Y comieron Perdices
14 ene 2015
El enigmático mal de Constance, la mujer de Oscar Wilde....................................... Javier Salas
La correspondencia privada de la esposa del escritor revela que sufría esclerosis múltiple
Murió tras operarla un médico que pretendía curar en el útero problemas neurológicos.
En aquellos días, el mundo no hablaba de otra cosa que de Cuba, los
barcos de guerra de EE UU y la decadencia española como actor
protagonista en el mundo.
Era abril de 1898 y una mujer dolorida, mermada, casi derrotada, ponía sus últimas esperanzas de recuperación en un quirófano genovés, después de casi una década de combate contra una cruel y misteriosa enfermedad.
Días después, moría Constance Holland incapaz de recuperarse de esa equivocada intervención. Nacida Constance Lloyd, fue con el apellido Wilde de su marido con el que comenzaron parte de sus desdichas, en un tiempo en el que algunos médicos trataban con recelo a la mujer solo por serlo.
Constance conoció a Oscar en una fiesta londinense en 1879.
Los dos eran dublineses, inteligentes, audaces.
Se casaron y tuvieron dos niños.
Después de escribir obras de la calidad de El retrato de Dorian Gray, y mientras La importancia de llamarse Ernesto seguía en cartel en Londres, Óscar Wilde fue encarcelado por "grave indecencia" —homosexual— tras un humillante proceso.
Constance, que ya se había hecho un nombre como escritora y feminista combativa, cambió su apellido y huyó del escándalo hasta Génova, llevando con ella a sus hijos y esa enfermedad que la vencía poco a poco
. Las causas de su muerte se desconocían hasta ahora: se culpó a una caída por las escaleras y —mucho mejor para las malas lenguas— una sífilis que le hubiera contagiado su marido.
Ahora, la memoria de Constance se recupera y todas esas leyendas quedan aparcadas gracias al trabajo de su nieto Merlin Holland, dedicado a limpiar con verdades (incluso científicas) la sombra de escándalo y oprobio que todavía persigue a sus abuelos.
Sin embargo, entristece todavía más si cabe ese final al conocer su desdichado historial médico, reconstruido por Holland y la doctora Ashley Robins a partir de 130 cartas que ella se cruzó con su hermano Otho. Robins ya descifró las causas de la muerte de Óscar en un artículo en la revista The Lancet en 2000 —desmintiendo también que hubiera muerto por culpa de la sífilis— y ahora, en esta misma revista, desentraña síntoma a síntoma los males de Constance. Esclerosis múltiple fue su enfermedad, pero no la causa de su muerte.
Los primeros problemas empezaron en 1889, con un episodio de cojera en la pierna izquierda que la obligó a usar un bastón.
Tras dos años tranquilos, unos intensos dolores (sobre todo en los brazos) la postraron en la cama. Ya en 1893, volvía el severo malestar, con dolores de cabeza y espalda.
Un año después, sus problemas de movilidad se agravaban y, coincidiendo con el proceso a Óscar, caminar ya era un suplicio.
Es 1895, está en Génova y se pone en manos de un ginecólogo llamado Luigi Maria Bossi, que logra recuperarla momentáneamente gracias a un procedimiento que no se detalla en la correspondencia que sirve de base para este estudio.
Ella hablaba de "reumatismo" y "neuralgia", ¿y se deja intervenir por un ginecólogo para remediarlo? Saltan las alarmas.
Durante una estancia en Heidelberg se somete a unas extrañas curas
—pero en boga—, que incluyen baños y electricidad, pero los
especialistas siguen sin dar con el origen de sus males.
"Estoy cansada de los médicos y de que ninguno descubra qué hacer conmigo", escribe Constance a su hermano a finales de 1896.
De vuelta a Génova, el dolor es intenso, tiene temblor en los brazos, dolores de cabeza, fatiga extrema, episodios de parálisis facial... "Durante los primeros siete años, el cuadro clínico fue dominado por episodios agudos intermitentes seguidos por largos períodos de recuperación; en los últimos dos años se convirtió en una discapacidad permanente con deterioro gradual", escribe Robins en The Lancet.
"Un diagnóstico probable es la esclerosis múltiple", resuelve la especialista.
Todo indica que padecía esta enfermedad con la que hoy cargan más de dos millones de personas en todo el mundo.
La esclerosis múltiple ya estaba descrita desde 1868 pero, sin duda, su diagnóstico no estaba tan extendido como hubiera necesitado Constance.
Porque todavía le esperaba lo peor.
Agotada, recuperó el contacto con Bossi, médico de gran reputación que, al margen de otros logros, estaba convencido junto a otros muchos colegas de que el sistema reproductor femenino podía inducir locura —"locura pélvica", histeria—, cuyo remedio era la extirpación de ambos ovarios
. Bien entrado el siglo XX, Bossi seguía curando enfermedades neurológicas y mentales con operaciones ginecológicas
. Algunos síntomas de la señora Holland le hicieron pensar a Bossi que un tumor uterino provocaba la debilidad de sus piernas.
Desesperada, se dejó operar el 2 de abril de 1898, casi un año
después de la excarcelación de Óscar. El resultado de la intervención,
desastroso, dejó a Constance sufriendo vómitos intratables. Deshidratada
y sin suero intravenoso, fue debilitándose hasta morir el día 7 de
abril.
Una feminista pionera moría víctima de las malas artes de un médico que buscaba el origen de los males en el sexo de las mujeres.
Otho Holland, golpeado y hundido por la muerte repentina de su hermana, contempla un litigio contra el cirujano "pero fue disuadido porque Constance había aceptado voluntariamente la operación, después de que Bossi le convenciera de que la cirugía aliviaría sus discapacidades", escriben Holland y Robins.
El ginecólogo italiano, que siguió con sus prácticas a pesar del rechazo de sus colegas, sería suspendido por mala praxis 20 años después de la muerte de Constance.
En 1919, el marido celoso de una paciente mataba a Bossi en su consulta, tras hacer lo mismo con ella y justo antes de suicidarse.
Era abril de 1898 y una mujer dolorida, mermada, casi derrotada, ponía sus últimas esperanzas de recuperación en un quirófano genovés, después de casi una década de combate contra una cruel y misteriosa enfermedad.
Días después, moría Constance Holland incapaz de recuperarse de esa equivocada intervención. Nacida Constance Lloyd, fue con el apellido Wilde de su marido con el que comenzaron parte de sus desdichas, en un tiempo en el que algunos médicos trataban con recelo a la mujer solo por serlo.
Constance conoció a Oscar en una fiesta londinense en 1879.
Los dos eran dublineses, inteligentes, audaces.
Se casaron y tuvieron dos niños.
Después de escribir obras de la calidad de El retrato de Dorian Gray, y mientras La importancia de llamarse Ernesto seguía en cartel en Londres, Óscar Wilde fue encarcelado por "grave indecencia" —homosexual— tras un humillante proceso.
Constance, que ya se había hecho un nombre como escritora y feminista combativa, cambió su apellido y huyó del escándalo hasta Génova, llevando con ella a sus hijos y esa enfermedad que la vencía poco a poco
. Las causas de su muerte se desconocían hasta ahora: se culpó a una caída por las escaleras y —mucho mejor para las malas lenguas— una sífilis que le hubiera contagiado su marido.
Ahora, la memoria de Constance se recupera y todas esas leyendas quedan aparcadas gracias al trabajo de su nieto Merlin Holland, dedicado a limpiar con verdades (incluso científicas) la sombra de escándalo y oprobio que todavía persigue a sus abuelos.
Sin embargo, entristece todavía más si cabe ese final al conocer su desdichado historial médico, reconstruido por Holland y la doctora Ashley Robins a partir de 130 cartas que ella se cruzó con su hermano Otho. Robins ya descifró las causas de la muerte de Óscar en un artículo en la revista The Lancet en 2000 —desmintiendo también que hubiera muerto por culpa de la sífilis— y ahora, en esta misma revista, desentraña síntoma a síntoma los males de Constance. Esclerosis múltiple fue su enfermedad, pero no la causa de su muerte.
Los primeros problemas empezaron en 1889, con un episodio de cojera en la pierna izquierda que la obligó a usar un bastón.
Tras dos años tranquilos, unos intensos dolores (sobre todo en los brazos) la postraron en la cama. Ya en 1893, volvía el severo malestar, con dolores de cabeza y espalda.
Un año después, sus problemas de movilidad se agravaban y, coincidiendo con el proceso a Óscar, caminar ya era un suplicio.
Es 1895, está en Génova y se pone en manos de un ginecólogo llamado Luigi Maria Bossi, que logra recuperarla momentáneamente gracias a un procedimiento que no se detalla en la correspondencia que sirve de base para este estudio.
Ella hablaba de "reumatismo" y "neuralgia", ¿y se deja intervenir por un ginecólogo para remediarlo? Saltan las alarmas.
Desesperada, se puso en manos de un ginecólogo especializado en extirpar ovarios para luchar contra enfermedades mentales
"Estoy cansada de los médicos y de que ninguno descubra qué hacer conmigo", escribe Constance a su hermano a finales de 1896.
De vuelta a Génova, el dolor es intenso, tiene temblor en los brazos, dolores de cabeza, fatiga extrema, episodios de parálisis facial... "Durante los primeros siete años, el cuadro clínico fue dominado por episodios agudos intermitentes seguidos por largos períodos de recuperación; en los últimos dos años se convirtió en una discapacidad permanente con deterioro gradual", escribe Robins en The Lancet.
"Un diagnóstico probable es la esclerosis múltiple", resuelve la especialista.
Todo indica que padecía esta enfermedad con la que hoy cargan más de dos millones de personas en todo el mundo.
La esclerosis múltiple ya estaba descrita desde 1868 pero, sin duda, su diagnóstico no estaba tan extendido como hubiera necesitado Constance.
Porque todavía le esperaba lo peor.
Agotada, recuperó el contacto con Bossi, médico de gran reputación que, al margen de otros logros, estaba convencido junto a otros muchos colegas de que el sistema reproductor femenino podía inducir locura —"locura pélvica", histeria—, cuyo remedio era la extirpación de ambos ovarios
. Bien entrado el siglo XX, Bossi seguía curando enfermedades neurológicas y mentales con operaciones ginecológicas
. Algunos síntomas de la señora Holland le hicieron pensar a Bossi que un tumor uterino provocaba la debilidad de sus piernas.
Los síntomas que Constance describe en las cartas a su hermano encajan con la esclerosis múltiple, que ya se conocía en la época
Una feminista pionera moría víctima de las malas artes de un médico que buscaba el origen de los males en el sexo de las mujeres.
Otho Holland, golpeado y hundido por la muerte repentina de su hermana, contempla un litigio contra el cirujano "pero fue disuadido porque Constance había aceptado voluntariamente la operación, después de que Bossi le convenciera de que la cirugía aliviaría sus discapacidades", escriben Holland y Robins.
El ginecólogo italiano, que siguió con sus prácticas a pesar del rechazo de sus colegas, sería suspendido por mala praxis 20 años después de la muerte de Constance.
En 1919, el marido celoso de una paciente mataba a Bossi en su consulta, tras hacer lo mismo con ella y justo antes de suicidarse.
Mari Alcaldesa..........................................................Luz Sánchez-Mellado
Ana Botella vendría suave de cutis, pero el careto de cemento armado no se lo quitaba nadie.
Hoy no estoy para florituras, así que resuelvo
rapidito, que tengo prisa.
He pasado una semana que no se la deseo a
nadie por motivos que me callo, que luego todo se sabe, pero en cuanto
facture estas líneas me ingreso dos días en un balneario que tengo visto
en un polígono de la M-40 a desenchufarme del mundo, exfoliarme las
células muertas, y volver a conectar con mi propio yo, om, que digo yo
que debe de andar por algún sitio.
¿Que cómo tengo el rostro de quitarme
de en medio con la que está cayendo en este oficio? ¿A mí me lo
preguntas? ¿No se piró Ana Botella a un spa de lujo de Portugal
en medio de la peor crisis de su carrera y sigue siendo Mari Alcaldesa
de la capital del reino con toda su corte de esbirros y maceros? Pues
eso.
Había que verla en la rueda de prensa que tuvo
que convocar cuando la pillaron con todo el equipo y se le echó todo
cristo encima.
De cutis vendría suave, no voy a poner aquí en duda las
bondades de las cabinas lusas, pero el careto de cemento armado no se lo
quitaba nadie
. Que tenía reservada desde hacía siglos una escapada
familiar por Todos los Santos y que, en cualquier caso, eso pertenece a
su vida privada, le espetó a la prensa, menuda es la doña.
A la regidora
no le estropea un puente ni un luto oficial, ni cuatro niñas muertas,
ni Todos los Ídem de la letanía, que para eso es excelentísima señora.
Si acaso, a unas malas malísimas, acatará lo que dicte su compañera de
filas Soraya Sáenz de Santamaría, que ya ha amenazado con borrarlos del mapa para el año que viene. Los puentes, digo.
Para lo que quiere, Botella es una superwoman
.
Mientras muchas palmamos dos horas diarias en llegar de casa al curro
en transporte público, va ella y se hace dos veces el trayecto
Madrid-Lisboa-Madrid en 48 horas para conciliar trabajo y familia, y eso
que no hay puente aéreo.
Con chófer, escolta y coche oficial de puerta a
puerta, eso sí; híbrido, para más señas, que queda más enrollado y
ecológico de cara al voto indeciso
. Ella se iba, se estaba un ratito con
los suyos en el hotelazo luso; volvía al Ayuntamiento, anunciaba que se
acabaron las macrofiestas en la villa y corte, y con las mismas
regresaba al spa de Sintra a tiempo para cenar con su maridito.
Dieta blanda, se supone, que el expresidente Aznar
acaba de pasar una gastroenteritis de cágate lorito, el hombre. Total,
una maratoniana nata, doña Ana.
Lo malo es que ha debido de verle las
orejas a los lobos de Génova, que a raíz del episodio han amagado con no
presentarla de candidata en las próximas municipales, y ha tenido la
pobre que sacrificar el puente de la Almudena.
Ahí la tenías ayer, toda
compungida, presidiendo la eucaristía en la catedral de la Ídem
madrileña con el cardenal Rouco Varela y toda la curia, digo yo que si comulgó se habría confesado antes.
En fin, dirás que hoy estoy intensita y me he ido por los cerros de
la política, pero es que el quiosco rosa está que aburre a las ovejas.
Ni la boda de Julio José Iglesias, ni el advenimiento al mundo de Francisco Rivera III, primogénito que es de Kiko y Jessi, y primer nieto de la Pantoja, me provocan lo más mínimo. Lo segundo porque no hay documentos gráficos, ya los dará ¡Hola!
exclusiva mediante la semana que viene. Y lo primero, porque al final
el bodón del milenio se quedó en bodorrio de provincias. Que si tul
ilusión, que si marco incomparable, que si tarta nupcial de tres pisos,
en fin, un coma diabético. Y hay semanas en que, con tanto ERE, tanto
paro y tanto suicidio por deshaucio, las bobadas de Tamara francamente nos la sudan.Una Reina para jugar a los recortables....Hoy la vestimos así, ayer de verdeazulado, falda negra blusa blanca
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Coincidiendo con la entrega de los diez premios correspondientes a la tercera edición de los "Telefónica Ability Awards", que reconocen el esfuerzo en la integración de discapacitados, la esposa del rey Felipe VI nos regaló su versión más lady con una blusa blanca que combinó con una falda de talle alto y vuelo de color negro y zapatos de tacón, con más altura de la que suele llevar, a juego.
Doña Letizia también arriesgó en lo que a su beauty look se refiere y acaparó todas las miradas con sus labios pintados de un rojo intenso, que tan de moda está esta temporada y es una elección que le gusta, le favorece y por la que ya se ha decantado en otras ocasiones. En cuanto a las joyas, la Reina prefirió dejar todo el protagonismo a su estilismo y tan sólo lució unos bonitos y llamativos pendientes negros.
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En su intervención, la Reina quiso defender la importancia de favorecer la inserción laboral de las personas con discapacidad y recalcó que "no es un problema", sino "una realidad que exige un esfuerzo común de todos". "Situar a las personas con discapacidad en la cadena productiva es la mejor expresión de lo que somos como sociedad, como país", aseguró.
"No estamos hablando de filantropía solamente; hablamos de ventajas competitivas, de innovación, hablamos de inversión; no se trata sólo de mejorar la vida de las personas, tengan la capacidad que tengan; se trata de aumentar la eficacia, la productividad y el rendimiento de las organizaciones", declaró en su discurso, antes de añadir: "En definitiva, todos ganamos". Doña Letizia advirtió asimismo de que, mas allá de la tecnología que contribuye a facilitar la vida, "lo que de verdad hace que las cosas cambien es una actitud, una energía, que combina voluntades diferentes de todos los actores, públicos y privados". "El asunto que nos ha traído hoy aquí, esto es, aplaudir la iniciativa de empresas y entidades que habéis sabido hacer realidad la inclusión de personas con discapacidad, nos concierne a todos y nos conviene a todos", concluyó la Reina.
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Casi una treintena de personalidades y representantes de ministerios, universidades, sindicatos y asociaciones vinculadas al mundo de la discapacidad, junto a los seis ganadores absolutos en las dos ediciones anteriores, constituyeron el jurado, encabezado por el presidente de Telefónica, César Alierta, que ha seleccionado a los premiados entre 53 finalistas de un total de 431 candidaturas en esta tercera edición española de los "Ability Awards", que nacieron en 2004 en Irlanda por iniciativa de Caroline Casey a través de una fundación actualmente denominada Kanchi.
Todos ellos recibieron, de manos de la Reina, una escultura de Shane Holland que les acredita como las entidades o empresas que mejor han desarrollado en España modelos de negocio sostenibles para integrar en su cadena de valor soluciones, productos y servicios capaces de satisfacer las necesidades de las personas con discapacidad.
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