en Las amistades peligrosas.
Y el después, la cara de una mujer con dos divorcios, tres hijos y más de medio centenar de películas detrás.
 Y que sí, que se hace sus arreglillos para tratar de minimizar los desconchones que el tiempo y los cada vez más escasos papeles interesantes dejan en el pasillo de la cara de las estrellas.
Aunque esta vez parecía que en vez de una mano de pintura, a la cara de Uma le hubieran dado dos. Que, al final resultó ser así: un maquillaje tan poco favorecedor que hizo saltar todas las alarmas.
Renée Zellweger, octubre 2014. / Cordon press
Esta ola de indignación porque Uma Thurman se hubiese atrevido a retocar un rostro tan bello no deja de ser curiosa ya que ahora mismo no hay en todo Hollywood una actriz de más de 40 años que no lo haga.
 De verdad. Y que no salga nadie con el cuento de Meryl Streep, porque siempre hay excepciones; hay una que puede, porque colecciona Oscar como si fueran cromos.
Y ya está. De Meryl para abajo acaban cayendo todas. To-das.
Quizás por eso, cuando alguna de las que resistía firme, orgullosa de su entrecejo montaraz parece caer, hay una especie de decepción general.
 Un Ohhhhhh…¿Por qué? ¿Por qué tú también, Uma Thurman? ¿No has aprendido de Meg Ryan y de Melanie Griffith? ¿Es que no has visto como está Nicole Kidman que era tan buena actriz?
 Mírala ahora, como Grace de Mónaco, una muñeca sin expresión… ¿No sabes que las inyecciones en la cara las carga el diablo?
¡Si no hay día que no nos desayunemos con diez famosas y sus desastres, y una foto de Donatella Versace que quita las ganas de hacerse el smokey eye!
Viendo tales ejemplos, es lógico preguntarse porqué mujeres universalmente reconocidas como bellezas se arriesgan a alterar su expresión y sus facciones en aras de conseguir unos años más de juventud.
 Y sabiendo, como ellas saben, que el precio a pagar por un rostro sin arrugas muchas veces exige renunciar a lo que las ha convertido en lo que son.
 Una cara especial.
Uma Thurman, en una imagen de 2000. / Allstar Graham Whitby-Boot/ (Sportsphoto Ltd./Allstar)
El colmo del mal resultado de ciertos retoques, es, cuando además de dejarse la piel en el quirófano —literalmente— se pierden los papeles, también literalmente.
Es el caso de Renée Zellweger. Difícilmente puede encarnar a Bridget Jones en la tercera parte que se prepara cuando ya no se parece en nada a Bridget Jones
. ¿Quizás a la hermana ojiplática de Bridget Jones? El cine no funciona así.
Si el Porsche era el antídoto masculino —de alto nivel —contra los primeros síntomas de la middle age crisis, los retoques estéticos se han convertido en el paso del Rubicón de muchas mujeres
. Y una decisión que cobra especial importancia cuando se trata de actrices cuyos rostros conoce a la perfección todo el planeta.
Tiranizadas por la fotografía a todo zoom y los comentarios de los foros, se necesita de mucha fortaleza para no sucumbir a las tentaciones que hacen más fácil la vida con Photoshop. Ni una arruga en las portadas, ni una arruga en la realidad
. Hagan el test y comprueben cuántas actrices se enfurruñan o lloran descompuestas en la última película que hayan visto. Incluso las más jóvenes caen en la trampa de congelar una belleza que lleva a la inexpresividad.
Pero no sería justo culparlas por querer mantener una piel lisa, aunque se equivoquen.
Por tratar de luchar para seguir siendo protagonistas.
 Para poder trabajar. Saben que el tiempo y Hollywood no juegan a su favor.
Hace poco más de un mes el actor australiano Russell Crowe entraba, cual elefante en cacharrería, en el debate sobre mujeres maduras y cine.
 Se quejaba de las actrices que a su vez se quejan de que en Hollywood no haya papeles para ellas. Russell reconocía que él tampoco podía ser el héroe de Gladiator eternamente (nos hemos dado cuenta, Russell), y pedía a sus colegas talluditas que dejaran de postularse para papeles de ingenuas. Decía Russell, con muy buen criterio, que no hay como encajar en el personaje que conviene a cada momento vital.
Cuando se es mayor, pues de mayor. Qué razón tiene Russell Crowe. Pero, ¿y si no hay papeles de mayor?
El actor se deja la barba, se echa una túnica sueltecita y se mete en la piel de Noé.
 Puede seguir trabajando hasta ser perfecto para el papel de Matusalén.
 Pero, ¿y si buscamos a las actrices que triunfaban en los tiempos de Russell? ¿Una Jodie Foster, que es del club de las antiretoques? El año pasado, en blanco. ¿
Y una bien conservada Sharon Stone?
 Nada digno que destacar. Si te retocas mal te pondrán a caldo, pero si no lo haces y te ves mayor, también.

El caso de Uma, que tanto ha enervado a las masas, no merece la condena en la plaza pública. Primero porque no había caso
. Después, porque cada uno hace con su cara lo que le viene bien.
 Y si entrásemos en el juego de las odiosas comparaciones, y colocáramos la cara de esta mujer de 45 años cuya última película con algo de repercusión fue Mi super exnovia, junto a la de la niña que enamoraba, hace casi tres décadas, al vizconde de Valmont… tampoco resistirían la comparación. Con bótox o sin él.

La caída de los dioses de la moda................................................................... Elsa Fernández-Santos

Dos estudios indagan en las tormentosas biografías de Alexander McQueen y John Galliano

Cambiaron la alta costura pero su caótica vida marcó sus carreras.

 

El diseñador de moda John Galliano.

Sería imposible entender los opacos entresijos del mundo de la moda actual sin detenerse en la ascensión y hundimiento de John Galliano y Alexander McQueen, los dos hombres que a caballo entre dos siglos revolucionaron la alta costura para acabar —empujados por la autodestrucción, un ritmo de trabajo frenético y el pánico al fracaso— en la peor cuneta del imperio del lujo
. Gods and kings: the rise and fall of Alexander McQueen and John Galliano (Penguin Press), de la periodista Dana Thomas, se ha publicado esta semana en EE UU y Reino Unido reconstruyendo en paralelo el camino hacia el olimpo de la costura de dos introvertidos chicos de la periferia londinense. El libro transita por las rutas más conocidas de sus biografías pero también por las más sombrías. Plagado de drogas, sexo, traiciones, inseguridades y éxitos mal digeridos, en apenas 400 páginas y dos décadas el sueño de aquellos muchachos acabó en pesadilla.
Portada del libro de la periodista Dana Thomas sobre McQueen y Galliano.
McQueen se ahorcó la madrugada del 11 de febrero de 2010 dejando un escenario de horror en su casa de Londres.
 Después de una noche bebiendo y vagando solo por locales nocturnos, con un cóctel de cocaína y tranquilizantes en el cuerpo, intentó sin éxito cortarse las venas con varios cuchillos de cocina
. A sus 40 años, decidió que la única manera segura de acabar con sus fantasmas era colgarse de su armario.
El funeral de su madre, Joyce, era al día siguiente.
Para muchos la muerte de Joyce no fue la causa última del suicidio sino la razón que liberó a McQueen de la insoportable carga de su vida.
 Apenas un año después, Galliano, enfermó de ansiedad y alcohol, acabó arrojado de Dior y del sistema después de un penoso episodio antisemita en un restaurante de París.
 Era la puntilla a una incontrolada deriva personal.
“Ambos arrastraban sus propios demonios pero también creo que pagaron un precio enorme por el cambio que vivió en aquellos años el negocio de la moda”, asegura Dana Thomas desde Nueva York.
Thomas —corresponsal de cultura y moda de Newsweek en París y colaboradora de The New York Times— defiende el fondo de una investigación de cuatro años
. “Para mí ellos son la metáfora perfecta de cómo el mundo de moda mutó de una locura romántica y creativa a un mundo de poderosas multinacionales globales.
 Después de la caída de McQueen y Galliano todo cambió y los creadores de la alta costura se volvieron más temerosos, más cautos, más pragmáticos: renunciaron a cambiar el mundo, y aprendieron a no llevarse el trabajo a casa”.
Para el crítico británico Colin McDowell, que le ha dedicado un extensa reseña en The bussiness of fashion, el libro logrará hacer ruido y dinero pero duda del relato sesgado de algunas de sus fuentes, examantes, ayudantes resentidos, aves nocturnas y colegas de juergas y adicciones
. Además, acusa a la escritora de no demostrar la misma empatía por Galliano que por McQueen.
 “No es cierto. Aunque es inevitable ser más amable con los muertos.
 Aún hoy es imposible hablar de McQueen sin que broten lágrimas. Galliano, sigue ahí, con un regreso prometedor en Maison Margiela.
 En él hay luz y esperanza
. Tiene un ángel sobre los hombros”.
El creador de moda Alexander McQueen. / Marc Joseph (cordon press)
Galliano había llegado a Londres con siete años, después de pasar su católica infancia en Gibraltar, paradójicamente en el barrio judío del peñón
. McQueen era el pequeño de los seis hijos de un taxista.
 Ya adolescentes, y empujados por sus respectivas madres, encontraron un antídoto a su hostil entorno en la costura. McQueen como ayudante en el taller de una de las míticas sastrerías de Savile Row, Anderson & Sheppard, y Galliano como estudiante en St. Martins School of Arts, por cuyas aulas también acabaría pasado McQueen.
 Galliano, el bohemio, el romántico, el afrancesado, sorprendía con su trabajo de graduación, Les incroyables (1984). McQueen, el atormentado, el oscuro, el callejero, lo hacía con el suyo, Jack el Destripador acecha a sus víctimas (1992).
La publicación del texto de Thomas coincide con una biografía de Andrew Wilson, Alexander McQueen: blood beneath the skin (Simon & Schuster), que saldrá a la venta a finales de febrero y que se sumará a la catarsis emocional que promete ser la inauguración, el 14 de marzo, de Savage beauty en el museo Victoria & Albert de Londres.
 La exposición viaja desde el Costume Institute del Metropolitan neoyorquino a la ciudad que le vio nacer y caer
. Será imposible no recordar entonces sus dramáticas palabras antes de uno de sus primeros desfiles: “No quiero fiestas. No quiero celebrar nada.
Prefiero que la gente se vaya de mis desfiles vomitando. Quiero reacciones extremas.
Infartos. Ambulancias”.
John Galliano, al final de su desfile en Londres de su colección para la Maison Martin Margiella, en enero pasado.
En realidad, Wilson, que ha tenido acceso preferente a la familia de McQueen, describe un panorama aún más sórdido.
 Masoquista y cruel, con serios problemas de autoestima, cuanto más dinero y fama acumulaba mayor era su ansiedad
. El enorme ritmo de trabajo que adoptó al sustituir en 1996 a Galliano en Givenchy lo compensaba con drogas y una sexualidad compulsiva.
 Con el éxito, se volvió violento, anárquico e impredecible.
 Su hermana Janet, 15 años mayor que él, asegura que le confesó que había sido violado de niño por el marido de ella.
Esta supuesta revelación podría, según el autor, explicar su oscura sexualidad.
En 2007, en pleno apogeo de sus carreras, dos tragedias sacudían sus vidas.
 Isabella Blow, la aristócrata, mecenas y editora de moda que descubrió y protegió a McQueen, se suicidaba en su casa de Londres.
 Y Steven Robinson, el que fuera mano derecha y eterno amigo de Galliano, se encerraba en su apartamento de París con siete gramos de cocaína hasta reventar su corazón.
 Dior tapó el escándalo.
 Quedaban pocas semanas para celebrar en Versalles el 60 º aniversario de la casa y Galliano, devastado, tenía que seguir trabajando.
El funeral de Blow fue una puesta en escena orquestada desde la tumba
. McQueen le cortó un mechón de pelo para hacerse un amuleto de estilo victoriano.
 Su afición a los espiritistas se multiplicó desde entonces. Definitivamente atrapado entre la vida y la muerte, se despeñaba mientras su talento alzaba el vuelo como nunca.
Para Dana Thomas, el paisaje que quedó después de los años gloriosos de Galliano y McQueen se volvió desolador:
“El consumo ha ganado la partida a la imaginación.
 Ya no hay sitio ni para la poesía, ni para el teatro.
 Ni para la angustia.
 Solo para el negocio”.

13 feb 2015

Isabel Preysler y Alfonso Díez, nuevo tándem publicitario de Porcelanosa


Alfonso Díez pretende una vida nueva. Retomar su faceta anterior de funcionario no tiene mucho sentido tras la muerte de la duquesa de Alba.
 Ha recibido suculentas ofertas para entrevistas, pero por ahora prefiere un perfil bajo.
 Lo que sí podría aceptar, dada la amistad que le une con los dueños de Porcelanosa, sería una especie de acuerdo para colaborar de vez en cuando con ellos.
Ya lo hizo en vida de la duquesa.
 Fuentes de toda solvencia aseguran que es muy probable que el duque siga formando parte del cuadro escénico de Isabel Preysler, con la que mantiene una excelente relación, al igual que con Tamara y Ana, las hijas de la socialite, con las que ya ha compartido viajes al Reino Unido.
 Una de las grandes inauguraciones de Porcelanosa será la apertura de su tienda en Nueva York, prevista para mediados de este año.
 El duque viudo y la reina del baldosín podrían formar el tándem publicitario.
Preysler y sus hijos Ana, Julio y Tamara, en un acto de Porcelanosa (Gtres)Preysler y sus hijos Ana, Julio y Tamara, en un acto de Porcelanosa (Gtres)Nueva vida lejos de Dueñas
El sábado pasado, Alfonso Díez cerraba por fin un capítulo de su vida al abandonar el palacio de Dueñas, donde compartió los últimos ocho años con la duquesa de Alba
. Se marchó como había llegado, con muy poco equipaje.
 Unas maletas con sus pertenencias personales y sus películas, porque tampoco se llevó los regalos que durante ese tiempo le hizo a su mujer
. Tan solo el reloj de brillantes de su madre, un obsequio sentimental más que valioso, una par de butacas que trasladó de su domicilio de Madrid a Sevilla para acondicionar su cuarto junto al de la duquesa y nada más.
 “No se ha llevado nada porque no quiere nada. Lo que espera es que los hijos muevan ficha, porque ellos saben que su madre así lo dejó dicho [el duque recibirá una pensión], aunque no haya ningún documento que lo certifique”, apuntan amistades sevillanas de Alfonso y Cayetana.
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Isabel Preysler y Tamara Falcó, en un acto público (Gtres)Isabel Preysler y Tamara Falcó, en un acto público (Gtres)El día de su adiós no había nadie para la despedida.
 Tampoco el coche y el chófer de la Casa de Alba. Alfonso se marchó por sus propios medios y acompañado solamente de su fiel Jonas, un perro de su propiedad que vivía en Dueñas con ellos y que ha sido desde que murió la duquesa su mejor amigo.
Días antes almorzó con los duques de Segorbe, el matrimonio Burgos, Paco Trujillo, Rocío de la Cámara, Curro Romero y Carmen Tello; todos amigos que le han demostrado durante todo este tiempo un gran cariño y sobre todo consuelo
. Alfonso, que es un hombre delicado y afectuoso, regaló a los doctores Muñaiz y Trujillo, que fueron quienes cuidaron y vigilaron la salud de Cayetana, un bronce y un cuadrito respectivamente.
 Un detalle que emocionó a los reputados profesionales, teniendo en cuenta que los especialistas nunca cobraron sus honorarios a la aristócrata.
 Tampoco ninguno de los hijos preguntó alguna vez si se debía algo por el trabajo realizado.
 Por eso Alfonso quiso tener ese detalle con ellos.