Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

13 feb 2015

Don Felipe y doña Letizia, un brindis por cien años juntos Los Reyes visitaron las bodegas de Freixenet con motivo de la celebración del centenario de la marca

Quedan apenas unas horas para que comience uno de los días más románticos del año, en el que el amor es el auténtico protagonista. Las miradas que se dedicaron los reyes Felipe y Letizia en su última aparición pública son la perfecta muestra de que, después de once años de matrimonio, siguen tan enamorados como el primer día. Y eso hay que celebrarlo
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En su visita a las bodegas de Freixenet, en la localidad de San Sadurní d’Anoia, la pareja real brindó con cava, dejando una de esas imágenes en las que un gesto es más significativo que cualquier palabra.
 Cada uno con una copa en la mano y mirándose el uno al otro, las chocaron, quizá pensando en todo el tiempo que les queda para estar el uno junto al otro, pensando tal vez en algún plan de fin de semana romántico.
Ya en su visita al Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, centro de referencia en España para la rehabilitación de lesiones medulares espinales, se les pudo ver cómplices y muy cercanos, con los pacientes pero también entre ellos, mostrándose su cariño..

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Durante la visita que hicieron a las instalaciones con motivo del centenario de la marca, don Felipe y doña Letizia dejaron su firma en uno de los toneles y después almorzaron en la misma cava
 . En el discurso que pronunció el Rey destacó que la marca es “una seña de orgullo español” y ha señalado la excelencia empresarial de una empresa que es 100% familiar, hablando además de sus innovaciones creativas y su vocación exportadora.


En este viaje, el cuarto que hacen a Cataluña desde que don Felipe fuera coronado el pasado mes de junio, doña Letizia apostó por el favorecedor color rojo. Vestido rojo, zapatos y labios del mismo color y unos pendientes en los mismos tonos que casaban a la perfección con su look. 
 El amor está en el aire.
 

Amor a gran distancia en la era de Internet

Amor a gran distancia en la era de Internet.

Natalia Tena y David Verdaguer en un fotograma de la película.

“Tú no quieres estar conmigo, quieres que yo esté contigo”
. El resultado es el mismo, dirán algunos, pero cuando el océano se interpone, el matiz cobra importancia
. Ella se encuentra probablemente con la última oportunidad de cumplir su sueño como fotógrafa, solo que esa posibilidad está en Los Ángeles
. Él, enfrascado en unas oposiciones, está encantado con su vida en Barcelona.
 El filme 10.000 km profundiza en la montaña rusa que es mantener una relación a distancia.
 EL PAÍS ofrece este domingo la película con la que Carlos Marques-Marcet recibió en la última edición de los Premios Goya el galardón como mejor director novel.
Un correo electrónico recibido en domingo altera la vida de Alexandra y Sergi, una joven pareja que pasa de hacer planes para tener un bebé a vivir en dos continentes diferentes con un horizonte de, al menos, un año.
 Con el ordenador como único medio para seguir con su historia. Natalia Tena y David Verdaguer encarnan a estos dos personajes que se encuentran ante el reto de poner en suspenso sus proyectos de futuro y vivir su amor en la era de Internet
. Las peleas, las bromas, las cenas de aniversario a través de una pantalla, los llantos y las risas.
 Todo forma parte del universo de esta pareja que durante 12 meses se ve obligada a separarse.
Primero triunfó en el festival SXSW de Austin (Texas), donde sus dos protagonistas recibieron los premios a mejor interpretación, y después arrasó en el de Málaga con cinco galardones, entre ellos la Biznaga de Oro a mejor película (además del de mejor dirección, el de la crítica, guion novel y actriz para Natalia Tena).
Con un presupuesto inferior a 500.000 euros, los dos actores llevan el peso de la trama, en la que hay elementos autobiográficos del director, ya que él mismo vivió en Los Ángeles para estudiar cine durante cinco años
. En su discurso de agradecimiento al recibir el Goya, Marques-Marcet alabó a la que él considera una nueva generación de cineastas “que están saliendo con propuestas arriesgadas” y de la que él representa un buen ejemplo.
Esta historia de amor a distancia forma parte de la colección Goya 2015 que EL PAÍS ofrece cada domingo por 9,95 euros y que se compone de las películas que han triunfado en el último año y que fueron protagonistas en la última gala de los Premios Goya. La lista se completa con El niño, la primera entrega, el pasado domingo; la película ganadora de la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián, Magical Girl; el relato de una exreina de la Movida madrileña que se narra en Todos están muertos, el documental que a punto estuvo de no ver la luz, Edificio España, y Loreak, la historia que se esconde tras un ramo de flores.

 

Una identidad reseteada....................................................................Jordi Costa

El filme despliega, a partir de la novela homónima de S. J. Watson, un ingenioso mecanismo narrativo.

Nicole Kidman y Colin Firth en un fotograma de 'No confies en nadie'.

Con un pie en esos thrillers psicoanalíticos que hicieron fortuna en el Hollywood de los años cuarenta —dando dos obras tan remarcables como Recuerda (1945), de Alfred Hitchcock y Secreto tras la puerta (1947), de Fritz Lang— y otro en esas contemporáneas modulaciones del género que han convertido la identidad y la memoria en campo de batalla —con el Memento (2000), de Christopher Nolan, y la inagotable Mulholland Drive (2001), de David Lynch, como difíciles marcas a batir—, No confíes en nadie despliega, a partir de la novela homónima de S. J. Watson, un ingenioso mecanismo narrativo.

NO CONFÍES EN NADIE

Dirección: Rowan Joffe.
Intérpretes: Nicole Kidman, Colin Firth, Mark Strong, Anne-Marie Duff, Ben Crompton, Adam Levy, Dean-Charles Chapman, Flynn McArthur, Chris Cowlin.
Género: thriller.
Gran Bretaña-Francia-Suecia, 2014.
Duración: 92 minutos.
Su protagonista, Christine —una Nicole Kidman a la que este papel sienta como guante de seda—, se despierta cada mañana con la memoria reseteada: sus únicos asideros para reconstruir su identidad durante las próximas veinticuatro horas son un marido atento, comprensivo y afectuoso (Colin Firth) y el psiquiatra (Mark Strong) que la llama todas las mañanas, en ausencia del primero, para recordarle que, desde hace tiempo, ella misma está registrando en vídeo un diario personal como instrumento para acelerar ese cotidiano proceso de reconstrucción.
Dos presencias masculinas que no están en contacto entre sí y, en medio, una mujer vulnerable a las posibles manipulaciones que pueden venir por ambas partes.
 La premisa es impecable y, en su segundo largometraje como director tras esa adaptación de Graham Greene no estrenada en España —Brighton Rock (2010)—, el guionista Rowan Joffe consigue, durante la mayor parte de la película, explotarla con buena mano y sentido del estilo.
 La fluidez con que la percepción de Christine modula sospechas, miedos y culpabilidades se convierte en buena forma cinematográfica
. Lamentablemente, la resolución de la trama deja unos agujeros de lógica por los que podría discurrir un tren de alta velocidad.
 Quizá esas inconsistencias estén ya en la novela original.

 

La forzada ‘felicitá’ de Romina y Al Bano.................................................. Lucia Magi

Tras años de disputas y juicios, la legendaria pareja de cantantes reaparece en el Festival de Sanremo.

 

Albano y Romina Power, en Sanremo / CLAUDIO ONORATI (EFE)

Existe un ritual pagano y colectivo que los italianos celebran en esta época del año
. Algunos lo cumplen con pudor intelectual, otros lo celebran con alegría costumbrista, pero casi todos acaban siguiendo el Festival de la Canción de Sanremo.
 La 65º edición de la más célebre competición musical italiana comenzó este martes, y uno de cada dos italianos que encendieron el televisor sintonizó con el Teatro Ariston, en el pequeño pueblo costeño de Liguria.
La gala tuvo un claro momento clave, que llegó cuando Al Bano y Romina Power subieron juntos al mítico escenario. El histórico dueto de la canción popular había vuelto.
Tras la desaparición de su hija Ylenia hace dos décadas, su posterior divorcio y después de casi un cuarto de siglo separados en los escenarios, el matrimonio artístico más célebre de Italia volvía a Sanremo para celebrar “las paces hechas”, según dijo el propio cantante.
 Nada mejor para la ocasión que cantar juntos su antiguo himno de dicha y amor, el famoso tema Felicità
. Y durante su actuación todo fueron gestos de complicidad: un guiño cariñoso de él a su exesposa, una sonrisa de ella mientras él emitía un agudo.
 Al final de la actuación el presentador Carlo Conti les pidió que se dieran la mano e incluso un beso. Al Bano se acercó a Romina, vestida de blanco, y se limitó a lanzar un beso al vacío.
“No me lo has dado de verdad”, protestó afable ella.
 "Es que soy muy reservado", se justificó él, añadiendo con ironía:
"Cada vez que le daba un beso nacía un hijo".
Albano y Romina Power, juntos en el escenario. / CLAUDIO ONORATI (EFE)
Romina (1951), que tras divorciarse de Albano Carrisi (1943) no tuvo alguna relación que haya trascendido a los medios, aprovechó la ocasión y los 12 millones de espectadores para lanzar piropos a su histórica pareja artística y de vida
: “Él es el único cantante que con el paso de los años más le aumenta su voz. Espero que no pasen otros 24 años para volver a cantar juntos, porque entonces yo no sería ya capaz”
. Hace unos días había confesado a la revista del corazón Chi: “Mi voz junto a la de Al Bano saca a relucir una energía y una sintonía que funciona a nivel de vibraciones”.
 Él, en cambio, empleó otros argumentos. “Hasta ahora ella me hacía cantar en un tribunal”, lanzó refiriéndose al juicio por el divorcio.