Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

15 ene 2015

En Hollywood ahora ellos son los 'maridos trofeo'.....................................................Noelia Ramírez

Amal Alamuddin lidera una nueva generación de matrimonios en la que los currículos de alto nivel de ellas destacan frente a la fama de sus parejas.

 

George Clooney Amal Alamuddin 
 
La reconocida abogada a nivel internacional Amal Alamuddin se casa con un actor.
 El titular que ningún medio generalista se atrevió a publicar al informar de la boda de George Clooney fue uno de los más exitosos del año en Internet.
 Lo publicó Bussiness Woman Media y, hasta la fecha, se ha compartido casi medio millón de veces en Facebook y ha sido tuiteado otras 12.000 veces. "Amal Alamuddin, abogada de alto nivel de 36 años que trabaja entre Nueva York e Inglatera, figura prominente en la defensa de los derechos humanos y de los refugiados internacionales, se ha rebelado contra la tendencia de las profesionales de su campo y se ha casado con... un actor". Amanda Rose firmaba un texto que venía a decir lo que Amy Poehler y Tina Fey certificaron hace unos días ante millones de espectadores en los Globos de Oro, cuando presentaron al "marido de la abogada de derechos humanos que trabajó en el caso Enron, fue consejera de Kofi Annan en cuanto a Siria y fue una de las tres personas seleccionadas por una comisión de las Naciones Unidas sobre las violaciones de guerra en la frontera de Gaza".
 Aquí, quien de verdad importa no es ese actor que, entre otros logros, apareció en la primera temporada de Friends.
 Aquí, la jefa es ella. Hasta The Guardian lo vio claro cuando tuiteó la aparición de la pareja en la alfombra roja: La abogada de derechos humanos Amal Alamuddin y su marido han llegado.
En apenas unos meses, el soltero de oro se ha convertido en lo que Stacy Keibler (y otra alargada lista de mujeres) era cuando paseaba de su brazo en galas y festejos. Clooney ahora es el 'marido de'. El marido trofeo.
Él presume de etiqueta: "Amal, cualquiera que fuese la alquimia que nos unió, no puedo estar más orgulloso de ser tu marido", dijo Clooney en los Globos.
 Cualquiera no se casa con la mujer que, según Time, "si fuese americana, podría derrotar a Hillary Clinton como presidenta".
Alamuddin ejerce de cabecilla de una nueva banda de CEO's en Silicon Valley, abogadas reputadas, publicistas internacionales o directoras de renombre que han optado por comprometerse con actores de los grandes estudios
. La era de los 'maridos trofeo' de Hollywood ha llegado y estas son las artífices de su auge:
Tasha McCauley, directiva de robótica en Silicon Valley (su marido es Joseph Gordon Levitt):

El pasado 20 de diciembre, la cofundadora de la compañía robótica Fellow Robots, situada en el Research Park de la NASA en Silicon Valley, donde ejerció de CEO hasta agosto de 2014, se casó en una ceremonia privada en su casa con el adorable protagonista de 500 días juntos (ese que se quedaba colgado de Zooey Deschanel). McCauley también es profesora de tecnologías aceleradas e inteligencia artificial en la Singularity University y, actualmente, es directora de desarrollo de negocio en Geosim, una compañía de tecnología geoespacial de la que es copropietaria.
 A esta ingeniera todavía le queda tiempo para dirigir la Ten to the Ninth Plus Foundation (10^9+), una organización centrada en fortalecer el cambio tecnológico a nivel mundial.
Con un perfil poco público en lo sentimental, a Tasha (según su LinkedIn) le gusta "construir cosas, descubrir cómo funcionan y pasar mucho tiempo pensando cómo hacer que las interfaces faciliten la creatividad".
Si optas por seguir a McCauley en Twitter, no esperes que tuitee imágenes de su marido viajando en el tiempo en Looper, ella es más de hablar sobre robots, experimentos sobre el cerebro y de preveer cómo será realmente el futuro.
 
joseph gordon levitt Tasha McCauley 
seth meyers
"Mi mujer es mucho, mucho más lista que yo". Seth Meyers, una de las personas más influyentes del mundo según 'Time', sobre su esposa, Alexi Ashe.

Benedict Cumberbatch Sophie Hunter
Hunter y Cumberbatch anunciaron su compromiso en 'The Times' hace unas semanas


 

Regreso al Tenampa.......................................................................Arturo Pérez Reverte


He regresado al Deefe, México.
 Esta vez tardé un poco más, porque hubo dos novelas seguidas, y compromisos que me llevaron por otros lugares.
 Pero he vuelto por fin al corazón de esta ciudad fascinante, peligrosa, hormiguero de ternura y de violencia, en la que, si yo fuera novelista mejicano, nunca tendría problemas de hojas en blanco, pues abunda en historias por contar para varias vidas. 
He vuelto a caminar por el Deefe, como digo, echando precavidos vistazos sobre el hombro gracias al instinto que te dejan viejos territorios comanches.
 Procurando, por ejemplo, que el director de la Real Academia Española no acabara recibiendo un paquetito con una oreja mía dentro y una petición de rescate que allí les iba a dar mucha risa; porque, entre otras cosas, el gobierno del presidente Rajoy tiene a la RAE reducida a una miseria no vista desde tiempos del franquismo.
 El caso es que allí he estado, insisto, de caza por las librerías de viejo de la calle Donceles, comiendo en el querido y elegante Belinghausen o yéndome al otro extremo, a mi también querida y cutre cantina Salón Madrid; aunque esta última me dejó la punzada amarga de que los dos viejitos que la llevaban se retiraran hace un año, y ahora hay unos jóvenes muy agradables que -cosas inevitables de la vida- han retapizado los viejos asientos rajados a navajazos y puesto una rockola de música moderna, con Shakira y gente así, donde antes estaba la que yo hacía sonar con monedas de diez pesos, bebiendo Herradura Reposado en compañía de Vicente Fernández, Pedro Infante o los Tigres del Norte. 
He vuelto también, de noche, a la plaza Garibaldi: esa frontera peligrosa que me sabe a juventud de adrenalina y bronca tequilera.
 Regresé al Tropicana y al Tenampa, templo de la noche mejicana, donde los viejos mariachis que me acompañan desde hace veinte años -se mueren los viejos y llegan los jóvenes-, volvieron a rodear mi mesa para que cantásemos Mujeres divinas, El Siete Leguas y Gabino Barrera. César el tlaxcalteca, antiguo y querido amigo, tiene cada vez menos voz, pero ahí sigue.
 Y platicando con él, entre Nos estorbó la ropa y La que se fue, volví a disfrutar de su charla y afecto, y también, una vez más, a admirar el magnífico uso de la lengua española que se hace en América en general y en México en particular. 
Cuando, al hablarme de su mujer difunta y su nueva pareja, César dijo: «La quise mucho, con devoción, y la extraño, pero ¿quién puede frenar la naturaleza?», me pregunté, admirado, cuántos españoles seríamos capaces de construir una frase semejante, tan bella y tan perfecta, con esa naturalidad con la que hasta un campesino mejicano analfabeto podría hacer sonrojarse, no digo ya a un español de infantería, sino a un universitario, un profesor o un político.
 Por no decir a un presidente del Gobierno. 
Ésa es una de las razones por las que me gusta volver a Hispanoamérica en general y a México en particular.
 Porque aquí renuevo el respeto por el idioma que hablo.
 Cada vez que oigo decir a un humilde vendedor de periódicos «Que lo trate bien el día», o a una camarera de cantina «Saliendo de casa surge una realidad básica: todas somos solteras», me reafirmo en la idea de que existe una patria de 500 millones de compatriotas, la lengua española, y que a menudo olvidamos que sólo 50 millones vivimos en España; y que mientras en la vieja, cobarde y caduca Europa agonizamos despacio, allí en América están vivos, y son jóvenes con ansia de saber y pelear.
 Y que esa juventud y ese vigor, unidos al respeto que conservan por la lengua y la palabra, les da una osadía magnífica a la hora de manejar el idioma, crear palabras nuevas, adaptar y españolizar las extranjeras, hacer más potente y viva la lengua que con toda justicia llaman español, igual que los gringos llaman inglés a la suya.
 Entérense, pues, quienes critican el Diccionario de la RAE por registrar las palabras nuevas, atrevidas, fascinantes, que aquí se recomponen, adaptan o inventan: todo es lengua española, desde la Patagonia a los Estados Unidos, del Pacífico al Mediterráneo
. Y el Diccionario no será auténtico, no será un acto notarial de justicia lingüística, hasta que elimine la absurda marca de americanismo con la que algunos puristas, ciegos ante la evidencia de la lengua, discriminan miles de palabras de este habla común, viva, imparable, panhispánica y formidable.
 Yo escribí una novela, La Reina del Sur, en mejicano, y parte de otra, El tango de la Guardia Vieja, en argentino
. Es decir, en español. Es decir, en la lengua de esa extensa y noble patria -la única que a estas alturas me conmueve- cuya bandera es El Quijote.

La influencia de los entornos.............................................................................. Raimón Samsó

Las personas y las cosas que nos rodean provocan un efecto en nuestro bienestar.

Saber modificar un contexto nocivo es una buena opción para vivir mejor.

 

Ilustración de Anna Parini

Todos ejercemos una influencia en nuestro entorno más cercano.
 Pero es una relación bidireccional, de doble influencia.
 Por lo común, las personas apelan a su fuerza de voluntad para rendir más
. Pero el ambiente es como una palanca en la que podemos trabajar para conseguir más resultados con menos esfuerzo.
Los contextos en los que nos movemos pueden ser unos grandes aliados o unos grandes enemigos. Veamos qué son, cómo afectan y cuáles son los mejores para reforzarnos en lo personal y en lo profesional
. Se pueden agrupar en tres categorías:
Materiales. Los lugares donde se vive y se trabaja, el barrio y el vecindario, la tecnología, el automóvil o el ajuar doméstico.
Personales. La familia, la pareja, los amigos, los compañeros de trabajo, los conocidos, el contacto en las redes sociales, los horarios y los hábitos.
Mentales. Las creencias, los paradigmas, la formación e información, la religión o los condicionamientos.
Hay esencialmente dos cosas que te harán sabio: los libros que lees y la gente que conoces”
Jack Canfield
Todas estas circunstancias pueden jugar a favor o en contra de uno, ser un motor que propulse nuestra vida o un ancla que la hunda
. Un entorno colabora o compite.
 Inspira o deprime. Nutre o envenena
. Obviamente también existen entornos neutros, pero por esa misma razón hay que evitarlos tanto como los que nos perjudican.
 No es posible prescindir de los ambientes, pero sí elegirlos cuidadosamente teniendo en cuenta sus efectos.
Los entornos materiales y personales son visibles y evidentes, aunque tal vez no sus efectos.
Otros son más sutiles, pero tan influyentes.
 Todo influye en todo y nadie puede aislarse del contexto inmediato sin recibir de él su influencia.
Delegar en el entorno significa no tratar de hacerlo todo por uno mismo, sino aprovechar las influencias positivas externas para reforzarse.
El lugar donde una persona vive ejerce una influencia enorme en ella: le da energía o se la quita. Seguramente un pequeño piso ordenado, decorado de manera minimalista y con luz abundante es suficiente para nutrir a quien vive en él.
 No es un tema de dinero, de propiedad o de lujos.
 Es cuestión de que cualquier cosa que entre en casa sea muy apreciada y esté en coherencia con el resto de objetos y con la persona que habita la vivienda.

Para conectarnos

Ilustración de Anna Parini
LIBROS
‘Cómo ganar amigos e influir sobre las personas’
Dale Carnegie
‘Feng Shui para Occidente’
Terah Collins
PELÍCULAS
‘Malas compañías’
Joel Schumacher
‘El guerrero pacífico’
Víctor Salva
Tener menos cosas significa contar con más espacio y más claridad mental.
 La luz y el orden ejercen una influencia en la mente.
 Deshacerse de objetos que no se usan es una prioridad, y cambiar de vez en cuando la disposición de los muebles en casa es un divertimento muy motivador.
La luz y las vistas desde las ventanas son tanto o más importantes que la vivienda en sí o su superficie.
 Elegir el entorno donde uno va a pasar su vida cuenta mucho, pero, por desgracia, cuando las personas compran o alquilan un piso se fijan en los metros, el precio o los servicios antes que en la tranquilidad, la luz, las vistas o la ausencia de repetidores de telefonía móvil.
 Lo que hay fuera de la vivienda es tan importante como lo que hay dentro.
El lugar donde se trabaja y en el que se pasan tantas horas al día también es importante.
Influye en el rendimiento del trabajo y en la felicidad de las personas.
 Muchas veces uno carece de la capacidad de cambiarlo, pues las oficinas o instalaciones son las que son.
 Pero a menudo podemos influir en mejorarlas de alguna manera; y si no es así, siempre está en nuestra mano dejar un trabajo cuyo entorno es insalubre, nocivo, molesto, desagradable, tóxico, incómodo o desmotivador.
 Es decir, si no podemos cambiar un entorno de trabajo gris, siempre podemos cambiar de empleo. Un sueldo no lo justifica todo.
 Como en el caso anterior del piso, muchas veces nos equivocamos al valorar más el sueldo, las vacaciones, los ascensos o la cercanía que el entorno de trabajo en sí.
Las personas más beneficiosas en el entorno personal son aquellas que sonríen, no se quejan, no se sienten víctimas de nada, están automotivadas, son positivas, se esfuerzan, viven en la coherencia, inspiran paz y bondad, aprenden y se forman.
 En definitiva, las que tienen una mentalidad ganadora. Relacionarse con gente positiva es una receta para la felicidad que no siempre se tiene en cuenta.
Muchas veces, las personas que no hemos elegido, pero que forman parte de nuestros círcu­los (familia política, compañeros de trabajo o vecinos), parecen una imposición imposible de eludir. Tal vez no podamos decidir si forman parte de nuestra vida, pero sí tenemos la capacidad de minimizar su efecto, e incluso de evitar su trato si su influencia es muy negativa.
La influencia de las personas es invisible y silenciosa, se acumula con el tiempo, pero sus efectos acaban siendo muy visibles a la larga
. Cada amigo o conocido deja un poso, una influencia mayor o menor
. De hecho, acabamos pareciéndonos mucho a las personas que más tratamos.
 Deberíamos preguntarnos: “¿Quién me está influyendo más?”.
A veces conservamos la amistad de algunas personas solo porque en el pasado fuimos amigos y nos sentimos empujados a seguir siéndolo.
 Pero la gente cambia con los años, y es lógico que las amistades también cambien, sin obligaciones morales o deudas de amistad autoimpuestas
. No se trata de no quererlos, sino de no frecuentarlos tanto y a la vez hacer espacio para compañías diferentes.
 Cambiar de entorno personal siempre conlleva variaciones individuales y profesionales.
 Si buscamos modificar nuestra vida, será necesario un cambio de amistades o, como mínimo, un ajuste de los círculos sociales.
El gran peligro de estar alrededor de gente no excelente es que empiezas a volverte como ellos sin siquiera darte cuenta”
Robin Sharma
No tener esto en cuenta puede traer consecuencias desagradables a largo plazo. ¿No es extraño que descuidemos con quién entramos en contacto y, sin embargo, para nuestros hijos e hijas exijamos colegios y amistades beneficiosos?
Todos somos conscientes del gran valor que tiene el pensamiento en la vida.
 Es nuestro “cuadro de mandos”, y siendo tan conscientes de esa importancia parece mentira que lo tengamos tan descuidado y tan poco “afilado”
. Mucha gente vigila escrupulosamente lo que come cada día: calorías, nutrientes, calidad y cantidad. Cuidan su cuerpo, pero descuidan el alimento de su mente. ¿No es una incoherencia? El tiempo promedio que dedica una persona al cuidado del espíritu es exactamente cero segundos al día. Increíble.
Deberíamos cuestionar el “material” que permitimos que entre en contacto con nuestra mente, como publicidad, noticias, ideas, creencias, informaciones…
 Todo eso puede alimentar o envenenar la mente. O la expande, o la contrae.
Hay mucho que podemos hacer para nutrir el pensamiento: lecturas inspiradoras, meditar unos minutos al día, relajar la mente en el silencio cada jornada, aprender cada día algo nuevo, cuestionar creencias inútiles o contraproducentes que nos limitan, ejercitar la imaginación y la creatividad o incluso elegir un vocabulario y unas expresiones que nos sienten bien mientras rechazamos las que nos perjudican.
La lectura es una de las mejores formas de alimentar la mente
. Una hora al día es bastante para que esta se exponga a nuevas ideas y entre en contacto con autores de culturas y mentalidades diferentes.
 Leer es el gimnasio del espíritu.
 Resulta incomprensible que los índices de lectura del país sean tan bajos cuando es el ingrediente que más necesitan las personas para su éxito personal y profesional.
Todos somos el resultado de la media de los libros que hemos leído en nuestra vida.
 Por poner un metáfora, lo que distingue a una persona que lee de una que no lo hace es semejante a la diferencia de velocidad que hay entre un jet a reacción y un patinete.
Cuando una mente se expande y cambia de paradigmas, ya no vuelve a su tamaño anterior y sus posibilidades aumentan en consecuencia.

¿Quién le está influyendo?

“¿Con quién pasa más tiempo? ¿Quiénes son las personas que más admira? Jim Rohn me enseñó que nos convertimos en una combinación de las cinco personas con las que pasamos más tiempo
. Rohn decía que podemos adivinar la calidad de nuestra salud, actitud e ingresos con tan solo mirar a las personas que nos rodean.
Con el tiempo empezamos a comer lo que comen, hablar como hablan, leer lo que leen, pensar lo que piensan, ver lo que ven, tratar a la gente del mismo modo, incluso a vestir igual que ellos.
 La influencia es muy sutil, es como estar tumbado en una colchoneta hinchable en el mar
. Crees que flotas y permaneces en la misma posición, hasta que miras y te das cuenta de que una corriente moderada te ha desplazado 800 metros de la costa”.
 El efecto compuesto, de Darren Hardy.

Una alfombra roja sin emoción................................................................................ Carmen Mañana

Julianne Moore, vestida de Givenchy, dio una lección de sofisticación a una nueva generación de actrices obcecadas con el referente más manido del cine: los años dorados de Hollywood.

 

Julianne Moore, vestida de Givenchy. / Getty

Hace ya tiempo que lo que sucede sobre la alfombra roja tiene más que ver con el negocio que con la moda, entendida esta en un sentido creativo.
 No hay pasarela que alcance la misma repercusión mediática que una entrega de premios como los Globos de Oro.
 Por eso, como asegura Simon Collins –exdirector de la escuela neoyorquina de Diseño Parsons- estas ceremonias se han convertido en una herramienta de marketing “igual o más importante” que los desfiles para la industria del lujo
. Las actrices que son imagen de una casa –como Keira Knightley para Chanel- o están en trámites de serlo visten indefectiblemente de la marca con la que han firmado un contrato
. Se cuenta el número de nominadas que los relaciones públicas de cada diseñador han conseguido atraer como en un marcador deportivo.
 Y entre tanta estrategia publicitaria se pierde a veces la emoción y la espontaneidad.
 La alfombra roja no habla de tendencias, o solo de tendencias, sino del poder de las marcas.
La de los Globos de Oro cuenta que la casa que eligió Amal Alamuddin para su debut como esposa de George Clooney en unos galardones fue Dior, igual que Felicity Jones.
 Que Versace convenció a dos de las nominadas más deseadas, Jessica Chastain y Amy Adams, además de a Heidi Klum y a Jane Fonda, convirtiéndose en la firma con más presencia sobre esta alfombra.
Y que Miu Miu vistió -en coherencia con los valores que le gusta transmitir- a las más arties: Sienna Miller, Kate Mara y Maggie Gyllenhaal.
También se confirmó anoche el dicho de que la experiencia es un grado.
 Fue una de las actrices más veteranas, Julianne Moore, quién dio una lección de sofisticación y dejó a la nueva generación de actrices a la altura de aprendices en lo que a decisiones estilísticas se refiere. Obcecadas en resultar glamurosas, volvieron a caer, un año más y una tras otra, en uno de los referentes más manidos y a la vez peligrosos del cine: los años dorados de Hollywood.
Veronica Lake, Rita Hayworth, la onda en el pelo y el drapeado ligeramente vintage. Por este tópico transitaron, con mejor y peor suerte, desde Naomi Wats –enfundada en un Gucci amarillo y con un impresionante collar de Bulgari al cuello- hasta Lana del Rey, imposible con un vestido azul, que no tardó ni cinco minutos en convertirse en meme.
Versace vistió a Jessica Chastain, Amy Adams, Heidi Klum y Jane Fonda, convirtiéndose en la firma con más presencia sobre esta alfombra
Con su Givenchy, Moore desafiaba dos de los códigos más perniciosos de las alfombras rojas: iba cubierta de cuello a muñeca, y miraba hacia el futuro en vez de hacia un siglo atrás.
 Además, abanderaba una de las corrientes de la noche: el plateado. Dakota Johnson, de Chanel, y Resee Witherspoon, de Calvin Klein, también escogieron este color.
 Aunque ellas sucumbieron al palabra de honor, un tipo de escote tan recurrente en los premios cinematográficos que bien parece que dentro de esta industria fuese pecado cubrirse los hombros.
Mención aparte merecen Emma Stone y Rosemund Pike, aunque por razones diametralmente opuestas
. La primera, consiguió con su Lanvin alta costura un logro nada desdeñable en esta suerte de escaparates mediáticos: destacar entre un océano de mujeres vestidas de princesas Disney recién graduadas.
 Sí, llevaba un cuerpo de pedrería palabra de honor. Pero en su caso lo acompañaba de unos pantalones con una larga cola
. Puede que no fuera la más bella.
Puede que gran parte de la audiencia no entienda su elección
. Pero transmite un mensaje claro dentro y fuera del sector: tener personalidad.
Pike, por su parte, parecía asesorada por algún enemigo.
 Cualquier marca podría sentirse afortunada de vestir a una de las nominadas que más expectación despertaba. Pero a Vera Wang le salió el tiro por la culata.
 El traje blanco que escogió la protagonista de Perdida le quedaba grande, desencajado.
Sobre la alfombra roja también existe la publicidad negativa.